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Junto al castillo de La Calahorra

El Chullo, La Calahorra y Guadix

El día de hoy se divide fácilmente en cuatro etapas.

1. Ascensión a El Chullo. Pico más alto de Almería con 2.612 metros. Como siempre, enlazo a la crónica del blog ‘Las 45 cimas’.

2. Castillo de La Calahorra. Regresados del Puerto de la Ragua, donde no había cobertura, llamamos de nuevo a Antonio, con quien habíamos establecido relación ayer. Antonio es la persona encargada de enseñar el celebérrimo monumento de su pueblo, el castillo de La Calahorra. Es un monumento privado que solo se abre al público los miércoles, y está claro que hoy no es miércoles. Antonio, sin embargo, accedió a enseñárnoslo este mediodía.

Construido por Rodrigo de Mendoza en apenas tres años, a comienzos del siglo XVI, es el primer castillo renacentista español, construido bajo los gustos italianos de la época. Se encuentra en un gran estado de conservación, a pesar de que fue utilizado como cuartel durante la Guerra Civil. La estructura global interna y externa, los artesonados y el precioso claustro interior tienen la apariencia de estar igual que hace 500 años. Merece la pena la visita, también a Antonio, que les ha enseñado el castillo a tres ingleses (un padre y sus dos hijos) que han llegado justo cuando nos íbamos.

Barrio de cuevas de Guadix

Barrio de cuevas de Guadix

3. Barrio de cuevas en Guadix. De La Calahorra nos hemos dirigido a Guadix, con un teatro romano, una catedral, una alcazaba… sí, pero por lo que es famosa esta localidad granadina es por sus cuevas. Me han sorprendido muchísimo más de lo que me esperaba. A Guadix hemos llegado no mucho después de las tres y media, pero nos han tardado bastante a servir y nos hemos levantado de la mesa a las cinco. Estábamos al lado de la catedral, a la cual le hemos dado una vuelta y le hemos tomado un par de imágenes.

De allí, en la furgoneta, nos hemos dirigido al barrio de cuevas. Consejo: preguntadle a la gente cómo se va. Ya sabemos que tenéis GPS, pero este puede indicar por callejuelas estrechísimas, como hemos comprobado en primera persona. El barrio tiene un mirador en su parte alta. Es suficiente con darse un paseo tranquilo hasta él para darse cuenta de que estamos en un lugar único. Aquí viven unas 3.000 personas, que han aprovechado el material arcilloso de las laderas para construir en su interior viviendas.

Las ideas urbanísticas, más allá de la casa propia y la de las anexas, son inexistentes, lo que le da al lugar un sabor muy especial, con puertas y chimeneas brotando de las laderas sin ningún criterio aparente. Seguro que hubo alguno cuando empezaron a construirse estas casas, supuestamente también en el siglo XVI, mientras a pocos kilómetros se edificaba el gran castillo de La Calahorra.

4. Purullena. Ya estamos en casa. Después de tres días intensos y de un descanso en el hotel, nos vamos a cenar un arroz con bogavante. Mañana, día de vuelta, así que despido aquí la crónica de este viaje.

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En la cima más alta de Córdoba

Ya queda menos para decir esto: enlazo esta entrada con la del blog primigenio de ‘Las 45 cimas’, pues hoy hemos subido a la más alta de la provincia de Córdoba, La Tiñosa. Al bajar, nos hemos venido a Purullena, cerca de Guadix, en la provincia de Granada, pues mañana volveremos a subir otro monte. En Purullena no hemos hecho nada especial que no sea dar un paseo por el pueblo.

Leer lo que hemos hecho hoy en el otro blog

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Una de las calles del centro de Priego

Conociendo Priego de Córdoba bajo la lluvia

Como llevamos haciendo desde hace ya unos años, hemos elegido los días colocados entre Nochebuena y Nochevieja para venirnos hacia el sur de España. El objetivo de esta expedición es subir a los picos más altos de las provincias de Córdoba y Almería, dentro del proyecto iniciado en agosto de 2013 de ascender a la cumbre más elevada de las 50 provincias españolas.

Hoy, en concreto, estamos en uno de los pueblos más importantes de la provincia cordobesa, Priego de Córdoba. La elección, obvio, no ha sido casual, ya que se encuentra muy cerca de nuestra meta de mañana, La Tiñosa.

Con la idea de llegar a nuestro destino a la hora de la comida, hemos partido de Soria bien pronto. A las 6.15 Sergio ha recogido a Alfonso y, poco después, a José Vicente. La siguiente parada ha sido para recogerme a mí, y la ruta ha continuado con la recogida en sus respectivos hogares de Félix y Carlos. Óscar y José Luis-Findus nos esperaban ya en el bar de la gasolinera del San Andrés. Después de tomar un café, a las 6.45 hemos arrancado con la tradicional furgoneta de alquiler.

La primera y única parada ha sido un rato largo después de pasar Madrid, para el cambio de conductor y para el almuerzo. La segunda, por tanto, ha sido ya en Priego, alrededor de las 13.00 horas.

En la Fuente del Rey

En la Fuente del Rey

La lluvia de compañera

En contra de lo imaginable cuando se viaja a Andalucía, la lluvia ha sido nuestra compañera durante buena parte de las horas que hemos pasado en este bonito y animado pueblo. Nada más dejar los equipajes en el hotel, nos hemos puesto a dar un paseo para comer en el restaurante que mejor nos ha parecido, un gastrobar en la calle Del Río.

No quedaba mucho tiempo de luz, así que la parte dedicada al turismo ha sido ese tiempo entre la comida y el anochecer. La visita se ha centrado en tres puntos, los que nos parecieron los más atractivos de Priego en la planificación previa: la Fuente del Rey, el Balcón del Adarve y el Barrio de la Villa.

La Fuente del Rey es una espectacular construcción de 1803, barroca, ubicada justo al lado de la Fuente de la Salud, construida en el siglo XVI. Aunque esta tiene mucho más historia, la que merece la visita del turismo en Priego es la del Rey, con 139 chorros de agua y varias esculturas, entre ellas una principal dedicada a Neptuno. El autor del conjunto es Remigio del Mármol y el de las esculturas, José Álvarez Cubero. Tanto nos ha gustado la Fuente del Rey que hemos vuelto una hora después de haber terminado la primera visita.

Balcón del Adarve

Balcón del Adarve

Joselito

De allí nos hemos encaminado hacia el castillo y el bonito jardín que hay justo a su lado, el Recreo del Castilla. No queríamos entretenernos mucho por el tema de la luz. Ahí mismo empieza el Balcón del Adarve, un largo paseo con amplias vistas a los olivos y a las montañas que nos esperan mañana. En la barandilla de este balcón se encuentra una escultura de Joselito, pues en Priego de Córdoba se rodó la segunda parte de la trilogía del ruiseñor: ‘Saeta del Ruiseñor’.

Justo al lado del Balcón se encuentra el Barrio de la Villa, realmente bonito y donde ya la noche se nos ha terminado de caer encima. Calles estrechísimas, blancas y repletas de tiestos en las que es muy fácil desubicarse forman este barrio, donde se encontraba el Priego original de la Edad Media.

Poco a poco hemos ido acercándonos de nuevo al centro actual de la localidad, donde hemos pasado las siguientes horas, tomando algo y cenando de tapeo, algo obligatorio cuando se deja la Meseta cruzando Despeñaperros. Hasta hemos conseguido que nos pongan una sanjuanera en un bar. Mañana cambiaremos el tipo de turismo para centrarnos en el de naturaleza.

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En el Puente Nuevo, bajo la torre UFO. Al fondo, el Castillo de Bratislava

En el Europeo de Cross de Samorin y visita nocturna al Castillo

Despido con esta entrada este pequeño viaje de tres días que hemos hecho a Eslovaquia, con una escapada de unas horas, ayer, a Austria. Terminé el diario de ayer explicando que quedamos para cenar en Bratislava con una familia de Almazán, Mercedes, José y Sergio, que estaban en tierras eslovacas por la misma razón que nosotros. Esa razón es el Campeonato de Europa de Cross que se ha celebrado en Samorin, a unos 20 kilómetros de Bratislava.

Allí ha corrido el otro hijo de la familia, Daniel Mateo, además de la también soriana Marta Pérez y de un chaval de Pedro Muñoz (Ciudad Real) que entrena en Soria, David Bascuñana. A los tres se les ha animado convenientemente con banderas de España, de Soria y del Torrezno de Soria. Una de las anécdotas ha ocurrido en la carrera absoluta masculina. Adel Mechaal, que ha sido segundo, ha aprovechado que no podía ni alcanzar al primero ni ser alcanzado por el tercero para desviarse al grupo de los sorianos, pedirles una pequeña bandera española y entrar con ella a meta. Solo la hemos vuelto a ver en la tele.

Ver fotos de esta mañana en Samorin

Los tres atletas han terminado contentos y nosotros también, sobre todo desde que hemos podido acceder a la zona VIP casi sin querer. La temperatura allí era bastantes grados más alta que en el exterior, y eso que hoy por lo menos hemos visto lucir el sol.

De todo lo sucedido en el césped de Samorin, ubicado en un espectacular e inmenso complejo deportivo, he hecho una larga crónica: Leerla.

Nada más terminar de cansarnos de la zona VIP hemos regresado a Bratislava. Hemos comido al lado del hostal (muy contentos con él, por cierto) y mis compañeros se han echado la siesta mientras yo tecleaba. Era de noche y hacía frío, así que la parte final del viaje, lo que teníamos reservado para la tarde de hoy, la hemos hecho en coche: visitar el castillo.

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El castillo es el símbolo más reconocible de Bratislava. Está casi enteramente reconstruido el siglo pasado, de ahí su apariencia de nuevo, aunque se intentó mantener su aspecto original que data de hace 11 siglos. A las horas a las que hemos ido ya estaba totalmente solitario, pero tiene pinta de que en los momentos centrales del día está repleto de personas. Hemos llegado dos horas después de que cerrara. Apenas estaban las estructuras cerradas del Mercado de Navidad (con un puesto abierto a pesar de que no había nadie) y un burro y algunas ovejas que forman parte de un gran belén.

La siguiente parada ha sido la gran torre UFO que se encuentra en el Puente Nuevo, y que es otro de los lugares más conocidos de la ciudad. Mide 85 metros y entrar cuesta más de siete euros, pero con las vistas de ayer de Viena (la torre del Prater a la que nos subimos, de 90 metros) y las de hoy del castillo, nos ha parecido suficiente, aparte de que ya iba siendo tarde. Arriba hay un bar y un restaurante. Luego escribo una curiosa entrada en el Bazar sobre el puente que hemos tenido que cruzar para llegar a la torre.

De regreso al coche, hemos tomado algo en el bar del primer día, Le Senk, y hemos vuelto al hotel después de hablar un rato con un señor uniformado. Hemos tenido que comprar unas pizzas debajo de nuestro hogar para llevárnoslas a él y degustar así nuestra última cena del viaje, muy tranquila.

Como siempre, breves pero intensas jornadas: comiendo, bebiendo, durmiendo, paseando, visitando, conociendo, descansando… Mañana volamos a las 10.00. Unos iremos para Soria y otros para Burdeos. En 2018, más.

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En la Catedral de San Esteban, esta tarde

Una visita de un día a Viena

Como se podía adivinar por el título genérico de este bloque de entradas, entre nuestros planes se encontraba una visita a Austria. Para la mayoría de los mortales, y nosotros no hemos sido una excepción, Austria significa Viena, y en esta impresionante capital centroeuropea hemos pasado la mayor parte de las horas del día de hoy. Ayer nos acostamos muy pronto con la idea de levantarnos hoy bien temprano, y lo hemos conseguido, hasta el punto de que nos ha sido imposible encontrar nada abierto cerca de nuestro hotel en Bratislava.

Sin problemas.

Hemos cogido el coche y hemos puesto rumbo a Viena por carretera, no por autopista. Ha sido algo decidido, para no volver por el mismo sitio de la ida y para hacer esta por la orilla del Danubio. Casi ni nos hemos dado cuenta de cuando hemos cambiado de país. Lo que nos ha recordado que estábamos en Austria era el precio del café que, por fin, nos hemos podido tomar en Hainburg an der Donau, bonita localidad amurallada que también empezaba a despertarse.

El Palacio de Schönbrunn

Antes de las diez o alrededor de las mismas ya estábamos en Viena. Para seguir nuestros planes, nuestra primera parada ha sido uno de los lugares imprescindibles de la ciudad, el Palacio de Schönbrunn, el que inevitablemente invita a pensar en Versalles cuando se da un paseo por sus jardines y se contempla desde ellos su imponente muro posterior. Antes de ello, hemos hecho cola para comprar las entradas y visitar 20 de las 1.441 habitaciones del recinto. Cuando hemos llegado a la taquilla, nos han comentado que había que esperar unas cuatro horas para entrar, así que ni hemos hecho el planteamiento. Es cierto que había cientos-miles de personas.

Desde allí, segundo trayecto en coche, también muy obvio: Palacio de Schönbrunn al Ayuntamiento. No creo que haya muchos más Ayuntamientos en el mundo como el de Viena. Allí hemos visitado nuestro segundo mercado navideño del día (el primero ha sido en el propio Schönbrunn) y hemos desayunado de pie unas exquisitas galletas.

Schönbrunn, desde sus jardines

Schönbrunn, desde sus jardines

El siguiente objetivo del día era otro de los edificios que han hecho de Viena una ciudad visitada por más de siete millones de turistas en los primeros seis meses de este año: su Catedral de San Esteban. De camino a la misma, para ir ayudando a combatir el intenso frío y la incipiente nevada, hemos entrado en la moderna (aunque no lo aparente) Iglesia Votiva y en un restaurante para tomar algo y comer.

Desde allí ya estábamos bien cerca de la Catedral, a la que hemos entrado después de hacer otra cola no muy larga pero sí muy apretada. Es el edificio religioso más importante de Austria y uno de los más importantes de Europa. No hemos rendido visita ni a la torre ni al museo por la escasez de nuestro tiempo en Viena.

Nos quedaban unos 15 minutos de caminata hasta el coche, pero cualquier excusa era buena para entrar a algún lugar con calefacción. La excusa de esta vez se llamaba Tesla: dos coches eléctricos a la venta (no al alcance de todos los bolsillos) y una estructura mecánica de ellos ha atraído nuestra atención y la de numerosos turistas que pasan por allí. En breve, Tesla planea fabricar coches cada vez más asequibles, a la espera de que la revolución eléctrica llegue para quedarse.

Era de noche pero todavía pronto cuando hemos llegado al coche, así que nos ha parecido oportuno visitar el mítico Parque de Atracciones Prater, mítico fundamentalmente por su noria y por la conversación que en ella mantienen Orson Welles y Joseph Cotten en ‘El tercer hombre’.

El Prater es un parque de acceso gratuito. Se paga por atracción, precios más bien baratos. Nosotros no nos hemos montado en esa noria (sus cabinas ya están cerradas), pero sí en otra de la atracción de las que nos gustan (no todos, alguien tenía que grabarlo): una torre de 90 metros a la que nos han subido despacio, despacio, y en cuyo tope nos han dado tres o cuatro vueltas, también muy despacio, antes de soltarnos para abajo a una velocidad mortal. No hemos tenido ni frío.

Hemos culminado el paseo por el Prater con una visita curiosa a una casa de apuestas deportivas que nos han dicho que es la más grande de Europa, y realmente era inmensa.

A las siete estábamos en el coche, y alrededor de las ocho en Bratislava de nuevo, ahora sí volviendo por la autopista. En Bratislava hemos quedado para cenar con José, Mercedes y su hijo Sergio, en el mismo lugar que cenamos ayer. Sorianos como nosotros, están en Bratislava también por la misma razón. Mañana la desvelaremos.

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Tomando vino caliente en uno de los mercados navideños de Bratislava

Un día consagrado a la gastronomía eslovaca

Las mismas personas que viajamos el año pasado a Egipto (Alfonso, Rebeca, Sergio, Vanessa y yo) nos hemos venido a pasar el puente de diciembre a Eslovaquia, con la intención de hacer algún día una escapada a la vecina Austria. De hecho, estamos en la capital eslovaca, en Bratislava, al lado de la frontera. Eso será en el futuro.

El día de hoy, como aparece en el título, lo hemos consagrado fundamentalmente a la gastronomía eslovaca en toda su amplitud. El viaje ha estado condicionado por dos factores: casi no dormimos anoche (lo que pudimos en el aeropuerto de Madrid Barajas y en el avión) y cuando hemos llegado en el coche de alquiler a nuestro hostal de Bratislava la habitación aún no estaba preparada.

Pronto a comer

Por ello, le hemos hecho caso a la chica de recepción y hemos ido al Slovak Pub, donde nos ha dicho que se servía comida típica de aquí. Estaba muy cerca, y hemos entrado casi a las 12.00 del mediodía. Aunque es pronto para los parámetros españoles, ya teníamos hambre después de tantas andanzas desde ayer, así que el proceso de adaptación ha sido rápido y a esa hora hemos comido, ya en abundancia.

Por lo poco que hemos visto hoy, el centro de Bratislava es abarcable en no muchas horas. Desde donde hemos comido nos hemos ido dando un paseo a esas calles más céntricas.

El panorama no podía ser más centroeuropeo: mercados de Navidad, niebla que nos ha recibido desde el aterrizaje, humedad, nieve acumulada en las esquinas, vino caliente, puestos de comida. En uno de estos mercados navideños hemos tomado un postre y uno de esos vinos que tanto recuerdan al perolo soriano y que tan bien entran con las temperaturas tan bajas.

Patinando en otro de los mercados

Patinando en otro de los mercados

En la oficina de turismo nos han dado algunas breves pautas de lo que podíamos visitar, aunque al final le hemos hecho más caso a la chica del hotel.

Después de pasar por otro de los mercados navideños, nos hemos acercado a ver el gran río de Europa, el Danubio, que también baña la capital eslovaca entre otras tantas de nuestro continente, desde sus fuentes en la Selva Negra alemana hasta su desembocadura en el Mar Negro rumano. Grandes barcos permanecían hoy amarrados, supongo que a la espera de mejores días para zarpar repletos de turistas.

Catedral y, casi, el Castillo

La siguiente parada ha sido la Catedral, consagrada a San Martín, de quien hay una enorme escultura cediéndole su capa a un mendigo. En uno de los laterales, el suelo es de cristal transparente. ¿Por qué? Para permitir la visión de un cementerio del siglo XI sobre el que se edificó este templo. Aún pueden verse algunas calaveras, no sé si tan antiguas como el cementerio.

Iba acercándose la noche y nos dirigíamos al Castillo, otra de las paradas obligatorias de Bratislava. Antes, hemos hecho una parada en otro bar que nos han recomendado, La Senk, con unas cervezas tan baratas como en el resto de la ciudad por lo que estamos viendo (menos de dos euros el medio litro). Hemos estado un rato tranquilos y, al salir, llovía medio fuerte y había anochecido. El castillo podía esperar.

El gran restaurante

De regreso al hostal, ya muy cerca, en una pequeña puerta de un gran edificio hemos leído: ‘Uno de los restaurantes más grandes de Europa’. Ante tal demostración de honestidad, hemos entrada al llamado Flag Ship. Efectivamente, es inmenso. Parece un viejo teatro entrado en desuso y reutilizado para la hostelería. Son tres pisos, sobre todo el primero de ellos de gran superficie.

El tamaño de los platos no desmerece al del restaurante. Después de tantas horas de andanzas (salimos de Soria ayer a las 17.00, recogimos a Vanessa en Barajas a las 20.00, cenamos en el centro de Madrid y volvimos a Barajas pasada la medianoche), nos hemos sorprendido cenando a las 18.00 horas: morcillas, butifarras, chorizos, sopas de ajo, quesos de todo tipo, sopas con carne…

Era pronto, así que hemos hecho una breve parada en un centro comercial para husmear. A las 20.00 ya estábamos en nuestro hostal para conocer nuestra habitación, adecentarnos y, en breve, marcharnos a nuestros aposentos.

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A su pico más alto

Hemos hecho una escapada de un par de días para subir al pico más alto de Toledo. Como ya sabéis, mantengo la deferencia de enlazar al blog original de las 45 cimas.

Leer entrada

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Acercamiento a Gredos

He titulado estos cuatro días ‘Un breve y extraño viaje por España’ porque no es muy normal concentrar en este tiempo una incursión en tierras de Mallorca y otra en tierras de Ávila. Pero teniendo Madrid como centro de operaciones, no me parece tan complicado.

En estos dos días, 16 y 17 de septiembre, nos hemos acercado primero y hemos ascendido después al Almanzor, el pico más alto de la provincia de Ávila y de toda la sierra de Gredos.

Como ya sabéis, lo cuento con más detalle en el blog precedente, y al que cada vez le queda menos.

Leer crónica de la ascensión

Gota fría en Mallorca y recorrido por el Suroeste

Después de haber anulado mis planes originales de hoy de subir al Puig Major por la altísima probabilidad de lluvia que daban los especialistas, me habría dolido que hoy no hubiera caído ni una sola gota y hubiera lucido resplandeciente el sol.

Cuando me he levantado, antes de las ocho, la temperatura todavía era alta, en la línea de todo el día de ayer. No llovía, pero  las montañas visibles desde Port Sóller sí estaban bien tapadas por la niebla.

Para empezar deportivamente la jonada, he ido trotando un rato por el cada vez más conocido y transitado Sendero GR-221, el llamado Pedra en Sec. No está del todo terminado aún, pero ya permite hacer rutas de varios días por algunos de los pueblos y parajes más bonitos de toda la Sierra de Tramuntana, desde el nivel del mar hasta altitudes superiores a los 1.000 metros. He ido rumbo a Deiá y he vuelto. Es buen entrenamiento porque hay algunas cuestas y, sobre todo, el  terreno no permite quitarle el ojo.

Entre el regreso, la ducha y la preparación de la mochila, estaba montado en el coche antes de las diez de la mañana, dispuesto a hacer un recorrido por todo el litoral del Suroeste mallorquín, el que está protegido por las alturas cada vez menores de la Tramuntana.

Banyalbufar

Banyalbufar

Por esa decisión, y aunque no las he contado, calculo que habré tomado poco menos de mil curvas en el día de hoy, y más considerando que he hecho algún desvío de esta carretera ‘principal’ que une Sóller y Andratx pasando por Deiá, Banyalbufar y Estellencs.

De los tres, me temo que el más famoso es el primero. Además, era el único que conocía, así que he preferido entrar en Banyalbufar, un pueblo muy bonito, tremendamente empinado en terrazas hacia el mar y mediterráneo al cien por cien, como terminan de demostrar los olivos y las vides de los campos.

He estado bastante en Banyalbufar, donde ya empezaba a hacer un fuerte viento y a caer cuatro gotas. He reemprendido la marcha hasta Andratx, donde mi intención era darme una vuelta y, quizás, comer algo.

Efectos de la lluvia en Magaluf

Efectos de la lluvia en Magaluf

Y ha sido allí, en Andratx, donde he conocido la famosa gota fría de esta zona de España. Supongo que para los mallorquines no habrá sido nada especial (tampoco es que yo no hubiera visto llover nunca así en Soria), pero sí que le ha pegado fuerte, lo suficiente como para decidir seguir camino en coche, con un gran tráfico por esa lluvia, sin visitar Andratx.

Por aquello de contrastar con Banyalbufar o Estellencs, de las que tan pocos kilómetros la separan, mi siguiente parada ha sido Magaluf. Sin ser temporada alta del todo, lo que he visto es suficiente para intuir que no será uno de mis próximos destinos, al menos la parte céntrica, la que sale siempre en televisión.

Y poco más para terminar esta breve estancia en Mallorca. He entrado a un supermercado en Palmanova y he ido viniendo despacio al aeropuerto, para dejar con tiempo el coche de alquiler, que es de una empresa situada a unos minutos, y para tener un rato para escribir todo esto. En breve parte mi avión a Madrid de nuevo.

Puig Major (2) – Reto de las 45 cimas (0)

Por segunda vez, regreso de Mallorca sin haber ascendido a la cima del Puig Major, con lo que no puedo tacharla dentro del reto que estoy siguiendo de subir a la cumbre más alta de cada provincia, y para el que solo me quedan diez.

Cuando estuve en mayo (ver), me comentaron la posibilidad de conseguir un permiso del Escuadrón de Vigilancia Aérea del Ejército del Aire con tiempo, a través de militares. Pero la situación actual hace que este Escuadrón no conceda todavía permisos.

La otra posibilidad, la que he seguido hoy, es subir por detrás, por la cara norte, que cae como un puñal hacia el mar. Originalmente, quería subir mañana viernes, pero dan lluvias a casi el cien por cien y no es un lugar para ser visitado cuando se encuentra resbaladizo. Hoy, sin embargo, el día estaba despejado y demasiado caluroso.

Entre el aterrizaje, el coche de alquiler, una visita rápida al Coll de Sóller y otra al propio Sóller para comprar comida, he empezado a andar alrededor de las 14.30. El lugar idóneo para hacerlo es el lugar llamado Funicular, en la carretera que va a Sa Calobra, poco antes de coronar el Coll dels Reis. Me lo he pasado y he parado en el propio Coll, unos pocos metros más adelante.

Una cabra allí arriba

Una cabra allí arriba

He seguido una ruta que hay en wikiloc, con cuyo autor incluso hablé. Me dijo que no era muy complicada, y que el único paso que tiene algo de interés dispone de una cuerda o un cable para pasarlo.

El principio incluso me ha sorprendido. Se trata de una senda bastante buena. “Como sea así todo el rato”, menudo paseo, he pensado. Ha sido un espejismo total. Al cuarto de hora aproximadamente hay que dejar esa senda (hay otra ruta al Puig Major que sí la sigue) y girar bruscamente a la izquierda, para coger una canal con un desnivel que me cuesta calcular, pero muy alto. De vez en cuando hay hitos.

Además de ese gran desnivel, el terreno es malísimo. Al principio hay muchos juncos, mucho ramaje, incómodo. Después, piedras, grandes y pequeñas, sueltas en un porcentaje aproximado del 95%. La subida es regular, pero yo ya estaba pensando en la bajada.

Aun así, he hecho es canal entera. No es que sea muy complicada ni que haya ningún lugar en el que digas “si me caigo me mato”, pero sí es fácil ir al suelo en cualquier descuido y hacerse daño. Además, recuerdo las palabras del personal del Escuadrón tanto en mayo como ahora, durante la gestión del permiso: “Por atrás con frecuencia tienen que llamar para rescatar a la gente”. Y a mí, de momento, me gusta más dar noticias que protagonizarlas.

La cresta que desestimé

La cresta que desestimé

Terminada esa canal, se llega a un collado. Es relativamente llano, pero la hierba también es muy alta y no se anda bien. Pronto se deja a la izquierda la cresta que, en teoría, hay que seguir, pero todavía se anda bien por abajo. Desde el collado, aunque no se ve la gran bola del Puig Major, sí se divisa una gran mole a la que hay que dirigirse.

Miro la hora. Son las tres y media. Con el GPS, veo que la ganancia de altitud no se corresponde con lo que acorto en línea recta. Ahora entiendo por qué los tracks que he encontrado en wikiloc son de tantas horas a pesar de haber tan poca distancia.

La mallorquina Sierra de Tramontana es impresionante. Del Puig Major (1.445 metros) al mar hay poco más de tres kilómetros según calculo.

En ese mismo collado, antes de adentrarme en la cresta, decido regresar. En Mallorca anochece bastante antes que en Soria, y los cresteos nunca son rápidos. Quizás si hubiera salido de mañana, si no hubiera hecho tanto calor, si hubiera ido acompañado… Esas cosas las he pensado después. En ese momento he pensado en hacer la bajada lo mejor posible, despacio, y así ha sido, para llegar al coche pasadas las cuatro y media.

Desventajas de la decisión tomada:

-Aguantar los cacareos de los amigos

-Tener que regresar

Ventajas de la decisión tomada:

-Una de ellas, y que ha tenido también su peso, es que me ha dado tiempo a visitar Sa Calobra. Si no lo hubiera hecho hoy, creo que mañana me hubiera dado pereza regresar a esa zona, ya que estoy alojado en Port Sóller, en un refugio de montaña al lado del mar, el Muleta, donde he cenado un tumbet espectacular. Ahora escribo una entrada sobre las maravillas de Sa Calobra en este enlace.

-Aunque hubiera seguido hasta el final, no sé cuánto de cerca me habría quedado del vértice geodésico y no sé, pues, si me habría concedido la cima.

-Tener que regresar. Si  el tema del permiso sigue como en la actualidad, tengo una tercera baza. Si sale bien, os la cuento en unos meses.

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