Archivo de la categoría: El libro

thumb image

Cap. 291. 15/16-5-2022. Shiroqe, el lago de Shkoder y Tirana para decirle adiós a Albania

Domingo 15 de mayo

Lo fuerte del viaje ya está hecho, pero aquí seguimos. Haber seguido las votaciones de Eurovisión no nos ha ayudado a madrugar esta mañana, así que el desayuno estaba en las últimas cuando hemos llegado a él. Recogidos nuestros enseres personales y dispuestos a meterlos en el maletero, vemos que este no abre.

Intentamos arrancar el coche… nada. Por suerte, la eficiencia de uno de los empleados del camping y, sobre todo, las pinzas, nos permiten continuar viaje. Es preferible no dejarse encendidas las luces de un vehículo.

Siguiendo los consejos de la propietaria del camping, nuestro próximo destino es la orilla occidental del lago de Shkoder, el lago más grande de los Balcanes. Allí, el destino más conocido es Shiroqe. Antes de detenernos en él, lo cruzamos hasta casi la frontera de Montenegro, hasta donde termina el asfalto. Este fue un lugar propicio para el contrabando según hemos leído, por lo difusas que son las fronteras tanto terrestres como acuáticas.

De regreso, ya sí, paramos en Shiroqe. El baño es implanteable, pero damos un paseo y, una vez más, comemos a lo grande en un restaurante justo a la orilla del lago.

Se acerca el final del viaje, así que volvemos a la capital Tirana. Habíamos quedado por la tarde en nuestro hotel, el mismo que el primer día, con el dueño de nuestro coche de alquiler. Le entregamos las llaves y nos despedimos del vehículo.

Estamos alojados justo al lado de la gran plaza principal de Tirana, la de Skanderberg, donde justo este domingo termina el Festival de Primavera. Hay varios conciertos de grupos que no conocemos, pero que quizás hayan sonado en los CD’s recopilatorios de música albanesa que llevábamos en el coche y que nos han acompañado a ratos durante estos días.

Igual que ayer en Shkoder, hay muy buen ambiente hoy en Tirana. Tomamos algo en un bar precioso e inmenso al aire libre y nos vamos a cenar a un italiano, de nuevo muy bien. Antes de medianoche concluye nuestra jornada activa.

Lunes 16 de mayo

Estamos en modo fin de viaje. Como volamos por la tarde, aún nos da tiempo a hacer algo. Por la mañana, tras un desayuno tan opíparo que luego nos ha condicionado la comida, caminamos hacia el BunkArt 2. Tirana está repleta de búnkeres, recuerdos de aquella etapa tan larga del comunismo que convirtió a Albania en, quizás, el país más cerrado del mundo en el siglo XX.

Dos de esos búnkeres están musealizados. El 1 está a las afueras, y el 2 a cinco minutos de nuestro hotel, así que vamos a por el 2. En él se explica la historia tan apasionante de este país en el pasado siglo, una historia de la que consiguió desembarazarse a partir de 1991 para empezar a convertirse en el país que es hoy. A gente de cierta edad, Albania todavía le suena a un ignoto país europeo de acceso casi imposible. Todo eso murió hace tiempo.

Desde este BunkArt 2, y tras pasar por una atractiva escultura-laberinto (La Reja) a la que es posible encaramarse, nos hemos dirigido a la Pirámide de Tirana. Este lugar empezó a ser construido a mediados de los años 90 por los hijos del dictador omnipotente Enver Hoxha para rendirle homenaje, pero los trabajos nunca fueron concluidos y esta Pirámide debía de ser un lugar casi tétrico y desangelado en pleno centro de Albania.

También ello cambiará en breve. Como anticipaban los blogs viajeros que había leído, esa Pirámide necesitaba una reforma, y en ello está en la actualidad el Ayuntamiento de Tirana o quien tenga que estar. Por las fotos en la valla que la circunda, la Pirámide se va a convertir en un gran atractivo tanto para los turistas como para los propios habitantes de la ciudad, pero la verdad es que no sé lo que van a hacer. Es más que posible que lo comprobemos sin tardar mucho, aprovechando estos vuelos tan baratos y directos de Wizzair.

En el de regreso estamos ahora precisamente, sobrevolando algún lugar entre Tirana y Madrid, dos capitales europeas que hace 40 años estaban en dos galaxias diferentes y que ahora se encuentran a menos de 200 minutos de avión.

thumb image

Cap. 290. 12/14-5-2022. Tres días en la costa de Montenegro: Budva, Sveti Stefan, Kotor

Jueves 12 de mayo

A pesar del título de esta nueva entrada, el día 12 no empezó en el Montenegro balcánico, sino todavía en Albania. Después de la larga y más bien llana marcha del miércoles 11 para ver el Ojo Azul, este jueves nos ha tocado montaña de verdad, la de los desniveles.

Para avanzar con mayor ligereza, hemos calculado una excursión de unas tres horas en las que no fuera necesario el acarreo de mochilas. Hablando con los guías de nuestro albergue, nos recomiendan hacer la excursión más famosa de la zona: el camino que lleva hacia Valbona, regresando antes del collado superior para que no se nos fuera el tiempo.

Han salido 12 kilómetros y 800 metros positivos, desnivel que se salva en solo 8-9 kilómetros, porque el resto es el camino entre nuestro alojamiento y el comienzo o final del Valle del Theth, donde de verdad empieza a subirse. Esta excursión es preciosa, se entiende que sea uno de los destinos preferidos por los turistas de montaña: ascensión, nieve, ríos, bosques cerradísimos, vistas espectaculares… y un bar a algo más de 1.500 metros que es donde hemos decidido darnos la vuelta. En resumen: llevad dinero.

Regresamos al hotel para ducharnos porque el calor ha sido más que interesante, y volvemos a coger nuestro Golf después de darle un día completo de descanso. Hoy le va a tocar cambiar de país y, con él, a todos sus ocupantes, a nosotros cinco (Adrián, José Mari, Óscar, Nacho, Sergio).

El comienzo del camino es tal cual el de antes de ayer, ya que Theth es final, y muy final, de trayecto. En una gasolinera nos toca ir girando a la derecha para enfilar hacia Montenegro, uno de los varios países en los que se desgajó la no tan antigua Yugoslavia, aunque ahora parezca de otra época.

Antes de cambiar de país, paramos a comer en un restaurante que nos había hecho tilín solo por el nombre (Cavaliero) y la ubicación (donde ya no sería mucho más tiempo soportable el hambre). Acierto de verdad, con unos buenos risottos, cabrito al horno y unos increíbles postres entre los que destaca el trilece (tres leches, tradicional en Sudamérica y en Albania por estas peculiaridades que tiene la transferencia de culturas).

En la frontera perdemos una media hora, entre otras cosas sacando una especie de seguro por el que nos cobran 15 euros. Este tramo final es por caminos estrechos rurales. En un momento, uno de ellos nos lo encontramos en obras. Como carecemos de internet por el cambio de país, nos toca tirar de intuición y de preguntas para retomar pronto la trayectoria que habrá de llevarnos a Budva.

Esa trayectoria alcanza el mar por Bar y Petrovac, dejamos Sveti Stefan a la izquierda y bien antes de anochecer llegamos a Budva, el gran destino turístico de playa de Montenegro y uno de los principales de los Balcanes. Nos encontramos mucha gente joven que se nota que están de viaje de fin de curso o algo similar. Nostalgia de los 20 años…

Habíamos buscado un apartamento por internet pero no lo habíamos reservado. Llegamos a él y lo que vemos sí nos convence, así que contratamos el alojamiento para dos noches. Dejamos las cosas en él, nos apañamos un poco y buscamos la Ciudad Vieja de Budva, que se encuentra a unos 20 minutos a pie de donde dormimos.

Esta Ciudad Vieja es realmente bonita, un lugar intramuros ahora repleto de restaurantes y tiendas de recuerdos. Se nos ha hecho tarde, pero no tanto como para que no nos den de cenar en un sitio en el que la especialidad es el pescado. Qué bien estamos comiendo estos días. (Las fotos de abajo son de los días 12 y 13 por la noche)

Viernes 13 de mayo

No tenemos contratado el desayuno, así que nos toca tomarlo a unos 100 metros de casa, bueno, abundante y asequible. Repetiremos mañana. Nuestro primer destino es Sveti Stefan, el lugar más fotogénico y fotografiado de Budva y cercanías, de todo Montenegro y, quizás, de todos los Balcanes.

Esa fotogenia pertenece en realidad a una isla unida al continente por un pequeño puente peatonal. La isla es ahora un complejo turístico vedado a las visitas, así que nos quedamos sin entrar. Nos dicen que en verano, en temporada alta, sí deben de hacer visitas guiadas. La otra manera de conocerla por dentro es alojándose en ella, algo que no va a ser barato.

A cambio, nos pegamos un buen baño en el Adriático, justo al lado de este recinto cerrado de Sveti Stefan (San Esteban), creo que el primer baño marítimo de 2022 para todos nosotros. Muy buena el agua.

Tomamos algo en el bar a pie de playa y, tras pagar el aparcamiento, nos vamos a comer a nuestro segundo destino del día: Kotor. Antigua ciudad veneciana, se entiende la gran cantidad de personas que visitan Kotor.

Ubicada entre el mar y la montaña, la ciudad antigua es también un recinto amurallado de mayor tamaño que el de Budva y, por tanto, con muchos más restaurantes y tiendas de recuerdos.

Compramos algo y comemos en este bonito lugar sombreado, pues si algo nos está acompañando en estos días es el sol y las altas temperaturas. Por suerte, en una farmacia de Tirana habíamos comprado crema solar.

Volvemos al coche y, en vez de desandar lo andado hacia Budva, optamos por circular por la carretera panorámica 3, paralelos a la costa, pues Kotor se encuentra a orillas del final de una estrechísima ría de varios kilómetros. Si no hay prisa, como era el caso, merece la pena desviarse por este lugar para seguir disfrutando de cerca del mar. En el trayecto pasamos por el aeropuerto de la zona, muy activo en estas épocas del año.

Llegamos aún de día a Budva (es la misma hora que en España, así que en Albania y Montenegro amanece y anochece pronto). Algunos optan por darse un baño en el mar, no tan cristalino como en Sveti Stefan, y otros se quedan junto al coche, aparcado un poco regular, lo que evita la intervención de la grúa que sí se lleva algún otro vehículo aparcado junto al nuestro.

Vuelta al apartamento y, de ahí, nuevo paseo hasta la Ciudad Vieja de Budva, para cenar en un chino y para tomar algo en un bar con música en directo antes y después de esa cena. Como era previsible, había más ambiente después.

Sábado 14 de mayo

Dormimos por segunda y, de momento, última vez de nuestras vidas en Montenegro. Como no nos agradó el baño en Budva, y como nos pilla de camino, paramos de nuevo en Sveti Stefan. De ahí, regreso por el mismo lugar que el jueves hasta Bar, donde abandonamos la costa y nos metemos por el interior de Montenegro, de nuevo lleno de carreteras estrechas

Este paso fronterizo está mucho menos concurrido y no tenemos que sacar ningún seguro porque volvemos al país en el que está matriculado el coche, así que apenas nos demoramos unos minutos. En ningún momento ha sido obligatorio el pasaporte para visitar los dos países de este viaje, pero esto es una crónica de lo que hemos vivido nosotros, no el apartado de Recomendaciones del Ministerio de Asuntos Exteriores.

A la hora de la comida llegamos al camping donde íbamos a dormir este sábado. Pero con casi 30 grados y una piscina en mitad del recinto, hemos priorizado el baño al restaurante, donde nos han dado autorización para ir a comer un poco más tarde. Una vez más, gran comida y, como siempre en Albania, barata. Por cierto, en muchos lugares de este país no admiten pagar con tarjeta, así que conviene viajar con lekke (la moneda local) o con euros, que los admiten en casi todos los sitios.

Después, como es fácil de adivinar, tiempo para la siesta, hasta que a las siete de la tarde alguien propone mover. El resto acepta y, aunque nos dicen que está cerrado, probamos a subir al castillo de Rozafa, situado justo encima de nuestro camping. Por suerte, está abierto. Pagamos como podemos con el poco dinero suelto que nos quedaba y disfrutamos de este gran promontorio, con un atardecer espectacular. Mucho mejor ir a esta hora que antes, con todo el calor.

Ya anocheciendo bajamos a Shkoder, a un par de kilómetros de donde estamos. Es una ciudad de unos 135.000 habitantes y es sábado por la tarde-noche. Nos sorprende muy gratamente el ambiente que se respira en las calles principales del centro. Aprovechamos para sacar dinero en efectivo y para hacer una fotografía a la estatua de la Madre Teresa de Calcuta, nacida en Macedonia del Norte pero descendiente de Albania y, más concretamente, de Shkoder.

De vuelta al camping, seguimos en nuestros dispositivos las votaciones de Eurovisión. Nos emplazamos para salir a celebrar en caso de que Chanel sea la vencedora, pero nos tenemos que conformar con un gran tercer puesto por detrás de Ucrania y Reino Unido. A dormir, por tanto.

thumb image

Cap. 289. 9/11-5-2022. Los Alpes de Albania, una maravilla ahora más accesible

Leeréis en algunos lugares que uno de los grandes atractivos de Albania son sus montañas, sus altas y empinadísimas montañas, sobre todo las que separan los valles de Theth y Valbona, en la frontera con Montenegro y no lejos de la frontera con Kosovo. Leeréis que esos lugares son una maravilla, y llevan razón.

Es posible que en esos mismos lugares de internet leáis que, para acceder a estos valles, y más concretamente para acceder al impresionante Valle de Theth, es necesario alquilar un coche 4×4 o contratar en alguna de las ciudades cercanas una excursión con este tipo de coches todoterreno para llegar hasta allí. Si leéis eso, es porque son narraciones escritas antes del otoño de 2021.

Como ha pasado con miles de lugares en el mundo con alta potencialidad turística, el Valle de Theth ha pasado de ser un lugar muy inaccesible (incluso de entrada prohibida en los no tan lejanos tiempos del comunismo) a ser un pueblo al que puede llegar cualquier coche con un poco de tranquilidad desde que en septiembre del año pasado terminó de asfaltarse la carretera. Hasta entonces, para llegar hasta aquí era necesario hacer los últimos 15 kilómetros en un todoterreno y con mucha paciencia.

El acceso en invierno decían que era imposible, no sé si a partir de ahora las quitanieves trabajarán para que también el turismo llegue hasta Theth en los meses más fríos del año. Aunque el pueblo no está a gran altura, a unos 800 metros, para llegar hasta él es necesario pasar un puerto a casi 1.800 metros de altitud, a cuyas orillas todavía nos hemos encontrado mucha nieve.

Lunes 9 de mayo

Este lunes 9 de mayo salimos de Soria hacia el aeropuerto de Barajas, desde donde salía nuestro vuelo de Wizzair hacia Tirana a las 21.30. Ahora hay vuelos directos Madrid-Tirana los lunes y los viernes con esta compañía húngara. El vuelo se retrasó hasta casi las 22.30. Además, en Tirana cogimos nuestro coche de alquiler, lo que nos llevó otro rato, así que no llegamos hasta el hotel a las 3.00 de la mañana. Aparcamos como pudimos en una zona azul exenta de parquímetros y el SMS que enviamos para pagar no llegó a ningún destinatario, así que temíamos enfrentarnos a un problema en la mañana del martes. Por suerte, el propietario de un kebab aún abierto nos dijo que la multa era de ocho euros. El viaje lo formamos Adrián, José Mari, Nacho, Óscar y Sergio.

Martes 10 de mayo

Antes de desayunar, nos acercamos al coche. Con tan buena suerte, vemos a la Policía, a la que convencemos de que nos ha sido imposible pagar pero que nos vamos a marchar pronto, justo después del desayuno, así que nos ahorramos los presuntos ocho euros de la multa y los trámites para pagarla. Desayunamos, dejamos el hotel y compramos una tarjeta para tener internet en nuestra estancia en Albania.

Alrededor de las 11.00 salimos hacia el norte, hacia la ciudad de Shkoder, a la que no entramos. Giramos hacia el Este, hacia las altas montañas que vamos viendo todo el rato a nuestra derecha. Los últimos kilómetros, como he dicho, ya están asfaltados, pero en la mayoría de las curvas el límite de velocidad es de 20 kilómetros por hora, así que viajamos tranquilos.

Después de dos paradas para estirar las piernas, llegamos a Theth pasadas las 15.00 horas. No es temporada alta, pero no es difícil encontrar un restaurante para comer, y tampoco es difícil encontrar alojamientos para dormir. Y tiene pinta de que dentro de unos años, pocos, habrá muchos más: por la carretera, por la apertura de Albania, por los vuelos directos, porque la gente cada vez viaja más… Y, sobre todo, porque el sitio es espectacular.

Gestionamos el albergue para dos noches y, una vez aposentados, un grupo se va a pasear y otro a correr por los alrededores. Vayas por donde vayas, los paisajes impresionan. Nosotros, en unos minutos de carrera, nos adentramos en uno de los caminos que van hacia el Valle de Valbona, antes de emprender pronto el regreso. La cena, entre las 19.30 y las 20.00, horario de montaña y horario de un lugar en el que anochece y amanece pronto porque es la misma hora que en España siendo mucho más oriental.

Miércoles 11

No ponemos el despertador porque hoy había que dormir bien, algo que hemos conseguido. Desayunamos a las ocho y vamos al supermercado a comprar frutos secos, galletas, sandwichs, agua… Hace un calor interesante y así va a estar todo el día. Al final, hemos decidido ir hasta el Ojo Azul, el Blue Eye, seguramente la excursión más habitual en esta zona, en vez de subir a alguna de las decenas de montañas que nos rodean y que no nos cansamos de mirar. Queda nieve arriba. Ayer, en la cena, nos dijo uno de los guías de montaña que en la ruta hacia Valbona un joven alemán falleció al salirse del camino y caer al vacío, y que su compañero de viaje también está herido. Buscamos la noticia en la prensa albanesa y la encontramos…, lo que nos animó a elegir la excursión de hoy.

Esta excursión, desde Theth, es sencilla, muy sencilla: seguir una pista de unos siete kilómetros hasta Nderlysaj y, desde ahí, seguir una senda también sin complicaciones de algo más de media hora. La pista discurre todo el rato paralela al río Shala, un río de aguas increíblemente cristalinas, que de vez en cuando se acelera en bonitos rápidos y al que caen numerosas cascadas desde las montañas que vamos dejando a la izquierda.

En Nderlysaj empieza el tramo más bonito hacia el Ojo Azul, la estrecha senda, paralela a uno de los afluentes del Shala. El Ojo Azul es una bonita poza a la que cae una cascada abundante de agua. Junto a esta poza, al otro lado de donde estamos, hay un bar y una terraza, pero hay que esperar a la temporada alta para disfrutarla abierta, supongo.

El Ojo Azul en sí no nos ha parecido idóneo para bañarnos, así que hemos desandado un par de centenares de metros, hasta un puente que cruza este arroyo. Ahí ya sí, ligeros de ropa, nos hemos lanzado al agua. Pensad en el agua más fría en la que os hayáis bañado y restadle cuatro o cinco grados. Eso es lo que nos hemos encontrado. Increíble. Solo con meter los pies en el agua se quedaban rojos varios minutos, así que no todos hemos sido capaces de sumergirnos completos.

Unos valencianos con los que nos hemos encontrado nos han hecho unas fotos, y hemos vuelto hasta Nderlysaj. En un bar hemos disfrutado de una larga sentada a la sombra esperando que nos volvieran las ganas de desandar el tramo de pista. Aunque no nos han vuelto, al cabo de ese gran rato nos hemos levantado para andar de nuevo hasta nuestro hotel.

Al final, esta última parte se nos ha hecho hasta corta. A las 16.00 estábamos en Theth, de nuevo haciendo tiempo hasta la hora de la cena, típica cena de rancho, la misma para todos los alojados como es norma en los refugios y albergues montañeros.

En la cena estamos valorando nuestros planes y nuestro destino de mañana, una vez que hemos decidido abandonar mañana este Valle de Theth, verdaderamente impresionante y, lo dicho, ahora mucho más accesible, igual que toda Albania.

Comida en Los Arcos
thumb image

Cap. 288. 21/24-4-2022. Reencuentro trasatlántico cuatro años y un niño después

En noviembre del año 2018 hice un viaje a Colombia literalmente inolvidable. Primero, porque durante cuatro días hicimos una caminata hasta la Ciudad Perdida, donde hicimos buena amistad con un grupo de cuatro colombianos. Y segundo, porque unos días después, en Medellín, y después de quedar precisamente con esos amigos, sufrí un ataque que me causó un hemotórax y me obligó a permanecer dos semanas más en Colombia, los primeros días en casa de nuestros compañeros de viaje en Ciudad Perdida.

Leer relato a la Ciudad Perdida

Leer relato de la agresión en Medellín

Los vínculos creados por aquella situación fueron tan intensos que se prolongaron en el tiempo (hasta ahora) y en las personas (mi familia). 

Juan y Juanita, quienes me acogieron en su casa como se puede leer en los anteriores enlaces, tenían previsto venir a España en abril de 2020. Ya con todo planificado, apareció una pandemia mundial que abolió todos nuestros planes de reencuentro.

Ahora, sin embargo, sí ha sido posible algo de lo que tantas ganas teníamos. Ellos dos y su hijo Lorenzo, nacido en diciembre de 2020, han compartido unos días con nosotros en Madrid antes de viajar hacia tierras de la Comunidad Valenciana y Andalucía, donde van a seguir el viaje por España.

Después de llegar desde Soria el jueves por la noche a Madrid, mi madre y yo madrugamos el viernes 22 para esperarlos en el aeropuerto. Por fin aparecieron los tres por la puerta para celebrar ese reencuentro de viejos amigos y ese encuentro de amigos virtuales.

Después de dejar en casa a mi madre, Lorenzo y Juanita, Juancho y yo fuimos a Ifema sin demora para coger el dorsal del Medio Maratón del Zurich Rock´n´Roll Running de Madrid, del domingo. Regreso a casa y copiosa comida como no podía ser menos para recuperarse del largo viaje transoceánico.

A los postres llegaron mi hermana, cuñado y sobrina para conocer también a nuestros amigos colombianos y brindar en persona el agradecimiento por el trato de hace tres años y medio, así como para ver cómo se llevan las nuevas generaciones de ambos países.

Para conocer algo de Madrid, y a pesar de la lluvia, cogimos el Metro y nos marchamos al centro… donde llovía todavía más. Hicimos dos actividades obligadas o al menos muy recomendables: chocolate con churros en San Ginés y bocadillo de calamares en La Campana, en la Plaza Mayor, antes de volver a casa para dormir ya a gusto y sin despertadores para derrotar al jet lag.

El sábado 23, mientras Juancho iba a correr unos minutos y mi padre y yo desayunábamos y reservábamos para comer, el resto de la casa se desperezaba y preparaba. Y, ya todos preparados, nueva incursión al centro, para dar un paseo por el Retiro (Rosaleda, Palacio de Cristal, Lago, Casa de Vacas… tantas cosas) antes de que empezara a llover de nuevo. Salimos del precioso parque madrileño para tomar el vermú al lado, en El Perro y la Galleta. 

Desde ahí marchamos al momento central de su primera estancia en Madrid: la comida con mis padres y con Óscar en nuestro barrio, en Los Arcos. Óscar fue mi compañero de viaje en Colombia, en Ciudad Perdida, y por su trabajo ya había podido verse con ellos tres recientemente en Medellín. La comida se prolongó casi cuatro horas, hasta que volvimos de nuevo a casa para proseguir con el intercambio de regalos iniciado el día anterior.

Aunque no había mucho tiempo, todavía nos animamos con la tercera escapada al centro, esta vez a la zona de Goya, para hacer alguna compra y para encontrarnos con algunos de los sorianos que el domingo correrían también por las calles de Madrid.

El domingo 24, lo dicho, a correr. Yo madrugué el que más porque quería ver el 10K que empezaba a las 8.00 de la mañana, con el segundo puesto de Marta Pérez. Mientras tomaba algo para desayunar, esperé en Serrano a que fueran pasando los cientos y cientos de atletas, pero no vi a nadie de los que buscaba entre tanta marabunta.

Me fui a meta y allí, a pesar de ese impresionante aluvión de personas, sí pude encontrarme con Juancho, primero, y con Mari y Blasco, muy poco después. A la salida, y ya con la ayuda de los móviles, nos vimos con Juanita y Lorenzo para terminar de comentar la jugada de los 21.097 metros, que si el calor, que si el circuito, que si las piernas…

Nada más salir del gran pasillo final, Juancho se enfundó la sudadera del Numancia que le regalamos y, a los cinco segundos, se le acercó un joven para gritarle: «¡Aúpa Numancia!». Era un veraneante de Caracena que seguro que sabe la suerte que tiene de ser de un pueblo tan bonito.

Después de comer algo de nuevo en Serrano, el Metro nos devolvió por última vez a nuestro hogar de Los Arcos. Había el tiempo suficiente, sin florituras, para sentarnos de nuevo a la mesa y preparar todo su equipaje. 

A las puertas del vehículo que nos llevó hasta Atocha llegó la primera despedida, la de mis padres con los amigos colombianos, despedida con pronto reencuentro. En Atocha, donde partía a las 15.40 el AVE con destino a Valencia, llegó la segunda y última despedida. En 2018 amenazamos con volver a vernos y lo hemos cumplido, así que existen muchas opciones de que el océano nos junte de nuevo. Gracias.

Adrián, Nacho, Sergio M., Alberto, Sergio T., Félix y Nacho
thumb image

Cap. 287. 17/21-3-2022. Entrar en Serbia a través del atletismo

Una vez más, y ya van incontables, el atletismo ha sido el motor que nos ha sacado de nuestros hogares para visitar un nuevo lugar e incluso un nuevo país: Serbia. En su capital, en Belgrado, se ha celebrado del viernes 18 al domingo 20 el Campeonato del Mundo en Pista Cubierta.

Nuestro viaje ha sido del 17 al 21, con llegada muy tardía el 17 y abandono muy tempranero el 21. Considerando que el programa atlético en estas competiciones internacionales bajo techo es muy apretado, no ha habido mucho espacio para el turismo en estos días, pero sí el suficiente para disfrutar de esta gran ciudad europea, una de las ciudades con más importancia fluvial del continente, pues se encuentra a orillas de dos grandes ríos: el Danubio, que no necesita presentación, y el Sava, un afluente cuya longitud y anchura ya querrían para sí muchos ríos principales. El Sava mide casi 1.000 kilómetros, así que es fácil imaginar el gran caudal de agua que arrastra cuando desemboca en el Danubio, a unos pocos pasos del centro de Belgrado.

Antes de hacer un rápido resumen de estos cinco días, voy a dedicar algunas líneas a Belgrado. Y voy a empezar citando las dos visitas que me habría gustado hacer y que me he visto obligado a posponer. Por un lado, la cercana ciudad-barrio de Zemun. Está a solo diez kilómetros de Belgrado y, en realidad, ahora forma parte de la capital debido al crecimiento experimentado en las últimas décadas por todas las grandes ciudades del mundo. Zemun es una bonita localidad, muy cuidada, con el típico aspecto de tantas y tantas pequeñas villas del centro de Europa.

También me habría gustado haberme dado un largo paseo por las orillas del Danubio y haber entrado en la gran isla que se forma en su confluencia con el Sava. Leo que este lugar es especialmente bonito en verano, con sus abundantes playas, sus numerosas opciones deportivas y sus caminos naturales. Una de las cosas que sorprende de Belgrado es que, tratándose de una ciudad de casi dos millones de habitantes, tiene una gran riqueza forestal, agrícola y ganadera dentro de su propio término.

Y ahora sí, voy a citar los lugares que he tenido la fortuna de conocer en Belgrado. Junto a Alberto, Alex, Félix y Nacho, nos hemos alojado en un caluroso apartamento a cinco minutos a pie de la Plaza de la República y a cinco minutos a pie de la Fortaleza. Quien conozca Belgrado estará pensando en estos momentos: “Buen lugar para alojarse”.

El sábado por la mañana nos dimos un buen paseo por esta Fortaleza, situada justo encima de la desembocadura del Sava en el Danubio. Esta Fortaleza Kamelegdan es un lugar ‘obligado’ en las visitas a Belgrado, por sus vistas sobre el río, su historia, por lo agradable de sus parques y por su cercanía con el centro. Hay varios pequeños atractivos dentro de la Fortaleza, recorrida sobre todo en fin de semana por cientos de vecinos de la ciudad.

El día anterior, la noche del viernes, cenamos en la Plaza de la República nosotros cinco y Begoña, la corresponsal de ‘Marca’. En general, y como hemos hecho todas las comidas y cenas en restaurantes de la ciudad, sobre todo en uno, casi siempre las hemos compartido con los diferentes compañeros de los medios, representantes, aficionados al atletismo desplazados a tierras balcánicas y con los familiares de algunos de los atletas, pues el motivo original del viaje a Belgrado ha sido una vez más el seguimiento en las grandes competiciones internacionales de los deportistas de Soria, en este caso de Marta Pérez.

Con Alberto, Dani, Guillermo y Álvaro, además del viaje de ida, hemos compartido dos veces viandas. La primera, el jueves, nada más llegar, cuando nos hicimos amigos del propietario del restaurante de comida serbia situado debajo de nuestros apartamentos, amistad que duró unos minutos, hasta que se enfadó de verdad porque consideró que la propina que habíamos dejado era insuficiente. He leído que en Serbia es tradición dejar alrededor del 10% de propina. En ese restaurante desayunamos todos los días, por cierto, a lo grande, aunque con otros camareros.

La segunda comida que compartimos con ellos fue la del sábado, en un restaurante situado al lado del estadio, muy grande (el restaurante. Bueno, y el Stark Arena también, pues caben unas 20.000 personas para disfrutar sobre todo del baloncesto). En este restaurante, después de comer, y haciendo tiempo hasta la sesión atlética de tarde, utilizamos la pantalla de un ordenador para ver el final de la Milán-San Remo, pues varios de nuestros compañeros son tan aficionados al ciclismo como al atletismo.

En este mismo restaurante junto al estadio hicimos también la cena del sábado, con la familia de Marta, y la cena del domingo, una mezcla de una quincena de personas entre medios de comunicación y aficionados, esta vez llegados desde Aranda de Duero.

La mañana del domingo fue la única que no dediqué al atletismo sino al conocimiento de Belgrado. Muy cerca de nuestro hogar, a unos diez minutos, se encuentra el considerado barrio bohemio, Skadarlija. Me acerqué a conocerlo. A esas horas, alrededor de las 11.00 de la mañana, había poco ambiente, pero por todos los preparativos que observé tenía pinta de que a mediodía iban a estar a tope de animación todos sus bonitos restaurantes.

Desde Skadarlija fui, siempre a pie y pasando por el Parlamento y por la esbelta iglesia de San Marcos, hasta el Museo Nikola Tesla, situado justo al lado de la Embajada española. Quizás por el hecho de que me tocó compartir visita guiada con un grupo en serbio, creo que el Museo en sí no responde a las expectativas de uno de los inventores más famosos de la historia, pero no descarto haberme perdido algo porque me resultó demasiado pequeño.

A cambio, a unos diez minutos de este Museo, se encuentra algo muy grande, inmenso, uno de los más mastodónticos templos ortodoxos del mundo, el Templo de San Sava, que todavía no ha cumplido cien años. Es una gran nave de oro y mármol, con abundante iconografía y cientos de serbios ortodoxos entrando y saliendo para hacer una pequeña oración y para encender algunas velas.

Según se entra, a la izquierda, hay unas escaleras que bajan hacia la gran cripta del Templo de San Sava, pero justo este domingo había un evento privado y nos quedamos sin conocerla. Digo ‘quedamos’ porque allí ya me encontré con el resto de compañeros de piso y con Marta, para conocer el templo y para comer en un restaurante, el Madera, en el que los camareros llevaban mascarilla, lo que da una idea del alto copete, siempre dentro de nuestro nivel, de este establecimiento. Desconozco la legislación actual en Serbia, pero en resumidas cuentas nadie lleva mascarilla en ningún sitio.

Del Madera, en transporte público, fuimos de nuevo al Stark Arena para despedirnos del Campeonato del Mundo. Allí vimos vibrar a los miles de serbios con la medalla de oro en longitud de Ivana Spanovic (ahora Vuleta) y vibramos también nosotros con la medalla de plata del 4×400 (Hortelano, Cañal, Guijarro, Erta).

El gran momento del atletismo español había llegado la tarde del día anterior, del sábado, cuando Mariano García se proclamó campeón del mundo de 800. En 18 ediciones de Mundiales bajo techo, es el segundo oro para España, después del de Manuel Martínez en peso en 2003. Es curioso que, de 36 medallas, solo dos hayan sido de oro, frente a las 19 de plata y las 15 de bronce. En este listado no se cuentan las medallas de la competición matriz, los Juegos Mundiales de 1985 en París, cuando Colomán Trabado ganó el oro en 800, igual que Mariano.

Por lo que se refiere a Marta Pérez, creo que no hubo más atletas en este Mundial de Belgrado que hicieran lo que hizo ella: competir en dos pruebas (sin contar a los relevistas, y a falta de comprobación). Como una especie de reto, prueba y premio, se inscribió en los 1.500 metros y en el 3.000 (comprobación realizada, fue la única, tanto en hombres como en mujeres).

Por la mañana del viernes corrió la tercera semifinal del 1.500 y, por tiempos, logró clasificarse para la final. Por la tarde de ese mismo día, en un 3.000 de altísimo nivel, fue decimosexta. Completó su presencia en Belgrado con la final del 1.500 del sábado por la tarde, donde fue décima. En total, 30 giros al anillo serbio en dos días, y 30 veces por tanto que escuchamos los gritos de “¡¡Vamos Marti!!”, entre otros que ahora no recuerdo.

Sí, la última frase es una especie de broma privada para el grupo nuclear de este viaje, ese mismo grupo con el que tantas ciudades hemos visitado ya gracias al rey de los deportes.

La crónica del viaje quedaría incompleta sin una mención a la ciudad suiza de Ginebra, donde hicimos escala tanto a la ida como a la vuelta. Estas escalas duraron respectivamente seis y siete horas. A la ida, el jueves 17, algunos nos quedamos en el aeropuerto por cuestiones de trabajo.

El lunes 21, sin embargo, salimos todos a recorrer esta ciudad situada cerca de los Alpes y a orillas del Lago Leman. El grupo de Aranda de Duero fue a conocer la sede de las Naciones Unidas y la gran silla, uno de los símbolos de Ginebra y que les había quedado pendiente en la escala de ida.

Nosotros fuimos a conocer otro de esos símbolos, el gran chorro del Leman, y después preferimos dar un largo paseo hasta la vecina villa de Carouge. Éramos los del piso, sin Félix, junto a los ya citados Álvaro y Guillermo, además de nuestros fotógrafos Adrián y Sergio. De camino, nos tocó ayudarle a un argentino recién llegado a Suiza a montar su recién estrenado slackline entre dos árboles de un parque.

Situada al lado de Ginebra, Carouge es una pequeña localidad muy agradable, sobre todo cuando un 21 de marzo a mediodía apenas se ve una nube, no corre nada de aire y la temperatura ronda o supera los 15 grados.

Comimos al aire libre, en la gloria, antes de coger el autobús que nos devolviera al aeropuerto. Al centro habíamos ido en tren, pero tampoco es una locura ir caminando entre el lago y el aeropuerto, como hicieron algunos en la escala de ida.

Ya en el madrileño aeropuerto de Barajas, donde nos esperaban mis padres, llegó la definitiva despedida antes de marchar cada uno de nosotros a nuestros respectivos hogares.

Belgrado:

Ginebra:

thumb image

Cap. 286. 19/21-2-2022. Atletismo, turismo y familia en Sevilla

El atletismo, una vez más, ha impulsado uno de mis viajes.  Y lo ha hecho otra vez a Sevilla, como en ocasiones previas con motivo de Campeonatos del Mundo, de España o, igual que ahora, a su maratón, patrocinado por Zurich.

Arrancó el viaje el sábado 19 en Soria, separada a poco más de una hora de la estación del AVE de Calatayud. Me dio tiempo a tomar una imagen del icono universal de la ciudad bilbilitana, La Dolores. La segunda es la estación del AVE de Madrid, Atocha, donde tuve que hacer el transbordo antes de llegar a la capital andaluza.

El sábado me esperaron mis primos en la tercera estación del AVE que visité, la de Santa Justa en Sevilla. Sevilla es bastante caminable, y entre Santa Justa y la plaza Nueva, lugar de alojamiento, dimos un agradable paseo bajo una temperatura que hace tan especial el sur de España en esta época del año.

El domingo, madrugón por culpa del atletismo. Por suerte, junto al Guadalquivir encontré un bar-kiosco que no cierra en toda la noche donde pude desayunar un café con leche y, atención, un gofre de chocolate, mmmmmmmm…

A las 8.30 de este domingo 20 de febrero empezaba el Zurich Maratón de Sevilla, en el que el soriano Daniel Mateo conseguía la mínima para el Europeo de Munich con 2h10:57 (leer crónica). Un año más, ambientazo en Sevilla para un maratón que se está afianzando entre los más importantes del mundo por cantidad y calidad.

Después de la carrera y de escribir la crónica, decidí hacer algo excepcional: visitar la Catedral de Sevilla. En las numerosas veces que había ido a la ciudad, no había visitado este gran templo la Cristiandad, icónico por dentro y por fuera (la Giralda). De pequeño creo que sí había entrado, pero no lo recuerdo. Como la Catedral, por ser domingo, abre a las 14.30, antes tengo que entretenerme dando un paseo por el contiguo barro de Santa Cruz, siempre tan bonito (hay fotos de más sitios en esta tanda).

A las 14.30 vuelvo a la entrada de la Catedral, con bastante cola. Hay bastante turismo en Sevilla estos días, me temo que por cuestión de temperatura es una de las mejores épocas para visitarla, aunque la primavera, ya con el día más largo, todavía lleva a muchas más personas de todo el mundo a una de las ciudades más bonitas del mismo. En la Catedral es muy complicado no emocionarse en varios de sus rincones (algunos cuadros, el altar Mayor, las vistas desde la Giralda, el sepulcro de Colón…). He hecho bien en poner el contador a cero del tiempo que llevaba sin visitar la Catedral. Los Reales Alcázares serán los siguientes.

Eran casi las cuatro cuando salí de la Catedral: comer, siesta y un poquito de trabajo desde el alojamiento. A las 20.30 había quedado con mi prima para seguir conociendo a pie algunos de los lugares sevillanos, las llamadas Setas que tan poco tiempo han necesitado para convertirse en un símbolo, la Alameda y el otro lado del Guadalquivir, la tan sugerente Triana, nada que ver con el inmenso casco antiguo sevillano (el más grande de Europa me dicen en la oficina de Turismo), pero con una entidad propia más que suficiente para darse una vuelta por ella.

Este lunes 21 de febrero, antes de hacer el ‘check out’ en el hotel, ha dado tiempo a desayunar y hacer un poco de ejercicio por el Guadalquivir, donde me han llamado la atención los gimnasios portátiles ubicados a orillas del río. He visto dos, sobre todo uno de ellos con bastante gente.

Tras la ducha, nueva caminata hasta otro de los lugares universales de Sevilla: el parque de María Luisa y la plaza de España.

En la plaza de España he aprovechado para hacer unas pocas fotografías en detalle del banco dedicado a Soria, por si alguna vez quiero publicar algo específico. En este banco me he encontrado con una pareja haciéndose una foto. Les he preguntado si eran de Soria pero no lo eran, simplemente estaban allí retratándose porque la semana que viene compiten a orillas del Duero en un campeonato de Duatlón.

Mi AVE, en el que ahora me encuentro, partía de Santa Justa a las 15.43. Por suerte, mi familia vive muy cerca de la estación, así que la última parada en Sevilla ha sido para comer una vez más con ellos, nuestros primos, descendientes igual que nosotros de un lugar muy diferente pero igual de bonito, Valdeavellano de Tera.

thumb image

Cap. 285. 29/31-1-2022. Montfalcó Murallat para despedir Cataluña

Después de los dos primeros días por tierras del Montsant de Tarragona, mi estancia en Cataluña siguió el fin de semana por su capital, Barcelona, y algunos de sus municipios aldeaños.

Hice una visita al barrio de Horta, a Santa Coloma de Gramanet y, una vez más, a Badalona con la familia. El domingo por la mañana me di un paseo hasta el promontorio donde se encuentra la Guardia Urbana, el Turó Caritg, para disfrutar así de las bonitas vistas.

La tarde del domingo, cambio de municipio, a Cerdanyola, para ver el partido del Numancia, pequeña excusa con la que viajar de nuevo a tierras catalanas.

Y ya hoy lunes, aprovechando que este viaje ha sido en coche, quería conocer una localidad nueva. Una de las cosas que más me gusta de este blog es presentar lugares que no conozco y que me han sorprendido, y luego visitarlos. Me ha sucedido ya algunas veces más en estos casi ocho años.

El lugar que me llamó mucho la atención cuando lo descubrí fue Montfalcó Murallat. Es un pequeñísimo pueblo ilerdense, perteneciente al municipio de Les Oluges y situado muy cerca de Cervera. Por tanto, apenas hay que desviarse de la autovía.

Se dice que es el recinto amurallado mejor conservado de Cataluña. Lo que está claro es que para entrar a Montfalcó Murallat solo puede accederse a través de una puerta. Todo lo demás es una gran muralla (en altura, no tanto en perímetro) que encierra una quincena de casas. Entre ellas hay un restaurante, pero este lunes abría a la una del mediodía así que he tenido que almorzar en Les Oluges una espectacular butifarra con pantumaca (pa amb tomàquet).

Si Francia tiene su famosa ruta de los Castillos del Loira, la provincia de Lérida tiene también su ruta de los Castells del Sió, los Castills del Sió, el río de unos 80 kilómetros que desemboca en el Segre al noreste de Balaguer.

En concreto, este pueblo-castillo es espectacular. Se visita en pocos minutos y, por la cantidad de aparcamientos que había (todos vacíos menos el de mi coche), entiendo que los fines de semana será un lugar de cierto peregrinaje turístico.

thumb image

Cap. 284. 28-1-2022. Escalada en Siurana. Ascenso a la Roca Corbatera

Segundo día que paso en la zona del Montsant, en la provincia de Tarragona, el de hoy ya completo y bastante bien aprovechado, algo  a lo que han contribuido el increíble sol que ha lucido toda la jornada y el relativo madrugón. 

Como ayer me metí pronto en el saco de dormir, en mi albergue de Cornudella de Montsant, hoy estaba en pie no mucho después del amanecer. He desayunado fuerte en el bar de al lado y me he marchado hasta el coche. 

Con él, me he dirigido hasta la ermita de Sant Joan del Codolar. Allí vive Montserrat Domingo Batlle, una anacoreta del siglo XXI con la que me he encontrado a la bajada. Nacida en 1943, vive en este pequeño espacio desde 1977, alternando una vida de espiritualidad, contemplación y silencio con la del trabajo aprovechando lo que la montaña le ofrece. 

Justo allí me he encontrado con un matrimonio que se casó en esta ermita hace cinco años, así que es un lugar muy especial para ellos.

A las 9.50 he empezado a andar. Mi objetivo de hoy era el que decidí ayer gracias al folleto que me dieron en el albergue: el itinerario M5 del Parque Natural de la Sierra del Montsant. Me ha encantado. Son nueve kilómetros y casi 500 metros de desnivel positivo, para llegar hasta el punto más alto de toda la sierra, la Roca Corbatera con sus 1.163 metros sobre el nivel del mar y con sus privilegiadas vistas de toda la cordillera pirenaica.

La ruta es cien por cien circular. En línea recta, de la ermita a la Corbatera apenas hay distancia. Alguna ruta sí va más directa, pero yo he elegido esta del folleto que sube la cinglera (a ver cuándo la RAE se apropia de esta palabra catalana) por un lado y la baja por otro. A la bajada es difícil no resbalarse varias veces, así que es preferible tener cuidado.

En todo el rato, apenas he visto tres varones de unos 70 años junto a la cima y, ya muy cerca de nuevo de la ermita, una chica que subía corriendo y otra pareja.

De la ermita he vuelto a Cornudella. He comido pronto y muy abundante, muy bien. Algo de siesta ha caído pero sin excesos, porque es enero y estamos en el oriente español, así que anochece temprano y se nota.

La segunda parada del día era para conocer la zona de escalada de Siurana, alguna de sus zonas mejor dicho, porque hay decenas de sectores y cientos o miles de vías, no sé. Esa cantidad se corresponde con la calidad. Hay vías de grados altísimos, con uno de los siete 9b+ (o superior) del mundo, pero lo que atrae a cientos de escaladores de numerosos países son los sextos, los séptimos… incluso algún esporádico quinto en algunos sectores. 

Siurana es más de invierno que de verano por la orientación de muchos de esos sectores y por la dificultad de encontrar sombra en determinados lugares.

Una vez que se coge el desvío del pueblo, hay un gran aparcamiento a la derecha poco antes de llegar a los tres kilómetros. Ahí he dejado el coche, junto a otro medio centenar de vehículos, muchos de ellos furgonetas y caravanas como es tradición en este mundillo. Aunque me han indicado dónde hay vías, hay tantísimas que me ha costado encontrar a los primeros escaladores (gracias a Canadá y Castellón).

Cuando ha bajado él de asegurar la vía, ha lamentado no haber subido el móvil por las increíbles vistas que ha encontrado allí arriba. Por estas casualidades que ofrece la vida, media hora después, desde el pueblo de Siurana, he visto una hormiguita encima de la montaña. Esa hormiguita era él, esta vez sí con el móvil en su mano para tener un recuerdo del lugar.

La tercera y última visita del día, antes de recogerme en el albergue para escribir y para comprobar si internet me permite ver la reunión de atletismo de Karlsruhe, ha sido el propio pueblo de Siurana. Después de ocho kilómetros de curvas se llega a este precioso lugar de gran importancia histórica, último lugar reconquistado a los musulmanes en la actual Cataluña. De aquella época aún quedan los vestigios del castillo.

El aparcamiento para el pueblo y para el castillo tiene un coste de tres euros. Lo he dejado para el final del día porque había escuchado que merece la pena ver el atardecer desde Siurana, situado en la parte alta del acantilado y con el pantano del mismo nombre justo debajo, hacia el lugar donde se esconde el sol.

 

El pueblo es precioso, cuidadísimo y muy recuperado. He visto dos o tres establecimientos hosteleros (de uno tengo dudas si lo era o no), pero hoy estaban cerrados. A lo que es el pueblo en sí no pueden acceder en coche ni siquiera los vecinos, que disponen de varios aparcamientos a la entrada con la matrícula de cada vehículo para evitar intrusos.

En poco más de un cuarto de hora se recorre Siurana, tiempo que se puede alargar si se sube al castillo o si se espera tranquilamente para disfrutar del atardecer. Hoy merecía la pena tal y como estaba la tarde, y alrededor de una decena de personas han despedido al sol de este viernes desde ese lugar tan bonito.

thumb image

Cap. 283. 27-1-2022. Por fin en Poblet

Conservo, aunque no encuentro, desde hace alrededor de 30 años una enciclopedia de Pueblos de España que publicó en su día ‘Diario 16’. Eran 74 breves revistas, y en cada una de ellas salían seis u ocho pueblos. Tenía apuntados todos los que conocía, lista que se ha ampliado en los últimos años, desde que no la encuentro, y que ha vuelto a ampliarse hoy.

Recuerdo que uno de esos pueblos era Vimbodí, en Tarragona. Quizás no sea un nombre que llame la atención a la mayoría de la gente, pero si decimos que en su término municipal se encuentra el Real Monasterio de Santa María de Poblet, la cosa cambia y mucho.

Poblet es uno de los grandes monasterios, uno de los poquísimos en España incluidos dentro del Patrimonio de la Humanidad, y uno de los tres que conforma la Ruta del Císter en esta zona de Cataluña junto a los de Santes Creus (también en Tarragona) y Vallbona de las Monjas (en la vecina Lérida).

Si cada persona puede opinar que uno u otro de estos tres es más bonito, parece claro decidir cuál es el más importante históricamente de los tres. Por eso este jueves me he acercado a conocer Poblet.

Como he salido de Soria, he intentado llegar al Monasterio desde Vimbodí. Error: la carretera está cortada por obras, y he tenido que maniobrar, dar la vuelta y buscar el acceso por Espluga de Francolí. He comido pronto, bien y abundante en un restaurante junto a la gran iglesia parroquial, para estar en el Monasterio poco después de las 15.00, hora de apertura.

Si bien ahora Poblet se muestra  con la grandeza con la que fue concebido hace 900 años, grandeza que fue aumentando con sus posteriores valedores, también corrió el riesgo de caer en la ruina a raíz de la Desamortización de Mendizábal de 1835 y de todos los avatares históricos de ese siglo XIX.

Por suerte, el Monasterio y sus elementos anexos fueron recuperándose y la visita de ahora, a través de una comodísima aplicación de móvil, permite imaginar una importante parte de la historia de España encerrada en estas piedras.

Solo una pequeña parte de Poblet conserva la traza original románica. A partir de ahí, y seguramente sin calibrar la posible aprobación del monje San Benito, el edificio fue ampliándose y ornamentándose con numerosos elementos.

El claustro y su templete, la iglesia (impresionante el retablo de piedra y los sarcófagos que guardan los cuerpos de varios reyes, así como el coro y el nuevo órgano), el refectorio, el dormitorio de los monjes y el de los conversos, los ventanales del sobreclaustro, las ménsulas, la sala capitular, las ermitas exteriores, la Puerta Real, la fachada… Por fin he visitado Poblet.

Viaje hasta Cornudella del Montsant

Y después de las piedras labradas, las piedras sin labrar… y los árboles, los campos, los animales. Este es otro viaje de patrimonio y naturaleza, en resumen.

De Poblet he agarrado la carretera que llega a Prades, carretera en la que no es recomendable pasar de 35-40 kilómetros por hora. Preciosa.

He pasado Prades y, poco después las cinco de la tarde, he llegado a mi destino de hoy, Cornudella del Montsant. Quizás no sea otro nombre muy conocido, pero el que sí tiene algo de mítico es el del pueblo que está al lado, Siurana… mítico para los amantes de la escalada.

De hecho, en el lugar donde me alojo, y en general en todo el pueblo, ya he visto bastantes extranjeros que quieren disfrutar en esta zona del Montsant de los complicados grados de las paredes de Siurana.

Mañana me daré una vuelta por esas paredes. Hoy he disfrutado de Cornudella, también atractivo pueblo con ambiente montañero y el típico sabor de los pueblos tarraconeses de interior, al menos de los varios que conozco, bastante bonitos y muy bien cuidados. Me gustan estos pueblos de montaña en invierno, cuando a las siete de la tarde parecen las once de la noche, y a las once de la noche el fin del mundo.

Las dos últimas fotos de la galería son de Cornudella.

thumb image

Cap. 282. 17-1-2022. Algo de Madrid: el Huerto de las Monjas

Dentro de mis relativamente habituales escapadas a mi ciudad, Madrid, en la de este fin de semana he decidido conocer un lugar nuevo: el Huerto de las Monjas.

No supone ningún contratiempo especial ir hasta allí porque está en pleno centro. Sin embargo, poca gente lo conoce porque ni está en un lugar de paso ni está en el top ten de lugares que hay que conocer.

Aun así, merece la pena ver restos del Madrid de hace cuatro siglos en sitios donde no te los esperas. El Huerto de las Monjas es eso, el huerto que las monjas Bernardas tenían en su convento del Santísimo Sacramento, fundado a comienzos del siglo XVII.

El convento como tal no existe en la actualidad, pero sí la que era su iglesia: la iglesia del Sacramento, convertida ahora en la Catedral castrense.

El Huerto de las Monjas ha permanecido casi inalterado en su concepción en los últimos 400 años, si bien los bloques de su alrededor son de hace apenas unas décadas.

La imagen más reconocible de este Huerto es la Fuente de la Priora.

En las fotos anexas, además del Huerto, se pueden ver la iglesia de Montserrat en la calle San Bernardo, la antiquísima iglesia de San Nicolás de Bari, la Casa de Cisneros, la plaza de la Villa…