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Cap. 269. 6/7-10-2021. En el soleado y otoñal Curavacas

Por menos de 15 centímetros, el Curavacas (2.524 metros) no es el pico más alto de la provincia de Palencia. Ese hito corresponde al Peña Prieta Sur o Monte del Infierno (2.537), una antecima del Peña Prieta (2.539), este último situado enteramente en la vecina comunidad autónoma de Cantabria.

Da igual. Cualquier persona que piense en una cima de la Montaña Palentina piensa primero en el Curavacas e inmediatamente después en el Espigüete, o viceversa. 

Por circunstancias del reto de las montañas más altas de España, la primera cima que subimos en Palencia fue el Peña Prieta Sur. Este jueves, ya sí, hemos subido a la segunda más elevada, el mítico Curavacas, así que tendremos que volver cuando tengamos de nuevo al menos día y medio para intentar coronar el Espigüete.

Impresionante es uno de los varios adjetivos con los que se puede calificar el Curavacas. Espectacular, precioso, aéreo, rocoso o el ya citado mítico también le caen bien.

Rebobinemos un minuto. El miércoles salimos Cristina, Luis Ángel y Sergio de nuestra ciudad de Soria alrededor de las doce y media. Paramos a comer en Sotopalacios, poco después de Burgos, en la carretera de Aguilar. Nuestra siguiente parada fue Cervera de Pisuerga, el pueblo más grande de la Montaña Palentina, donde aprovechamos para comprar algo en un supermercado y para conocer el curioso eremitorio de San Vicente.

A pesar de la escasa distancia, hicimos otras dos paradas entre Cervera y nuestro hogar, el albergue Curavacas de Triollo: la primera en el Parador Nacional y sus vistas sobre el embalse de Cervera-Ruesga, y la segunda en el Mirador del Alto de la Varga para escuchar los penúltimos resquicios de la berrea del ciervo.

Alrededor de las ocho estábamos por tercera vez en nuestra vida en el albergue de Triollo, donde cenamos, vimos el triunfo de España en Italia y nos acostamos más bien pronto después de dar un paseo por el pueblo.

Para el jueves nos esperaba un gran día de sol. Queríamos disfrutarlo y no queríamos pasar frío, así que nos levantamos a las ocho, desayunamos muy tranquilamente, dejamos nuestra habitación y recorrimos en la furgoneta los escasos tres kilómetros que separan Triollo de Vidrieros.

Vidrieros es el punto de inicio de la ruta más clásica al Curavacas, la vía normal, la que asciende por el Callejo Grande. No hay ninguna ruta fácil al Curavacas, pero esta parece con diferencia la más habitual por lo que hemos visto. Hay otros accesos por el norte y por el Oeste, bastantes más largos que este… que tampoco es corto.

La ruta comienza en el mismo pueblo de Vidrieros. Desde el momento en el que se empieza a andar ya se ve el objetivo, esa gran muralla rocosa que es el Curavacas con sus diferentes picachos de apariencia inaccesible desde la distancia.

La distancia es corta, poco más de cinco kilómetros entre Vidrieros y la cima. El desnivel, sin embargo, es fuerte, más de 1.200 metros. Además, no es un desnivel constante. En la primera mitad del recorrido, primero por una pista, después por un camino rodeado de abedules (uno de ellos con marcas de oso que no logramos encontrar) y al final por una estrecha senda, se suben alrededor de 400 metros.

Los 800 restantes se salvan en la segunda mitad, así que ya sabemos lo que toca: mucha paciencia y muchos pasos cortos. Desde que termina la senda, se avanza por una inmensa pedrera de pequeños cantos. En todo el trayecto vemos muy pocos más montañeros que tienen la suerte de poder ascender al Curavacas en un soleado día entre semana del primer tramo del otoño. Nos hemos encontrado con una decena de personas divididas en cuatro pequeños grupos, uno de ellos unipersonal.

La última parte de la pedrera es el llamado Callejo Grande, todavía más empinado. Este Callejo Grande deja a la izquierda la inmensa mole del Curavacas, que también se puede atacar de manera más directa por rutas más complicadas.

El Callejo Grande acaba en la cresta. Una vez en ella, hay que hacer un pequeño destrepe, cuyo final deja a la derecha una impresionante y estrechísima canal. Desde allí hasta la cima ya quedan cinco minutos muy sencillos, siempre en ascenso pero ya muy tendido.

En la cima habremos estado más de media hora, con otros cinco montañeros, un perro, varios buitres y más de media docena de cabras montés que no han congeniado nada bien con el perro y del que han escapado con mayúscula facilidad.

Las vistas desde el Curavacas en días como este jueves son indescriptibles, desde los cercanos Espigüete y Peña Prieta hasta la gran silueta de los Picos de Europa, además de otros muchos montes que quedan por abajo. Y también, el mar Cantábrico.

Después de comer nuestros bocadillos y beber buenos tragos de agua, ha tocado regresar. Sabíamos que el descenso no iba a ser sencillo, así que tomamos nuevas dosis de tranquilidad porque los tramos disfrutones de pedrera se mezclan con otros en los que los resbalones son facilísimos. 

Llegados a la senda de nuevo, la última media hora ya sí es un paseo agradable. Hemos estado en el monte seis horas y media, así que a las cuatro de la tarde ya estaba cerrada la cocina del mesón de Vidrieros. Aun así, nos han sacado algo de comida y bebida, nuestras últimas consumiciones en tierras palentinas antes de agarrar la furgoneta para volver con ella a Soria.

Todo lo que escuchéis sobre el Curavacas es cierto. Escucharéis muchas veces, por ejemplo, que no tiene nada que ver en invierno que en verano. Vistos los desniveles, nos lo creemos. Y dentro del invierno, también habrá muchas diferencias según como esté la nieve y según como estén las condiciones del tiempo.

Las nuestras de hoy han sido literalmente inmejorables, lo que ha contribuido a pasar un gran día en una de las montañas españolas imprescindibles .

2 comentarios sobre “Cap. 269. 6/7-10-2021. En el soleado y otoñal Curavacas”

  1. ¡Hola Sergio! Casualidades de la vida…
    De manera inesperada, nos hemos topado con tu estupenda narración sobre ese ascenso a una de las montañas más emblemáticas de la provincia de Palencia.
    Nos ha hecho ilusión leer la descripción de ese día que en verdad (también damos fe) fue magnífico.
    Nosotros fuimos el tridente madrugador (Raúl, Dani y Juanjo, he aquí nuestra presentación), coincidiendo con vosotros en trayectorias opuestas.
    Qué sensación de pequeñez a medida que te vas acercando a ese coloso. Es seguro que la Montaña Palentina es como jugar en Tercera División si lo comparamos con la Champions League Himalaya; pero estés donde estés, Curavacas o Everest, la montaña te hace sentir eso, pequeño, ínfimo, minúsculo. Una lección de humildad.
    Nos alegra saber que disfrutasteis de la «Montaña Palentina».
    Espigüete os espera con los brazos abiertos y seguro que no os va a dejar indiferentes.
    Un placer leerte Sergio.

    1. Gracias Juanjo!! Qué casualidad… sí, gran día en una zona espectacular. Por supuesto, nuestra idea es volver al Espigüete más pronto que tarde. Un abrazo!

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