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Cap. 180. 15-9-2018. Andalucía y la España norteafricana (4)

Visita a las islas Chafarinas

(De un modo excepcional, y por ese excepcional carácter de este viaje, reproduzco el mismo artículo en el Bazar, el Libro y el blog de las 45 cimas).

Nunca habría podido imaginar, cuando lo inicié hace poco más de cinco años, que este reto me llevaría a visitar las islas Chafarinas, uno de los territorios menos conocidos del Estado español.

Tampoco habría podido imaginarme entonces que la cima más especial de las 68, tanto de las holladas como de las que están por hollar, iba a ser prácticamente la más baja.

*Y todo ello, que por eso está el asterisco, a pesar de que no he conseguido subirla. Sin embargo, incluyo aquí el relato porque al menos la he visto de muy cerca y porque merece la pena conocer la excursión. Ello no significa que ya haya desistido, como imaginaréis.

Como expliqué en la primera de las dos ampliaciones del reto inicial, los más de 500.000 kilómetros cuadrados de España se dividen en 50 provincias, que ocupan casi el cien por cien de ese terreno; en las dos ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, entre las cuales suman unos 30 kilómetros cuadrados; y en las Plazas Menores de Soberanía, unos lugares especiales de administración situados al norte de África que no suman entre todos ellos un kilómetro cuadrado.

Semitapando la isla del Congreso

Esa pequeñez no solo no les hace perder interés, sino que los convierte en mucho más interesantes. Y más, teniendo en cuenta que el acceso a los mismos es muy complejo por encontrarse bajo el mando del Ejército español.

Pero siempre hay excepciones… y excepciones de la excepción.

Las Plazas Menores de Soberanía son el Peñón de Vélez de la Gomera, la isla Perejil (en dudas sobre su consideración), las islas Alhucemas y las islas Chafarinas.

Las Chafarinas son tres islas: Del Rey, Isabel II y Del Congreso, las tres con espectaculares acantilados que sirven de refugio a una importante avifauna. La isla del Congreso es de largo la más elevada de las tres. Su culminación se encuentra a 137 metros sobre el nivel del mar. La he visto escrita de varias maneras, de momento la dejaré como Nido de Águila. No me preocupa tanto saber el nombre de ese lugar como poner mis pies encima de él.

Pocas referencias

Mirando un poco en internet, no vi nada. No es que no viera nada de ascensiones a ese lugar, sino que no vi nada de personas que hubieran visitado las islas Chafarinas. Al menos, no desde el concepto viajero.

Encontré que había militares residiendo en la Isabel II, una estación biológica del Ministerio de Medio Ambiente (con los que también he tenido ocasión de tratar), unas excavaciones arqueológicas para estudiar el Neolítico que ya hace tiempo se abandonaron… y una excursión anual de la Asociación de Hijos de Chafarinas. El objetivo de esta excursión es que los miembros de la Asociación puedan ver de nuevo su lugar de nacimiento, donde residieron en su juventud o donde están enterrados sus familiares.

Recibimiento en la Isabel II

Entendí que existía la posibilidad de conocer las islas gracias a esta Asociación, y eso es lo que ha sucedido hoy, así que muchísimas gracias a su presidente Jacinto.

Problema: el barco amarra en la Isabel II, donde se encuentran las ruinas de una población que debió de ser relativamente esplendorosa y donde se encuentran las actuales viviendas de los militares, y unas lanchas motoras hacen viajes a la isla del Rey, donde se encuentra el cementerio. Por esa razón, como explico en el tercer párrafo, no he podido subir al Nido de Águila.

Aun así, el día ha sido inolvidable por la posibilidad de conocer un lugar con tanta historia, tan accesible físicamente y, sin embargo, tan inhóspito.

Estábamos citados a las ocho en el muelle situado frente a la Comandancia de la Marina en Melilla, un muelle de acceso restringido que se abría hoy para nosotros. Noto que la mayoría de las personas que van llegando tienen varios conocidos en el viaje, que para casi todas ellas las Chafarinas significan mucho.

84 pasajeros

Nos hemos montado en el buque auxiliar de la Armada Mar Caribe 30 tripulantes y 84 pasajeros, alguno de más de 90 años. En contra de las previsiones que habíamos consultado, amanece un día estupendo que nos permite ver desde el instante mismo de la salida la isla del Congreso. Las Chafarinas están a unos 50 kilómetros de Melilla, 20 de Argelia y a solo 4 de Marruecos, del Cabo de Agua.

En el Mar Caribe se emplean algo más de dos horas y media desde que se zarpa hasta que se atan amarras.

Según nos vamos acercando, me gustan más estas islas. La del Congreso es espectacular. La parte occidental, la que vamos viendo todo el rato, es una pared que se levanta casi desde el mar hasta la cúspide. Si quiero subirla, está claro que no va a ser por ahí.

Medusas y agua cristalina

La rodeamos, dejándola a la izquierda, y ya se divisa algún lugar donde seguro que caben lanchas más pequeñas.

Hasta entonces, las tres islas no son capaces de distinguirse, se tapan unas a otras. Cuando nos acercamos, ya se ve bien la fisonomía de cada una: el triángulo sombreroide y montañoso de la isla del Congreso, la llanura dividida en dos de la isla del Rey con pequeñas elevaciones, y el círculo de la isla de Isabel II. En esta última, ya desde lejos, sobresalen tres torres, la de la iglesia de la Purísima Concepción, la del faro y la de vigilancia en el centro de la isla.

Atracamos por el sur de la Isabel II y ya nos están esperando los legionarios allí destinados, que van rotando cada mes. Nada más bajar, nos hacemos una gran foto de familia y nos dicen las instrucciones: comida a las 14.00 horas en la cantina y regreso de nuevo a Melilla a las 17.15.

La Isabel II y sus tres torres

Tenemos alrededor de cinco horas que empiezan con una breve misa de campaña. Después, algunos van a visitar el cementerio y la gran mayoría nos quedamos en la isla principal. Hago un último intento vano de que me pasen a la isla del Congreso, pero al menos voy recabando información. Gracias también a los que me han ayudado en este intento.

El poblado tiene un gran arco de entrada en el que, junto al nombre de la isla, aparece una fecha, la del 6 de enero de 1848. Desde aquel día, las Chafarinas son españolas, ante el interés que empezó a mostrar Francia por ellas.

El gran esplendor

El gran esplendor de las islas fue en ese siglo XIX, cuando llegaron a vivir dos mil personas y había varios comercios, teatro, un pequeño hospital y la iglesia todavía conservada.

El pueblo tuvo que ser precioso, y su estado actual todavía permite imaginarlo sin problemas, con la gran plaza de Armas y sus calles en cuesta jalonadas por decenas de casas blancas al más puro estilo andaluz.

Ahora se ve todo rápido. También me he dado una vuelta por toda la isla. En la parte oriental ‘faltan’ bastantes piedras. Son las que se cogieron para unir a través de un dique las islas de Isabel II y del Rey. Lo destruyó un temporal hace más de un siglo, pero todavía se conservan los extremos en ambas islas.

El camino de entrada al pueblo

En la comida he conocido algunas historias increíbles de cómo se vivía en este lugar a mediados del pasado siglo. También es increíble el cariño con el que recuerdan su estancia todas las personas que residieron entonces en las islas.

El baño

Después de comer, otro de los momentos más esperados de nuestra estancia: el baño. Cuando hemos llegado había cientos de medusas, pero para primera hora de la tarde ya hemos dejado de verlas. El agua del Mediterráneo está a la temperatura perfecta, y su visibilidad es de metros y metros.

No es raro que los que vivieran allí sientan algo muy especial cada vez que regresan. Algunos lo hacen con frecuencia y otros llevaban más de 35 años sin volver a la que fue su casa. También viajan varios por primera vez, algunos de ellos muy jóvenes.

Como me ha dicho un joven militar destacado allí nada más bajar, las Chafarinas tienen mucho encanto.

Punto de salida: Aunque no he subido, se sobreentiende que un lugar de la costa de la isla del Congreso.

Distancia: A ojo, calculo algo menos de un kilómetro entre la ida y la vuelta.

Desnivel: 137 metros.

Cuánto se tarda: Si algún día lo hago, lo concretaré, pero menos de media hora supongo.

Explícame cómo se sube sin literatura: Así me lo han explicado a mí: nada más empezar a subir hay unos 70 escalones excavados en la roca. Cuando terminan esos escalones, se supone que empieza una cresta que hay que remontar hasta la cima.

El Tajo de Ronda

Cap. 179. 14-9-2018. Andalucía y la España norteafricana (3)

Por la Serranía de Ronda y de nuevo en el aeropuerto

Abandoné el capítulo de ayer, el 178, avisando de que me esperaba un vuelo en helicóptero de Ceuta a Algeciras.

No hubo novedad de ningún tipo. Al llegar a Algeciras, cogí mi coche de donde lo había dejado el día anterior y me puse en marcha pronto para conducir el mayor tiempo posible con luz.

Mi siguiente destino era Ronda, uno de los pueblos más famosos y reconocibles de España fundamentalmente por su espectacular Tajo y el Puente Nuevo que lo ‘tapa’ y en él se funde.

Para ir de Algeciras a Ronda, como habitúo, no elegí el camino más rápido sino el más corto y atractivo.

Y realmente lo es. Después de atravesar algunas localidades todavía de la provincia de Cádiz, llega un momento en el que se entra en la de Málaga, en plena Serranía de Ronda.

La carretera está trufada de cientos de curvas, decenas de miradores señalizados o no y un puñado de pueblos hermosísimos, tanto en sus fisonomías como en sus denominaciones: Gaucín, Algatocín, Benadalid, Atajate…

No paré en ninguno de ellos porque empezaba a anochecer, pero solo el camino ya merece la pena.

El Burgo

Llegué a Ronda minutos antes de las nueve de la noche. Sin saberlo cuando reservé, tuve la suerte de que mi albergue estuviera justo al pie del gran Tajo, en un enclave precioso al que me temo que tengo que volver.

Mi plan inicial de darme un paseo por la villa se desvaneció porque en el albergue se estaba en la gloria (llevaba cena) y porque está a unos minutos del centro, los suficientes para que prefiriera quedarme en casa.

En ese rato, y tras hablar con el dueño del albergue, cambié mis planes para hoy. De hecho, esta mañana he hecho algo parecido a lo de ayer pero conociendo otro lugar de la comarca, toda la Sierra de las Nieves.

Yunquera

Como ayer, es el camino más corto entre Ronda y el aeropuerto de Málaga, donde ahora me encuentro, pero quizás el más lento. He atravesado El Burgo, Yunquera, Alozaina, Coín… He parado en El Burgo pero jarreaba. He vuelto a detenerme en Yunquera y seguía cayendo con fuerza, pero he aprovechado un momento de debilidad de la lluvia para darme un paseo.

Mi siguiente parada ha sido Mijas. Nada que ver con los pueblos anteriores. Quizás igual de bonito, o más, o menos, según gustos, pero con cientos de turistas por todos lados. De las hordas de turistas que acuden cada año a la Costa del Sol, el porcentaje de los que se adentran en las montañas no será muy alto, y la mayoría de ellos parece que eligen Mijas. No he visto ninguno de sus famosos burros.

Y de momento, poco más. Estoy esperando un vuelo. Si tengo ganas, continúo esta tarde y si no, mañana, igual que he hecho hoy.

(…)

Se ha retrasado mi vuelo tres horas… Aquí sigo en el aeropuerto, pues, merendando gratis gracias al retraso, aunque preferiría estar en mi destino. Hasta mañana.

Paseando por Marbella

Cap. 177. 12-9-2018. Andalucía y la España norteafricana (1)

Parada en Marbella, vuelo a Ceuta y encuentro con sorianos

Inicio hoy uno de los viajes más curiosos y casi exóticos que se pueden hacer sin salir de España. No daré pistas. Quien tenga interés, que lo vaya leyendo durante estos días que voy a permanecer por Andalucía y por el Norte de Áfica.

Este miércoles he madrugado bastante, a lo que ayudó el hecho de que ayer me acosté muy temprano. Me esperaban muchos kilómetros de viaje hasta Algeciras, donde ahora me encuentro, y además quería hacer algunas paradas: las obligatorias por el reposo y una turística.

Las de reposo han sido más o menos en Valdepeñas y Granada, en áreas de servicio junto a la autovía.

La turística ha sido en una ciudad que todavía no conocía: Marbella, ya muy cerca de mi destino final.

He llegado alrededor de mediodía, a las dos de la tarde, así que lo primero que he hecho ha sido comer. No hace falta explicar que hay millones de sitios de todos los precios.

Aunque no he preguntado, la sensación que da es que es temporada media. Está todo abierto y con gente, pero bastante tranquilo. Hace calor.

Marbella, fuera de la imagen que tiene todo el mundo, es una bonita localidad con sus calles blancas y empinadas, pues el terreno es muy montañoso. El punto más alto del municipio se encuentra a casi 1.300 metros, y al lado del mar. La costa marbellí es amplísima.

Yo me he dado un paseo por todo el casco antiguo, conformado en torno a la bonita plaza de los Naranjos, hoy bastante animada pero muy lejos del bullicio exagerado. De ahí he ido al Paseo Marítimo, que está al lado, y al coche.

Pero todavía no he enfilado a Algeciras. Antes he seguido por la nacional hasta el Puerto José Banús, conocido mundialmente como Puerto Banús. Salvo unos días que pasé hace unos años en Torremolinos, apenas conozco nada de la Costa del Sol, así que me apetecía hacer estas dos paradas para ver lo más famoso.

En Puerto Banús apenas he estado un rato para hacer cuatro fotos de los yates que nunca pilotaré. También estaba muy agradable.

Ahora ya sí, mi siguiente destino ha sido Algeciras. Más concretamente, el helipuerto, una nueva y pequeña instalación aeroportuaria ubicada dentro del mastodonte que es el puerto. En el Bazar de mañana escribiré dos párrafos de esta manera de viajar entre Algeciras y Ceuta, que es la que he elegido yo. Se puede aparcar muy cerca, gratis salvo la compensación a los gorrillas, gracias a un acuerdo entre el Ayuntamiento de Algeciras y la Autoridad Portuaria de la Bahía de Algeciras.

Tras facturar y pasar el arco de seguridad en unos instantes, el vuelo con siete pasajeros ha despegado a las 19.45 y ha aterrizado al otro lado del Estrecho siete minutos después. Hay varios vuelos al día, pero es fácil encontrarlos llenos, así que es mejor reservar con antelación.

Del helipuerto de Ceuta a mi hostal hay media hora a pie, así que en este mi primer paseo por la ciudad autónoma ya me ha dado tiempo a hacerme una idea del territorio: mediterráneo y atlántico, montañoso al Este (Hacho) y al Oeste (Anyera, aunque por aquí las alturas son mucho mayores ya en Marruecos) y con edificios y establecimientos muy interesantes.

Nada más llegar al hostal, le he hecho caso a su dueño y he ido a cenar aquí al lado. De regreso, me he encontrado con un matrimonio y el hijo que buscaban el mismo hostal. Nos hemos puesto a hablar… y son de Soria.

También están recién llegados. Los padres, como yo, apenas van a tener tiempo de hacerse una idea de lo que es Ceuta. El hijo se empapará bien porque viene a comenzar sus estudios de Enfermería. Suerte en la aventura.

Sobre el lago de los jardines del Palacio de Charlottenburg

Cap. 176. 12-8-2018. Berlín (y 5)

El palacio de Charlottenburg y nervios de tartán

Mañana vuelvo a Madrid así que despido hoy la crónica de nuestras hazañas berlinesas. De hecho, lo voy a hacer sin escribir lo más importante de hoy, aunque quizás lo añada otro día.

Lo más importante es lo que va a suceder a partir de las 20.00 horas, cuando Marta Pérez corra la final del 1.500 del Campeonato de Europa de la capitán alemana, que es precisamente a lo que hemos venido.

Por la mañana, como suele ser habitual el último día de estas grandes competiciones, hemos estado viendo los dos maratones, el femenino (desde las 9.00) y el masculina (desde las 10.00). Las chicas españolas han cogido bronce y los chicos plata. La mejor ha sido Trihas Gebre (novena) y el mejor Javier Guerra (cuarto de nuevo, no ha terminado contento).

Desde ahí, regreso al hostal, comida y siesta.

Después del descanso, hemos visitado algo que tenemos a poco más de diez minutos de nuestro hostal y que casi se nos termina escapando: el palacio de Charlottenburg y todos sus jardines. Todavía no habíamos ido porque no está de camino hacia el centro, sino un poco hacia el norte, pero si alguna vez vuelvo a Berlín y me alojo en el mismo sitio pienso ir cada día a trotar o a darme una vuelta por ahí.

El palacio es espectacular, como los miles que hay por el mundo, pero lo que hace este lugar especialmente querido por los berlineses son esos jardines, que casi se pueden considerar bosque. En pleno centro de Berlín se tiene la sensación de que se está en un gran parque a algunos kilómetros.

Nos hemos limitado a dar un paseo de unos minutos por ahí porque teníamos ganar de venir al Olímpico.

Aquí estamos. En principio, despido mis relatos de Berlín. Si me acuerdo, luego o mañana escribo un párrafo con el resultado de Marta. Suerte!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Cap. 175. 11-8-2018. Berlín (4)

He estado con Nefertiti

Cuarto día por tierras berlinesas, día dedicado a los museos, la gastronomía y el atletismo.

A pesar de que la noche berlinesa tuvo ayer el detalle de querer conocernos, hoy he conseguido levantarme no muy tarde, ayudado por la explosión de luz que entra en mi habitación desde primera hora de la mañana.

Me apetecía ir a la Isla de los Museos y, como no tenía nada que me lo impidiera, eso he hecho.

La Isla de los Museos no es ninguna metáfora, ya que realmente es una isla del río Spree, en la cual se encuentran cinco museos de máximo nivel. Por ello, todo este complejo de la Isla es Patrimonio de la Humanidad.

De esos cinco museos, los más famosos son el de Pérgamo y el Nuevo. El de Pérgamo fue construido según las impresionantes riqueza arquitectónicas que tenía Alemania traídas desde otras culturas, así que la integración entre contenido y continente puede gustar o no, pero no puede estar más conseguida.

No he ido a verlo por dos razones. La primera, porque la sala del gran Altar de Pérgamo que le da nombre estará cerrada por reformas hasta 2022. Aun así, había una larga cola para entrar, que es la segunda razón.

Pero eso lo he comprobado después de mi visita a otros dos museos.

Según caminaba hacia el Nuevo, he pasado por la puerta de la Antigua Galería Nacional de Berlín, una de las dos principales pinacotecas de la ciudad. También tiene una gran colección de esculturas.

En esa portada he visto una gran pancarta anunciando una exposición temporal llamada ‘Wanderlust’. El ‘wanderlust’ es una palabra alemana sin traducción al español y que a los viajeros nos encanta, y que viene a ser el deseo enorme e irrefrenable de conocer y explorar con detenimiento el mundo.

Si pones ‘wanderlust’ en la wikipedia, la imagen que lo ilustra es la más famosa de Caspar David Friedrich y una de las más famosas de la historia: ‘El caminante sobre el mar de nubes’.

Esa misma imagen es la que ilustra la exposición ‘Wanderlust’. Ha sido una suerte inmensa y no buscada, porque este cuadro se guarda permanentemente en la Kuntshalle de Hamburgo, y se encuentra estos días en la capital alemana, así que he podido verlo. Estará aquí hasta el 16 de septiembre de este año.

En esta Antigua Galería Nacional se conservan obras del siglo XIX. Están representados los grandes autores alemanes de la época (Friedrich, Menzel, Liebermann, Böcklin, Schinkel, Von Marées, Spitzweg…), pero también de los principales pintores del Impresionismo francés (Manet, Monet, Renoir, Degas, Cezanne…).

Desde allí, tras recorrer apenas unos metros, he ido al Museo Nuevo. Para mi sorpresa, la cola para comprar entrada era de unos cinco o diez minutos, así que no podía desaprovechar la ocasión.

Con una diferencia infinita sobre la segunda (quizás el misterioso Sombrero Dorado de la Edad del Bronce), la pieza más famosa de este Museo Nuevo es el busto de Nefertiti, que se encuentra en el centro de una sala en la que no hay ninguna otra pieza artística más.

Cientos de personas pasan a diario para admirar la belleza de este pequeño busto, cuyos colores y su magnetismo son los mismos con los que nació hace unos pocos miles de años.

Me he dado un paseo por las tres plantas del edificio, donde también se conservan vestigios de historia natural, y me he ido a comer a uno de los restaurantes que me recomendó Fisi, el Berliner Republik.

Calculo que será uno de los 10.000 restaurantes que habrá en Berlín. Pues bien, justo cuando estaba terminando de comer allí han llegado el resto de periodistas soriano-españoles con los que me muevo estos días, así que ya me he quedado a acompañarles.

Desde el restaurante hemos dado con Nacho, Álvaro y Alberto otro largo paseo hasta la zona de nuestro hotel, atravesando el Tiergarten.

Y ahora, una vez más, por quinta tarde consecutiva, me encuentro en el Estadio Olímpico de Berlín disfrutando del deporte de deportes.

Checkpoint Charlie

Cap. 174. 10-8-2018. Berlín (3)

Atletismo soriano del presente, del pasado y del futuro

Como hoy ya he escrito mucho, me limito a poner los enlaces de lo que he hecho con un poco de explicación.

Por lo mañana, por primera vez en este Campeonato de Europa de Atletismo de Berlín, me he acercado al Estadio Olímpico. La razón es que a las 12.09 corría la segunda semifinal del 1.500 Marta Pérez.

La soriana nos ha dado una alegría bárbara clasificándose para la gran final de pasado mañana domingo a las 20.00.

Leer crónica de la semifinal

Nada más terminar de escribir esa crónica me he marchado en el S (de normal viajo en el U) hasta Hackescher Markt, una preciosa plaza llena de bares con estilo, de algunos puestos callejeros y de personas.

Inciso: después de los dos primeros días horrorosos de calor (38 de máxima) que hicieron que mi relación con Berlín fuera muy tensa, ya me he reconciliado plenamente con la capital alemana. A ello ha ayudado la desaparición de la canícula, pero también el conocimiento de nuevos lugares de la ciudad.

Dicho esto, he viajado hasta Hackescher porque había quedado allí con Beatriz, soriana, mediofondista de nivel en categorías inferiores y actualmente residente en Berlín.

Leer la entrevista

Después de tomarnos algo, nos hemos dado un paseo para conocer un poco la Isla de los Museos, la ribera del Spree, la plaza de Gendarmenmarkt y el Checkpoint Charlie. Justo antes de llegar allí nos hemos despedido, ella a casa y yo al hostal y de nuevo al Estadio Olímpico.

El Checkpoint Charlie era el lugar por el que los alemanes del Oeste podían pasar en algunas ocasiones al Berlín Oriental. En ocasiones pasaba lo contrario, ilegalmente, lo que podía terminar en éxito para el valiente o en fracaso: la muerte.

Después de esta casi obligada visita de Berlín, he ido rápidamente al hotel y de ahí al Estadio, donde hoy hemos podido disfrutar de las medallas de Orlando Ortega en 110 vallas y de Ana Peleteiro en triple.

En batea por uno de los canales

Cap. 173. 9-8-2018. Berlín (2)

Spreewald, 260 kilómetros de canales navegables a una hora de Berlín

Inicié en julio del año pasado una serie de entradas dedicadas a las numerosas ‘Venecias’ que hay por el mundo. Es decir, pueblos, ciudades o zonas en las que los protagonistas son los canales.

La ‘Venecia’ que empezó aquella serie está en Alemania, donde hay más de una. Pero en concreto, me refería a Spreewald, que podría traducirse como el Bosque del Spree. 

El Spree o Esprea es el río que atraviesa Berlín. Por razones que no conozco, carece de la fama que sí les sobra a los ríos que atraviesan otras grandes capitales europeas como el Sena, el Támesis, el Tíber… En este sentido, es algo parecido al Manzanares, aunque me temo que la relación entre el Spree y Berlín es mucho más estrecha que entre el Manzanares y Madrid. 

Como voy a pasar unos días en Berlín, tenía ganas de escaparme un rato de la gran ciudad. Aunque hay varias opciones quizás más famosas para hacer una excursión de unas horas desde Berlín, yo he optado por Spreewald. Me hace ilusión visitar los lugares de los que he hablado previamente en el blog sin conocerlos.

He madrugado sin excesos para llegar a la estación de tren del Zoológico, muy cerca de nuestro hostal. Desde allí, cada hora sale un tren hasta Lubbenau. De la estación al centro hay un paseo de diez minutos. Nada más llegar, está la oficina de turismo.

Hay tres maneras de conocer Spreewald en un primer acercamiento: andando, en bicicleta o desde dentro de los canales. En toda esta amplia comarca hay más de 1.500 kilómetros de canales, de los cuales 260 son navegables.

En las más de dos horas que he estado, me he cruzado con decenas de bateas ocupadas por numerosos turistas y pilotadas por los gondoleros-bateleros que inevitablemente recuerdan a los de Venecia. También he visto a muchas personas recorriendo estos canales en piraguas.

Embarcadero

Para los que prefieran la bicicleta, solo en Spreewald hay una red de senderos de casi 300 kilómetros, de los cuales me atrevería a asegurar que 299 son llanos. Merece la pena para ver más lugares.

Yo, sin embargo, he preferido caminar. Hay una ruta circular de cuatro kilómetros que va de Lubbenau a Lehde. Es el típico lugar apacible, con casas de madera bien cuidadas, bares muy agradables, puentes de todos los tamaños (sin excesos por arriba, porque los canales no son muy anchos)… 

He visto que hay muchos establecimientos de alojamiento rural, y muchas casas tienen apariencia de ser segundas viviendas, algo lógico estando tan cerca de Berlín. Para acceder a muchas de estas casas es necesario cruzar esos minúsculos canales a través de brevísimos puentes de madera.

Como he dicho, esos cuatro kilómetros me han llevado alrededor de dos horas. He comido tranquilamente en Lubbenau, ya que estaba allí, y he deshecho el camino de la ida. He pasado rápidamente por el hostal y me he venido de nuevo al Estadio Olímpico antes de las 18.00. 

Espero que hoy podamos celebrar alguna medalla española en este Campeonato de Europa de Atletismo.

El Memorial del Holocausto, entre Postdamer Platz y la Puerta de Brandeburgo

Cap. 172. 8-8-2018. Berlín (1)

Viendo atletismo y pasando calor

Llegué ayer martes a Berlín por la mañana. Mi día fue muy sencillo: instalarme en el hostal, descansar porque venía de una nueva noche en el aeropuerto de Barajas, ir al Estadio Olímpico a coger la acreditación, comer por ahí cerca y entrar al estadio a ver la primera jornada en condiciones del Europeo de Atletismo. Me interesaba sobre todo el 10.000, en el que el soriano Daniel Mateo terminó duodécimo.

Hablaba Mateo del calor, y es cierto. Está haciendo estos días unas temperaturas altísimas en Berlín bien acompañadas de humedad. En el debate eterno entre el frío y el calor, yo hace tiempo que dejé de dudar, aunque el problema de estas cosas es que hay muchas gradaciones de frío y muchas gradaciones de calor.

El Reichstag

Esta mañana hemos ido a correr por el Tiergarten, un rato en compañía de Nacho y Álvaro, mis compañeros de hostal. El ritmo ha sido tranquilo. Hemos disfrutado de bastante sombra aunque no hemos madrugado como deberíamos.

Después, ellos han ido al Estadio Olímpico a ver las semifinales del 1.500 por respeto a la distancia. Yo he he preferido darme un paseo corto y no muy largo por el centro de Berlín.

Estuve en la capital alemana unas horas en 2016. Aunque cundieron, no nos dio tiempo a ver casi nada, ni siquiera la puerta de Brandeburgo. Por ello, lo primero que he hecho este mediodía ha sido acercarme a ver este histórico monumento de finales del siglo XVIII, y que en todos estos años ha vivido continuos avatares con todos los regímenes que han dominado Alemania.

De camino me he encontrado con el poderoso y en su día polémico memorial del Holocausto, un recuerdo de 2.711 paralelepípedos de piedra de igual base todos ellos pero de distintas alturas. Se inauguró hace poco más de diez años y es bastante impresionante, aunque inevitablemente también tiene su elemento de diversión para las decenas de miles de niños que lo visitarán cada año.

Justo al lado de la Puerta de Brandeburgo está la Oficina de Turismo, donde me he estado informando para mis próximos días. Por ejemplo, me han dicho dónde está la caseta en la que se hacen las reservas para visitar la cúpula del Reichstag, del Parlamento. 

Puerta de Brandeburgo

Está al lado. Había una cola no muy larga pero que no se movía. Calculaban que de una hora. Hay, por tanto, dos posibilidades: que me acerque un día a primera hora a coger mi turno, o que me quede sin ver la gran cúpula del Parlamento en este viaje. No voy a remover Roma con Santiago, pero me la han recomendado vivamente.

Otra de las recomendaciones que me hicieron fue la del Museo del Cine situado en el Sony Center, muy cerca, en la Postdamer Platz. Es un museo dedicado fundamentalmente a la historia del cine alemán. Le voy a hacer una breve entrada en el Bazar para quien quiera leerla, por eso no me extiendo aquí.

De la Postdamer Platz me he ido un rato al hotel, donde la temperatura era la habitual en las saunas, y de ahí de nuevo al atletismo.

Aquí estamos más de 50 periodistas españoles. Como es habitual en las últimas grandes citas, la expedición periodística española es la más grande después de la anfitriona, de los alemanes en este caso. Hoy hay más gente que ayer, pero el Olímpico, con más de 76.000 plazas de aforo, está lejos del lleno.