Leopardo en un árbol
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Cap. 276. 2/4-12-2021. Conociendo el Masai Mara in situ

El Masai Mara es ese lugar del mundo en el que todos hemos estado alguna vez sentados tranquilamente en nuestro sofá, disfrutando y sorprendiéndonos de que tantas cosas relacionadas con tantos animales puedan suceder en un espacio tan pequeño para lo que es el mundo. El Masai Mara es ese lugar con el que muchos niños que lo vieron en sus televisores, o como se vea ahora, soñaron con estar alguna vez cuando fueran mayores, y eso es lo que hemos hecho en estos primeros días de diciembre.

Tras la ascensión del miércoles al Longonot, el jueves pronto por la mañana partimos desde nuestro hotel en Nairobi, rumbo al sur de Kenia. Alquilamos un viaje compartido, junto a una chica de Francia y lo que creemos una pareja de Estados Unidos en luna de miel.

En algo menos de seis horas, compartiendo el inicio del trayecto con la ruta del Longonot, llegamos al Masai Mara. El territorio es amplísimo, parece que hay decenas de alojamientos, y nuestro guía Kikitu nos va dejando a cada grupo en el que nos corresponde. Son las dos del mediodía, algo más, y nos da de tiempo hasta las 16.30 para comer, instalarnos y descansar un poco.

Lagarto de fuego o agama común

A esa hora nos había citado para nuestro primer ‘Game ride’ por la Reserva del Masai Mara. Como escribo estas letras después del segundo, del primero me conformaré con decir un par de cosas: que vimos a lo lejos un gran avestruz (el segundo día no vimos ninguno) y que a la media hora pudimos ver un leopardo en una breve caminata (en mis dos experiencias previas de safari, ambas en Uganda, no conseguí ver ninguno de los grandes felinos predadores de la sabana africana). Llegados al hotel, un poco de gimnasio, piscina nocturna algún valiente, cenar (muy bien la comida estos días) y pronto a la cama en nuestra preciosa habitación con vistas a la foresta.

Nosotros dormimos en las puertas del Masai Mara. Dentro del propio recinto natural también hay alojamientos, entendemos que mucho más caros, algunos de ellos con una pista de aterrizaje justo al lado.

Hoy viernes ha tocado madrugón fuerte. Nos dice Kikitu que, aunque los safaris suelen empezar a las ocho, él prefiere hacerlo antes. A las 6.30 ya estábamos desayunados y montados todos en el gran todoterreno que nos transporta estos días.

Hemos vuelto al hotel a las 16.30. Han sido, por tanto, diez horas completas en el Masai Mara, 600 inolvidables minutos en la parte visitable de esta Reserva que tiene 1.500 kilómetros cuadrados, pero que en realidad son muchísimos más pues el Masai Mara es la continuación septentrional del otro lugar más famoso del mundo para ver animales, el Serengeti tanzano y sus 13.000 kilómetros cuadrados de superficie. Esta mañana hemos estado brevemente en la frontera de ambos países.

Búfalo

Para empezar el recuento de algunas de las especies vistas, el Masai Mara tiene a los cinco integrantes del Big Five (león, leopardo, búfalo, elefante, rinoceronte), concepto antiguo que designaba originalmente a los cinco animales más peligrosos para el humano en una cacería a pie. En la actualidad, y no solo en el Masai sino en toda Kenia, cualquier tipo de caza está prohibida y la regulación de las poblaciones de animales las hace el propio ecosistema. Hay mano dura contra los furtivos.

Hay una pequeña excepción, según nos explican: existen algunos ranchos privados de grandísima extensión en los que sí se puede cazar cuando hay sobreabundancia de alguna especie pero no para conseguir el trofeo de los animales, sino solo su carne (cebra, antílope, búfalo…). Esa carne se vende luego en restaurantes para turistas en Nairobi.

De ese Big Five, nosotros hemos visto cuatro representantes. Dos de los tres herbívoros, el elefante y el búfalo, son más bien abundantes. De hecho, creo que vimos más búfalos ayer que hoy. Elefantes hemos visto también a docenas, en algún caso en grupos de casi una veintena. El rinoceronte, sin embargo, es aquí escaso. Volviendo ya hacia el hotel, Kikitu ha conducido despacio y cerca de los arbustos donde suelen esconderse, sin la suerte de que ninguno asomara la cabeza en ese momento.

Leones

Con los leopardos hemos tenido dos encuentros diferentes e igual de emocionantes. En el primero, avisados por radio por otro de los guías como es costumbre, había dos ejemplares descansando bajo un árbol. En las ramas de este colgaba la piel de una cebra que les había servido de alimento. En el rato que hemos estado se han separado y se han subido a sendos árboles para ofrecernos otra de las estampas habituales del leopardo.

El segundo encuentro ha sido más inesperado y más sorprendente. Ya llevábamos varias horas de safari cuando hemos visto unas cuantas cebras correr, huyendo de un leopardo que ha cruzado un río para ver si se hacía con alguna incauta. Por suerte para ellas y por desgracia para el felino y para nosotros, no ha sido así.

Nuestros encuentros de hoy con los leones han sido tres o cuatro, porque dos han sido casi seguidos. El indiscutido y gran rey de la selva ha interactuado menos que los leopardos.

Tanto los dos grandes machos como las hembras y algunas crías se encontraban rezongando sobre la hierba, descansando de esfuerzos anteriores y adquiriendo energía para los próximos.

Antes de todo ello, cuando apenas llevábamos una hora de safari y circulábamos por la vía principal, Kikitu ha frenado, ha dado la vuelta y ha emprendido una conducción a casi cien kilómetros por hora por la pista de tierra. Algo sucedía. En menos de diez minutos estábamos junto a otros dos vehículos y, sobre todo, junto a un precioso guepardo, mi animal favorito de infancia. Hemos tenido la suerte de verlo caminar unos segundos. Parece imposible que un animal que deambula con esa lentitud pueda ponerse a 120 kilómetros por hora si el hambre lo requiere.

Guepardo

Un mamífero carnívoro más hemos visto. Justo al final, cuando mirábamos a la izquierda en busca del posible rinoceronte, a la derecha se nos ha aparecido una gran hiena en actitud total de reposo sobre una roca.

El Masai Mara se llama así por la tribu de Kenia y Tanzania que habita este territorio, los masai, y por el gran río que lo atraviesa, el Mara. Se encuentra justo al otro lado se donde nos alojamos, así que hemos tenido que esperar bastante para ver en él y en sus afluentes los dos grandes vertebrados acuáticos: los hipopótamos y los cocodrilos. De los primeros, como es habitual, hemos visto un par de grupos más bien numerosos. Cocodrilos hemos visto menos, tres, pero de un tamaño espectacular.

Otro mundo inagotable en el Masai Mara es el de las aves. Hay casi medio millar de especies. En las diez horas de hoy hemos visto muchísimas, realmente hermosas varias. Nos hemos encontrado con muchos menos pájaros de los que habitan, pero sí con muchos más de los que aparecen en las fotos por no andar diciéndole a Kikitu todo el rato que se detuviera.

Gallina de Guinea

¿Y por qué hay tantos leones, leopardos, guepardos, hienas… en el Masai Mara?

Porque hay millones, literalmente millones, de potenciales presas para ellos.

De hecho, esa es la gran imagen del Masai Mara: infinitas extensiones de terreno pobladas sobre todo por ñus, cebras, jirafas, impalas, gacelas, antílopes y otras especies similares. Más concretamente, la gran imagen del Masai Mara y del Serengeti es la de la Gran Migración, la de millones de ñus y cebras en junio y julio viajando de Tanzania a Kenia buscando lo más importante para la vida: el agua. Para ello deben cruzar el río Mara, en esa fotografía que todo el mundo ha visto de cocodrilos esperando su alimento. Después, de manera más paulatina, y a partir de octubre, muchos de esos animales regresan al Serengeti tanzano.

Jirafa, cebra y ñus

Por suerte, algunos de ellos (miles en términos absolutos) se quedan en el Masai Mara para todos aquellos que lo visitamos en temporada baja y que también tenemos derecho a disfrutar de este inigualable regalo de la Naturaleza.

PD: Nuestra excursión de tres días al Masai Mara termina en la mañana del sábado con una visita a un poblado Masai para conocer algo de su modo de vida y para ayudarles a mejorarlo. Una danza de recibimiento, la elaboración del fuego a través únicamente de maderas, el lugar donde guardan el ganado, sus casas tan distintas a las nuestras… Kikitu nos lleva desde ahí hasta Nairobi, o mejor dicho hasta el aeropuerto Jomo Kenyatta, donde nos espera otro vuelo.

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