La puerta del hostal

Cap. 203. 22-3-2019. Italia, San Marino y Malta (7)

Del plumas a la manga corta en dos horas de autobús: Nápoles

Estos dos días en Barrea (Abruzos, Italia) han sido muy similares a lo que estamos acostumbrados a vivir en Soria: jornadas extraordinariamente soleadas (cero nubes), fresco por la mañana y cuando se esconde el sol (frío para los no sorianos) y mediodías de temperatura muy agradable.

He tenido suerte en mi estancia en la autoproclamada Perla del Parque Nacional de los Abruzos, porque pasar dos días en Barrea con lluvia, mucho frío y nubes habría sido radicalmente distinto y peor.

Esta mañana hasta me ha dolido marcharme, pero este es el gran problema y el día a día de los viajes.

A las nueve menos cuarto de la mañana he agarrado (llevo dos horas con argentinos) un autobús a Castel di Sangro, una localidad más grande, con muchos más alojamientos y algo más de infraestructura en general.

Todo ello lo he adivinado porque me ha tocado esperar allí dos horas y media hasta que ha partido mi autobús a mi siguiente destino. Es lo que tiene viajar en transporte público por terrenos no muy trillados.

Ese mi siguiente destino, como se adivina en el titular, es Nápoles, la gran ciudad del sur de Italia, capital de la Campania.

Pesebre en San Gregorio Armeno

Nada más abandonar Castel di Sangro todavía se veían grandes montañas nevadas, pero el paisaje ha ido cambiando poco a poco. Las montañas no han desaparecido pero iban perdiendo altura, a la par que las localidades por las que pasábamos iban ganando población.

La única parada que hemos hecho ha sido en Caserta, un lugar clásico del baloncesto en Europa.

Poco después estábamos en la gran estación central de Nápoles. Tenía un paseo de alrededor de media hora hasta el hostal, pero no me importa caminar y prefiero eso antes que andar investigando las conexiones de autobuses.

Eran las dos y media cuando cruzaba el umbral del que va a ser mi hogar durante unas jornadas. He comido lo que llevaba, he sesteado y me he lanzado a mi primer acercamiento a Nápoles.

Andando-corriendo he llegado hasta algunos de los lugares céntricos así por intuición: la calle Spaccanapoli, la de San Gregorio Armeno (repleta de figuras, la estatua de Polichinela y complementos para los pesebres navideños) o las ruinas visibles de la Magna Grecia.

En mi recorrido de una hora no han faltado decenas de santos y vírgenes en cualquier rincón, incluyendo la puerta de mi hostal. En un día me acostumbraré a ello.

Después de dos días tranquilos y solitarios en Barrea, ahora estoy en el típico albergue, con franceses de despedida de soltero, italianos y varios argentinos. En breve, a descansar, que mañana quiero levantarme temprano. Aquí dormir no será tan rápido… Además, hay futbolín.

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