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Cap. 250. 28-9/1-10-2020. Cinco sorianos no ascienden el Monte Perdido

Después de las andanzas por tierras de Cáceres y Málaga, mis vacaciones han continuado y terminado muy lejos de allí, en el Pirineo aragonés, en la provincia de Huesca. También ha habido cambio de compañía. El grupo de estos cuatro días (del lunes 28 de septiembre al jueves 1 de octubre) lo hemos formado Adrián, Marta, Nacho, Pablo y Sergio.

Acá va un breve resumen cronológico de lo sucedido en estas fechas, en las cuales el objetivo principal del viaje era intentar subir el Monte Perdido, algo que finalmente no se concretó.

Lunes 28 de septiembre. Jaca

Día del encuentro de los dos grupos. Unos venían de tierras alicantinas y turolenses, y otros llegábamos de tierras sorianas. El punto de encuentro fue la tienda de Barrabés en Huesca a las 19.00 horas. De ahí partimos a Jaca (Hotel Jaqués). Poco después de instalarnos salimos a cenar donde nos recomendó Virginia, al Marboré, donde ya nos encontramos con la primera soriana del viaje. De ahí, de nuevo al hogar.

Martes 29 de septiembre. Refugio de Góriz

Segunda jornada del viaje, y primera de montaña. Mientras unos iban a correr, otros alargábamos la estancia en la habitación y en la cafetería del hotel. Después de estar todos duchados y desayunados, nueva partición de grupos: tres quedaron a tomar un café con Diego y dos fuimos a comprar algo para comer ese mismo día y el siguiente.

Alrededor de las 12.00 ya estábamos todos juntos. Desde Jaca salimos hacia la Pradera de Ordesa, accesible en coche desde hace dos semanas, ya que en temporada alta de verano hay que ir en los autobuses que salen de Torla. Aparcados en la Pradera, descubrimos que apenas teníamos hambre después del poderoso desayuno, así que directamente nos pusimos a caminar hacia el Refugio de Góriz.

Son aproximadamente 11 kilómetros, con lo que teníamos que calcular tres horas de caminata o algo más. Empezamos a andar poco antes de las 14.00. El día era inmejorable, tanto de temperatura como de visibilidad.

Esta ruta a pie entre la Pradera de Ordesa y Góriz es una de las más transitadas de España, y tiene sentido. Da igual del tiempo de que se disponga: en apenas una hora ya se disfruta de un precioso bosque, especialmente ahora en otoño. Si las obligaciones o el físico solo permiten dos horas, se llega a ver algunas de las cascadas espectaculares que forma el río Arazas.

Y sin duda, la excursión estrella es acercarse desde la Pradera hasta la Cola de Caballo, especialmente en días tan espectaculares como este martes (y mañana miércoles). Después del camino de ascenso por el bosque, se llega a la abertura del gran valle de Ordesa, en lo que se conoce como las Gradas de Soaso. Durante algo más de media hora, el desnivel se suaviza. Enfrente se van viendo las inmensas moles montañosas que ya superan los 3.000 metros.

Al final de ese Circo de Soaso, a la izquierda, se encuentra la celebérrima Cola de Caballo, que esta vez tenía bastante más agua que en mi anterior visita, en octubre de 2011. La lluvia y la nieve de la semana pasada han tenido sus consecuencias positivas y negativas.

Una vez que se llega a la cascada más famosa del Parque Nacional, la mayoría de los excursionistas regresan a la Pradera. Los que deciden avanzar hacia Góriz tienen dos posibilidades. La primera es seguir el sendero GR-11, para lo cual hay que girar a la derecha y, a través de unas zetas, salvar el fuerte desnivel.

La segunda opción son las Clavijas de Soaso. Fue la opción que elegimos nosotros. Estas clavijas están muy cerca de la Cola de Caballo, y permiten situarse en la parte alta del Circo en apenas unos minutos. No son difíciles, pero es preferible carecer de vértigo.

Desde allí, otra media hora de camino o poco más para llegar al Refugio de Góriz, nuestro hogar de esta noche. Había dos turnos para cenar, a las siete y a las ocho. A nosotros nos tocó en este último. 

En este tiempo que estuvimos en el Refugio empezamos a informarnos de la situación de la ruta del miércoles, y más concretamente del tramo más conocido y peligroso del Monte Perdido, la Escupidera. A pesar de las altas temperaturas de los últimos días, la nevada de la semana pasada fue seria y el sol apenas entra en este empinado tramo final. Nos vamos muy pronto a nuestros sacos de dormir con ese runrún.

Miércoles 30 de septiembre. Refugio en el camping de Bujaruelo

Hemos dormido como siempre en los refugios, cada uno lo que ha podido. Ya en el desayuno decidimos que vamos a subir hacia el Monte Perdido pero que no vamos a llegar hasta arriba, que no nos vamos a adentrar en la Escupidera. 

Consideramos que el trayecto hasta el Lago Helado ya es una excursión montañera más que interesante, por mucho que no se corone la cima que había sido la inspiradora de este viaje cuando lo planificamos hace algunas semanas.

Y eso es lo que hacemos. No madrugamos en exceso, considerando que estábamos en el lecho a las 21.30. Después de desayunar y de colocar en las taquillas aquello que no vamos a necesitar en la primera parte de nuestra excursión de hoy, empezamos a andar a las 8.30.

Góriz está a 2.160 metros y el Perdido, a 3.355. Son 1.200 metros de desnivel en apenas cinco kilómetros. Desde el principio, la cuesta arriba es bien fuerte. Como además no estamos todavía calientes, lo único que podemos hacer es avanzar despacio hacia arriba.

Aunque hay numerosas sendas, estas cruzan varias veces algunos farallones, de todos los tamaños. Algunos se salvan con una pequeña chimenea, otros con una trepada sencilla, y en el lugar más complicado, ya más bien cerca del final, hay instaladas unas cadenas que ayudan a dejar atrás el paso.

Además, durante todo el ascenso nos encontramos varios tramos en los que todavía no se ha marchado la nieve. Algunos son llanos y otros tienen un buen desnivel, aunque hay bastantes huellas y no hacen falta crampones en ningún punto hasta el Lago Helado.

Vamos viendo personas en el camino, pero en realidad apenas unas pocas. El día es igual de impresioante que ayer. Al principio, lógicamente fresco, porque es pronto y porque estamos muy altos. Al final, cuando bajemos, casi de verano total.

Llegamos al Lago Helado en dos horas. A la izquierda se ve el Cilindro de Marboré y a la derecha el Perdido y su famosa Escupidera. Dejamos las mochilas y caminamos algunos minutos para acercarnos al pie de este tramo final, sin meternos en él.

Alcanzada la cota 3.100, bajamos al Lago Helado, que se encuentra como su nombre indica a pesar de que estamos todavía en septiembre. Vemos que la capa de hielo es firme, lo que aprovechamos para caminar sobre ella, hacer algunos ejercicios aeróbicos e incluso disputar un partidillo de fútbol. Las piedras hacen de porterías y de balones.

Comemos, bebemos y bajamos  hacia el Refugio, de nuevo sin problemas por los mismos caminos que hemos seguido a la ida. Nos encontramos alguna marmota que aprovecha para tomar el sol. Llegamos al refugio a mediodía, la típica hora en la que no suele haber nadie. Nos encontramos con tres amigos, uno de los cuales lleva una camiseta de la carrera que organizan Abel Antón y Fermín Cacho en Soria. Son veraneantes en Soria (Herreros y Almaluez), así que aprovechamos para retratarnos con ellos. Han hecho la ruta Pradera-Refugio-Pradera.

Rehacemos las mochilas y bajamos otra vez hasta la Pradera, ahora la mayoría de nosotros por el GR-11 por tener dos visiones y por evitar las clavijas. Las piernas se van cansando. Ayer fueron casi 1.000 metros positivos, y hoy serán en total 1.000 positivos y unos 1.800 negativos.

En la Cola de Caballo hay bastante gente disfrutando de la temperatura tan agradable de hoy, a la espera de la borrasca que empezará a llegar mañana. Cruzamos el río sin utilizar el puente y pasa lo que pasa. Nada grave.

Llegamos al coche a las cinco de la tarde, ocho horas y media después de haber empezado a andar en Góriz. Comemos lo que habíamos comprado ayer en Jaca y, sin mucha demora, salimos hacia nuestra última cama del viaje.

Dormimos en otro lugar espectacular, Bujaruelo, en el refugio situado en su camping. Necesitábamos esa ducha. Ya no investigamos más: pequeño homenaje en el bar y en el restaurante del complejo y, poco después de las once de la noche, a nuestras piltras.

Jueves 1 de octubre. Vuelta a casa

Después de otra larga noche descansando, los más valientes se levantan a correr para estirar las piernas y disfrutar de ese trote en un lugar tan bonito y, hoy, soleado y fresco.

Recogidas una vez más las mochilas, avanzamos unos kilómetros en nuestros coches para desayunar en Torla. Se nota que es temporada baja.

Allí mismo nos despedimos. Algunos vamos a Soria y otros a Madrid. Tarde o temprano regresaremos para intentar subir al Monte Perdido. De momento, nos llevamos otros cuatro días de esos que difícilmente olvidaremos.

Caminito del Rey
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Cap. 249. 23/27-9-2020. Cinco días en Cáceres y Málaga

El pasado miércoles 23 de septiembre iniciamos un periplo de cinco días por tierras de Extremadura y Andalucía. El grupo lo formamos tres personas. En estos días hemos visitado algunos lugares nuevos y algunos ya conocidos. También hemos estado en sitios fundamentales del turismo en España y en otros menos conocidos.

Como son varios y como hay información de sobra de todos ellos, hago un pequeño resumen de estos días, con sus correspondientes imágenes.

Miércoles 23 al anochecer: Pico Villuercas

La crónica del ascenso al punto más prominente de Cáceres se puede leer en esta crónica. Salimos a las 15.00 de Soria y llegamos casi al anochecer y llenos de niebla. Nos perdimos las vistas, que deben de ser espectaculares.

Miércoles 23 por la noche: Guadalupe

Al bajar del Villuercas, paseo por un pueblo precioso, con su gran monasterio, Guadalupe, en una noche muy agradable para cenar en la calle y para dar un tranquilo paseo después de esa cena. Patrimonio de la Humanidad.

Jueves 24 por la mañana: Cáceres

Paseo de un par de horas con mi amigo Santi, para conocer un poco el centro y el Museo de la Casa de los Veletas con su antiguo aljibe. Mucho turismo en Cáceres, una ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Jueves 24 a mediodía: Mérida

Parada a comer, para visitar el teatro y el anfiteatro. Seguimos con más Patrimonios de la Humanidad en este viaje. Casualmente, hemos visitado los tres que hay en Extremadura, como si fuera un reto.

Jueves 24 (estancia de tres noches): Ronda

Las fotos de Ronda están tomadas la noche del jueves y la mañana del viernes. También estuvimos con Javi. La localidad malagueña es la cuarta más turística de Andalucía tras la trilogía Sevilla-Granada-Córdoba. El gran tajo y todo el arte y gastronomía atraen a decenas de miles de personas al año.

Viernes 25 por la mañana: Setenil de las Bodegas

Nos acercamos a esta localidad gaditana de los Pueblos Blancos, famosa por estar encajonada entre las piedras. Las rocas más grandes ejercen de techo de algunas de las calles.

Viernes 25 por la tarde: Caminito el Rey

Teníamos muchas ganas de hacer el Caminito del Rey. Descubrí esta zona de casualidad hace muchos años pasando en tren. Es uno de los lugares más impresionantes que existen en España. Su ubicación entre Málaga y el resto de la península hicieron que primero fuera atravesada por el tren y después por este Caminito del Rey, que ahora es una de las grandes atracciones turísticas de la provincia. Hay que coger la entrada con muchas antelación según qué fechas.

Sábado 26, todo el día: Torrecilla

Ascenso a la cima más prominente de Málaga, cuya crónica entera se podrá leer en este enlace cuando la cuelgue.

En la cima del Torrecilla

Domingo 27: Regreso, con parada en Las Infantas (Jaén)

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Cap. 248. 30-8/1-9-2020. Tres días en una de las joyas cantábricas, Castro Urdiales

Como en 2019, el viaje familiar de este año ha sido al norte costero español, y también a Cantabria. Si el año pasado elegimos la zona más occidental (Suances como base de operaciones), esta vez nos hemos ido al extremo oriental, a la localidad de Castro Urdiales, tocando ya con el País Vasco y más concretamente con Vizcaya.

De hecho, tan cerca está de Bilbao (apenas 30 kilómetros), que el diario de cabecera de las personas que estaban en la playa o tranquilamente en las terrazas era ‘El Correo’. La relación entre Castro y Bilbao es muy estrecha y, después de conocer un poco mejor la localidad cántabra, se entiende que los que vivan o trabajen en la urbe vizcaína elijan Castro Urdiales para escaparse como segunda residencia o para vivir de continuo y acudir cada día a su labor.

Nuestra estancia empezó la tarde del domingo 30. Acercado por mis padres hasta Navaleno, donde se encontraba el resto de la familia, salí con ellos tres (hermana, cuñado y sobrina) hacia el mar Cantábrico. Conseguimos hacerlo de una vez…

Esa tarde del domingo la dedicamos a conocer los elementos más famosos de Castro, la zona llamada Puebla Vieja, con su imagen tan icónica y conocida de la iglesia de Santa María de la Asunción.

Nos extrañó ver a tanta gente vestida con la misma camiseta, roja, y algunos incluso con banderas. Preguntamos y salimos de dudas: a las seis de la tarde empezaba la regata Bandera Ciudad de Castro Urdiales. La organización había pedido a los aficionados que no acudieran presencialmente a ver la prueba por el tema del coronavirus, pero o bien muchos de ellos no hicieron caso, o bien otros años no tiene que caber un alfiler en esta prueba. Además, la Sociedad Remera Castreña ganó y logró subir a la máxima categoría.

Me regresó pronto a casa para trabajar, así que me libré sin quererlo de un gran chaparrón de estos habituales en el norte.

Ese chaparrón fue algo excepcional en estas menos de 48 horas que pasamos los cuatro en Cantabria. El lunes, único día completo, lo dedicamos por la mañana a la playa. Elegimos la de Ostende, que está algo más cercana de nuestro hogar.

La playa es preciosa, aunque quizás haya algo menos de gente que en la otra (Brazomar, sensación subjetiva de un par de vistazos), porque a las minúsculas todavía les quedan algunos cientos de años para convertirse en arena fina. Aun así, aquí conseguimos darnos el primer baño marítimo del año.

Muy cerca de esta playa de Ostende se encuentra una cala pequeñísima en la que apenas había tres o cuatro personas. No hay pequeñas piedras, sino bien grandes. La cala es preciosa porque su salida a mar abierto es a través de un túnel de roca, según nos había parecido la noche del domingo cuando estuvimos paseando por allí.

Comimos muy bien en uno de los restaurantes de la zona hostelera de Castro, y por la tarde decidimos hacer una breve escapada. Como la mayoría de las personas que tengan ese pensamiento, nuestra excursión fue a la cercana localidad de Laredo, con un acercamiento hasta Seña, yendo hacia la montaña.

En Laredo, en su inmensísima playa de La Salvé, hubo paseo por la acera e incluso descalzos por la arena, pero sin llegar a mojarnos. Entre unas cosas y otras, se acercaba la hora de la cena, momento del día que volvimos a pasar en casa antes del nuevo paseo nocturno para ayudar a dormir a la menor del grupo y para tomar un café.

El martes 1 yo tenía que volverme a Soria en tres autobuses, lo que me deparó la última sorpresa del viaje. Por la mañana, de nuevo un día estupendo de calor agradable y poco viento. Esta vez cambiamos a la playa de Brazomar, con más gente que en Ostende según nos pareció. También es verdad que es más pequeña.

Hubo tiempo de sobra para volver a casa poco después de las doce y terminar de hacer la mochila. El autobús a Bilbao no sale de la estación de autobuses, sino de las calles céntricas, con varias paradas.

De allí me despedí a la una del mediodía de los tres afortunados que aún se quedaban 24 horas más. Poco después de la una y media llegué a Termibus, la estación de autobuses de Bilbao. Cuando salí, vi que la estación intermodal se llamaba San Mamés. Efectivamente, la Catedral está ahí al lado. Aunque ya lleva unos años y sí lo conocía por fuera, aún no había estado dentro del estadio de Athletic Club.

Y en realidad, tampoco es que ahora haya estado plenamente dentro, pero al menos sí comí en la taberna llamada La Campa de los Ingleses, desde cuyos ventanales se ve el imponente graderío y el césped del recinto deportivo.

A las 15.15, bus a Logroño. Y a las 17.30, nuevo bus a Soria, para empezar el miércoles a trabajar en esta semana cuyos mejores días han sido al comienzo, al contrario de lo que suele asociarse.

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Cap. 247. 28/31-7-2020. Picos de Europa: las canales de Camburero y Jidiellu

Martes 28 de julio

Hoy martes, una vez más, hemos emprendido viaje hacia Asturias, probablemente la comunidad autónoma con mayor presencia en este blog y, desde luego y sin necesidad de comprobaciones, la provincia más frecuentada.

Los objetivos de esta expedición de cuatro días no han sido muy diferentes a los de expediciones anteriores a esta tierra: Puertas y Picos.

Puertas es el pueblo del municipio de Cabrales al que llevamos viniendo de manera ininterrumpida desde 2011. Picos son los Picos de Europa, esas grandes montañas sin rival en lo que a cierto tipo de belleza y salvajismo se refiere.

Esta mañana han salido Luis Ángel y Félix. Esta tarde lo hemos hecho Ana, Marta, Roberto y Sergio. A las 21.30 estábamos disfrutando de la primera de las tres grandes cenas en el bar de Puertas y antes de medianoche ya dormíamos.

Miércoles 29 de julio

Nuestra cita en el comedor de la casa rural era a las 7.30. Tras el desayuno, nos hemos dirigido hacia uno de los lugares más conocidos de Picos, Collado Pandébano, tras atravesar Carreña, Poo, Arenas, Poncebos y Tielve y quedarnos a algunos centenares de metros de Sotres.

En Collado Pandébano nos hemos dividido en dos grupos de cinco personas y una. Yo he preferido subir por la ruta habitual hasta el refugio de Urriellu, la que cada año hacen miles de personas. Son algo menos de dos horas. Me pasé buena parte de la subida hablando con un chaval de Barcelona de 21 años quien, junto a otros tres amigos a los que conocimos después, tienen idea de permanecer un mes en Picos escalando, recorriendo, y durmiendo en tienda de campaña o al raso.

El grupo de cinco personas eligió una ruta que requiere mayor exigencia y que ya no recibe por tanto esa gran avalancha de visitas. De Collado Pandébano bajaron a Bulnes y desde allí subieron por la canal de Camburero hasta ese refugio del Urriellu donde yo les esperaba.

La primera contemplación del Urriellu o Naranjo de Bulnes siempre es algo impresionante para cualquier persona, y aún más por tanto para cualquier amante de las montañas.

Aparte de por el imponente desnivel de esta canal, al grupo le tocó sufrir por el poderoso sol que les acompañó en todo el tramo final de la subida.

En la zona del refugio, al que no se puede entrar y cuyo aforo se ha reducido a una tercera parte por el virus, permanecimos bien de rato comiendo y descansando.

La bajada fue ya comunal, por la ruta más sencilla, para recuperar los coches y dirigirnos con ellos hacia Arenas después de parar a meter las piernas en el agua de uno de los arroyos que nos cruzamos.

En Arenas nos encontramos con dos sorianos más, Cristina y Mariano, que se incorporaban a la expedición para unirse a la ruta del día siguiente. En Arenas, helado para recuperar algo de fuerzas antes de regresar a Puertas donde las recuperamos ya del todo. Pronto de nuevo a descansar.

Jueves 30 de julio

Para este día daban temperaturas exageradas en este zona de Asturias, por encima de los 35 grados holgadamente. Por ello preferimos madrugar un poco más e intentar ponernos en marcha cuanto antes dentro de un orden. La caminata era similar a la de ayer en distancia y desnivel, y la íbamos a hacer los ocho juntos.

Después de desayunar salimos de nuevo hacia la zona del día anterior, en tres coches. Uno lo dejamos en Sotres y con los otros dos nos dirigimos hacia las Vegas de Sotres. Esta logística no es estrictamente necesaria, pero con el calor que se esperaba a nuestra llegada la agradeceríamos.

No aparcamos en las Vegas de Sotres sino un poco antes. De este modo empezábamos a andar en el comienzo mismo del principal objetivo del día: los casi 1.300 metros de desnivel positivo de la Canal de Jidiellu.

Sin tiempo para calentar por tanto, iniciamos nuestra marcha despacio hacia arriba, dejando poco a poco muy abajo nuestros coches, y acercándonos también poco a poco al todavía muy lejano Collado de Valdominguero.

La Canal de Jidiellu no tiene mucha pérdida, como la mayoría de las canales. El tramo inicial transcurre siempre por la derecha de la subida, si bien llega un momento en el que los hitos indican la necesidad de cruzar para afrontar el tramo final por la izquierda.

Muy cerca del final hay una trepada no muy complicada pero en la que, por si acaso, hay colocada una cuerda.

Desde allí hay otra pequeña trepada y un paso estrecho. En pocos minutos se llega al herbáceo Collado de Valdominguero.

En las dos horas y cuarto de subida solo nos hemos encontrado a cuatro personas, cuatro jóvenes de Alicante que estaban afrontando el cada vez más famoso Anillo de Picos. En el Collado sí vemos otras tres o cuatro personas intentando la subida a Valdominguero, una de las muchas cimas de prestancia de los Picos de Europa.

Todo este tramo que hemos hecho coincide con el recorrido de la Travesera, lo mismo que la bajada entre rocas y rocas hasta el Casetón de Ándara, ya en Cantabria y el único refugio del Macizo Oriental de los Picos. Por suerte, toda la subida de la Canal de Jidiellu fue con sombra, pero a partir de Valdominguero empezó a apretar el sol.

En el Casetón de Ándara, igual que el día anterior bajo el Urriellu, nos tomamos nuestros bocadillos, frutas, bebidas…

Todavía nos quedaba el tramo final, que empieza por la pista que termina en el Jitu de Escarandi. Esta pista es apta para vehículos, lo que facilita el transporte de personas y materiales hasta el refugio. En Urriellu, la intendencia sube en burro o mula.

La pista hay que abandonarla a los dos kilómetros, para girar a la izquierda hacia la Fuente de los Soles. Esa parte inicial es de subida. Desde el momento en el que se corona la cresta ya se ve abajo, precioso, Sotres.

Hacia allá vamos. La senda está bien marcada, sobre todo porque no hay cruces o bifurcaciones que induzcan a la duda. Esta parte final la hacemos en algo más de una hora. Llegamos a Sotres con calor fuerte de verdad.

Reponemos calorías de nuevo mientras el coche que había sido aparcado en Sotres sale con los otros dos conductores hacia las Vegas. Alguno opta por hacer la ruta circular completa a pie, corriendo.

En Sotres nos despedimos de Cristina y Mariano y salimos hacia Arenas. En el camino nos jarrea y agradecemos que ello no haya sucedido algunas horas antes, lo que habría resultado peligroso y muy incómodo.

En Arenas hacemos la tradicional parada para hacer algunas compras gastronómicas y degustar un poco de sidra.

Llegamos bien de día a Puertas para ducharnos, tomar algo y cenar de nuevo en el bar: callos, sardinas, jabalí, bonito en tomate, tortillas, fresas de El Zánganu, flan, arroz con leche… han sido nuestros nutrientes estos días en casa. No hay tiempo para mucho más que para decirnos hasta mañana.

Viernes 31 de julio

Último día y, como en las excursiones organizadas, toca tiempo libre por la mañana. Unos lo aprovechan para correr unos kilómetros por los montes cercanos a Puertas, y el resto preferimos levantarnos un poco más tarde y dar un paseo por el pueblo hasta su parte más alta. El pueblo es mucho más extenso y bonito de lo que parece desde su plaza principal.

Hace tan buena mañana que prolongamos la despedida en la calle. Nos llevamos a casa algunos botes de mermelada de las fresas que nos sirvieron de postre los días anteriores y nos emplazamos para que nuestra próxima visita sea lo más cercana en el tiempo posible.

De regreso a casa, y como somos animales de costumbres, dos paradas en lugares conocidos. Primero, una vez más en Arenas. Segundo, en la playa de Berellín en Prellezo, ya en Cantabria, que estaba con la marea altísima, como nunca la habíamos visto en nuestras paradas anteriores.

La comida ha sido allí en Prellezo, igual que la despedida entre los integrantes de los dos coches. Pronto nos veremos por Soria o por alguna otra expedición montañera.

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Cap. 246. 20-7-2020. Ciudad Real-Albacete: Campo de Criptana

Finalizamos esta ruta de tres días por Castilla-La Mancha con una rápida visita a uno de los tres molinos que conservan la maquinaria de los diez que todavía quedan en pie en Campo de Criptana.

El horario de apertura, según vimos ayer domingo, era las diez de la mañana, así que no fue complicado levantarse con tiempo, desayunar en nuestro hotel y dirigirnos en coche hasta la oficina de turismo. 

Perderse a pie o en coche por este barrio del Albaicín de Campo de Criptana también es una experiencia recomendable, con las casas tan blancas y tan azules. En días como hoy, esa recomendación pierde sentido entre las 11.00 y las 19.00, aproximadamente.

A las diez estábamos en la oficina de turismo, y a las diez y media empezaba la primera visita guiada al Molino Infanto, el que se encuentra justo al lado. Entre su estrechez y los tiempos actuales de virus, las visitas son de cuatro personas, así que hemos estado nosotros tres solos.

También me gustó mucho el molino: el gran palo con el que se mueven las aspas para dirigirlas al viento, las tres plantas del pequeño edificio, las lonas que se le ponen a las aspas, los doce pequeños ventanucos a través del cual el molinero comprobaba la dirección exacta del viento, las losetas alusivas a la fama de ‘agarrados’ y ‘usureros’ de los profesionales de los molinos…

Y, sobre todo, la maquinaria de la molienda de la tercera planta, una maquinaria que se pone en marcha una vez al mes (en tiempos de vida normales) como atractivo turístico.

La visita dura alrededor de cuarto de hora. Después de conocido el molino y de comprar algún recuerdo gastronómico, nuestra siguiente y última parada ha sido también en La Mancha, pero ya en Toledo.

La parada del almuerzo ha sido en Tembleque, cuya plaza merece la fama que lleva por su estructura y por su estado de conservación. Tembleque tiene bastante más que ver, pero Soria empezaba a llamarnos, así que lo dejaremos para nuestro próximo viaje por la A-4.

Nacimiento del río Mundo
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Cap. 245. 19-7-2020. Ciudad Real-Albacete: Almenara, río Mundo…

… Villanueva de los Infantes, Manzanares y Campo de Criptana

Segunda de las tres jornadas por tierras de Ciudad Real y Albacete, y segunda en la que tocamos las dos provincias. Después de dormir en Ruidera, pronto salimos este domingo hacia tierras de Albacete para subir a su pico más prominente, el Almenara. La crónica de todo ello se puede leer en el blog de las cimas, al que le queda poco vida.

Cima del Almenara

Del Almenara bajamos a recuperar fuerzas a Riópar y desde allí, como cualquiera puede imaginar, al nacimiento del río Mundo. Sí, son las cosas típicas que hay que ver, pero una vez vistas, se entiende por qué.

Y eso que ahora no tiene mucha agua. Aun así, nos comentan los guías del parque que el nacimiento no se queda nunca seco. Lo bonito, de todos modos, sería verlo en primavera, cuando esas cascadas ahora más bien finas se convierten en un espectáculo llamado El Reventón: 180.000 (ciento ochenta mil) litros de agua por segundo. 

Por cuestión de horarios, comimos en Riópar y desde allí, nos separaban un par de horas hasta Manzanares, donde Félix cogía el tren a Madrid.

En el camino visitamos uno de los pueblos más bonitos de Castilla-la Mancha… y de España. De hecho, pertenece a esa Asociación de Los Pueblos más Bonitos de España: Villanueva de los Infantes, otra localidad marcada por Cervantes y su creación universal, que comparten protagonismo con Quevedo, fallecido aquí. Toda esa historia literaria se corresponde con lo que puede verse en el pueblo, tanto en su plaza Mayor como en algunas de las pocas calles que el tiempo y el chaparrón nos permitieron visitar.

De Villanueva, con tiempo, fuimos a Manzanares, donde lo único que hicimos fue pasear por su Parque del Polígono Julián Gómez-Cambronero, con su gran lago, sus numerosos patos y su curioso Paseo del Sistema Solar.

Desde allí se tarda cinco minutos a la estación de tren, donde despedimos a Félix.

Nuestra última parada fue Campo de Criptana, otra localidad en la que éramos nuevos y que nos encantó. Los diez molinos que se conservan de los más de 30 que había originalmente son los más antiguos de La Mancha, del siglo XVI, entre los que conservan su maquinaria original.

Eso lo veremos mañana lunes. El domingo lo despedimos en una de las terrazas que hay junto a estos molinos de viento que Don Quijote confundió con gigantes en el pasaje más famoso del libro que escribió Cervantes. De camino al hotel, cena en la plaza Mayor, animada pero no tanto como la zona de los molinos.

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Cap. 244. 18-7-2020. Ciudad Real-Albacete: Lagunas de Ruidera

Hago un breve resumen recordatorio de estos tres días que hemos pasado en tierras de Castilla-La Mancha, y más concretamente en las provincias de Ciudad Real y Albacete.

El sábado 18 salimos de Soria a las 7.30 y de Madrid a las 10.00. Antes de las 13.00 estábamos en Ruidera. Los cuatro (Félix, José Luis, José Vicente y yo) éramos nuevos en las famosísimas Lagunas de Ruidera.

La sorpresa fue grande. A mediodía apenas nos dimos un paseo por el pueblo para conocer parte de la Laguna del Rey y su cascada del Hundimiento, situada a unos metros del casco urbano.

Por la tarde, después de echar la siesta para evitar el calor, cogimos el coche para hacer un recorrido por varias lagunas hasta la caída del sol.

El tramo asfaltado recorre numerosos chiringuitos, bares, restaurantes… y al otro lado las lagunas con gran cantidad de sitios de baño para refrescarse.

Como no somos mucho de multitudes, o no siempre, pronto conseguimos coger sin desearlo un camino de tierra para ver algunas de las lagunas sin casi gente, sin nadie.

Entre otras referencias quijotescas, por allí se encuentra la Cueva de Montesinos, uno de los atractivos culturales de las lagunas de Ruidera (se llaman así, pero pertenecen a cinco municipios de Ciudad Real y Albacete).

A lo que va casi todo el mundo es a bañarse, a tomar el sol o la sombra y a darse una vuelta con piraguas, pádel-surf, barquichuelas… una maravilla para pasar el verano.

Las lagunas de Ruidera son algo menos de una veintena, interconectadas casi todas ellas por pequeñas cascadas que van salvando pequeños desniveles de una a otra.

Salvo un par de ellas, casi siempre tienen la misma cantidad de agua, independientemente de cómo vaya el año.

Terminamos el recorrido en el llamado Mirador de Ruidera, muy cerca del pueblo, sobre la Laguna del Rey.

Nos han encantado estas lagunas. Me quedo con las ganas de conocerlas en otra época, con más tiempo.

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Cap. 243. 29-5-2020. El primer aceite de oliva de Soria ya crece en Montuenga

En noviembre de 2021 está previsto que entren las cosechadoras a la finca de 12 hectáreas situada junto a la autovía A-2 al otro lado de Montuenga, en el término municipal de Arcos de Jalón.

En esa finca se plantaron hace más de dos años alrededor de 5.000 plantas de olivo, en un total de cuatro hectáreas. Como la planta agradeció el terreno y los cuidados, Carolina García y Jesús Bailón plantaron después unas 10.000 plantas más.

Ahora, por tanto, esta zona del sur de la provincia cuenta con 15.000 pequeños olivos en una extensión todavía de diez hectáreas, con lo que todavía es susceptible de crecer un poco más hasta llegar a las 12 disponibles.

En Soria no existen explotaciones de olivo por la gran altitud de la gran mayoría de la provincia, en buena parte por encima de los 1.000 metros.

También en la cuenca del Ebro, pero al noreste de la provincia, hay unos 3.000 olivos en la zona de Villarijo, que en su día sí eran explotados para la elaboración de aceite pero que ahora tienen casi imposible su recuperación.

Por tanto, Jesús y Carolina decidieron empezar de cero y en su zona, sin experiencia previa en el olivo aunque sí con cierta tradición familiar en el cereal.

Estas tierras de Montuenga no son las más apropiadas de la provincia para fines cerealistas así que, después de tener la idea y de asesorarse, decidieron probar con los olivos.

La variedad de las 15.000 plantas es la misma, arbequina. Aunque todavía no descartan dejar una pequeña parte de la producción para encurtidos, el objetivo es que esos millones de aceitunas terminen convirtiéndose en un aceite de oliva premium de máxima calidad.

Competir en cantidad con otras zonas de España, fundamentalmente Andalucía, no tiene razón de ser, así que el hueco que van a buscar es el de la calidad, para lo cual todo el terreno se va a explotar también siguiendo criterios ecológicos, sin herbicidas, con abonos específicos y con un trabajo manual mucho más abundante.

Todo ese esfuerzo habrá de notarse cuando el consumidor abra una de sus botellas de aceite y se encuentre con material de primera calidad.

Para ello, en cualquier caso, aún queda más de un año y medio en principio, a la espera de ver cómo están los olivos en el otoño de este año.

La elaboración del aceite deberá hacerse en alguna de las almazaras más cercanas a la finca, para evitar al máximo la oxidación de la aceituna en el transporte. 

Su sueño futuro sería tener una almazara propia, pero la inversión no merece la pena. La idea inicial es trabajar con alguna de las existentes en la vecina provincia de Zaragoza, a un tiempo no muy largo gracias precisamente a la autovía junto a la cual crecen los olivos.

Con este tamaño de finca, la cosecha tardaría en hacerse un par de días. En ese tiempo, los camiones irán y vendrán de Montuenga a la almazara llevando las olivas y volviendo vacíos.

Muy bajo para lo que es Soria (unos 800 metros) y muy alto para lo que suele ser habitual en las plantaciones de olivos (pero dentro del rango apropiado), Carolina y Jesús confían en que esta idea fructifique y que Soria disfrute en breve de su primer aceite de oliva, y además premium.

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Cap. 242. 28-5-2020. Arcos de Jalón y su gran Cinema (Numancia) Paradiso

A mediados del siglo XX, Arcos de Jalón no era el pueblo más poblado de la provincia de Soria pero por muy poco. Rondaba los 3.000 habitantes (llegó a tener más de 4.000 en los años 70), y localidades como Ágreda, El Burgo de Osma o Almazán tenían algunos más de 3.000 o 3.500.

La población de Arcos, en una parte importante, se dedicada a la potentísima industria ferroviaria, que traía a esta población del sur soriano a numerosas personas de fuera, todas con su nómina y con sus ganas de divertirse.

En el año 1958, la familia Maroto inaugura el Cine Numancia, un impresionante recinto cultural con más de 700 plazas. La televisión había llegado a España apenas dos años antes, pero todavía estaba lejísimos de ser aquello en lo que se convirtió algunos años después, cuando no había casa sin su aparato televisor.

En esos primeros años, aun así, el Cine Numancia fue aquello que se pretendía que fuera, un importante foco de cultura para el pueblo de Arcos y para el resto de pueblos de la comarca.

Las salas de cine y los pueblos de Soria fueron bajando a la vez, poco a poco. A principios de los años 80, Arcos todavía tenía una población de unas 2.500 personas, algo inviable para la pervivencia de un cine no ya de 700 butacas, sino de cualquier tamaño.

Con la gran pena con la que se han clausurado todos los cines de los pueblos del mundo, en 1983, 25 años después de abrirse, cerró sus puertas el Cine Numancia.

Ahora, 37 años después, el edificio que lo albergó y su interior están prácticamente igual que cuando se pasaron los últimos rollos. La imagen es sobrecogedora, sobre todo nada más entrar, cuando se ve allí a lo lejos, muy lejos, la inmensa pantalla que todavía se conserva, lo mismo que las butacas acolchadas, que las butacas de madera del gallinero (más baratas), algunos rollos, la máquina, las entradas, papeles con las películas que se iban pasando, las telas de terciopelo, el sistema eléctrico…

De vez en cuando, el Cine Numancia, propiedad de la familia del Hostal Numancia, se abre al público general en ocasiones señaladas o de manera excepcional como esta tarde, para la toma de estas fotografías.

Historia del cine en Arcos

Muchas gracias a PD y a AM

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Cap. 241. 27-5-2020. La Laguna de Judes (Soria) roza su esplendor

Hace un mes menos un día publicábamos unas imágenes de la Laguna de Judes en Soria, una laguna kárstica en la que afloraba el agua como no se veía desde hace años.

Ahora, 29 días después, ha seguido lloviendo, en algunos momentos de manera exagerada como ayer mismo, cuando se recogieron 74 litros por metro cuadrado en la estación pluviométrica de Judes, al sur de la provincia, en el término de Arcos de Jalón.

La Laguna lo ha agradecido y se la ve más potente, repleta de anfibios que estarán disfrutando este año como lo harían hace tiempo sus padres y sus abuelos.

Ya está muy cerca de las sabinas que la cierran por uno de sus extremos. En el momento de máximo esplendor, en la zona recuerdan lanzarse al agua desde alguna de esas sabinas.

Para ello todavía no está, pero es posible que el agua siga manando, suba la superficie y, por fin, se desborde.

El camino para llegar a la misma ha sufrido la tromba de agua de ayer. Se puede probar y, si hay algún tramo malo, se para y se da la vuelta. Ese camino sale desde muy cerca de Judes. Desde su comienzo hay aproximadamente tres kilómetros hasta la Laguna. 

Quien no la vea este año se arriesga a no encontrarla con agua hasta dentro de muchos años. Las dos últimas veces fueron 2004 y 2010, según recuerdan las memorias. Pero ojalá se quede así para siempre.