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Cap. 221. 1-9-2019. El sureste español (2): Peñón de Ifach

Hemos venido al Levante español para asistir el fin de semana al Campeonato de España de Atletismo Absoluto que se celebra en la localidad alicantina de La Nucía.

Aprovechando la cercanía con Calpe, hemos decidido alojarnos en esta localidad, atraídos fundamentalmente por la presencia en ella del famosísimo Peñón de Ifach.

A priori, la montaña más dominguera de España. En realidad, quizás también lo sea, pero de manera justificada: se encuentra en el medio de las dos preciosas bahías de Calpe, repletas de turistas de numerosos países y, además, cuenta con un atractivo innegable y multiplicado precisamente por esa presencia junto al mar, del que se eleva a poco más de 330 metros.

En sus paredes hay numerosas vías de escalada, pero la vía normal, por la que todos los años suben cientos de personas, es la que hemos utilizado esta mañana, casi mediodía, Nacho, Raúl y yo.

Al principio es un paseo empedrado y casi en sombra. De repente, se cruza un túnel y a partir de ahí cambia todo, igual que cuando se pasan los túneles que separan la Meseta del norte de España y empieza a estar todo nublado o lloviendo.

Después de este túnel del Peñón de Ifach, la sombra desaparece en días como hoy y ya el sol es el único protagonista. También desaparece el camino empedrado, y la ruta discurre por una senda que va dando vueltas al Peñón y ascendiendo casi sin descanso.

Nos tenemos que apartar con frecuencia porque no para de bajar gente. En varios puntos hay cadenas para ayudar al avance. Hay una señal de «camino muy peligroso», dirigido sobre todo al potencial público que esperan encontrarse allí.

A lo largo de la subida se disfrutan de unas espectaculares vistas de esas dos bahías, de Altea, del mítico Puig Campana, del skyline de Benidorm…

Arriba, numerosas personas que nos habían precedido descansaban disfrutando de esas vistas y recuperando ánimos para la bajada.

Dominguero, sí. Muy recomendable, también.

Cap. 220. 31-8-2019. El sureste español (1): Almería, Murcia, Alicante

Los cuatro días anteriores le he cedido el espacio de este blog a Óscar Puerta por una razón que merece la pena: ir conociendo sus andanzas en los 171 kilómetros del Ultra Trail del Mont Blanc. Hoy no escribe porque empezó a correr ayer a las 18.00 horas y, afortunadamente, aún no puede escribir. Lleva 120 kilómetros.

Durante estos días yo también he estado viajando. Lo voy a resumir someramente.

Martes 27 de agosto. Por la tarde fui de Soria a Madridejos, Toledo, para acortar viaje. Dormí en un hostal de la autovía. Sin más.

Miércoles 28 de agosto. Madrugué y, sin paradas turísticas, llegué pocas horas después a Canjáyar, en la Alpujarra almeriense. Me gustó mucho el hostal, en plena plaza Mayor. También me gustó mucho el pueblo, lo mismo que la vecina Almócita, donde fui a comer y que quería conocer porque mi hermana estuvo allí hace algunos años en la Noche de los Candiles. El gran candil de las fotos dicen que es el más grande del mundo. Caerá una entrada.

Por la tarde estuve en Canjáyar esperando que marchara el calor antes de darme un paseo por el pueblo. Subí a la ermita de San Blas, donde la Vuelta a España debería plantearse un breve pero espectacular final de estapa. Ganaría Valverde. Muy bonitas vistas.

Jueves 29 de agosto. Sigo con mi reto de las cimas. Esta vez, el Morrón de la Lagunilla de Almería. Texto y fotos. Cuando bajé, directo a Murcia capital, donde me he alojado dos noches en un sitio muy recomendable en la pedanía de La Arboleja.

Viernes 30 de agosto. Nuevo madrugón para seguir con el reto montañero. Hoy, el Carrascoy Occidental. Texto y fotos. Por la tarde, paseo para conocer Murcia capital, lo básico. Tenía pinta de haber mucho ambiente por la noche, viernes como era, pero yo me quedé tranquilamente en el albergue.

Sábado 31 de agosto. O sea, hoy. Madrugón más modesto en Murcia para dirigirme a Calpe (Alicante). Aquí tenemos previsto dormir dos noches. Me vienen refuerzos. Estamos aquí para disfrutar del Campeonato de España de Atletismo en La Nucía, donde el comentario generalizado es uno: «Menudas instalaciones». Impresionante lo que está montando aquí el Ayuntamiento de esta localidad cercana a Benidorm.

Cap. 219. 20-8-2019. El instituto más bonito de España

Por circunstancias, y por cercanía, esta mañana hemos venido de Soria a Cuéllar, en la provincia de Segovia, donde apenas hemos pasado tres horas.

Es tiempo suficiente para hacerse una breve idea de esta localidad tan llena de historia, calles estrechas, monumentos, encierros…

De entre sus monumentos, y junto a sus iglesias mudéjares, destaca sobre todo el castillo de los Duques de Alburquerque.

Hoy había visita guiada a las 11.15, pero he preferido darme un paseo por sus murallas por cuestión de tiempo.

El castillo está tan sumamente bien conservado que en la actualidad, y desde hace algo más de 20 años, en él se encuentra el Instituto de Educación Secundaria Duque de Alburquerque, al que van aquellos jóvenes de Cuéllar y de los pueblos de los alrededores a partir de los 12 años.

Las estancias del instituto y las de la parte visitable por el turismo son diferentes.

Hoy, como es lógico un 20 de agosto, no correteaban alumnos ni venían profesores, aunque sí había un grupo mediano de turistas.

No sé si habrá en España muchos institutos más bonitos y con más historia que este.

Cap. 217. 2-8-2019. La Ruta del Cares, 25 años después

Por tercera vez, y 25 años después de la segunda, esta mañana hemos hecho la Ruta del Cares, probablemente la ruta senderista más famosa de España por subelleza y por su historia. Un paseo de 12 kilómetros entre Poncebos (Asturias) y Caín (León) evita una vuelta en coche de más de 100 kilómetros y de más de dos horas.

Las tres veces que he hecho la Ruta del Cares han sido en agosto, el mes que siempre recomiendan evitar por las grandes aglomeraciones de personas que se esperan.

Pero nos ha cuadrado venir en agosto y aunque es verdad que no pasan dos minutos sin cruzarse con alguien, es mejor venir que quedarse con las ganas. Además, para los cuatro compañeros (Carlos, Evaristo, Mari, Sergio) era su primera vez en la llamada Garganta Divina, y en ningún momento hemos tenido sensación de agobio.

Después de despertarnos en Puertas y de cumplimentar unas gestiones inesperadas en Arenas de Cabrales que nos han entretenido contra nuestra voluntad, y después de desayunar con Cristina y Luis Ángel, nos han acercado en su coche hasta Poncebos para iniciar la Ruta. Había cientos de coches.

Al final, hemos conseguido empezar a andar a las 10.30. Ya habían desaparecido todas las nubes de las primeras horas del día y el sol nos ha acompañado en las dos horas y 40 minutos de caminata. El calor ha sido aguantable.

Empezar la ruta en Poncebos implica salvar casi todo el desnivel de la Ruta del Cares, unos 400 metros, al principio. Finalizada esta larga subida, empieza una breve bajada y, cuando termina, se puede decir que todo lo demás es llano.

Más o menos en ese momento es cuando hemos visto la señal de «Caín 6,2 kilómetros», así que podíamos calcular lo que nos quedaba.

Todo este gran tramo llano es un espectacular sendero de metro y medio de anchura. A la izquierda, muy abajo, el Cares. A la derecha, muy arriba, verticales paredes o laderas de cientos de metros. Ya cerca de Caín es posible subir por ellas a través de la Canal de Trea.

Junto a la senda, en numerosos puntos nos cruzamos con la canal hecha por el hombre y por la que todavía discurren artificialmente parte de las aguas del Cares en su camino de descenso hacia el Cantábrico.

La senda también pasa bastantes túneles, pasadizos en semibóveda y cruza un total de cuatro puentes ya cerca del final, así que hemos llegado a Caín dejando el río de nuevo a la izquierda. Este tramo final es el más estrecho de toda la Ruta y el que pasa por los túneles más largos, hasta el punto de que en algunos lugares casi se hace de noche.

Ahora estamos en uno de los muchos restaurantes de Caín, relajando los pies en el río y escribiendo. Después de comer toca deshacer lo andado, así que tranquilidad y diligencia contra la pereza.

(Ya de vuelta en Arenas, tras completar 27 kilómetros a pie en total y el tramo desde Poncebos en taxi. Muy bien, gran día, pero a ver si consigo que la cuarta vez en el Cares sea un día de entre semana y fuera de los meses de verano).

Cap. 216. 21-7-2019. Mirador de Valcabado y Cueva de los Franceses

Este fin de semana por tierras de Palencia y Cantabria ha tenido un par de paradas en su camino de regreso.

Nada más levantarnos en Reinosa, mientras desayunábamos tranquilamente, hemos buscado información para visitar la Cueva de los Franceses, un lugar por el que habíamos pasado mil veces pero al que nunca habíamos entrado.

El contestador automático nos ha dicho que abrían a las 10.30, así que justo a esa hora hemos llamado y nos han citado para las 12.00 horas, con tan buena o mala suerte de que hemos llegado poco después de las 11.00. Las visitas son cada hora, y siempre guiadas.

Mirador de Valcabado. Foto: Ayuntamiento de Pomar de Valdivia

Por ello, y como nos han recomendado por teléfono, nos hemos acercado hasta el Mirador de Valcabado, al final de esta carretera de Revilla de Pomar y a poco más de un kilómetro de la Cueva.

El Mirador está situado en el extremo norte de la Lora, el gran páramo mesetario de toda esta zona del norte de Burgos y Palencia. Desde el Mirador se disfruta de una bonita vista de todo el valle cántabro de Valderredible y de algunos pueblos palentinos enclavados en Cantabria. Del Mirador al valle hay unos 300 metros de diferencia.

Hay cosas interesantes para pasar algunas horas por la zona (Pozo de los Lobos, Covalagua). Nosotros hoy nos hemos limitado a Valcabado y a la Cueva de las Franceses, que se visita en tres cuartos de hora y tras pagar un asequible precio de tres euros.

Descubierta a finales del siglo XIX, dice llamarse así por haber servido de enterramiento a los franceses caídos durante la Guerra de la Independencia.

Su única salida natural es un agujero de alrededor de un metro de diámetro, por donde se supone que tirarían los cadáveres y que ahora está enrejado.

La entrada a la Cueva es un túnel artificial situado en una especie de centro de interpretación donde se puede leer lo que luego explican las guías: la formación de millones de años que ha derivado en estas estalactitas, estalagmitas, columnas, macarrones, banderas…

En una de las salas, la última, se ven los numerosos desprendimientos que ha sufrido la Cueva en todo este tiempo. El próximo desprendimiento está previsto para dentro de 150 años, en una roca cuya grieta horizontal se aprecia perfectamente.

Dentro de 5, 6, 7, 8, 9 o 10 millones de años se habrá desprendido toda la techumbre, se formará un bonito cañón y la Cueva de los Franceses será historia.

Cap. 215. 20-7-2019. El Cuchillón y el nacimiento del Ebro

Desde las 8.00 de la mañana de hoy y hasta casi 12 horas después, todas nuestras andanzas vienen explicadas y retratadas en el blog de las cimas, ya que hemos ascendido al Cuchillón, una muy bonita montaña que supone el punto más prominente de la provincia de Palencia.

Descendiendo el Cuchillón

Como digo al final de esa crónica, desde la Fuente del Chivo hemos ido directos a Fontibre para conocer la razón que lo hace famoso: el nacimiento del Ebro.

Nacho ya lo conocía, pero Pachu, Raquel y yo debutábamos en este lugar tan bonito.

Las primeras aguas del Ebro nacen de algún lugar allá arriba en las montañas, pero después se esconden entre las piedras antes de rebrotar justo aquí en Fontibre.

Desde esta fuente y hasta su desembocadura en Deltebre, el gran río del norte de España atraviesa siete provincias y seis comunidades autónomas. Pocos españoles habrá que no hayan cruzado alguna vez el Ebro.

Fontibre es el clásico lugar agradable, especialmente cuando se está tan bien como hoy, un día fresco en verano.

Nos hemos tomado algo en uno de los bares del pueblo y hemos regresado a Reinosa, para darnos un penúltimo paseo por esta importante localidad cántabra antes de recogernos en nuestro hotel, donde hemos hecho la última comida del día antes de acostarnos.

Cap. 214. 24-6-2019. Mogro, Suances y Santillana en familia

Antes de que las hordas de turistas empiecen a apoderarse de las playas, y como una avanzadilla de las mismas, en la familia decidimos que una buena manera de despedir junio y darle la bienvenida al verano era visitando algún lugar del norte en el que no hubiéramos estado. Suances (Cantabria) ha sido la elección.

Durante estos días, aparte de dedicarnos a la gastronomía, a descansar y a ver los triunfos de nuestros equipos (35ª Liga del Madrid de baloncesto, 5-0 de España Sub 21 ante Polonia para meternos en semifinales del Europeo), hemos estado visitando el entorno más cercano a Suances, casi sin desplazamientos en coche.

Mi primer día fue el viernes 21. Para no tener que desandar lo andado, me incorporé directamente en Mogro. En línea recta está a menos de cinco kilómetros de Suances, pero la ría de San Martín (la de Suances, la que forma el río Saja) obliga a dar una vuelta de algo más de 20 desde donde estábamos alojados (el paseo de la Marina Española) hasta el Mirador Golf de Mogro, en la playa de Usil, donde mis padres han pasado algunos veranos.

En la playa de Usil en Mogro

Mogro también tiene su ría, llamada igual que el pueblo, y formada por el montañoso río Pas. El Pas, al acercarse al Cantábrico, hace un requiebro como para volverse tierra adentro, pero pronto sigue el camino de casi todos los ríos. Pero ese requiebro, y la isla que está en medio, les dan una imagen muy característica y muy bonita a la playa de Usil y al parque natural de las Dunas de Liencres, situado al otro lado del río.

Después de comer a tope, regreso (para mí, llegada) a nuestra casa de estos días, en la que hemos estado casi como si fuera la nuestra de verdad. El viernes todavía no hacía calor. Nos dimos un paseo por la gran playa de la Concha, donde apenas se bañaban cuatro chavales, y a casa a ver el baloncesto.

El sábado 22 lo dedicamos a conocer Suances por sus dos extremos. Por la mañana, mientras mis padres se quedaban con la nieta, los padres de la niña y el tío nos marchamos a explorar la península del Dichoso. Está al lado de donde nos alojábamos. En la playa de Los Locos, los surferos esperaban unas olas que no vinieron, pero al menos mojaron la tabla. Hay una gran tradición de surf en Suances, lo que se nota en varios de sus bares y otros negocios.

Alto de Garita

En esa misma excursión también ‘ascendimos’ los 46 metros del Alto de Garita, donde el vértice geodésico y las impresionantes vistas (Los Locos a un lado, la inaccesible Isla de los Conejos a otro) dan sensación de estar en una montaña ‘verdadera’. Allí nos encontramos con un señor de 86 años que cada día del año que está por allí, de enero a diciembre, corre unos 22 kilómetros desde las 8.30 para bañarse en la Tablía, Los Locos, la Concha, la Ribera, la Riberuca… Alguna foto del reportaje es suya. Me quedé con ganas de conocer algo mejor la Roca Blanca.

Después del paseo y de la reunificación del grupo, lo habitual en estas tesituras: vermú, comida más bien abundante (estaban casi todos los restaurantes llenos, en pleno verano tiene que estar a tope) y siesta.

Por la tarde, unos eligieron casa, otros playa y otros nos fuimos a correr, esta vez por el otro lado de la playa, hacia el Este, siguiendo todo el paseo marítimo y haciendo solo el inicio de una vía ciclista de 20 kilómetros que se va metiendo poco a poco al interior porque el río Saja carece de puentes cerca de su desembocadura. Todavía dio tiempo a un paseo y algunas compras con mis padres por la zona alta del pueblo, donde se encuentra el centro administrativo.

Por la noche, cena en el hogar mientras el España-Polonia, y pronto donde la noche anterior.

La mañana de ayer domingo 23 fue eso, dominguera, en el sentido de que fuimos a visitar uno de los lugares más turísticos de España, el típico pueblo que aparece en todas las listas como uno de los más bonitos de España, ese en el que todos estáis pensando: Santillana del Mar.

Nuestros padres se quedaron en Suances, así que hicimos la visita turística con mi hermana, cuñado y sobrina. Se puede pasar el día entero en Santillana si se va a conocer el zoo, la colegiata y el claustro por dentro, el Museo de Altamira, algunos otros museos… pero lo básico se ve muy tranquilamente en un par de horas. No soy el fan número 1 de este tipo de pueblos, lo que no me impide reconocer que es normal que tengan tanta fama por lo bien cuidados que están con el deseo de mantener su esencia original. Además, me gusta conocer todos los sitios famosos, y a Santillana hacía años y años que no iba.

Santillana

De Santillana del Mar (no es el único pueblo de España al que llaman el de las tres mentiras), un viaje de unos pocos minutos nos devolvió a los cuatro de nuevo a Suances. Teníamos reserva para comer al lado del hotel, pues ya habíamos aprendido que no estaba el panorama para ir buscando de restaurante en restaurante sitio para cinco y carrito-tronera.

Una comida frugal y temprana sirvió de despedida a estos tres días cántabro-familiares. De momento, parece que le va gustando esto de viajar.

Del restaurante cogí el coche y regresé a Soria por otro lugar que no conocía y al que tenía ganas: el Puerto del Escudo. Merece la pena volver por ahí, no tanto por el puerto en sí, que también, sino sobre todo por el espectáculo que forma el Ebro en toda esta parte de la provincia de Burgos. Existen serias posibilidades de que vuelva pronto por allí, para hacer algunas paradas muy concretas que ayer no hice.

Cap. 213. 8-5-2019. Vigo (y 3). El punto más prominente de Valladolid

Volviendo de Vigo, he parado en la provincia de Valladolid para visitar dos localidades que no conocía y para subir a su punto más prominente.

He parado en Medina del Campo, para ver el famoso Castillo de la Mota, y en Olmedo, donde he estado en su Parque Temático del Mudéjar (con una curiosa miniatura de San Saturio) y he paseado por la localidad.

De ahí me he ido a Íscar para subir al Pozuelo, pero todo ello lo cuento en el blog de las cimas.