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UTMB – La Cima del Trail Mundial

Óscar Puerta corrió entre durante 37 horas (desde el viernes 31 de agosto a las 18.00 horas) los 171 kilómetros del Ultra Trail del Mont Blanc. Este es el resumen realizado por el propio corredor barcelonés (Sant Boi) y soriano (San Leonardo).

Los resultados de la prueba se pueden seguir en este enlace y los de Puerta en este enlace.

«Lunes 26 de agosto

Empieza la fiesta y empezaremos por el principio. ¿Qué es eso de UTMB?

El Ultra Trail del Mont Blanc (UTMB) es un evento anual que se celebra la última semana de agosto. Siete carreras para siete días. Competiciones alrededor de los Alpes, algunas atravesando los tres países que lo rodean: Francia, Italia y Suiza. Una prueba que alberga un@s 10.000 corredor@s con sus 20.000 acompañantes y además un@s 10.000 aficionad@s que vienen simplemente por el ambiente. Desde que naciera en 2003, ha tenido varios altibajos, y pese a tener a detractor@s, a base de esfuerzo y sacrificio a conseguido llegar a ser la Capital del Trail Mundial.

¿Y eso del Trail, qué es?

Trail viene del inglés que en castellano podría ser camino o sendero.

Llegada en la plaza de la Amistad

¿Y entonces Trail Running?

Como parece que está de moda decir las cosas en Inglés porque así estás al día y eres más Cool, lo que toda la vida ha sido ser un corredor ahora se dice que eres runner, así que la traducción de Trail Running sería corriendo camino o correcaminos (como aquel que perseguía el Coyote).

Pues bien, después de aclarados algunos términos vamos al grano. Y es que ésta mañana empezaba el festival del Trail Running con la primera prueba, la PTL. A las 8:00 AM amanecía Chamonix, repleta de gente en la famosa plaza del triangulo. 300 corredores en equipos de 2 o 3 se enfrentan a 300Km y 26.000m+ de desnivel. A las 10:00 AM la segunda de la pruebas en dar salida es la MCC. 1000 corredores 40Km y 2300m+ de desnivel. En categoría masculina Cesar Costa paraba el reloj en 3 horas 40 minutos mientras que en categoría femenina vencía Laure Desmurs con un tiempo de 4 horas 21 minutos.

Jacques Balmat mirando al Mont Blanc

Primer día y aunque hay una prueba terminada, también tenemos trailrunners por el macizo de los Aples. Hay quien dice que a veces se ven 2 o 3 destellos que parecen estrellas pero que son las luces frontales de quienes van corriendo por los senderos bien entrada la noche.

Y es que esto de tirarse a correr por el monte en ésta región y ésta ruta nace del senderismo (o para estar más a la moda hikking o trekking) y una de las rutas más concurrida de Europa como es el Tour del Mont Blanc, una ruta de unos 150-200 Km dependiendo de la variante que cojas.

De la misma manera que Jaques Balmat, un guía de montaña de Chamonix, se le ocurrió subir por primera vez a la cima más alta de los Alpes, el Mont Blanc 4.808m., el 8 de Agosto de 1786. Desde entonces l@s vecin@s de la Villa le hacen honor con una estatua en la plaza que lleva su nombre mientras observa la gesta que hizo».

«Martes 27 de agosto

Después de compartir vuelo y transfer con Sheila Avilés, la que es actualmente líder mundial de la serie de oro de carreras por montaña (Golden Word Trail Series), y un par de jóvenes promesas de su equipo Adidas Terrex, Dani Osanz y Yaiza Miñana, estuve acomodándome en el apartamento, (vamos, cinco minutos) y no pude resistir la tentación de bajar rápido para animar a l@s últim@s corredor@s de la MCC. Y ves a gente que después de 40 kms. y 2300m+ llegan como pueden y, claro, te vienen muchas preguntas a la cabeza. ¿Y este señor tan mayor? Termina ¿Y yo… acabaré? ¿Estaré preparado? ¿Con lo que está sufriendo ella y no voy a poder yo? Y más preguntas pero que tampoco os quiero aburrir, porque la mayoría hasta el viernes no tendrán solución.

Y … ¿Por qué os explico todo esto si es de ayer? Pues porque fue lo que me hizo tomar la decisión de salir a correr esta mañana. Entre las dudas y un poco también para soltar las pierna y quitarme los nervios he ido a Vallorcine, km. 150 de la carrera, para ver cómo eran los últimos 20 kms. y 1000m+. He cogido el tren, que es gratuito, igual que el autobús por todo el valle durante toda la semana para corredores.

Mont Blanc

Al llegar a Vallorcine, he visto la carpa del avituallamiento y he preguntado hacia dónde iba la carrera y si ya estaba marcada. La respuesta ha sido: “Sí sí, está todo marcado”. Pero me ha sonado igual que cuando vas en carrera y te dicen: “Vamos, la última subida y luego todo para abajo” y hay muchísimas subidas más o aquello también muy habitual de: “Dos kilómetros para la meta” y llevas cinco y nada. Igual lo marcan más tarde.

Total, que aunque ya me lo habían avisado de ediciones anteriores, ni una marca hasta Chamonix. Me he ido guiando con las marcas que os expliqué ayer del origen de la carrera, las del Tour du Mont Blanc.

Así que uno de mis objetivos, el de quitarme los nervios y correr un poco…conseguido, pero el otro que era conocer por dónde va, no. Bueno, no estoy seguro del todo, la verdad que no tenía mucha pérdida, pero había muchos cruces y al final he llegado a Chamonix.

Ha sido un entrenamiento espectacular con unas vistas a la izquierda increíbles de esta parte del macizo de los Alpes viendo lo que queda del glaciar de Argentière, una pizca de la Mer de Glace y el Mont Blanc de frente vigilándome.

Por la tarde, a las 18:00, tenía lugar la presentación y etapa prólogo a la prueba de las jóvenes promesas de mañana, la YCC, que se hace en Courmayeur (Italia). Hacen varias salidas y dan varias vueltas, según la edad, a un recorrido corto pero repleto de gente animando, entre ell@s otro atleta de élite como Luis Alberto Hernando, que tampoco se lo quiso perder.

Con una cena-buffet para los jóvenes se despide el día, aunque recuerdo que siguen corriendo l@s corredor@s de la PTL que salían ayer a las 8:00.

Escribiendo estas líneas empieza a tronar. Así que se suma a la fiesta la tormenta anunciada para los próximos días. ¡Venga otra taza de nervios!

«Miércoles 28 de agosto

Pese a la tormenta de anoche, hoy amanece nublado y con un mensaje de la organización diciendo que no se activan ni los equipos obligatorios de calor ni los de frío, es decir, buenas noticias ya que se prevé un clima adecuado para correr el fin de semana.

Mientras tanto, a las 4:00 AM se ponía en marcha la TDS desde Courmayeur, 1.600 corredor@s que tendrán que afrontar 145 kms. con 9.100m+ de desnivel.

Óscar, en el arco

Hoy quería hablaros de todo un símbolo durante esta semana. Y no es otro que este impresionante arco que espera en la plaza famosa del Triángulo de la Amistad. El arco de la gloria para much@s. Aquel que todo corredor/a quiere llegar a cruzar. Ese que nada más llegar a la plaza quieren hacerse una foto en él pero sin cruzarlo ¿serán supersticiones? Un arco que merece mucho respeto entre tod@s l@s corredor@s. Es la llegada, la meta, el fin del reto que cada un@ se ha propuesto.

Y es que con la idea de ser la capital Imperial del Trail, y aunque todas las carreras no tienen la salida en Chamonix, sí que todas finalizan aquí. O sea, que se podría decir en lenguaje romano aquello de que: “Todos los caminos (carreras) llevan a … Chamonix”. Yo también me hice la foto de rigor con el arco.

La prueba MINI

Por la tarde tenía muchas ganas de ir a ver a l@s más pequeñ@s. Era el tiempo de la MINI UTMB, que al igual que los grandes, tiene 7 distancias (aunque gratuitas todas ellas).

Cada 15 minutos se daba la salida a una de las carreras que recorren los Campos de Savoy. También tenían hinchables, y otras actividades y talleres para todas las edades. Verles correr es superemocionante. No he parado de animarles y dar palmas: “Allez” “Très bien” “Bravo”.

Hay quien corre sol@ hay quien corre acompañad@. Hay quien se cae y se levanta y quien cae y necesita que le ayuden. Quien tiene flato porque aún no sabe controlar la respiración, quien llora de la emoción, en fin, hay de todo. ¡Es la fiesta MINI del TRAIL!.

Al acabar, me he pasado por la feria del corredor, que aquí se le llama el Salón del Ultra Trail. Está ubicado en la plaza del Mont Blanc (y aledaños). Esto es debido a que cada vez hay más marcas y carreras que quieren estar y solo la plaza se queda pequeña para tanto expositor. Es un lugar con unas casetas de madera en la que muchas carreras traen publicidad para captar corredores.

Las marcas suelen traer novedades para presentarlas en el Salón y a veces también hacen oferta de sus productos. Mientras que los patrocinadores principales traen a sus atletas en el intento de acercar a l@s fans para que compren sus productos. Por momentos me pareció estar en la feria del libro viendo a tanta gente firmando postales y colas de tanta gente esperando las mismas con ilusión. Otras marcas hacen charlas y conferencias. Como en una estaba el de mi pueblo fui a ver lo que decía.

A eso de las 22:00 de la noche, después de algo más de 18 horas, el leonés Pablo Villa por fin se hacía con la victoria de la TDS. Triunfo más que merecido, sabiendo que el año pasado se perdió cuando iba líder a falta de 30 kms. para meta. Este año cruzaba el arco de la gloria el primero, adjudicándose la victoria.

Y por último, recuerdo que siguen en carrera l@s corredor@s de la PTL que salían el lunes a las 8:00, con lo que mientras escribo esto, la cabeza de carrera (los franceses Lionel y Damien TRIVEL) llevan unos 230 kms. recorridos y más de 63 horas de competición, ¡solo les quedan 70 para llegar al arco de META!

«Jueves 29 de agosto

A las 8:15 de la mañana, desde Orsières se daba la salida a la OCC, 56 kms. y 3500m+ de desnivel. Lo más importante es que de l@s 1200 corredor@s, hay un soriano de adopción como yo: Paco Alonso.

Mientras Paco estaba corriendo, a mí me tocaba acabar de preparar el material obligatorio antes de acercarme a recoger el dorsal. Repaso una vez más la lista que me la sé casi de memoria. Y aunque sé también que no falta nada la vuelvo a repasar. No se puede ir a recoger el dorsal cuando quieres como en otras carreras, te dan día y hora (como en el médico) y así evitas las largas colas.

Primero miras la lista en la que están l@s 2300 afortunad@s. Estoy. Luego pasas el control de DNI y te dan un listado con el material que tienes que enseñar, es aleatorio, lo llevo todo. Lo preparas en unas bandejas y después de que todo esté correcto te dan un sobre con el dorsal, unos pases para l@s acompañantes y un chip para la mochila por si falla el del dorsal. Te colocan el chip de la mochila y te dan una pulsera roja con las siglas de tu carrera, en mi caso UTMB.

Paco Alonso y Óscar Puerta, dos sorianos de adopción en Chamonix

Por último, te dan una bolsa del color de tu carrera (la UTMB es de color rojo) en la que tienes que enganchar una pegatina con tu número de dorsal. Esta bolsa se llama comúnmente bolsa de vida. Puedes poner lo que quieras, personalmente pongo: un par de zapatillas, dos pares de calcetines, un pantalón, unas mallas piratas, una camiseta, una toalla, un botiquín y algo de comer.

Esta bolsa se entrega antes de la salida y te la llevan a Courmayeur que es el km. 100. ¿Y para qué sirve? A mí, como su nombre indica, me da la vida. El cambiarte por completo de ropa hace que descanses un poco y aunque parece broma, es cuando realmente empiezas la carrera de verdad, pero con ropa seca.

Con el dorsal recogido solo quedaba esperar a que llegaran los de la OCC y ver a Paco llegar a meta ya que no he podido ir a verlo a otro punto como me hubiera gustado.

En esa espera coincido con un tocayo, Óscar González, con el que también coincidí en el avión y en el transfer a Chamonix. Qué ilusión me hizo volverle a ver cuando ya creía que sería imposible con la cantidad de gente que había y pese a que teníamos la misma hora para recoger el dorsal.

En la primera noche compartimos nervios de principiantes mientras cenábamos y hoy hemos vivido juntos la llegada de la OCC en la que se nos han puesto los pelos de punta. A eso de las 13:30, después de algo más de 5 horas, el noruego Stian Angermund se hacía con la victoria. Paró el cronómetro en 5 horas 19 minutos y le sacó menos de un minuto al segundo, el catalán Andreu Simón que llegaba sin acabárselo de creer entre lágrimas.

Poco después, llegaba Paco Alonso, que aunque seguro que el sufrimiento va por dentro, estaba muy entero y fresco por las calles de Chamonix. ¡Qué ilusión al verle! Emocionante ver sus inconfundibles palos a lo lejos que sobresalen por entre sus hombros. Al verme, aún le quedan fuerzas para sacar una sonrisa. Se le notaba que había disfrutado y además que estaba llegando muy bien, el 40, con un tiempo de 6 horas 18 minutos.

Otra de las cosas que tiene este lugar es que es fácil encontrarte y compartir paseos con la élite. Aunque tienen sus horarios impuestos por las marcas, y al estar prácticamente la totalidad de lo mejor del Trail Mundial, es relativamente sencillo encontrártelos. Es lo que llaman “Meet Your Heroes”. De hecho, por la tarde hacen una presentación de algun@s de ell@s, y aunque hoy estuvo pasada por agua, nadie se movió de la plaza para ver a sus héroes y heroínas del Trail.

Y hoy acabamos con la llegada de la PTL. Sí, por fin, después de 300 kms. y 25000m+ llegan los primeros. Los hermanos Lionel y Damien Trivel vencen tras más de 83 horas de competición y aproximadamente dos horas antes que los segundos clasificados. ¡INCREÍBLE!

«Viernes 30 de agosto

Llegó el día. 8:30AM. Sol radiante. Me he levantado para ver la penúltima de las carreras, la CCC, conocida como la hermana pequeña de la UTMB, pero que para ser pequeña cuenta con 101 kms. y 6100m+ de desnivel y 1.900 corredor@s que se enfrentan a ello.

Qué mejor manera de empezar el día que escuchando al gran Depa cómo nos cuenta todo sobre la élite. Ver a todo un campeón como a Luis Alberto Hernando tan nervioso en la salida me ha tranquilizado. En esta carrera hacen tres salidas, una a las 9:00 otra las 9:15 y otra a las 9:30.

Siguiendo la carrera desde casa a través de una de las cámaras de la UTMB

Personalmente no me gusta mucho, pero entiendo que siendo tanta gente y teniendo poco tiempo para correr por pista hasta coger un sendero, se forman unos tapones muy grandes y hace que la organización tenga que regularlo de alguna manera para evitarlos.  

Por mi parte, contaros que de momento estoy contentísimo, ya que después de que me tocara el sorteo, mi siguiente objetivo, aunque evidentemente piensas que te encantaría llegar a meta, no era ese, que también, sino estar en la salida.

El gran día ha llegado y estoy aquí, sin lesiones graves, sin ningún contratiempo y, lo más importante, con muchas ganas. El camino hasta llegar a veces se hace complicado, pero por fin está aquí. Las horas de entrenamiento, los nervios, la eterna espera… ha merecido la pena. Ya lo veo y me lo creo, estoy aquí. El siguiente objetivo, pasarlo bien disfrutando cada minuto de este sueño y esperar que no se convierta en pesadilla.

¿Y por qué os digo esto? ¿Es por quitarme presión? Puede ser que sí, la verdad que las montañas son espectaculares pero en este tipo de carreras no sabes lo que puede pasar, es una aventura en la que tienes que tomar muchas decisiones y a veces te equivocas como es normal, pero hay que intentar afrontarlo.

Llevo toda la semana en un apartamento, desde donde mientras os escribo, veo otro de mis sueños (también desde hace tiempo) y es el Mont Blanc, pero su punto más elevado. Esa cima que cautivó a Jaques Balmat allá por el 1786, esos 4.808m desde el nivel del mar que tiene la montaña que preside los Alpes. A mí también lo ha hecho.

El Mont Blanc

Y aunque lo he intentado dos veces y no he llegado hasta arriba, he disfrutado cada paso que he dado solo por estar aquí, por intentarlo. Y es que como decía Iñaki Ochoa de Olza: “Subir una cumbre es como comerte una tarta y hacer cumbre es la guinda, si me como la guinda bien, pero si no, ya me he comido todo el pastel.” Me lo he comido un par de veces pero como soy muy goloso… ¡No hay dos sin tres!

¿Y qué tiene el Mont Blanc que no tengan otras montañas? La verdad que no sé dar respuesta. Igual porque aquí en los Alpes es donde empezó el Alpinismo, pero en los Andes también empezó el Andinismo y vamos, de hecho, es en las montañas donde empieza el montañismo. Imagino que mis creencias y mis vivencias le han dado una categoría, y seguro que hay otras que para vosotr@s tengan hasta más. Para mí es una de las grandes.

Bueno, ya tengo preparada la bolsa de vida que os hablé ayer, solo queda llevarla, comer bien y… ¡Aaaaaaal turrón!. 171 kms. con 10000m+ de desnivel me esperan, bueno, a mí y a l@s 2.300 afortunad@s de poder vivir este evento.

Gracias por todos los mensajes de ánimo y apoyo que me habéis hecho llegar, vendrán conmigo en el camino. Si os he ido escribiendo durante estos días es por acercaros mi pasión y para que soñéis y persigáis vuestros sueños pese a que os traten de loc@s ¡Bendita locura!.

Por si queréis seguir la carrera os dejo el enlace. También hay televisión en directo y algunas imágenes de cámaras fijas situadas por diferentes tramos del recorrido. Es increíble el seguimiento que hace Depa de toda la carrera en directo. Cada cierto tiempo hacen conexiones con imágenes que no se suelen ver, os lo recomiendo sólo por eso:

https://utmbmontblanc.com/es/live/utmb «

«UTMB, el sueño de las 100 Millas

Hay que ver cómo es esto de las medidas. 1 metro son 100 centímetros, 1 Kilómetro son 1.000 metros. Una Legua son unos 5’5 Kilómetros o 5.542 metros, pero, y ¿la milla…? ¿Cuánto mide la milla? Mucho más que la tuya jajajajaja. Este ha sido el chiste que me ha acompañado desde hace tiempo hasta hoy.

1 milla son unos 1.609 metros o 1.760 yardas. Es decir que 100 millas (que era el sueño) serían unos 160 Kilómetros. Pues bien, se ha tomado como referencia que 100 millas son unos 168 kilómetros. Yo estoy preparado para empezar el reto de los 171 kilómetros, algo más de 100 millas pero como si fuera lo mismo. 

Por fin llegó el día esperado. Después de tanto soñar durante tantos años era el momento de hacerlo realidad. El sueño estaba a punto de cumplirse. Ha llegado la carrera de las carreras, la UTMB, en Chamonix, la cima del Ultratrail Mundial. Esa carrera en la que llevaba varios años intentando participar y el sorteo no me lo permitió. Esta vez era la mía. Y ni qué decir tiene que no solo es el día, sino que llevo ya disfrutando de toda una semana de trail, llena de emociones y sensaciones que estaba deseando vivirlas y las estaba viviendo. 

Empezaré haciendo un resumen, a modo de introducción, de las carreras que se celebran durante toda la semana con distancias y desniveles y de donde sale cada una, ya que la llegada es siempre Chamonix (a excepción de la YCC que es Courmayeur):

A día de hoy, las 7 carreras son las siguientes:

PTL®: La Petite Trotte à Léon (300km y 25.000m D+). Salida el lunes 26 de agosto a las 09:00 – Chamonix (FR). Es por equipos de 2 o 3 corredores hasta un máximo de 300 corredores. En autonomía completa y en 151 horas y 30 minutos como máximo. Salieron 117 equipos, abandonaron 26 y llegaron a meta 91. La curiosidad de esta carrera es que las inscripciones se hacen con la presentación de un dossier dando fe de la experiencia previa de cada participante, la experiencia técnica en montaña, el pasado deportivo y la motivación del equipo. 

–MCC: Martigny Combe (Suiza) – Chamonix (40km y 2.300m D+). Abierta a 1.000 corredores. Aunque es la segunda por orden, se puede decir que se inicia la gran semana del Trail con ella. Está reservada prioritariamente al voluntariado del UTMB®, soci@s y a corredores locales. 

TDS®: Sur les Traces des Ducs de Savoie (145km y 9.100m D+). Salida el miércoles 28 de agosto a las 04:00 – Courmayeur (IT). Abierta a 1.600 corredores – en semiautonomía y en 42 horas como máximo. Este año tenía recorrido nuevo, han aumentado 20 kilómetros y cerca de 2.000m D+, a mi modo de ver creo que es mucho. Salieron 1.785, abandonaron 694 y llegaron a meta 1.091.

YCCYouth Chamonix – Courmayeur (15km y 1000m D+). Salida miércoles 28 de agosto a las 10:00 – Courmayeur (IT). Hacen una prólogo el día anterior en Chamonix. Abierta a 300 corredores – en autonomía total y en 4 horas como máximo – reservada a corredores entre 16 y 22 años. Entre las 3 categorías salieron 255 (154+78+23) y solo abandonaron 4, el resto llegaron tod@s a meta.

OCCOsières – Champex – Chamonix (56km – 3.500m D+). Salida el jueves 29 de agosto a las 08:15 – Orsières. Abierta a 1.200 corredores – en semiautonomía y en 14 horas 30 minutos como máximo. Salieron 1.605, abandonaron 131 y acabaron 1474.

CCC®Courmayeur – Champex – Chamonix (101km – 6.100m D+). Salida el viernes 30 de agosto a las 09:00 – Courmayeur (IT). Abierta a 1.900 corredores – en semiautonomía y en 26 horas 30 minutos como máximo. Salieron 2.132, se retiraron 554 y acabaron 1.578.

UTMB®Ultra-Trail du Tour du Mont-Blanc (171km – 10.000m D+). Salida el viernes 30 de agosto a las 18:00 – Chamonix (FR). Abierta a 2.300 corredores – en semiautonomía y en 46 horas 30 minutos como máximo. Salimos 2.543, 987 se retiraron y llegamos a meta 1.556.

Normalmente, salen más corredores de los que se permiten apuntar ya que se reservan algunas plazas para atletas de élite, patrocinadores y soci@s de la carrera.

En medio de la semana, el miércoles, hacen la MINI UTMB. Los mismos siete nombres de carreras aunque distancias y desniveles adaptadas a las edades de las futuras promesas del Trail. Todas gratuitas.

Dicho esto voy a seguir por donde lo dejé.

Antes, os quiero decir que, quien me conoce, ya sabe que me gusta pasar tiempo en la naturaleza y que desde hace mucho tiempo pensaba en el momento de poder hacer frente a la carrera de Ultra-Trail por excelencia, el UTMB – Ultra-Trail du Mont-Blanc. Hacer 100 millas rodeando el macizo del Montblanc. Después de varios años intentando entrar en el sorteo y sin fortuna por fin me había sonreído la suerte y he podido plantarme en la línea de salida para intentar completar ese sueño.

Este año no ha sido mi mejor año. Entre otras cosas, tuve una lesión de rodilla cuando conseguí los puntos que me faltaban para el pase al sorteo. Al tocarme fue una mezcla de emoción porque por fin llegó el momento y a la vez miedo de no saber si podría recuperarme a tiempo de la rodilla. Fueron pasando los días, los meses y la cosa no mejoraba lo que yo esperaba.

Cada vez estaba más cerca el momento y la rodilla aún no estaba preparada. Necesitaba entrenar algo para afrontar los 171 kilómetros y 10.000m D+. Quedaban menos de cuatro meses y no había empezado a entrenar para la gran cita. Sesiones de fisios, osteópatas y amig@s me han ayudado a tener la cabeza preparada para el momento.

Viernes 30 de agosto

He intentado dormir después de comer pero ha sido imposible. Falta más de una hora, pero los nervios ya no me dejan estar en el apartamento. Llego a las inmediaciones de la salida y Chamonix está a rebosar. Me sorprende que no hay ni control de dorsal, ni material ni nada. Intento avanzar para por lo menos ver el arco. Empieza a llover. Sacamos el impermeable, nos apretamos más si cabe y aguantamos los nervios como se puede, intentando disfrutar bajo la lluvia sin mojarnos mucho.

Es en estos 60 minutos donde te acuerdas de lo que has tenido que hacer para llegar hasta aquí y agradeces a todas las personas que te han ayudado a que sea posible. No he querido contestar las llamadas y mensajes de ánimo por miedo a no ser capaz da aguantar la emoción, pero ha sido un chute impresionante de energía ver tanto apoyo. Me encontraba con muchas ganas y quería empezar ya, la espera se estaba haciendo larga. 

Me doy cuenta que en el dorsal no está el perfil, a mí me ayuda mucho tenerlo. Hago unos pantallazos del perfil de la carrera por tramos, aunque sea para tenerlos en el teléfono y mirar de vez en cuando. Es por tranquilizar a mi cabeza.

No me lo creo pero estoy aquí, lo he conseguido. Catherine, directora de la carrera, a falta de unos 15 minutos nos da la bienvenida y nos anima solo por estar aquí. El cielo nos da una tregua y deja de llover, mis ojos ya no aguantan más y empiezo a llorar. Estoy en la salida, el sueño está conseguido.

Como suele ser habitual, no hay cuenta atrás, solo nos avisan cuando faltan 10 segundos. Suena la canción, esa que no suena en ningún sitio como aquí. Ahora sí que no puedo parar de llorar, la piel de gallina. Paso por debajo del arco y me doy cuenta de que es realidad. ¡Empezamos la aventura! Menos mal que no se puede correr de la gente que hay, aunque pronto empezamos a trotar.

El público nos anima, nos graba, nos hace fotos… Casi no puedo levantar la cabeza para disfrutar del momento de correr por las repletas calles de Chamonix. Con lo que lo estaba deseando y cómo me emocionaba. La emoción se me empieza a pasar al llegar a la zona de escalada, ahora tocaba empezar a disfrutar y esperar que todo fuera bien.

Primer avituallamiento en Les Houches, no paro. Las sensaciones eran muy buenas, quizás iba algo más rápido de lo que me aconsejaba todo el mundo pero me encontraba bien y mis piernas me pedían que siguiera con ese ritmo, sin prisas pero sin pausas.

Primera cuesta y empiezo a respirar un ambiente de máximo respeto a la carrera. No habla nadie, silencio absoluto, se rompe porque suenan los bastones de la gente que los lleva. Parece el Séptimo de Caballería. Todo el mundo lleva bastones menos yo, me empiezo a reír solo.

Al llegar a Saint Gervais (km 21), ya de noche, está lleno de gente. Me encuentro con un amigo, me ve supercontento y es que lo estaba. Me da un abrazo que me da fuerzas para seguir igual. El avituallamiento espectacular, paro un buen rato a comer y recuperar ya que es el primer punto de corte horario y he llegado una hora antes del cierre y bien. Contamines (km 31), siguiente punto en el camino, está a reventar, casi no cabemos.

Allí veo a Juan, qué ilusión me hace. No me lo esperaba, aunque sabía que estaba.

Me da mucha fuerza el hablar un rato con él. Está esperando a otro amigo suyo para hacerle la asistencia. Salí del avituallamiento cargado de energía para la subida que me esperaba a Col du Bonhomme.

Sábado 31 de agosto

Pasé por Notre Dame y ni me enteré, luego La Balme, donde empecé a inventarme bromas con este nombre que se parece a una calle de mi pueblo y no paraba de reírme solo otra vez. Me intentaba distraer.

De vez en cuando veía la cantidad de luces frontales que llevaba detrás. Era una auténtica culebrilla blanca. Chulísimo. Parecía la Vía Láctea. Así, pensando en las estrellas llegué arriba y tocaba bajada, rápida y en parte técnica, hasta Le Champieux. Luego un tramo duro hasta Col de la Seigne, al ser de noche era un poco aburrido pero iba pasando el tiempo y los kilómetros rápido y no me enteraba mucho. Además los avituallamientos y puntos de control estaban relativamente cerca. Mentalmente estaba muy bien, era la frontera entre Francia e Italia, allá por el km 60. Llevaba 1/3 de carrera, aún quedaba mucho, pero ya había completado una parte complicada.

Empezaba a amanecer y era una pasada. Qué lástima que las fotos no reflejen la belleza del momento.

Aunque entremedio estaba Lac Combal, lo siguiente que tenía en mente era Courmayeur. La noche se me había pasado superrápido y estoy con la adrenalina a tope. Llego a Courmayeur contento y animado (km80), se puede decir que el ecuador de la carrera. Allí recojo la bolsa de vida y me cambio de ropa por completo, me tomo mi tiempo. Como algo tranquilamente y veo que la cosa va muy bien. Paro igual algo más de lo que debía pero aunque estaba bien, lo necesitaba. Tocaba una buena cuesta y hay que coger fuerzas. Cuesta de asfalto. Al dejar el asfalto me fui recuperando, puse mi marcheta y adelantaba a gente en la subida. 

Me hace ilusión saber que he llegado a una de las zonas más bonitas de la carrera. Tocaba una fuerte subida al Refugio de Bertone y llegando allí era medio llanear trotando hasta el Refugio Bonatti que tenía muchas ganas de ir por lo que representa. (Para quien no lo sepa, Walter Bonatti fue un montañero italiano considerado como uno de los mejores alpinistas de la historia, que realizó numerosas ascensiones pioneras en los Alpes, Himalaya y Patagonia. Recibió el premio Piolet d’Or en 2009, uno de los premios de montañismo más importantes del mundo).

El tramo de Bertone a Bonatti se me pasó rápido, de hecho en el refugio de Bonatti casi ni paré de lo bien que me encontraba. Bebí un poco, unas fotos y a seguir.

Llegué a un punto clave, iba cómodo trotando pero en Arnouvaz empezaba una dura subida. Llegué medio mareado del calor. Creo que me estaba dando un principio de insolación. Me refresco bien, la cara la noto ardiendo. Paro un rato, como bien y me preparo para la subida a Grand Col Ferret (km 100). Es un punto psicológico y además el punto más alto de la carrera, 2.490 metros.

Me he aguantado, pero ahora me pongo la gorra y aunque hace sol también subiré con los manguitos puestos porque me está dando mucho el sol. La subida a Col Ferret es dura, me la tomaré con calma ya que hacía mucho calor y venía un poco tocado. Las vistas me ayudan, son espectaculares. Glaciares que ya no son lo que eran pero dejan su huella.

Viendo el perfil creía que Col Ferret era la cima de una montaña. Si hubiera parado a pensar, hubiera deducido que ‘Col’ en francés quiere decir ‘Collado’, así que era el paso entre dos montañas. No me di cuenta pero…qué contento me puse cuando vi las carpas de control y que no teníamos que subir más. Llegamos así a la frontera entre Italia y Suiza.

El descenso lo hago trotando y gestionando las fuerzas, aunque se hace largo. Llego a La Fouly (km 112) y veo que el otro de Sant Boi estaba ya en la Flégère, a punto de llegar a meta. Me alegro un montón y me da fuerzas… ¡Qué grande!

Si el amanecer ha sido bonito, el atardecer llegando a Champex-Lac (km 126) es espectacular. Seguimos trotando alrededor del lago, y llegamos a Plan de L’Au.

Tres subidas con sus tres bajadas y lo tenemos. Me animo aunque creo que esta es la subida más dura. Descanso un rato, como bien y empiezo la subida a La Giète. Se me hace eterna. Vuelve a ser de noche desde hace un rato y me cuesta. No es casualidad, hoy es Sant Ramon Nonat, me acuerdo de esos Sant Ramones y esas Rocas Negras que hago con mis compis para distraerme pero La Giète no llega nunca. Llegamos al punto más alto y no hay control. Me extraño y empezamos a bajar, de repente, La Giète, menos mal.

El descenso a Trient se me hace largo también. Se ven las luces desde muy arriba pero no se llega nunca. Lo que faltaba, me parpadea el frontal, me quedo sin pilas en la bajada, con lo bien que iba ahora. Paro, me ilumino con el móvil y no tengo apenas fuerzas en las manos para poner las pilas. Al final lo consigo, vuelvo a coger ritmo y por fin llego.

El avituallamiento, aunque lo conozco, me da un poco de bajón, está muy lejos. Casi un kilómetro desde que pasas el control, igual no era tanto pero se me hizo larguísimo. Paro y como tranquilamente aunque no mucho ya que al llegar a Trient (km 142) me da mucho ánimo saber que solo quedan unos 30 km para llegar a Chamonix y ya voy teniendo ganas de llegar. Me voy a cambiar otra vez de calcetines, noto ampollas en los pies, no sé si por los calcetines o por las zapatillas.

Por el perfil creo que viene la subida con más pendiente del recorrido, así que paciencia. No me equivoco, aunque tampoco se me hace tan dura, fue peor la anterior, de hecho hasta voy adelantando a gente.

Domingo 1 de septiembre

La bajada a Vallorcine me da de nuevo un subidón de adrenalina importante. Es un punto de referencia que ya me conozco y sé que estoy muy cerca.

Llego a Vallorcine (Km 153) y me anima todo el voluntariado del avituallamiento. Incluso hay uno que se sienta conmigo para que descanse y me dé cuenta de que ya prácticamente lo tengo. Se lo agradezco y salgo de allí crecido porque aunque lo hice de día, ya me lo conozco y sé que queda poco. Los primeros kilómetros hasta Col des Montets se me pasan muy rápido porque voy a buen ritmo, me separo cada vez más de quien viene detrás.

La última subida ya está aquí. Me lo tomo con calma porque sé que es dura, pero la última. Las piernas empiezan a flojear, veo a los lados del camino, entre las piedras, gente que ha parado a descansar, incluso a dormir algo. No son alucinaciones. “Tardaremos algo más pero llegaremos” dice mi mente. ¡Vamos! No tengo ninguna prisa y dejo que me adelante gente que va más rápido que yo, así de paso descanso algo.

Cuando vine a reconocer el terreno no se me hizo tan larga como ahora que se me está atragantando. Era de día y ahora es de noche. Pienso en los arándanos que cogí cuando vine a ver si me recupero. Intento cogerlos pero es que no me apetece de lo cansado que voy. No quiero gastar más fuerzas de las justas.

Por otro lado, pienso que igual lo que necesito es la fuerza del arándano que he estado pensando desde hace tiempo. Al final me decido y paro a coger unos cuantos. Eso hace que descanse, me entretenga en otra cosa y que con la fuerza de esos frutos llegue por fin a Tête Aux Vents. Alegría amarga. Empieza la bajada, que parece que va mejor, a La Flégère pero no recupero del todo. Es una zona de rocas grandes, de sube y baja en la que no puedo ir muy rápido, son pocos kilómetros pero se me hacen casi más largos que la subida.

Al llegar a La Flégère (km 163) sí que lo veo claro. Paro poco. Me vengo arriba, sé que quedan 8 kilómetros a meta. Adelanto a todas las personas que me han pasado en el camino hasta aquí. Tengo que ir con cabeza, una mala pisada me puede dejar sin la guinda del pastel.

Aprieto los dientes y doy lo que me queda. He recuperado la motivación y me quedan fuerzas. Es una bajada al principio por una pista de esquí y luego un sendero con unas zetas más técnicas con raíces y piedras, del estilo de las que ya hemos pasado. No paro de adelantar a gente que va más conservadora que yo. Llegamos a un bar que se llama Le Chalet. Me lo conozco. Ya es todo pista buena y empieza a amanecer.

Pasamos un puente hecho de andamios y piso el asfalto de Chamonix. Lo tengo. Lo he conseguido. Ahora sí que está claro. Vuelven las emociones y las lágrimas. No puedo dejar de llorar. Ya no adelanto más. Hay tres corredores delante que van muy lentos pero no los paso, me paro. Ando, pero mi cuerpo me pide correr, los vuelvo a coger, me vuelvo a parar. Me anima la poca gente que hay, me siento mal por no poderles dar las gracias porque no paro de llorar. Tengo un nudo en la garganta.

Queda menos de un kilómetro y disfruto de mi llegada. Estoy realmente contento, lo he disfrutado y lo he dado todo.

Son las 7 de la mañana y después de 37 horas paso por el arco de meta y… ¡¡¡siiiiiií!!!

¡¡¡Soy FINISHER de la Ultra-Trail du Mont-Blanc!!! ¡¡¡100 millas!!!

¡¡¡Me he comido el pastel con la guinda!!!

Disfruto del momentazo, de esta increíble llegada. Me seco las lágrimas, dejo de llorar. Mi cabeza mientras tanto no para de pensar en mil personas y momentos, en las horas de entrenamiento, en los momentos de sufrimiento pero, en fin, después de todo puedo deciros que ha merecido la pena. Cuando pones todas tus fuerzas en ello, los sueños se cumplen. He acabado y lo mejor de todo es que lo he disfrutado, pero mucho. He devorado los 171 kilómetros de estas 100 millas.

Me siento un privilegiado por haber tenido la suerte de estar en la salida, de poder venir y más aún de haberos tenido. El saber que habéis estado conmigo, que me habéis apoyado en todo momento en mi locura. Que habéis sufrido mi mal humor cuando las cosas no iban tan bien. Que habéis sufrido cada uno de los pasos que yo iba disfrutando. Que sufríais cuando se alargaba la espera en algún punto de control.

No voy a poder devolveros todo lo que me habéis dado durante este tiempo.

¡¡GRACIAS POR ESTAR AHÍ!!

Os dejo el enlace de la noticia publicada en desdesoria.es pinchando aquí y un vídeo resumen de lo mejor de la UTMB 2019, sólo escuchar la música me pone los pelos de punta y me hace volver a sentir lo vivido.

En el punto más alto de La Coruña
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29-12-2018. Resumen de un 2018 viajero

No sé, en lo que queda de año no creo que afronte ningún gran viaje, exceptuando alguna internada en mi pueblo y en la vertiente soriana de la Sierra Cebollera, quizás mañana mismo.

Por ello, y aunque falten un par de días para su finalización, voy a hacer un breve resumen de mi año viajero. Desde hace cinco años termino contento con mis periplos anuales, y 2018 continúa esa serie.

Empezando por los viajes al extranjero, este año he conocido tres nuevos países: un viaje muy bonito y tranquilo de semana y media por Irán, una experiencia sobresaltada e inolvidable de casi un mes en Colombia y una entrada y salida rápida en Mónaco.

A ellos hay que sumar la gran aventura que hicimos en mayo uniendo Soria y Roma en bicicleta, pasando por varias provincias españolas, Francia, el ya citado Mónaco y, por supuesto, Italia y algunas de sus regiones más espectaculares.

También pasé una semana en Berlín en agosto, con motivo del Campeonato de Europa de Atletismo y pasando un calor que en España jamás conocí.

El resto de mis viajes han sido, precisamente, por España, dentro de mi interés de conocer lo mejor posible mi país.

Saltándome el orden cronológico, el viaje más especial de 2018 fue el que me llevó a conocer las islas Chafarinas, después de haber estado en Ceuta y en Melilla.

Además, en el presente año he conseguido terminar mi reto de ascender a la cumbre más alta de cada provincia española, algo que culminé con cuatro días muy curiosos en los que recorrí Navarra, Getafe y Salamanca-Cáceres,

Antes de ello, viví las casi odiseas de subir a los picos más altos de Alicante y Mallorca, ambos de propiedad militar. El viaje a Alicante coincidió con otro Campeonato de España de Atletismo, esta vez en Valencia y en pista cubierta (digo otro porque a Getafe fui al campeonato al aire libre).

También fue más que entretenido el viaje montañero-gastronómico a Galicia, para subir el pico más alto de Orense (coincide con el de Zamora) y La Coruña (una tachuela cerca de Melide).

En llano, y para conocer mejor mi comunidad autónoma, estuve en junio en Wamba, Villafáfila, Urueña, Peñafiel… con la excusa de ver en partido Valladolid-Numancia donde se jugaba el ascenso a Primera división. Coincidió con el Mundial de Rusia. La semana anterior fuimos a Zaragoza a ver la victoria del Numancia en las semifinales de la promoción por el ascenso.

Después de subir al pico más alto de cada provincia española, me he puesto el reto de subir al más prominente. En ese mismo viaje de Ceuta y Melilla ya aproveché para subir al de Ciudad Real, y en octubre tachamos los de Gerona y Barcelona, dos montañas preciosas.

Terminamos 2018 con nuestro visita de todos los años a Asturias, aunque esta vez la dejé para más tarde que nunca.

Casi todos estos viajes se pueden visitar en la sección de El Libro de este blog, y el orden aparece en el índice.

También he tenido algunas escapadas a Madrid y numerosas por Soria, aunque esas no suelen aparecer o aparecen como entradas sueltas en el Bazar.

Me conformo con que 2019 sea parecido o incluso un poco peor, pero en mi cabeza está intentar mejorarlo.

Los ocho del grupo y la Ciudad Perdida
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Trekking de la Ciudad Perdida (Colombia)

Trekking Ciudad Perdida (1). 8-11-2018

16.30. Recién llegamos a Casa Adán, el primero de los tres campamentos en los que tenemos pensado dormir en nuestro trekking de la Ciudad Perdida (Colombia). El tramo final de esta primera jornada y nuestra estancia de apenas una hora aquí nos ayudan a comprender que son ciertas aquellas cosas que habíamos leído que íbamos a encontrarnos.

Ayer miércoles 7 de noviembre, Óscar y yo nos encontramos en el aeropuerto madrileño de Barajas. A las 15.15 cogimos el avión de Air Europa que diez horas y media después (19.50 aprox.) nos dejó en Bogotá. A las 21.46 salía nuestro vuelo de Viva con destino a Santa Marta. Creímos que era tiempo de sobra… y lo fue pero por unos pocos minutos y después de correr. Estuvimos una hora para entrar al país, que fue lo que nos demoró y lo que nos hizo llegar a la fila de nuestro vuelo cuando ya estaba embarcando.

Un taxi nos dejó en el Colors House de Santa Marta, muy recomendable, y a las 6.00 ya estábamos en pie esta mañana, sin despertador. Hasta las 9.00, cuando hemos quedado con la empresa Magic Tours, nos ha dado tiempo a desayunar, sacar pesos colombianos, comprar unas chanclas…

A las 9.00 nos han venido a buscar y en la sede de la agencia hemos hecho la segunda parte del pago y nos hemos juntado los diez del grupo: los colombianos Catalina, Daniela, Juan y Juanita, los neozelandeses Chris y Rachel, el guía Saúl, el traductor Jeremy, Óscar y yo.

La primera parte del trayecto en 4×4, por carretera principal, nos ha dejado en Aguacatera. Alli se hace una parada para las últimas compras y para recibir la pulsera que da acceso al gran recinto de la Ciudad Perdida.

Preparados para el barro

En Aguacatera empieza un viaje de una hora por mal camino que nos deja en Mamey o Machete Pelao. Aquí, ahora sí, empieza nuestra caminata, alrededor de las 13.00 horas, después de haber almorzado.

La primera parte del camino es muy agradable. Se va salvando desnivel poco a poco pero el camino es ancho y el firme consistente (apto aún para motos). Además, aún no nos ha caído ni una gota de agua. Cada media hora o menos hay un puesto para comprar zumos, refrescos o agua, aunque ya nos han advertido de que esto sucederá con tanta frecuencia solo hoy.

Uno de esos puestos se encuentra en el punto más alto de hoy, a 640 metros (Mamey está a 140). Allí más o menos ha empezado la diversión. La bajada, en muchos sitios, es un camino plenamente embarrado en el que cuesta mucho no resbalarse. Nos hemos puesto de barro hasta arriba. Una mula que nos ha adelantado ha perdido su carga y nos ha tocado ayudar a recolocarla.

Para entonces ya llovía bastante, pero nada que ver con lo que nos hemos encontrado en Casa Adán. De hecho, íbamos a bañarnos en una gran poza pero el río se ha puesto demasiado bravo.

Son las 19.00 horas. Nos hemos duchado, cenado… y estábamos pensando en acostarnos cuando Saúl y José (otro guía de la empresa) nos han dado dos pequeñas charlas.

Saúl nos ha explicado el proceso de fabricación de la cocaína y cómo los paramilitares controlaron todas las plantaciones de los campesinos que habían venido de otras partes del país a la Sierra Nevada de Santa Marta. También nos ha comentado cómo el turismo está ayudando a sustituir como motor de la economía local a ese antiguo negocio de la cocaína.

José, por su parte, nos ha explicado algunas tradiciones y creencias de las comunidades indígenas que vamos a ir encontrándonos durante todo el trekking. De las cuatro comunidades que residen en la Sierra, en esta zona de la Ciudad Perdida habitan los koguis y los wiwas (varias de esas cosas las hemos visto en los días posteriores).

Trekking Ciudad Perdida (2). 9-11-2018

15.30. Nuestra etapa de hoy ha terminado una hora antes que la de ayer, lo cual es una gran noticia. Ahora son las 16.30 y llueve como pocas veces vi en España. Aquí en la Sierra Nevada de Santa Marta es más habitual, diario en su época, pero hoy cae todavía con más fuerza que ayer. Increíble. En esta hora que llevamos en el Paraíso Teyuna nos ha dado tiempo a: -Tomar un café solo, largo y sin azúcar, bien caliente. -Bañarnos en un lugar espectacular junto al campamento en el río Buritaca. -Preparar el cambio de ropajes y ducharnos. -Ver llover.

El día de hoy ha sido muy diferente porque ya hemos dormido en ruta. Ayer estábamos a las ocho de la tarde en la cama. El toque de campana estaba previsto a las cinco de la mañana. Cuando se han prendido las luces de Casa Adán ya estábamos todos preparados para el desayuno, muy completo como todas las comidas del trekking. Otro viaje que no adelgazamos.

Hemos empezado a andar a las seis, la hora prevista. Nos hemos aviado rápidos para ser el primer grupo en salir, lo cual ha sido un acierto según hemos ido viendo. A Ciudad Perdida puede entrar un máximo de 120 personas al día, veinte por cada una de las seis agencias que existen en Santa Marta. Ayer entramos 50.

La mayoría lo hacemos en cuatro días. Existe la posibilidad de hacerlo en cinco y en seis, aunque esta última la elige poca gente. Además, y aunque no aparece en las webs oficiales, se puede hacer en tres días con guía y conductor particulares, con lo que es más caro que en cuatro.

La ruta de este segundo día se divide en dos partes casi iguales, cada una de tres horas y media. La acabamos de terminar y me cuesta decir lo que subimos primero y lo que bajamos después, pero las sensaciones son mucho más completas que ayer. Hemos hecho buena parte del camino a una y otra orilla del Buritaca. Este gran río y otras decenas de arroyuelos han tenido que ser cruzados muchas veces, así que ha llegado un momento en el que varios de nosotros hemos decidido no descalzarnos más.

Al principio sí ha habido algún tramo como los de ayer, repletos de barro. La segunda parte ha sido distinta, y la dureza ha venido por el desnivel que hay que ir salvando, además de por el calor y la humedad. 

La parada para comer la hemos hecho a las 9.30. Antes del almuerzo nos hemos dado el primero de los dos baños del día. El segundo es el que he narrado en el preámbulo.

La comida en el Campamento Mumake, donde dormiremos mañana, ha sido a las 10.30. Nos la ha preparado María, que cocina solo para nuestro grupo y que va haciendo el trekking por su cuenta para ir adelantándose. Nos ha costado terminarnos la comida pero lo hemos conseguido. Apunte: me refiero a la cantidad.

Contemplación de la selva

A las 11.30 estábamos de nuevo en marcha. Esta segunda parte es preciosa. Seguimos disfrutando de la impresionante vegetación de la selva y de las grandes montañas de la Sierra Nevada. Las mayores alturas de Colombia están aquí, el Colón y el Bolívar, aunque no se pueden subir desde hace unos 20 años porque las comunidades indígenas a las que pertenecen retiraron su permiso.

En esta segunda parte, de hecho, hemos pasado por un poblado kogui que, salvando un millón de distancias, no he podido evitar que me recordara a Alberobello.

Igual que ayer, a las 14.00 ha empezado a llover. Todavía era una lluvia agradable. Ha sido una gran experiencia caminar bajo el agua suave en este tramo final.

Son las 17.15. Los diez del grupo estamos alrededor de un gran bol de palomitas de maíz y de unas cervezas.

Nos cuenta Saúl que las facilidades del trekking de la Ciudad Perdida son ahora mucho mayores que hace apenas unos pocos años, gracias al acondicionamiento de los caminos para el tránsito de las mulas. No seremos nosotros los que no disfrutemos de esas mejoras aquí, bajo la tormenta.

Trekking Ciudad Perdida (3). 10-11-2018

9.45. ¡¡¡¡¡Ohhhhhhh!!!!! es inevitable exclamar cuando se alcanzan los mejores visionados de la Ciudad Perdida de los Tayrona, construida en el año 700, abandonada en el 1600 y redescubierta por los huaqueros en busca de oro hace cuatro días, en 1975. Viendo el lugar donde se encuentra, no resulta tan sorprendente que permaneciera oculta durante casi 400 años. ¿Por qué la encontraron? Los expoliadores, actividad permitida en aquellos días, para buscar poblados indígenas en cuyos enterramientos se hallaban valiosos ajuares, iban siguiendo los viejos caminos empedrados…

Ahora estamos de nuevo en Paraíso Teyuna, el lugar en el que hemos pasado la noche. Los tres subgrupos que hemos coincidido en el trekking manejamos ondas similares, así que ayer acordamos junto a nuestros guías levantarnos un poco antes para ser de nuevo el primer grupo en arrancar. Poco después de las 19.30 de ayer ya estábamos durmiendo y a las 4.40 de hoy nos hemos levantado. Hemos empezado a andar a las 5.50 después de haber dejado nuestras mochilas en el campamento.

Después de una caminata de 20 minutos junto al río Buritaca, se llega a un punto en el que es necesario cruzarlo. Como la corriente es demasiado fuerte, hay una cuerda para ayudarse. Nada más cruzar el río comienza un gran camino empedrado cortando en perpendicular la empinada montaña. Los huaqueros deberían estar seguros de que ese camino no les llevaría a un poblado kogui cualquiera… y así fue.

Colocando los bananos

Ese camino lo forman 1.200 escalones entre el Buritaca y la Ciudad Perdida. El 80% de ellos son todavía los originales. Son necesarios otros 20 minutos antes de llegar a este gran complejo de 32 hectáreas de las que son dos son visitables por el turismo. Se estima que allí llegaron a vivir 2.500 personas.

A partir de 1525, cuando llegaron los españoles a Santa Marta, los indígenas empezaron a contagiarse de enfermedades para las que no tenían defensas. Algunos se refugiaron en la Ciudad Perdida, cuyos habitantes empezaron también a menguar por esas enfermedades, por lo que decidieron abandonarla y refugiarse todavía más arriba en las montañas. La vegetación hizo el resto para preservar este lugar durante cuatro siglos.

Nada más llegar a las primeras terrazas, hemos salido directos a la parte más alta de la Ciudad para disfrutar de las vistas antes de que llegaran los demás grupos. Desde ese lugar más elevado se disfruta de una vista espectacular de las principales edificaciones de la Ciudad Perdida. Allí hemos pasado un buen rato disfrutando no solo de las piedras tratadas por el hombre hace 1.300 años, sino también de las impresionantes montañas, los profundos valles, las salvajes cascadas y, sobre todo, la pobladísima vegetación. El enclave es sobrecogedor de por sí.

Un pequeño y huidizo lagarto

Saúl y Jeremy nos han explicado algunas pinceladas de toda esta historia de la Ciudad Perdida de los Tayrona, una historia que se continúa escribiendo con los miles de turistas que cada año la van visitando, el Ejército que la vigila a diario, los arqueólogos que la siguen descubriendo y los indígenas koguis que cada mes de septiembre realizan allí sus ceremoniales manteniéndola cerrada al turismo. Durante esos 400 años, se sabe que los indígenas sí hacían visitas a Teyuna.

La Ciudad Perdida y Colombia llevan unos cuantos años resultando cada vez más atractivas para el turismo. La primera parte de cero, pues acaba de ser descubierta, y la segunda se está recuperando de todos los procesos de violencia que la hacían desaconsejable hace algunos años.

Con el paso del tiempo, el potencial de esta Ciudad Perdida seguirá creciendo, tanto en número de turistas como en infraestructuras, aunque en Santa Marta tampoco buscan que se convierta en lo mismo que otros grandes complejos precolombinos. El hecho de que haya que andar cuatro días entre la selva para conocerla ya la hace muy especial. Sea como sea, merece la pena la visita.

*15.00: recién llegados al Campamento Mumake, donde comimos ayer y donde dormimos hoy. Como cada día, ha empezado a jarrear justo a nuestra llegada, pero ya estamos a cubierto. Uno de los líderes kogui, Fermín, ha bajado a darnos algunas ideas de su casi intacta cultura. Óscar y él han estado departiendo unos minutos tratando de acercar dos mundos tan lejanos y cercanos.

Trekking Ciudad Perdida (y 4). 11-11-2018

13.00-13.30. No recuerdo muy bien la hora porque escribo al día siguiente, el lunes 12. A esa hora llegamos de nuevo a Machete Pelado o Mamey, donde comemos en casa de Saúl lo que pedimos el día 8, cuando también estuvimos allí. Comemos los diez del grupo y Catherine, que a ratos se ha unido a nosotros pero que ha hecho una ruta algo diferente ya que obtuvo un permiso especial para dormir en la misma Ciudad Perdida.

No me extiendo en la crónica de hoy. Antiguamente, el trekking de la Ciudad Perdida podía hacerse circular. Los indígenas no lo permitieron hace algunos años, así que hoy lo único que hemos hecho ha sido desandar lo andado, cada uno a nuestro ritmo con una reunificación en Casa Adán. Allí hemos podido bañarnos en la gran poza con dos saltos de tres y seis metros, algo que no fue posible el primer día como comenté, por la impresionante lluvia.

Como cada día, hemos salido a las 6.00 y hemos caminado durante alrededor de siete horas, contando esta vez las paradas. Hoy es más suave porque hay más bajada, pero el cansancio y el deseo de llegar al asfalto se van dejando notar.

En Mamey hemos disfrutado enormemente del último almuerzo y de la última cerveza compartida, y hemos abierto las puertas a posibles reencuentros, algunos de los cuales quizás no estén tan lejanos.

La orilla del Atlántico de Lisboa a Oporto sobre dos ruedas (julio 2018)

(Como ha sucedido y sucederá bastantes veces en este blog, esta es una colaboración especial. Ángel Álvarez nos cuenta cómo ha sido el viaje en bicicleta de unos amigos de Lisboa a Oporto. Muchas gracias)

Durante siglos las costas del Atlántico han marcado los límites del mundo conocido para los europeos. El litoral occidental de Portugal ha sido parte de esa frontera natural esculpida por el océano y es también el punto más meridional de una de las grandes rutas europeas de cicloturismo, la Eurovelo 1: un recorrido desde el Cabo Norte en Noruega que a través de la costa escandinava, británica y francesa. En el caso luso atraviesa del sur al norte todo el litoral para concluir a orillas del Miño. Una ruta que curiosamente en España no surca al lado del Cantábrico, sino que recorre Castilla y la antigua Vía de la Plata antes de cruzar la frontera por Huelva. Y en la que, como aviso a navegantes, las señalizaciones no es que sean pocas, simplemente son inexistentes, a diferencia de la mayoría de recorridos Wurovelo que precisamente para ser reconocidos exigen una clara señalética.

En nuestro caso, tres ciclistas -Fran, César y Ángel- hemos recorrido la costa que une las dos grandes ciudades portuguesas, Lisboa y Oporto, de cerca de 450 kilómetros. Dos urbes marcadas por el mar y por los ríos Teixo (Tajo) y Douro (Duero). Precisamente la orilla del Tajo es el punto de salida, en la Praça do Comercio en que Lisboa se abre a esa ría desde la que los descubridores lusos abrieron las vías marítimas con África y Asia. Esos primeros kilómetros recuerdan el siglo de oro de nuestro vecino: el monumento a los descubridores, el monasterio de los Jéronimos y la Torre de Belém.

Cabo da Roca

Por la costa seguimos camino de Estoril y Cascais, aunque haciendo caso a las recomendaciones de la guía optamos por tomar el tren unos kilómetros para evitar el intenso tráfico de la Avenida Maginal un domingo. De hecho, los paseos marítimos de Estoril y Cascais están atiborrados de turistas que acuden a sus playas o pasean entre sus señoriales casas. El bullicio de Cascais contrasta con los inmensos espacios de acantilados poco pronunciados con que se inicia el parque de natural de Sintra-Cascais. Un peculiar tramo de costa donde las rocas conviven con inmensas dunas de arena blanca que desde la playa de Guincho se elevan tierra adentro.

Poco después se inicia el ascenso al Cabo da Roca, la mayor dificultad orográfica de toda la ruta y el punto más al oeste de Europa según reza un monumento que corona los acantilados sobre el océano. Aunque tras su subida puede parecer que lo peor de la primera jornada ya se ha superado, la costa dibuja continuos sube y baja que hacen especialmente dura la jornada inicial entre pintorescas localidades como Azenhas do Mar y espectaculares playas al fondo de acantilados, como la de Magoito. No menos empinada es la playa de Ericeira, nuestra primera meta, que como muchas de las poblaciones costeras es todo un santuario para los aficionados al surf.

Las olas también marcan la siguiente jornada, en que a las dificultades orográficas se suman los efectos del mar que ha provocado que tengamos que cambiar la ruta original tras varios desprendimientos y optamos por lo seguro: la carretera. Nuestra siguiente parada es Santa Cruz, un pueblo con sus miradores en lo alto del Atlántico y otra empinada playa forjada por las mareas.

A medida que avanzamos hacia el norte los acantilados se van sustituyendo por las dunas que hacen de frontera con el mar. Protegidas por ellas llegamos a Peniche, una localidad de pescadores en una península de rocas que según cuentan los lugareños en su día fue una isla que precisamente las dunas unieron a la costa. Unas características que convirtieron esta pequeña península en un fortín junto al mar, como recuerdan las murallas con las que saludan al visitante. En sus fiestas estivales, que se prolongan más de un mes aprovechamos para degustar varios quesos locales.

Cabo da Roca

A la mañana siguiente recorremos los cerca de siete kilómetros que bordean la península de afilados acantilados, y vislumbramos las islas Berlengas, una gran reserva natural de de aves que se visita desde Peniche. De nuevo al lado de las dunas llegamos a otra pequeña península, Praia da Baleal. A medida que el día avanza la bruma marina se convierte en niebla y la humedad en llovizna. Las inclemencias meteorológicas y físicas hicieron que optásemos por la ruta más directa a Óbidos, una impresionante villa medieval amurallada digna de visitar. Tras recorrer sus calles empedradas y descansar para comer de nuevo emprendimos la marcha para llegar a la costa, aunque esta vez en Caldas da Ranha optamos por hacer frente al fuerte viente de cara con un aliado, el tren, con el que recorrimos 20 kilómetros hasta Valado, una localidad a 5 kilómetros de Nazaré, nuestro punto de llegada. Una jornada atípica que terminamos disfrutando de las grandes olas de esta localidad, uno de los templos del surf en Portugal.

Si el día anterior el tren nos había servido de aliado, la dura cuesta de Nazaré se hizo mucho más ligera gracias al ascensor que permite subir desde su centro histórico al acantilado que corona esta turística población con una espectacular visión de los tejados sobre el mar. Pasada la Praia Norte de Nazaré se extienden largos kilómetros de pinares sobre dunas. Por desgracia en seguida también empiezan a ser visibles las huellas de los devastadores incendios que convirtieron Portugal en un infierno el verano pasado. Esta jornada con largas rectas por carril bici y carreteras locales sin apenas coches están marcadas por los inmensos parajes de tierra quemada. Un desolado paisaje en que el negro de los pinos negros aún en pie contrasta con el blanco del suelo de la arena de la dunas que se prolonga durante kilómetros. Al menos en las localidades costeras aún se logró salvar parte de la vegetación y en una de ellas, Praia da Vieira, reponemos fuerzas con unas sardinhas y bacalhau, necesarios para cruzar la ría del Mondego y sus salinas, por la que se entra en Figueira da Foz, con su inmensa playa, tan ancha que incluso tiene un carril bici por el medio de la arena.

Así está la zona tras los incendios del año pasado en Nazaré

La siguiente jornada nos llevó de esta población a Aveiro. Tras volver a tener que afrontar un comienzo escabroso por los acantilados y el faro de Mondego, de nuevo los efectos de las llamaradas marcan parte de la ruta, hasta Mira, donde se inicia la ría de Aveiro, que nos acompañará desde entonces separada del mar por largas playas de fina arena y dunas que protegen fértiles cultivos. Allí será donde con premeditación y alevosía se nos una un cuarto componente, César, que desde el pueblo orensano de Lobera ha trazado una peculiar diagonal para sumarse por sorpresa a última hora a nuestro camino ciclista.

Aveiro, calificada como la Venecia portuguesa en muchas guías, no deja indiferente para bien o para mal, probablemente en función de las expectativas creadas. Lo cierto es que pese a sus gondoleiros intentar compararlo con la Serenissíma República resulta tan injusto como imposible. Si se rebajan las expectativas sus calles adoquinadas tienen su peculiar encanto para un paseo vespertino y una alegre cena, acompañada además por un concierto de cantautores en la plaza del mercado.

A la mañana siguiente a nuestro viaje se le sumó un nuevo medio de transporte: el barco. Para cruzar la ría de Aveiro el ferry entre Forte de Barra y Sao Jacinto es la mejor opción, ya que evita tener que dar una vuelta por el interior la ría. Reprender la marcha llaneando junto a la ría que nos acompañará tras los sube y baja de los primeros días es todo un deleite. Tras dejarla nos internamos entre pinares por un carril bici en que empiezan a ser habituales los peregrinos Camino de Santiago. Antes de llegar a Oporto aún nos quedarán varios kilómetros junto a las playas, algunos incluso por pasarelas de dunas. Y por fin la desembocadura del Duero, cuya orilla aún nos tendremos que recorrer durante unos kilómetros por Gaia, la localidad en la orilla gemela donde se encuentran buena parte de las bodegas del vino por el que esta ciudad  es conocida en todo el mundo. Qué mejor sitio para brindar con una copa de oporto por el final de la ruta antes de cruzar el puente de hierro de Don Luis I construido por uno de los discípulos de Gustave Eiffel y disfrutar de las calles de la segunda mayor ciudad portuguesa.