Archivo de la categoría: El libro

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Cap. 235. 27-12-2019. Navarra (y 2). Un soleado paseo por Ujué

Nuestro viaje por Navarra ha sido breve, de un par de días. Esa es una de las ventajas de vivir cerca de algún lugar, que no hace falta mucho más tiempo para disfrutarlo.

Si ayer subimos a la cima más prominente de la comunidad, el Beriain, este viernes hemos visitado uno de los miembros de la Asociación de los Pueblos más Bonitos de España, Ujué.

Aprovecho para recomendar a todo el mundo que pasa por la autopista Zaragoza-Pamplona que algún día dedique un tiempo a visitar esta iglesia-fortaleza y este bien conservado casco.

Nosotros hemos estado más de dos horas, calculo, haciendo el recorrido lógico: iglesia-fortaleza, pueblo y las ruinas de la iglesia de San Miguel junto al monumento a la Coronación de la Virgen de Ujué.

Desde este lugar se tienen las mejores vistas del pueblo, especialmente en días como hoy repletos de sol y azul celeste, nada que ver con lo que nos encontramos ayer en la Sierra de Andía. Esta mañana, los Pirineos se tocaban con la mirada.

De regreso a la furgoneta, hemos tomado algo en uno de los locales del pueblo, en el que son típicas las almendras garrapiñadas, las migas, las costillas… Hoy no nos ha dado tiempo a comer (en Ujué), quizás a la próxima.

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Cap. 233. 22-11-2019. Luxemburgo (y 4). Capital y despedida

Lunes 18

El lunes terminaba nuestra estancia en Luxemburgo. El comienzo del día fue clavado al del domingo: despertadores a las ocho, unos a la ducha, otros a comprar el pan, y todos en la mesa poco antes de las nueve de la mañana.

Crónica completa del viaje

Volábamos a las cinco de la tarde, así que todavía nos daba tiempo a dar una vuelta diurna por la ciudad de Luxemburgo, algo que no pudimos hacer el domingo. Luxemburgo es pequeña. Un poco a las afueras se encuentran los grandes edificios de oficinas y de las importantes instituciones europeas instaladas en este país. Pero el centro es más que abarcable con unos pequeños paseos a pie.

Esta vez aparcamos directamente en la parte alta, cerca del ascensor que baja al Grund. Queríamos visitar la Abadía de Neumunster, a la que merece la pena acercarse sobre todo por la tranquilidad que se respira en este rincón bañado por el río Alzette. También entramos en la iglesia contigua, la de San Juan Bautista. No había nadie en ninguno de los dos lugares, y en los parques y jardines de alrededor apenas nos encontramos con media docena de corredores aficionados.

Para subir, ya que teníamos tiempos, decidimos no coger el ascensor sino dar la vuelta andando para intentar entrar a las Casamatas del Bock, una de las dos visitables de Luxemburgo junto a las de Petrusse… pero solo en verano. Las casamatas son larguísimos entramados de cuevas y pasadizos excavados en la roca para utilizar en tiempos de guerra y conflicto, algo de lo que la historia de Luxemburgo conoce de sobra. Estas casamatas del Bock tienen 23 kilómetros.

Ya pasaba la hora del mediodía. Tarde para seguir visitando, pronto para ir al aeropuerto, el momento idóneo para tomar las dos últimas cervezas del viaje en uno de los bares que habíamos conocido el domingo, cerca del Palacio Ducal.

De ahí, ya sí, fuimos al aeropuerto a devolver el coche de alquiler y comernos los bocadillos y la fruta que nos habíamos preparado. Muchos de nuestros compañeros de vuelo también lo habían sido el viernes. Esos tres días son más que válidos para hacerse una idea de la belleza otoñal de este pequeño país centrouropeo.

Vianden
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Cap. 232. 21-11-2019. Luxemburgo (3). Treveris, Echternach, Vianden, la capital…

Domingo 17

Pusimos los despertadores una hora más tarde, a las ocho, que sigue siendo madrugar pero que impresiona menos que las siete. Como nos habíamos acostado pronto, no hubo problemas para incorporarse. 

Crónica completa del viaje

Mientras unos se duchaban otros bajábamos al Cactus de Remich a comprar pan y un par de cosas más. El plan de hoy era no salir del país de Luxemburgo y visitar algunos de sus pueblos más famosos.

El inicio de la ruta era el mismo que el del sábado, evitando unas carreteras cortadas por obras, como medio país. Sin embargo, esta ruta no pasaba por la orilla del río Mosela, el que separa Luxemburgo y Alemania. Por ello, y como ya empezábamos a conocer el terreno, engañamos al navegador de nuestro coche para ir directamente al Mosela.

Carretera y río marchan paralelos durante bastantes kilómetros. El Mosela es navegable y puede albergar barcos de gran tamaño, algunos de los cuales vimos fondeados en Remich, pero en esta época baja del año no hay paseos turísticos ni apenas cruceros.

Según íbamos por la carretera, vimos que Treveris estaba a solo 14 kilómetros. Aunque nuestra idea era quedarnos todo el día en Luxemburgo, la incumplimos para conocer esta ciudad alemana en la que destacan sus monumentos romanos, con una concentración de los mismos que no se da en ningún otro lugar del mundo fuera de Roma. Nosotros visitamos solo el más famoso, la Porta Nigra, inolvidable una vez que se conoce,, antes de darnos un paseo hasta la Catedral y ver, por segunda vez en este viaje, el montaje de un Mercado de Navidad que tampoco disfrutaríamos en funcionamiento.

De Treveris regresamos a Luxemburgo, país que ya sí no abandonaríamos más. Nuestra ruta incluía los dos destinos más turísticos del país, sin contar con la capital, y una breve parada en el camino.

Esos dos pueblos son Echternach y Vianden, unidos por una de las múltiples ramificaciones del Camino de Santiago y los dos únicos lugares del país que han pertenecido a la Lista Indicativa del Patrimonio de la Humanidad, si bien no consiguieron formar parte de él. Sí lo son, del Inmaterial, las procesiones danzantes de Echternach.

La gran abadía fundada por el patrón de Luxemburgo, San Willibrod, es lo más destacado de este pueblo que puede verse en un breve paseo si no se dispone de mucho más tiempo, como era nuestro caso por la escapada imprevista a Treveris. Con otro tipo de tiempo (más calor y más horas de luz), se puede disfrutar de numerosas actividades al aire libre pensadas para la gran cantidad de turistas que lo visitan.

La siguiente parada de nuestro itinerario fue Beaufort que, como tantos lugares de Luxemburgo, se escribe de varias maneras: Befort en alemán y Beefort en luxemburgués; yo he elegido la palabra francesa por cercanía. Allí, después de pasar por unos bosques impresionantes y por unos paisajes rocosos tan idóneos para la escalada que parecían artificiales (hace no mucho había soñado con unos parajes así), llegamos al gran castillo de Beaufort, también en obras y, por tanto, cerrado.

El castillo que sí estaba abierto era el de Vianden, pero ya se nos había escapado demasiado el tiempo así que decidimos no entrar. Vianden me pareció mucho más preparado para el turismo de masas (masas nivel Luxemburgo) que Echternach. El pueblo es precioso, lo mismo que los alrededores y que ese gran castillo que lo corona. Subimos caminando hasta la entrada del recinto, antes de regresar al coche para dirigirnos hacia la capital del país.

Llegamos a Luxemburgo ciudad alrededor de las tres y media de la tarde. Conseguimos comer en el restaurante que nos recomendó Cristina (soriana residente en Luxemburgo que no estaba esos días por allí) a pesar de que la hora prevista del cierre de la cocina eran las tres. 

Salimos ya de noche y nos acercamos hasta uno de los rincones del gran balcón de Luxemburgo, el más cercano al lugar donde comimos y donde pudimos ver el tercer y último mercado navideño, todavía en montaje, de nuestro fin de semana largo. Es fácil leer que este balcón es el más hermoso de Europa. Tampoco es cuestión de comparar, pero es cierto que la fisonomía de la ciudad de Luxemburgo es muy característica, con una parte alta y otra baja, el Grund, separadas por unos grandes cortados salvo en uno de sus extremos, donde hay una carretera que las une.

De hecho, fuimos caminando hasta el Palacio Ducal para montarnos después en el ascensor que baja al Grund. Nos tomamos una rápida (había empezado a llover por primera vez en nuestro viaje) y regresamos andando hasta el coche en un paseo de unos 20 minutos para recogernos de nuevo en Greiveldange. Aunque parecen muchas cosas, yo creo que poco después de las siete ya estábamos en nuestro pueblo.

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Cap. 231. 20-11-2019. Luxemburgo (2). Escapada a Colonia

Sábado 16

El sábado fue el día que antes sonaron nuestros despertadores, a las siete de la mañana. Nos habíamos acostado pronto, así que no fue tan dramático. Además, en esta época del año y a estas latitudes anochece bien pronto, así que es preferible cazar las máximas horas posibles de luz.

Crónica completa del viaje

Desayunamos y algo después de las 8.00 partimos hacia nuestro único destino del día, la ciudad alemana de Colonia. Desde que elegimos Luxemburgo como destino de viaje, sabíamos que un día estaría reservado para conocer alguna gran ciudad europea, dada la cercanía con Alemania, Francia, Bélgica e incluso algunas partes del sur de los Países Bajos (intentaré sin demasiado esfuerzo no volver a utilizar la palabra Holanda).

De Greiveldange a Colonia hay que transitar por varias autovías y carreteras de un solo sentido. En algunos tramos de autovía, ya en Alemania, no hay límite de velocidad. O mejor dicho, no hay límite de velocidad establecido de manera fija, sino que ese límite lo imponen las condiciones del tiempo, de la carretera, del tráfico y de las características propias del coche. La mayoría de la gente va a velocidades ‘normales’, pero siempre hay alguno que aprovecha…

El comienzo del trayecto lo hicimos con bien de niebla, pero según pasaban los kilómetros se iba despejando el día y, aunque la temperatura externa de nuestro coche no subía en exceso, la presencia del sol alegraba nuestras expectativas.

En Colonia aparcamos justo al lado de la Basílica de San Gereón. Nos sorprendió ver que era más barato dejar el coche en un aparcamiento subterráneo que en la calle, donde además hay un límite de cuatro horas.

Tras visitar la Basílica, hicimos lo que hace el cien por cien de los turistas que van a Alemania: visitar su impresionante Catedral. Dicen que es el monumento más visitado del país, y por lo que pudimos ver nos lo creemos. Con 157 metros, fue el edificio más alto del mundo durante cinco años, entre 1880 y 1885.

A la salida de la Catedral vivimos la experiencia habitual de encontrarnos con un conocido soriano o relacionado con Soria. Justo en la puerta para abandonar el edificio, nos encontramos con José María Cela, exjugador del Numancia en dos épocas diferentes de los años 90 y uno de los futbolistas que ha militado en los equipos filiales tanto del Real Madrid como del Barcelona.

La continuación del paseo fue la habitual en esta ciudad: a orillas del río Rin para ver los grandes barcos, la preparación del mercado navideño y la plaza del Fish Market con sus característicos edificios de colores.

Nuestro asistente personal nos recomendó un restaurante para comer y la verdad es que acertó. Nos envió a un inmenso establecimiento muy cerca dela Catedral donde había cientos de personas, turistas y no, comiendo platos típicos tanto de Renania del Norte como de otros estados alemanes. Efectivamente, comimos codillo.

Nos costó encontrar después un lugar para tomar el café, no porque no hubiera, sino porque estaban todos repletos de gente. Al final lo conseguimos alejándonos ligeramente del centro, antes de volver al coche y, con él, a nuestra casa de Greiveldange, donde pudimos ver y escuchar parte del final del partido entre el Numancia y el Rayo Vallecano (2-2).

Cap. 230. 19-11-2019. Luxemburgo (1). ¿Por qué Luxemburgo?

Este lunes 18 de noviembre hemos regresado de un breve y tranquilo viaje de cuatro días que nos ha llevado a visitar un país nuevo, Luxemburgo, y a conocer algunas de las ciudades alemanas cercanas con este pequeño Gran Ducado centroeuropeo.

Crónica completa del viaje

¿Por qué Luxemburgo? Como en todos los viajes, por más de una razón. Citemos tres. La primera, por conocer un país nuevo. La segunda, porque no es un país cualquiera, sino uno que merece la pena realmente por la belleza de su capital, de sus pueblos, de sus bosques y praderas…

Y la tercera, porque no hay en la actualidad muchos destinos tan accesibles económicamente por avión viajando desde Madrid para un viaje de esta duración de un fin de semana largo. Las compañías de bajo coste permiten comprar un billete de ida y vuelta por menos de 60 euros, al menos en esta época y adquiriendo el billete con cierta anticipación como hicimos nosotros.

Viernes 15

El vuelo de ida fue el viernes 15 de diciembre a las 14.00 horas. Yo ya estaba en Madrid, así que quedamos directamente en el aeropuerto de Barajas con Alfonso, Elisa y Sergio, que venían en autobús de Soria. Nos trasladamos de la T4 a la T1, comimos nuestros bocadillos y nos montamos en el avión.

El aeropuerto de Luxemburgo es pequeño, así que en poco rato cogimos el coche de alquiler y nos plantamos en Greiveldange, el pequeño pueblo donde nos hemos alojado. Habíamos pensado llegar alrededor de las 18.00 y ya estábamos allí poco después de las 17.00, pero por suerte nuestros caseros ya estaban en su casa para darnos las llaves.

Como ya era noche cerrada, decidimos no mover mucho más. Una vez establecidos, bajamos a comprar al supermercado Cactus situado en Remich. Hicimos la compra para desayunar y cenar los cuatro durante toda nuestra estancia en Luxemburgo. De hecho, uno de los lugares que mejor recordaremos de nuestra estancia allá será el apartamento, comodísimo y calentito, donde hemos pasado todos los días desde mediada la tarde.

La única excepción a la frase anterior era la visita que hacíamos cada tarde, antes de cenar, al Chaves, el único bar de Greiveldange. Lo regentan portugueses, algo que no es extraño si se considera que en Luxemburgo hay 600.000 habitantes, de los cuales 100.000 son de Portugal. 

Este viernes, el Chaves tenía todas sus mesas llenas para cenar: patatas, ensaladas y langostinos eran los platos que pedían todos los grupos, con algo de carne en algunos casos. Pero la mayoría de la gente va allí a comer patatas fritas y langostinos, buenísimos.

Nos acostamos bien pronto porque el sábado decidimos madrugar.

En el Museo de la IAAF: Nacho, Alberto, Luisja, Sergio, Alex
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Cap. 229. 6-10-2019. Qatar (y 6). Cumpleaños, Museo de la IAAF y despedida

Despedimos hoy nuestra estancia en Doha, en la capital de Qatar, donde hemos permanecido estos diez días coincidiendo con la disputa del Campeonato del Mundo de Atletismo. A falta de que estadísticos lo confirmen, este ha sido probablemente el mejor de los 17 campeonatos en lo que a marcas se refiere dentro del estadio: carreras y concursos han mostrado un nivel medio espectacularmente alto, a lo que han contribuido las condiciones conseguidas en el Khalifa International Stadium, con una temperatura y una brisa que hacen el ambiente muy agradable.

En las pruebas de asfalto, disputadas en el Corniche, no ha sucedido lo mismo como consecuencia del calor y de la humedad.

La única excepción fue ayer, en el maratón masculino donde el soriano Daniel Mateo terminó en la décima posición. La prueba empezó a las 23.59 y, por primera vez desde nuestra estancia aquí, la noche estaba ideal para disfrutar como espectadores de la carrera.

Nos acostamos muy tarde, así que hoy no hemos madrugado. Cuando hemos salido a la calle, nos hemos encontrado de nuevo con un día caluroso sin más, nada que ver con lo que nos habíamos enfrentado hasta ahora. 

La despedida ha sido de celebración, la del cumpleaños de Alex, en el centro comercial City Center. Allí hemos ido los cinco que hemos hecho el viaje para celebrar la efeméride y para ver el pequeño Museo de la IAAF instalado con motivo de los Campeonatos del Mundo. Abel Antón aparece en un par de fotos, y también es posible ver a Fermín Cacho en la plata del 97 en Atenas.

Desde ahí, hemos venido de nuevo y por última vez al Estadio. Cuando termine el Mundial, cenaremos algo por aquí y nos marcharemos al hotel a descansar todo lo que podamos, porque nuestro avión hacia Estambul sale bien pronto.

De la capital turca saldremos en otro vuelo hacia Madrid y, de allí, ellos a Madrid y yo a Soria, para dar por concluida otra experiencia atlética y viajera, la primera en la Península Arábiga, y espero que no la última.

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Cap. 228. 3-10-2019. Qatar (5). El Museo Nacional y el Zoco al caer la tarde

Siguen avanzando nuestras jornadas en Doha, en la capital de Qatar, donde hoy cumplimos una semana exacta. En todo este tiempo, entre unas cosas y otras (atletismo básicamente) habíamos dejado de lado algunas de las visitas obligatorias de la ciudad.

Hoy, después de trabajar un rato en el hotel y de ejercitarnos en el gimnasio, hemos tachado dos de esas cruces: el Museo Nacional y el Zoco.

Tenemos la suerte de que ambos están muy cerca del hotel, el Saraya Corniche. Pero como aquí hace tanto calor y el Uber y los taxis están tan baratos, nos hemos desplazado siempre con ellos.

Nada más comer, junto a Luisja, hemos ido al Museo Nacional, un espectacular edificio en forma de rosa de los vientos gigante que abrió sus puertas el pasado 28 de marzo.

Dentro, a través de una serie de salas interconectadas, se conoce la historia de este pequeño país, una historia similar a la de todos los países del mundo: sus líderes, sus grupos dominantes, sus batallas y alianzas con los países cercanos, las incursiones en algún momento de los europeos (portugueses en este caso)… Muy interesante.

Además, se muestran los modos de vida tradicionales y presentes en Qatar hasta no hace tantos años, con los nomadeos entre el mar y el desierto buscando lo mejor para el ganado en cada época del año. El mercadeo de perlas y la pesca eran los grandes valores de Qatar hasta que apareció él, el petróleo, y con él todos los drásticos cambios de este país. En 1950, en Qatar vivían 25.000 personas. Ahora, casi tres millones. No puede haber muchos más países que hayan multiplicado por cien su población en 70 años.

El Museo Nacional termina con una sala dedicada al petróleo.

Desde ahí, y tras un breve descanso en el hotel, nos hemos marchado al Zoco. Estuvimos hace unos días, pero justo a las horas que está cerrado, alrededor de 12.30 a 15.30. Entonces, al menos, encontramos un restaurante para comer.

Hoy era todo muy diferentes. Hemos estado alrededor de hora y media tomando y comprando algo y, sobre todo, paseando por sus calles y callejuelas. Es un zoco también nuevo, con una gran calle central repleta de restaurantes y cafeterías, y numerosos vericuetos que necesitan más de un día para ser conocidos. Por lo demás, como en este tipo de mercados, los establecimientos se agrupan por materias: textil, calzado, animales, recuerdos, especias…

Se está muy agradable, y hoy estaba lleno, supongo que por la hora y por el hecho de ser jueves, ya que mañana es viernes, festivo, el día de oración por la mañana. 

Un Uber nos ha dejado en el Villaggio, el centro comercial de al lado del estadio, y también estaba bastante más lleno que los días anteriores, sobre todo de niños y jóvenes ya que mañana no tendrán que estas a las seis de la mañana en sus pupitres.

Y ya estamos de nuevo en el Khalifa International Stadium, el KIS. Son las 22.12 aquí. Falta una hora exacta para que Marta Pérez corra su semifinal del 1.500 tras su gran primera ronda de ayer, así que ya van subiendo los nervios.

La playa de Katara
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Cap. 227. 1-10-2019. Qatar (4). Visita a Katara y a La Perla

Sigue avanzando nuestra estancia en Qatar, en Doha, una ciudad en la que los atractivos turísticos dan para un par de días relajados, especialmente en la época del mal tiempo que, en contra de lo que se suele pensar, aquí es el verano y no el ‘invierno’ primaveral del que disfrutan.

Además, nosotros tenemos el inconveniente de que cuando hace bueno, en las últimas horas del día, estamos en el Khalifa International Stadium disfrutando del atletismo.

Hoy hemos hecho una de esas visitas turísticas a la zona norte de la ciudad, a los lugares conocidos como Katara y La Perla. Nos ha llevado Álvaro, nuestro amigo de Soria, con quien hemos quedado Luisja, Nacho y yo a las 12.00 en nuestro hotel, el Saraya.

En Katara hay una gran playa reservada para las familias, para el concepto tradicional de familia: marido, mujer e hijos. Nos comentan que es muy probable que, en el caso de ir unos amigos a disfrutar de las calientes aguas del Pérsico, se les prohíba la entrada. Son playas públicas, en las que las mujeres no pueden vestir como visten en Occidente.

Hoy no lo hemos podido comprobar porque era alrededor de la una del mediodía y había cero personas. Aquí, cuando hace calor de verdad, la gente no se baña, al revés de lo que sucede en nuestra tierra. En numerosos hoteles sí hay playas privadas en las que los códigos de vestimenta son como los ‘nuestros’. Algo similar sucede con el alcohol, invisible en todo Doha… salvo en los hoteles de cierto nivel, donde abunda a precios altísimos.

En Katara hay algunas tiendas, centros oficiales de artesanía, de enseñanza de cine, grandes espacios públicos para la práctica deportiva y para otro tipo de espectáculos… Lo hemos visto todo con rapidez porque no eran horas para andar por la calle.

De ahí nos hemos ido a La Perla, The Pearl, llamada así por su forma cuando se ve este espacio desde el aire o a través de Google Maps. ¿Cómo puede tener forma de perla un lugar? Puede ser un capricho de la naturaleza o puede ser el trabajo del hombre que ha construido un gran terreno en aquello que antes era mar. En este caso, es lo segundo. La Perla es como La Palmera de Dubai, algo menos espectacular.

Como hemos cogido la costumbre de ir al gimnasio por la mañana en vez de desayunar, teníamos ya bien de hambre cuando hemos llegado a La Perla. Allí hay numerosos restaurantes, así que hemos comido nada más llegar.

Desde ahí, y sin salir de La Perla, hemos ido a Venecia, un lugar residencial formado alrededor de canales como es fácil de adivinar, y a la parte más exclusiva (de las visitables) de este lugar, con una colección de coches de altísima gama que supongo que no se podrá ver en muchos más lugares del mundo.

Álvaro nos ha dejado en el estadio antes de marcharse él a su entrenamiento con el Al Ahli de voleibol.

Y aquí seguimos en el estadio. En uno de los descansos he aprovechado para subir a The Torch, el hotel con forma de antorcha que hay junto al estadio, y para darme un paseo, otro, por el Villaggio. Ya estamos todos en el estadio dispuestos a vivir, entre otras, la gran final del 800 con el joven gallego Adrián Ben.

En el alto de la duna
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Cap. 226. 29-9-2019. Qatar (3). Marcha, desierto y éxito cercano de Adrián Ben

Tercer día por tierras de Qatar, y ya somos casi unos más por aquí. Ayer sábado tuvimos un gran dilema: no sabíamos si quedarnos a ver los 50 kilómetros marcha en directo o no. Empezaban a las 23.59, así que corríamos el riesgo de acostarnos cerca de las cinco de la mañana.

Como decidimos no acudir, terminamos improvisando una prueba de marcha en el Villaggio, el centro comercial que hay al lado del estadio, así que probablemente fuimos lo mejor que le sucedió a los empleados que cerraban el recinto pasada ya la medianoche.

Aun así, al final nos metimos en las camas de nuestro Saraya Corniche Hotel más tarde de la una. Esta mañana, sin prisa, nos hemos levantado. Algunos hemos ido al gimnasio del hotel y luego nos hemos juntado casi todos en una habitación para ver el Maratón de Berlín. Nos hemos desgañitado a gritos para animar a Kenenisa Bekele en sus últimos kilómetros, pero solo hemos conseguido que se quedara a dos segundos del récord mundial de Eliud Kipchoge (2h01:39-2h01:41).

No nos ha dado tiempo a mucho más por la mañana. Hemos comido en el mismo hotel, medio rápido, porque a las tres de la tarde habíamos quedado con una empresa para hacer el tour más típico de Qatar, una incursión en el desierto, al sur del país, justo donde este termina y empieza Arabia Saudí, en una de las numerosas fronteras cerradas que existen en el mundo.

Hemos ido en un solo todoterreno de siete plazas porque justo nos hemos animado seis: Alberto, Luisja, Miguel, Nacho y dos Sergios.

El viaje empieza por una autopista de varios carriles que va dejando a la derecha una gran extensión desértica y pedregosa, y a la izquierda una impresionante extensión de plantas de petróleo, empresas químicas… También se veían de vez en cuando casas de nueva construcción en los lugares por los que va creciendo poco a poco el país.

Después de parar a sacar dinero hemos llegado al punto en el que comienzan todas estas excursiones. Aquí es posible darse un breve paseo en camello, hacerse una foto con un halcón o tomarse un calentito té con leche. Solo hemos hecho esto último.

La parada en este punto es obligatoria, ya que para adentrarse en las dunas del desierto es necesario quitarles presión a las cuatro ruedas de los vehículos.

Una vez montados de nuevo, la atracción es triple. La primera, y principal, es sentir desde dentro la conducción extrema por las dunas de estos pilotos. A bastantes escalones de distancia, es lo más parecido a conocer lo que sienten los participantes en el Dakar, con subidas, bajadas, saltos, avances a media duna, ‘tiradas’ de freno de mano… De poco servían los ruegos de algunos de nosotros de que se tomara la conducción más tranquila.

El segundo atractivo vuelven a ser las dunas, pero esta vez no desde el coche, sino desde nuestros pies. El conductor nos ha parado en lo alto de una de ellas. A un lado se veía el sol en su última aventura del dia, y al otro, muy abajo, un entrante del mar. No sé calcular la distancia ni el desnivel, pero nos ha dado igual: cinco de nosotros nos hemos tirado arena abajo a todo lo que nos daban nuestras piernas. Pinchar la imagen para ver el gif:

Subir ha sido más complicado, así que debía de haber más distancia de la que pensábamos, sobre todo porque cada paso que dábamos perdíamos unos cuantos centímetros arena abajo.

Y por último, el tercer atractivo ha sido bañarnos en las aguas del Golfo Pérsico. El agua estaba a la misma temperatura exterior, así que no hemos sentido ninguna impresión ni al entrar ni al salir.

Ahí ha terminado nuestra experiencia desértica. El conductor nos ha trasladado de nuevo al hotel para darnos una ducha rápida y, desde ahí, al estadio.

Aquí, en el Khalifa International Stadium, hemos asistido a una gesta histórica para el atletismo español: el gallego Adrián Ben se ha metido para la final de los 800 metros, algo que no sucedía desde 1991 en Tokio, cuando lo hizo el cántabro Tomás de Teresa, que terminó octavo.

El camino de los atletas a la zona mixta está justo al lado de nosotros, y aquí se paran muchos de ellos para atender a sus televisiones. Ben, que ha sido cuarto en la primera semifinal con 1:44.97, ha esperado desde aquí las otras dos series, en las que ninguno de los que han terminado terceros han hecho mejor tiempo que él, lo que ha hecho estallar en lágrimas a esta joven promesa nacida en 1998.