Cap. 134. 23-4-2017. Barcelona

Día de Sant Jordi en Barcelona: libros, rosas y gente por todos los sitios

Reduzco este viaje a Barcelona a un único capítulo, pero comento someramente lo que he hecho en días anteriores. Vine desde Soria en autobús antes de ayer viernes, como casi siempre: Soria-Zaragoza y Zaragoza-Barcelona. Comí en casa de Jorge y Marta y, por la tarde, con Íñigo, presentamos en el Centro Riojano de Barcelona el libro que sacamos en verano sobre Urbión y Cebollera.

Y ayer sábado, por la mañana, tranquilidad en Badalona después de dormir en casa de Cristina y Pedro: una carrera por la playa y rumbo a Barcelona capital, para visitar el Salón del Turismo. Por la tarde, segunda de las tres presentaciones de este intenso fin de semana. De nuevo, igual que el viernes, muy buena tarde y muy buen recibimiento en la Casa de Soria con la excusa de las historias que contamos sobre nuestra tierra.

Hoy domingo ha sido el día de más ajetreo. Realmente, la razón por la que estoy en Barcelona ahora mismo no es casual. Elegimos venir a la capital de Cataluña para asistir en directo a la celebración de Sant Jordi, donde no había estado nunca a pesar de las decenas de veces que he visitado Barcelona.

Con Íñigo en Hospitalet, firmando libros
Con Íñigo en Hospitalet, firmando libros

Esta mañana ha tocado madrugar para comprar una rosa. Y, poco después de las nueve y media, ya estaba en el Metro rumbo a Hospitalet de Llobregat, la segunda población más grande de Cataluña y que ahora, por Sant Jordi, celebra sus Fiestas de la Primavera con multitud de actividades culturales.

Mi idea era ver los trabucaires catalanes, pero cuando he llegado a la Plaza del Ayuntamiento acababa de terminar su actuación. No sé muy bien en qué consiste. Eran todavía las once, así que me ha dado tiempo a almorzar tranquilo antes de que llegaran las doce. Justo entonces, a mediodía, empezaba la hora que nos había concedido la Biblioteca Tecla Sala para firmar libros en su expositor de la gran feria que se ubica a lo largo de la Rambla Just Oliveras. Disponíamos de esos 60 minutos por la condición de escritor local de Íñigo, soriano pero residente aquí. Se han pasado volando, ha estado muy bien la experiencia.

Desde ahí, nuestros pasos nos han dirigido de nuevo a la Plaza del Ayuntamiento. Esta vez sí nos ha dado tiempo a ver lo que queríamos, los castellers. Hemos estado unos minutos, viendo el trabajo de construcción y deconstrucción de una de las collas participantes. El Ayuntamiento de Hospitalet me ha permitido subir a uno de sus balcones para tomar fotografías y un breve vídeo. Siempre me han llamado mucho la atención estos castillos. De pequeño, a nuestro nivel, los hacíamos el 17 de agosto en el último día de las fiestas de Valdevellano, en el Prao.

Rosas en el Día de Sant Jordi
Rosas en el Día de Sant Jordi

De Hospitalet, tras despedirme de Íñigo y las Elisas, un tren de Cercanías (Rodalies Renfe) me ha trasladado hasta la Plaza de Catalunya, a la marabunta. He quedado para comer con Guillermo. Nos hemos encontrado en la puerta del Mercado de la Boquería, que hoy estaba cerrado, y desde ahí nos hemos plantado en dos minutos en mi bar favorito de Barcelona (quizás empatado con otro), el Travel Bar. Se podía estar, teniendo en cuenta cómo estaban las Ramblas a escasos metros.

Nuestra jornada ha continuado subiendo precisamente esas Ramblas para adentrarnos de pleno en el epicentro del Día del Libro en Barcelona: el Paseo de Gracia (la Casa Batlló estaba adornada con cientos de rosas artificiales de gran tamaño) y la Rambla de Catalunya. En Gracia era relativamente posible andar sin rozarse con nadie, aunque difícil. En la Rambla, era imposible, sobre todo a la altura de los escritores más conocidos. Terminaba siendo agobiante. He huido a coger el Metro hacia la plaza Universitat, donde faltaban minutos para celebrarse una ‘petonada’. Como no sabía qué era eso, he esperado la cuenta atrás para verlo. Después el 5, 4, 3, 2, 1, ¡¡0!!, los allí presentes se han dado largos besos en los labios. No sé si era un concurso o qué, por la pasión que algunos demostraban.

Me apetecía acabar el día como lo he acabado, regresando a Badalona para darme otro paseo por la playa, que nunca se sabe cuándo se volverá a ver el mar viviendo a tantos kilómetros de él. Hacía fresco y casi se agradecía. Mañana pronto por la mañana, de nuevo a Soria.

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