En el alto de la duna
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Cap. 226. 29-9-2019. Qatar (3). Marcha, desierto y éxito cercano de Adrián Ben

Tercer día por tierras de Qatar, y ya somos casi unos más por aquí. Ayer sábado tuvimos un gran dilema: no sabíamos si quedarnos a ver los 50 kilómetros marcha en directo o no. Empezaban a las 23.59, así que corríamos el riesgo de acostarnos cerca de las cinco de la mañana.

Como decidimos no acudir, terminamos improvisando una prueba de marcha en el Villaggio, el centro comercial que hay al lado del estadio, así que probablemente fuimos lo mejor que le sucedió a los empleados que cerraban el recinto pasada ya la medianoche.

Aun así, al final nos metimos en las camas de nuestro Saraya Corniche Hotel más tarde de la una. Esta mañana, sin prisa, nos hemos levantado. Algunos hemos ido al gimnasio del hotel y luego nos hemos juntado casi todos en una habitación para ver el Maratón de Berlín. Nos hemos desgañitado a gritos para animar a Kenenisa Bekele en sus últimos kilómetros, pero solo hemos conseguido que se quedara a dos segundos del récord mundial de Eliud Kipchoge (2h01:39-2h01:41).

No nos ha dado tiempo a mucho más por la mañana. Hemos comido en el mismo hotel, medio rápido, porque a las tres de la tarde habíamos quedado con una empresa para hacer el tour más típico de Qatar, una incursión en el desierto, al sur del país, justo donde este termina y empieza Arabia Saudí, en una de las numerosas fronteras cerradas que existen en el mundo.

Hemos ido en un solo todoterreno de siete plazas porque justo nos hemos animado seis: Alberto, Luisja, Miguel, Nacho y dos Sergios.

El viaje empieza por una autopista de varios carriles que va dejando a la derecha una gran extensión desértica y pedregosa, y a la izquierda una impresionante extensión de plantas de petróleo, empresas químicas… También se veían de vez en cuando casas de nueva construcción en los lugares por los que va creciendo poco a poco el país.

Después de parar a sacar dinero hemos llegado al punto en el que comienzan todas estas excursiones. Aquí es posible darse un breve paseo en camello, hacerse una foto con un halcón o tomarse un calentito té con leche. Solo hemos hecho esto último.

La parada en este punto es obligatoria, ya que para adentrarse en las dunas del desierto es necesario quitarles presión a las cuatro ruedas de los vehículos.

Una vez montados de nuevo, la atracción es triple. La primera, y principal, es sentir desde dentro la conducción extrema por las dunas de estos pilotos. A bastantes escalones de distancia, es lo más parecido a conocer lo que sienten los participantes en el Dakar, con subidas, bajadas, saltos, avances a media duna, ‘tiradas’ de freno de mano… De poco servían los ruegos de algunos de nosotros de que se tomara la conducción más tranquila.

El segundo atractivo vuelven a ser las dunas, pero esta vez no desde el coche, sino desde nuestros pies. El conductor nos ha parado en lo alto de una de ellas. A un lado se veía el sol en su última aventura del dia, y al otro, muy abajo, un entrante del mar. No sé calcular la distancia ni el desnivel, pero nos ha dado igual: cinco de nosotros nos hemos tirado arena abajo a todo lo que nos daban nuestras piernas. Pinchar la imagen para ver el gif:

Subir ha sido más complicado, así que debía de haber más distancia de la que pensábamos, sobre todo porque cada paso que dábamos perdíamos unos cuantos centímetros arena abajo.

Y por último, el tercer atractivo ha sido bañarnos en las aguas del Golfo Pérsico. El agua estaba a la misma temperatura exterior, así que no hemos sentido ninguna impresión ni al entrar ni al salir.

Ahí ha terminado nuestra experiencia desértica. El conductor nos ha trasladado de nuevo al hotel para darnos una ducha rápida y, desde ahí, al estadio.

Aquí, en el Khalifa International Stadium, hemos asistido a una gesta histórica para el atletismo español: el gallego Adrián Ben se ha metido para la final de los 800 metros, algo que no sucedía desde 1991 en Tokio, cuando lo hizo el cántabro Tomás de Teresa, que terminó octavo.

El camino de los atletas a la zona mixta está justo al lado de nosotros, y aquí se paran muchos de ellos para atender a sus televisiones. Ben, que ha sido cuarto en la primera semifinal con 1:44.97, ha esperado desde aquí las otras dos series, en las que ninguno de los que han terminado terceros han hecho mejor tiempo que él, lo que ha hecho estallar en lágrimas a esta joven promesa nacida en 1998.

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