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Cap. 279. 10/11-12-2021. Reserva Nacional Rimoi. Mercado semanal de Iten

Este viernes 10 de diciembre, la mayoría de los atletas que trabajan estas semanas en Iten tenían una jornada de tranquilidad o descanso. Era un buen día para hacer alguna excursión a los alrededores, y el lugar elegido fue la Reserva Nacional Rimoi, un lugar que tiene la misma figura de protección que el principal espacio natural de Kenia, el Masai Mara, pero con el que no tiene nada que ver.

Rimoi tiene el encanto de los lugares a los que todavía no va todo el mundo. En realidad, muy poca gente acude a disfrutar de sus dos principales atractivos: sus grandes manadas de elefantes y su riqueza de aves.

Esta Reserva Nacional se encuentra cerca de nuestra base de operaciones, Iten, con una diferencia sustancial: en los poco más de 30 kilómetros de distancia, se bajan alrededor de 1.200 metros: de los 2.400 de Iten a los 1.200 de nuestro destino. 

Ello significa que la temperatura en el fondo del Valle del Kerio, donde se encuentra Rimoi, es muchísimo más elevada que en Iten. La vegetación, la fruta, el propio terreno, la fauna… todo es diferente en poco más de una hora de viaje en coche.

El primer tramo de bajada es el de la carretera asfaltada que pasa por Tambach. A ambos lados se ven gran cantidad de iglesias, escuelas, tiendas, caminos que llevan a pequeños poblamientos y muchísimas mujeres cargadas de fruta esperando que pase algún coche o algún matatu para vendérsela.

Los 15 últimos kilómetros ya son de tierra. El ambiente es casi desértico, sensación reforzada por los finísimos y altísimos hormigueros.

Llegamos a la puerta de Rimoi y allí hay un par de guardas esperando visitas improbables como la nuestra. Las mejores horas para ver elefantes son el amanecer o el atardecer. Nosotros llegamos justo a la mitad de ambos, lo que viene a ser el mediodía, así que nos avisaron que ni soñáramos con los paquidermos, que estarían descansando del sol en lugares inaccesibles. A cambio, nos hacen un pequeño descuento para entrar. 

Contratamos guía, que se monta como puede con nosotros en el coche. Vemos un grupo de impalas y, a la media hora de salir, aparcamos en una zona de acampada junto al río Kerio.

El guía nos dice dos cosas que a priori nos parecen contradictorias: tenemos que descalzarnos para cruzar el río (1), hay cocodrilos al otro del río (2). Nos fiamos del guía y ambas cosas resultan ser ciertas.

Nos asegura que son cocodrilos inofensivos, pero creo que es la primera vez para todos nosotros en la que nos encontramos, fuera de un vehículo y sin obstáculos intermedios, a escasos metros de un gran cocodrilo antes de que se sumerja en el agua.

El paseo por Rimoi, con un calor fortísimo, continúa atravesando algunas de las modestísimas viviendas en las que viven los miembros de la subtribu de los kalenjin a la que pertenecen los terrenos de la Reserva.

En toda esa caminata, como nos habían advertido, vemos muchísimos tipos de pájaros, especialmente cuando llegamos a una gran laguna en la que también pastan las vacas. También aparecen monos, algún lagarto y unas inmensas huellas de elefante.

De ahí regresamos al coche. Por el calor, viajamos con las puertas abiertas, hasta que un cambio de viento llena el interior del coche con la tierra de los caminos, dejándonos como croquetas. Afortunadamente, Denis nos lleva a comer a un hotel relativamente cercano en cuya piscina, antes de comer, nos damos un baño. Entre unas cosas y otras, llegamos de noche a Iten.

Este sábado 11, nuestra única ‘obligación’ era ponernos de nuevo en las manos del fisioterapeuta que viene a nuestra casa del C&C, Ben. Como la sesión dura una hora y hay que completar el resto de las horas del día, habíamos previsto visitar el mercado semanal de Iten. Llegamos aquí el pasado sábado ya por la noche, así que no lo conocíamos.

Esta mañana, después de desayunar, los no profesionales del atletismo nos hemos acercado hasta el campo de fútbol de Iten, que hoy aparecía acompañado por unos pocos cientos de puestos fundamentalmente de ropa, pero también de calzado, menaje, pelucas, juegos, algo de fruta y pescado… Es imposible adivinar cuántos miles y miles de piezas de ropa había allí amontonadas. Una de ellas viajará con nosotros a España.

Por la tarde, una vez más, tiempo libre: Siesta, reunión ‘familiar’ al sol de nuestra campa y nuevo acercamiento al centro de Iten para comprar unos helados y algunas otras cosas en un supermercado indio. En parte de este acercamiento nos acompañan Massi y Faith, dos de las trabajadoras del C&C, para ayudarnos a buscar la comida del día de Navidad con algunos de los ganaderos de la zona. 

Tras la cena, el día ha terminado con otra pequeña fiesta en la sede social del grupo, amenizada con música keniana.

Dedicada a D.A.

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