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Tres días en Barcelona

En el presente 2020, igual que en 2019, he solucionado pronto mi visita anual a tierras catalanas, barcelonesas y badaloníes. Si en mis anteriores visitas la causa principal de las mismas era la montaña, esta vez ha sido el atletismo, otro de los motivos más frecuentes de mis desplazamientos.

Aprovechando que lo escribo todo el último día, hoy domingo, y ya que esa causa señalada del viaje ha sido también hoy, hago la crónica de estos tres días en orden inverso de días.

Esta mañana (domingo 16 de febrero) se ha celebrado una nueva edición del Medio Maratón de Barcelona. Hasta aquí se ha desplazado un soriano, Daniel Mateo, cuyo objetivo era bajar de 63 minutos para conseguir la marca mínima que se pide para estar en el Campeonato del Mundo de la distancia que se celebra el 29 de marzo en Gdynia, Polonia.

La carrera ha empezado a las 8.45, así que el madrugón ha ido en consonancia. Me he despertado un par de horas antes en Badalona para llegar a la zona del Arco del Triunfo, lugar de salida y meta de la carrera, con tiempo de sobra.

Aunque había gente a miles, la organización de estas carreras suele facilitar que se encuentre lo que se busca. Así ha sido, y pronto he estado con mi peto en otra carrera más. El objetivo del atleta se ha conseguido, ha terminado en 62:35 y previsiblemente estará en tierras polacas. Y nosotros, con él.

Desde el Arco del Triunfo, pasando por la Plaza de Catalunya, me he acercado andando hasta la Estación de Sants, de donde a las 15.30 el tren en dirección a Tudela (Navarra), en el que ahora me encuentro.

Ayer (sábado 15 de febrero) estuvo dividido en varias partes. Tras el habitual desayuno con mi tía y amistades en el bar de abajo, esperé a mi primo Pedro, a quien había encomendado la labor de que me llevara a algún lugar sorprendente y no muy lejano.

Y me sorprendió de verdad. Badalona y varios otros municipios de los alrededores están rodeados por la Sierra de la Marina. Alguna vez había escuchado hablar de ella y la había visto, pero me la esperaba ‘menos’ montaña.

Tampoco hay que imaginarse grandes alturas, desniveles ni terrenos inhóspitos, pero sí hace ilusión que al lado de donde viven cientos de miles de personas haya una amplia extensión de terreno donde es posible caminar por sendas y pistas durante kilómetros sin encontrar una sola carretera. Siendo sábado como era, es fácil imaginar que había por allí bastantes ciclistas, corredores y caminantes.

Nuestra ruta, de alrededor de hora y media, empezó y terminó en el mismo punto de Santa Coloma de Gramanet. Durante la misma, visitamos la ermita de Sant Climent, un dolmen natural utilizado en tiempos protohistóricos y el interesante poblado ibérico de Puig Castellar. En las tierras más bajas pudimos ver también el Monasterio de San Jerónimo de la Murtra, del siglo XV.

Acabado el paseo, comida en casa y siesta antes de sucumbir a otra de mis aficiones favoritas como es darme un paseo por el centro de Barcelona. Desde Badalona hay metro directo hasta Paseo de Gracia, así que no da mucha pereza. Caminé por las Ramblas y hasta el Borne para hacerle una segunda visita a Guillermo, en el hotel donde trabaja. Alrededor de las nueve estaba en casa y no mucho después en la cama, por culpa del madrugón de hoy del que ya he hablado antes.

Mis andanzas catalanas arrancaron antes de ayer (viernes 14 de febrero). El Alvia de Tudela salía a las 10.27, así que el despertador también sonó pronto para ir tranquilo desde Soria.

En menos de tres horas estaba en Sants, y allí comencé un paseo de alrededor de media hora hasta la calle Bruc. Allí se encuentra, desde hace 14 meses, el restaurante Sun Taka, del soriano-japonés Mitsu. No soy un experto gastrónomo, pero en este tiempo ya ha recibido numerosas buenas críticas de la prensa especializada de Barcelona. Además de la espectacular carta, de lunes a viernes tiene menús desde 13 hasta 18 euros.

Allí estuvimos comiendo con Bianca, Guillermo, Mili, Roger y Violeta, un grupo de amigos y familiares reunidos de modo casual antes de ayer no muy lejos de la Sagrada Familia.

Para bajar la comida, fui caminando hasta el Palacio de Congresos de Barcelona, situado entre la Plaza de España y Montjuic. Allí estaba la Feria del Corredor del Medio Maratón, y ahí tenía que recoger mi acreditación para la prueba.

Cuando salí, por primera vez, entré al Centro Comercial Arenas, situado en la antigua plaza de toros de Las Arenas, un lugar que siempre me había llamado muchísimo la atención cuando se encontraba en estado de semiabandono. Desde hace algo menos de diez años es un centro comercial a cuya terraza es posible subir para disfrutar de unas bonitas vistas de la ciudad.

Ese primer día concluyó con un viaje en metro hasta Badalona para ir a casa de la familia y pasar la primera de las dos noches que he estado en aquellas tierras.

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