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He titulado estos cuatro días ‘Un breve y extraño viaje por España’ porque no es muy normal concentrar en este tiempo una incursión en tierras de Mallorca y otra en tierras de Ávila. Pero teniendo Madrid como centro de operaciones, no me parece tan complicado.

En estos dos días, 16 y 17 de septiembre, nos hemos acercado primero y hemos ascendido después al Almanzor, el pico más alto de la provincia de Ávila y de toda la sierra de Gredos.

Como ya sabéis, lo cuento con más detalle en el blog precedente, y al que cada vez le queda menos.

Leer crónica de la ascensión

Gota fría en Mallorca y recorrido por el Suroeste

Después de haber anulado mis planes originales de hoy de subir al Puig Major por la altísima probabilidad de lluvia que daban los especialistas, me habría dolido que hoy no hubiera caído ni una sola gota y hubiera lucido resplandeciente el sol.

Cuando me he levantado, antes de las ocho, la temperatura todavía era alta, en la línea de todo el día de ayer. No llovía, pero  las montañas visibles desde Port Sóller sí estaban bien tapadas por la niebla.

Para empezar deportivamente la jonada, he ido trotando un rato por el cada vez más conocido y transitado Sendero GR-221, el llamado Pedra en Sec. No está del todo terminado aún, pero ya permite hacer rutas de varios días por algunos de los pueblos y parajes más bonitos de toda la Sierra de Tramuntana, desde el nivel del mar hasta altitudes superiores a los 1.000 metros. He ido rumbo a Deiá y he vuelto. Es buen entrenamiento porque hay algunas cuestas y, sobre todo, el  terreno no permite quitarle el ojo.

Entre el regreso, la ducha y la preparación de la mochila, estaba montado en el coche antes de las diez de la mañana, dispuesto a hacer un recorrido por todo el litoral del Suroeste mallorquín, el que está protegido por las alturas cada vez menores de la Tramuntana.

Banyalbufar

Banyalbufar

Por esa decisión, y aunque no las he contado, calculo que habré tomado poco menos de mil curvas en el día de hoy, y más considerando que he hecho algún desvío de esta carretera ‘principal’ que une Sóller y Andratx pasando por Deiá, Banyalbufar y Estellencs.

De los tres, me temo que el más famoso es el primero. Además, era el único que conocía, así que he preferido entrar en Banyalbufar, un pueblo muy bonito, tremendamente empinado en terrazas hacia el mar y mediterráneo al cien por cien, como terminan de demostrar los olivos y las vides de los campos.

He estado bastante en Banyalbufar, donde ya empezaba a hacer un fuerte viento y a caer cuatro gotas. He reemprendido la marcha hasta Andratx, donde mi intención era darme una vuelta y, quizás, comer algo.

Efectos de la lluvia en Magaluf

Efectos de la lluvia en Magaluf

Y ha sido allí, en Andratx, donde he conocido la famosa gota fría de esta zona de España. Supongo que para los mallorquines no habrá sido nada especial (tampoco es que yo no hubiera visto llover nunca así en Soria), pero sí que le ha pegado fuerte, lo suficiente como para decidir seguir camino en coche, con un gran tráfico por esa lluvia, sin visitar Andratx.

Por aquello de contrastar con Banyalbufar o Estellencs, de las que tan pocos kilómetros la separan, mi siguiente parada ha sido Magaluf. Sin ser temporada alta del todo, lo que he visto es suficiente para intuir que no será uno de mis próximos destinos, al menos la parte céntrica, la que sale siempre en televisión.

Y poco más para terminar esta breve estancia en Mallorca. He entrado a un supermercado en Palmanova y he ido viniendo despacio al aeropuerto, para dejar con tiempo el coche de alquiler, que es de una empresa situada a unos minutos, y para tener un rato para escribir todo esto. En breve parte mi avión a Madrid de nuevo.

Puig Major (2) – Reto de las 45 cimas (0)

Por segunda vez, regreso de Mallorca sin haber ascendido a la cima del Puig Major, con lo que no puedo tacharla dentro del reto que estoy siguiendo de subir a la cumbre más alta de cada provincia, y para el que solo me quedan diez.

Cuando estuve en mayo (ver), me comentaron la posibilidad de conseguir un permiso del Escuadrón de Vigilancia Aérea del Ejército del Aire con tiempo, a través de militares. Pero la situación actual hace que este Escuadrón no conceda todavía permisos.

La otra posibilidad, la que he seguido hoy, es subir por detrás, por la cara norte, que cae como un puñal hacia el mar. Originalmente, quería subir mañana viernes, pero dan lluvias a casi el cien por cien y no es un lugar para ser visitado cuando se encuentra resbaladizo. Hoy, sin embargo, el día estaba despejado y demasiado caluroso.

Entre el aterrizaje, el coche de alquiler, una visita rápida al Coll de Sóller y otra al propio Sóller para comprar comida, he empezado a andar alrededor de las 14.30. El lugar idóneo para hacerlo es el lugar llamado Funicular, en la carretera que va a Sa Calobra, poco antes de coronar el Coll dels Reis. Me lo he pasado y he parado en el propio Coll, unos pocos metros más adelante.

Una cabra allí arriba

Una cabra allí arriba

He seguido una ruta que hay en wikiloc, con cuyo autor incluso hablé. Me dijo que no era muy complicada, y que el único paso que tiene algo de interés dispone de una cuerda o un cable para pasarlo.

El principio incluso me ha sorprendido. Se trata de una senda bastante buena. “Como sea así todo el rato”, menudo paseo, he pensado. Ha sido un espejismo total. Al cuarto de hora aproximadamente hay que dejar esa senda (hay otra ruta al Puig Major que sí la sigue) y girar bruscamente a la izquierda, para coger una canal con un desnivel que me cuesta calcular, pero muy alto. De vez en cuando hay hitos.

Además de ese gran desnivel, el terreno es malísimo. Al principio hay muchos juncos, mucho ramaje, incómodo. Después, piedras, grandes y pequeñas, sueltas en un porcentaje aproximado del 95%. La subida es regular, pero yo ya estaba pensando en la bajada.

Aun así, he hecho es canal entera. No es que sea muy complicada ni que haya ningún lugar en el que digas “si me caigo me mato”, pero sí es fácil ir al suelo en cualquier descuido y hacerse daño. Además, recuerdo las palabras del personal del Escuadrón tanto en mayo como ahora, durante la gestión del permiso: “Por atrás con frecuencia tienen que llamar para rescatar a la gente”. Y a mí, de momento, me gusta más dar noticias que protagonizarlas.

La cresta que desestimé

La cresta que desestimé

Terminada esa canal, se llega a un collado. Es relativamente llano, pero la hierba también es muy alta y no se anda bien. Pronto se deja a la izquierda la cresta que, en teoría, hay que seguir, pero todavía se anda bien por abajo. Desde el collado, aunque no se ve la gran bola del Puig Major, sí se divisa una gran mole a la que hay que dirigirse.

Miro la hora. Son las tres y media. Con el GPS, veo que la ganancia de altitud no se corresponde con lo que acorto en línea recta. Ahora entiendo por qué los tracks que he encontrado en wikiloc son de tantas horas a pesar de haber tan poca distancia.

La mallorquina Sierra de Tramontana es impresionante. Del Puig Major (1.445 metros) al mar hay poco más de tres kilómetros según calculo.

En ese mismo collado, antes de adentrarme en la cresta, decido regresar. En Mallorca anochece bastante antes que en Soria, y los cresteos nunca son rápidos. Quizás si hubiera salido de mañana, si no hubiera hecho tanto calor, si hubiera ido acompañado… Esas cosas las he pensado después. En ese momento he pensado en hacer la bajada lo mejor posible, despacio, y así ha sido, para llegar al coche pasadas las cuatro y media.

Desventajas de la decisión tomada:

-Aguantar los cacareos de los amigos

-Tener que regresar

Ventajas de la decisión tomada:

-Una de ellas, y que ha tenido también su peso, es que me ha dado tiempo a visitar Sa Calobra. Si no lo hubiera hecho hoy, creo que mañana me hubiera dado pereza regresar a esa zona, ya que estoy alojado en Port Sóller, en un refugio de montaña al lado del mar, el Muleta, donde he cenado un tumbet espectacular. Ahora escribo una entrada sobre las maravillas de Sa Calobra en este enlace.

-Aunque hubiera seguido hasta el final, no sé cuánto de cerca me habría quedado del vértice geodésico y no sé, pues, si me habría concedido la cima.

-Tener que regresar. Si  el tema del permiso sigue como en la actualidad, tengo una tercera baza. Si sale bien, os la cuento en unos meses.

Con los leones de Trafalgar y un paseo por los parques y jardines del centro

Vuelo mañana martes, pero lo hago tan pronto que doy hoy por terminadas mis aventuras londinenses en este tan fresco y agradable inicio del mes de agosto. Un día más, el desarrollo de la jornada ha sido casi idéntico al de los planes: tranquilidad y paseo matutinos, atletismo vespertino. Hoy, como novedad, ha habido un encuentro soriano.

Por tercer día consecutivo, me he despertado pronto sin necesidad de contar con la ayuda del despertador. Todos mis compañeros de habitación seguían durmiendo, así que he tratado de ser lo más sigiloso posible a la hora de calzarme las zapatillas para darme, también, mi tercera y última vuelta por el Parque de Greenwich.

He vuelto y me he duchado justo para que me diera tiempo a hacer el check-out a la hora que pone las normas del hostal donde me alojo: las 10.00.

Tras la despedida, he viajado en Metro con mi Oyster Card, de la que ya somos íntimos, hasta Waterloo, al centro de la ciudad. He preferido desayunar allí tranquilamente mientras hacía unas lecturas. Mi recorrido posterior ha sido un paseo circular muy obvio una vez que se está en esa zona: cruzar por el puente de Westminster, seguir la orilla izquierda del Támesis durante unos cuantos metros y volver de nuevo a su margen derecha por el puente de Hungerford.

Me he demorado un poco más en hacerlo que ahora en escribirlo. En ese recorrido se pasa por varios de los lugares más conocidos de Londres: el London Eye (la gran noria), la campana del Palacio de Westminster donde ahora se ubica el Parlamento (el Big Ben) y, alejándose apenas unos metros, Trafalgar Square, la impresionante plaza presidida por la sobrecogedora National Gallery.

León bajo la estatua de Nelson en Trafalgar Square

León bajo la estatua de Nelson en Trafalgar Square

No me he estado a visitas porque ya se acercaba la hora de quedar con Sofía, de Almarza, una de los muchos sorianos que residen en Londres. Hemos tomado algo en su descanso del trabajo y he reanudado la marcha.

Y lo he hecho por una de las zonas que más me ha gustado de Londres: los alrededores del Palacio de Buckingham. Seguro que existen estadísticas de las grandes ciudades del mundo con más zonas verdes. En esta lista, Londres tiene que estar bien arriba. El Palacio de Buckingham, residencia de la familia real y famoso por su cambio de guardia que cada día recibe millares de fotografías, está en el centro de tres inmensos parques repletos de agua y animales: St. James, Green Park y los propios jardines de palacio. Es un lugar perfecto para llevarse la comida y pasar un rato de descanso entre visita y visita.

Y ya no he hecho mucho más hoy. Desde ahí he andado hasta Piccadilly Circus pasando por la Royal Academy (otro lugar al que entraré cuando me apetezca venir a Londres en modo-visitas-on), y el Metro me ha traído hasta el Estadio Olímpico, donde veremos a Orlando Ortega en la final del 110 metros vallas entre otras cosas. Desde aquí, al aeropuerto. Hasta la próxima.

Con las liebres del 1.500 y haciendo más kilómetros que los maratonianos

De esta mi estancia en Londres, el de hoy ha sido y va a ser, de largo, el día más centrado en el atletismo de todos. ¿Por qué? Porque la tarde la estoy pasando en el Estadio Olímpico, como todas, y porque la mañana y el mediodía los he empleado en ver las dos maratones del Campeonato del Mundo que, por primera vez en la historia, se han corrido el mismo día.

La de los hombres ha empezado a las 10.55 y la de las mujeres, algo más de tres horas después, a las 14.00 horas. En solidaridad con esos 84.390 metros que iba a ver en esas próximas horas, yo también he querido empezar la mañana sumando distancias. He ido andando desde Greenwich hasta el Puente de la Torre (Tower Bridge), donde empezaban y terminaban las dos carreras (no van a homologar dos circuitos…). Quien conozca Londres, ya sabe que eso es algo más que un paseo.

La primera parte del titular de hoy hace referencia al encuentro casual con dos atletas que participaron el viernes en la primera serie del 1.500 femenino, la prueba donde estaba la soriana Marta Pérez (leer). La primera a la que he visto es a la alemana Konstanze Klosterhalfen, causante con su aceleración en la tercera serie de que Pérez tuviera mucho más difícil entrar por tiempos en semifinales. Y a los pocos minutos me he encontrado con la británica Jessica Judd, la que tiró fuerte en la primera serie, la de la soriana, ayudando de este modo a que consiguiera su mejor marca.

Con Konstanze Klosterhalfen

Con Konstanze Klosterhalfen

Me he retratado con ambas y después me he quedado por una de las dos mitades del recorrido del maratón, el más cercano a la salida. El circuito es muy bonito, sobre todo la parte que no he visto (el Big Ben es su límite occidental), pero había muchos sitios en los que era difícil cruzar y he preferido no moverme tanto. Además, se daban cuatro vueltas, así que había tiempo de sobra de ver a los atletas. Entremedias, lógicamente, me ha dado tiempo a hacer un par de paradas para ir cogiendo fuerzas para lo que me iba quedando del día.

La carrera femenino también ha tenido en cierto modo presencia soriana, pues en ella ha participado uno de los famosos Caballitos que se han convertido desde hace años en el símbolo de la provincia. Lógicamente, no corría solo, sino en el cuello de la valenciana Marta Esteban, quien lleva varios veranos entrenando en Soria, preparando su competición más importante de cada temporada. Ha quedado la 21, muy bien. Ver

No he hecho mucho más, porque eso me ha consumido toda la mañana y el principio de la tarde de un lado para otro. Me gustan mucho las maratones de los Mundiales porque son, junto al 100, el mejor reflejo de la geografía política del planeta, que me gusta e interesa tanto como la física.

De ahí me he venido al lugar habitual, a Stratford, a disfrutar de otra tarde atlética en el, vuelvo a decirlo, precioso Estadio Olímpico de Londres.

Largo paseo desde London Bridge hasta Piccadilly Circus

Aunque el titular genérico de estos días sea ‘Londres. Mundial de Atletismo’, he de dejar claro que el Mundial era la causa para venir a la capital del Reino Unido, pero que aquí voy a contar cosas diferentes a las que sucedan en el interior del precioso Estadio Olímpico, en cuyo interior ya me encuentro esperando que empiece la jornada vespertina.

Esta mañana, siguiendo mis planes, nada más despertarme me he dado un paseo por el Parque de Greenwich. Parece mentira que se respiren esa tranquilidad y esa naturaleza en un lugar que puede considerarse el centro de Londres. He tenido suerte con el alojamiento. En esta escapada matutina he visto un tilo y he cruzado sin paso de cebra delante de un coche de la Policía, anécdotas que no contaría si no hubiera sido porque justo las había soñado la noche anterior. Y se me ha materializado un tercer sueño, pero ahora no recuerdo cuál.

Tras el ejercicio matutino, regreso al hostal (dentro de su baratura, me encantan algunas cosas que tiene y que no había visto en casi ningún alojamiento de este tipo) para ducharme e iniciar mi jornada turística.

Barrio de Mayfair, repleto de autobuses para turistas y londinenses

Barrio de Mayfair, repleto de autobuses para turistas y londinenses

Con mi Oyster Card, he cogido el tren y en pocos minutos me he bajado en Cannon Street, al otro lado de London Bridge. Mi objetivo básico era darme una vuelta de unas cuatro o cinco horas con algunas paradas en lugares o establecimientos que me llamaran la atención. También he intentado entrar al Museo Británico, pero había una cola que no tardaría menos de una hora en disiparse. Además, ya estuvimos allí en 2011, en aquel inolvidable viaje en el sentido literal de la palabra con César, Luis, Óscar y Víctor.

Antes de llegar al British, he pasado por la catedral de San Pablo. Aunque sea impresionante, preferiría que estuviera aquel templo de madera del primer milenio y que se quemó en el gran incendio de 1666.

Tras pasar por otro de los monstruosos edificios que tiene Londres, sus Reales Tribunales de Justicia, mi siguiente visita ha sido al Covent Garden. Viendo el ajetreo que se vivía en este lugar tan característico de la ciudad (artistas y puestos callejeros, echadores de cartas, vendedores de baratijas, paseantes y más paseantes), podía haberme imaginado lo que me he encontrado luego en el British.

Mimo en Covent Garden

Mimo en Covent Garden

Mi idea era visitarlo y venirme al Estadio, pero como he decidido saltármelo, he continuado mi paseo. A partir de ahí, todo es famoso, condición que Londres comparte con muy pocas ciudades del mundo: he bajado Oxford Street hasta Oxford Circus, donde he cogido Regent Street para ir hacia Piccadilly. De camino, me he desviado para ver la curiosa casa que compartieron Handel y Hendrix, y que desde el año pasado es un museo común. Realmente, uno vivió allí 36 años en el siglo XVIII y otro apenas unos meses en los años 60 del pasado siglo. Y tampoco en el mismo inmueble, sino pared con pared… hasta que tiraron se tabique para hacer ese museo único.

Tras otra vuelta por Bond Street donde no he visto nada que me convenciera en sus escaparates, y después de comer un uno de esos sitios preciosos y baratos que abundan en estas ciudades, he ido hasta Piccadilly, donde siguen de obras sus grandes paneles luminosos (leer). Allí he cogido ya el Metro, abarrotadísimo, para venirme a Stratford, más abarrotado aún.

Un paseo por Greenwich y a ver a Marta Pérez y Usain Bolt

Vuelve este blog a salir de España, y lo hace a una ciudad en la que su mantenedor ha estado varias veces, pero nunca desde que empezó a contar sus viajes con regularidad.

Estoy en Londres, donde se celebra la decimosexta edición del Campeonato del Mundo de Atletismo. Escribo estas líneas a las 17.30, una hora y media de que empiece la primera carrera: el 100 masculino. Ya estoy en el estadio. Hace un precioso día londinense, algo menos de 20 grados, un poco de viento, un poco de nubes… Supongo y espero que algún día lloverá.

He salido esta mañana a las 6.15 de Madrid, así que es fácil saber dónde han descansado mis huesos esta noche.

Con el cambio horario, poco después de las 7.15 estaba en Stansted, desde donde he cogido un Citylink hasta King Cross St. Pancras. Allí, como me dijo Víctor, me he comprado una tarjeta Oyster y a funcionar.

Descanso en el Parque de Greenwich

Descanso en el Parque de Greenwich

Poco antes de las 10.00 estaba en mi hostal, en Greenwich. Me han informado de que no podía hacer ocupación de mi cuarto hasta las dos del mediodía, lo que me ha facilitado la elección de los planes: He estado trabajando un rato y me he ido a conocer el gran parque de Greenwich, famoso porque en él se encuentra el Real Observatorio del mismo nombre pero merecedor de ser visitado por mucho más.

Allí está el centro del mundo. A la derecha es el Este: Japón, Australia, Rusia, Madagascar, Valencia… A la derecha es el Oeste: Texas, Costa Rica, Dublín, Guinea Ecuatorial, Finisterre… Ya se sabe que los meridianos son una convención, pero las convenciones son muy bonitas hasta que llegue una corriente dispuesta a cambiarla.

Patrimonio d la Humanidad

No me ha dado tiempo a darme un paseo por todo el parque, declarado Patrimonio de la Humanidad, lo que me gustaría hacer uno de los siguientes días. Aparte del Observartorio, está el Museo Nacional Marítimo, el Cutty Sark, el Planetario, la ribera derecha del Támesis, zonas de deporte y numerosas zonas de esparcimiento en sus más de 70 hectáreas. Había mucha gente, pero sin ninguna sensación de agobio. Supongo que será diferente cuando me pase por otros lugares más turísticos de Londres en pleno agosto.

He comido y poco después de las dos estaba haciendo el check-in. Pronto me he duchado y me he venido al Estadio Olímpico con bien de tiempo para acreditarme y buscar mi sitio, que el primer día en estos eventos siempre suele tener un poco de caos.

¿Por qué estoy aquí? Fundamentalmente, para ver las evoluciones de Marta Pérez, que corre a las 20.35 hora española la primera serie del 1.500. Ya que estoy, y hablando solo de hoy viernes, veré también a Usain Bolt en el 100, en la que promete ser la última gran competición del jamaicano. Y a última hora, 22.20 en España, Mo Farah tratará de darle al Reinuo Unido su primera medalla, en el 10.000. Falta una hora y esto tiene pinta de que no va a estar lejos de llenarse.

En la playa de Berellín

Hoy no hemos hecho gran cosa. Hay veces en las que no escribo entrada el día del viaje de vuelta, pero considero que hoy sí merece la pena porque hemos hecho una parada en un lugar hermoso y nuevo para mí. Es, como dice el titular de este capítulo, la playa de Berellín.

Esta mañana hemos quedado a las 9.30 para tomar nuestro desayuno en Puertas. Después de coger fuerzas gracias a los alimentos y de despedirnos de nuestra casa, hemos hecho la tradicional parada en Arenas de Cabrales para hacer alguna compra final y llevar algo de sidra para Soria. De queso de Cabrales ya nos proveímos ayer en Puertas.

Cuatro de los nuestros han marchado por la mañana directos para tierras sorianas. Los demás nos hemos dirigido a un lugar que conocía Nacho y que a partir de ahora empezaré yo a recomendar.

Vista desde las cercanías del chiringuito

Vista desde las cercanías del bar

La playa de Berellín está muy cerca del pueblo de Prellezo, a apenas seis kilómetros de un nombre mucho más conocido: San Vicente de la Barquera. Prellezo, sin embargo, pertenece al municipio de Val de San Vicente, cuya capital es Pesués y cuya población más conocida, al menos para mí, es Unquera. Pechón, el pueblo donde pasé un par de veranos hace muchos años, también pertenece a Val de San Vicente.

Un poco antes de llegar a Prellezo está el desvío hacia Berellín. Hemos llegado a las 12.00 y había bastantes coches. Hay un par de aparcamientos de pago y otro gratuito. Por una vez, los dos coches hemos tenido suerte.

Hoy había marea baja, y el agua entrante por el estrecho pasadizo rompía en buenas olas. Apenas cubría. Tengo ganas de volver y de que coincida con marea alta. Cuando ello suceda, en un día plácido, el mar Cantábrico debe convertirse allí en una ‘piscina’ (mucho cuidado siempre con el mar… y con las piscinas) rodeada de verde y de un atractivo paisaje kárstico.

Para los amantes de la gastronomía, en Prellezo hemos comido bien y barato.

Ascensión al Torre Blanca

Ya me queda menos tiempo para decir esto: por respeto al blog anterior (‘Las 45 cimas’), la entrada de hoy es simplemente un enlace a lo que aparece en él escrito. El resumen es fácil: 13 sorianos hemos ascendido durante todo el día de hoy al pico más alto de la comunidad autónoma de Cantabria, a los 2.619 metros del Torre Blanca. Lo hemos hecho desde El Cable, que así se llama la estación superior del teleférico de Fuente Dé. Como la actividad ha durado casi todo el día, queda poco que añadir, más allá de que hemos empezado y terminado el día en el mismo lugar, en Puertas, dentro del asturiano Concejo de Cabrales.

Leer crónica en el blog de ‘Las 45 cimas’ y ver fotos

Senda entre El Cable y la Cabaña Verónica

Senda entre El Cable y la Cabaña Verónica

Casi hasta Formentor y vuelta a casa

Hoy martes ha terminado nuestro periplo de tres días y dos noches en Mallorca. Ha sido fugaz, pero era tiempo de sobra para los dos objetivos que teníamos más allá del objetivo genérico que tiene cualquier viaje, suficiente para justificar toda escapada.

Al contrario de los dos días anteriores, hoy ha salido completamente nublado. Por lo menos, en El Arenal, mientras desayunábamos, no llovía. Sabíamos que sería complicado que nos apeteciera bañarnos en nuestro último día, pero no nos esperábamos lo que después nos hemos encontrado.

Hemos tomado rumbo norte, hacia otro de los lugares más conocidos de la isla: Pollensa, Alcudia, Formentor. Todo ello, a través de la autovía que sale de Palma de Mallorca y que atraviesa Inca.

Vistas desde el Mirador de la Creueta

Vistas desde el Mirador de la Creueta

Ya prácticamente desde que hemos cogido esa autovía, han empezado a caer las primeras gotas. Según avanzábamos, cada vez eran más fuertes. Aun así, decenas y decenas de coches circulaban por la autovía primero y por la carretera, desde Sa Pobla, después.

Nuestra primera parada ha sido en un lugar que se antoja obligatorio, el Mirador de la Creueta, ideado por el ingeniero Antonio Parietti Coll, igual que la sinuosa carretera, como recuerda una pequeña escultura. El mirador está dos centenares metros por encima del mar. Las vistas son espectaculares, con acantilados verticales y altísimos cayendo a bloque sobre el mar. Veíamos a varias personas andando al pie del mirador, ya cerca del mar.

Desde la Creueta hemos abandonado la carretera ‘principal’ para subir por otra todavía más estrecha y quebrada hasta la Atalaya de Albercutx. Está casi 400 metros por encima del mar, pero a apenas unos pocos en línea recta. Así es toda esta zona de la isla de Mallorca. Se puede subir al interior de la Atalaya, pero las vistas apenas varían respecto a su base.

De regreso no hemos continuado hasta el Cabo de Formentor en sí, sino que ya hemos vuelto hacia Pollensa, hacia su puerto, a ver si teníamos suerte y nos podíamos dar un paseo sin agua. No ha sido así, porque nada más aparcar ha empezado a llover de nuevo, así que el Paseo Marítimo lucía lejos del punto álgido de su esplendor. Por hacer algo turístico y diferente, nos hemos dejado morder por decenas de pececillos en los puestos estos que tanto se ven en poblaciones de mucha afluencia. Dicen que funciona, pero imagino que cinco minutos no harán mucho.

Nuestra siguiente parada no ha sido tal. Teníamos intención de comer en Inca, porque pilla de paso y por conocer un lugar nuevo. Cuando hemos entrado, llovía casi cuando más en toda la mañana, así que hemos optado por dejar esta población para más adelante. No es que tuviéramos prisa, pero ya había que ir mirando el reloj.

Abandonada Inca sin poner el pie en el suelo, hemos parado a comer ya de camino al aeropuerto, llenado el depósito de gasolina, devuelto el coche de alquiler, sacado la tarjeta de embarque y a esperar. Siguen llegando cientos de turistas a Mallorca, mientras otros la vamos dejando poco a poco. Teníamos el coche aparcado en Barajas, así que poco después de las diez y media de la noche ya estábamos en casa de nuevo, en Soria.

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