Cap. 52. 31-10-2015. Rumanía y algo más (10)

Una montaña de verdad

Después de la amigable aproximación a los desniveles y las alturas de Rumanía de hace tres días en las cercanías de Paltinis (ver lo que sucedió), hoy hemos hecho una ruta de montaña de verdad. Viendo el plan de viaje que llevábamos, descubrimos que en las cercanías de Borsa estaba el Parque Nacional Rodna.

Ayer dormimos en Borsa por ese motivo, porque encima de nuestras cabezas se levantaba un pico de más de 2.300 metros, el Pietroso, que esta mañana veíamos desde nuestro balcón. Estaba un poco nevado, algo que no pudimos apreciar ayer por culpa de la noche.

Nada más pasar el centro de Borsa sale un desvío a la derecha indicando el Parque Nacional Rodna, con su pico Pietroso y el monasterio del mismo nombre.

En la cima del Pietroso
En la cima del Pietroso

Hemos aparcado en el desvío que deja el monasterio a 500 metros a la derecha y el comienzo del Parque Nacional a la izquierda, a la misma distancia.

Desde allí, la ruta es muy fácil: subir, subir y subir, siguiendo las señales azules y blancas. Apenas hay momentos de descanso en los casi 1.500 metros de desnivel que se salvan desde los poco más de 800 metros del aparcamiento hasta los 2.303 de la cumbre.

Así es la ruta

La ruta se divide en dos partes muy claras, con un pequeño corolario.

Parte 1: Desde donde se aparca el coche sale un camino que hay que ir siguiendo siempre. Es un camino amplio, apto incluso para todoterrenos, pero muy en cuesta arriba. Hay dos o tres posibilidades de atajo de unos pocos metros. Se pueden descartar. Este camino acaba en una especie de refugio rojo, acompañado por dos edificios más pequeños.

Parte 2: A partir del refugio empieza la parte montañera. En ese momento parece que se pierden un poco las marcas, pero es fácil: todo recto. A la derecha hay una arista demasiado violenta, así que es preferible seguir de frente. Arriba, entre las primeras nieves del año, se adivina un camino.

Cascadas de hielo
Cascadas de hielo

Esta parte 2 ha resultado difícil porque había mucho hielo en la senda. La montaña se sube a través de zetas muy marcadas. Las de un sentido estaban perfectas y las otras, llenas de hielo, con cierto peligro. En unas semanas o menos, solo para gente con crampones. Para bajar hemos evitado estas zetas y hemos atrochado en línea recta, también con cuidado porque hay mucha pendiente. Pero fuera de la senda al menos no hay hielo. Las montañas se coronan abajo.

Corolario: Terminadas estas zetas se llega a la cresta, desde donde divisamos unas maravillosas vistas de la Rumanía montañosa. Vemos montañas, montañas, montañas y, un poco más al fondo, montañas. Al llegar a la cresta, vemos a la derecha el Pietroso. Arriba no hay hielo, solo sol y cinco rumanos que han madrugado un poco más que nosotros. En el camino hemos visto a otra media docena de personas.

Hemos tardado cuatro horas y 40 minutos en toda la ruta.

De regreso, tras comer un bocadillo junto al coche, hemos parado en Borsa para degustar un chocolate caliente con nata.

Ya en Bucovina

Hemos decidido seguir nuestro avance hacia el Este, para avanzar al menos una hora o algo más de camino. La carretera que une Maramures y Suceava (Bucovina) tiene mil curvas, mil baches (la están arreglando) y cinco millones de abetos a los lados hasta que hemos dejado de contar.

Hoy dormimos en Carlibaba. Nos ha costado más de lo habitual encontrar internet, hostal y lugar para cenar. En el hotel donde estamos se celebra una gran fiesta porque el dueño celebra su cumpleños. Hay más de 100 invitados. Tenemos que intentar sacarle un par de cervezas.

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