Cap. 137. 30-5-2017. Mallorca (y 3)

Casi hasta Formentor y vuelta a casa

Hoy martes ha terminado nuestro periplo de tres días y dos noches en Mallorca. Ha sido fugaz, pero era tiempo de sobra para los dos objetivos que teníamos más allá del objetivo genérico que tiene cualquier viaje, suficiente para justificar toda escapada.

Al contrario de los dos días anteriores, hoy ha salido completamente nublado. Por lo menos, en El Arenal, mientras desayunábamos, no llovía. Sabíamos que sería complicado que nos apeteciera bañarnos en nuestro último día, pero no nos esperábamos lo que después nos hemos encontrado.

Hemos tomado rumbo norte, hacia otro de los lugares más conocidos de la isla: Pollensa, Alcudia, Formentor. Todo ello, a través de la autovía que sale de Palma de Mallorca y que atraviesa Inca.

Vistas desde el Mirador de la Creueta
Vistas desde el Mirador de la Creueta

Ya prácticamente desde que hemos cogido esa autovía, han empezado a caer las primeras gotas. Según avanzábamos, cada vez eran más fuertes. Aun así, decenas y decenas de coches circulaban por la autovía primero y por la carretera, desde Sa Pobla, después.

Nuestra primera parada ha sido en un lugar que se antoja obligatorio, el Mirador de la Creueta, ideado por el ingeniero Antonio Parietti Coll, igual que la sinuosa carretera, como recuerda una pequeña escultura. El mirador está dos centenares metros por encima del mar. Las vistas son espectaculares, con acantilados verticales y altísimos cayendo a bloque sobre el mar. Veíamos a varias personas andando al pie del mirador, ya cerca del mar.

Desde la Creueta hemos abandonado la carretera ‘principal’ para subir por otra todavía más estrecha y quebrada hasta la Atalaya de Albercutx. Está casi 400 metros por encima del mar, pero a apenas unos pocos en línea recta. Así es toda esta zona de la isla de Mallorca. Se puede subir al interior de la Atalaya, pero las vistas apenas varían respecto a su base.

De regreso no hemos continuado hasta el Cabo de Formentor en sí, sino que ya hemos vuelto hacia Pollensa, hacia su puerto, a ver si teníamos suerte y nos podíamos dar un paseo sin agua. No ha sido así, porque nada más aparcar ha empezado a llover de nuevo, así que el Paseo Marítimo lucía lejos del punto álgido de su esplendor. Por hacer algo turístico y diferente, nos hemos dejado morder por decenas de pececillos en los puestos estos que tanto se ven en poblaciones de mucha afluencia. Dicen que funciona, pero imagino que cinco minutos no harán mucho.

Nuestra siguiente parada no ha sido tal. Teníamos intención de comer en Inca, porque pilla de paso y por conocer un lugar nuevo. Cuando hemos entrado, llovía casi cuando más en toda la mañana, así que hemos optado por dejar esta población para más adelante. No es que tuviéramos prisa, pero ya había que ir mirando el reloj.

Abandonada Inca sin poner el pie en el suelo, hemos parado a comer ya de camino al aeropuerto, llenado el depósito de gasolina, devuelto el coche de alquiler, sacado la tarjeta de embarque y a esperar. Siguen llegando cientos de turistas a Mallorca, mientras otros la vamos dejando poco a poco. Teníamos el coche aparcado en Barajas, así que poco después de las diez y media de la noche ya estábamos en casa de nuevo, en Soria.

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