Plaza Salimbeni de Siena

Cap. 198. 17-3-2019. Italia, San Marino y Malta (2)

De Florencia a Siena pasando por San Gimingnano

La mañana de hoy en Florencia ha sido de tiempo libre. Fernando, Jorge y yo nos hemos acercado hasta la Galería de los Uffizi, una de las grandes e inigualables pinacotecas del mundo por la presencia de obras únicas como ‘La primavera’ y ‘El nacimiento de Venus’ de Botticelli, ‘Los duques de Urbino’ de Piero della Francesca, ‘La Virgen de jilguero’ de Rafael’, ‘La Sagrada Familia’ de Miguel Ángel, ‘La Anunciación’ de Da Vinci… Tintoretto, Caravaggio, Tiziano, Massaccio, Lippi, Mantegna, Giotto… No faltan la inmensa mayoría de los grandes pintores italianos, a los que se suman algunos como Goya, Rembrandt, Rubens, Durero, Cranach el Viejo, Van Dyck… Aquí se entiene fácil el Síndrome de Stendhal.

Nos hemos despedido de Florencia con una visita a la Santa Croce, que ayer no conocimos, y otra al mirador de la plaza Miguel Ángel, desde donde se entiende mejor, sobre todo, la grandeza del Duomo y, en menor medida, del Palazzo Vecchio.

Desde allí nos hemos dirigido a otro de los grandes lugares de la Toscana, San Gimignano. Su imagen es famosa: una serie de espigadísimas torres medievales que destacan en un conjunto urbano no especialmente grande.

Su fotografía más famosa es esa, pero el pueblo desde ‘dentro’ es igual de sobrecogedor, tanto sus plazas más espaciosas y concurridas (Duomo, Cisterna) como las decenas de rincones y callejuelas por las que merece la pena darse una vuelta.

Entre el paseo previo, la comida y la sobremesa hemos estado unas tres horas en esta preciosa población Patrimonio de la Humanidad, en la que cuesta encontrar nada que desentone globalmente con el resto.

Para terminar el día, otra joya: Siena, a la que hemos llegado cuando todavía quedaba alrededor de una hora de luz solar. La hemos aprovechado para nuestra primera visita a la Plaza del Campo y al Duomo, aprovechando que nuesttro hotel está a cinco minutos. En realidad, si te alojas dentro de los límites lógicos de la ciudad, es difícil estar lejos de cualquier sitio.

Siena es como San Gimignano pero a lo grande. Cualquier calle, cualquier casa, cualquier palacio, cualquier rincón están llenos de historia y encanto. Lógicamente, hay sitios que destacan. Además de los dos citados, y famosos, me ha encantado la plaza Salimbeni, tres sobrios palacios colocados como las tres paredes de un cubo y, en el centro, una escultura de Sallustio Bandini.

A disfrutar mejor de Siena ayuda que apenas circulan coches por la mayoría del caso urbano, lo que obliga a buscar algún aparcamiento fuera de él y lo más cercano posible al correspondiente alojamiento.

Como hemos llegado a media tarde, tampoco hemos entrado a nada, así que pronto nos hemos hecho una idea más que aproximada de lo tranquila y medieval que es Siena. A las 20.30, horario europeo, teníamos reserva para cenar, otra larga y merecida sentada para despedir otra jornada toscana, la tercera.

De regreso al hotel, por atrochar, nos hemos metido por un estrecho callejón, el Vicolo degli Orefici. Allí sí que se respiraba el Medievo como si estuviéramos dentro de él, ayudados por la escasa luz y el nulo ruido. El problema es que, a los tres o cuatro minutos de andar, la calle se corta radicalmente, así que ha tocada desandar los pasos. Por un lado, recomiendo andar por Siena así, sin mapa, descubriendo rincones. Por otro, recomiendo conocer este oscuro y vegetal callejón.

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