Esta mañana se ha celebrado la edición número 13 o 14 del Campeonato de Frontenis Infantil de Valdeavellano de Tera, que cada año desde mediados de la década pasada se disputa a mediados del mes de agosto, coincidiendo con las fiestas o en las fechas cercanas.

Hoy, un total de cinco parejas, hasta los 13 años de edad, han demostrado los avances experimentados a lo largo del verano con la raqueta, aunque algunos han tenido más tiempo para entrenar a lo largo del invierno, como ha sido el caso de los campeones, Pablo y Santi.

Los vencedores, que no han cedido ninguno de los cinco partidos disputados (los cuatro de la liga y, lógicamente, la final), han tenido que remontar la ventaja inicial de los finalistas y medalla de plata, Marc y Mauro, barceloneses de sangre valleja y que el año que viene tratarán de recortar distancias.

También están pensando ya en 2018 Jordi y Mario, que han protagonizado algunos de los partidos más disputados del torneo y que en la liguilla han llegado a poner en ciertos apuros a los posteriormente campeones.

Jordi y Mario han sido terceros al vencer a Iván y Alfonso, quienes se han incorporado al campeonato cuando ya estaba empezado y que, en los cinco partidos que han jugado, han demostrado una mejora constante en su desempeño.

El partido más emocionante, de hecho, lo han disputado estos dos jugadores frente a los primos Javier y Lucas, quienes han perdido por un apretadísimo 11-10. Esos marcadores igualados han sido una constante en los partidos de esta pareja.

El año que viene, por cuestiones de edad, podrán seguir jugando los diez de hoy, así que el nivel del torneo será todavía mayor si eso es posible. Además, ha habido algunas bajas por lesiones o por estar convocados los deportistas con sus familias en la playa.

Y dentro de tres o cuatro años… a jugar con los grandes en el frontón de Valdeavellano, uno de los mejores de la provincia (para mí el mejor), con dos estribos para darle mayor espectacularidad al juego.

Fotos: Cristina Lázaro y Jordi Pladellorens

En la ciudad de Quillacollo, muy cerca de Cochambamba, y a casi 400 kilómetros de la capital La Paz, se celebra entre el 14 y el 16 de agosto la festividad de la Virgen de Urkupiña, el llamado Calvario. Estamos hablando de Bolivia. Cada año, miles de bolivianos acuden a esta gran romería, unos días de fiesta en torno a la Virgen que, desde hace 19 años, es considerada la Patrona de la Integración Nacional de este país sudamericano sin salida al mar.

En Soria, dentro de las comunidades extranjeras, la boliviana es una de las más numerosas. Cada año, alrededor del 25 de julio, celebran en el centro de la ciudad la festividad de Santiago Bombori, con vistosos trajes y espectaculares bailes.

Esta semana, quien haya paseado por el cerro de San Cristóbal, el pequeño monte que hay justo al lado del cerro de Santa Ana, habrá visto unas pequeñas construcciones recién elaborada y con varios y curiosos objetos.

Viendo las fotos es fácil encontrar una pista para descubrir qué significan estas pequeñas construcciones, que fueron levantadas hace algunos días con el objeto de celebrar ese Calvario. Se trata de un día familiar, repleto de rituales y, según creo, los bolivianos de Soria deciden acudir a la montaña de la ciudad porque la fiesta original también se desarrolla en un alto, en el llamado Cerro Cota de la citada ciudad de Quillacollo (ver).

A ver si el año que viene me acuerdo y subo uno de esos días a ver cómo se celebra en Soria esta fiesta boliviana.

Es una pregunta que probablemente ninguno de vosotros se haya hecho nunca pero, una vez planteada, la respuesta tampoco parece fácil.

Chicago es la gran ciudad del centro-norte de los Estados Unidos, situada a orillas del lago Michigan, con una población en su área metropolitana que roza los 10 millones de habitantes. Un estudio del año pasado la nombró la ciudad más divertida del mundo, sobre todo por la gran cantidad de actividades culturales de la que es escenario cada día.

Fuentepinilla es uno más de los 183 municipios de Soria, que engloban a un total de 500 pueblos. Aparecen censadas aproximadamente un centenar de personas entre sus tres entidades de población: Osona, Valderrueda y la que da nombre a todo el municipio.

Con todas esas diferencias, estas dos poblaciones tienen una pequeña curiosidad en común: las dos tienen el mismo nombre que el río que las atraviesa.

El río Chicago parte la ciudad en dos y es cruzado por una gran cantidad de puentes, que permiten una de las fotografías más famosas de Chicago.

El río Fuentepinilla apenas suma unos pocos kilómetros antes de desembocar en el Duero. Sus puentes no tienen la majestuosidad de los de Chicago, pero sí muchos más años. Realmente, es uno, el llamado puente de Las Cabras, de tiempo medieval aunque al parecer levantado sobre traza romana.

Como sucede con muchos ríos, el Fuentepinilla cambia de nombre según avanza. Cerca de su desembocadura, se llama Andaluz. Casualmente, cuando pasa al lado del pueblo de ese mismo nombre, Andaluz, pero de ahí no tengo foto.

No son los dos únicos pueblos sorianos en los que ocurre eso. El río que atraviesa Morón de Almazán también se llama Morón.

‘Termina’ de momento esta aventura pirenaica, al menos en la concepción inicialmente planteada. Ángel Aguirre ha ascendido este verano a 117 de los 212 tresmiles de la gran cordillera. Ya que está ‘tan’ cerca, acudirá poco a poco a los Pirineos para tachar los 95 que le faltan desde que comenzó este reto, porque algunos ya los tiene de veces anteriores. La experiencia, más que positiva.

“Lunes 14 de Agosto: Cresta Picos del Infierno – Pico Arnales y Cresterío de los Picos de las Argualas.

Para este día la previsión del tiempo nos iba a respetar también, de modo que, junto con el incansable Carlos, decidimos hacer los nueve picos que nos quedaban de esta zona. Justo hace un año, ya habíamos hecho esta ruta con Óscar y Diego y desde entonces la llamamos: La ‘Titanada”‘, por su exigencia física en crestas y 18 kilómetros por terreno expuesto.

Empezamos a caminar desde Los Baños de Panticosa a las siete de la mañana y a medida que íbamos subiendo dejábamos atrás el refugio de Bachimaña, el Ibón Alto de Bachimaña y los Ibones azules, hasta llegar al Collado del Infierno. A partir de este punto, ganamos altura y de oeste a este recorrimos los tres Picos de los Infiernos, atravesando la impresionante marmolera que veíamos el día anterior desde la Gran Facha.

Continuamos la marcha por el filo de la cresta y tras destrepar un paso bastante comprometido en una brecha, alcanzamos la cima del Pico Arnales. Luego, seguimos la ruta bajando a los Ibones de Pondiellos para acceder trepando por una cresta a la Aguja Pondiellos (desde aquí vimos cómo aterrizaba momentáneamente un helicóptero en la cima del Pico Infierno Oriental donde habíamos estado minutos antes).

Sin perder un momento, cruzamos la brecha que nos dejó en la cima del Garmo Negro, cuya cima estaba bastante concurrida. Desde esta cumbre, veíamos lo que nos quedaba de ruta y aunque parecía mucho, la cresta de los Argualas la hicimos en poco más de una hora, dejando atrás el Algas Norte, Pico Algas y finalmente el Pico Argualas.

Ya solo quedaba bajar, cosa que se hace bastante pesada, por el fuerte desnivel que hay que descender en poco tiempo. Aunque parezca mentira, es mejor y más fácil subir que bajar, ya sea trepando o andando.

Con estos nueve picos hacen un total de 117; bastante lejos de los 212 que me había planteado inicialmente. Esa cifra, es de este verano, ya que muchos picos de los que me quedan y de los que he hecho durante estos días ya estaban ascendidos.

Desde el primer momento sabía que era muy difícil hacerlos todos en 48 días, pero desde que empecé en la Pica d’Estatts con aquel día de tiempo horrible, me di cuenta de que no los iba a poder hacer ya que la meteo era la clave. Quizá tendría que haberlo planteado en 48 jornadas en lugar de días. También dependía de la compañía de amigos en etapas clave (por la dificultad) y que por motivos laborales unos y otros por lesiones, no me han podido acompañar lo que les hubiese gustado.

Aun así quiero dar las gracias a todos: Diego, José Luis, Alberto, Mario, José, Sergio, Chupi y Carlos por venir a acompañarme en esta bonita experiencia.

Por último, señalar que el principal objetivo está cumplido: pasar unas vacaciones distintas y disfrutar de los Pirineos y amigos. Me voy a casa tres días antes de lo pensado (porque no viene buen tiempo) pero contento, satisfecho y habiendo aprendido mucho más de la montaña. Eso sí… esto es un punto y aparte porque a partir de septiembre me voy a escapar siempre que pueda para completarlos todos”.

Hay días en los que, por el carácter solitario de los picos, Ángel Aguirre solo puede hacer un tresmil pirenaico. Pero la idea es hacerlos todos. Antes de ayer, otro de los míticos: La Gran Facha, de nuevo con Carlos.

“Domingo 13 de Agosto: La Gran Facha

Este día, Carlos y yo decidimos tomarnos lo un poco de ‘relax’ y hacer un pico separado del resto en la zona y que no da opción de subir ningún otro cercano con facilidad. Aun así, son unas seis horas de pateada, más la bajada de dos horas desde el refugio al coche. Vamos… que descanso, descanso… no fue mucho.

Iniciamos la ruta sin prisa a las 8 de la mañana, hacia este bonito pico piramidal y muy estético. Al principio, las piernas estaban un poco perezosas del día anterior, pero después de una hora caminando, como si nada.

El camino es también muy entretenido y sencillo, pasando por lagos e ibones rodeados de inmensas praderas, hasta llegar al Col de la Facha. En este punto, iniciamos una pronunciada pendiente, que a medida que íbamos subiendo, era necesario utilizar también las manos, para hacer sencillas trepadas (comparadas con las de otros días) que tras una ancha arista cimera, nos dejaba en la cima este impresionante mirador del Pirineo.

Desde su cima disfrutamos de las vistas de la etapa del día anterior, pero sobre todo, ya íbamos pensando en la del día siguiente y que parte de ella la teníamos enfrente: Infiernos, Arnales, Garmo Negro… Un día en el que si el tiempo era bueno, podríamos encadenar nueve picos más.

Esos pensamientos los dejamos de lado en cuanto empezamos el delicado descenso hasta el collado. Seguidamente, la bajada al refugio, nos la tomamos con calma. Una vez allí, ya solo quedaban dos horas al coche, donde nos esperaba una duchita y buena comilona, para meternos lo antes posible a dormir y descansar para el día siguiente.

Con este solitario pico, pero que suma igual, ya son 108”.

El reto de los 212 tresmiles pirenaicos de Ángel Aguirre dio antes de ayer dos saltos psicológicos. Por un lado, superó el pico número 100. Por otro lado, superó la mitad del reto. Además, lo hizo en uno de los lugares más montañeros del Pirineo, subiendo el pico más difícil de todos (Torre de Costerillou) y embarcando a un nuevo compañero de viaje y amigo: el también adnamantino Carlos.

“Sábado 12 de Agosto: Cresta Costerillou, Aguja Cadier y Cresta Frondellas.

La tarde del viernes 11 de agosto salí del embalse de La Sarra en Sallent de Gállego para acercarme a las inmediaciones del refugio de Respomuso, donde me encontraría con Carlos al día siguiente, para hacer una nueva actividad.

Dicho y hecho. A las 7 de la mañana Carlos se presentó, después de dos horas de aproximación desde La Sarra, en el refugio de Respomuso, donde yo ya tenía la tienda recogida y todo preparado para iniciar la actividad de esta jornada.

En esta ocasión la idea era hacer la Cresta Costerillou, muy conocida y afamada por los montañeros por su dificultad.

Con un día perfecto (es increíble que cambie tanto el tiempo de un día a otro), soleado, sin viento… estaba en nuestras manos conseguir nuestro objetivo.

De este modo, en poco más de 2h30 hacíamos cima en la Aguja Ussel (mi tresmil número 100 de este verano). Un bonito tresmil en medio de una cresta espectacular. Sin detenernos demasiado, seguimos por la afilada y aérea cresta, hasta llegar al plato fuerte del día: La Torre Costerillou, donde tuvimos que superar pasos de IV y IV+, pero teníamos muchas ganas de hacer esta cima y la satisfacción fue enorme.

Aquí no acababa la cosa: la cresta no da tregua y, desafortunadamente, después de haber rapelado los 20 metros de la Torre para continuar con la cresta, la cuerda se enganchó y tuve que volver a subir (vaya rato pasé, porque su acceso resultaba más complicado por aquí).

Superado el pequeño incidente seguimos la cresta, que cada vez se hacía más ancha hasta el Balaitus. Allí, mientras almorzamos, decidimos hacer la imponente Aguja Cadier y la Cresta Frondellas. Para ello, tuvimos que destrepar la brecha Latour y encontrar la canal de acceso a la Aguja Cadier que coronamos haciendo una trabajosa y entretenida trepada entre bloques.

Luego seguimos la ‘sencilla’ cresta encadenando sin mayor problema el Frondella Norte, Pico Frondella, Frondella Central y Frondella Occidental.

Finalmente, nos dirigimos al refugio ‘hinchaditos’ y muy satsfechos por la bonita actividad hecha. Con días así y un compañero de mucho nivel, los Pirineos se quedan pequeños. Con estos ocho nuevos tresmiles, suman ya 107”.

Mañana lunes, como cada 14 de agosto desde hace muchos y muchos años, Valdeavellano de Tera inicia sus fiestas patronales: 14 la Verbena, 15 la Virgen, 16 San Roque, 17 San Roquito. Ese es el resumen rápido, y lógicamente dentro de cada día hay varias actividades pero sin pasarse, porque las mejores fiestas son las que no tienen un programa muy extenso.

Desde comienzos de la última década del siglo pasado, para ayudar a sufragar los gastos derivados de estos festejos, los jóvenes del pueblo hacen camisetas que van vendiendo a vecinos, visitantes y veraneantes. Así de memoria, me suena que algún año se han vendido todas.

Otros, sin embargo, se ha preferido asegurar y se han hecho más camisetas de las que luego se han vendido. El pueblo tenía, por tanto, un excedente con las camisetas de estos últimos años.

Irene y Sandra, entregando las camisetas

Irene y Sandra, entregando las camisetas

¿Y dónde están ahora esas camisetas? Pues, probablemente, en el mejor lugar que podrían encontrarse, en Senegal. Hace un par de semanas, las sorianas Irene Duro y Sandra Ballester comenzaron un viaje a este país africano. Antes de partir, tuvieron la idea de pedir a sus amistades dinero o material que pudiera venir bien para ayudar a paliar las necesidades de Joal-Fadiouth, la localidad en la que están colaborano (ver noticia).

Entre esas amistades se encuentran jóvenes de Valdeavellano, de mi pueblo, que tuvieron la idea de empaquetar 60 camisetas de las fiestas de los últimos años y mandarlas para allá con Irene y Sandra.

Las camisetas llegaron y, hace escasos días, fueron entregadas para que no solo en Valdeavellano, sino también en Joal-Fadiouth, se celebren las fiestas con sus correspondientes camisetas.

Ángel Aguirre se quedó antes de ayer a solo uno de los 100 tresmiles pirenaicos. El mal tiempo ha condicionado estas jornadas en la cordillera divisoria.

“Jueves 10 de Agosto: Monte Perdido, Cilindro de Mar boro y Pitón SO del Cilindro.

Las previsiones del tiempo en nuestra web de confianza eran buenas para este día. Anunciaba bajada de temperaturas pero con sol y poco aire, por lo que de nuevo a las seis de la mañana Chupi y yo estábamos en marcha con la ambiciosa idea de hacer los siete picos que van desde el Cilindro de Marboré hasta la Brecha de Rolando.

A medida que íbamos caminando el aire cada vez era más fuerte y tras pasar bajo el contrafuerte SO del Cilindro, la niebla ya no nos dejaba ver nada. Chupi y yo seguíamos la marcha y nuestras manos y caras estaban congeladas. La niebla empezaba a soltar algo de nieve muy fina. Junto al aire, se hacía insufrible continuar. Yo le decía a mi compañero que a medida que entrase el día se irían las nieblas y que pararía el aire (la previsión no se podía equivocar tanto, ¡y vaya que si lo hizo!).

Al final, decidimos parar al abrigo de unas rocas para ver si mejoraba el asunto, pero después de 30 minutos, la cosa seguía igual e incluso peor. Ni rastro del día despejado sin apenas aire de la previsión (solo acertó en el frío). De este modo decidimos ir hacia el Cilindro y Monte Perdido, que cuando pasamos parecían no tener niebla. Chupi me dijo que no veía claro continuar así, porque no iba a disfrutar, las nieblas también se habían metido en esa zona y estábamos helados. Aun así yo confiaba en que el día tenía que abrirse y seguí adelante solo, mientras mi compañero bajaba al refugio.

Ya en solitario y entre la niebla y nevusqueando me acerqué al Monte Perdido, mientras recordaba la primera vez que subí allí con Isi, Edu y Carlos (así el tramo de la Escupidera se me pasó volando). Desde allí quería hacer la Espalda Esparets, pero no se veía absolutamente nada.

Bajando del Perdido el espectáculo que veía por la famosa Escupidera era lamentable. Gente tiritando con niños que llevaban calcetines en las manos, algunos en pantalón corto… me preguntaban: ¿Cómo está por la cima? y aunque les decía que mucho frío y que no se veía nada, seguían con sus zapatillas normales y demás ‘cuadros’ hacia arriba. Es cierto que el Monte Perdido no está catalogado como difícil pero en la montaña entran en juego muchos más factores y precisamente no suele ser un paseo (hay que tener un poco de experiencia, cabeza y estar preparado).

Cuando me acercaba al Ibón que separa el Perdido del Cilindro, vi que se despejaba, por lo que mi día no había acabado todavía (jejeje), iba a subir al Cilindro y al Pitón. Así subí una canal de piedra y después de superar un muro de 20 metros en una trepada ‘no muy díficil’ (si estás acostumbrado a escalar) llegué a la cima del Cilindro de Marboré. Esta cima tampoco era desconocida, porque también la había hecho con unos amigos del grupo de rescate de la Guardia Civil de Boltaña y Carlos hacía ya siete años.

A la bajada del Cilindro se volvió a meter la niebla acompañada de bastante nieve que ya mojaba la roca. El destrepe que tuve que hacer se puso bastante delicado en esas condiciones, pero bajé despacio y sin mayor problema.

Finalmente me acerqué al Pitón SO del Cilindro y entre la niebla y la nieve, volví al refugio con tres nuevos tresmiles en unas condiciones de tiempo lamentables. La previsión se equivocó radicalmente, aunque en el refugio había algo de sol y las nubes estaban metidas en los picos más altos.

Para el siguiente día también daban nublado (lo que significaba más niebla), así que Chupi y yo decidimos volver a Nerín para él irse a casa y yo a la zona del Valle del Tena donde el viernes vendría Carlos.

Con estos tres picos van 99. A ver si el tiempo me deja hacer los 100”.

Ángel Aguirre vuelve a tener compañía con Chupi, de El Burgo de Osma, para intentar seguir conociendo los tresmiles pirenaicos en este verano de 2017. Esto ocurrió antes de ayer, día en el que llegó a 96 cimas.

“Miércoles 9 de Agosto: Punta las Olas, Baudrimont SE, Añisclo, Baudrimont NO.

La tarde del martes 8 de agosto, junto con la compañía de Juan Carlos (Chupi), nos aproximamos hasta el refugio de Góriz desde Nerín, para pasar allí la noche en nuestra tienda y estar cerca de la ruta que íbamos hacer al día siguiente.

La previsión del tiempo no era buena, bajaban bastante las temperaturas, pero había una ventanita de ‘buen tiempo’ hasta las 12 del medio día que no íbamos a desperdiciar.

A las 6 de la mañana comenzamos a caminar todavía bajo un cielo estrellado, pero a medida que iba amaneciendo se cubría de nubes. Hacía bastante frío, acentuado por el viento y, cuando ganamos altura, hizo su aparición la niebla que ya no nos abandonaría durante toda la jornada.

Subimos bastante ligeros y en apenas 2h20 estábamos en la Punta de las Olas. Desde ella nos dirigimos hacia los Baudrimont que todavía se veían, pero Añisclo y Monte Perdido estaban ya en una nube.

Chupi decidió esperarme reponiendo fuerzas mientras yo hacía el Baudrimont SE. Después, emprendimos juntos la marcha al Añisclo, que aunque no se veía con la niebla, íbamos con las esperanzas de que la cima nos regalase un momento de gloria y divisar las vistas. A medida que subíamos una fuerte pendiente, nuestras ilusiones de que se fuera la niebla se desvanecían, de hecho cada vez eran más espesas. Al terminar la pendiente, siguió una cómoda arista hasta la cima de este bonito pico que lamentablemente no nos regaló sus vistas (la montaña es lo que tiene).

Cuando bajamos del Añisclo nos fuimos a por el Braudrimont NO, que no se veía, pero lo quería hacer porque luego quedaba a desmano para otro día. Chupi decidió volver a esperarme, y alcancé su cima tras superar un nevero con los crampones y una arista con trepadas entretenidas desde las que no veía nada más que niebla, hasta que unos hitos y el GPS me dijeron que estaba en la cima.

Luego deshice el camino y Chupi y yo decidimos no seguir y bajar a la tienda porque no se veía nada y ya empezaba a escaparse alguna tímida gota de lluvia. Durante la bajada la lluvia se hizo algo más intensa y afortunadamente, cuando llegamos a la altura de Góriz paró.

Así finaliza nuestro día con cuatro nuevos tresmiles, que ya hacen un total de 96. Esperemos que mañana el tiempo nos respete y podamos hacer más”.

Si alguien quiere dar a conocer su viaje al mundo a través de este blog, yo se lo ofrezco. César Ferrero, y no es la primera vez, ya lo ha hecho. Muchas gracias, por tanto:

“La bicicleta ha vuelto a unir este verano a un pequeño pelotón, un grupo de amigos poco entrenados pero de cierta tradición cicloturística que hemos realizado un viaje de seis días por la provincia de Girona y la Francia limítrofe. Escogimos este destino porque no nos pilla tan lejos pero tampoco tan cerca, y ninguno teníamos ese rincón muy trillado. Buscando posibles rutas por allí, nos encontramos con que ya había un recorrido señalizado que parecía atractivo y que se ajustaba bastante a lo que queríamos. Se llama Pirinexus y, además de circundar más o menos el territorio gerundense, atraviesa la cordillera pirenaica y penetra en tierras galas, concretamente la región histórica del Rosellón, que perteneció a España hasta el siglo XVII. Después vuelve a cruzar la línea fronteriza por las colinas en torno a La Jonquera y se acerca al Mediterráneo.

El viaje, que emprendimos entre el lunes 17 y el sábado 22 de julio, ha salido tan espectacular como nos sonaba sobre mapa. En él hemos participado un soriano (Mario), un asturiano (Ángel), un valenciano (Víctor), dos madrileños (Fran y César) y un guipuzcoano (César II). Por circunstancias, uno de los participantes no se unió al grupo hasta la noche de la segunda jornada, y otro tuvo que irse en la mañana del día en que llegamos a la meta, que estaba en la misma localidad de la salida: la poco promocionada ciudad de Girona. La Pirinexus sigue un recorrido circular, así que quien desee hacerla entera puede elegir como principio y final el sitio que quiera, pero por logística nos convenía partir desde y llegar a la capital de la provincia.

El recorrido general de la ruta tiene unos 360 kilómetros, aunque ofrece varios no menos pintorescos desvíos llamados ‘antenas’ para quien le apetezca complementarla. Nosotros hemos hecho una antena para terminar la segunda jornada en Ripoll y su fantástico monasterio, y nos hemos inventado otra mucho mayor entre la primera y la segunda etapa, para visitar el gran lago de Bañolas, que queda más al interior, así como los exóticos volcanes boscosos de la comarca de La Garrotxa. Gracias a esto nos han salido unos 440 kilómetros, a casi 75 por etapa, y hemos visitado todas las comarcas gerundenses aparte de la Cerdaña, que nos quedaba más a desmano. La organización recomienda seguir el recorrido en el sentido de las agujas del reloj, porque los vientos tienden a dificultarte el pedaleo si lo encaras al revés, y porque el mayor puerto del recorrido es más duro viniendo desde Francia; le hemos hecho caso.

93 de los kilómetros de la Pirinexus discurren por el antiguo trazado de un tren, la recomendabilísima vía verde del Carrilet (Olot-Sant Feliu de Guíxols), así como usa otras similares más pequeñas, también en el Rosellón. Pero a la vez utiliza carreteras con no mucho tráfico, caminos agrícolas, carriles bici, pistas forestales e incluso senderos en donde hemos sufrido un poco más los que llevábamos bicis de alquiler, que no eran de montaña pero deberían haberlo sido. La ruta está perfectamente marcada, aunque solo muy puntualmente los tracks bailen un poco con respecto a lo que dice la guía en papel. Por lo demás, casi todo nos ha ido bien, con fenomenal ambiente y recorrido sin prisas, de más a menos tanto en kilómetros como en desniveles.

¿Qué nos ha maravillado? Mucho, empezando por la inmensa variedad paisajística y artística que hemos recorrido en tan pocos días, desde los alcornocales a las montañas y gargantas pirenaicas, pasando por viñedos, llanuras cerealistas, marismas, arrozales y maizales, sin olvidar el siempre incomparable mar. Nos ha encantado que casi todos los días hayamos podido bañarnos al aire libre, contando el lago de Bañolas, el río Tech en el lado galo y las playas y calas de la Costa Brava. Sorprenden gratamente el casco histórico de Girona capital y el increíble soto de plátanos por el que dejas la ciudad en dirección a Olot, o pueblos medievales perfectos como Besalú, o el colgado Castellfollit de la Roca, o encantadoras ermitas y masías olvidadas, o las divertidas bajadas por todo tipo de firmes, o la pequeña excursión a pie entre las hayas para meternos en el cráter del famoso volcán de Santa Margarida: el agujero solo se ve claro en fotos aéreas, pero a ras de suelo también llama la atención.

¿Qué nos ha costado más? Por ejemplo, encajar algunas ‘trampas’ en forma de rampas terribles que no venían marcadas en el libro de ruta. Y, sin duda, el coll de Coubet, un puerto de 10 kilómetros a la salida de Olot que afrontamos en la segunda etapa. Tiene un asumible 5% de pendiente media y es muy constante, pero también carece de descansos y nos pilló recién comidos y en plena ola de calor, además de que sube entre un frondoso bosque que paradójicamente no nos regaló ni un tramo de sombra (sería por la hora). Pensábamos que lo peor venía en la tercera jornada, en el coll d’Ares, en cuya cima (1.512 metros, tope de la Pirinexus) se sitúa la frontera tras 15 kilómetros de ascensión. Sin embargo, incluye más zonas llevaderas que el anterior -incluso algún descenso-, y sobre todo corría un aire mucho más fresco, así que lo superamos con mayor facilidad. Y después, la bajada a Prats de Molló es deliciosa.

Recomendación final: si alguien busca ruta en bici que tenga de todo y al alcance de cualquiera, que deje de buscar”.

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