La playa de Katara
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Cap. 227. 1-10-2019. Qatar (4). Visita a Katara y a La Perla

Sigue avanzando nuestra estancia en Qatar, en Doha, una ciudad en la que los atractivos turísticos dan para un par de días relajados, especialmente en la época del mal tiempo que, en contra de lo que se suele pensar, aquí es el verano y no el ‘invierno’ primaveral del que disfrutan.

Además, nosotros tenemos el inconveniente de que cuando hace bueno, en las últimas horas del día, estamos en el Khalifa International Stadium disfrutando del atletismo.

Hoy hemos hecho una de esas visitas turísticas a la zona norte de la ciudad, a los lugares conocidos como Katara y La Perla. Nos ha llevado Álvaro, nuestro amigo de Soria, con quien hemos quedado Luisja, Nacho y yo a las 12.00 en nuestro hotel, el Saraya.

En Katara hay una gran playa reservada para las familias, para el concepto tradicional de familia: marido, mujer e hijos. Nos comentan que es muy probable que, en el caso de ir unos amigos a disfrutar de las calientes aguas del Pérsico, se les prohíba la entrada. Son playas públicas, en las que las mujeres no pueden vestir como visten en Occidente.

Hoy no lo hemos podido comprobar porque era alrededor de la una del mediodía y había cero personas. Aquí, cuando hace calor de verdad, la gente no se baña, al revés de lo que sucede en nuestra tierra. En numerosos hoteles sí hay playas privadas en las que los códigos de vestimenta son como los ‘nuestros’. Algo similar sucede con el alcohol, invisible en todo Doha… salvo en los hoteles de cierto nivel, donde abunda a precios altísimos.

En Katara hay algunas tiendas, centros oficiales de artesanía, de enseñanza de cine, grandes espacios públicos para la práctica deportiva y para otro tipo de espectáculos… Lo hemos visto todo con rapidez porque no eran horas para andar por la calle.

De ahí nos hemos ido a La Perla, The Pearl, llamada así por su forma cuando se ve este espacio desde el aire o a través de Google Maps. ¿Cómo puede tener forma de perla un lugar? Puede ser un capricho de la naturaleza o puede ser el trabajo del hombre que ha construido un gran terreno en aquello que antes era mar. En este caso, es lo segundo. La Perla es como La Palmera de Dubai, algo menos espectacular.

Como hemos cogido la costumbre de ir al gimnasio por la mañana en vez de desayunar, teníamos ya bien de hambre cuando hemos llegado a La Perla. Allí hay numerosos restaurantes, así que hemos comido nada más llegar.

Desde ahí, y sin salir de La Perla, hemos ido a Venecia, un lugar residencial formado alrededor de canales como es fácil de adivinar, y a la parte más exclusiva (de las visitables) de este lugar, con una colección de coches de altísima gama que supongo que no se podrá ver en muchos más lugares del mundo.

Álvaro nos ha dejado en el estadio antes de marcharse él a su entrenamiento con el Al Ahli de voleibol.

Y aquí seguimos en el estadio. En uno de los descansos he aprovechado para subir a The Torch, el hotel con forma de antorcha que hay junto al estadio, y para darme un paseo, otro, por el Villaggio. Ya estamos todos en el estadio dispuestos a vivir, entre otras, la gran final del 800 con el joven gallego Adrián Ben.

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