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Cap. 250. 28-9/1-10-2020. Cinco sorianos no ascienden el Monte Perdido

Después de las andanzas por tierras de Cáceres y Málaga, mis vacaciones han continuado y terminado muy lejos de allí, en el Pirineo aragonés, en la provincia de Huesca. También ha habido cambio de compañía. El grupo de estos cuatro días (del lunes 28 de septiembre al jueves 1 de octubre) lo hemos formado Adrián, Marta, Nacho, Pablo y Sergio.

Acá va un breve resumen cronológico de lo sucedido en estas fechas, en las cuales el objetivo principal del viaje era intentar subir el Monte Perdido, algo que finalmente no se concretó.

Lunes 28 de septiembre. Jaca

Día del encuentro de los dos grupos. Unos venían de tierras alicantinas y turolenses, y otros llegábamos de tierras sorianas. El punto de encuentro fue la tienda de Barrabés en Huesca a las 19.00 horas. De ahí partimos a Jaca (Hotel Jaqués). Poco después de instalarnos salimos a cenar donde nos recomendó Virginia, al Marboré, donde ya nos encontramos con la primera soriana del viaje. De ahí, de nuevo al hogar.

Martes 29 de septiembre. Refugio de Góriz

Segunda jornada del viaje, y primera de montaña. Mientras unos iban a correr, otros alargábamos la estancia en la habitación y en la cafetería del hotel. Después de estar todos duchados y desayunados, nueva partición de grupos: tres quedaron a tomar un café con Diego y dos fuimos a comprar algo para comer ese mismo día y el siguiente.

Alrededor de las 12.00 ya estábamos todos juntos. Desde Jaca salimos hacia la Pradera de Ordesa, accesible en coche desde hace dos semanas, ya que en temporada alta de verano hay que ir en los autobuses que salen de Torla. Aparcados en la Pradera, descubrimos que apenas teníamos hambre después del poderoso desayuno, así que directamente nos pusimos a caminar hacia el Refugio de Góriz.

Son aproximadamente 11 kilómetros, con lo que teníamos que calcular tres horas de caminata o algo más. Empezamos a andar poco antes de las 14.00. El día era inmejorable, tanto de temperatura como de visibilidad.

Esta ruta a pie entre la Pradera de Ordesa y Góriz es una de las más transitadas de España, y tiene sentido. Da igual del tiempo de que se disponga: en apenas una hora ya se disfruta de un precioso bosque, especialmente ahora en otoño. Si las obligaciones o el físico solo permiten dos horas, se llega a ver algunas de las cascadas espectaculares que forma el río Arazas.

Y sin duda, la excursión estrella es acercarse desde la Pradera hasta la Cola de Caballo, especialmente en días tan espectaculares como este martes (y mañana miércoles). Después del camino de ascenso por el bosque, se llega a la abertura del gran valle de Ordesa, en lo que se conoce como las Gradas de Soaso. Durante algo más de media hora, el desnivel se suaviza. Enfrente se van viendo las inmensas moles montañosas que ya superan los 3.000 metros.

Al final de ese Circo de Soaso, a la izquierda, se encuentra la celebérrima Cola de Caballo, que esta vez tenía bastante más agua que en mi anterior visita, en octubre de 2011. La lluvia y la nieve de la semana pasada han tenido sus consecuencias positivas y negativas.

Una vez que se llega a la cascada más famosa del Parque Nacional, la mayoría de los excursionistas regresan a la Pradera. Los que deciden avanzar hacia Góriz tienen dos posibilidades. La primera es seguir el sendero GR-11, para lo cual hay que girar a la derecha y, a través de unas zetas, salvar el fuerte desnivel.

La segunda opción son las Clavijas de Soaso. Fue la opción que elegimos nosotros. Estas clavijas están muy cerca de la Cola de Caballo, y permiten situarse en la parte alta del Circo en apenas unos minutos. No son difíciles, pero es preferible carecer de vértigo.

Desde allí, otra media hora de camino o poco más para llegar al Refugio de Góriz, nuestro hogar de esta noche. Había dos turnos para cenar, a las siete y a las ocho. A nosotros nos tocó en este último. 

En este tiempo que estuvimos en el Refugio empezamos a informarnos de la situación de la ruta del miércoles, y más concretamente del tramo más conocido y peligroso del Monte Perdido, la Escupidera. A pesar de las altas temperaturas de los últimos días, la nevada de la semana pasada fue seria y el sol apenas entra en este empinado tramo final. Nos vamos muy pronto a nuestros sacos de dormir con ese runrún.

Miércoles 30 de septiembre. Refugio en el camping de Bujaruelo

Hemos dormido como siempre en los refugios, cada uno lo que ha podido. Ya en el desayuno decidimos que vamos a subir hacia el Monte Perdido pero que no vamos a llegar hasta arriba, que no nos vamos a adentrar en la Escupidera. 

Consideramos que el trayecto hasta el Lago Helado ya es una excursión montañera más que interesante, por mucho que no se corone la cima que había sido la inspiradora de este viaje cuando lo planificamos hace algunas semanas.

Y eso es lo que hacemos. No madrugamos en exceso, considerando que estábamos en el lecho a las 21.30. Después de desayunar y de colocar en las taquillas aquello que no vamos a necesitar en la primera parte de nuestra excursión de hoy, empezamos a andar a las 8.30.

Góriz está a 2.160 metros y el Perdido, a 3.355. Son 1.200 metros de desnivel en apenas cinco kilómetros. Desde el principio, la cuesta arriba es bien fuerte. Como además no estamos todavía calientes, lo único que podemos hacer es avanzar despacio hacia arriba.

Aunque hay numerosas sendas, estas cruzan varias veces algunos farallones, de todos los tamaños. Algunos se salvan con una pequeña chimenea, otros con una trepada sencilla, y en el lugar más complicado, ya más bien cerca del final, hay instaladas unas cadenas que ayudan a dejar atrás el paso.

Además, durante todo el ascenso nos encontramos varios tramos en los que todavía no se ha marchado la nieve. Algunos son llanos y otros tienen un buen desnivel, aunque hay bastantes huellas y no hacen falta crampones en ningún punto hasta el Lago Helado.

Vamos viendo personas en el camino, pero en realidad apenas unas pocas. El día es igual de impresioante que ayer. Al principio, lógicamente fresco, porque es pronto y porque estamos muy altos. Al final, cuando bajemos, casi de verano total.

Llegamos al Lago Helado en dos horas. A la izquierda se ve el Cilindro de Marboré y a la derecha el Perdido y su famosa Escupidera. Dejamos las mochilas y caminamos algunos minutos para acercarnos al pie de este tramo final, sin meternos en él.

Alcanzada la cota 3.100, bajamos al Lago Helado, que se encuentra como su nombre indica a pesar de que estamos todavía en septiembre. Vemos que la capa de hielo es firme, lo que aprovechamos para caminar sobre ella, hacer algunos ejercicios aeróbicos e incluso disputar un partidillo de fútbol. Las piedras hacen de porterías y de balones.

Comemos, bebemos y bajamos  hacia el Refugio, de nuevo sin problemas por los mismos caminos que hemos seguido a la ida. Nos encontramos alguna marmota que aprovecha para tomar el sol. Llegamos al refugio a mediodía, la típica hora en la que no suele haber nadie. Nos encontramos con tres amigos, uno de los cuales lleva una camiseta de la carrera que organizan Abel Antón y Fermín Cacho en Soria. Son veraneantes en Soria (Herreros y Almaluez), así que aprovechamos para retratarnos con ellos. Han hecho la ruta Pradera-Refugio-Pradera.

Rehacemos las mochilas y bajamos otra vez hasta la Pradera, ahora la mayoría de nosotros por el GR-11 por tener dos visiones y por evitar las clavijas. Las piernas se van cansando. Ayer fueron casi 1.000 metros positivos, y hoy serán en total 1.000 positivos y unos 1.800 negativos.

En la Cola de Caballo hay bastante gente disfrutando de la temperatura tan agradable de hoy, a la espera de la borrasca que empezará a llegar mañana. Cruzamos el río sin utilizar el puente y pasa lo que pasa. Nada grave.

Llegamos al coche a las cinco de la tarde, ocho horas y media después de haber empezado a andar en Góriz. Comemos lo que habíamos comprado ayer en Jaca y, sin mucha demora, salimos hacia nuestra última cama del viaje.

Dormimos en otro lugar espectacular, Bujaruelo, en el refugio situado en su camping. Necesitábamos esa ducha. Ya no investigamos más: pequeño homenaje en el bar y en el restaurante del complejo y, poco después de las once de la noche, a nuestras piltras.

Jueves 1 de octubre. Vuelta a casa

Después de otra larga noche descansando, los más valientes se levantan a correr para estirar las piernas y disfrutar de ese trote en un lugar tan bonito y, hoy, soleado y fresco.

Recogidas una vez más las mochilas, avanzamos unos kilómetros en nuestros coches para desayunar en Torla. Se nota que es temporada baja.

Allí mismo nos despedimos. Algunos vamos a Soria y otros a Madrid. Tarde o temprano regresaremos para intentar subir al Monte Perdido. De momento, nos llevamos otros cuatro días de esos que difícilmente olvidaremos.

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