Archivo de la categoría: El libro

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Cap. 240. 17-2-2020. Barcelona (y 3). Sun Taka

Mis andanzas catalanas arrancaron antes de ayer (viernes 14 de febrero). El Alvia de Tudela salía a las 10.27, así que el despertador también sonó pronto para ir tranquilo desde Soria.

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En menos de tres horas estaba en Sants, y allí comencé un paseo de alrededor de media hora hasta la calle Bruc. Allí se encuentra, desde hace 14 meses, el restaurante Sun Taka, del soriano-japonés Mitsu. No soy un experto gastrónomo, pero en este tiempo ya ha recibido numerosas buenas críticas de la prensa especializada de Barcelona. Además de la espectacular carta, de lunes a viernes tiene menús desde 13 hasta 18 euros.

Allí estuvimos comiendo con Bianca, Guillermo, Mili, Roger y Violeta, un grupo de amigos y familiares reunidos de modo casual antes de ayer no muy lejos de la Sagrada Familia.

Para bajar la comida, fui caminando hasta el Palacio de Congresos de Barcelona, situado entre la Plaza de España y Montjuic. Allí estaba la Feria del Corredor del Medio Maratón, y ahí tenía que recoger mi acreditación para la prueba.

Cuando salí, por primera vez, entré al Centro Comercial Arenas, situado en la antigua plaza de toros de Las Arenas, un lugar que siempre me había llamado muchísimo la atención cuando se encontraba en estado de semiabandono. Desde hace algo menos de diez años es un centro comercial a cuya terraza es posible subir para disfrutar de unas bonitas vistas de la ciudad.

Ese primer día concluyó con un viaje en metro hasta Badalona para ir a casa de la familia y pasar la primera de las dos noches que he estado en aquellas tierras.

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Cap. 239. 16-2-2020. Barcelona (2). Puig Castellar, Santa Coloma

Ayer (sábado 15 de febrero) estuvo dividido en varias partes. Tras el habitual desayuno con mi tía y amistades en el bar de abajo, esperé a mi primo Pedro, a quien había encomendado la labor de que me llevara a algún lugar sorprendente y no muy lejano.

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Y me sorprendió de verdad. Badalona y varios otros municipios de los alrededores están rodeados por la Sierra de la Marina. Alguna vez había escuchado hablar de ella y la había visto, pero me la esperaba ‘menos’ montaña.

Tampoco hay que imaginarse grandes alturas, desniveles ni terrenos inhóspitos, pero sí hace ilusión que al lado de donde viven cientos de miles de personas haya una amplia extensión de terreno donde es posible caminar por sendas y pistas durante kilómetros sin encontrar una sola carretera. Siendo sábado como era, es fácil imaginar que había por allí bastantes ciclistas, corredores y caminantes.

Nuestra ruta, de alrededor de hora y media, empezó y terminó en el mismo punto de Santa Coloma de Gramanet. Durante la misma, visitamos la ermita de Sant Climent, un dolmen natural utilizado en tiempos protohistóricos y el interesante poblado ibérico de Puig Castellar. En las tierras más bajas pudimos ver también el Monasterio de San Jerónimo de la Murtra, del siglo XV.

Acabado el paseo, comida en casa y siesta antes de sucumbir a otra de mis aficiones favoritas como es darme un paseo por el centro de Barcelona. Desde Badalona hay metro directo hasta Paseo de Gracia, así que no da mucha pereza. Caminé por las Ramblas y hasta el Borne para hacerle una segunda visita a Guillermo, en el hotel donde trabaja. Alrededor de las nueve estaba en casa y no mucho después en la cama, por culpa del madrugón de hoy del que ya he hablado antes.

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Cap. 238. 15-2-2020. Barcelona (1). Medio Maratón

En el presente 2020, igual que en 2019, he solucionado pronto mi visita anual a tierras catalanas, barcelonesas y badaloníes. Si en mis anteriores visitas la causa principal de las mismas era la montaña, esta vez ha sido el atletismo, otro de los motivos más frecuentes de mis desplazamientos.

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Aprovechando que lo escribo todo el último día, hoy domingo, y ya que esa causa señalada del viaje ha sido también hoy, hago la crónica de estos tres días en orden inverso de días.

Esta mañana (domingo 16 de febrero) se ha celebrado una nueva edición del Medio Maratón de Barcelona. Hasta aquí se ha desplazado un soriano, Daniel Mateo, cuyo objetivo era bajar de 63 minutos para conseguir la marca mínima que se pide para estar en el Campeonato del Mundo de la distancia que se celebra el 29 de marzo en Gdynia, Polonia.

La carrera ha empezado a las 8.45, así que el madrugón ha ido en consonancia. Me he despertado un par de horas antes en Badalona para llegar a la zona del Arco del Triunfo, lugar de salida y meta de la carrera, con tiempo de sobra.

Aunque había gente a miles, la organización de estas carreras suele facilitar que se encuentre lo que se busca. Así ha sido, y pronto he estado con mi peto en otra carrera más. El objetivo del atleta se ha conseguido, ha terminado en 62:35 y previsiblemente estará en tierras polacas. Y nosotros, con él.

Desde el Arco del Triunfo, pasando por la Plaza de Catalunya, me he acercado andando hasta la Estación de Sants, de donde a las 15.30 el tren en dirección a Tudela (Navarra), en el que ahora me encuentro.

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Noticia del Medio Maratón

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Cap. 236. 25-1-2020. Cuenca (1). Río Cuervo, Cañete, Laguna del Marquesado

Causas montañeras nos han acercado una vez más hasta la provincia de Cuenca, hacia su Serranía, hacia el pueblo de Huerta del Marquesado donde hacemos noche.

La montaña la haremos mañana, así que hoy hemos aprovechado para hacer un poco de turismo, entre otras cosas porque todo el día ha estado lloviendo o casi.

Hemos salido de Soria a las ocho, rumbo a Medinaceli y Alcolea del Pinar antes de girar a la izquierda hasta Molina de Aragón, donde hemos parado a almorzar. Es increíble la gran cantidad de nieve que hay en toda esta zona desde la nevada del martes.

Nuestra siguiente parada ha sido ya en la provincia de Cuenca, en el nacimiento del río Cuervo, donde ya habíamos estado en 2015 pero en unas condiciones muy diferentes: entonces era julio y en plena ola de calor. Hoy nos ha gustado mucho más que entonces, con nieve y mucha más agua.

De ahí nos hemos dirigido a Tragacete, para comprar algo de comida y más que nada para confirmar que subiríamos a la montaña (Collado Bajo) mañana y no hoy como era nuestra intención, por esas previsiones de agua.

Por la vieja carretera de Valdemeca a Huerta del Marquesado hemos llegado a nuestra casa rural con algunas horas de adelanto por la suspensión de la ruta.

Para aprovechar las horas de luz, y después de comer en el restaurante de la casa rural, nos hemos dirigido a dos pueblos cercanos. En el primero, en Laguna del Marquesado, lo único que hemos hecho en realidad es hacerle una foto a su laguna.

Cuando hemos conseguido dar la vuelta (no es tan fácil), nos hemos dirigido a Cañete. Este pueblo sí que nos ha sorprendido y encantado, por su bien conservado recinto amurallado, por su bonito camino por el Postigo culminado por una gran cascada del río Tinte y sus casas colgadas, y por las numerosas creaciones del Paisaje Ilustrado de Luis Zafrilla (ver fotos y texto en la entrada del lunes 27 de enero).

De Cañete, regreso a Huerta del Marquesado ya casi de noche para disfrutar un rato de la casa rural antes de dar un paseo y encontrarnos con hogueras para celebrar la festividad de San Julián, una tradición, por lo que nos cuentan, recuperada hoy mismo por los vecinos del pueblo.

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Cap. 235. 27-12-2019. Navarra (y 2). Un soleado paseo por Ujué

Nuestro viaje por Navarra ha sido breve, de un par de días. Esa es una de las ventajas de vivir cerca de algún lugar, que no hace falta mucho más tiempo para disfrutarlo.

Si ayer subimos a la cima más prominente de la comunidad, el Beriain, este viernes hemos visitado uno de los miembros de la Asociación de los Pueblos más Bonitos de España, Ujué.

Aprovecho para recomendar a todo el mundo que pasa por la autopista Zaragoza-Pamplona que algún día dedique un tiempo a visitar esta iglesia-fortaleza y este bien conservado casco.

Nosotros hemos estado más de dos horas, calculo, haciendo el recorrido lógico: iglesia-fortaleza, pueblo y las ruinas de la iglesia de San Miguel junto al monumento a la Coronación de la Virgen de Ujué.

Desde este lugar se tienen las mejores vistas del pueblo, especialmente en días como hoy repletos de sol y azul celeste, nada que ver con lo que nos encontramos ayer en la Sierra de Andía. Esta mañana, los Pirineos se tocaban con la mirada.

De regreso a la furgoneta, hemos tomado algo en uno de los locales del pueblo, en el que son típicas las almendras garrapiñadas, las migas, las costillas… Hoy no nos ha dado tiempo a comer (en Ujué), quizás a la próxima.

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Cap. 233. 22-11-2019. Luxemburgo (y 4). Capital y despedida

Lunes 18

El lunes terminaba nuestra estancia en Luxemburgo. El comienzo del día fue clavado al del domingo: despertadores a las ocho, unos a la ducha, otros a comprar el pan, y todos en la mesa poco antes de las nueve de la mañana.

Crónica completa del viaje

Volábamos a las cinco de la tarde, así que todavía nos daba tiempo a dar una vuelta diurna por la ciudad de Luxemburgo, algo que no pudimos hacer el domingo. Luxemburgo es pequeña. Un poco a las afueras se encuentran los grandes edificios de oficinas y de las importantes instituciones europeas instaladas en este país. Pero el centro es más que abarcable con unos pequeños paseos a pie.

Esta vez aparcamos directamente en la parte alta, cerca del ascensor que baja al Grund. Queríamos visitar la Abadía de Neumunster, a la que merece la pena acercarse sobre todo por la tranquilidad que se respira en este rincón bañado por el río Alzette. También entramos en la iglesia contigua, la de San Juan Bautista. No había nadie en ninguno de los dos lugares, y en los parques y jardines de alrededor apenas nos encontramos con media docena de corredores aficionados.

Para subir, ya que teníamos tiempos, decidimos no coger el ascensor sino dar la vuelta andando para intentar entrar a las Casamatas del Bock, una de las dos visitables de Luxemburgo junto a las de Petrusse… pero solo en verano. Las casamatas son larguísimos entramados de cuevas y pasadizos excavados en la roca para utilizar en tiempos de guerra y conflicto, algo de lo que la historia de Luxemburgo conoce de sobra. Estas casamatas del Bock tienen 23 kilómetros.

Ya pasaba la hora del mediodía. Tarde para seguir visitando, pronto para ir al aeropuerto, el momento idóneo para tomar las dos últimas cervezas del viaje en uno de los bares que habíamos conocido el domingo, cerca del Palacio Ducal.

De ahí, ya sí, fuimos al aeropuerto a devolver el coche de alquiler y comernos los bocadillos y la fruta que nos habíamos preparado. Muchos de nuestros compañeros de vuelo también lo habían sido el viernes. Esos tres días son más que válidos para hacerse una idea de la belleza otoñal de este pequeño país centrouropeo.

Vianden
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Cap. 232. 21-11-2019. Luxemburgo (3). Treveris, Echternach, Vianden, la capital…

Domingo 17

Pusimos los despertadores una hora más tarde, a las ocho, que sigue siendo madrugar pero que impresiona menos que las siete. Como nos habíamos acostado pronto, no hubo problemas para incorporarse. 

Crónica completa del viaje

Mientras unos se duchaban otros bajábamos al Cactus de Remich a comprar pan y un par de cosas más. El plan de hoy era no salir del país de Luxemburgo y visitar algunos de sus pueblos más famosos.

El inicio de la ruta era el mismo que el del sábado, evitando unas carreteras cortadas por obras, como medio país. Sin embargo, esta ruta no pasaba por la orilla del río Mosela, el que separa Luxemburgo y Alemania. Por ello, y como ya empezábamos a conocer el terreno, engañamos al navegador de nuestro coche para ir directamente al Mosela.

Carretera y río marchan paralelos durante bastantes kilómetros. El Mosela es navegable y puede albergar barcos de gran tamaño, algunos de los cuales vimos fondeados en Remich, pero en esta época baja del año no hay paseos turísticos ni apenas cruceros.

Según íbamos por la carretera, vimos que Treveris estaba a solo 14 kilómetros. Aunque nuestra idea era quedarnos todo el día en Luxemburgo, la incumplimos para conocer esta ciudad alemana en la que destacan sus monumentos romanos, con una concentración de los mismos que no se da en ningún otro lugar del mundo fuera de Roma. Nosotros visitamos solo el más famoso, la Porta Nigra, inolvidable una vez que se conoce,, antes de darnos un paseo hasta la Catedral y ver, por segunda vez en este viaje, el montaje de un Mercado de Navidad que tampoco disfrutaríamos en funcionamiento.

De Treveris regresamos a Luxemburgo, país que ya sí no abandonaríamos más. Nuestra ruta incluía los dos destinos más turísticos del país, sin contar con la capital, y una breve parada en el camino.

Esos dos pueblos son Echternach y Vianden, unidos por una de las múltiples ramificaciones del Camino de Santiago y los dos únicos lugares del país que han pertenecido a la Lista Indicativa del Patrimonio de la Humanidad, si bien no consiguieron formar parte de él. Sí lo son, del Inmaterial, las procesiones danzantes de Echternach.

La gran abadía fundada por el patrón de Luxemburgo, San Willibrod, es lo más destacado de este pueblo que puede verse en un breve paseo si no se dispone de mucho más tiempo, como era nuestro caso por la escapada imprevista a Treveris. Con otro tipo de tiempo (más calor y más horas de luz), se puede disfrutar de numerosas actividades al aire libre pensadas para la gran cantidad de turistas que lo visitan.

La siguiente parada de nuestro itinerario fue Beaufort que, como tantos lugares de Luxemburgo, se escribe de varias maneras: Befort en alemán y Beefort en luxemburgués; yo he elegido la palabra francesa por cercanía. Allí, después de pasar por unos bosques impresionantes y por unos paisajes rocosos tan idóneos para la escalada que parecían artificiales (hace no mucho había soñado con unos parajes así), llegamos al gran castillo de Beaufort, también en obras y, por tanto, cerrado.

El castillo que sí estaba abierto era el de Vianden, pero ya se nos había escapado demasiado el tiempo así que decidimos no entrar. Vianden me pareció mucho más preparado para el turismo de masas (masas nivel Luxemburgo) que Echternach. El pueblo es precioso, lo mismo que los alrededores y que ese gran castillo que lo corona. Subimos caminando hasta la entrada del recinto, antes de regresar al coche para dirigirnos hacia la capital del país.

Llegamos a Luxemburgo ciudad alrededor de las tres y media de la tarde. Conseguimos comer en el restaurante que nos recomendó Cristina (soriana residente en Luxemburgo que no estaba esos días por allí) a pesar de que la hora prevista del cierre de la cocina eran las tres. 

Salimos ya de noche y nos acercamos hasta uno de los rincones del gran balcón de Luxemburgo, el más cercano al lugar donde comimos y donde pudimos ver el tercer y último mercado navideño, todavía en montaje, de nuestro fin de semana largo. Es fácil leer que este balcón es el más hermoso de Europa. Tampoco es cuestión de comparar, pero es cierto que la fisonomía de la ciudad de Luxemburgo es muy característica, con una parte alta y otra baja, el Grund, separadas por unos grandes cortados salvo en uno de sus extremos, donde hay una carretera que las une.

De hecho, fuimos caminando hasta el Palacio Ducal para montarnos después en el ascensor que baja al Grund. Nos tomamos una rápida (había empezado a llover por primera vez en nuestro viaje) y regresamos andando hasta el coche en un paseo de unos 20 minutos para recogernos de nuevo en Greiveldange. Aunque parecen muchas cosas, yo creo que poco después de las siete ya estábamos en nuestro pueblo.

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Cap. 231. 20-11-2019. Luxemburgo (2). Escapada a Colonia

Sábado 16

El sábado fue el día que antes sonaron nuestros despertadores, a las siete de la mañana. Nos habíamos acostado pronto, así que no fue tan dramático. Además, en esta época del año y a estas latitudes anochece bien pronto, así que es preferible cazar las máximas horas posibles de luz.

Crónica completa del viaje

Desayunamos y algo después de las 8.00 partimos hacia nuestro único destino del día, la ciudad alemana de Colonia. Desde que elegimos Luxemburgo como destino de viaje, sabíamos que un día estaría reservado para conocer alguna gran ciudad europea, dada la cercanía con Alemania, Francia, Bélgica e incluso algunas partes del sur de los Países Bajos (intentaré sin demasiado esfuerzo no volver a utilizar la palabra Holanda).

De Greiveldange a Colonia hay que transitar por varias autovías y carreteras de un solo sentido. En algunos tramos de autovía, ya en Alemania, no hay límite de velocidad. O mejor dicho, no hay límite de velocidad establecido de manera fija, sino que ese límite lo imponen las condiciones del tiempo, de la carretera, del tráfico y de las características propias del coche. La mayoría de la gente va a velocidades ‘normales’, pero siempre hay alguno que aprovecha…

El comienzo del trayecto lo hicimos con bien de niebla, pero según pasaban los kilómetros se iba despejando el día y, aunque la temperatura externa de nuestro coche no subía en exceso, la presencia del sol alegraba nuestras expectativas.

En Colonia aparcamos justo al lado de la Basílica de San Gereón. Nos sorprendió ver que era más barato dejar el coche en un aparcamiento subterráneo que en la calle, donde además hay un límite de cuatro horas.

Tras visitar la Basílica, hicimos lo que hace el cien por cien de los turistas que van a Alemania: visitar su impresionante Catedral. Dicen que es el monumento más visitado del país, y por lo que pudimos ver nos lo creemos. Con 157 metros, fue el edificio más alto del mundo durante cinco años, entre 1880 y 1885.

A la salida de la Catedral vivimos la experiencia habitual de encontrarnos con un conocido soriano o relacionado con Soria. Justo en la puerta para abandonar el edificio, nos encontramos con José María Cela, exjugador del Numancia en dos épocas diferentes de los años 90 y uno de los futbolistas que ha militado en los equipos filiales tanto del Real Madrid como del Barcelona.

La continuación del paseo fue la habitual en esta ciudad: a orillas del río Rin para ver los grandes barcos, la preparación del mercado navideño y la plaza del Fish Market con sus característicos edificios de colores.

Nuestro asistente personal nos recomendó un restaurante para comer y la verdad es que acertó. Nos envió a un inmenso establecimiento muy cerca dela Catedral donde había cientos de personas, turistas y no, comiendo platos típicos tanto de Renania del Norte como de otros estados alemanes. Efectivamente, comimos codillo.

Nos costó encontrar después un lugar para tomar el café, no porque no hubiera, sino porque estaban todos repletos de gente. Al final lo conseguimos alejándonos ligeramente del centro, antes de volver al coche y, con él, a nuestra casa de Greiveldange, donde pudimos ver y escuchar parte del final del partido entre el Numancia y el Rayo Vallecano (2-2).