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El gran mural de Maradona de 1990 en el Barrio Español

Cap. 205. 24-3-2019. Italia, San Marino y Malta (9)

Nápoles, algo más que Patrimonio de la Humanidad

Qué bonito Nápoles… y mira que parece que se esfuerza en esconderlo, pero está muy lejos de conseguirlo. Al revés, de hecho. Patrimonio de la Humanidad desde 1995, su centro histórico es el más grande de Europa y está repleto de iglesias inmensas y palacios, muchos de los cuales cuesta intuirlos cuando se pasa a su lado.

Hoy he hecho un largo recorrido por Nápoles, por la ciudad que ha absorbido buena parte de las culturas europeas en los últimos 30 siglos. Esa riqueza, y su particular manera de ser conservada, le dan a Nápoles un sabor único y maravilloso.

Hoy es un domingo de marzo soleado, así que miles y miles de personas han tenido la misma idea que yo de conocer y disfrutar la ciudad sureña. Sabía que era una ciudad turística pero no sabía que tanto. Ahora, después de conocerla, lo entiendo.

En vez de hacer un recorrido cronológico por lo que he visitado hoy, voy a dividir los cuatro Nápoles que he avistado, con la profundidad que se puede conseguir en un paseo tranquilo de unas diez horas: el Nápoles monumental, el callejero, el marítimo y el maradoniano. Voy a poner los adjetivos con mayúscula.

Nápoles Monumental

De las más de 300 iglesias que dicen que hay en este centro histórico de Nápoles, he entrado en unas pocas, tres o cuatro. Por cercanía con mi hotel, he empezado por la gran Catedral de San Genaro, cuya sangre sigue licuándose año tras año. He seguido por San Lorenzo Maggiore, en la que he aprovechado para visitar la Nápoles Subterránea.

Como ya vi en mi recorrido de antes de ayer, hay varios lugares en los que puede visitarse esta Nápoles que hay bajo tierra. En el siglo V antes de Cristo, los griegos empezaron a crear grandes instalaciones hidráulicas a modo de depósito en el subsuelo. Los romanos mejoraron esa infraestructura con acueductos, cisternas, lavanderías, nuevos muros de ladrillo sobre la piedra… Todo ello es hoy visitable.

Según caminaba, también he podido ver la iglesia del Gesú Nuovo, justo al lado de la gran Basílica de Santa Clara. Mi siguien objetivo era la Capilla de Sansevero, para ver el Cristo Velado de Sanmartino, pero una larga cola en el estrecho callejón donde se encuentra me ha hecho seguir mi camino.

El Nápoles Monumental incluye algo que pocas ciudades del mundo pueden decir: tres castillos de grandísimas dimensiones, el Nuevo, el del Huevo y el de San Telmo. Este último solo lo he visto de lejos. Se puede subir también en funicular.

La gran plaza del Plebiscito con su Palacio Real y el cercano Teatro de San Carlo, donde hoy representan ‘Los cuentos de Hoffmann’ de Offenbach, también han recibido mi visita, así como la preciosa Galería de Umberto I. Para terminar, he cogido el metro en la estación de Toledo para ver su famosa cúpula. Hay que estar atentos porque está encima de las escaleras mecánicas.

Nápoles Callejero

Este Nápoles Callejero que he visto se divide a su vez en dos. Por un lado, el del centro que comparten turistas y napolitanos: las calles Toledo, Chiara, Tribunali… y muchas más, abarrotadas hoy domingo. Por otro lado, el del famoso Barrio Español.

He estado en él alrededor de media hora, buscando restos maradonianos. Lo había leído, pero aun así el choque ha sido grande. Estrechas callejuelas son cruzadas continuamente por decenas de motos y motillos, conducidas a veces por chavales que aparentan 12 años y ocupadas con frecuencia por tres y hasta cuatro personas (familias). ¿De dónde vienen y adónde van?

En estas calles, así como en casi todo el Nápoles que he conocido, una de las imágenes recurrentes es la de ropa y más ropa tendida, como si alguien estuviera todo el día poniendo lavadoras y en la ciudad no hubiera ni un solo patio interior.

Me ha hecho gracia porque en otras ciudades que hemos visitado (Siena, Urbino…, tan pulcras) cada vez que veíamos ropa tendida en la calle pensábamos que pronto les caería una multa del Ayuntamiento, mientras en Nápoles las pinzas forman parte del paisaje.

Nápoles Marítimo

Si Nápoles tiene una historia tan potente a ello ha tenido que ayudar el hecho de estar a orillas del mar Mediterráneo. Muchos de los turistas que vienen a la ciudad varios días no desaprovechan la ocasión para visitar Capri, Ischia o la costa Amalfitana.

Yo no voy a conocerlas de momento, pero sí me he dado un paseo inigualablemente agradable entre los castillos Nuovo y del Huevo, por toda la vía Partenope. A un lado, las aguas del Golfo de Nápoles. A otro, decenas de restaurantes de precio asequible y hoteles aparentemente de alto coste. En medio, miles y miles de personas disfrutando del atardecer napolitano, a un ritmo tranquilo. Y unas pocas, pescando.

Nápoles Maradoniano

En algún momento, el fútbol tendrá que formar parte del Patrimonio de la Humanidad. Lo puede hacer así a nivel general, el fútbol, como Patrimonio Inmaterial, pero ello no tendría sentido porque ya lo es sin necesidad de que se le haya proclamado.

Y lo puede hacer de un modo más concreto, a través de algún club, selección, jugador, entrenador, dirigente, competición… Cuando esto suceda, lo único normal es que el encargado de inaugurar la lista sea Diego Armando Maradona.

Tantos años después, su presencia en Nápoles sigue muy viva, y no parece que vaya a decrecer, lo mismo que en su Argentina natal. He visitado dos lugares de los varios que lo recuerdan. Primero he hecho un alto en el camino para tomar algo en el bar Nilo, muy cerca de la Capilla de Sansevero.

En ese bar hay a su vez una pequeña capilla en la cual, entre otros santos, aparece la imagen del Diego. Hay también, bajo un plástico o cristal, un ‘cabello milagroso’ del astro, así como un frasco con lágrimas de 1991, además de otras fotos y recuerdos. Bajo la capilla se recuerda que las fotos deben ir acompañadas de una consumición.

Mi segunda visita ha sido al Barrio Español, para ver el gran mural del Diego de 1990 (hay otro mural aún más grande en las afueras, muy reciente). Este del Barrio Español ha sido restaurado, lo que se nota y agradece. Me ha gustado el hecho de que no había nadie viéndolo, además del emplazamiento en sí. No habría podido elegir mejor ciudad el genio del fútbol mundial para eternizar su mística.

La Villa de los Misterios

Cap. 204. 23-3-2019. Italia, San Marino y Malta (8)

Las ruinas de Pompeya

El día de hoy lo he dedicado a Pompeya, a las ruinas que se ubican a poco más de media hora en tren de Nápoles, unas ruinas visitadas cada año por centenares de miles de personas. Hoy había unas cuantas, aunque según avanzaban las horas, y un poco apartados del meollo, era posible respirar tranquilidad.

La historia básica de Pompeya es de sobra conocida: una erupción del volcán Vesubio la sepultó junto a Herculano y junto a otra serie de poblaciones o villas más pequeñas y menos conocidas, la mayoría de las cuales son visitables en la actualidad, entre otras cosas para tratar de aflojar un poco la presión turística sobre Pompeya, lo que no es fácil.

En un breve resumen, la ciudad de Pompeya fue conquistada por los romanos, quienes en algo menos de dos siglos levantaron una armoniosa ciudad cerca del mar Mediterráneo.

En el año 62 de nuestra era, un terremoto causó grandes daños sobre la ciudad. Se piensa que muchos edificios fueron dañados, y que la erupción de 17 años después, del 79, alcanzó a estos edificios sin reparar o todavía en restauración.

Aquella gran erupción del 24 de agosto o 24 de octubre del 79 mató al menos a 2.000 pompeyanos. Una de sus imágenes más imborrables es la de los moldes de yeso de muchos de ellos que todavía pueden contemplarse: la ceniza acumulada sobre los cadáveres, una vez que estos se descompusieron, dejó los huecos tal cual se quedaron hace 2.000 años. Casi se puede ver el rostro de algunos, según ese yeso con el que que fueron cubiertos los huecos el pasado siglo.

El pequeño fauno de la casa a la que da nombre

Parece que las ruinas de Pompeya fueron redescubiertas en el siglo XVI, si bien fue en el XVIII cuando comenzaron a ser conocidas con mayor exactitud. La inmensa mayoría de las edificaciones que ahora pueden visitarse fueron desenterradas en los primeros años del siglo XX.

La visita a Pompeya es algo inolvidable. La estructura de la ciudad se conserva como entonces sin apenas restauraciones. Las calles pueden recorrerse como se recorrían entonces, sobre las mismas grandes piedras. A los lados hay cientos de hogares romanos, algunos de ellos palacetes de la época, y, por supuesto, las conocidísimas señas de identidad de todas las ciudades del imperio, empezando por el gran foro.

Cuando uno llega a Pompeya recibe un mapa gratuito. En él se ofrecen cuatro recorridos de dos, tres, cinco y siete horas. Me he asustado… siete horas viendo piedras.

Nada más entrar, le he preguntado a una de las numerosas vigilantes cuáles eran las visitas obligatorias. Me ha apuntado unas cuantas, bastantes, que han resultado coincidir en un porcentaje muy alto con la visita de siete horas. Yo he estado un poco más de cinco, considerando que he comido tranquilamente en uno de los restaurantes.

Recomiendo, por tanto, ir sin prisa, aunque ello suponga no subir después al Vesubio como a priori era mi idea original. Da tiempo a las dos cosas, más que nada porque hay decenas de autobuses atestados de personas subiendo al histórico volcán.

De Pompeya impresionan por un lado esas grandes construcciones: el Foro, el anfiteatro, los teatros grandes y pequeño, la palestra… Pero lo que de verdad ha atraído a millones de turistas de todo el mundo en las últimas décadas son los mosaicos y, sobre todo, las pinturas de las mejores casas y su estado de conservación. Si vais, no os perdáis sobre todo la Villa de los Misterios, aunque parezca en el mapa que está un poco alejado. Creo que será algo que tampoco olvide.

Por orden de aparición: el cielo, el Vesubio, Pompeya, los turistas, las nubes

Para facilitar la visita a la ciudad, esta se encuentra dividida en nueve regiones, que a su vez se dividen en ‘ínsulas’ (manzanas) y estas en casas, todas con su numeración como en la actualidad. Cada región tiene bastantes números que coinciden con los de la audioguía.

Y ahora, a modo de guía, comparto los números que me ha facilitado la vigilante, y que permiten una visita muy completa a estas ruinas:

Región 1:

3 (Fullonica de Stephanus, Lavandería), 6 (Casa de los Cei), 7 (Casa de Menandro), 16 (Huerto de los Fugitivos)

Región 2:

2 (Casa de la Venus de la Concha), 3 (Predio de Giulia Felice), 5 (anfiteatro, con una exposición sobre la grabación que hizo allí Pink Floyd en 1971), 6 (palestra, donde entrenaban los gladiadores, hoy en obras)

Regiones 3, 4 y 5: No me ha marcado nada

Región 6:

1 (Casa del Fauno), 2 (Casa del Ancla), 11 (Casa de los Vettii), 15 (Casa del Príncipe de Nápoles, hoy cerrada), 19 (Villa de los Misterios)

Región 7:

2 (Basílica), 5 (Santuario de Apolo), 6 (Foro), 16 (Termas stabianas), 17 Casa de Sirico, precioso mosaico), 18 (lupanar, con sus pinturas eróticas), 19 (Panadería de Podipio Prisco)

Región 8:

10 (Teatro grande), 12 (Teatro pequeño)

Región 9: No me ha marcado nada

Creo que es buena idea hacerse un plan de recorrido antes de ponerse a andar por andar. Además de lo citado, es inevitable entrar a otras casas marcadas, y también es interesante caminar por los ‘extrarradios’ de las 12 hectáreas visitables, donde se encuentran las necrópolis.

En el mapa hay muchas fuentes, creo que 41. No hay que hacerse ilusiones: son las fuentes que utilizaban los pompeyanos antes de la erupción del Vesubio, aunque a algunas, a la mayoría, solo les falta una cañería y darle la vuelta al grifo.


La puerta del hostal

Cap. 203. 22-3-2019. Italia, San Marino y Malta (7)

Del plumas a la manga corta en dos horas de autobús: Nápoles

Estos dos días en Barrea (Abruzos, Italia) han sido muy similares a lo que estamos acostumbrados a vivir en Soria: jornadas extraordinariamente soleadas (cero nubes), fresco por la mañana y cuando se esconde el sol (frío para los no sorianos) y mediodías de temperatura muy agradable.

He tenido suerte en mi estancia en la autoproclamada Perla del Parque Nacional de los Abruzos, porque pasar dos días en Barrea con lluvia, mucho frío y nubes habría sido radicalmente distinto y peor.

Esta mañana hasta me ha dolido marcharme, pero este es el gran problema y el día a día de los viajes.

A las nueve menos cuarto de la mañana he agarrado (llevo dos horas con argentinos) un autobús a Castel di Sangro, una localidad más grande, con muchos más alojamientos y algo más de infraestructura en general.

Todo ello lo he adivinado porque me ha tocado esperar allí dos horas y media hasta que ha partido mi autobús a mi siguiente destino. Es lo que tiene viajar en transporte público por terrenos no muy trillados.

Ese mi siguiente destino, como se adivina en el titular, es Nápoles, la gran ciudad del sur de Italia, capital de la Campania.

Pesebre en San Gregorio Armeno

Nada más abandonar Castel di Sangro todavía se veían grandes montañas nevadas, pero el paisaje ha ido cambiando poco a poco. Las montañas no han desaparecido pero iban perdiendo altura, a la par que las localidades por las que pasábamos iban ganando población.

La única parada que hemos hecho ha sido en Caserta, un lugar clásico del baloncesto en Europa.

Poco después estábamos en la gran estación central de Nápoles. Tenía un paseo de alrededor de media hora hasta el hostal, pero no me importa caminar y prefiero eso antes que andar investigando las conexiones de autobuses.

Eran las dos y media cuando cruzaba el umbral del que va a ser mi hogar durante unas jornadas. He comido lo que llevaba, he sesteado y me he lanzado a mi primer acercamiento a Nápoles.

Andando-corriendo he llegado hasta algunos de los lugares céntricos así por intuición: la calle Spaccanapoli, la de San Gregorio Armeno (repleta de figuras, la estatua de Polichinela y complementos para los pesebres navideños) o las ruinas visibles de la Magna Grecia.

En mi recorrido de una hora no han faltado decenas de santos y vírgenes en cualquier rincón, incluyendo la puerta de mi hostal. En un día me acostumbraré a ello.

Después de dos días tranquilos y solitarios en Barrea, ahora estoy en el típico albergue, con franceses de despedida de soltero, italianos y varios argentinos. En breve, a descansar, que mañana quiero levantarme temprano. Aquí dormir no será tan rápido… Además, hay futbolín.

Los lobos de Civitella Alfedena, esta mañana

Cap. 202. 21-3-2019. Italia, San Marino y Malta (6)

Los famosos lobos de la nieve y un pueblo para verlo

Muy probablemente, el pasado invierno visteis una fotografía de varios lobos sobre un poderoso manto de nieve. Lo normal es que esa foto os llegara por wasap, acompañada con “Ayer en León!!!!”, “Lobos en Soria!!!” o cualquier otra cosa relacionada con las tierras de España.

Me enervan estas ‘fake news’ que se llaman ahora, los bulos de siempre, sobre todo por la facilidad con la que la gente los propaga, sean o no inofensivos.

Tanto se vio aquella foto de los lobos en la nieve que alguien se molestó en averiguar dónde estaban esos animales. Y resulta que están en el mismo lugar que yo he visitado esta mañana. Supongo que algo habrá tenido que ver esa imagen para que yo haya decidido visitar esta mañana la localidad de Civitella Alfedana en los Abruzos, en Italia.

Esta mañana me he despertado en Barrea en un día espléndido de sol y no mucho frío. He desayunado tranquilo y he cogido el autobús de las 10.00 de la mañana a Civitella Alfedena.

Calle de Barrea

Allí se encuentran dos de las áreas faunísticas del Parque Nacional de los Abruzos, Molise y Lazio: la del lobo y la del lince. Me han dicho que en la del lince ya no se pueden ver animales porque el que había ha muerto, así que me he limitado a la del lobo.

El área faunística es un gran recinto cerrado en el que habitan diez lobos. Uno de sus cerramientos es una gran muralla del pueblo, así que desde ella es posible ver el interior de ese gran recinto. En mi primera ojeada no he visto ninguno. En la segunda, dos. Y en la tercera, después de visitar el Museo del Lobo, cuatro. Me han dicho que es difícil ver más.

En el Museo del Lobo se pueden leer historias que son las mismas del lobo en tantos sitios, o al menos también en España. Hay recortes de periódicos antiguos en los que se detalla el dinero que se daba por cada lobezno, lobo o loba capturados. Esos tiempos quedaron atrás y el lobo se recupera en Italia igual que en España. A ver cuándo se nota eso en Soria.

En este Parque Nacional hay también una de las tres poblaciones de oso pardo de Italia, muy alejada de las otras dos en los Alpes, al norte del país.

En general, toda esta zona es salvaje y preciosa, tanto la naturaleza como los pueblos. No me extraña que aquí resida un porcentaje tan altísimo de los mamíferos europeos.

Barrea y su lago

Para regresar a Barrea he decidido hacerlo a pie, aprovechando el día tan bueno que hacía. Me han dicho que era más bonito dejando todo el rato el lago a la izquierda, y eso es lo que he hecho. Es un camino muy transitado (no hoy), y desde el que se tienen unas vistas muy bonitas de Barrea con las montañas nevadas detrás

De vuelta a casa: comer, siesta y una breve carrera antes de que cayera de nuevo la noche. Aún me ha dado tiempo al último paseo por el pueblo, para subir al castillo, que abre solo sábados y domingos en esta época del año.

Ahora estoy en el mismo bar del desayuno, en un bonito mirador desde el que se ve lago Barrea, Civitella Alfedena y Villetta Barrea, además de montañas por todos lados.

De Rimini a Pescara

Cap. 201. 20-3-2019. Italia, San Marino y Malta (5)

Dos autobuses y tres trenes entre San Marino y Barrea

Hoy 20 de marzo ha sido mi primer día en solitario desde que abandoné España el pasado sábado 16 para hacer un recorrido por los tres países del título.

Intento no arrepentirme nunca de los destinos que elijo en mis viajes. Lo que sí hago a veces es alegrarme de modo especial de ellos, sobre todo cuando son un poco aleatorios o casuales o porque forman parte de un tránsito entre dos lugares más obvios.

Justo esto es lo que me ha sucedido esta vez en el lugar donde me encuentro: Barrea. Tenía muchas ganas de conocer los Abruzzos, y mi primer contacto con ellos me ha impactado, y eso que he llegado casi de noche.

Para venir de San Marino a Barrea he hecho un largo viaje de un autobús (San Marino-Rimini), tres trenes (Rimini-Pescara-Sulmona-Avezzano) y otro autobús (Avezzano-Barrea).

El primer tren, el Rimini-Pescara, va dejando todo el lado el Adriático justo a la izquierda. Está casi todo edificado, salvo algunos pequeños tramos. Pescara ya es la capital de los Abruzzos, la región en la que me moveré durante un par de días.

Los demás trayectos ya han sido muy de montaña, todavía con abundante nieve. Esta zona de los Apeninos supera holgadamente los 2.000 metros y se acerca a los 3.000 en el Gran Sasso, que he dejado a la derecha pero que no he visto.

La última parte del viaje de hoy han sido casi dos horas de autobús entre Avezzano y Barrea. La zona es preciosa, parece mentira que se encuentre a apenas dos horas de Roma.

Y, por lo que he leído y he visto, este pueblo de Barrea es especialmente bonito. Pertenece a una colección de ‘Pueblos auténticos de Italia’, y no parece que en este haya habido tongo.

Según me acercaba en autobús, sorprendía el pueblo situado en terrazas sobre el lago del mismo nombre. Mañana lo conoceré mejor.

Estoy solo en el albergue (miércoles, marzo…) y en el pueblo tampoco hay mucha más gente, aunque todavía había algún bar abierto con cercerveza a un precio increíble: 2,50 euros… la botella de 66 centilitros. Nada que ver con el resto de Italia que he visitado en mi vida.

A las 20.30 parecían las 4.00 de la mañana, así que he regresado a mi alojamiento para terminar de orgaizar mi plan de mañana, aunque el matutino lo tengo bastante claro.

Con Jorge, ante la montaña y las tres torres de San Marino

Cap. 200. 19-3-2019. Italia, San Marino y Malta (4)

San Marino, país 50

Hemos celebrado la llegada del último día madrugando con dos objetivos: ver Urbino de día y dar un paseo tranquilos por San Marino. Hemos conseguido ambos.

En Urbino, además de la Catedral y el Palacio, nos hemos acercado a un lugar curioso situado en la calle Valerio, en pleno centro. Allí se levanta un inmenso plátano de unos 300 años y más de 30 metros de altura, ubicado dentro de un recinto cerrado al que no nos ha sido posible acceder. Dice un folleto que es el más grande del mundo, no sé.

Otro buen desayuno y una visita al mirador de Fortaleza Albornoz han sido las últimas acciones en Urbino antes de viajar hacia San Marino, de nuevo a través de estrechísimas y viradísimas carreteras que son una de las señas de identidad de toda esta zona de Italia. Nubes y una ligera lluvia no han dejado de acompañarnos en las siguientes horas.

Palacio Ducal de Urbino desde el mirador de la Fortaleza Albornoz

Poco después de las 11 de la mañana hemos llegado a San Marino. Si perteneciera a Italia, sería uno más de los muchos pueblos increíbles que tiene ‘Il Bel Paese’. Aun así, destacaría.

Pero como no pertenece a Italia, San Marino es a la vez un pueblo y un país cuyo atractivo descansa en dos pilares, los habituales: el arte que han dejado en él tantos siglos de historia y el emplazamiento en el que se enclava, una escarpada montaña de más de 700 metros de altitud desde la que se tienen unas amplias vistas del mar Adriático y de la ciudad de Rímini.

El hecho de ser un pequeño país, formado por ese casco histórico y por ocho municipios más a los pies de la gran montaña, le añade un extra de atracción turística al país más antiguo de Europa. Ello también ayuda para que numerosas personas lo visiten, atraídas por sus sellos y sus monedas.

Hemos aparcado el coche para darnos un paseo de dos horas, lo cual resulta suficiente. En ese rato, además de tomar un café, hemos visitado la plaza de la Libertad, la Garibaldi, la iglesia de San Francisco, la Basílica y una de las tres torres, la Guaita, que han hecho casi inexpugnable la ciudad en 17 siglos de historia. Parecen muchas cosas, pero es todo muy accesible.

Me ha encantado San Marino, no solo por ser el país número 50 que visito, sino por toda su estructura urbana, su naturaleza, su historia… San Marino es quizás el origen de esta escapada, ya que hace unos meses que Jorge y yo hablamos la posibilidad de visitar a la vez un nuevo país para ambos. Sincronizamos nuestras agendas y lo conseguimos. Para él es el 54.

Y no ha habido tiempo para más en estos cuatro días de viaje conjunto. Hemos echado carburante al coche de alquiler y nos hemos despedido. Ellos cinco (Fernando, Jorge, Lara, Lourdes, Pilar) han marchado hacia Bolonia, donde cogerán sendos aviones. Yo me quedo a dormir en San Marino antes de seguir recorriendo Italia.

Pienza

Cap. 199. 18-3-2019. Italia, San Marino y Malta (3)

Ruta en coche por la Toscana hasta llegar a Urbino

De las 37 formas de viajar posibles, para este periplo de cuatro días hemos elegido la consistente en dormir las tres noches en lugares diferentes. Ello impide conocer a fondo cada lugar pero, a cambio, ofrece otras ventajas: se recorre más territorio, se disfruta del viaje en coche en sí, se conocen más pueblos (sin pasarse)…

Hoy lunes ha sido fundamentalmente un día de coche para recorrer la distancia que separa Siena y Urbino. En línea recta puede parecer que no hay mucha, pero es que en toda esta zona de la Toscana, la Umbría y Las Marcas hay más curvas en las carreteras que personas en los núcleos habitados. Además, tampoco hemos elegido el camino más corto.

Por la mañana, antes de tocar el coche, hemos vuelto a dar un paseo por Siena para hacer hambre, lo que nos ha venido muy bien teniendo en cuenta el abundante desayuno de la cafetería que tiene el concierto con nuestro hotel.

La primera parada del día ha sido en la Abadía de Monte Oliveto Maggiore, benedictina, enclavada en un lugar muy especial cerca de Asciano y de entrada gratuita. Destacan los espectaculares frescos que narran la vida de San Benito en el claustro principal. Hemos podido ver el refectorio desde fuera. Era cerca de mediodía, y los monjes estaban a punto de empezar a comer.

Abadía de Monte Oliveto Maggiore

Nada más aparcar, nos hemos encontrado en la calle un carné de identidad de un varón de unos 60 años. Cuando no estábamos muy lejos de abandonar el recinto y seguíamos dudando a quién dejar el documento al no haber reccepción o taquilla, nos lo hemos encontrado (a ese varón) en ese mismo claustro. Se ha quedado bloqueado y divertido de la impresión.

Las dos siguientes paradas del día han sido en dos pueblos enclavados en uno de los lugares Patrimonio de la Humanidad que tiene la Toscana, el Valle de Orcia. El primero ha sido San Quirico y el segundo, Pienza. Casi cualquier pueblo toscano merece un paseo, pero lo de Pienza es especial, por las grandes inversiones que allí realizó su hijo más ilustre, el papa Pío II, quien no solo le dio iglesias, palacios y prestigio universal a la villa, sino también el nombre: de Corsignano a Pienza.

Otro de los atractivos de Pienza son las vistas a través de su gran mirador. Desde allí se disfruta el clásico paisaje toscano de suaves y verdes lomas, en cuyas cúspides se levantan antiguas y cuidadas villas de piedra a las que se llega por caminos de tierra flanqueados por algunas decenas de cipreses. Esa estampa puede verse en cientos de cuadros desde los comienzos de la Pintura.

De Pienza, donde hemos comido, hemos emprendido viaje a Urbino. Habíamos pensado parar en Arezzo, pero la fuerte lluvia y los problemas de tráfico nos ha aconsejado seguir de largo.

Nos quedaban dos horas de miles de curvas y varios animales (zorros, corzos, sapos), y además se nos caía la noche, así que nos hemos entretenido los seis compañeros de viaje compitiendo con antiguos juegos de canciones y acertijos…

Urbino es otra de esas muchas ciudades italianas cuya magnificencia excede a su tamaño (unos 15.000 habitantes), y en su caso de un modo especial. El impresionante Palacio de los Duques de Urbino y su Catedral no desmerecerían en algunas de las grandes ciudades italianas.

Aunque ambos edificios son bonitos de cerca, intimidan más vistos desde cierta distancia, por ejemplo desde el coche según veníamos o desde el mirador de la Fortaleza Albornoz, justo al lado de donde nos alojamos. Hoy estaba cerrado este mirador, así que hemos dado un paseo nocturno por el pueblo para ir a un restaurante, en el que hemos coincidido con varias españolas de Erasmus, y para recogernos no muy tarde.


Plaza Salimbeni de Siena

Cap. 198. 17-3-2019. Italia, San Marino y Malta (2)

De Florencia a Siena pasando por San Gimingnano

La mañana de hoy en Florencia ha sido de tiempo libre. Fernando, Jorge y yo nos hemos acercado hasta la Galería de los Uffizi, una de las grandes e inigualables pinacotecas del mundo por la presencia de obras únicas como ‘La primavera’ y ‘El nacimiento de Venus’ de Botticelli, ‘Los duques de Urbino’ de Piero della Francesca, ‘La Virgen de jilguero’ de Rafael’, ‘La Sagrada Familia’ de Miguel Ángel, ‘La Anunciación’ de Da Vinci… Tintoretto, Caravaggio, Tiziano, Massaccio, Lippi, Mantegna, Giotto… No faltan la inmensa mayoría de los grandes pintores italianos, a los que se suman algunos como Goya, Rembrandt, Rubens, Durero, Cranach el Viejo, Van Dyck… Aquí se entiene fácil el Síndrome de Stendhal.

Nos hemos despedido de Florencia con una visita a la Santa Croce, que ayer no conocimos, y otra al mirador de la plaza Miguel Ángel, desde donde se entiende mejor, sobre todo, la grandeza del Duomo y, en menor medida, del Palazzo Vecchio.

Desde allí nos hemos dirigido a otro de los grandes lugares de la Toscana, San Gimignano. Su imagen es famosa: una serie de espigadísimas torres medievales que destacan en un conjunto urbano no especialmente grande.

Su fotografía más famosa es esa, pero el pueblo desde ‘dentro’ es igual de sobrecogedor, tanto sus plazas más espaciosas y concurridas (Duomo, Cisterna) como las decenas de rincones y callejuelas por las que merece la pena darse una vuelta.

Entre el paseo previo, la comida y la sobremesa hemos estado unas tres horas en esta preciosa población Patrimonio de la Humanidad, en la que cuesta encontrar nada que desentone globalmente con el resto.

Para terminar el día, otra joya: Siena, a la que hemos llegado cuando todavía quedaba alrededor de una hora de luz solar. La hemos aprovechado para nuestra primera visita a la Plaza del Campo y al Duomo, aprovechando que nuesttro hotel está a cinco minutos. En realidad, si te alojas dentro de los límites lógicos de la ciudad, es difícil estar lejos de cualquier sitio.

Siena es como San Gimignano pero a lo grande. Cualquier calle, cualquier casa, cualquier palacio, cualquier rincón están llenos de historia y encanto. Lógicamente, hay sitios que destacan. Además de los dos citados, y famosos, me ha encantado la plaza Salimbeni, tres sobrios palacios colocados como las tres paredes de un cubo y, en el centro, una escultura de Sallustio Bandini.

A disfrutar mejor de Siena ayuda que apenas circulan coches por la mayoría del caso urbano, lo que obliga a buscar algún aparcamiento fuera de él y lo más cercano posible al correspondiente alojamiento.

Como hemos llegado a media tarde, tampoco hemos entrado a nada, así que pronto nos hemos hecho una idea más que aproximada de lo tranquila y medieval que es Siena. A las 20.30, horario europeo, teníamos reserva para cenar, otra larga y merecida sentada para despedir otra jornada toscana, la tercera.

De regreso al hotel, por atrochar, nos hemos metido por un estrecho callejón, el Vicolo degli Orefici. Allí sí que se respiraba el Medievo como si estuviéramos dentro de él, ayudados por la escasa luz y el nulo ruido. El problema es que, a los tres o cuatro minutos de andar, la calle se corta radicalmente, así que ha tocada desandar los pasos. Por un lado, recomiendo andar por Siena así, sin mapa, descubriendo rincones. Por otro, recomiendo conocer este oscuro y vegetal callejón.

En el Ponte Vecchio sobre el Arno

Cap. 197. 16-3-2019. Italia, San Marino y Malta (1)

Florencia de tarde y de noche

Mi viaje de marzo no me saca este año de Europa, pero sí me llevará a nuevos países o al menos así está planteado, como puede adivinarse por el título. Si bien en Italia he estado varias veces, San Marino y Malta son todavía para mí desconocidos. Pero vamos poco a poco.

Ayer viernes salimos Lourdes, Pilar y yo de nuestra ciudad de Soria hacia Madrid, y esta mañana hemos cogido un avión a las 9.45 que nos ha dejado alrededor de las 12.00 en Bolonia. En la ciudad universitaria nos hemos reunido con el equipo de Alicante (Fernando, Jorge, Lara) y desde el mismo aeropuerto hemos partido hacia Florencia en un coche de siete plazas.

Esta primera parte del viaje tiene como gran protagonista a la Toscana, probablemente la región más conocida por su belleza del país más bello del mundo.

Hemos llegado a Florencia a la hora del hambre así que, antes de recorrerla, hemos comido algo rápido cerca del hotel.

Descanso y helado

A partir de ahí, nuestro paseo ha sido el tradicional por esta espectacular ciudad: Duomo, Baptisterio, Campanile, Santa María Novella, Plaza de la Señoría y Palazzo Vecchio, Galería de los Uffizi, Palacio Strozzi, Pitti…

Durante nuestro recorrido, la noche se ha apoderado del día, así que hemos disfrutado del impresionante Ponte Vecchio con luz natural y con luz eléctrica, mientras nos dábamos una vuelta por la margen derecha del Arno.

Teníamos reserva para cenar cerca de todo el meollo histórico, así que también hemos podido gozar de noche de todo lo que habíamos visitado antes. Cuesta decidir cómo impresiona más el mármol del Duomo, la gran catedral florentina de Santa María de la Flor, así que lo mejor es verla de las dos maneras. Para conocerla por dentro era necesario hacer demasiada cola, así que lo dejaremos para la próxima, porque mañana domingo no abre hasta las 13.30.

La cena ha sido en un restaurante famoso por su carne de raza de ternera ‘Chianina’, imposible defraudar. A medianoche ya estábamos en nuestros aposentos después de un largo día de avión, coche y paseo.

newatlas.com

15-3-2019. Una pista de atletismo a ras del techo

Ayer escribí sobre una curiosa pista de atletismo ubicada cerca de Portland, en Estados Unidos.

Buscando información sobre la misma, descubrí la típica entrada de ‘Las pistas de atletismo más curiosas’. Muchas me parecieron bastante normales o forzadas, pero alguna me llamó la atención.

Sobre todo, la que traigo a la entrada de hoy. La idea me parece buenísima, y no sé si hay muchas más en el mundo, pero creo que en el futuro sí las habrá.

El concepto es muy sencillo de entender: ante las apreturas de espacio en las grandes ciudades y ante la necesidad de que las personas hagan deporte (especialmente los más jóvenes), se decidió que la mejor ubicación para esta pista de tartán era en el tejado de un edificio. Es de suponer que se construiría desde el principio sabiendo que allí arriba iría esa estructura.

¿Qué es y dónde está?

Se trata de una escuela en la ciudad china de Taizhou, situada a 400 kilómetros al sur de Shanghai y en la que residen seis millones de personas, un tamaño normal en aquel país.

La escuela de educación primaria es una gran estructura oval de cuatro plantas. La parte central es el patio, donde los niños pueden jugar a lo que sea en los recreos o practicar deportes reglados como fútbol, balonmano, baloncesto…

Y, cuando les toca hacer atletismo, los chavales suben esas cuatro plantas y se ponen a dar vueltas a esta pista de 200 metros de cuerda, en la que además se ha sacado una recta de 100 metros como se puede ver en la imagen, a la izquierda.