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Cap. 214. 24-6-2019. Mogro, Suances y Santillana en familia

Antes de que las hordas de turistas empiecen a apoderarse de las playas, y como una avanzadilla de las mismas, en la familia decidimos que una buena manera de despedir junio y darle la bienvenida al verano era visitando algún lugar del norte en el que no hubiéramos estado. Suances (Cantabria) ha sido la elección.

Durante estos días, aparte de dedicarnos a la gastronomía, a descansar y a ver los triunfos de nuestros equipos (35ª Liga del Madrid de baloncesto, 5-0 de España Sub 21 ante Polonia para meternos en semifinales del Europeo), hemos estado visitando el entorno más cercano a Suances, casi sin desplazamientos en coche.

Mi primer día fue el viernes 21. Para no tener que desandar lo andado, me incorporé directamente en Mogro. En línea recta está a menos de cinco kilómetros de Suances, pero la ría de San Martín (la de Suances, la que forma el río Saja) obliga a dar una vuelta de algo más de 20 desde donde estábamos alojados (el paseo de la Marina Española) hasta el Mirador Golf de Mogro, en la playa de Usil, donde mis padres han pasado algunos veranos.

En la playa de Usil en Mogro

Mogro también tiene su ría, llamada igual que el pueblo, y formada por el montañoso río Pas. El Pas, al acercarse al Cantábrico, hace un requiebro como para volverse tierra adentro, pero pronto sigue el camino de casi todos los ríos. Pero ese requiebro, y la isla que está en medio, les dan una imagen muy característica y muy bonita a la playa de Usil y al parque natural de las Dunas de Liencres, situado al otro lado del río.

Después de comer a tope, regreso (para mí, llegada) a nuestra casa de estos días, en la que hemos estado casi como si fuera la nuestra de verdad. El viernes todavía no hacía calor. Nos dimos un paseo por la gran playa de la Concha, donde apenas se bañaban cuatro chavales, y a casa a ver el baloncesto.

El sábado 22 lo dedicamos a conocer Suances por sus dos extremos. Por la mañana, mientras mis padres se quedaban con la nieta, los padres de la niña y el tío nos marchamos a explorar la península del Dichoso. Está al lado de donde nos alojábamos. En la playa de Los Locos, los surferos esperaban unas olas que no vinieron, pero al menos mojaron la tabla. Hay una gran tradición de surf en Suances, lo que se nota en varios de sus bares y otros negocios.

Alto de Garita

En esa misma excursión también ‘ascendimos’ los 46 metros del Alto de Garita, donde el vértice geodésico y las impresionantes vistas (Los Locos a un lado, la inaccesible Isla de los Conejos a otro) dan sensación de estar en una montaña ‘verdadera’. Allí nos encontramos con un señor de 86 años que cada día del año que está por allí, de enero a diciembre, corre unos 22 kilómetros desde las 8.30 para bañarse en la Tablía, Los Locos, la Concha, la Ribera, la Riberuca… Alguna foto del reportaje es suya. Me quedé con ganas de conocer algo mejor la Roca Blanca.

Después del paseo y de la reunificación del grupo, lo habitual en estas tesituras: vermú, comida más bien abundante (estaban casi todos los restaurantes llenos, en pleno verano tiene que estar a tope) y siesta.

Por la tarde, unos eligieron casa, otros playa y otros nos fuimos a correr, esta vez por el otro lado de la playa, hacia el Este, siguiendo todo el paseo marítimo y haciendo solo el inicio de una vía ciclista de 20 kilómetros que se va metiendo poco a poco al interior porque el río Saja carece de puentes cerca de su desembocadura. Todavía dio tiempo a un paseo y algunas compras con mis padres por la zona alta del pueblo, donde se encuentra el centro administrativo.

Por la noche, cena en el hogar mientras el España-Polonia, y pronto donde la noche anterior.

La mañana de ayer domingo 23 fue eso, dominguera, en el sentido de que fuimos a visitar uno de los lugares más turísticos de España, el típico pueblo que aparece en todas las listas como uno de los más bonitos de España, ese en el que todos estáis pensando: Santillana del Mar.

Nuestros padres se quedaron en Suances, así que hicimos la visita turística con mi hermana, cuñado y sobrina. Se puede pasar el día entero en Santillana si se va a conocer el zoo, la colegiata y el claustro por dentro, el Museo de Altamira, algunos otros museos… pero lo básico se ve muy tranquilamente en un par de horas. No soy el fan número 1 de este tipo de pueblos, lo que no me impide reconocer que es normal que tengan tanta fama por lo bien cuidados que están con el deseo de mantener su esencia original. Además, me gusta conocer todos los sitios famosos, y a Santillana hacía años y años que no iba.

Santillana

De Santillana del Mar (no es el único pueblo de España al que llaman el de las tres mentiras), un viaje de unos pocos minutos nos devolvió a los cuatro de nuevo a Suances. Teníamos reserva para comer al lado del hotel, pues ya habíamos aprendido que no estaba el panorama para ir buscando de restaurante en restaurante sitio para cinco y carrito-tronera.

Una comida frugal y temprana sirvió de despedida a estos tres días cántabro-familiares. De momento, parece que le va gustando esto de viajar.

Del restaurante cogí el coche y regresé a Soria por otro lugar que no conocía y al que tenía ganas: el Puerto del Escudo. Merece la pena volver por ahí, no tanto por el puerto en sí, que también, sino sobre todo por el espectáculo que forma el Ebro en toda esta parte de la provincia de Burgos. Existen serias posibilidades de que vuelva pronto por allí, para hacer algunas paradas muy concretas que ayer no hice.

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