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Vista del Peñamellera desde la Cabaña Trebes
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Cap. 297. 30-11/2-12-2022

Asturias: La sorprendente Sierra de Cuera y los bufones sin agua de Pría

Un año más, hemos viajado al asturiano Concejo de Cabrales para disfrutar de algunas de sus maravillas y de otras cercanas en Asturias. Esta excursión de tres días ha sido una excursión de descubrimientos y de reencuentros, iniciada la tarde del miércoles en Soria junto a Cristina, Félix y Luis Ángel. Para llegar a Cabrales elegimos el camino más corto en kilómetros, muy hermoso, bastante más lento que el ‘normal’. Llegados a Aguilar de Campoo desde Burgos y después de comer en Sotopalacios, seguimos por Cervera de Pisuerga, San Salvador de Cantamuda, Piedrasluengas, Potes, Desfiladero de la Hermida, Panes y Arenas de Cabrales, donde paramos a comprar en un supermercado y a tomar algo. De ahí, a Puertas, nuestro hogar asturiano desde 2011.

1. Pico Torbina o Turbina, descubrimiento en Sierra de Cuera

Cada vez que vamos a Puertas, como los caballos en las plazas de toros, parece que nos ponen algo en la cabeza que solo nos permite mirar de frente, hacia los Picos de Europa, bien para participar en las carreras, bien para subir alguna de sus montañas. Esta vez, decidimos quitarnos ese algo y mirar hacia atrás, a la Sierra de Cuera. Impresionante. De los pocos más de cien metros de altitud de Arenas se llega en unos minutos en coche a Arangas y, de ahí, siguiendo una estrechísima carretera de cemento, a la Cabaña Trebes. Desde ahí, una ruta de poco más de siete kilómetros eleva a los montañeros (en este caso Félix y Luis Ángel) a los 1.315 metros. Ese desnivel de 1.200 metros debería otorgar a la Sierra de Cuera un lugar mucho más preeminente entre las montañas de España, pero  queda opacada por la cercanía y la inmensidad de los Picos de Europa. Mientras unos subían, otros bajábamos por el cemento. A la izquierda veíamos la silueta inconfundible del Peñamellera. En Arangas disfrutamos de un café en una tienda-bar llena de sabor y una hora después, entretenidos buscando algunas castañas tardías, llegábamos a Arenas por la carretera. Tiempo habrá.

2. Arenas de Cabrales, la Travesera más presente

En Arenas de Cabrales pudimos disfrutar tomando algo en una terraza de la plaza, antes de dirigirnos, para encontrarnos los cuatro, al lugar en el que cada mes de junio se sitúan las metas de la Travesera y la Traveserina. Allí cerca se ha colocado un nuevo podio, una gran señal de la mítica prueba de montaña, unas placas con los nombres de todos los ganadores… 

3. Asiegu, Mirador del Urriellu y Casa Niembro (sidra y 100% sin gluten)

Nuestro siguiente destino estaba cerca, Asiegu, Pueblo Ejemplar de Asturias de 2019, lo que ha aumentado el ya de por sí elevado número de turistas que cada año acuden a esta localidad a disfrutar de su bonito Mirador del Urriellu. En Asiegu comimos, y más concretamente en Casa Niembro, un restaurante donde toda la carta es sin gluten. Era nuestra segunda vez allí. En la tercera intentaremos visitar el lagar, pues la relación de este lugar con la sidra es muy estrecha. En Soria comeremos algo del cachopo que no pudimos finalizar allí.

4. Carreña, una visita a la capital

La capital del Concejo de Cabrales es Carreña. Habíamos pasado decenas de veces por allí, y algunas de ellas habíamos parado en los bares de la carretera, pero hemos tenido que esperar a este viaje para darnos un paseo sosegado por sus calles. Como sucede con muchos pueblos, Carreña ‘engaña’, ya que se extiende hacia adentro bastante más de lo que pudiera pensarse viendo la travesía. Muy bonito puente y casas coloridas.

5. Puertas, nuestro hogar en Asturias

Ya caída la noche, subimos de Carreña a Puertas, a descansar un rato en la casa antes de ir al que fue durante 70 años el bar de la localidad, Casa Luisa, hasta su cierre el año pasado, en junio. Cuando fuimos el año pasado en verano aún se conservaba la barra, que este año ya no está. Sus propietarios son también los de las casas rurales donde llevamos alojándonos más de una década. Aquí cenamos el miércoles y aquí cenamos este jueves, compartiendo mesa con la familia de Puertas y echando de vez en cuando un vistazo al partido entre Japón y España. Nos costó enterarnos de que España no estaba eliminada a pesar de la derrota. La cena, como siempre, palabras mayores, con mención especial al arroz con leche. Pronto nos acostamos y pronto nos hemos levantado hoy viernes, para dar un breve paseo por el camino que va hacia Asiegu. Hacía una mañana fresca pero sin una sola nube. Poco después de las diez nos hemos despedido para seguir ruta, ahora costera.

6. Los Bufones de Pría, sin agua pero bufando con potencia

La época buena para visitar los Bufones de Pría es esta, el invierno. Hoy, de puro bueno, el día no ha acompañado. Aun así, nos advirtieron de que solo el paisaje ya merecía la pena. Y así ha sido. Hemos aparcado en Llames de Pría y hemos caminado hacia este paraje de los Bufones: agujeros de varios tamaños por los cuales, en días de viento y con la mar alta, salen grandes chorros de agua. Hemos calculado para llegar en pleamar, pero no ha habido chorros. A cambio, nos han impresionado los bufidos en sí que salen por agujeros minúsculos, ruidos que casi llegan a asustar si pasas junto a uno de esos agujeros justo cuando se producen los bufidos.

7. Llanes siempre merece una parada

Todos conocíamos Llanes pero todos hemos convenido en que no pasaba nada por volver a visitar una de las grandes poblaciones del Oriente asturiano, tan monumental y marinera. Hemos aparcado junto al puerto y nos hemos dado el clásico paseo hasta el final de los Cubos de Ibarrola, mientras bandadas de gaviotas se aprovechaban de los restos que pescadores lanzaban al mar. Cerca del puerto hemos comido, antes de montarnos en el coche para buscar nuestro último destino del viaje.

8. Cobijeru, una cueva junto al mar cerca de Buelna

En el bar de Llames de Pría donde hemos tomado algo hemos pedido una recomendación para visitar un nuevo lugar. La camarera nos ha propuesto la playa de Cobijeru, junto al pueblo de Buelna, antes de llegar a La Franca según el recorrido que llevábamos nosotros. Hemos aparcado junto a una gran casa señorial en Buelna y hemos dado un paseo de unos quince minutos hacia Cobijeru. Si en los Bufones de Pría necesitábamos la mar alta, aquí la necesitábamos baja, para poder entrar a una cueva que del otro modo no sería accesible. Ya solo el paisaje merece de nuevo la pena. Nos hemos hecho un poco de lío y no todos hemos visto la cueva que buscábamos, pero ya la veremos a la próxima. Hay ciertas cosas para las que no hemos tenido tiempo que requerirán una inminente visita.

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Cap. 296. 5-11-2022

Siete joyas de 500.000 litros, mucha pintura, gran imaginación y mucho arte

En el año 2016, la dirección de la bodega Solar de Samaniego (Laguardia, Álava) decidió dar un importante giro a su enfoque empresarial, empezando por la modernización de sus instalaciones. En ellas, había siete impresionantes depósitos de 13 metros de altura con una capacidad cada uno de ellos de 500.000 litros.

Dentro de esa estrategia de modernización, se planteó la posibilidad de derribar esos siete catedralicios depósitos para conseguir un importante aumento de espacio. De pronto, la dirección artística de la bodega, tan importante en los últimos años (etiquetas de Elena Odriozola, frescos de Diego Sainz García, proyecto Beber Entre Líneas…), pidió que no entraran las mazas ni las máquinas.

Vio en esos siete depósitos un inigualable lienzo para colocar siete inmensas pinturas. La bodega buscó muralistas naturalistas en España y, al no existir o no encontrarlos, recurrieron a uno de los grandes del mundo: el australiano Guido Van Helten.

En apenas cinco semanas, valiéndose de una grúa, de varios pinceles y litros de pintura blanca y negra, y de las fotografías que llevaba en su móvil, Van Helten creó esta gran obra maestra bautizada casi desde su inicio como la Catedral del Vino.

En la visita guiada que hemos repetido hoy, se cuenta la anécdota de que, después de retratar a varios empleados de la bodega en estos depósitos (la guía de hoy entre ellos), quedaba todavía uno completamente con su antiguo aspecto de hormigón. Como explica Van Helten en el breve vídeo que se puede ver en la visita, él no piensa nada de lo que va a crear hasta que no llega al espacio para el que ha sido contratado.

A falta de dos días y sin una idea que le convenciera, bajó a buscar la inspiración a las conocidas calles de Logroño (Laurel, San Juan…). Allí vio a una camarera que, sin ella saberlo, se convertiría en una gran pintura mural a una quincena de kilómetros de Logroño. La fotografió para tomarla como modelo y, en dos jornadas de trabajo de diez y ocho horas, Van Helten consiguió terminar su primera obra en España. Esta camarera no fue hasta el año pasado a ver cómo quedaba su rostro en el depósito.

Este sábado hemos regresado a la localidad alavesa de Laguardia en viaje familiar. Hemos hecho una vez más la visita guiada a Solar de Samaniego, en la que se conocen la historia y la elaboración de los caldos de esta bodega de la Denominación de Origen Cualificada La Rioja y se prueban tres vinos, antes de la comida en el renovado y luminoso salón con paté de campaña, crema de espárragos, alubias, abundante carne a la brasa de sarmiento y arroz con leche.

Entremedias, hemos dado un paseo por Laguardia, miembro de la Asociación de los Pueblos más Bonitos de España, que lucía hoy como tantos días del año, sobre todo en fin de semana: repleto de turistas atraídos por el mundo del vino y por la belleza de este pueblo.

Ibón de Baños de Panticosa
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Cap. 295. 20/25-10-2022

Maravillas otoñales en el Valle de Tena

No seré yo el que venga, a estas alturas, a descubrir las maravillas del pirenaico y aragonés Valle de Tena, pero sí he sido el que ha venido a conocerlas, disfrutarlas y contarlas.

Jueves 20

Como vengo con tiempo, día largo de aproximación para disfrutar de Zaragoza. Más que de Zaragoza, del almuerzo con Virginia y la comida con Dani. Después de comer, y después de entrar a la Basílica de la Virgen del Pilar, nos separamos los que nos habíamos juntado en Soria: Luis para Delicias, yo para el Valle de Tena. Mi campo base en estos días es el Refugio Casa de Piedra, en Baños de Panticosa, un lugar precioso, tanto el refugio en sí como el emplazamiento. Llego casi de noche y medio lloviendo, solo me da tiempo a intuir la grandeza de este paisaje tan vertical, veo varias cascadas a ambos lados.

Viernes 21

Primer día completo. Me levanto y doy un paseo por Baños de Panticosa. Rodeo el ibón y conozco la iglesia y el gran complejo hotelero. Por una pasarela veo decenas de personas con albornoz que van a tomar sus baños termales. Es un fin de semana lluvioso y en temporada baja, así que hay mucha más gente en el balneario que en el refugio montañero.

Después de este breve paseo, me acerco hasta el Parque Faunístico Lacuniacha. Aparco justo al lado de otro coche que tiene el Caballito de Soria pegado detrás. Lo que cundimos… (las patatas fritas del refugio son las Martirelo de Añavieja). Dudo si entrar o no, pero está todo el rato amenazando con llover y desisto. Me he acercado, en parte, porque en el refugio me han recomendado la visita solo por el camino. En este parque hay una quincena de grandes mamíferos europeos en régimen de semilibertad, no es un zoológico en el que el visionado de los animales está garantizado.

Regreso a Piedrafita de Jaca a partir la mañana con un café. En ese momento, el tiempo parece sosegarse, lo que aprovecho para dar una caminata hasta el Hayedo de Betato. Cómo está de bonito, ahora tan otoñal. Si hubiera andado media hora más, habría llegado a mi siguiente destino, Tramacastilla de Tena, pero habría tenido que volver después a por el coche.

Así que me doy la vuelta en el hayedo y, en Piedrafita de nuevo, entro a su Centro de Interpretación de la Brujería en el Alto Gállego, que antes estaba cerrado. La brujería y su persecución durante siglos ha dejado interesantísimas huellas culturales en esta zona. El Centro de Interpretación abrió el año pasado.

Siguiente destino, el avisado: Tramacastilla de Tena, primero para subir hasta el mirador de Santa Marina y después para degustar una espectacular comida en Casa Blasco. Aunque no es temporada alta, toda esta zona es muy turística, con lo que es posible encontrar muchos establecimientos cerrados y algunos otros abiertos.

Eso es lo que ha sucedido en mi siguiente parada, a solo un kilómetro de Tramacastilla: Sandiniés, del que había leído que es uno de los pueblos más bonitos de este Valle de Tena y cuyo bar sí estaba dando servicio. En los pueblos que he ido visitando se conserva el estilo pirenaico y oscuro de todas las construcciones, debido a las pizarras. Pero siempre hay diferencias entre las casas modernas y las antiguas, varias de las cuales se pueden ver en Sandiniés.

Y allí ha terminado mi vida al aire libre por este viernes, por decisión de la lluvia. El embalse de Búbal está al 5% y el de Lanuza al 17%, así que no seré yo el que venga a quejarse por la llegada de las aguas.

Sábado 22

Hoy sábado es, a priori, el único día que no va a llover de mi estancia en el Valle de Tena. Por eso, y aunque a las 8.00 de la mañana sí que llovía, como ha parado pronto he ido hasta Panticosa para conocer sus pasarelas, nueva atracción turística situada en las verticalísimas paredes que bordean el río Caldarés.

Es una excursión con dos protagonistas: la naturaleza y la historia. Lo de la naturaleza no hay que explicarlo mucho, pues las vistas desde todos los puntos, sobre todo desde el mirador de O Calvé, son impresionantes. La historia se manifiesta en dos pequeñas construcciones con un par de oberturas cada una (al menos en la que he entrado) apuntando hacia el norte. ¿Qué son? Nada menos que dos de los cientos de búnkeres y similares, tan desconocidos, construidos a partir del comienzo de los años 40 del siglo pasado, nada más acabar la Guerra Civil. Todas ellas forman la llamada Línea P, la línea defensiva de los Pirineos que apenas tuvo uso militar verdadero. Merece una entrada más extensa otro día.

En Panticosa me he dado un breve paseo para conocer el pueblo antes de dirigirme a la otra gran localidad del valle, Sallent de Gállego, con su icónica postal debajo del Foratata. Allí he intentado en vano contactar con el soriano propietario de una vermutería, al que intentaré visitar cuando se pueda subir a ese Foratata y a otras montañas de la zona.

Pronto, a las 13.30, habíamos quedado allí con otros sorianos, Verónica, Iván y familia, para darnos un bonito homenaje gastronómico en el Casa Marton. Por si éramos pocos de nuestra provincia en un pueblo de la provincia de Huesca (el que dicen que es el que tiene más bares por habitantes de toda España), todavía nos hemos encontrado con otra pareja justo antes de comer.

Después de ese homenaje, lo único que apetecía era dar un paseo por Sallent, para ir a la parte alta a estar un poco más cerca de las montañas, para visitar más rincones de esta bonita localidad y para conocer la curiosa historia del gigante de Sallent, Fermín Arrudi, que también merece entrada propia. Aunque no es temporada alta, el hecho de que sea sábado y la pequeña tregua del tiempo han facilitado que hubiera buen ambiente en Sallent. Entiendo que cuando empiece a nevar estará todo multiplicado por diez para disfrutar de las pistas de esquí de Formigal y Panticosa.

Y nada más. Después del paseo, regreso al refugio Casa de Piedra, para disfrutar una vez más de la revirada carretera a cuyo final se encuentra. Hoy, con menos nubosidad, se veían mejor las abundantes cascadas a los lados y la explosión cromática del otoño. Pronto a cenar y pronto a descansar.

Domingo 23

Termina la semana y mi viaje por la cordillera pirenaica continúa. La jornada de hoy se ha centrado en dos lugares: Biescas y Baños de Panticosa. En Biescas, una de las grandes poblaciones del Pirineo aragonés, se celebraba este fin de semana la Feria de Otoño. El recinto ferial abría a las 10.00 pero no tenía intención de llegar tan pronto.

Por ese motivo, en vez de ir por la carretera principal, he ido por la que sale de Pueyo de Jaca hacia Hoz de Jaca, para cruzar después por la presa de Búbal. La distancia es casi la misma, no así el tiempo, dadas las estrechuras y las curvas necesarias para salvar el puerto de Hoz de Jaca. El pueblo está en lo mismo alto del puerto.

Poco antes de llegar a él, he parado para ver la infraestructura de la gran tirolina montada hace escasos años, entonces conocida como la más larga de Europa aunque ahora ya han debido superarla sin salir del Pirineo de Aragón (Fiscal). La borrasca Beatrice, de cuya existencia me he enterado hoy en la radio, se notaba de sobra en la tirolina, con un viento fortísimo y algo de lluvia. Por supuesto, no estaba operativa.

Le he hecho una breve visita (la tirolina cruza el embalse de Búbal a gran velocidad) y he continuado hacia Biescas. Allí, como ya me habían advertido, se juntarían hoy, quizás, unos pocos miles de personas. A las 11.00 ya había bastantes coches en el aparcamiento habilitado, pero ni una sexta parte de los que me he encontrado a mi regreso un par de horas después o algo más.

Esta Feria de Otoño es, en primer lugar, una feria de ganado, con magníficos ejemplares pirenaicos de ovino, caprino, ovino y bovino. Pero, por lo que he visto, es mucho más, desde maquinaria y coches hasta los elementos habituales de las ferias como artesanía, gastronomía, bares… Esta mañana no faltaban ni los célebres Titiriteros de Binéfar.

Después de comprar algo de pan y queso para comer, he visitado algo de Biescas como sus casas colgantes. Ya con el coche, me he acercado a conocer el Parque Memorial de la trágica desgracia del 7 de agosto de 1996, cuando una impresionante tormenta provocó la muerte de 87 personas que se alojaban en el camping de Las Nieves.

Otra vez con el vehículo, y a muy poca distancia de Biescas, se encuentra Santa Elena. Hay un fuerte y una ermita que no he visitado, además de impresionantes y preciosas montañas como una que me ha llamado mucho la atención, una de las agujas de Lasieso. Todo ello no lo he visitado. Lo que sí he conocido son el dolmen del Neolítico y, de nuevo, unos vestigios de aquella Línea P (Línea Pirineos) para defender España por el norte terrestre. Esta construcción es muy diferente a la que conocí ayer en las Pasarelas de Panticosa, con varios disparaderos al pie de una gran roca.

Tanto me ha gustado el camino de ida que he regresado también por él, esta vez con parada en Hoz de Jaca.

De ahí, otro de los momentos estrellas del viaje: tomar los baños en el Balneario de Panticosa. Las aguas termales de este lugar a 1.630 metros de altitud son conocidas desde hace un par de miles de años y explotadas desde hace más de 300, aunque el gran complejo actual, con sus subidas y bajadas en los gustos sociales, es más reciente, del siglo XIX.

No es necesario estar alojado en él para disfrutar de las ventajas de la piscina al aire libre, los contrastes de agua fría y agua caliente, la llamada piscina de la Tranquilidad, la gran piscina de chorros bajo techo, las piedras calientes, el pediluvio, la sala vaporizada, la sauna o el iglú. En teoría, la duración del circuito es de 75 minutos.

Aquí, en Baños de Panticosa, está este inmenso balneario, con algunos centenares de plazas, y este refugio Casa de Piedra en el que me alojo, con 68. Además de instalaciones para deportes de invierno, ahora cerradas a la espera de que nieve, hay al menos dos grandes edificaciones que se empezaron a construir y nunca se pusieron en funcionamiento: una especie de urbanización y un Centro de Alto Rendimiento para aprovechar la altura. Por aquí se ven ambas ruinas, encajadas entre grandes montañas. También hay una gran embotelladora de agua que cerró hace alrededor de una década al dejar de ser rentable.

Lunes 24

Después de unos días sin abandonar este Valle de Tena en el que me alojo, hoy sí que he salido de él, de Aragón y de España. Desde aquí, ello no reviste ninguna dificultad, pues el Alto Gállego limita al norte con Francia, con el Bearn, y tres de sus lugares son los que he visitado este lunes, además de los preciosos caminos asfaltados que los unen, llenos de ganado, quesos, verdes laderas, cascadas, pueblitos, presas…

Nada más desayunar en mi hogar de la Casa de Piedra, he partido hacia el Norte. En algo más de una hora he llegado a Laruns, lugar elegido para mi primera estirada de piernas. Los forofos del ciclismo seguramente están diciendo “Laruns, el lugar donde empieza el Aubisque…”. Y dicen bien, pues en esta zona se encuentran algunos de los colosos puertos pirenaicos del Tour como este Aubisque, el Soulor o la Marie Blanque. En mi próxima visita al lugar subiré a alguno de ellos, ya veré cómo, pero muy probablemente en coche.

De Laruns, el siguiente destino ha sido la ciudad de Pau, capital de los Pirineos Atlánticos. Allí, a mitad de camino de ambos, he quedado con Vanessa para esta excursión por tierras francesas. Pau, bañada por el Gave de Pau, se encuentra a menos de 200 metros sobre el nivel del mar. Ello, y el cambio de tiempo respecto a los últimos días, ha elevado las temperaturas hasta cerca de los 25 grados. Manga corta para no sufrir.

Aunque el día no estaba del todo despejado, sí había muchas menos nubes que en los anteriores, así que hemos comprendido con claridad por qué el gran bulevar que cierra Pau por el Sur se llama el Bulevar de los Pirineos. La parte peatonal y el casco histórico se visitan en un paseo no muy largo, así que hemos aprovechado para conocer el Castillo, el Palacio Beaumont y para bajar, en ascensor, a la parte inferior de la ciudad. Para subir hemos utilizado el funicular, una instalación de más de un siglo de antigüedad, que sale cada tres minutos y que es gratuita.

Hemos comido en Pau pero hemos perdonado el café para tomárnoslo en el tercer destino de la jornada: Oloron-Sainte-Marie. Es una localidad muy bonita, condición que comparte con otros cuantos cientos de pueblos de toda Francia. No es por ello solo, por tanto, por lo que acuden tantos visitantes a Oloron.

Allí se encuentra también una de las fábricas de la célebre marca suiza de chocolates Lindt, así como una gran tienda. Pierde uno la noción de los cientos de kilos de chocolate que puede haber allí, tanto a granel como en cajas bien preparadas. Esa fábrica ha sido la motivadora de nuestra escapada a Oloron, además del café…

Tras la despedida, regreso hacia Baños de Panticosa, para quedarme de nuevo con la boca abierto con los mismos paisajes de la ida, los del Valle de Ossau. De hecho, en este camino de vuelta se veía con claridad la imponente silueta del Midi d’Ossau, una de las montañas más famosas de los Pirineos, y quizás la más famosa de las que no alcanzan los 3.000 metros. En Portalet, a casi 1.800 metros y donde Francia y España se unen, he hecho otra parada para comprobar que no era posible estar en manga corta alegremente, pero que no hacía el frío de los días anteriores. Aún me ha dado a anotar mentalmente alguna otra montaña, algún otro no-tresmil, para incursiones posteriores en la comarca.

Martes 25

Despedida de este miniviaje o maxiviaje pirenaico de seis días. Ha sido, por tanto, la última noche en el Refugio Casa de Piedra de Baños de Panticosa, al que habré de regresar con ropa de montaña. Pronto he salido hacia Soria, con una sola parada en mente, la del desconocido para mí castillo de Loarre.

He llegado a él a la vez que un autobús con turistas. Había otro autobús aparcado y varios coches, no está mal para ser un martes de finales de octubre. Se comprende cuando se ve la grandeza de esta edificación, tan bien construida, ubicada y conservada.

Como ya tenía focalizado llegar a comer a Valdeavellano de Tera, solo he paseado por fuera y he entrado a dar un vistazo al centro de recepción. Otro día, quizás, con más tiempo, regresaré para visitar este castillo y los aguarales de Valpalmas, cuya existencia ignoraba y por los que también he pasado hoy cerca en este viaje por estrechas carreteras. Solo he parado en Valareña, poco después de Ejea de los Caballeros, igual que en 2018.

El lavadero de la calle Mar de Kara. De la web Qué ver en Hortaleza
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Cap. 294. 15/16-9-2022. En mi pueblo hay cuatro lavaderos y en Madrid, uno

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Del mismo modo que uno no espera encontrar en un pueblo soriano de 20 habitantes un barrio de rascacielos, una catedral como la de Colonia o un edificio ministerial, tampoco uno espera encontrarse en una ciudad de varios millones de habitantes un desvencijado potro de herrar, una fragua rehabilitada y reconvertida en centro vecinal o un lavadero de los de hincar la rodilla y frotar.

En mi pueblo, en Valdeavellano de Tera, por ejemplo, hay cuatro lavaderos (VER FOTOS). En Madrid…

Rebobinamos.

He pasado un par de días en Madrid, algo que es medio habitual. Como no iba a tener la oportunidad de darme el típico paseo por el centro para intentar descubrir algo, me propuse intentarlo en mi barrio, en Hortaleza, sabedor de que no iba a resultar sencillo.

Así que, antes de ir a la capital, puse en Google algo así como «turismo Hortaleza» o «qué visitar en Hortaleza». De pronto, me llevé una gran alegría. En varios periódicos digitales madrileños encontré una noticia de este mismo año, del mes de febrero, en la que hacían referencia a la recién inaugurada web Qué ver en Hortaleza.

Desde luego, un turista que vaya a pasar una semana en Madrid no va a visitar Hortaleza. Sin embargo, para los propios vecinos de este inmenso barrio, o para aquellas personas que vivan en la capital y deseen tener un conocimiento extenso de la misma, me ha parecido interesantísimo saber que la Junta Municipal de Distrito de Hortaleza ha lanzado esta web con 16 puntos de interés en mi barrio de niñez y juventud.

Entre esos 16 puntos (en algún folleto y noticia salen 15, porque no aparece la parroquia de San Pedro Mártir, supongo que la web la pueden ir ampliando), me llamaron la atención sobre todo dos por la cercanía con mi casa y porque no sabía que existían.

Primero, la antigua noria y las eras de trillar, situadas entre las calles Arzúa y Azagra, todo ello del siglo XVIII. De la noria, apenas se ve nada, incluso quien viva allí quizá no sepa ni lo que es esa pequeña construcción. De las eras, ahora un aparcamiento, es posible que pasen desapercibidas para quien desconozca lo que son, pero sí están muy bien conservadas.

Más allá de que no se trate de una construcción espectacular, sí permite adivinar el pasado no tan lejano de Hortaleza como pueblo-pueblo de carácter agrícola. En mi niñez, todavía recuerdo que era medio habitual oír decir a bastantes personas que se «iban a Madrid» cuando se montaban en los autobuses. De hecho, Wikipedia dice literalmente esto: «En todo este término se podían encontrar cultivos de cereales, viñedos de uva garnacha, huertas con frutales (…). Es en los años 1990 cuando el distrito pierde definitivamente su paisaje rural…». Añado yo que en aquella época era habitual ir a coger setas o a cazar conejos en un breve paseo de minutos desde casa. Vamos, que no estamos hablando de la Edad de Piedra. El municipio como tal de Hortaleza desapareció, para unirse con el de Madrid, en 1950.

El segundo atractivo de Hortaleza que me llamó la atención en su nueva web, el primero en importancia para mí, es el antiguo lavadero. Ni por lo más remoto había imaginado que en la ciudad de Madrid podría encontrarme un lavadero como los que hay cientos por todos los pueblos de Soria, ni mucho menos que se encontraba a apenas 800 metros de mi casa, en la calle Mar de Kara.

Así que para allá nos fuimos este jueves mis padres y yo con intención de verlo por dentro. No hubo suerte. Estaba cerrado a cal y canto. Un vecino nos dijo que así está casi siempre, aunque de vez en cuando sí ve que lo abren y lo visitan. Como se ve en las imágenes, el estado de conservación es casi óptimo, así que no creo que tarden en ubicar allí  una sala de exposiciones o cualquier cosa por el estilo.

En este apartado sobre el antiguo lavadero, se puede leer que en el antiguo pueblo de Hortaleza había dos, que cerraron por mal estado a finales del siglo XIX. Seguía haciendo falta uno, y el nuevo, el todavía conservado, se inauguró el 25 de octubre de 1931. Estuvo funcionando hasta la década de los 70, cuando ese ingenio denominado lavadora cambió radicalmente la vida de millones y millones de personas en todo el mundo.

Eras de trillar
El lavadero, por fuera
Restos de la noria
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Cap. 293. 5/10-8-2022. Seis días familiares en Cambados, Rías Bajas, Galicia

Hoy, 10 de agosto, finalizan seis días en familia en, palabras mayores, Galicia. Como Galicia es muy grande, nos hemos circunscrito a las Rías Bajas y, dentro de las Rías Bajas, a la de Arosa. Por terminar de hacer la primera concreción, hemos utilizado como base de operaciones Corvillón, una de las parroquias de Cambados. En el mismo hotel que mis padres utilizan de centro de operaciones desde hace 30 años, Casa Rosita, nos hemos hospedado esta vez. Desde allí hemos realizado algunas excursiones no muy largas casi a diario y hemos cumplido varias visitas a los amigos que mis padres han ido haciendo con los años. Aquí va, a modo de recordatorio, lo que hemos hecho estos días.

Viernes 5 de agosto

Tres días después de mis padres, salimos la rama más joven de la familia. Salimos a las cinco y poco de la mañana y, tras una parada para almorzar en Orense, llegamos sin problemas para comer a Casa Rosita. La tarde, como todas menos creo que una, la dedicamos a sestear ligeramente y a bañarnos en la piscina del hotel. Después, primera visita y primera excursión. Vamos hacia Villanueva de Arosa para conocer los Viveros Agrogrande de Cristina y Juan y el pueblo en sí. Vamos al pueblo y damos un paseo hasta la escultura dedicada al hijo más famoso de Villanueva, Ramón María del Valle Inclán. Cerca, una pasarela une el pueblo con la playa de El Terrón. A la noche, unos van al concierto de Amaia Romero a Cambados, con motivo de la Feria del Albariño, y otros a dormir.

Sábado 6 de agosto

Por la mañana, nuevo paseo en coche hasta una localidad muy cercana: Villagarcía de Arosa, donde no hay mucha gente en la playa y eso que es el día más caluroso y soleado (y tampoco tanto) que nos encontramos. Aparcamos justo en la entrada de la Playa de Compostela, ya en Carril, continuación de la Playa de la Concha en Villagarcía. Tras el paseo por el mercadillo y la visita ‘equivocada’ al privado Parque Compostela, nueva caminata con calor por todo este paseo marítimo de Carril, parroquia famosa por sus almejas dentro del paraíso del marisco que es Galicia. Volvemos andando al coche por el paseo Rosalía de Castro, poeta recordada en centenares de lugares gallegos. Enfrente de nosotros se ve la zona norte de la ría de Arosa, la península del Barbanza, en la provincia de La Coruña, con un incendio de más de 2.000 hectáreas en las cercanías de Boiro.

A la tarde, después de la hora y media en la generosísima mesa de Casa Rosita (entrante, primero, marisco, segundo y postre-filloa, así cada día), del café diario en el bar Capri de Marta, Clara y compañía, de la siesta y del baño, hacemos una escapada a la Feria del Albariño de Cambados. Es sábado, agosto y estamos en una festividad de interés turístico internacional. Por tanto, miles de personas, sobre todo más bien jóvenes, disfrutan de las casetas con su copa colgada al cuello. Cambados lleva 70 años festejando a su mundialmente famoso vino blanco. Finalizamos la visita con una vuelta por las ferias antes de volver a casa.

Domingo 7 de agosto

Después del también abundante desayuno en el hotel, elegimos la Isla de Arosa para pasar la mañana. Vamos a las preciosas y pequeñas playas del Parque Natural de Carreirón. Hay niebla y la temperatura no es muy alta todavía. Casi nadie se baña en el Atlántico pero sí hay bastante gente. En el regreso en coche, visitamos sin detenernos el pueblo en sí de la Isla de Arosa, pues esta isla es también un municipio con ese mismo nombre.

Las cuatro-cinco horas del mediodía transcurren igual casi a diario: vermú en el Capri, larga comida, café en el mismo lugar del vermú, habitación y piscina. Anochece casi a las diez, así que en ese sentido tampoco corre la prisa. Hoy, en dos coches, nos dirigimos de nuevo a la Isla de Arosa, al pueblo, para cenar en el Triskel con Juan, Cristina, Sergio, Christian, Lúa y Marta. Como casi siempre en Galicia, impresionante. De camino hacia la Isla, los del coche 1 hemos visitado el bonito Mirador de Lobeira, con unas vistas espectaculares que hoy no son completas de 360 grados como consecuencia de la niebla.

Al menos, hemos subido una pequeña montaña y entrado en una cueva más pequeña aún para llegar con hambre a la cena, después de ver un precioso atardecer sobre el mar. De regreso, ya a medianoche, llegamos de chiripa al borde de ese mismo mar para ver los últimos coletazos de los fuegos artificiales que ponen fin a la Feria del Albariño, abarrotada una vez más.

Lunes 8 de agosto

La noche del domingo y el lunes completo son los únicos días en los que Casa Rosita cierra su restaurante, con lo que no podemos disfrutar de la pensión completa y hemos de buscar otras alternativas, algo que apenas reviste dificultad. Nos separamos de nuevo en dos grupos. Empezamos visitando la Torre de San Sadurniño, antiquísimos restos que son un símbolo de Cambados y de su defensa contra los pueblos del norte de Europa.

Desde allí, visita a dos de los lugares más famosos de esta zona de la ría de Arosa. Primero, a la celebérrima y tan bonita y bien presentada Isla de La Toja, donde de nuevo nos juntamos los seis. Visitamos el Museo, hacemos alguna compra, y entramos en la preciosa capilla de San Caralampio, conocida sobre todo por estar forrada completamente de conchas de vieira.

De La Toja, todavía más bien temprano porque no somos enemigos de madrugar, vamos hacia otro de los lugares fundamentales de esta comarca de Salnés, comarca de la provincia de Pontevedra de la que no hemos salido durante toda nuestra estancia. Ese lugar es la inmensa playa de La Lanzada. Empezamos visitando la ermita junto al mar, que nos encontramos cerrada por apenas unos minutos, y la concluimos dándonos un paseo nublado por la contigua playa de Espiñeiro, donde numerosos jóvenes aprenden los secretos del surf con algunas de las escuelas aquí ubicadas. 

Como hoy no tenemos la comida en casa, elegimos otro lugar que conocen bien mis padres, O Muino da Chanca, en Dena, en el concello de Meaño, donde intentamos comer más suave y lo conseguimos a medias, a base de raciones. Desde ahí, antes de volver al hotel, hacemos la última parada semiturística del día, para conocer la subasta de la Lonja de Cambados. Habíamos estado por la mañana y nos habían dicho que la subasta del marisco era a las cuatro y la del pescado a las seis, así que hemos visto cómo iban vendiéndose las almejas finas, las babosas, las japónicas, los berberechos, las navajas… mientras los pulpos, las rayas y demás esperaban para ser subastados un par de horas después.

Tras el paso por la habitación y por nuestra otra sede diaria, toca fiesta. Son las fiestas de la parroquia de Corvillón, y nos acercamos hasta la Campa da Festa. En el mismo escenario donde luego tocará la orquesta se celebra la misa, aprovechando la buena tarde. Hay niñas vestidas de comunión, gaiteros y varios hinchables y otros juegos. Allí quedamos con Vicente y Genoveva, en cuya casa tomamos algo antes de volver a cenar al Capri y acostarnos.

Martes 9 de agosto

Aunque había estado ya dos o tres veces en los días previos en Cambados (además de que ya lo conocía de otras estancias y visitas anteriores en Casa Rosita, aunque hacía años), realmente me faltaba todavía darme una vuelta por su lugar más famoso, el Pazo de Fefiñanes. Así que me he acercado bien pronto esta mañana para darme una vuelta por el centro: Fefiñanes, la Calzada, el mar, Asorey, el mercado, Ramón Cabanillas… 

Pronto estoy de vuelta en el hotel, donde de nuevo nos dividimos. Uno de los dos grupos regresamos a Villanueva de Arosa para despedirnos de Cristina y Juan en su vivero y en su tienda, y para ver las obras de arte que Juan ha realizado y que se conservan en el salón parroquial de Caleiro: una reproducción de la iglesia de la parroquia y un cuadro de San Isidro elaborado a base de granos.

Por la tarde, visitamos el Estero da Seca, un estuario situado a un centenar de metros de Casa Rosita, así que al lado de casa disfrutamos de abundante fauna avícola, del Camino del Padre Sarmiento (una de las ramificaciones del Camino de Santiago), del Molino de Mareas y, de nuevo, del ambiente de la fiesta de Corvillón.

Se acercan las últimas despedidas: tomamos algo de nuevo con Vicente y Genoveva cerca del hotel, y regresamos al Capri para decirles hasta la próxima a sus propietarias. Disfrutamos de nuestra última supercena en Casa Rosita, sin privarnos de nada una vez más para cerrar un ciclo de cinco noches en esta inigualable y tan especial tierra que es Galicia, en la que ha sido la primera visita de la pequeña de la familia. También le ha encantado.

Miércoles 10 de agosto

Los más veteranos del grupo nos hemos levantado poco después de las seis de la mañana para regresar a Valdeavellano de Tera, después de detenernos en Becerreá y Astorga para comprar carne y cecina, en Navaleno para comer, y en Abejar para tomar café. Ya estamos de nuevo en el hogar soriano, recordando el calor que habíamos conseguido olvidar en nuestra familiar estancia gallega.

Restaurante Padilla 54
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Cap. 292. 4/6-6-2022. Soria en Madrid: atletismo doble, escritores, pinturas y un restaurante

Hola a todos de nuevo. Mi periplo viajero por el mundo me ha llevado de nuevo al primer lugar que visité, a Madrid. En la capital del reino he permanecido tres días en los que, temas familiares aparte, los principales protagonistas han sido el atletismo (doble ración), unas pinturas y un restaurante.

El sábado, después de vivir el Desencajonamiento de Soria en la plaza de toros y en Valonsadero, fuimos en coche con Luis Ángel hasta Madrid, más concretamente hasta Carabanchel. Allí, nos juntamos con el resto del equipo de Deporama que se encargaba de todo el montaje y desmontaje del circuito de la Media Maratón que se corría el día siguiente.

Por si alguien no lo sabe, esta empresa soriana, además de los eventos en los que participa en Soria (muchas carreras, jornadas, fiestas de pueblos…), organiza también la infraestructura de carreras por toda España, fundamentalmente de triatlón, duatlón y atletismo. Impresionante el trabajo que lleva e impresionantes los resultados, y eso que esta Media Maratón de Carabanchel no es una de las pruebas más fuertes que montan.

Con el equipo de Deporama, después de terminar de hacer todo el trabajo, cenamos muy bien en un restaurante paraguayo y nos fuimos a dormir, menos de lo que recomiendan todos los estudios (ellos) pero es que al día siguiente había que terminar de montar todo el circuito, la meta, la postmeta, la salida… vallas, vallas, vallas, conos, conos, conos, bridas, bridas, bridas…

El domingo por la mañana, la carrera en sí. La razón de nuestra presencia era ver la actuación de Daniel Mateo, el olímpico en Tokio-Sapporo y que está preparándose para el Campeonato de Europa de Munich en agosto. El soriano jamás olvidará esta carrera de Carabanchel. Poco antes del kilómetro 10, sufrió el atropello de un coche, por fortuna leve, aunque podía haber sido mucho peor.

Un conductor se saltó la señalización y le golpeó, tirándole al suelo y destrozándole las dos zapatillas Nike. Por suerte, pudo levantarse y continuar, para terminar segundo. Según contó el día siguiente en redes sociales, se despertó sin secuelas del golpe y del sobreesfuerzo de terminar una carrera después de haber sufrido ese susto. A olvidarlo cuanto antes.

Desde Carabanchel, vía Metro, visita a la Feria del Libro del Retiro, como casi siempre que me coincide una visita a Madrid durante su celebración. Es domingo y hace un tiempo inmejorable. Quizás en hora y media me crucé con 10.000 visitantes y 300 escritores firmando sus obras.

En las fotos seguramente conoceréis a alguno como Miguel Bosé, Ángel Martín, Rosa Díez, el trío Carmen Mola, Antonio Muñoz Molina, Carlos del Amor, Jaime Peñafiel, o a los sorianos Abel Hernández y Jesús Cintora. Desde ahí, a comer justo al lado del Retiro y al hogar de Moratalaz.

El lunes, mientras unos se iban a trabajar y otros al colegio, yo me calzaba las zapatillas para volver al centro de Madrid. Esta vez, al Museo del Prado. Como la Providencia ha dictaminado que los periodistas entremos gratis a este museo y a tantos otros, da menos pereza ir cuando se tiene poco tiempo.

En la colosal pinacoteca madrileña me entretuve poco más de una hora, para tomar un café, para ver dos de sus exposiciones temporales (la de Paret y la de los frescos de la romana Capilla Herrera iniciados por Annibale Carracci), y para hacer una visita rápida a las seis pinturas de San Baudelio de Berlanga que se conservan en El Prado, ubicadas en una reproducción de la ermita soriana. Si esta ermita recuperase algún día las pinturas que están distribuidas por Madrid, Nueva York, Boston, Indianápolis, Cincinnati… yo no sé cuántos miles de personas de todo el mundo vendrían a verla. Ya vienen muchas, por cierto.

Mi siguiente parada en Madrid, siempre andando pues hacía calor pero dentro de un orden, fue un restaurante soriano abierto muy recientemente en Madrid: Padilla 54. Gracias a estas visitas a pie, voy conociendo nuevos lugares capitalinos, como por ejemplo esta vez la sorprendente iglesia de los santos Manuel y Benito, tanto por su belleza como por la historia de su construcción.

Volviendo al restaurante, como el propio nombre indica, está en el número 54 de la calle Padilla. Allí, nuestro amigo Julián de Valdeavellano de Tera y su gran equipo se están haciendo poco a poco un hueco gracias a la calidad de su propuesta y a sus precios. Si vais a Madrid, no dejéis de visitarlo.

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Cap. 291. 15/16-5-2022. Shiroqe, el lago de Shkoder y Tirana para decirle adiós a Albania

Domingo 15 de mayo

Lo fuerte del viaje ya está hecho, pero aquí seguimos. Haber seguido las votaciones de Eurovisión no nos ha ayudado a madrugar esta mañana, así que el desayuno estaba en las últimas cuando hemos llegado a él. Recogidos nuestros enseres personales y dispuestos a meterlos en el maletero, vemos que este no abre.

Intentamos arrancar el coche… nada. Por suerte, la eficiencia de uno de los empleados del camping y, sobre todo, las pinzas, nos permiten continuar viaje. Es preferible no dejarse encendidas las luces de un vehículo.

Siguiendo los consejos de la propietaria del camping, nuestro próximo destino es la orilla occidental del lago de Shkoder, el lago más grande de los Balcanes. Allí, el destino más conocido es Shiroqe. Antes de detenernos en él, lo cruzamos hasta casi la frontera de Montenegro, hasta donde termina el asfalto. Este fue un lugar propicio para el contrabando según hemos leído, por lo difusas que son las fronteras tanto terrestres como acuáticas.

De regreso, ya sí, paramos en Shiroqe. El baño es implanteable, pero damos un paseo y, una vez más, comemos a lo grande en un restaurante justo a la orilla del lago.

Se acerca el final del viaje, así que volvemos a la capital Tirana. Habíamos quedado por la tarde en nuestro hotel, el mismo que el primer día, con el dueño de nuestro coche de alquiler. Le entregamos las llaves y nos despedimos del vehículo.

Estamos alojados justo al lado de la gran plaza principal de Tirana, la de Skanderberg, donde justo este domingo termina el Festival de Primavera. Hay varios conciertos de grupos que no conocemos, pero que quizás hayan sonado en los CD’s recopilatorios de música albanesa que llevábamos en el coche y que nos han acompañado a ratos durante estos días.

Igual que ayer en Shkoder, hay muy buen ambiente hoy en Tirana. Tomamos algo en un bar precioso e inmenso al aire libre y nos vamos a cenar a un italiano, de nuevo muy bien. Antes de medianoche concluye nuestra jornada activa.

Lunes 16 de mayo

Estamos en modo fin de viaje. Como volamos por la tarde, aún nos da tiempo a hacer algo. Por la mañana, tras un desayuno tan opíparo que luego nos ha condicionado la comida, caminamos hacia el BunkArt 2. Tirana está repleta de búnkeres, recuerdos de aquella etapa tan larga del comunismo que convirtió a Albania en, quizás, el país más cerrado del mundo en el siglo XX.

Dos de esos búnkeres están musealizados. El 1 está a las afueras, y el 2 a cinco minutos de nuestro hotel, así que vamos a por el 2. En él se explica la historia tan apasionante de este país en el pasado siglo, una historia de la que consiguió desembarazarse a partir de 1991 para empezar a convertirse en el país que es hoy. A gente de cierta edad, Albania todavía le suena a un ignoto país europeo de acceso casi imposible. Todo eso murió hace tiempo.

Desde este BunkArt 2, y tras pasar por una atractiva escultura-laberinto (La Reja) a la que es posible encaramarse, nos hemos dirigido a la Pirámide de Tirana. Este lugar empezó a ser construido a mediados de los años 90 por los hijos del dictador omnipotente Enver Hoxha para rendirle homenaje, pero los trabajos nunca fueron concluidos y esta Pirámide debía de ser un lugar casi tétrico y desangelado en pleno centro de Albania.

También ello cambiará en breve. Como anticipaban los blogs viajeros que había leído, esa Pirámide necesitaba una reforma, y en ello está en la actualidad el Ayuntamiento de Tirana o quien tenga que estar. Por las fotos en la valla que la circunda, la Pirámide se va a convertir en un gran atractivo tanto para los turistas como para los propios habitantes de la ciudad, pero la verdad es que no sé lo que van a hacer. Es más que posible que lo comprobemos sin tardar mucho, aprovechando estos vuelos tan baratos y directos de Wizzair.

En el de regreso estamos ahora precisamente, sobrevolando algún lugar entre Tirana y Madrid, dos capitales europeas que hace 40 años estaban en dos galaxias diferentes y que ahora se encuentran a menos de 200 minutos de avión.

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Cap. 290. 12/14-5-2022. Tres días en la costa de Montenegro: Budva, Sveti Stefan, Kotor

Jueves 12 de mayo

A pesar del título de esta nueva entrada, el día 12 no empezó en el Montenegro balcánico, sino todavía en Albania. Después de la larga y más bien llana marcha del miércoles 11 para ver el Ojo Azul, este jueves nos ha tocado montaña de verdad, la de los desniveles.

Para avanzar con mayor ligereza, hemos calculado una excursión de unas tres horas en las que no fuera necesario el acarreo de mochilas. Hablando con los guías de nuestro albergue, nos recomiendan hacer la excursión más famosa de la zona: el camino que lleva hacia Valbona, regresando antes del collado superior para que no se nos fuera el tiempo.

Han salido 12 kilómetros y 800 metros positivos, desnivel que se salva en solo 8-9 kilómetros, porque el resto es el camino entre nuestro alojamiento y el comienzo o final del Valle del Theth, donde de verdad empieza a subirse. Esta excursión es preciosa, se entiende que sea uno de los destinos preferidos por los turistas de montaña: ascensión, nieve, ríos, bosques cerradísimos, vistas espectaculares… y un bar a algo más de 1.500 metros que es donde hemos decidido darnos la vuelta. En resumen: llevad dinero.

Regresamos al hotel para ducharnos porque el calor ha sido más que interesante, y volvemos a coger nuestro Golf después de darle un día completo de descanso. Hoy le va a tocar cambiar de país y, con él, a todos sus ocupantes, a nosotros cinco (Adrián, José Mari, Óscar, Nacho, Sergio).

El comienzo del camino es tal cual el de antes de ayer, ya que Theth es final, y muy final, de trayecto. En una gasolinera nos toca ir girando a la derecha para enfilar hacia Montenegro, uno de los varios países en los que se desgajó la no tan antigua Yugoslavia, aunque ahora parezca de otra época.

Antes de cambiar de país, paramos a comer en un restaurante que nos había hecho tilín solo por el nombre (Cavaliero) y la ubicación (donde ya no sería mucho más tiempo soportable el hambre). Acierto de verdad, con unos buenos risottos, cabrito al horno y unos increíbles postres entre los que destaca el trilece (tres leches, tradicional en Sudamérica y en Albania por estas peculiaridades que tiene la transferencia de culturas).

En la frontera perdemos una media hora, entre otras cosas sacando una especie de seguro por el que nos cobran 15 euros. Este tramo final es por caminos estrechos rurales. En un momento, uno de ellos nos lo encontramos en obras. Como carecemos de internet por el cambio de país, nos toca tirar de intuición y de preguntas para retomar pronto la trayectoria que habrá de llevarnos a Budva.

Esa trayectoria alcanza el mar por Bar y Petrovac, dejamos Sveti Stefan a la izquierda y bien antes de anochecer llegamos a Budva, el gran destino turístico de playa de Montenegro y uno de los principales de los Balcanes. Nos encontramos mucha gente joven que se nota que están de viaje de fin de curso o algo similar. Nostalgia de los 20 años…

Habíamos buscado un apartamento por internet pero no lo habíamos reservado. Llegamos a él y lo que vemos sí nos convence, así que contratamos el alojamiento para dos noches. Dejamos las cosas en él, nos apañamos un poco y buscamos la Ciudad Vieja de Budva, que se encuentra a unos 20 minutos a pie de donde dormimos.

Esta Ciudad Vieja es realmente bonita, un lugar intramuros ahora repleto de restaurantes y tiendas de recuerdos. Se nos ha hecho tarde, pero no tanto como para que no nos den de cenar en un sitio en el que la especialidad es el pescado. Qué bien estamos comiendo estos días. (Las fotos de abajo son de los días 12 y 13 por la noche)

Viernes 13 de mayo

No tenemos contratado el desayuno, así que nos toca tomarlo a unos 100 metros de casa, bueno, abundante y asequible. Repetiremos mañana. Nuestro primer destino es Sveti Stefan, el lugar más fotogénico y fotografiado de Budva y cercanías, de todo Montenegro y, quizás, de todos los Balcanes.

Esa fotogenia pertenece en realidad a una isla unida al continente por un pequeño puente peatonal. La isla es ahora un complejo turístico vedado a las visitas, así que nos quedamos sin entrar. Nos dicen que en verano, en temporada alta, sí deben de hacer visitas guiadas. La otra manera de conocerla por dentro es alojándose en ella, algo que no va a ser barato.

A cambio, nos pegamos un buen baño en el Adriático, justo al lado de este recinto cerrado de Sveti Stefan (San Esteban), creo que el primer baño marítimo de 2022 para todos nosotros. Muy buena el agua.

Tomamos algo en el bar a pie de playa y, tras pagar el aparcamiento, nos vamos a comer a nuestro segundo destino del día: Kotor. Antigua ciudad veneciana, se entiende la gran cantidad de personas que visitan Kotor.

Ubicada entre el mar y la montaña, la ciudad antigua es también un recinto amurallado de mayor tamaño que el de Budva y, por tanto, con muchos más restaurantes y tiendas de recuerdos.

Compramos algo y comemos en este bonito lugar sombreado, pues si algo nos está acompañando en estos días es el sol y las altas temperaturas. Por suerte, en una farmacia de Tirana habíamos comprado crema solar.

Volvemos al coche y, en vez de desandar lo andado hacia Budva, optamos por circular por la carretera panorámica 3, paralelos a la costa, pues Kotor se encuentra a orillas del final de una estrechísima ría de varios kilómetros. Si no hay prisa, como era el caso, merece la pena desviarse por este lugar para seguir disfrutando de cerca del mar. En el trayecto pasamos por el aeropuerto de la zona, muy activo en estas épocas del año.

Llegamos aún de día a Budva (es la misma hora que en España, así que en Albania y Montenegro amanece y anochece pronto). Algunos optan por darse un baño en el mar, no tan cristalino como en Sveti Stefan, y otros se quedan junto al coche, aparcado un poco regular, lo que evita la intervención de la grúa que sí se lleva algún otro vehículo aparcado junto al nuestro.

Vuelta al apartamento y, de ahí, nuevo paseo hasta la Ciudad Vieja de Budva, para cenar en un chino y para tomar algo en un bar con música en directo antes y después de esa cena. Como era previsible, había más ambiente después.

Sábado 14 de mayo

Dormimos por segunda y, de momento, última vez de nuestras vidas en Montenegro. Como no nos agradó el baño en Budva, y como nos pilla de camino, paramos de nuevo en Sveti Stefan. De ahí, regreso por el mismo lugar que el jueves hasta Bar, donde abandonamos la costa y nos metemos por el interior de Montenegro, de nuevo lleno de carreteras estrechas

Este paso fronterizo está mucho menos concurrido y no tenemos que sacar ningún seguro porque volvemos al país en el que está matriculado el coche, así que apenas nos demoramos unos minutos. En ningún momento ha sido obligatorio el pasaporte para visitar los dos países de este viaje, pero esto es una crónica de lo que hemos vivido nosotros, no el apartado de Recomendaciones del Ministerio de Asuntos Exteriores.

A la hora de la comida llegamos al camping donde íbamos a dormir este sábado. Pero con casi 30 grados y una piscina en mitad del recinto, hemos priorizado el baño al restaurante, donde nos han dado autorización para ir a comer un poco más tarde. Una vez más, gran comida y, como siempre en Albania, barata. Por cierto, en muchos lugares de este país no admiten pagar con tarjeta, así que conviene viajar con lekke (la moneda local) o con euros, que los admiten en casi todos los sitios.

Después, como es fácil de adivinar, tiempo para la siesta, hasta que a las siete de la tarde alguien propone mover. El resto acepta y, aunque nos dicen que está cerrado, probamos a subir al castillo de Rozafa, situado justo encima de nuestro camping. Por suerte, está abierto. Pagamos como podemos con el poco dinero suelto que nos quedaba y disfrutamos de este gran promontorio, con un atardecer espectacular. Mucho mejor ir a esta hora que antes, con todo el calor.

Ya anocheciendo bajamos a Shkoder, a un par de kilómetros de donde estamos. Es una ciudad de unos 135.000 habitantes y es sábado por la tarde-noche. Nos sorprende muy gratamente el ambiente que se respira en las calles principales del centro. Aprovechamos para sacar dinero en efectivo y para hacer una fotografía a la estatua de la Madre Teresa de Calcuta, nacida en Macedonia del Norte pero descendiente de Albania y, más concretamente, de Shkoder.

De vuelta al camping, seguimos en nuestros dispositivos las votaciones de Eurovisión. Nos emplazamos para salir a celebrar en caso de que Chanel sea la vencedora, pero nos tenemos que conformar con un gran tercer puesto por detrás de Ucrania y Reino Unido. A dormir, por tanto.

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Cap. 289. 9/11-5-2022. Los Alpes de Albania, una maravilla ahora más accesible

Leeréis en algunos lugares que uno de los grandes atractivos de Albania son sus montañas, sus altas y empinadísimas montañas, sobre todo las que separan los valles de Theth y Valbona, en la frontera con Montenegro y no lejos de la frontera con Kosovo. Leeréis que esos lugares son una maravilla, y llevan razón.

Es posible que en esos mismos lugares de internet leáis que, para acceder a estos valles, y más concretamente para acceder al impresionante Valle de Theth, es necesario alquilar un coche 4×4 o contratar en alguna de las ciudades cercanas una excursión con este tipo de coches todoterreno para llegar hasta allí. Si leéis eso, es porque son narraciones escritas antes del otoño de 2021.

Como ha pasado con miles de lugares en el mundo con alta potencialidad turística, el Valle de Theth ha pasado de ser un lugar muy inaccesible (incluso de entrada prohibida en los no tan lejanos tiempos del comunismo) a ser un pueblo al que puede llegar cualquier coche con un poco de tranquilidad desde que en septiembre del año pasado terminó de asfaltarse la carretera. Hasta entonces, para llegar hasta aquí era necesario hacer los últimos 15 kilómetros en un todoterreno y con mucha paciencia.

El acceso en invierno decían que era imposible, no sé si a partir de ahora las quitanieves trabajarán para que también el turismo llegue hasta Theth en los meses más fríos del año. Aunque el pueblo no está a gran altura, a unos 800 metros, para llegar hasta él es necesario pasar un puerto a casi 1.800 metros de altitud, a cuyas orillas todavía nos hemos encontrado mucha nieve.

Lunes 9 de mayo

Este lunes 9 de mayo salimos de Soria hacia el aeropuerto de Barajas, desde donde salía nuestro vuelo de Wizzair hacia Tirana a las 21.30. Ahora hay vuelos directos Madrid-Tirana los lunes y los viernes con esta compañía húngara. El vuelo se retrasó hasta casi las 22.30. Además, en Tirana cogimos nuestro coche de alquiler, lo que nos llevó otro rato, así que no llegamos hasta el hotel a las 3.00 de la mañana. Aparcamos como pudimos en una zona azul exenta de parquímetros y el SMS que enviamos para pagar no llegó a ningún destinatario, así que temíamos enfrentarnos a un problema en la mañana del martes. Por suerte, el propietario de un kebab aún abierto nos dijo que la multa era de ocho euros. El viaje lo formamos Adrián, José Mari, Nacho, Óscar y Sergio.

Martes 10 de mayo

Antes de desayunar, nos acercamos al coche. Con tan buena suerte, vemos a la Policía, a la que convencemos de que nos ha sido imposible pagar pero que nos vamos a marchar pronto, justo después del desayuno, así que nos ahorramos los presuntos ocho euros de la multa y los trámites para pagarla. Desayunamos, dejamos el hotel y compramos una tarjeta para tener internet en nuestra estancia en Albania.

Alrededor de las 11.00 salimos hacia el norte, hacia la ciudad de Shkoder, a la que no entramos. Giramos hacia el Este, hacia las altas montañas que vamos viendo todo el rato a nuestra derecha. Los últimos kilómetros, como he dicho, ya están asfaltados, pero en la mayoría de las curvas el límite de velocidad es de 20 kilómetros por hora, así que viajamos tranquilos.

Después de dos paradas para estirar las piernas, llegamos a Theth pasadas las 15.00 horas. No es temporada alta, pero no es difícil encontrar un restaurante para comer, y tampoco es difícil encontrar alojamientos para dormir. Y tiene pinta de que dentro de unos años, pocos, habrá muchos más: por la carretera, por la apertura de Albania, por los vuelos directos, porque la gente cada vez viaja más… Y, sobre todo, porque el sitio es espectacular.

Gestionamos el albergue para dos noches y, una vez aposentados, un grupo se va a pasear y otro a correr por los alrededores. Vayas por donde vayas, los paisajes impresionan. Nosotros, en unos minutos de carrera, nos adentramos en uno de los caminos que van hacia el Valle de Valbona, antes de emprender pronto el regreso. La cena, entre las 19.30 y las 20.00, horario de montaña y horario de un lugar en el que anochece y amanece pronto porque es la misma hora que en España siendo mucho más oriental.

Miércoles 11

No ponemos el despertador porque hoy había que dormir bien, algo que hemos conseguido. Desayunamos a las ocho y vamos al supermercado a comprar frutos secos, galletas, sandwichs, agua… Hace un calor interesante y así va a estar todo el día. Al final, hemos decidido ir hasta el Ojo Azul, el Blue Eye, seguramente la excursión más habitual en esta zona, en vez de subir a alguna de las decenas de montañas que nos rodean y que no nos cansamos de mirar. Queda nieve arriba. Ayer, en la cena, nos dijo uno de los guías de montaña que en la ruta hacia Valbona un joven alemán falleció al salirse del camino y caer al vacío, y que su compañero de viaje también está herido. Buscamos la noticia en la prensa albanesa y la encontramos…, lo que nos animó a elegir la excursión de hoy.

Esta excursión, desde Theth, es sencilla, muy sencilla: seguir una pista de unos siete kilómetros hasta Nderlysaj y, desde ahí, seguir una senda también sin complicaciones de algo más de media hora. La pista discurre todo el rato paralela al río Shala, un río de aguas increíblemente cristalinas, que de vez en cuando se acelera en bonitos rápidos y al que caen numerosas cascadas desde las montañas que vamos dejando a la izquierda.

En Nderlysaj empieza el tramo más bonito hacia el Ojo Azul, la estrecha senda, paralela a uno de los afluentes del Shala. El Ojo Azul es una bonita poza a la que cae una cascada abundante de agua. Junto a esta poza, al otro lado de donde estamos, hay un bar y una terraza, pero hay que esperar a la temporada alta para disfrutarla abierta, supongo.

El Ojo Azul en sí no nos ha parecido idóneo para bañarnos, así que hemos desandado un par de centenares de metros, hasta un puente que cruza este arroyo. Ahí ya sí, ligeros de ropa, nos hemos lanzado al agua. Pensad en el agua más fría en la que os hayáis bañado y restadle cuatro o cinco grados. Eso es lo que nos hemos encontrado. Increíble. Solo con meter los pies en el agua se quedaban rojos varios minutos, así que no todos hemos sido capaces de sumergirnos completos.

Unos valencianos con los que nos hemos encontrado nos han hecho unas fotos, y hemos vuelto hasta Nderlysaj. En un bar hemos disfrutado de una larga sentada a la sombra esperando que nos volvieran las ganas de desandar el tramo de pista. Aunque no nos han vuelto, al cabo de ese gran rato nos hemos levantado para andar de nuevo hasta nuestro hotel.

Al final, esta última parte se nos ha hecho hasta corta. A las 16.00 estábamos en Theth, de nuevo haciendo tiempo hasta la hora de la cena, típica cena de rancho, la misma para todos los alojados como es norma en los refugios y albergues montañeros.

En la cena estamos valorando nuestros planes y nuestro destino de mañana, una vez que hemos decidido abandonar mañana este Valle de Theth, verdaderamente impresionante y, lo dicho, ahora mucho más accesible, igual que toda Albania.

Comida en Los Arcos
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Cap. 288. 21/24-4-2022. Reencuentro trasatlántico cuatro años y un niño después

En noviembre del año 2018 hice un viaje a Colombia literalmente inolvidable. Primero, porque durante cuatro días hicimos una caminata hasta la Ciudad Perdida, donde hicimos buena amistad con un grupo de cuatro colombianos. Y segundo, porque unos días después, en Medellín, y después de quedar precisamente con esos amigos, sufrí un ataque que me causó un hemotórax y me obligó a permanecer dos semanas más en Colombia, los primeros días en casa de nuestros compañeros de viaje en Ciudad Perdida.

Leer relato a la Ciudad Perdida

Leer relato de la agresión en Medellín

Los vínculos creados por aquella situación fueron tan intensos que se prolongaron en el tiempo (hasta ahora) y en las personas (mi familia). 

Juan y Juanita, quienes me acogieron en su casa como se puede leer en los anteriores enlaces, tenían previsto venir a España en abril de 2020. Ya con todo planificado, apareció una pandemia mundial que abolió todos nuestros planes de reencuentro.

Ahora, sin embargo, sí ha sido posible algo de lo que tantas ganas teníamos. Ellos dos y su hijo Lorenzo, nacido en diciembre de 2020, han compartido unos días con nosotros en Madrid antes de viajar hacia tierras de la Comunidad Valenciana y Andalucía, donde van a seguir el viaje por España.

Después de llegar desde Soria el jueves por la noche a Madrid, mi madre y yo madrugamos el viernes 22 para esperarlos en el aeropuerto. Por fin aparecieron los tres por la puerta para celebrar ese reencuentro de viejos amigos y ese encuentro de amigos virtuales.

Después de dejar en casa a mi madre, Lorenzo y Juanita, Juancho y yo fuimos a Ifema sin demora para coger el dorsal del Medio Maratón del Zurich Rock´n´Roll Running de Madrid, del domingo. Regreso a casa y copiosa comida como no podía ser menos para recuperarse del largo viaje transoceánico.

A los postres llegaron mi hermana, cuñado y sobrina para conocer también a nuestros amigos colombianos y brindar en persona el agradecimiento por el trato de hace tres años y medio, así como para ver cómo se llevan las nuevas generaciones de ambos países.

Para conocer algo de Madrid, y a pesar de la lluvia, cogimos el Metro y nos marchamos al centro… donde llovía todavía más. Hicimos dos actividades obligadas o al menos muy recomendables: chocolate con churros en San Ginés y bocadillo de calamares en La Campana, en la Plaza Mayor, antes de volver a casa para dormir ya a gusto y sin despertadores para derrotar al jet lag.

El sábado 23, mientras Juancho iba a correr unos minutos y mi padre y yo desayunábamos y reservábamos para comer, el resto de la casa se desperezaba y preparaba. Y, ya todos preparados, nueva incursión al centro, para dar un paseo por el Retiro (Rosaleda, Palacio de Cristal, Lago, Casa de Vacas… tantas cosas) antes de que empezara a llover de nuevo. Salimos del precioso parque madrileño para tomar el vermú al lado, en El Perro y la Galleta. 

Desde ahí marchamos al momento central de su primera estancia en Madrid: la comida con mis padres y con Óscar en nuestro barrio, en Los Arcos. Óscar fue mi compañero de viaje en Colombia, en Ciudad Perdida, y por su trabajo ya había podido verse con ellos tres recientemente en Medellín. La comida se prolongó casi cuatro horas, hasta que volvimos de nuevo a casa para proseguir con el intercambio de regalos iniciado el día anterior.

Aunque no había mucho tiempo, todavía nos animamos con la tercera escapada al centro, esta vez a la zona de Goya, para hacer alguna compra y para encontrarnos con algunos de los sorianos que el domingo correrían también por las calles de Madrid.

El domingo 24, lo dicho, a correr. Yo madrugué el que más porque quería ver el 10K que empezaba a las 8.00 de la mañana, con el segundo puesto de Marta Pérez. Mientras tomaba algo para desayunar, esperé en Serrano a que fueran pasando los cientos y cientos de atletas, pero no vi a nadie de los que buscaba entre tanta marabunta.

Me fui a meta y allí, a pesar de ese impresionante aluvión de personas, sí pude encontrarme con Juancho, primero, y con Mari y Blasco, muy poco después. A la salida, y ya con la ayuda de los móviles, nos vimos con Juanita y Lorenzo para terminar de comentar la jugada de los 21.097 metros, que si el calor, que si el circuito, que si las piernas…

Nada más salir del gran pasillo final, Juancho se enfundó la sudadera del Numancia que le regalamos y, a los cinco segundos, se le acercó un joven para gritarle: «¡Aúpa Numancia!». Era un veraneante de Caracena que seguro que sabe la suerte que tiene de ser de un pueblo tan bonito.

Después de comer algo de nuevo en Serrano, el Metro nos devolvió por última vez a nuestro hogar de Los Arcos. Había el tiempo suficiente, sin florituras, para sentarnos de nuevo a la mesa y preparar todo su equipaje. 

A las puertas del vehículo que nos llevó hasta Atocha llegó la primera despedida, la de mis padres con los amigos colombianos, despedida con pronto reencuentro. En Atocha, donde partía a las 15.40 el AVE con destino a Valencia, llegó la segunda y última despedida. En 2018 amenazamos con volver a vernos y lo hemos cumplido, así que existen muchas opciones de que el océano nos junte de nuevo. Gracias.