Cap. 49. 28-10-2015. Rumanía y algo más (7)

El primer contacto con la montaña

Después de algunos días de turismo netamente urbano, con algunos matices rurales, hoy hemos tenido nuestro primer encuentro con la montaña. Hemos subido a aproximadamente 2.000 metros. Sin embargo, haber partido de 1.435, el espectacular día que hacía y no cargar con mochila ha hecho que la ruta de hoy haya sido un bonito paseo de casi tres horas más que una jornada de montaña.

Hemos abandonado nuestro hotel de Sibiu alrededor de las 9.00. En la oficina de turismo nos recomendaron ir a Paltinis, la estación de esquí más antigua de Rumanía, en funcionamiento desde 1894. Ahora es temporada totalmente baja, pero se nota que de aquí a un mes Paltinis va a estar repleta de esquiadores.

Nuestro primer pico rumano
Nuestro primer pico rumano

Nosotros hemos tenido una ventaja: la belleza del otoño. Las montañas están increíbles, lo que hemos disfrutado especialmente en el trayecto de coche.

Caminos marcados

La carretera de Paltinis termina en un hotel de lujo, donde nos han informado de la ruta que podíamos hacer. Según teníamos entendido, hacer senderismo por Rumanía es facilísimo por lo bien marcados que están los caminos, una herencia de los tiempos soviéticos cuando estaban prohibidos los mapas topográficos.

Hemos comprobado que así es. En Paltinis confluyen cuatro senderos, cada uno con su marcaje diferente. Hay que valer para perderse, aunque siempre es conveniente fijarse en las marcas y no en los caminos. Hemos hecho el camino de la cruz roja sobre fondo blanca.

Otoño rumano
Otoño rumano

Al final, lo hemos abandonado para subir a un pico no muy pronunciado y al que le hemos calculado esos 2.000 metros. El tramo inicial era entre coníferas, muy fresco, hasta que han desaparecido con la altitud. Nos hemos encontrado cuatro ciclistas, dos senderistas, un gato y un perro.

La tranquilidad de Alba Iulia

Poco después de las 13.00, nuestro Renault Symbol ha vuelto a llevarnos en dirección a nuestro nuevo destino: Cluj-Napoca. Hemos hecho una parada en Alba Iulia, ciudad de herencia romana y candidata a Capital Europea de la Cultura en 2020. Lo mejor de Alba Iulia está dentro de su ciudadela, donde se respira una paz difícil de conseguir en cualquier otra ciudad. Allí hemos comido.

No hay mucha distancia entre Alba Iulia y Cluj, aunque unas obras en la carretera, cerca de Turda, nos han entretenido. Hemos dejado la visita a la salina de Turda para un viaje posterior, como tantas cosas en todos los viajes.

La vida de Cluj-Napoca

Y ya estamos en Cluj. Hemos aparcado en los últimos instantes de luz solar y hemos encontrado alojamiento en el puro centro, un poco más caro de lo que estábamos acostumbrados, pero no todavía como para tirar de ahorros.

Ya nos hemos dado cuenta de que Cluj-Napoca no tiene nada que ver, en un día de diario como hoy, con lo que hemos visto en los últimos días. Es una ciudad ya grande, repleta de vida, y más que va a tener en unos minutos cuando terminemos nuestros quehaceres en el hostal.

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