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Cap. 170. 15-6-2018. Una ruta con cuatro paradas: Peñafiel, Villafáfila, Urueña, Wamba

Hoy viernes tenía tiempo y tenía que desplazarme de Soria a Valladolid, así que he hecho una ruta tranquila con cuatro paradas y algunos kilómetros de más.

Parada 1. Peñafiel

He estado poco rato, apenas para tomar algo en la plaza del Coso, a la que hacía años que no subía, y para hacer dos fotos del castillo desde lejos. El castillo es la imagen icónica de Peñafiel, pero la plaza del Coso es preciosa, no sé si existe algo parecido en España.

Parada 2. Lagunas de Villafáfila

Mis tres paradas siguientes eran tres lugares que tenía apuntados desde hace años y años, alguno más de 30.

El primero, las lagunas de Villafáfila. En el ranking de los humedales más importantes de España se encuentra muy arriba, especialmente entre los esteparios.

Cuando he llegado a esta Reserva Natural eran alrededor de las 15.00 y estaba cerrado el Parque de Fauna. He hecho tiempo acercándome hasta el mirador de Otero de Sariegos, desde donde se tiene una bonita vista de la Laguna Grande pero con las aves demasiado lejanas.

He vuelto por caminos hasta el Parque de Fauna, que abría a las 16.00. Allí, en un par de lagunas artificiales, pueden verse de cerca y desde varios observatorios muchas de las aves que pueblan Villafáfila. Empiezan a verse algunos pollos en las pequeñas islas de estas lagunas.

El último mirador no da a esas dos lagunas sino a un pequeño trozo de estepa en el que me han advertido de la posibilidad de ver avutardas. No sé si he tenido suerte o no, pero ahí estaban dos hermosos ejemplares de esta gran ave.

Parada 3. Urueña

Desde hace unos años, se ha convertido en uno de los pueblos más famosos de Valladolid. Urueña ya tiene méritos de por sí para serlo, sobre todo por su bien conservada muralla que rodea casi toda la localidad, con un par de puertas de entrada, un torreón y un castillo.

Pero lo que hace diferente a esta localidad es la impensable cantidad de librerías que la pueblan. No habrá en el mundo otra población con más librerías por habitante, y por ello es denominada la Villa del Libro.

Esta iniciativa surgió en 2007, y ahora hay aproximadamente una veintena de librerías. En realidad, no abren todos los días salvo alguna de ellas, sino solo los fines de semana. Hoy he pasado por una decena y solo estaba una abierta.

En Urueña también está desde 1991 la sede de la Fundación Joaquín Díaz, especializada en la conservación y difusión del patrimonio cultural tradicional de Castilla y León.

Parada 4. Wamba

De camino a Valladolid, y antes de que empezara el partido de España, todavía me daba tiempo a parar en Wamba, pueblo que deseaba conocer desde hace alrededor de 30 años. ¿Por qué? Primero, por su curioso nombre adquirido de uno de los reyes visigodos. Y segundo, y sobre todo, por el osario que se conserva en su iglesia de Santa María.

La iglesia, románica del XII con trazas de mozárabe del X, me ha parecido muy interesante, supongo que gracias a que he llegado en el momento en el que comenzaba una visita guiada a la que me he sumado.

Sin embargo, no creo que muchas personas se detuvieran a ver esta iglesia si no fuera por lo que esconde una de las capillas situada en el antiguo claustro, un increíble osario en el que se conservan alrededor de 3.000 esqueletos. Las numerosas calaveras le dan al lugar un aspecto muy especial, es de esos lugares que ganan en directo respecto a lo que muestran las fotografías.

Es el mayor osario de España, y eso que llegó a tener algunos miles más de cadáveres que llegaban a hacer bóveda en toda esta pequeña capilla. ¿Quién se los llevó pues? Según nos han explicado, las Universidades de Medicina de toda España. Gregorio Marañón, por ejemplo, se llevó un importante cargamento de huesos para ayudarle en sus estudios. Los restos tienen entre 800 y 400 años aproximadamente.

De ahí ya me he venido a Valladolid a ver el España-Portugal. Además de los pueblos, me ha gustado mucho cómo están de verdes, rojos y amarillos los páramos de la Tierra de Campos, así como los bonitos bosques de pinos y encinas de los Montes Torozos que he atravesado por estas carreteras secundarias en las que apenas me he cruzado con nadie.

El Foro Romano, desde la terraza del Ayuntamiento

Cap. 169. 21-27-5-2018. Crónica de un viaje de Soria a Roma en bicicleta en cuatro días sin paradas

A finales del mes de octubre del pasado 2017, Andrés me telefoneó para comentarme un plan de cara a la siguiente primavera: unir las ciudades de Soria y Roma en bicicleta de una manera muy especial, sin paradas y en apenas cuatro días. En aquella primera conversación no concretamos nada más allá de mi respuesta afirmativa, a expensas de lo que pudiera suceder en los meses siguientes.

En esos meses sería necesario, como parte más importante del viaje, completar un equipo de media docena de ciclistas para afrontar esos 2.000 kilómetros sin descanso, con las paradas imprescindibles para hacer los relevos.

La idea era relativamente sencilla: etapas de aproximadamente 130 kilómetros y dos vehículos de apoyo. La autocaravana se adelantaría hasta el final de cada tramo para que los demás ciclistas descansaran y la furgoneta iría cerca de cada relevo en funcionamiento, atenta a cualquier posible contratiempo.

Así, no se dormirían muchas horas seguidas, pero cada persona sí descansaría dos o tres veces diarias. Al final…

Antes de todo ello, hubo muchísimas cosas que cerrar, para lo que fueron necesarias varias reuniones y el trabajo privado en casa para hacer un gran dossier y para ir diseñando todo el recorrido.

A falta de quizás tres meses, se cerraron tanto el grupo como las fechas. Viajaríamos del 21 al 25 de mayo los ciclistas Javi, María, Marta, Mítxel, Paco, Rafa y Santi, con Andrés y yo mismo de apoyo. Nueve personas en total.

En todo ese tiempo previo hubo que tratar de cerrar los patrocinios que hicieran posible un viaje así. A principios de octubre, en una conversación en la Queru, Andrés, Mítxel y Alfonso (del restaurante Trashumante) pensaron que una manera en condiciones de conmemorar Numancia 2017 era la que finalmente hemos llevado a cabo.

A partir de ahí, y una vez hecho el dossier, el Ayuntamiento de Soria decidió que merecía la pena apoyar la idea. Eso mismo pensaron el propio restaurante Trashumante, que nos ha preparado toda la comida; Transportes de Pedro, que nos facilitó la furgoneta; Frutas Martínez, con buen acopio de fruta y frutos secos; Montepinos, lo mismo pero de agua y bebidas refrescantes; Desafío Urbión para los trámites administrativos, Autocaravanas Soria, Mundobici, Viajes Tundidor, Gold Nutrition y El Tío del Mazo.

Los preparativos fueron complejos. En todas esas semanas previas a nuestra partida, y a través del Ayuntamiento, conseguimos algo que en un principio nos parecía impensable: que el Ayuntamiento de Roma nos recibiera. A los pocos días de enviarles la solicitud, nos dijeron que el viernes 25 de mayo nos esperaría en la plaza del Campidoglio el concejal de Deportes romano, Angelo Diario. Allí se encontraría con su homólogo en Soria, Ángel Hernández, quien haría el último tramo del gran reto junto a nosotros.

Siguiendo con la entrada a Roma, y dado el cáotico tráfico que suele presidirla, conseguimos contactar con la Asociación Internacional de Policía (IPA) y más concretamente con uno de sus integrantes en Italia, Efisio, al que casi se puede considerar también parte del grupo. Le explicamos que sería estupendo que la Policía Local de Roma nos guiara en nuestra entrada. Después de muchos intercambios telefónicos hablando unos en español y otros en italiano, volvió a demostrarse que el deseo de entenderse supera las barreras del idioma. La entrada en Roma fue apoteósica… pero el relato un poco más concreto vendrá en su momento.

Después de muchas conversaciones y pensamientos, decidimos que la salida del viaje sería el lunes 21 de mayo de 2018 a las 15.30, desde el pebetero de Numancia junto a la Diputación Provincial de Soria, como símbolo de unión entre la ciudad celtíbera y el gran imperio romano que tantos años empleó en doblegarla hace más de dos milenios.

Las dos horas previas a la salida fueron de una tormenta constante en la ciudad, que nos obligó a refugiarnos a ratos mientras preparábamos todo e íbamos recogiendo a la gente. No teníamos claro que nos fuera a permitir celebrar una salida tranquila. El tiempo se nos iba echando encima. Por suerte, la lluvia se detuvo media hora antes y la salida, con la presencia de familiares, amigos y representantes municipales, así como con la escolta de la Policía hasta el Puente de Piedra, pudo realizarse como habíamos planeado.

Ya desde el principio, los planes iniciales del avance de la autocaravana y la furgoneta se vieron alterados por un pequeño problema con el generador que llevábamos para encender el microondas con el que nos hemos ido calentando toda la comida. Solucionamos ese problema, como todos los que hemos tenido en todos estos días, y empezó por fin la gran aventura.

El primer tramo fue de Marta y María, entre Soria y la localidad zaragozana de Valareña, junto a Ejea de los Caballeros. El hecho de que fueran carreteras de España conocidas y sin mucho tráfico, permitió que adelantaran bastante el horario previsto. Nos las prometíamos muy felices. Tramo 1: Soria-Valareña, de 15.45 a 19.50 del lunes 21.

Allí le dieron el relevo a la pareja formada por Javi y Mítxel (tramo 2: Valareña-Berbegal (Huesca), de 19.50 del lunes a 0.50 del martes 22). Como hemos hecho en casi todo el reto, se habían puesto en el wasap la función de ‘Ubicación en tiempo real’. Gracias a ella, desde el vehículo de apoyo vimos que no habían cogido el cruce de Gurrea de Gállego donde debían. Rápido les llamamos y regresaron. Esos pocos minutos perdidos resultaron ser hasta una suerte, porque la ruta llevaba el mismo recorrido que una gran tormenta de granizo que caminaba poco antes de nosotros.

Circular de noche en bicicleta, con buenos focos, buena temperatura y por carreteras poco transitadas, ha resultado ser una de las varias cosas que más me han gustado de este viaje. No siempre pudimos decir lo mismo en días posteriores.

En Berbegal arrancó la tercera pareja, la formada por Rafa y Paco, quienes completaron la primera etapa plenamente nocturna de este viaje de cuatro días (tramo 3: Berbegal-Ponts (Lérida), de 1.00 a 5.20 del martes 22). Aunque el desnivel prepirenaico ya empezaba a ser importante, con unos 1.000 metros positivos y otros tantos negativos, el reto todavía estaba mejorando los tiempos que habíamos planeado, en concreto en una hora y 40 minutos.

Este fue el último tramo en el que fuimos mejor que las previsiones. Tampoco nos preocupamos en exceso por tres motivos. En primer lugar, porque ya sabíamos que iba a ser así. En segundo, porque viajábamos con un margen de 15 horas respecto al momento en el que habíamos quedado con el Ayuntamiento de Roma. Y en tercero, porque sabíamos que algún tramo podía acortarse algo y que habría otros que serían iniciados antes de que la anterior pareja terminara el suyo.

La siguiente etapa, la última cien por cien española, fue seria, con más de 2.200 metros positivos en un continuo subir y bajar por las carreteras de Lérida y Gerona (tramo 4: Ponts-Las Llosas (Gerona), de 5.20 a 11.35 del martes 22). Esa dureza se vio compensada por unos paisajes espectaculares en toda esta zona presidida por las poblaciones de Solsona (Lérida) y Berga (Barcelona). Marta y María hicieron esta etapa. En Berga, como nos ha sucedido varias veces cuando hemos atravesado localidades grandes (y esto todavía no era nada con lo que nos esperaba), también fue inevitable salirse del track que había preparado Paco en las semanas previas.

Mientras ellas dos pedaleaban, el resto teníamos tiempo para consultar en internet las previsiones meteorológicas, que esta vez no fallaron. Tramo 5: Las Llosas-Amelie les Bains Palalda, de 11.15 a 14.45 del martes 22. Mítxel y Javi fueron los encargados de salvar la barrera de los Pirineos por el bonito Coll d’Ares entre Molló y Prats de Molló. No lo pudieron disfrutar como se merecía porque hicieron la etapa entera bajo una lluvia impresionante.

Por ello, decidimos acortar ese tramo y finalizarlo en la localidad de Amelie-Les Bains-Palalda, donde encontramos una zona de autocaravanas para poder comer y descansar lo que pudiéramos durante la espera.

Allí, todavía sin dejar de llover, empezaron su segundo turno Rafa y Paco quienes, para minimizar esos efectos del agua y del paso por grandes ciudades, así como recuperar algún kilómetro, hicieron en solitario algún subtramo. Tramo 6: Amelie les Bains Palalda-Agde, de las 15.05 a las 20.00 del martes 22. Fue en este trayecto cuando el abundante tráfico cerca de Perpiñán, junto a la capa de agua que cubría la carretera, hizo especialmente peligrosa la convivencia entre la bicicleta y los vehículos a motor.

A continuación, por primera vez durante el viaje, se incorporó al mismo Santi, para acompañar a Marta y María. Tramo 7: Agde-Arles, de las 20.00 a las 1.05 del miércoles 23. Como solía suceder en estas etapas que arrancaban de noche, lo peor fue al principio, hasta que empezó a bajar el nivel de tráfico, muy abundante por ejemplo en Sete. La etapa, muy llana, obligó a dar pedales a un fuerte ritmo durante casi todo el tiempo. Toda esta zona ya es un paraíso para pasar el verano, aunque a esas horas no era posible apreciarlo y todavía es un poco pronto hasta que viva su máximo esplendor.

En Arles, tras el correspondiente y breve descanso y tras el acopio de alimentos, regresaron a la bicicleta Mítxel y Javi en una etapa en la que circularon siempre hacia el Este, hacia la salida del sol. Tramo 8: Arles-Varages, de las 1.10 a las 6.35 del miércoles 23. Como se puede ver en los horarios, lo de pedalear hacia el sol fue literal, porque su llegada a esta pequeña localidad se produjo justo cuando empezaba a amanecer.

En Varages, como siempre, unos rápido a la autocaravana, otros rápido a la furgoneta y otros rápido a pedalear. De los que no pedaleaban, unos a conducir, otros a dar conversación y otros a intentar dormir lo que se pudiera. Así han sido estos cuatro días sin horarios, en los que la coordinación ha sido siempre fundamental aunque hacerla perfecta ha sido imposible en algunas ocasiones.

Los que tenían que pedalear ahora eran de nuevo Rafa y Paco. Y, como en el anterior relevo, les tocó seguir rumbo hacia Oriente. Sin desmerecer todo el interior de Francia, en este momento empieza uno de los grandes atractivos de este viaje (una de las ideas del mismo es crear una especie de ruta cicloturista entre Soria y Roma dada la gran historia que las une): la Costa Azul. Tramo 9: Varages-Cannes, de las 6.50 a las 11.00 del miércoles 23.

Cannes era la primera gran ciudad utilizada como cambio de relevo. Ello hizo que nos costara especialmente encontrar un lugar donde depositar los dos vehículos de apoyo, después de dar varias vueltas por los lugares en los que apenas tres días antes había terminado el Festival de Cine más glamouroso del mundo. El cambio se hizo unos kilómetros después, en Golfe-Juan, una preciosa playa situada justo antes de Antibes donde pudimos darnos el único baño marítimo del viaje, aprovechando que era casi mediodía y que la temperatura ya era buenísima.

El décimo sector del viaje fue uno de los más especiales. En él se pasaban tres países y se atravesaban varias ciudades (Antibes, Niza, Mónaco, Menton, San Remo). Tramo 10: Cannes-Imperia, de las 11.45 a las 18.00 del miércoles 23. Lo completaron María, Marta y Santi. Pasar tantas ciudades hacía más lioso el seguimiento de los ciclistas, con lo que varias veces hubo que salir a la autopista para regresar de nuevo a la costa. El jaleo era especialmente notable en Mónaco, donde ya no podía aparcarse en ningún sitio ni circular con normalidad ya que solo dos días después empezaba el Gran Premio de la Fórmula Uno.

Si alguna vez hacéis ese recorrido en coche, en bicicleta o en cualquier modo de transporte, tened cuidado con el ‘roaming’ de vuestros teléfonos móviles y la itinerancia de datos, ya que Mónaco no se rige por las leyes de la Unión Europea. Aquí vivimos el primer reventón de rueda de los pocos que ha habido en este viaje, en la bici de María. Por suerte, un ciclista que pasaba por allí tenía el material necesario para arreglarlo sin necesidad de que se acercara nuestro furgoneta, que ya estaba avisada.

A partir de aquí ya íbamos con bastante pérdida de tiempo, más de la que nos gustaría, así que empezamos a pensar decisiones. De momento, Mítxel y Javi echaron a rodar algún kilómetro antes de donde se encontraba el relevo anterior, ya que parecía que se iba a tardar lo mismo en coches que en bici a salvar esa distancia. Tramo 11: Imperia-Cogoleto, de las 18.45 a las 22.30 del miércoles 23.

Esta etapa es también impresionante, ya que transcurre paralela a la costa de Liguria la totalidad de sus kilómetros. Nuestro ritmo no permitía disfrutar al cien por cien de todo lo que se iba viendo, pero sí intuir que merecería la pena regresar con más calma a muchos de estos lugares que hemos conocido.

A Cogoleto, muy cerca de Génova y ya bien de noche, llegamos finalmente con un retraso de cinco horas respecto al plan previsto. Además, el cansancio se iba notando y ese retraso tenía tendencia a ir ampliándose. Seguíamos con tiempo de sobra para llegar a Roma, pero nuestra intención era hacer lo mismo que en las grandes vueltas ciclistas por etapas: limitarnos a disfrutar en el último tramo, descansando lo que pudiéramos la noche del día siguiente, del jueves 24.

Por todo ello, y gracias también a que ya era bien entrada la noche, alteramos el recorrido original, que evitaba la entrada en Génova ya que con el horario previsto la pasaríamos justo en las últimas horas de la tarde, con muchísimo tráfico. Así, decidimos quitar varios kilómetros a la etapa para hacerla más ‘recta’, uniendo dos tramos en uno, lo que obligó a Paco y Rafa a circular toda la noche de nuevo por la costa ligur en un largo avance que les dejó en Sarzana. Tramo 12: Cogoleto-Sarzana, de las 23.10 a las 6.40 del jueves 24.

Dejaron muy cerca a la derecha uno de esos lugares que aparecen en todas las listas como uno de los más bonitos del mundo, Cinqueterre, pero el plan de este viaje no era el turístico aunque a veces en las reuniones previas, ilusos, nos los planteábamos. En Sarzana habíamos reducido la demora a dos horas y 20 minutos.

El plan era, para ese último día, ir completando todos los tramos que faltaban sin que el relevo saliente esperase al entrante, ayudados por los dos vehículos y sin estar uno de ellos, preferentemente la furgoneta, nunca muy lejos de los ciclistas. Eran cuatro tramos para tres parejas, así que el primero y el último deberían ser hechos por el mismo grupo.

En Sarzana abandonamos Liguria, la única región italiana que hasta entonces habíamos atravesado, para adentrarnos en la Toscana. Esta región es universalmente famosa por ciudades como Florencia, Pisa, Lucca, Siena, Livorno, Arezzo, San Gimignano… pero, como dice la Wikipedia: “Casi sin excepción, cada ciudad y pueblo de Toscana tiene una considerable belleza natural y arquitectónica”.

Puede (porque tampoco conozco toda Italia) que la Toscana sea la quintaesencia del autoproclamado ‘Bel Paese’, el ‘Bello País’ que es Italia, sin rival entre los otros dos centenares del mundo.

Tramo 13: Sarzana-Castelfiorentino, de las 6.45 a las 12.05 del jueves 24. Los encargados de salir de Liguria y entrar a la Toscana fueron Santi y María. Atravesaron Lucca, de la que apenas pudieron ver (igual que nosotros) la ciudadela desde fuera. Las facilidades que tuvimos con los tracks desde que salimos de Soria hasta aquí mismo desaparecieron en algunos puntos por las peculiaridades de la orografía y de las carreteras toscanas, no siempre asfaltadas, sí siempre repletas de baches.

Más de una vez les tocó darse la vuelta por esa razón y tirar de instinto, sabiendo cuáles eran los siguientes puntos a los que debían dirigirse.

Para los tres tramos finales, mantuvimos tal cual el recorrido que llevábamos pensado, pero cambiando los dos puntos intermedios de relevo, con el objetivo de avanzar bastante durante las horas de luz e intentar no llegar muy tarde a nuestro Monte do Gozo particular, a Bracciano, donde íbamos a descansar un largo rato antes de la etapa del viernes. De nuevo… ilusos.

Así, Javi y Mítxel alargaron su etapa para pedalear durante casi todas las horas de luz que quedaban. Tramo 14: Castelfiorentino-Santa Fiora, de las 11.50 a las 20.05 del jueves 24. En Santa Fiora, como nos ha sucedido varias veces en este viaje, aparcamos junto al cementerio para comer y para dormir un par de horas… que al final se quedaron en cero. Por circunstancias de internet y de que la autocaravana tuvo que salir antes de lo previsto, Santa Fiora fue el único pueblo que visité con relativa tranquilidad. Pensé que había sido afortunado de que la casualidad me hubiera depositado allí durante algo más de una hora, porque el pueblo es impresionante, pero ya me ha descubierto Wikipedia que esta es la moneda de uso común en la Toscana.

Unificados los dos vehículos en Santa Fiora, yo me quedé con la furgoneta, mientras que Andrés con la caravana salió junto a Marta, María y Santi hasta Commenda, donde afrontarían el ‘último’ tramo. Un poco antes, ya intuyendo la noche, Paco y Rafa salieron de Santa Fiora hacia Commenda. Tramo 15: Santa Fiora-Commenda, de las 19.50 a las 23.55 del jueves 24.

Queríamos que estos dos tramos finales no fueran muy largos para acelerar nuestra llegada a Bracciano. Sin embargo, los problemas mecánicos que prácticamente nos respetaron durante todo el periplo de ya más de tres días, aparecieron de repente. Primero, y ya en plena noche, Paco sufrió un reventón gracias a uno de los millones de baches que tienen estas carreteras toscanas. Para no quedarse fríos y para ganar algo de terreno, fueron avanzando a pie.

Encontrarlos no fue posible a la primera porque, además, en toda esa zona la cobertura y los GPS fallan más de lo que nos habría gustado. Los íbamos mirando en nuestros móviles y, cuando parecía que los teníamos, nos los encontrábamos de repente en una carretera paralela o dos kilómetros por delante. Al final, como siempre… conseguimos ver esas luces rojas en la distancia que tanta alegría nos daban cada vez que las descubríamos.

Después de cambiar la rueda, todavía se rompió un pedal, pero ya quedaba demasiado poco hasta Commenda como para no llegar… e incluso pasarse algún kilómetro. Si tenéis planeado ir a la Toscana a hacer cicloturismo, planteaos muy seriamente hacerlo con bicicletas gravel.

Mientras todo esto sucedía, un poco más al sur ya habían comenzado su pedaleo Santi, María y Marta. Tramo 16: Commenda-Bracciano, de las 22.30 a las 1.15 del viernes 25. Al poco de iniciarlo, Marta tuvo otro par de pinchazos, con lo que optó por quedarse con Andrés para estas horas finales del viaje.

A medianoche, ya estábamos todos en ruta hacia Bracciano: Santi y María en bicicleta; Andrés, Marta, Rafa y Paco en autocaravana; Javi, Mítxel y yo en furgoneta. Nosotros tres, que éramos los que estábamos más cerca, fuimos hasta el alojamiento que habíamos reservado. Como ya era cerca de la una de la mañana… cerrado. Ni respuesta al teléfono, ni timbre, ni luces, ni vecinos… todo dormía.

Poco antes había entrado en juego el décimo actor de esta película (realmente el undécimo, pero luego hablaré del décimo): el concejal Ángel Hernández, quien ya había llegado a Bracciano algunas horas antes para hacer al día siguiente la última etapa con nosotros. Íbamos manteniendo el contacto telefónico, en el que le hacíamos saber que no podíamos saber a qué hora llegaríamos. Nos comentó que, fuera la hora que fuera, le llamásemos al llegar a Bracciano.

Dicho y hecho. Me chiva mi móvil que le llamé a las 1.28 de la madrugada para ver si en su hotel había habitaciones donde descansar los nueve. Efectivamente, las había. Les dijimos a María y Santi, que estaban en el centro de Bracciano, que se acercaran con sus bicis hasta allí, a orillas del lago del mismo nombre y a unos tres o cuatro kilómetros de donde se encontraban.

También fueron informados los de la caravana y, alrededor de las tres, ya estaban nuestros castigados cuerpos dispuestos a pasar sus primeras horas en una cama después de cuatro días de sueños breves y discontinuos.

Estas horas de sueño a orillas del lago Bracciano fueron breves pero reparadoras. Mereció la pena despertarse y disfrutar de un abundante desayuno a la sombra de la gran terraza del hotel, con las vistas del lago y de una piscina que no utilizamos, y con una temperatura más agradable imposible.

Durante el desayuno, Andrés nos dio una breve charla en la que nos recordó que todo lo que habíamos vivido en los cuatro días anteriores iba a tener sobrada recompensa con estos últimos 45 kilómetros y, sobre todo, con la llegada a Roma y la entrada al puro centro de la gran capital del antiguo mundo, a la que tanto le deben tantas civilizaciones posteriores. Nos aseguró que era algo que no íbamos a olvidar en la vida y ahora, ya con perspectiva, está claro que así será.

Pero aún no había terminado el viaje. Otro de los apartados que mayores quebraderos de cabeza nos daba era el de la misma entrada en Roma, por su abundantísimo y desordenado tráfico. Para intentar solucionarlo, nos pusimos en contacto con la International Police Association.

Como una especie de hada madrina, ese llamado nuestro llegó a una persona de la que no sabíamos nada, y con la que estuvimos hablando unos días por teléfono a pesar de no tener ningún idioma dominado en común. Le pasamos nuestra ruta y, en la tarde del jueves, en Castelfiorentino, allí nos esperaba Efisio Picciau, policía del Ministerio de Economía y Finanzas de Italia.

Tras un breve intercambio de palabras, cafés y fotografías, nos citamos de nuevo con él a las 12.00 de la mañana en nuestro hotel de Bracciano. Minutos antes de la hora acordada, ya estaba él. Justo a mediodía, como habíamos planificado, empezó la última etapa, esta vez con todo el grupo unido: los siete ciclistas del reto, Ángel y Efisio a lomos de su bicicleta plegable, con la que se quedaba atrás en las cuestas arriba.

Tramo 17 y último: Bracciano-Roma, de las 12.00 a las 15.00 del viernes 25.

Hicimos algo más de 25 kilómetros por la estrecha y sinuosa carretera que une Bracciano y Roma. No había ninguna prisa, porque habíamos quedado a las 14.30 en una gasolinera situada a casi 20 kilómetros de nuestra meta, del Campidoglio, la sede del Ayuntamiento de Roma. En esos primeros 25 kilómetros, a Efisio le dio tiempo a construir un ‘distanciómetro’ (una gran caña pelada que ponía paralela sobre el manillar, sobresaliendo a la izquierda, para que los coches no la tocaran) y a tener un leve percance que le hizo aparecer montado en un coche de la Cruz Roja, del que se bajó en la gasolinera 15 minutos después de nuestra llegada.

¿Quién nos esperaba en esa gasolinera de Agip situada en el número 1304 de la Via Cassia? Gracias a esas gestiones de Efisio, allí se presentó una patrulla de la Policía Local de Roma. Nunca lo tuvimos claro hasta que no la vimos, pero fue uno de los grandes momentos del viaje.

Allí mismo nos indicaron cómo habría de ser el avance del grupo, algo que era novedoso para casi todos nosotros. Primero, iría abriendo paso el coche de la Policía Local, con las luces encendidas y, cuando se hizo necesario, con la melodía de las sirenas. Segundo, marcharían todo lo compactos que pudieran los nueve ciclistas. Y tercero, todo lo pegados que pudieran a los ciclistas, irían el piloto y el copiloto de la furgoneta, ya que la caravana la dejamos en Bracciano.

Esos 20 kilómetros fueron inolvidables. La policía que ejercía de copiloto, con una especie de piruleta, iba apartando a todos los vehículos que nos antecedían, mientras la que pilotaba iba buscando los huecos como podía. Los de las bicicletas, mientras grababan en sus móviles ese momento, tenían menos problemas para seguir al coche, y los de la furgoneta hacíamos lo que podíamos para no quedarnos cortados. Algunos grupos de turistas nos vitoreaban a nuestro paso.

El tramo final fue a través de la Vía del Corso para llegar a la plaza de Venecia, presidida por la inmensa mole del monumento a Víctor Manuel II. Dejamos este monumento a la derecha para subir por la Vía de San Pietro in Carcere (último repecho de estos más de 2.000 kilómetros) hasta el Campidoglio, hasta lo alto de la colina Capitolina. Eran las 15.00: lo habíamos conseguido justo cuatro días después de haber comenzado a pedalear. Esa entrada en el Campidoglio fue el colofón ideal después del subidón de adrenalina con el que habíamos circulado los últimos 20 kilómetros.

Habíamos quedado a las 15.45 con el personal de protocolo del Ayuntamiento de Roma, justo al pie de la estatua ecuestre de Marco Aurelio. Teníamos tiempo de sobra para felicitarnos, para hacer fotografías, para inspirar a gusto, para guardar las bicicletas en la furgoneta (que también tenía permiso para aparcar allí arriba), para agradecer el trabajo de las dos policías y para juntarnos con algunos sorianos que allí nos esperaban. A los diez minutos, de nuevo, apareció Efisio… esta vez se le había salido la cadena.

A las 15.45, todo el gran grupo fue guiado al interior del Ayuntamiento romano. Poco después entró el concejal de Deportes de allí, Angelo Diario. La comitiva anfitriona la conformaban cuatro o cinco personas, entre ellas una fotógrafa que nos pasó poco después todas las imágenes que tomó.

Comenzamos el acto leyendo un escrito en el que hicimos un breve resumen de cómo había ido el viaje y de cuáles eran sus motivaciones: ahondar a través de un gran reto deportivo en las relaciones entre Soria (Numancia) y Roma, así como poner la primera base de un posible hermanamiento gracias a esta efeméride de Numancia 2017. También expresamos el deseo de que alguna vez pudiera disputarse un encuentro de fútbol entre el Numancia y la Roma.

De hecho, uno de los regalos que llevó la expedición soriana fue una camiseta cedida por el club rojillo, que también dio un polo a cada miembro del viaje. Además, les entregamos un libro con la historia de Soria y una placa con el caballito de Soria y la leyenda alusiva al reto que acabábamos de completar. El Ayuntamiento de Roma, por su parte, entregó al de Soria una medalla de bronce conmemorativa de la Constitución italiana.

El concejal Diario reconoció ser un amante de la bicicleta (en la portada de su blog aparece montado en una) y se comprometió a visitar la ciudad de Soria. También firmó, de manera simbólica, la solicitud de apoyo para que Soria sea declarada Ciudad Europea del Deporte en el año 2019. Comentó que la firma oficial la estamparía cuando pudiera la propia alcaldesa de Roma, Virginia Raggi.

Cuando pensábamos que ya el acto había terminado, nos condujeron a otra estancia, de la cual salía una terraza. Desde esa terraza disfrutamos de unas vistas impresionantes del Foro Romano, unas vistas vedadas para los millones de turistas que cada año visitan Roma, pero posibles para nosotros gracias al esfuerzo físico y burocrático de las últimas semanas, y gracias a la amabilidad del Ayuntamiento romano.

Se puede decir que el gran reto terminó cuando cada uno de nosotros puso su primer pie fuera del Campidoglio.

En estos cuatro días de carretera y carretera, más que aprender nada nuevo, ratificamos numerosos mensajes que de vez en cuando conviene recordar: que las capacidades humanas no son infinitas pero sí tienen unos límites amplísimos que de vez en cuando conviene explorar; que los logros conseguidos en equipo tienen un sabor muy diferente a los que se consiguen de manera individual; que cuatro días son algo más que 96 horas; que los esfuerzos conjuntos multiplican más que suman; que España, Francia e Italia son tres países maravillosos; que probablemente nunca veremos en directo el Gran Premio de Mónaco de Fórmula Uno; y que nadie se arrepiente de ningún viaje. Para olvidar este no tendremos tiempo.

Epílogo

Finalizado el reto, nos quedamos hasta el domingo en Roma. Hago un breve resumen de lo sucedido en esos dos días, por aquello de que me gusta guardar todos mis recuerdos viajeros en el cajón de este blog.

La tarde del viernes la dedicamos a comer y a dar un paseo por el centro los diez del grupo (Efisio se marchó desde el Campidoglio rumbo a Lucca), Nerea y Nuria. Panteón, Fontana de Trevi, Plaza de España, Plaza Navona con Bernini y Borromini… Tres de los nuestros se acercaron antes a dejar la furgoneta al hotel. Como era de prever, no nos acostamos muy tarde, pero nos lo pasamos muy, muy bien en esas horas vespertinas.

En la mañana del sábado, Mítxel y yo acercamos a Ángel al aeropuerto con la furgoneta y, de ahí, fuimos a Bracciano a recoger la autocaravana, ya tranquilos. Lo hicimos sin prisa y no llegamos a Roma hasta las 14.00. Mientras esperábamos a encontrarnos con los demás, nos dio tiempo a acercarnos a ver el Moisés de Miguel Ángel en la basílica de San Pietro in Vincoli, algo que no pude en mi anterior visita a la Ciudad Eterna… en la penúltima década del pasado siglo.

Por la mañana, algunos fueron hasta el Vaticano y otros se quedaron en el Coliseo y en el Foro. Rafa se marchó también hacia el aeropuerto a mediodía porque tenía que estar el sábado en España. Poco después, los que abandonaron Roma fueron Paco y Andrés con los dos vehículos, que viajaron en barco desde Civitavecchia a Barcelona.

La tarde-noche del sábado visitamos las Termas de Caracalla y nos dimos un paseo hasta el Trastévere, donde de nuevo quedamos con Nuria. Otro paseo nos condujo hasta la Fontana de Trevi, para verla de noche y para lanzar de espaldas una moneda aquellos que el día anterior no pudimos acercarnos a verla. De allí, y tras una parada para ver un espectáculo de luces en el Foro, al hotel, a dormir unas cuantas horas.

El domingo, de nuevo acompañados por un calor sofocante igual que el sábado, lo redujimos a dos actividades. Por la mañana, todos los que quedábamos (Javi, María, Marta, Mítxel, Nerea, Santi y yo) fuimos hasta el Vaticano para visitar la gran Basílica y subir hasta su cúpula. Era el quinto país que visitábamos en menos de una semana.

Comimos de camino al centro y, cumpliendo un sueño de cualquier aficionado al ciclismo, tuvimos la inmensa fortuna de que nuestro último día en Roma coincidiera con la última etapa del Giro de Italia: 10 vueltas a un circuito céntrico de 11 kilómetros. Empezaba justo a las 16.00. Vimos un par de pasadas, y nos marchamos al hotel y al aeropuerto.

El final del viaje también fue ajetreado tanto para los del barco como para nosotros. Los del barco vivieron varias horas de retraso y no llegaron a Soria hasta casi las tres de la mañana del domingo al lunes (después de haber salido el sábado a mediodía de Roma). Los siete del avión, que volábamos a las 21.20, nos quedamos también dos horas parados en Fiumicino, montados en el aparato, porque las tormentas sobre Barajas habían creado problemas en el tráfico aéreo y no teníamos permiso para despegar.

Llegamos a Soria a las cuatro de la mañana, más de una hora después que los del barco, para despedir una semana que pareció un mes por todo lo que en ella vivimos.

Peregrina recién llegada a Santiago

Cap. 168. 30-4-2018. Galicia, mar, montaña y… (y 3)

Parada en Santiago, en el techo de La Coruña y a casa

Esta entrada va a ser breve pues, aunque el día ha sido intenso, buena parte de sus horas han transcurrido dentro de la furgoneta. Este ha sido el recorrido: Corcubión (donde hemos dormido)-Cee (a dejar la llave del apartamento y desayunar)-Santiago de Compostela (una vuelta de poco más de una hora)-El Pilar (cumbre más alta de la provincia de La Coruña)-Melide (a comer pulpo)-algún lugar de la autovía de la provincia de León (a tomar algo y cambiar de conductor)-San Leonardo (ya en la provincia de Soria, para saludar a Óscar)-Soria (aún nos ha dado tiempo a tomar algo antes y después de dejar la furgoneta).

Realmente, leyendo el párrafo anterior es fácil hacerse una idea de nuestro día de hoy. Como pasábamos por Santiago, nos parecía mal no entrar. Hemos aparcado en un lugar de pago para no dar muchas vueltas y, en cinco minutos, nos hemos acercado a la plaza del Obradoiro. Hemos entrado a la Catedral después de una espera de menos de diez minutos, pero: 1.- No hemos podido ver el Pórtico de la Gloria porque está en obras y 2.- No hemos tomado ni una foto porque la Catedral estaba abarrotada y en plena celebración de la misa diaria del peregrino.

En la cima de El Pilar

De Santiago nos hemos ido al segundo objetivo de este viaje, la ascensión a la cima más alta de la provincia de La Coruña, cuya lectura puede realizarse aquí.

Y de esta cima, del ‘monte’ de El Pilar, nos hemos acercado a Melide a comer pulpo en la gran pulpería de A Garnacha. También he hecho una entrada en el Bazar.

Y poco más. De Melide nos hemos venido a Soria con el zurrón lleno de las cimas más altas de Orense-Zamora y La Coruña, de pueblos, de mar, de comida, de bebida, de risas, de horas de furgoneta, de baños, de castillos, de piedras, de iglesias, de hórreos… de viaje.

Hasta los próximos capítulos.

Mujeres en Finisterre

Cap. 167. 29-4-2018. Galicia, mar, montaña y… (2)

Turismo por la Costa de la Muerte

Esta mañana nos hemos levantado un poco antes de lo aconsejable en el bonito apartamento que nos aloja en Corcubión, en la provincia de La Coruña. Queríamos aprovechar para conocer un poco esta zona de la provincia gallega. Hemos desayunado en un bar en el mismo Corcubión, mientras jarreaba al otro lado de las ventanas, con lo que nos temíamos que iba a ser un día de mucha furgoneta y poco paseo. Al final, aunque algo nos hemos mojado, hemos podido hacer casi todo lo que queríamos.

La mañana ha sido hacia el sur de nuestro alojamiento. A escasos kilómetros de Corcubión se encuentra Ézaro, en el municipio de Dumbría. Allí hay dos lugares que merecen una visita, situados prácticamente juntos: el Mirador y la Cascada.

Pedra de Abalar

El Mirador se ha hecho más famoso de lo que era en los últimos años, sobre todo desde que la Vuelta a España lo ha incluido en su recorrido. Son algo menos de dos kilómetros, con una media de aproximadamente el 15% y pequeños tramos de hasta el 30%, de hormigón. No tiene que ser fácil subirlo en bicicleta. El acceso está prohibido a autobuses y vehículos pesados. 

La Cascada es la que forma el río Xallas casi justo en el mismo momento de su desembocadura. La cascada como tal, de unos 40 metros, ya impresiona de por sí, sobre todo en días como hoy de tanta humedad y con numerosos hilillos de agua cayendo por las piedras. El hecho de que la cascada aterrice casi en el mar aumenta su atractivo. Esta mañana, allí mismo, había una competición de pesca en kayak, algunos de cuyos participantes se hospedan en nuestros mismos apartamentos.

De Ézaro, sin alejarnos demasiado, nos hemos bajado hasta los hórreos de Lira y Carnota. Están considerados los dos más largos de Galicia, aunque en el enlace anexo dicho privilegio se lo conceden, por un metro, a uno situado en Boiro, en esta misma provincia de La Coruña. Los hórreos de Santa Comba de Carnota y Santa María de Lira se construyeron a finales del siglo XVII y comienzos del XIX. El primero es más antiguo, tiene 22 pies y 34 metros. A escasos kilómetros se edificó el de Lira, también de 22 pies pero con 36 metros. El único objeto de esos dos metros era probablemente ‘ganar’ a los vecinos de Carnota.

Mujeres en Finisterre

Desde allí hemos comenzado el regreso a uno de los lugares de la península ibérica en los que más fácil es sentir el influjo de la tierra: Finisterre. Durante muchos siglos, ese punto fue considerado el final de la tierra conocida (eso es lo que significa) a pesar de que ni siquiera es el punto más occidental de la península, que se encuentra en el cercano cabo Touriñán. Pero da igual. La manera que tiene el mar de encontrarse con la tierra en este punto hace comprensible que el descubrimiento de Cristóbal Colón apenas la restara trascendencia.

Además, desde que hace varios siglos miles de peregrinos compostelanos decidieron alargar su caminata hasta aquí, Finisterre es un lugar todavía más importante, lo que se puede apreciar en las caras y las lágrimas de las personas que dan sus últimos pasos después de decenas o centenas de kilómetros. Hemos visto una pegatina de la Cayetana de Soria y con un simple wasap hemos descubierto a quien la puso.

Nos hemos organizado de este modo porque, según nos aconsejaron ayer en el Asador Criollo de Corcubión, uno de los mejores sitios para comer marisco en la zona es Los Tres Golpes de Finisterre, ya en el pueblo en sí, no en el cabo. Ha sido el homenaje que nos queríamos dar en estos días, y ha merecido la pena.

Nuestra siguiente parada, siempre sin hacer grandes distancias, ha sido en otro lugar de visita casi obligada en la Costa de la Muerte: Muxía. El día no era bueno pero tampoco será de los peores del año. Aun así, impresionaba la bravura con la que llegaba al mar. Ojalá hubiera sido uno de los peores días del año… Tenía muchas ganas de conocer Muxía para conocer la Pedra de Abalar, que está siendo restaurada y, poco a poco, musealizada, por el arqueólogo soriano Miguel Ángel López Marcos.

Muxía

De Muxía, ya relativamente tarde, hemos salido hacia Vimianzo para conocer su castillo y, si fuera posible, el trabajo de encaje de bolillos que se realiza en su interior. Pero estaba cerrado desde las 18.30 y hemos llegado cerca de las 20.00, así que nos hemos quedado con las ganas. A partir de la época de verano sí cierra a las 20.30.

De Vimianzo, después de un intenso día de furgoneta y visitas, hemos vuelto a casa. Algunos han optado por tener un breve contacto con las aguas del Océano Atlántico, que en la ría de Corcubión descansa bastante amansado. Ya es tarde, así que poco más: un paseo por el pueblo, un poco de hogar y un poco de planificación de lo que haremos mañana. No cuento todavía nada porque ya lo contaré.

Cap. 166. 28-4-2018. Galicia, mar, montaña y… (1)

A esta serie de tres capítulos de El Libro la llamo igual que el grupo de wasap que hemos hecho. La verdad completa es que el día de hoy (y la tarde-noche de ayer, con un paseo por Puebla de Sanabria) ha transcurrido principalmente en la provincia de Zamora. Como llevo varios capítulos advirtiendo, la entrada de hoy la redirecciono al blog de ‘Las 45 cimas’. Hoy hemos subido a la más alta de Zamora y Orense, el Peña Trevinca.

Leer la crónica de la ascensión y ver fotos

Cuando hemos bajado, nos hemos ido hacia Corcubión (La Coruña), donde vamos a dormir dos noches. La de hoy nos ha cundido.

En la cima del Peña Trevinca
En el puente Tabiat

Cap. 165. 15-3-2018. Irán (y 10)

Jornada de despedida en Teherán: el Bazar y el puente Tabiat

Ya está todo o casi todo hecho de este gran viaje. Como expliqué ayer, finalmente decidimos pasar las últimas 24 horas de nuestros diez días en Irán en su capital, en Teherán, y ha merecido la pena.

Después de diez días de ajetreo, hoy nos apetecía algo tranquilo pero viendo algo, sin pasar todo el día en nuestro hostal. Ya dije ayer que es el Heritage, al lado del metro de Baharestan. Apenas lleva abierto dos meses y sigue en obras de ampliación. Se lo vuelvo a recomendar a quien lea esto y visite Teherán.

De hecho, también recomiendo visitar Teherán como tanta gente hizo con nosotros. Es una locura de ciudad… lo esperable de una megápolis de 12 o 15 millones de habitantes, un sitio en el que ni me plantearía vivir pero que merece la pena sentir por unos días.

Vamos por orden. Esta mañana, sin madrugar en exceso, hemos hecho la última trotada del viaje. Aunque no está al lado del hotel, nos gustó mucho el parque de ayer, así que nos hemos desplazado hasta allí. A la vuelta, nos hemos detenido a cambiar los últimos euros del viaje. En las cuatro primeras oficinas de cambio nos han dicho que no tenían ‘cash’, dinero. En esta cuarta hemos insistido por necesidad, y hemos logrado cambiar a un ratio menor del que marcaban las pantallas exteriores. Si no, no habría sido posible.

De regreso al hotel, hemos hecho el ‘check out’ casi justo a las 12.00, mientras dejábamos las mochilas para disponernos a recorrer Teherán.

Solo hemos hecho tres visitas hoy, contando la comida.

La primera ha sido casi obligatoria: el Gran Bazar de Teherán, el más grande del mundo según algunas fuentes y el segundo más grande de Irán según otras, que ponen por delante al de Tabriz. Así son siempre estas clasificaciones.

El Gran Bazar

Da igual, el Gran Bazar teheraní es mastodóntico, con varios kilómetros de pasillos, algunos estrechísimos, repletos de centenares de tiendas. Quizás habremos visitado un diez por ciento o menos. Nos ha dado tiempo a darnos cuenta de que hay partes de arquitectura muy bonita y otras en las que lo único que se ve por encima de nuestras cabezas son colores grises y cables.

Como nos habían advertido, el Bazar, al que hemos ido andando, estaba atestado por miles de personas por una razón especial: la cercanía del Año Nuevo. Igual que en España, en estas fechas las compras se disparan como hemos podido comprobar esta mañana.

Nos hemos escapado cuando hemos podido no solo del Bazar, sino también de sus calles aledañas, donde el barullo también era máximo. De hecho, nos hemos dado un paseo hasta la Teheran Street Food, el mismo agradable lugar en el que comimos ayer. Como ya era hora de recuperar energías, allí mismo lo hemos hecho.

Rifirrafe de tráfico

Se estaba en la gloria en el parque, pero queríamos hacer una última visita en este nuestro viajazo iraní. Y la despedida ha estado a la altura. En la plaza de Jomeini hemos tomado el Metro hacia el norte de la ciudad. En las nueve paradas de trayecto hasta la estación de Shahid Haghani han pasado decenas de vendedores ofreciendo a los viajeros los productos más disparatados. Los dos vagones de los extremos son exclusivos para mujeres… y para esos vendedores ambulantes.

Hemos viajado hasta allí para visitar el puente Tabiat, el más largo de Teherán y, quizás, el más moderno, ya que acabo de leer que fue abierto en 2014. Une dos grandes parques, en uno de los cuales se encuentra el Museo de la Revolución Islámica, que no hemos visitado.

Imagino que, desde su misma apertura, el puente Tabiat, diseñado por la jovencísima Leila Araghian y ganador de numerosos premios, se ha convertido en una atracción turística y en un lugar de recreo para los habitantes de Teherán.

Desde sus miradores se tiene una visión privilegiada de la parte norte de la ciudad y de las inmensas montañas que la coronan, todavía con gran cantidad de nieve. El puente tiene dos niveles, y en el inferior hay también varios restaurantes y bares para tomar unos tés o unos zumos, como hemos hecho nosotros en este atardecer especial, el último nuestro en Irán.

Montañas desde el puente Tabiat

De regreso al Metro, como un regalo inesperado, se nos ha aparecido en la lejanía no tan lejana el Damavand, el gran cono volcánico, la más alta de las montañas iraníes con sus 5.610 metros.

Y ya estamos de nuevo en nuestro hostal, haciendo rato para cenar y para montarnos en un taxi que nos deje en el aeropuerto. Mañana viernes estaremos unos en Madrid, otros en Soria.

Despido por tanto con este capítulo el relato de este viaje que empezamos a planear en nuestras conversaciones hace varios años y que cerramos el pasado mes de agosto con la compra de los billetes.

Da alegría cuando los planes se cumplen y cuando salen tan bien y tan rodados.

Esperamos que hayáis disfrutado con estas crónicas lo mismo que hemos disfrutado nosotros generándolas. Muchas gracias de los tres por habernos seguido y ojalá tengamos que volver pronto a escribir algunas de las cosas que suceden por el mundo.

La Mezquita Rosa

Cap. 164. 14-3-2018. Irán (9)

Mezquita Rosa de Shiraz, Persépolis, Naqsh-e Rostam

Al final de esta entrada contaré por qué estoy escribiéndola a las 17.30 horas subido a un avión, con la esperanza de que al día no le suceda nada más reseñable.

Para este miércoles 14 de marzo hemos dejado algunas de las visitas fundamentales de la inmensa mayoría de los viajes a Irán, sobre todo una: Persépolis.

Realmente, las tres visitas culturales que hemos realizado esta mañana las harán casi todos los turistas que vengan a Irán. Una, la ya citada, por sí misma. Las otras dos, por su cercanía y relación con ella.

Ayer volvimos a dormir en nuestro hostal Taha de Shiraz, que recomendamos a cualquier persona ue venga hasta esta ciudad. Venir a Shiraz y no acudir a la Mezquita Rosa es muy extraño. Venir a Shiraz y visitar la Mezquita Rosa por la tarde es como arrancar una estalactita de una cueva para ponerla en el salón de casa.

Relieves de Persépolis

Por ello, a las 7.20 han sonado nuestros despertadores para entrar a esta mezquita cuando hay que hacerlo, entre las 7.30 y las 9.00. Las 8.00, cuando hemos llegado Marta, Nacho y yo, es buena hora, pero casi es preferible madrugar un poco más y entrar cuando abre, a las 7.30, para ver la entrada de lo primeros rayos de sol en la sala de rezo.

El gran atractivo de la Mezquita Rosa es ese, como se puede apreciar en las fotos: ver la entrada del sol por las vidrieras de todos los colores y los efectos de esas luces en las columnatas rosáceas, las alfombras rojas y las personas que van paseando en silencio. Cuando hemos llegado habría una decena de personas. Al final, quizás 40, en un espacio no muy grande. Esta mezquita fue construida a finales del siglo XIX.

Hemos regresado de nuevo a pie hasta nuestro hotel para desayunar, terminar de recoger, hacer los pagos y despedirnos hasta la próxima.

A las 9.30 nos hemos encontrado con el taxista con el que llegamos a un trato ayer para que nos hiciera una excursión. Insisto en lo barato que es viajar por Irán en taxi, especialmente si se viaja en grupos de tres o cuatro personas, como es nuestro caso.

La Puerta de Todas las Naciones

Con el taxista hemos acudido, en primer lugar, a Persépolis, la impresionante capital del Imperio Aqueménida a mediados del primer milenio antes de Cristo. Allí se levantaron construcciones que entonces no se levantaban en ningún otro lugar del globo.

Su construcción fue iniciada por Darío I y se extendió durante dos siglos, hasta su destrucción por Alejandro Magno. A pesar de las devastaciones que sobre ella han causado el tiempo, los griegos, los expoliadores o los revolucionarios iraníes de 1979, sus ruinas todavía son impresionantes. Sobre todo, el palacio Apadana, con sus columnas de 21 metros que en su día sostenían una techumbre de madera que cubría una superficie de 3.600 metros cuadrados, Cabían allí 10.000 personas.

Los palacios de Darío I y de Jerjes, la simbólica Puerta de Todas las Naciones, el gran altar de fuego excavado en lo alto del acantilado y, sobre todo, los cientos de figuras en relieve que todavía pueden admirarse en el complejo, producen la fascinación exclusiva de las grandes ruinas que han dejado las principales construcciones humanas de la Antigüedad.

En el complejo hay numerosas tiendas, bares y hasta un hotel para quien quiera descansar a escasos metros de donde lo hicieron los dominadores del mundo hace 2.500 años.

Muy cerca de Persépolis, a uno diez minutos en coche, se encuentra Naqsh-e Rostam, lo que todo el mundo conoce en Shiraz como la Necrópolis. Allí fueron excavadas en la roca, al estilo de los faraones egipcios, cuatro inmesas tumbas de algunos de los principales aqueménidas: Darío I, Jerjes I, Artajerjes I y Darío II.

Las tumbas de Artajerjes I, Jerjes I y Darío I

Las tumbas se elevan a bastantes metros del suelo, a mitad de la pared rocosa. Bajo ellas hay siete representaciones a gran escala de algunas de las principales batallas ganadas por los reyes allí enterrados. El complejo, que se visita en unos minutos realmente, se completa con un gran monumento zoroástrico muy bien conservado, llamado Kaba-i-Zartosht.

El taxista nos estaba esperando para llevarnos a nuestro siguiente destino: el aeropuerto. Allí hemos comido y, a las 16.30, hemos cogido un avión de vuelta al norte, otra vez a la capital Teherán. Si alguien emprende este viaje, que pida ventanilla de la derecha para ver el gran desierto iraní y, sobre todo, las inmensas montañas nevadas que empiezan justo donde termina la capital.

Nuestro primer contacto con Teherán (termino la entrada desde nuestro hotel, el novísimo y más que recomendable Heritage, al que hemos llegado a las 20.00) ha sido más que positivo. Hemos dado un paseo de una media hora hasta la calle 30 Tir, con puestos callejeros de comida y música. Antes, hemos dado un paseo por el parque que hay justo al lado, el Shahr, también muy agradable, con una especie de minizoo de avifauna, un partido de fútbol nocturno y con la primera persona que hemos visto corriendo desde que hemos llegado.

No es del todo extraño, porque ya hemos observado que la mole de Teherán tiene muchísimas más coincidencias con nuestro mundo occidental que lo que hemos visto hasta ahora. Hasta la chica del hotel no lleva velo.

Terminando de montar la tienda

Cap. 163. 13-3-2018. Irán (8)

Montando una escuela nómada y control de pasaporte

Con las primeras luces del día iraní, poco después de las seis de la mañana, nos hemos levantado de nuestra tienda en la familia nómada de Mohamed. Nuestros anfitriones ya estaban trabajando con los animales, sacándolos del corral y separando cabras, ovejas y a las crías. Ayer nos acostamos poco después de las 21.00, así que no ha sido un gran madrugón.

Después de desayunar algo de pan, dulces y leche de cabra recién ordeñada y cocida, hemos reemprendido el regreso de camino al coche, por una ruta diferente a la de ayer, a través de un bonito cañón a pesar de que el río no lleva nada de agua desde hace años.

Devolviendo el burro que ayudó al traslado de la tienda

Al principio hacía fresco, pero pronto, pasadas las ocho, ha empezado a apretar de nuevo el calor. De nuevo hemos visto el coche de Mohamed alrededor de las 9.00, calculo. Allí estaba el doctor atendiendo a los familiares de nuestro guía, con el que hemos hecho justo entonces la última visita nómada del día: la escuela. Cinco niños ayudaban al maestro a reubicar la tienda de campaña, totalmente diáfana, que sirve de templo del aprendizaje en estas tierras. Hemos tenido la suerte de ver justo este momento, ya que hasta ayer mismo la tienda-escuela se encontraba en otro lugar.

A las 10.00 hemos salido de regreso a Shiraz. Estando yo totalmente dormido, oigo que se para nuestro coche y una voz desde la parte de atrás del coche: “Alto, la Guardia Civil”. Efectivamente, nos ha parado la Policía de uno de estos asentamientos nómadas que hay junto a la carretera. Nos han llevado al puesto policial con el mero objeto de controlar nuestros pasaportes para ver que estábamos legalmente en Irán, como así era.

Por ausencia de internet, el proceso ha durado alrededor de media hora. Doble lección de esta parada. 1.- Como se recomienda repetidamente en este tipo de viajes, hay que moverse siempre con el pasaporte encima para evitar contratiempos mayores. 2.- Si tienes idea de viajar por tierra a Irán, como una cántabra que conocimos antes de ayer en el hostal, conviene no pasarse del tiempo estipulado en el visado.

Templo de Hafez

Las dos siguientes paradas del viaje han sido mucho más agradables. Primero, para comer pollo con tomate en un restaurante en un pequeño pueblo junto a las montañas. Segundo, para degustar tres helados de chocolate poco antes de llegar a Shiraz. Buenísimos. Al igual que en la ruta a pie, la ruta en coche también ha sido completamente distinta ayer y hoy.

Llegados de nuevo a Shiraz, hemos venido al hotel y Mohamed, como último servicio antes de la despedida, nos ha acercado hasta la tumba del poeta Hafez, un lugar de peregrinación para los seguidores de este histórico poeta persa del siglo VIII. Si la calidad de su poesía es acorde con el mausoleo que acoge sus restos, convendrá empezar en breve a leer sus versos.

La fiesta del fuego

Un taxi nos ha acercado al centro antes de darnos un breve paseo al hotel. Por el camino, como ya sabíamos que iba a pasar, hemos escuchado petardos y visto pequeños fuegos de artificio. Lo explico en el Bazar.

Ya hemos reservado la excursión de mañana, último día nuestro en Shiraz. Ahora, nos disponemos a cenar en casa mientras terminamos de ducharnos después de dos días en las apartadas tierras de Irán.

Una niña nómada

Cap. 162. 12-3-2018. Irán (7)

Un día con los nómadas de Irán

La experiencia que hemos vivido hoy no es la habitual que viven más del 95% de los turistas que cada año visitan Irán. Nada más llegar a Shiraz, preguntamos en el hostal para hacer una ruta montañera, a ser posible por algunos de los cuatromiles de los montes Zagros que no están muy lejos de la ciudad.

En el hostal nos pusieron en contacto con un guía, quien nos comentó que subir a las montañas nevadas sin el material adecuado no era recomendable. Él suele hacerlo en verano, pero no tiene prendas de abrigo, crampones o piolets para alquilar y hacer la excursión en invierno.

A cambio, nos ofreció otro de sus tours de dos días, una visita a unas familias de nómadas iraníes. Más concretamente, su familia y otras familias del mismo grupo de la misma tribu. Son, en concreto, nómadas turcos. En invierno, como es ahora, viven en unas praderas entre montañas no muy altas, de unos 1.000 metros. En verano, cuando suben las temperaturas a límites no soportables, se marchan a otras praderas mucho más elevadas, por encima de los 2.000 metros.

Mujer de 90 años

Cuento rápidamente lo que hemos hecho hoy y luego en el Bazar escribo cuatro notas sobre los nómadas, para no ir mezclando.

Esta mañana nos hemos levantado pronto porque a las 7.30 habíamos quedado con nuestro guía, Mohamed. Poco antes de las 8.00 ya estábamos en ruta hacia el suroeste, hacia el Golfo Pérsico, del que nos hemos quedado a unos 70 kilómetros. Ya nos había advertido de que el viaje duraba unas cuatro horas para 250 kilómetros, que podían ser cinco con paradas.

El viaje en coche ha sido primero por una carretera de montaña con un tráfico ajetreadísimo, después por una autovía y a continuación por una carretera de nuevo de un carril. Hemos parado a comprar víveres y caramelos y, en algún momento, hemos girado a la derecha, ya claramente hacia terreno poco habitados. En esta carretera, durante una parada en un mirador para ver un bonito bosque de palmeras, Mohamed me ha dado las llaves y he conducido la hora que quedaba de camino.

Caminando entre tiendas

Todo este tramo final lo hemos hecho ya por terreno de nómadas. Hemos parado a dejar el coche y a comer justo a las 13.00. La comida ha sido una especie de pisto, muy bueno, con el pan típico de Irán, una especie de pasta finísima de la que se tienen que consumir millones de kilos al día.

A las 14.00 hemos empezado a andar hacia las montañas. El primer tramo de la caminata es el más feo, el que está al lado de la carretera, todavía muy humanizado y, como todo en estos días, muy seco. A lo largo del camino hemos parado a saludar a varios de sus familiares. La primera parada ha sido a los diez minutos, aún en un terreno no muy atractivo.

Después de tomar el té con ellos una vez más y de repartir algunos de los caramelos y chocolatinas, hemos reemprendido la marcha y, pronto, hemos llegado a un lugar mucho más agradable, tanto por la presencia de algo de verde como por la cercanía de las montañas y el encuentro con varios accidentes geográficos causados por el agua… aunque todos sequísimos.

A la hora, más o menos, nos hemos topado con una bonita pradera verde en la que había algunas tiendas. Eran más primos y tíos de Mohamed, con los que hemos vuelto a tomar té mientras los niños sacaban las cabras a pastar.

El apicultor y maestro

Pensábamos que esos eran nuestros aposentos, pero todavía ha sido necesario andar unos 15 minutos más. Entre ambos grupos nos hemos cruzado con la escuela (una tienda bien preparada, con una visible bandera de Irán) y con un apicultor trabajando las abejas con su traje antipicaduras. El apicultor resulta ser tambien el maestro, otro nómada.

Alrededor de las 18.15 hemos llegado por fin donde vamos a dormir. Por supuesto, nos han sacado té. En vista de que el anochecer estaba cercano, les hemos pedido aplazar unos minutos la sentada alrededor de la infusión. Con la misma ropa que llevábamos, nos hemos puesto a trotar por el camino poco menos de 40 minutos, porque a las 18.50 ya casi no se veía nada.

Al llegar de nuevo a la tienda, ya sí, hemos tomado té y hemos comido otra especie de pisto también buenísimo, berenjena y tomate hecho a fuego lentísimo. Estamos, además de Marta, Nacho y yo, el guía, sus tíos, otro señor y un mercenario afgano que acaba de abandonar su país hace unos meses y que no para de fumar opio.

Ya tenemos todo listo para dormir en la tienda: alfombras, unas mantas y unos cabritillos que nos harán compañía esta noche. Son las 20.30 pero no tardaremos en acostarnos, supongo que después de un último vistazo a los miles de estrellas que nos sobrevuelan.

Astaneh

Cap. 161. 11-3-2018. Irán (6)

Primer contacto con Shiraz

Para ahorrar tiempo y noches de hotel, y siguiendo una idea previa que teníamos, ayer tomamos un autobús a las 12.00 de la noche en Esfehan, que en teoría tardaría siete horas en dejarnos en nuestro siguiente destino, Shiraz. En el autobús hacía mucho más calor del esperable y, además, iba cogiendo casi todos los baches.

Como ya sabíamos que esto podía suceder, habíamos planificado las primeras horas del día de hoy para dormir. En la estación de autobuses de Shiraz nos estaba esperando un empleado del hotel en el que nos alojamos, el Taha, el mismo de mi tercera informadora de este viaje a Irán, Ana. Al final, hemos tardado poco más de seis horas.

En el hotel han tardado algo más de media hora hasta que han podido hacer nuestro registro. La hemos empleado en comer pan típico de aquí, buenísimo, recién salido del horno, y en hablar con algunas personas como un suizo de padre hondureño que lleva varios meses pedaleando desde su casa y hasta su casa. Ya lleva 11.000 kilómetros. Una vez registrados, hemos dormido hasta las 12.00.

Shah Cheragh

Al levantarnos, y tras mantener las primeras conversaciones para ver qué hacemos los próximos días, nos hemos puesto a andar sin mucho rumbo por Shiraz. Resulta que al lado de donde nos alojamos se encuentra el gran santuario de Shah Cheragh, otro de los grandes centro del chiismo en Irán.

Para verlo, nos ha acompañado una guía que nos ha comentado que este santuario es el único de todo el país en el que no es posible ni entrar con cámara de fotos ni visitar los lugares de rezo. Curiosamente, no hay ningún problema en hacer fotos con el móvil. Nos ha comentado también la guía que, para desquitarnos, podíamos visitar la tumba de Astaneh, donde a escala reducida podíamos imaginarnos las riquezas que adornan el gran santuario de Shiraz.

Hemos comido nada más salir de Shah Cheragh, en un lugar en el que nos han facilitado wifi para ver en directo la carrera femenina del Campeonato de España de Cross que se celebra en Mérida.

Moda iraní

Después de comer, paseando sin rumbo, nos hemos topado con Astaneh. Como bien nos había advertido la guía, por dentro es realmente impresionante con sus juegos de cristales y espejos en un espacio quizás más reducido que en otras mezquitas del país, pero aun así grande. Como siempre, Nacho y yo hemos entrado por una puerta y Marta por otra, también con el chador.

Tanto andar sin rumbo y sin mapa por una ciudad de millón y medio de habitantes ha traído la consecuencia previsible, que ha llegado un momento en el que no sabíamos muy bien dónde estábamos. Por ello, le hemos pedido a un taxi que nos llevara hasta otro de los lugares que queríamos ver por fuera, la ciudadela o fortaleza de Karim Khan, una gran fortificación rodeada por cuatro torres a la que no hemos entrado.

Justo al lado, haciéndole caso a la persona que nos ha venido a buscar esta mañana a la estación de autobuses, hemos comprado unos riquísimos helados de limón en una heladería con bastante ajetreo… igual que la ciudad.

Disfrutando de los helados de limón

A partir de ahí, todo lo demás ha sido intendencia viajera: cambiar dinero, acudir a una agencia de viajes, agarrar otro taxi para ir a buscar los pasaportes que se nos habían quedado en recepción, regresar a la agencia…

Poco después de las 19.30 ya estábamos de nuevo en casa. Hemos apalabrado definitivamente lo que vamos a hacer mañana. La única pista que puedo dar es que no tendremos internet en todo el día.

Mientras Nacho y Marta se han ido a trotar por Shiraz, yo me he quedado en el patio interior de nuestro acogedor hotel. No hace mucho frío, pero la temperatura refresca bastante.