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19-11-2018. Carretera geológicamente inestable

Si buscas en Google Maps cómo se va, qué distancia hay y cuánto se tarda de Medellín a Salento, colombianas ambas, verás que aparecen 250 kilómetros. El tiempo depende de la hora del día a la que lo busques. Ahora mismo me salen seis horas y media.

Está claro que algo no cuadra, que parece demasiado tiempo para esa distancia, así que imaginas una carretera en pésimo estado o de curvas continuas.

Hoy realizado ese recorrido y he tardado ocho horas y media. Es verdad que hemos parado a comer y que hemos estado bastante rato en la estación de Pereira, así que sin esas dos paradas voluntarias, el tiempo se habría acercado al que marca Google.

¿A qué se debe esa media de velocidad tan baja?

Como aparece en varios carteles del recorrido, se trata de una “Carretera geológicamente inestable”. Para empezar, ha tenido que ser ganada a la montaña en buena parte del camino, con lo que casi siempre se encuentra debajo de una gran pared.

Esas grandes paredes, con frecuencia, provocan desprendimientos.
Varias de las paradas que hemos hecho hoy han sido de unos segundos, en lugares donde han caído unas piedras y cuatro ramas y hemos tenido que esperar a que pasen primero los que venían de frente.

Pero otras cuantas paradas han sido bien largas, de bastantes minutos e incluso de media hora o más. En casi todas esas paradas hay vendedores ambulantes para ofrecer algo de comida y bebida.
Estas paradas se deben, fundamentalmente, a obras, a trabajos para tratar de solucionar los destrozos de los desprendimientos y, más allá, para intentar que no vuelvan a producirse. He visto varias obras de viaductos.

Salento está en el Eje Cafetero. Según la prisa que tengas, puedes hacer este recorrido como yo, en bus. Es probable que en algunos años se tarde menos, y en la Ciudad Perdida me dijeron unas chicas que ellas lo hicieron en poco más de cuatro horas.

La otra opción es en avión. Salento se encuentra cerca de Armenia y de Pereira, dos grandes ciudades con vuelos directos a los principales aeropuertos del país.

18-11-2018. La ciclovía de Medellín

Aprovechando que he tenido que prolongar mi estancia en Colombia en contra de mis intenciones, y coincidiendo con que hoy es domingo, he conocido en directo la ciclovía de Medellín, de la que ya me habían hablado durante el trekking de la Ciudad Perdida.

¿Qué es la ciclovía? Los domingos y los festivos, algunas de las principales avenidas de la ciudad colombiana cortan alguno de sus carriles al tráfico motorizado.

A cambio, por ellas circulan miles de personas corriendo, en bicicleta, patines, caminando, con sus perros, con artefactos rodantes difíciles de nombrar… No es un avance al azar: hay que ir por la derecha, algo que me ha costado unos pocos segundos interiorizar.

Las fotos pertenecen a la avenida del Poblado, de varios kilómetros.

Después de darme un paseo por ella, he cogido el Metro entre Aguacatala e Industriales para conocer el Museo de Arte Moderno.

Estas ciclovías (también se llaman así lo que nosotros conocemos por carril-bici) se dan en otras grandes ciudades sudamericanas para aprovechar el menor tráfico de los domingos.

En el fondo, es algo muy parecido a lo que sucede en Madrid y supongo que en otras metrópolis del mundo, donde se aprovechan estos domingos para cortar el centro y hacer carreras de diez kilómetros, medias, maratones…

Pero la ciclovía tiene varios matices diferentes a estas carreras organizadas de cada domingo: no es necesaria ninguna inscripción, puedes ir a la hora que quieras dentro del límite horario (de 7.00 a 13.00 en Medellín), caben los patines, los perros y las bicicletas…

A lo largo de los muchos kilómetros de ciclovía, además, hay pequeños puestos de comida, bebida o de complementos, así que ya he visto a varias personas haciendo sus paradas y gastando algunos pesos para regresar a sus hogares más cargadas de lo que habían salido de ellos.

17-11-2018. Un par de semanas más por Colombia

Escribo estas líneas el 18 de noviembre.

Antes de ayer 16, como dije, quedamos para cenar en Provenza con los amigos de Medellín que conocimos en la Ciudad Perdida y algunas personas más.

Estábamos al lado de mi hostal. Ellos cogieron un taxi y yo iba también a dormir. Cuando estaba a un par de minutos del hostal, un tipo con una moto me dio un golpe con la mano.

Más allá de la impresión, no me dolió nada hasta llegar al hostal, donde sí que empecé a notar alguna molestia. Bajé a recepción y tenía atrás una pequeña herida y un minichorro de sangre. No sé que llevaría el tipo en la mano porque sucedió todo en medio segundo.

Me lo limpió el recepcionista, pero no me gustaba nada la historia así que llamé de inmediato a Juan y Juanita, de quien acababa de separarme. Vinieron en coche rápido y, mientras dilucidábamos, llamé al seguro, el que me hice en 2011 y renuevo anualmente con el deseo de no utilizarlo. 

Me llevaron en su coche a la Clínica Las Américas, que es donde me mandó el seguro y uno de los mejores sitios de Medellín, según me tranquilizaron mis amigos.

Mientras solucionaba el tema del seguro ya e el hospital, llegó la Policía para ver qué había sucedido, pero yo no pude aportar ningún dato más del que estoy aportando aquí, más allá del lugar más exacto.

En la clínica, en bien poco rato, me limpiaron la herida, me la cerraron con un par de puntos y me hicieron una radiografía en la zona torácica.

La médica me tranquilizó desde el principio diciéndome que no era nada feo ni grave, pero quería hacer una segunda placa en cuatro o cinco horas para ver la evolución. Fue entonces cuando Juan y Juanita marcharon también a casa para descansar ese rato. Era algo después de la una de la mañana.

Dormí algo más de cuatro horas en el box de Urgencias que me asignaron.

Cuando desperté para la segunda placa, ya estaba llegando Juanita con mis cosas. Esa segunda placa evidenciaba que todo estaba muy parecido, pero tanto la doctora como su recambio de turno quisieron consultar con el cirujano. Todas las constantes (tensión, oxígeno en la sangre, pulso, auscultación) eran correctas.

El cirujano acudió y me dijo que la herida, aparte de necesitar esos dos puntos para ser cerrada, había dejado un poco de sangre en la pleura por la fuerza del golpe, demasiado poco como para hacer ningún drenaje. 

Resultado 1: dado de alta, una pastilla antiinflamatoria al día durante una semana y vida normal terrestre (comida, viajes en autobús, caminar…).

Resultado 2: ese pequeño hemotórax me impide volar durante 15 días, según me firmó el cirujano en un papel, arrancando de mi cabeza cualquier idea de acortar el plazo. Tampoco le insistí mucho porque cualquier persona entiende lo que es la salud.

Así que me quedo otras dos semanas por Colombia. Ya no será turismo sino trabajo, pero sí escribiré alguna entrada más porque tengo idea de visitar otro lugar, el mismo al que debería haber viajado la mañana siguiente a lo sucedido. El resto del tiempo lo emplearé como si fuera una jornada laboral… con el condicionante del cambio de hora (seis horas menos aquí).

A raíz de este suceso, quiero mostrar mi agradecimiento a:

-El recepcionista. Por cómo me trató y por cómo trató de quitar hierro al asunto… aunque sus consejos médicos por suerte fueron desoídos.

-El seguro. Sí, ya sé que lo pago y que es su trabajo, pero da tranquilidad que con una llamada de ida y otra de vuelta solucionen un tema tan importante aunque la cabeza esté más por el otro lado. Es Seguros Ocaso a través de su relación con Europ Assistance.

-Clínica Las Américas. Desde los que me recibieron al principio hasta los que me despidieron al final. Tuve suerte de que sucediera en Medellín y de que el seguro me mandara allí.

-Juanita y Juan, con extensión a familiares y otros amigos. Por los dos días antes del golpe y por los dos días transcurridos desde entonces, cuando hace apenas una semana que nos conocimos… Sin palabras. Escribo desde su hogar estas líneas. Estas son cosas que tiene el mundo de los viajes.

16-11-2018. Por un día no coincido con Rozalén en Medellín

Hoy me he pasado todo el día por Medellín (Antioquia, Colombia). Leer.

Una de las cosas a las que me he dedicado es a buscar un cartel que vi ayer en alguna parada de Metro.

En ese cartel salía anunciado el concierto de Rozalén aquí en Medellín para mañana 17 de noviembre, apenas dos días después de haber acudido a la gala de los Grammy Latino en Las Vegas, ya que contaba con dos nominaciones de las importantes: Álbum del año y Canción del año. Hoy 16 canta en Bogotá.

Por apenas un día, por unas horas, no voy a poder asistir a su concierto. No sé si habría ido a verla o no, pero no descarto que así hubiera sido para celebrar la casualidad de haberla visto el mismo año en Soria y en Medellín. Pero mañana a la mañana marcho…

He visto que las entradas para su actuación van bastante bien, y eso que va a coincidir con el concierto de Carlos Vives. Dos millones y medio de personas dan para mucho.

15-11-2018. ¿Por qué hay un avión rosa sobrevolando Colombia?

Esta mañana me he despedido de Cartagena de Indias pero no de Colombia.

Los vuelos internos en este país andino, caribeño y amazónico son baratísimos.

Ello se debe entre otras cosas a la irrupción hace seis años de la compañía Viva Air.

En esta compañía volamos la semana pasada de Bogotá a Santa Marta y en esta misma he volado hoy de Cartagena a Medellín, donde ahora me ubico.

Me ha llamado mucho la atención, antes de montarme, que el avión fuera completamente rosa por fuera. Pero no me ha dado por hacerle una foto.

Leer en Viva Air

Una vez dentro, ya lo he entendido, todo el avión está también pintado por dentro de rosa, y con numerosos mensajes para concienciar a la población, especialmente a las mujeres, para hacer el autoexamen (“Tócate”) como forma de prevenir el cáncer de mama.

Al salir, ya sí, le he tomado la fotografía.

He sido afortunado, pues el avión apenas lleva unas semanas en la compañía de bajo coste colombiana, que tiene previsto comprar tres aviones más en estos cinco años para seguir aumentando destinos. En diciembre empezarán con el Santa Marta-Miami.

El avión, por cierto, se llama Claudia Obando, igual que una empleada de la compañía que ha superado esta enfermedad.

14-11-2018. El Café del Mar de Cartagena de Indias, un café sin café

Esta tarde me he dedicado a dar un buen paseo por la ciudad amurallada de Cartagena de Indias.

Como me habían recomendado en el hostal, me las he arreglado para que el atardecer me sorprendiera en el Café del Mar, situado junto en una de las puntas de la muralla, la más cercana al mar Caribe.

El emplazamiento, como sucede siempre con este establecimiento, no es casual. Desde allí se tiene una visión inolvidable del atardecer… cuando hay sol.

Hoy estaba totalmente cubierto por las nubes, así que me he tenido que conformar con tomar algo. 

He visto que las de al lado pedían café y que la camarera, riéndose, les ha dicho que no había. Las turistas se lo han tomado a bien, se han hecho un par de fotos de las vistas y se han ido.

Por si había escuchado mal, he hecho la misma pregunta. Era cierto: en las dos páginas de la carta, todas de bebida, no había café.

Ello no impedía que, cada minuto que pasaba, entraran cada vez más y más personas para ocupar algunas de las decenas de sillas y mesas recién secadas por los camareros.

 

13-11-2018. Un animal en peligro de extinción que habita en los parques

Cuando se piensa en un animal en peligro de extinción, lo último que uno se imaginaría es que puede encontrarse algún ejemplar en el parque de una ciudad.

Y eso es lo que sucede con el tití de cabeza blanca, un pequeño primate del que quedan muy pocos miles en cuatro departamentos de Colombia.

Uno de esos departamentos es el de Bolívar, cuya capital es Cartagena de Indias.

En el paseo que me he dado esta mañana por la ciudad, me he encontrado a unos policías fotografiando algo en un árbol del parque del Centenario.

Eran dos ejemplares de esta especie. Al parecer, hay cinco allí viviendo, en convivencia con las ardillas, más habituales en los parques.

12-11-2018. La pesca del chinchorro en Taganga (Colombia)

En el norte de Colombia, en el Caribe, y por lo que he visto también en bastantes otros lugares de Sudamérica, se conserva desde hace cientos de años un tipo de pesca llamado con chinchorro.

Esta mañana hemos tenido la oportunidad de conocerla a primerísima hora de la mañana, cuando estaban montando las redes alrededor de las 6.00 en Taganga, muy cerca de Santa Marta.

Se trata de un tipo de pesca realizado muy cerca de la orilla. Se forma una especie de habitáculo con la red y los peces van cayendo en ella. 

Una persona, con gafas de bucear, va nadando alrededor de esta red y, cuando hay suficientes peces, avisa a sus compañeros para que recojan.

A pesar de su valor cultural y antiquísimo, la pesca con chinchorro tiene también sus detractores por ser considerada demasiado agresiva al no hacer selección en los peces que captura.

11-11-2018. Resumen del trekking de cuatro días de la Ciudad Perdida

Como hago a veces en los viajes que hago, y sobre todo a modo de recordatorio para el futuro, allá va un resumen resumido del trekking de cuatro días de la Ciudad Perdida (Colombia).

Esta es la duración más habitual de esta ruta, y es la que hemos hecho nosotros entre el 8 y 11 de noviembre.

Día 1. 8 de noviembre

Recogida en Santa Marta. 4×4 por la carretera troncal hasta Aguacatera. Una hora. Con ese mismo vehículo por caminos hasta Mamey (también llamada Machete Pelao). Otra hora. Desde ahí, tres horas y media de caminata a pie hasta Casa Adán, donde dormimos la primera noche.

Día 2. 9 de noviembre. 

Siete horas de caminata a pie desde las 6.00, divididas por un descanso de dos horas en Campamento Mumake. Llegada a dormir a Paraíso Teyuna, al pie de la Ciudad Perdida, en esta segunda noche.

Día 3. 10 de noviembre

Algo menos de una hora de subida y otro tanto de bajada para visitar la impresionante Ciudad Perdida, donde estamos un par de horas. De Paraíso Teyuna, algo más de tres horas de andar a Campamento Mumake. Allí dormimos esta tercera noche.

Día 4. 11 de noviembre

Diana muy temprana como siempre y otras siete horas de caminata entre Mumake y Mamey, esta vez algo más relajadas. Parada en Casa Adán para tomar un baño. El almuerzo, ya en Mamey, antes del regreso a Santa Marta en dos horas.

La Ciudad Perdida

10-11-2018. Ciudad Perdida, 400 años bajo la vegetación

Hoy hemos llegado a la Ciudad Perdida, en el tercer día de los cuatro de este trekking

De vez en cuando se lee que en algún país aparece una vieja ciudad que llevaba oculta entre la vegetación varios siglos. A estas alturas de todo, parece increíble.

Eso mismo es lo que sucedió en 1975 con la Ciudad Perdida.

Y, sin embargo, las ocho personas que hemos conocido hoy este gran complejo arqueológico hemos pensado lo mismo: no solo no es extraño que estas cosas sucedan, sino que no sería descartable pensar que vuelvan a aparecen grandes vestigios precolombinos, por hablar solo de América.

La espesura de la vegetación, lo agreste de las montañas y el aislamiento de las comunidades indígenas hacen comprensible que estas cosas sucedan.