En batea por uno de los canales

Cap. 173. 9-8-2018. Berlín (2)

Spreewald, 260 kilómetros de canales navegables a una hora de Berlín

Inicié en julio del año pasado una serie de entradas dedicadas a las numerosas ‘Venecias’ que hay por el mundo. Es decir, pueblos, ciudades o zonas en las que los protagonistas son los canales.

La ‘Venecia’ que empezó aquella serie está en Alemania, donde hay más de una. Pero en concreto, me refería a Spreewald, que podría traducirse como el Bosque del Spree. 

El Spree o Esprea es el río que atraviesa Berlín. Por razones que no conozco, carece de la fama que sí les sobra a los ríos que atraviesan otras grandes capitales europeas como el Sena, el Támesis, el Tíber… En este sentido, es algo parecido al Manzanares, aunque me temo que la relación entre el Spree y Berlín es mucho más estrecha que entre el Manzanares y Madrid. 

Como voy a pasar unos días en Berlín, tenía ganas de escaparme un rato de la gran ciudad. Aunque hay varias opciones quizás más famosas para hacer una excursión de unas horas desde Berlín, yo he optado por Spreewald. Me hace ilusión visitar los lugares de los que he hablado previamente en el blog sin conocerlos.

He madrugado sin excesos para llegar a la estación de tren del Zoológico, muy cerca de nuestro hostal. Desde allí, cada hora sale un tren hasta Lubbenau. De la estación al centro hay un paseo de diez minutos. Nada más llegar, está la oficina de turismo.

Hay tres maneras de conocer Spreewald en un primer acercamiento: andando, en bicicleta o desde dentro de los canales. En toda esta amplia comarca hay más de 1.500 kilómetros de canales, de los cuales 260 son navegables.

En las más de dos horas que he estado, me he cruzado con decenas de bateas ocupadas por numerosos turistas y pilotadas por los gondoleros-bateleros que inevitablemente recuerdan a los de Venecia. También he visto a muchas personas recorriendo estos canales en piraguas.

Embarcadero

Para los que prefieran la bicicleta, solo en Spreewald hay una red de senderos de casi 300 kilómetros, de los cuales me atrevería a asegurar que 299 son llanos. Merece la pena para ver más lugares.

Yo, sin embargo, he preferido caminar. Hay una ruta circular de cuatro kilómetros que va de Lubbenau a Lehde. Es el típico lugar apacible, con casas de madera bien cuidadas, bares muy agradables, puentes de todos los tamaños (sin excesos por arriba, porque los canales no son muy anchos)… 

He visto que hay muchos establecimientos de alojamiento rural, y muchas casas tienen apariencia de ser segundas viviendas, algo lógico estando tan cerca de Berlín. Para acceder a muchas de estas casas es necesario cruzar esos minúsculos canales a través de brevísimos puentes de madera.

Como he dicho, esos cuatro kilómetros me han llevado alrededor de dos horas. He comido tranquilamente en Lubbenau, ya que estaba allí, y he deshecho el camino de la ida. He pasado rápidamente por el hostal y me he venido de nuevo al Estadio Olímpico antes de las 18.00. 

Espero que hoy podamos celebrar alguna medalla española en este Campeonato de Europa de Atletismo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *