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Cap. 277. 5/6-12-2021. Primer contacto con Iten, Tierra de Campeones

En las dos entradas de la localidad keniana de Iten hay sendos grandes arcos en los que puede leerse, en inglés: «Bienvenidos a Iten, Tierra de Campeones (Welcome to Iten, Home of Champions). 

¿Quiénes son esos campeones? De manera muy resumida, aquellos atletas que desde hace algunos lustros, sobre todo a partir de los años 90 con algunos adalides anteriores, dominan despóticamente el atletismo mundial desde los 800 metros hasta el maratón.

Iten se encuentra en una de las ramificaciones del Valle del Rift, al oeste de Kenia, y es una de las poblaciones incluidas dentro del territorio de la etnia Kalenjin, que es a la que pertenecen la mayoría de esos ‘campeones’. Si ya es abrumador que un país domine de ese modo la larga distancia (en el mediofondo tienen más competencia), aún lo es más si se piensa que los Kalenjin son aproximadamente siete millones de personas.

La motivación verdadera de nuestro viaje a Kenia es esta, la de conocer el lugar donde han nacido y crecido decenas de los mejores atletas de la historia.

Gracias a esa mítica que se ha creado en torno a los corredores de Eldoret (la ciudad más importante de la zona) e Iten, numerosos deportistas de todo el mundo de todos los niveles, sobre todo de la gran élite, eligen todos los años Iten para realizar una parte de sus entrenamientos. A la altitud que ya viene de serie (unos 2.400 metros sobre el nivel del mar), y al hecho de que se trata de una población tranquila de pequeño tamaño, se suma en los últimos tiempos la creación de numerosos establecimientos hosteleros de varios precios para que los atletas solo tengan que preocuparse de entrenar.

Y ahí estamos nosotros, en un bonito ‘resort’ al que todavía no he tomado fotos, el C&C, donde por un buen precio está incluida la pensión completa en unos apartamentos de muy reciente construcción, a unos diez minutos a pie del centro urbano, diez minutos de un camino jalonado a ambos lados por gran cantidad de pequeñas tiendas para comprar cualquier cosa que podamos necesitar.

Este sábado 4 de diciembre por la noche, después de visitar el Masai Mara, Nacho y los dos Sergios nos hemos incorporado a la miniconentración de varios atletas españoles que van a pasar varias semanas en la altitud del Valle del Rift keniano: los olímpicos en Tokio Daniel Arce (3.000 obstáculos), Marta Pérez (1.500) y Saúl Ordóñez (800, poseedor del récord de España), la campeona de España también de 800 Lorea Ibarzabal, y los igualmente mediofondistas Sara Pardilla y Elgar Lloret, quienes han participado en Campeonatos Absolutos de España de 1.500.

El domingo 5 ya hemos tenido nuestro primer contacto doble con el atletismo, primero como espectadores y después como protagonistas. Nada más desayunar, nos hemos acercado hasta el campo de fútbol de Iten. Allí terminaba la Carrera Contra la Violencia de Género.

Había dos pruebas, una para mayores de 50 años, de cinco kilómetros, y otra absoluta, de diez kilómetros. En esta última, los primeros clasificados ya son atletas de primera fila mundial. Los mayores aplausos, sin embargo, se los han llevado los de la prueba Master. No sé exactamente cómo organizaban los horarios de salida, pero lo hacen para que las llegadas de las dos carreras sean casi simultáneas, y para que la prueba femenina absoluta termine unos minutos antes que la masculina.

Después de aplaudir, hemos vuelto a casa para coger las cosas y marcharnos en un matatu (taxi-furgoneta colectivo) que hemos alquilado hasta Kaptagat. Le hemos pedido que nos deje en el centro de entrenamiento donde vive, entre otros, Eliud Kipchoge, para entrenar por los mismos caminos donde él lo hace. El centro estaba vacío por ser domingo, pero esos caminos sí estaban abiertos.

Allí, cada uno de nosotros nueve ha corrido lo que venía en sus planes, desde los 20 kilómetros hasta los tres minutos, en un precioso paraje y muy duro para los rodajes, por la altura y por las cuestas.

Para celebrar que era domingo, la comida no fue en casa sino en el hotel Kerio, con unas vistas espectaculares sobre el Valle del Rift. Tan bien se estaba en la sobremesa que regresamos de noche al hogar (anochece poco después de las 18.30), para cenar y batirnos después en duelo en una pocha en uno de los apartamentos.

Y este lunes ha sido el de asentamiento definitivo en Iten, con un paseo por el centro, un café en el Point View (otro local sobre el borde del Valle del Rift), bancos, tarjetas telefónicas, chanclas, fruta, supermercado, entrenamiento vespertino (los profesionales también por la mañana)… Parece lógico que cada año tanta gente elija Iten para mejorar su capacidad aeróbica y acercar con ello la consecución de sus objetivos cuando empiece la época de los dorsales y los jueces.

Leopardo en un árbol
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Cap. 276. 2/4-12-2021. Conociendo el Masai Mara in situ

El Masai Mara es ese lugar del mundo en el que todos hemos estado alguna vez sentados tranquilamente en nuestro sofá, disfrutando y sorprendiéndonos de que tantas cosas relacionadas con tantos animales puedan suceder en un espacio tan pequeño para lo que es el mundo. El Masai Mara es ese lugar con el que muchos niños que lo vieron en sus televisores, o como se vea ahora, soñaron con estar alguna vez cuando fueran mayores, y eso es lo que hemos hecho en estos primeros días de diciembre.

Tras la ascensión del miércoles al Longonot, el jueves pronto por la mañana partimos desde nuestro hotel en Nairobi, rumbo al sur de Kenia. Alquilamos un viaje compartido, junto a una chica de Francia y lo que creemos una pareja de Estados Unidos en luna de miel.

En algo menos de seis horas, compartiendo el inicio del trayecto con la ruta del Longonot, llegamos al Masai Mara. El territorio es amplísimo, parece que hay decenas de alojamientos, y nuestro guía Kikitu nos va dejando a cada grupo en el que nos corresponde. Son las dos del mediodía, algo más, y nos da de tiempo hasta las 16.30 para comer, instalarnos y descansar un poco.

Lagarto de fuego o agama común

A esa hora nos había citado para nuestro primer ‘Game ride’ por la Reserva del Masai Mara. Como escribo estas letras después del segundo, del primero me conformaré con decir un par de cosas: que vimos a lo lejos un gran avestruz (el segundo día no vimos ninguno) y que a la media hora pudimos ver un leopardo en una breve caminata (en mis dos experiencias previas de safari, ambas en Uganda, no conseguí ver ninguno de los grandes felinos predadores de la sabana africana). Llegados al hotel, un poco de gimnasio, piscina nocturna algún valiente, cenar (muy bien la comida estos días) y pronto a la cama en nuestra preciosa habitación con vistas a la foresta.

Nosotros dormimos en las puertas del Masai Mara. Dentro del propio recinto natural también hay alojamientos, entendemos que mucho más caros, algunos de ellos con una pista de aterrizaje justo al lado.

Hoy viernes ha tocado madrugón fuerte. Nos dice Kikitu que, aunque los safaris suelen empezar a las ocho, él prefiere hacerlo antes. A las 6.30 ya estábamos desayunados y montados todos en el gran todoterreno que nos transporta estos días.

Hemos vuelto al hotel a las 16.30. Han sido, por tanto, diez horas completas en el Masai Mara, 600 inolvidables minutos en la parte visitable de esta Reserva que tiene 1.500 kilómetros cuadrados, pero que en realidad son muchísimos más pues el Masai Mara es la continuación septentrional del otro lugar más famoso del mundo para ver animales, el Serengeti tanzano y sus 13.000 kilómetros cuadrados de superficie. Esta mañana hemos estado brevemente en la frontera de ambos países.

Búfalo

Para empezar el recuento de algunas de las especies vistas, el Masai Mara tiene a los cinco integrantes del Big Five (león, leopardo, búfalo, elefante, rinoceronte), concepto antiguo que designaba originalmente a los cinco animales más peligrosos para el humano en una cacería a pie. En la actualidad, y no solo en el Masai sino en toda Kenia, cualquier tipo de caza está prohibida y la regulación de las poblaciones de animales las hace el propio ecosistema. Hay mano dura contra los furtivos.

Hay una pequeña excepción, según nos explican: existen algunos ranchos privados de grandísima extensión en los que sí se puede cazar cuando hay sobreabundancia de alguna especie pero no para conseguir el trofeo de los animales, sino solo su carne (cebra, antílope, búfalo…). Esa carne se vende luego en restaurantes para turistas en Nairobi.

De ese Big Five, nosotros hemos visto cuatro representantes. Dos de los tres herbívoros, el elefante y el búfalo, son más bien abundantes. De hecho, creo que vimos más búfalos ayer que hoy. Elefantes hemos visto también a docenas, en algún caso en grupos de casi una veintena. El rinoceronte, sin embargo, es aquí escaso. Volviendo ya hacia el hotel, Kikitu ha conducido despacio y cerca de los arbustos donde suelen esconderse, sin la suerte de que ninguno asomara la cabeza en ese momento.

Leones

Con los leopardos hemos tenido dos encuentros diferentes e igual de emocionantes. En el primero, avisados por radio por otro de los guías como es costumbre, había dos ejemplares descansando bajo un árbol. En las ramas de este colgaba la piel de una cebra que les había servido de alimento. En el rato que hemos estado se han separado y se han subido a sendos árboles para ofrecernos otra de las estampas habituales del leopardo.

El segundo encuentro ha sido más inesperado y más sorprendente. Ya llevábamos varias horas de safari cuando hemos visto unas cuantas cebras correr, huyendo de un leopardo que ha cruzado un río para ver si se hacía con alguna incauta. Por suerte para ellas y por desgracia para el felino y para nosotros, no ha sido así.

Nuestros encuentros de hoy con los leones han sido tres o cuatro, porque dos han sido casi seguidos. El indiscutido y gran rey de la selva ha interactuado menos que los leopardos.

Tanto los dos grandes machos como las hembras y algunas crías se encontraban rezongando sobre la hierba, descansando de esfuerzos anteriores y adquiriendo energía para los próximos.

Antes de todo ello, cuando apenas llevábamos una hora de safari y circulábamos por la vía principal, Kikitu ha frenado, ha dado la vuelta y ha emprendido una conducción a casi cien kilómetros por hora por la pista de tierra. Algo sucedía. En menos de diez minutos estábamos junto a otros dos vehículos y, sobre todo, junto a un precioso guepardo, mi animal favorito de infancia. Hemos tenido la suerte de verlo caminar unos segundos. Parece imposible que un animal que deambula con esa lentitud pueda ponerse a 120 kilómetros por hora si el hambre lo requiere.

Guepardo

Un mamífero carnívoro más hemos visto. Justo al final, cuando mirábamos a la izquierda en busca del posible rinoceronte, a la derecha se nos ha aparecido una gran hiena en actitud total de reposo sobre una roca.

El Masai Mara se llama así por la tribu de Kenia y Tanzania que habita este territorio, los masai, y por el gran río que lo atraviesa, el Mara. Se encuentra justo al otro lado se donde nos alojamos, así que hemos tenido que esperar bastante para ver en él y en sus afluentes los dos grandes vertebrados acuáticos: los hipopótamos y los cocodrilos. De los primeros, como es habitual, hemos visto un par de grupos más bien numerosos. Cocodrilos hemos visto menos, tres, pero de un tamaño espectacular.

Otro mundo inagotable en el Masai Mara es el de las aves. Hay casi medio millar de especies. En las diez horas de hoy hemos visto muchísimas, realmente hermosas varias. Nos hemos encontrado con muchos menos pájaros de los que habitan, pero sí con muchos más de los que aparecen en las fotos por no andar diciéndole a Kikitu todo el rato que se detuviera.

Gallina de Guinea

¿Y por qué hay tantos leones, leopardos, guepardos, hienas… en el Masai Mara?

Porque hay millones, literalmente millones, de potenciales presas para ellos.

De hecho, esa es la gran imagen del Masai Mara: infinitas extensiones de terreno pobladas sobre todo por ñus, cebras, jirafas, impalas, gacelas, antílopes y otras especies similares. Más concretamente, la gran imagen del Masai Mara y del Serengeti es la de la Gran Migración, la de millones de ñus y cebras en junio y julio viajando de Tanzania a Kenia buscando lo más importante para la vida: el agua. Para ello deben cruzar el río Mara, en esa fotografía que todo el mundo ha visto de cocodrilos esperando su alimento. Después, de manera más paulatina, y a partir de octubre, muchos de esos animales regresan al Serengeti tanzano.

Jirafa, cebra y ñus

Por suerte, algunos de ellos (miles en términos absolutos) se quedan en el Masai Mara para todos aquellos que lo visitamos en temporada baja y que también tenemos derecho a disfrutar de este inigualable regalo de la Naturaleza.

PD: Nuestra excursión de tres días al Masai Mara termina en la mañana del sábado con una visita a un poblado Masai para conocer algo de su modo de vida y para ayudarles a mejorarlo. Una danza de recibimiento, la elaboración del fuego a través únicamente de maderas, el lugar donde guardan el ganado, sus casas tan distintas a las nuestras… Kikitu nos lleva desde ahí hasta Nairobi, o mejor dicho hasta el aeropuerto Jomo Kenyatta, donde nos espera otro vuelo.

Joshua, Nacho y los Sergios
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Cap. 275. 29-11/1-12-2021. Ascensión al volcánico y frondoso Monte Longonot (Kenia 1)

Dentro de algunas décadas o de unos pocos siglos, la existencia de las fronteras resultará a los ojos de los humanos como a los nuestros resultan la esclavitud o las Cruzadas.

Mientras tanto, y como somos hijos de nuestro tiempo además de unas viajeros irredentos, seguimos visitando y tachando países: Kenia, el 56.

Airbus A380

Antes de ayer lunes, un grupo de ocho personas (entre ellos algunos atletas, entre estos algunos sorianos) nos juntamos en el aeropuerto de Barajas, Madrid. A las 14.25 tomamos el primer vuelo, el EK142 con destino a Dubai. Volamos en Emirates, y creo que para todos nosotros era nuestra primera experiencia en el Airbus A380, ese mastodonte aéreo que ya ha dejado de fabricarse porque las compañías que lo adquirieron, sobre todo Emirates, consideran que un aparato de más de 800 plazas posibles no termina de resultar rentable.

Después de siete horas por los aires, aterrizamos en otro mastodonte como es el aeropuerto de Dubai. Allí fue necesario un gran paseo para coger el siguiente vuelo, el EK721 Dubai-Nairobi de las 2.10, otro aparato grande, esta vez un Boeing 777.

Este vuelo fue más pesado por la hora (plena noche), por la acumulación (cinco horas más) y porque el avión iba completamente lleno, al revés que el anterior. Nada de ello impidió que ayer martes poco después de las seis de la mañana, siempre hora local, aterrizáramos en la frenética Nairobi, la gran orbe de África del Este y una de las grandes ciudades africanas.

En el aeropuerto nos separamos. Por un lado, los atletas que viajaron con nosotros y otros que se les agregaron. Y por otro lado, Nacho, Sergio y yo.  Volveremos a vernos.

Allí mismo nos esperaban de nuestro hotel, situado en pleno CBD, el Central Business District.

Kipchoge, ídolo en Kenia

Nada más registrarnos en el hotel, y antes de hacer lo que más nos apetecía, cerramos en recepción las excursiones que elegimos para los próximos días. De ahí, directos a una siesta del carnero que se prolongó durante más de dos horas.

Por la tarde, lo típico del primer día en un país con divisa distinta: comer, cambiar algo de euros en chelines, un par de regateos para dos sencillas compras y regreso al hotel, donde pasamos media hora en el gimnasio antes de pedir que nos trajeran la cena.

Madrugar y al monte

Muy pronto estábamos durmiendo, porque hoy nos hemos levantado a las seis para desayunar y para encontrarnos con el conductor de la primera excursión: al Monte Lonongot. Esta gran montaña de casi 2.800 metros es un volcán inactivo cuya última erupción data de alrededor de 1860.

La carretera que une Nairobi con este Parque Nacional es la misma que va del puerto de Mombasa, en el Indico, a países como Uganda, Ruanda o Burundi. Esa es la razón por la cual nos hemos encontrado cientos y cientos de camiones tanto a la ida como al regreso. Hay otra carretera más o menos paralela, pero está prohibida para camiones.

Vistas de la cima

En poco más de hora y media estábamos en la puerta del Parque, donde nos esperaba nuestro guía, Joshua. La excursión al Longonot parte de 2.100 metros, llega a los 2.780 y salva entre medias varios desniveles diferentes a los esperados en el sentido de la marcha, así que la final se superan casi 1.000 metros positivos en los poco menos de 14 kilómetros de caminata.

Y no son desniveles nada constantes, sino concentrados. Después de un inicio suave, se llega a la barandilla del cráter tras un breve pero fortísimo ascenso. Por suerte, hoy no había nada de barro ni lluvia. Este tramo desde la entrada hasta el cráter son 3,1 kilómetros.

El cráter impresiona. Es un círculo casi perfecto cuya circunferencia es de 7,2 kilómetros, así que quien quiera saber su superficie y el resto de medidas solo tiene que utilizar las fórmulas matemáticas que aprendió en la escuela.

Dentro de esa superficie, y salvo un par de terrenos minúsculos en los que es posible acampar, hay exactamente los árboles que caben, varios de ellos de más de 30 metros de altura según nos explica Joshua.

Numerosos herbívoros ante nuestros ojos

A pesar de esa extrema frondosidad, en el cráter viven leopardos, además de otros vertebrados más habituados (todavía) a la vida arbórea como monos o serpientes. Los leopardos deben abandonar el cráter para cazar algunos de los herbívoros que hemos visto en el camino como cebras, antílopes, búfalos y, justo al final, cuando ya estábamos al lado del coche, una jirafa espectacular y solitaria.

Le hemos dado la vuelta al cráter en más de un 80 por ciento. Poco antes de la mitad de la circunferencia, después también de un empinado ascenso, se llega a la cumbre. Desde ahí, además de otro pequeño cráter, varias poblaciones, el gran lago Naivasha y largas y verdes extensiones de terreno, se ven numerosas columnas de humo. Pero no, por suerte no es humo sino emanaciones sulfurosas de gran tamaño, que en algunos de estos lugares se utilizan para la obtención de electricidad.

Poco antes de dar la vuelta completa, Joshua nos ha desviado por otro camino de bajada para hacer la ruta completamente circular. En este tramo, además de varios animales, hemos entendido el concepto de Longonot, que viene de la palabra masai Oloonongot, que significa algo así como «muchos valles pequeños» y que podría haber sido utilizada por León Gieco para su canción «Ojo con los Orozco».

En el hotel

Nos ha tocado cruzar alguno de estos minivalles volcánicos y, justo cuatro horas después de salir, hemos llegado al lugar donde nos esperaba el conductor.

Hemos decidido volver a Nairobi a comer y a darnos un baño en la piscina del hotel, aunque se haga algo tarde. En el camino de vuelta, junto al abundantísimo tráfico pesado, hemos visto varios babuinos a la orilla de la carretera. También hemos vuelto a descender al larguísimo (6.000 kilómetros) y estrechísimo Valle del Rift, que pasa justo por aquí.

En la subida de este valle se ubican muchos puestos de venta de bebidas y recuerdos, hoy sin muchos turistas pues es temporada baja y porque tampoco el planeta vive su mejor momento global, aunque todo el mundo al que le hemos preguntado aquí nos ha reconocido que 2021 ha sido bastante mejor de lo esperable tras el nefasto y nulo 2020.

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Cap. 274. 27/28-11-2021.Los madrileños (re)descrubren la Plaza de España

Algunas veces, cuando regreso a Madrid, necesito cinco o seis minutos para decidir qué me apetece revisitar o visitar por primera vez. Otras veces no necesito ni cinco segundos ni medio.

Este fin de semana se ha dado este segundo caso. Hace apenas unos días, el pasado lunes 22 de noviembre, fueron inauguradas las grandes obras de la Plaza de España.

A pesar de su cercanía con los grandes focos de atracción de turistas y madrileños (Puerta del Sol, Plaza Mayor, Palacio Real, Cibeles, El Prado…), la Plaza de España siempre ha estado algunos escalones por debajo.

Eso es algo que ha reconocido el propio Ayuntamiento de Madrid con el eslogan que ha elegido para promocionar la apertura de estas obras: «Descubre el nuevo centro del centro de Madrid. (Re)descubre la Plaza de España».

Ya es posible pasear desde el Palacio Real hasta el Templo de Debod sin cruzar ninguna calzada, algo que este sábado han hecho bastantes millares de personas como he podido apreciar.
Para que ello fuera posible, ha sido necesario construir un túnel desde la calle Ferraz hasta Bailén.

Durante las obras en el extremo de Ferraz, y como sucede tantas veces que se excava, aparecieron nada menos que los restos del cuartel de San Gil, derribado a comienzos del siglo XX.

En su recuperación, traslado (necesario para conservarlo) y posterior musealización ha trabajado nuestro amigo soriano Miguel Ángel López Marcos. Estos restos todavía no son visitables, pero lo serán muy en breve, así que para mi próximo regreso a Madrid tampoco tardaré ni un instante en decidir el objeto de mi visita.

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Cap. 273. 2/4-11-2021. La magia del tren en la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Madrid

Como madrileño de pura cepa, de vez en cuando tengo que regresar a mi ciudad de nacimiento a comprobar que todo sigue en orden y, cada vez que lo hago, si tengo tiempo, me gusta visitar algún lugar nuevo, algo que en la gran capital de España no resulta nada complicado.

He estado algo más de dos días completos en Madrid, desde la tarde del 2 hasta la tarde del 4. Han sido días de familia y amigos (Hortaleza, Moratalaz, Tres Cantos…), pero tampoco he fallado a esa cita con algo nuevo.

En concreto, la tarde del martes 2 conseguí visitar la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Madrid, en el Paseo de las Delicias 61. Me di un largo paseo desde Colón, de ahí la primera foto.

Las otras 22 imágenes corresponden al interior de la Asociación, situada al lado del Museo del Ferrocarril pero con unos horarios que no tienen nada que ver. 

Me queda para otra vez ver ese Museo, ya que en tren he hecho algunos de los más memorables viajes de mi vida, varios de ellos de algunos días.

Pero como aperitivo, me gustó mucho el local de la Asociación, muchos de cuyos socios visitaron recientemente Soria con la excusa de comer torreznos. De hecho, de ese viaje surgió la inquietud de conocer el local de esta asociación, cuyos horarios y actividades pueden consultarse en su página web.

La visita es libre, para disfrutar de las elaboradísimas maquetas y de los pequeños trenes teledirigidos, acompañado todo ello de numerosos materiales antiguos relacionados con el tren y con Madrid.

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Cap. 272. 28-10-2021. Valladolid (y 2): Un nadador en la plaza de un pueblo

Después de la visita de ayer a un par de lugares de la ciudad de Valladolid, en la mañana de este sábado ha tocado un breve paseo por uno de sus pueblos-ciudad dormitorio, La Cistérniga, una localidad por la que pasan cerca cada día miles de coches, de los cuales no muchos entrarán.

De hecho, era la primera vez que estaba, aprovechando que he pernoctado en ella.

A pesar de que viven varios miles de personas debido a esa cercanía con Valladolid, su centro sigue teniendo ese sabor de pueblo, con varios bares además en la travesía, tan transitada antiguamente.

En ese paseo de pocos minutos he visto tres cerros que rompen la característica planicie vallisoletana, el barrio de las bodegas, el nadador que ocupa la plaza del pueblo y el bar en el que hemos almorzado.

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Cap. 271. 27-10-2021. Valladolid (1): Museo Nacional de Escultura, Plaza del Viejo Coso

Por cuestiones de trabajo (la celebración del 25 aniversario de la delegación de Europa Press en Castilla y León), hemos pasado una tarde y una mañana en la capital de esta comunidad autónoma, Valladolid. Ambas han sido moderadamente aprovechadas en lo que a términos turísticos se refiere, sobre todo la tarde de este miércoles.

En mis anteriores presencias en la ciudad del Pisuerga, nunca se me había puesto delante la oportunidad de visitar el Museo Nacional de Escultura. Esta vez, poniéndolo como objetivo número uno, lo hemos conseguido… a medias.

Uno de nuestros deseos era conocer la única obra de la provincia de Soria allí presente, el sepulcro de Diego de Avellaneda del Monasterio de los Jerónimos de Guijosa. Este sepulcro se encuentra en la capilla del Museo, capilla que estos días está cerrada, aunque para algunos días del puente de noviembre y quizás para el futuro sí estará abierta.

Si alguien quiere verla ex profeso como nosotros, mejor que llame antes.

A pesar de este contratiempo, disfrutamos de las impresionantes obras de los mejores imagineros españoles.

Del Museo Nacional de Escultura, y de camino al Patio Herreriano donde se celebró la fiesta de Europa Press, paramos en un lugar poco conocido de Valladolid gracias de dos buenos conocedores de la ciudad como son Diego y Teresa.

Ese lugar es la Plaza del Viejo Coso, y la verdad que merece mucho la pena. Como se intuye por el nombre, el Viejo Coso es una antigua plaza de toros de Valladolid, la primera que se construyó con ese fin, en 1833. Ahora es un gran patio de viviendas con mucho sabor y encanto, a cuyo mismo lado se puede saber sin saber lo que hay al otro lado de esos muros.

Por último, y sin parar en ella, pasamos por la plaza Mayor, donde ya había estado antes muchas veces, y que estos días quizás tenga algo más de animación de lo normal como consecuencia de la celebración de la Seminci.

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Cap. 270. 13-10-2021. Ascenso al pico más alto de Burgos, el San Millán

Este miércoles, aprovechando de nuevo una jornada de sol y el descanso entre semana de varios de nosotros, nos acercamos hasta la Sierra de la Demanda burgalesa, para intentar hollar el punto más alto de la provincia de Burgos, el San Millán, donde ya estuvimos el 4 de septiembre de 2016.

Si entonces el punto de partida elegido fue el Puerto del Manquillo, probablemente la ruta más corta dentro de las que todavía se pueden considerar montañeras, ahora hemos salido desde un poco más abajo, desde la muy bonita, rojiza y bien conservada localidad de Pineda de la Sierra, situado 200 metros más abajo del puerto.

La caminata, por tanto, sube desde los 1.200 metros hasta los 2.131 del San Millán, en un trayecto de nueve kilómetros de cuesta arriba continuada para salvar esos 900 metros. Salvo unos metros al principio y otros al final, en ningún momento hay desniveles de importancia.

Además, tampoco hay ni un solo tramo que se pueda considerar técnico, pues de hecho avanzamos todo el rato por una especie de pista aparentemente accesible durante los nueve kilómetros para vehículos todoterreno.

Hoy, como ya nos nos sucedió hace cinco años, Eduardo, José, Óscar y yo hemos disfrutado durante las cuatro horas de excursión de un día plenamente soleado. Al comienzo de la ruta, a las nueve de la mañana, el termómetro del coche marcaba -2 grados. Y al final, la velocidad del viento era altísima y no nos ha permitido disfrutar de ese momento de cumbre más allá de los poco segundos necesarios para tomar la fotografía.

A cambio, el 90% del trayecto se ha hecho en unas condiciones buenísimas de visibilidad y de temperatura, pues nada más empezar a andar ha emergido el sol y su presencia se ha notado radicalmente.

No hemos hecho descansos salvo una breve parada en la subida, así que el buen almuerzo que llevábamos preparado nos lo hemos comido ya abajo, en el pueblo, disfrutando probablemente de uno de los últimos mediodías ‘calurosos’ del 2021. A la hora de la comida ya estábamos en Soria.

Hay varias maneras de subir al San Millán. Esta es más bien larga pero muy sencilla. Hay otras que sí salvan desniveles muy importantes en algunos tramos, lo que las hace más interesantes y complicadas sobre todo en los meses de invierno, en los que además se presupone que la fuerza del viento puede ser todavía mucho mayor en la parte final de la cresta.

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Cap. 269. 6/7-10-2021. En el soleado y otoñal Curavacas

Por menos de 15 centímetros, el Curavacas (2.524 metros) no es el pico más alto de la provincia de Palencia. Ese hito corresponde al Peña Prieta Sur o Monte del Infierno (2.537), una antecima del Peña Prieta (2.539), este último situado enteramente en la vecina comunidad autónoma de Cantabria.

Da igual. Cualquier persona que piense en una cima de la Montaña Palentina piensa primero en el Curavacas e inmediatamente después en el Espigüete, o viceversa. 

Por circunstancias del reto de las montañas más altas de España, la primera cima que subimos en Palencia fue el Peña Prieta Sur. Este jueves, ya sí, hemos subido a la segunda más elevada, el mítico Curavacas, así que tendremos que volver cuando tengamos de nuevo al menos día y medio para intentar coronar el Espigüete.

Impresionante es uno de los varios adjetivos con los que se puede calificar el Curavacas. Espectacular, precioso, aéreo, rocoso o el ya citado mítico también le caen bien.

Rebobinemos un minuto. El miércoles salimos Cristina, Luis Ángel y Sergio de nuestra ciudad de Soria alrededor de las doce y media. Paramos a comer en Sotopalacios, poco después de Burgos, en la carretera de Aguilar. Nuestra siguiente parada fue Cervera de Pisuerga, el pueblo más grande de la Montaña Palentina, donde aprovechamos para comprar algo en un supermercado y para conocer el curioso eremitorio de San Vicente.

A pesar de la escasa distancia, hicimos otras dos paradas entre Cervera y nuestro hogar, el albergue Curavacas de Triollo: la primera en el Parador Nacional y sus vistas sobre el embalse de Cervera-Ruesga, y la segunda en el Mirador del Alto de la Varga para escuchar los penúltimos resquicios de la berrea del ciervo.

Alrededor de las ocho estábamos por tercera vez en nuestra vida en el albergue de Triollo, donde cenamos, vimos el triunfo de España en Italia y nos acostamos más bien pronto después de dar un paseo por el pueblo.

Para el jueves nos esperaba un gran día de sol. Queríamos disfrutarlo y no queríamos pasar frío, así que nos levantamos a las ocho, desayunamos muy tranquilamente, dejamos nuestra habitación y recorrimos en la furgoneta los escasos tres kilómetros que separan Triollo de Vidrieros.

Vidrieros es el punto de inicio de la ruta más clásica al Curavacas, la vía normal, la que asciende por el Callejo Grande. No hay ninguna ruta fácil al Curavacas, pero esta parece con diferencia la más habitual por lo que hemos visto. Hay otros accesos por el norte y por el Oeste, bastantes más largos que este… que tampoco es corto.

La ruta comienza en el mismo pueblo de Vidrieros. Desde el momento en el que se empieza a andar ya se ve el objetivo, esa gran muralla rocosa que es el Curavacas con sus diferentes picachos de apariencia inaccesible desde la distancia.

La distancia es corta, poco más de cinco kilómetros entre Vidrieros y la cima. El desnivel, sin embargo, es fuerte, más de 1.200 metros. Además, no es un desnivel constante. En la primera mitad del recorrido, primero por una pista, después por un camino rodeado de abedules (uno de ellos con marcas de oso que no logramos encontrar) y al final por una estrecha senda, se suben alrededor de 400 metros.

Los 800 restantes se salvan en la segunda mitad, así que ya sabemos lo que toca: mucha paciencia y muchos pasos cortos. Desde que termina la senda, se avanza por una inmensa pedrera de pequeños cantos. En todo el trayecto vemos muy pocos más montañeros que tienen la suerte de poder ascender al Curavacas en un soleado día entre semana del primer tramo del otoño. Nos hemos encontrado con una decena de personas divididas en cuatro pequeños grupos, uno de ellos unipersonal.

La última parte de la pedrera es el llamado Callejo Grande, todavía más empinado. Este Callejo Grande deja a la izquierda la inmensa mole del Curavacas, que también se puede atacar de manera más directa por rutas más complicadas.

El Callejo Grande acaba en la cresta. Una vez en ella, hay que hacer un pequeño destrepe, cuyo final deja a la derecha una impresionante y estrechísima canal. Desde allí hasta la cima ya quedan cinco minutos muy sencillos, siempre en ascenso pero ya muy tendido.

En la cima habremos estado más de media hora, con otros cinco montañeros, un perro, varios buitres y más de media docena de cabras montés que no han congeniado nada bien con el perro y del que han escapado con mayúscula facilidad.

Las vistas desde el Curavacas en días como este jueves son indescriptibles, desde los cercanos Espigüete y Peña Prieta hasta la gran silueta de los Picos de Europa, además de otros muchos montes que quedan por abajo. Y también, el mar Cantábrico.

Después de comer nuestros bocadillos y beber buenos tragos de agua, ha tocado regresar. Sabíamos que el descenso no iba a ser sencillo, así que tomamos nuevas dosis de tranquilidad porque los tramos disfrutones de pedrera se mezclan con otros en los que los resbalones son facilísimos. 

Llegados a la senda de nuevo, la última media hora ya sí es un paseo agradable. Hemos estado en el monte seis horas y media, así que a las cuatro de la tarde ya estaba cerrada la cocina del mesón de Vidrieros. Aun así, nos han sacado algo de comida y bebida, nuestras últimas consumiciones en tierras palentinas antes de agarrar la furgoneta para volver con ella a Soria.

Todo lo que escuchéis sobre el Curavacas es cierto. Escucharéis muchas veces, por ejemplo, que no tiene nada que ver en invierno que en verano. Vistos los desniveles, nos lo creemos. Y dentro del invierno, también habrá muchas diferencias según como esté la nieve y según como estén las condiciones del tiempo.

Las nuestras de hoy han sido literalmente inmejorables, lo que ha contribuido a pasar un gran día en una de las montañas españolas imprescindibles .

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Cap. 268. 8/10-9-2021. Zurich: lago, montaña, la Weltklasse…

Poco más de un mes después de volar a Zurich para visitar Liechtenstein y la Selva Negra, hemos vuelto a utilizar su aeropuerto de Kloten para, esta vez sí, conocer con un poco más de tranquilidad la más grande de las ciudades suizas, la más internacional y la habitualmente considerada mejor ciudad del mundo para vivir según determinados parámetros incapaces de recoger otras muchas cosas.

¿Por qué hemos venido a Zurich? Una vez más, con la excusa del atletismo, para conocer la principal reunión atlética del mundo, la Weltklasse, celebrada en la tranquila ciudad helvética desde el lejano 1928.

Este año, la Weltklasse ha coincidido con la final de la Diamond League y, por primera vez, para dicha final se ha clasificado la soriana Marta Pérez. A última hora, con menos de una semana de preparación, intentamos cumplir el triple proceso para viajar a Zurich: vuelo (fácil y barato), alojamiento (bastante fácil y relativamente barato), acreditación (más complicado porque ya se había acabado el plazo y gratis).

Al final, pudimos satisfacer esos tres pasos del proceso y del 8 al 10 de septiembre lo hemos pasado en esta ciudad.

Miércoles 8 de septiembre

Volamos en Air Europa a las 7.55 con Nacho, y coincidimos con Álvaro y Candi en el mismo vuelo. En menos de dos horas llegamos a Kloten y, según bajamos, nos espera un coche de la organización para llevarnos al hotel donde se consiguen las acreditaciones, muy cerca del nuestro y muy cerca del estadio Letzigrund. En este barrio hemos hecho la vida en estos tres días, con algunas escapadas al centro y a la montaña.

Se da todo tan bien y rápido que no podemos hacer el check-in en nuestro hotel hasta las tres. Nos vamos por tanto al centro en tranvía, fundamentalmente para hacer tiempo, para conocer el famoso lago de Zurich y para tomar una cerveza a orillas del río Limago, disfrutando de un mediodía espléndido. Un remero entrena junto a nosotros para preparar una competición que tiene el sábado en ese mismo lugar.

Volvemos a nuestro barrio caminando, comemos un par de grandes pizzas, estamos un rato con Marta en su hotel y nos vamos a nuestro alojamiento a tomar la siesta.

Después de dormir un rato, volvemos en tranvía al centro. El motivo, ver en directo la primera de las dos jornadas de la Weltklasse. Esta vez se celebran siete pruebas fuera del estadio, junto al lago, en la Sechselautenplatz. Son los dos 5.000, las dos longitudes, los dos pesos y la altura femenina. Ya en este rato nos damos cuenta de la pasión con la que viven los suizos el atletismo de primer nivel.

Compramos algo en un supermercado para completar la cena que habíamos conseguido en el atletismo, donde se repartían bocadillos, fruta, queso… para todos los aficionados.

Jueves 9 de septiembre

Es el día grande de la Weltklasse, pero como es solo por la tarde decidimos aprovechar la mañana con otra de nuestras pasiones: la montaña. Sí, la montaña, y sin necesidad de salir de Zurich.

La ciudad se encuentra a 400 metros sobre el nivel del mar y, justo al lado, se levantan varias colinas, una de las cuales tiene casi 900 metros (869). Es la más visitada, Uetliberg, pues si bien su ascensión por determinados lugares es realmente una caminata de montaña y no de las sencillas, también es posible llegar a su cima en tren.

Nacho sube corriendo y yo andando. En el camino encontramos muchos caminos cortados, pues cuadrillas forestales están trabajando en la tala de leña. Los desniveles de la parte izquierda de la montaña son bien fuertes. Los de la derecha, por donde bajé yo, son más suaves y más transitados.

Arriba, además de una gran antena, hay un mirador-extensión de la cumbre y una terraza ideal para tomar un tranquilo café. No es necesario subirse a ese mirador para gozar de unas preciosas vistas de Zurich, de su lago y del territorio mucho más rural que puede verse al otro lado del Uetliberg. En la terraza del restaurante hay un cartel que indica que se encuentra 451 metros por encima del lago.

Bajamos para encontrarnos y comer con Juan Carlos, el padre de Marta, y para descansar de nuevo en nuestros alojamientos. Ni muy tarde ni muy pronto, nos dirigimos al Letzigrund, uno de los grandes templos del atletismo universal, donde ya hay cientos de personas esperando para entrar.

Vemos las primeras pruebas, las habituales de niños para que puedan decir que compitieron en el mismo lugar, el mismo día, donde lo hicieron Warholm, Duplantis, Rojas, Bol… y así hasta quizás algo menos de dos centenares de atletas mundiales de primera fila, pues en la final de la Diamond League no caben medias tintas.

Una vez más, Marta Pérez compite cara a cara con las mejores del mundo y es cuarta por detrás de Faith Kipyegon, Sifan Hassan y Josette (se lee como se escribe) Norris. Carrerón y tiempazo: 4:01.94.

Esperamos a que termine la competición sin ver ningún récord del mundo y celebramos la buenísima carrera cenando los cinco, con la incorporación de su hermana Elia. Es tarde para ser Suiza, pero Zurich es lo suficientemente cosmopolita para encontrar por lo menos un restaurante en nuestro barrio que da de cenar hasta las 12 de la noche.

Viernes 10 de septiembre

Nos damos tiempo libre hasta las 11.15, que cada uno aprovecha según sus apetencias y la hora a la que se levanta. A esa hora nos citamos en el hotel de Marta para hacer algunos traslados de equipajes y para empezar a organizar los regresos, ya que yo vuelvo a España por la tarde.

Hay tiempo de sobra para dar el último paseo tranquilo por el centro de Zurich, aprovechando la gran suerte que hemos tenido estos tres días con el tiempo. El jersey solo tuvimos que ponérnoslo en el avión de ida.

No hacemos nada especial… o sí. Después de caminar un buen rato por este centro histórico de la ciudad y por las orillas del lago, nos animamos a hacer lo que vemos que hacen muchísimas personas por todo Zurich, suponemos que también gracias al día que hace.

Compramos comida y bebida en un supermercado y nos vamos a la misma orilla del lago a comer. Los cisnes van recorriendo todos los grupos de personas (entre ellas varias muy jóvenes pescando), para ver cuál de esos grupos es más generosa con ellos. Nos quedamos maravillados viendo cómo una uva desciende despacio por todo el cuello del cisne formando un abultamiento móvil.

Y para mí, se acerca la despedida. Tomamos un café en un precioso local también junto al lago, nos vamos en tranvía a nuestro barrio y, recuperada la mochila del hotel, marcho al aeropuerto de nuevo en uno de los coches de la organización, compartiendo vehículo con Faith Kipyegon, Isaac Makwala y una atleta húngara que luego buscaré con tiempo a ver quién es.

A ver si hay suerte y el vuelo de vuelta nos ofrece las mismas vistas de los Alpes y Pirineos que tanto nos impresionaron a la ida. Si no, disfrutaremos de las nubes.