Pienza

Cap. 199. 18-3-2019. Italia, San Marino y Malta (3)

Ruta en coche por la Toscana hasta llegar a Urbino

De las 37 formas de viajar posibles, para este periplo de cuatro días hemos elegido la consistente en dormir las tres noches en lugares diferentes. Ello impide conocer a fondo cada lugar pero, a cambio, ofrece otras ventajas: se recorre más territorio, se disfruta del viaje en coche en sí, se conocen más pueblos (sin pasarse)…

Hoy lunes ha sido fundamentalmente un día de coche para recorrer la distancia que separa Siena y Urbino. En línea recta puede parecer que no hay mucha, pero es que en toda esta zona de la Toscana, la Umbría y Las Marcas hay más curvas en las carreteras que personas en los núcleos habitados. Además, tampoco hemos elegido el camino más corto.

Por la mañana, antes de tocar el coche, hemos vuelto a dar un paseo por Siena para hacer hambre, lo que nos ha venido muy bien teniendo en cuenta el abundante desayuno de la cafetería que tiene el concierto con nuestro hotel.

La primera parada del día ha sido en la Abadía de Monte Oliveto Maggiore, benedictina, enclavada en un lugar muy especial cerca de Asciano y de entrada gratuita. Destacan los espectaculares frescos que narran la vida de San Benito en el claustro principal. Hemos podido ver el refectorio desde fuera. Era cerca de mediodía, y los monjes estaban a punto de empezar a comer.

Abadía de Monte Oliveto Maggiore

Nada más aparcar, nos hemos encontrado en la calle un carné de identidad de un varón de unos 60 años. Cuando no estábamos muy lejos de abandonar el recinto y seguíamos dudando a quién dejar el documento al no haber reccepción o taquilla, nos lo hemos encontrado (a ese varón) en ese mismo claustro. Se ha quedado bloqueado y divertido de la impresión.

Las dos siguientes paradas del día han sido en dos pueblos enclavados en uno de los lugares Patrimonio de la Humanidad que tiene la Toscana, el Valle de Orcia. El primero ha sido San Quirico y el segundo, Pienza. Casi cualquier pueblo toscano merece un paseo, pero lo de Pienza es especial, por las grandes inversiones que allí realizó su hijo más ilustre, el papa Pío II, quien no solo le dio iglesias, palacios y prestigio universal a la villa, sino también el nombre: de Corsignano a Pienza.

Otro de los atractivos de Pienza son las vistas a través de su gran mirador. Desde allí se disfruta el clásico paisaje toscano de suaves y verdes lomas, en cuyas cúspides se levantan antiguas y cuidadas villas de piedra a las que se llega por caminos de tierra flanqueados por algunas decenas de cipreses. Esa estampa puede verse en cientos de cuadros desde los comienzos de la Pintura.

De Pienza, donde hemos comido, hemos emprendido viaje a Urbino. Habíamos pensado parar en Arezzo, pero la fuerte lluvia y los problemas de tráfico nos ha aconsejado seguir de largo.

Nos quedaban dos horas de miles de curvas y varios animales (zorros, corzos, sapos), y además se nos caía la noche, así que nos hemos entretenido los seis compañeros de viaje compitiendo con antiguos juegos de canciones y acertijos…

Urbino es otra de esas muchas ciudades italianas cuya magnificencia excede a su tamaño (unos 15.000 habitantes), y en su caso de un modo especial. El impresionante Palacio de los Duques de Urbino y su Catedral no desmerecerían en algunas de las grandes ciudades italianas.

Aunque ambos edificios son bonitos de cerca, intimidan más vistos desde cierta distancia, por ejemplo desde el coche según veníamos o desde el mirador de la Fortaleza Albornoz, justo al lado de donde nos alojamos. Hoy estaba cerrado este mirador, así que hemos dado un paseo nocturno por el pueblo para ir a un restaurante, en el que hemos coincidido con varias españolas de Erasmus, y para recogernos no muy tarde.


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