Cap. 230. 19-11-2019. Luxemburgo (1). ¿Por qué Luxemburgo?

Este lunes 18 de noviembre hemos regresado de un breve y tranquilo viaje de cuatro días que nos ha llevado a visitar un país nuevo, Luxemburgo, y a conocer algunas de las ciudades alemanas cercanas con este pequeño Gran Ducado centroeuropeo.

Crónica completa del viaje

¿Por qué Luxemburgo? Como en todos los viajes, por más de una razón. Citemos tres. La primera, por conocer un país nuevo. La segunda, porque no es un país cualquiera, sino uno que merece la pena realmente por la belleza de su capital, de sus pueblos, de sus bosques y praderas…

Y la tercera, porque no hay en la actualidad muchos destinos tan accesibles económicamente por avión viajando desde Madrid para un viaje de esta duración de un fin de semana largo. Las compañías de bajo coste permiten comprar un billete de ida y vuelta por menos de 60 euros, al menos en esta época y adquiriendo el billete con cierta anticipación como hicimos nosotros.

Viernes 15

El vuelo de ida fue el viernes 15 de diciembre a las 14.00 horas. Yo ya estaba en Madrid, así que quedamos directamente en el aeropuerto de Barajas con Alfonso, Elisa y Sergio, que venían en autobús de Soria. Nos trasladamos de la T4 a la T1, comimos nuestros bocadillos y nos montamos en el avión.

El aeropuerto de Luxemburgo es pequeño, así que en poco rato cogimos el coche de alquiler y nos plantamos en Greiveldange, el pequeño pueblo donde nos hemos alojado. Habíamos pensado llegar alrededor de las 18.00 y ya estábamos allí poco después de las 17.00, pero por suerte nuestros caseros ya estaban en su casa para darnos las llaves.

Como ya era noche cerrada, decidimos no mover mucho más. Una vez establecidos, bajamos a comprar al supermercado Cactus situado en Remich. Hicimos la compra para desayunar y cenar los cuatro durante toda nuestra estancia en Luxemburgo. De hecho, uno de los lugares que mejor recordaremos de nuestra estancia allá será el apartamento, comodísimo y calentito, donde hemos pasado todos los días desde mediada la tarde.

La única excepción a la frase anterior era la visita que hacíamos cada tarde, antes de cenar, al Chaves, el único bar de Greiveldange. Lo regentan portugueses, algo que no es extraño si se considera que en Luxemburgo hay 600.000 habitantes, de los cuales 100.000 son de Portugal. 

Este viernes, el Chaves tenía todas sus mesas llenas para cenar: patatas, ensaladas y langostinos eran los platos que pedían todos los grupos, con algo de carne en algunos casos. Pero la mayoría de la gente va allí a comer patatas fritas y langostinos, buenísimos.

Nos acostamos bien pronto porque el sábado decidimos madrugar.

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