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16-11-2018. Por un día no coincido con Rozalén en Medellín

Hoy me he pasado todo el día por Medellín (Antioquia, Colombia). Leer.

Una de las cosas a las que me he dedicado es a buscar un cartel que vi ayer en alguna parada de Metro.

En ese cartel salía anunciado el concierto de Rozalén aquí en Medellín para mañana 17 de noviembre, apenas dos días después de haber acudido a la gala de los Grammy Latino en Las Vegas, ya que contaba con dos nominaciones de las importantes: Álbum del año y Canción del año. Hoy 16 canta en Bogotá.

Por apenas un día, por unas horas, no voy a poder asistir a su concierto. No sé si habría ido a verla o no, pero no descarto que así hubiera sido para celebrar la casualidad de haberla visto el mismo año en Soria y en Medellín. Pero mañana a la mañana marcho…

He visto que las entradas para su actuación van bastante bien, y eso que va a coincidir con el concierto de Carlos Vives. Dos millones y medio de personas dan para mucho.

Medellín, desde el Metrocable que sube a Santo Domingo

Cap. 188. 16-11-2018. Colombia (6). Medellín desde dos alturas

El Parque Arví y el Pueblito Paisa

Hoy ya he pasado el día completo en Medellín, algo que no volverá a suceder, al menos durante mi estancia actual en tierras de Colombia. 

Fundamentalmente, hasta ahora, he hecho tres cosas: visitar el Parque Arví, darme un paseo por el centro sin rumbo definido y acercarme al Pueblito Paisa ya de regreso al hostal.

Antes de todo ello, que no lo he contado, he desayunado tranquilamente en la zona donde me alojo a las ocho de la mañana. Ya dije ayer que hay decenas de bares y restaurantes atractivos en esta zona de Provenza en El Poblado.

El Parque Arví es un inmenso espacio de naturaleza que merece la pena no solo por el lugar en sí, sino por una de las dos maneras de alcanzarlo: en Metrocable.

Hay que ir en Metro normal hasta Acevedo. Allí, con el mismo billete, sale un Metrocable (un telecabina de transporte de viajeros) con tres estaciones, que termina en Santo Domingo. En esta primera parte ya se tienen vistas espectaculares del fondo del Valle de Aburrá ocupado por la mole de Medellín.

Salón Málaga, en San Antonio

En Santo Domingo es necesario bajarse y cambiar de Metrocable, esta vez a uno denominado turístico que cuesta 5.550 pesos. El precio normal del Metro es de 2.400 por trayecto.

He pedido ida y vuelta, pero por suerte solo me han dado ida.

De hecho, he preguntado para bajar andando de la estación superior a la inferior y me ha respondido la señora de los biiletes: No hay cómo.

Instantáneamente me he dado cuenta. El Metrocable salva ahora un desnivel mucho más pronunciado, sin una sola vía de asfalto (hasta Santo Domingo sí las había) pero con un terreno repleto de casas a las que se entra por estrechas veredas y escalones ganados a la tierra. Parece mentira que estemos al lado de la ciudad.

Cuando termina este desnivel, el Metrocable cubre un largo recorrido sin ganar altitud, por encima de las copas de los árboles, hasta que llega a esa estación superior. Hemos pasado de 1.500 a 2.500 metros.

En el Parque Arví hay decenas de cosas que hacer si se dispone de todo el día e, incluso, de un fin de semana. Hay sitios para dormir y muchísimos puestos de cualquier cosa.

Hay sobre todo varios paseos guiados a pie y en bicicleta para ver cultura indígena, mariposas, avifauna, orquídeas, árboles, saltos de agua… Son paseos de alrededor de un par de horas, con coste.

Si no se tiene ese tiempo o no se desea gastar, se puede hacer lo que me han recomendado: un paseo de una media hora hasta El Tampo y hasta el curso de agua con pequeños saltos del Chorro Clarín.

Para regresar en Metrocable me tocada desandar lo andado. Por suerte, desde ahí mismo sale un autobús que pasa por el pueblo de Santa Elena y que deja en el puro centro de Medellín.

Eso es lo que he hecho y, como he comentado, me he dado un paseo de un par de horas por la zona de San Antonio, contando una parada para comer y otra para tomar un café en un lugar que me ha gustado mucho, el Salón Málaga.

Desde la estación de Metro de San Antonio he ido a la de Industriales, ya más cerca del hostal. El objetivo era visitar otra de las recomendaciones de ayer, el Pueblito Paisa, en el Cerro Nutibara, una montaña de 80 metros en pleno centro de la ciudad. Hay buenas vistas y un parque muy frondoso de 33 hectáreas.

El Pueblito Paisa es una reproducción de algunas casas y una iglesia de los pueblos de esta zona, la zona ‘paisa’. Me han comentado que hay pueblos de verdad de este estilo no tan lejos de Medellín. Habrá de ser para otra vez.

El Cerro Nutibara recibe más de un millón de visitas anuales. También hay muchos puestos de comida, bebida, artesanía… para pasar un rato más largo, ya que el Museo de la Ciudad se encuentra en la cima de este cerro.

Yo ya he decidido regresar, así que un taxi me ha dejado en mi hostal. Llueve y la temperatura es fantástica.

Mi despedida de Medellín ya será por aquí, de nuevo por Provenza y de nuevo con los medellinenses de la Ciudad Perdida.

Plaza de Botero

Cap. 187. 15-11-2018. Colombia (5). Medellín

Fernando Botero, la eterna primavera y una cena local

Esta mañana he volado de Cartagena de Indias a Medellín en un avión rosa. Cambio el Caribe por la capital de Antioquia, la segunda ciudad más grande de Colombia tras la megápolis de Bogotá.

El aeropuerto está a unos 30 kilómetros de la ciudad. Nada más salir de la terminal, se te acercan varios taxistas ofreciéndote un taxi colectivo hasta la ciudad. Como el precio es fijo (70.000 pesos), se espera a que se llene el vehículo para dividir el total entre cuatro. El proceso son cinco minutos.

Nada más llegar a Medellín ya se nota algo bien diferente a Cartagena: el aire que corre es fresco. Medellín es conocida como la Ciudad de la Eterna Primavera. El tiempo apenas varía de unos meses a otros y los extremos son muy suaves, sobre todo por abajo: apenas se superan los 30 grados y rara vez se baja de los diez.

Palacio de la Cultura

Sin embargo, la estructura del municipio hace que dentro del mismo haya diferencias, como he podido apreciar por la noche. Ubicada al fondo del Valle de Aburrá, el que forma el río Medellín, la ciudad va subiendo desde los 1.500 metros hacia altitudes superiores en algunos barrios, más frescos que el fondo del valle.

Según venía del aeropuerto, ya veía construcciones que escalan las laderas junto con todas aquellas levantadas en la parte baja. Las montañas que rodean Medellín se acercan a los 3.000 metros.

Haciendo caso a los amigos medellinenses que hicimos en la Ciudad Perdida, he cogido el hostal en el barrio de Provenza. He tenido doble suerte, porque el taxi colectivo, que va siempre hasta San Diego, me he dejado a apenas diez minutos de caminata del alojamiento sin necesidad de desviarse.

Nada más llegar, mientras esperaba a poder entrar en la habitación, me he dado un paseo por el barrio. Está repleto de locales hosteleros muy cuidados en los que parece seguro que los fines de semana, según cae el anochecer, tienen que estar a tope. Quizás mañana lo compruebe, pero ya se nota que el ambiente es buenísimo.

Tras regresar al hotel y asearme, he bajado hasta el Metro de Poblado para dirigirme a uno de los lugares más fotogénicos y famosos de Medellín: la plaza de Botero.

Mi barrio estos días

Allí pueden verse 23 esculturas del más famoso escultor colombiano y de uno de los más famosos del mundo. Muchas personas del mundo probablemente solo conocerán su nombre entre los escultores contemporáneos.

La plaza de Botero se encuentra junto al Museo de Antioquia, en la parada de Metro de Parque Berrío. Allí mismo he comido y me he dado un breve paseo antes de regresar al hostal.

Aquí he hecho algo de tiempo hasta las siete, hora a la que había quedado con Juan y Juanita, a los que no veía desde hace cuatro días en Machete Pelao o Mamey, para ir a cenar a casa de los padres de ella. Pocas cosas agradece más un viajero que ser beneficiario de la hospitalidad local.

Hemos degustado una cena de barbacoa en la terraza, algo que aquí en Medellín se puede hacer casi cada día del año, lo que no se paga con dinero.

Si para ir hemos tardado casi media hora, para volver apenas nos hemos demorado diez minutos.

Después de este primer breve acercamiento a Medellín, de la que tan bien me habían hablado antes de venir (por eso me compré hace tiempo el billete), mañana haré algo más completo pero dejándome todavía bastantes cosas para una próxima vez.

15-11-2018. ¿Por qué hay un avión rosa sobrevolando Colombia?

Esta mañana me he despedido de Cartagena de Indias pero no de Colombia.

Los vuelos internos en este país andino, caribeño y amazónico son baratísimos.

Ello se debe entre otras cosas a la irrupción hace seis años de la compañía Viva Air.

En esta compañía volamos la semana pasada de Bogotá a Santa Marta y en esta misma he volado hoy de Cartagena a Medellín, donde ahora me ubico.

Me ha llamado mucho la atención, antes de montarme, que el avión fuera completamente rosa por fuera. Pero no me ha dado por hacerle una foto.

Leer en Viva Air

Una vez dentro, ya lo he entendido, todo el avión está también pintado por dentro de rosa, y con numerosos mensajes para concienciar a la población, especialmente a las mujeres, para hacer el autoexamen (“Tócate”) como forma de prevenir el cáncer de mama.

Al salir, ya sí, le he tomado la fotografía.

He sido afortunado, pues el avión apenas lleva unas semanas en la compañía de bajo coste colombiana, que tiene previsto comprar tres aviones más en estos cinco años para seguir aumentando destinos. En diciembre empezarán con el Santa Marta-Miami.

El avión, por cierto, se llama Claudia Obando, igual que una empleada de la compañía que ha superado esta enfermedad.

Raperos callejeros cantan a turistas a caballo

Cap. 186. 14-11-2018. Colombia (4). Cartagena: La ciudad amurallada

Una ciudad única

La mañana de hoy en Cartagena de Indias la he dedicado a lo mismo que ayer, a poca cosa más allá de algunas compras cerca del hostal, lectura, planificación y compras de lo que va quedando del viaje por Colombia…

Había reservado la tarde para conocer el centro histórico, el interior de la ciudad amurallada, aunque el barrio en el que me alojo, Getsemaní, también se encuentra dentro de este gran recinto histórico. Pero como he podido comprobar hoy, nada que ver.

Realmente, estoy muy cerca del puro centro, ni diez minutos a pie. El recinto amurallado de Cartagena lo forman otros tres barrios además de Getsemaní: San Diego, La Matuna y Santa Catalina. En un día tranquilo de mañana y tarde da tiempo a visitar los cuatro y haciendo varias paradas para compras, tomar algo y ver algún museo.

Al fondo, la Catedral

De los tres que no había visitado, el que da merecida fama universal a Cartagena es el de Santa Catalina, llamado con el mismo nombre que la catedral de la ciudad caribeña.

He salido del hostal a las 16.30. Llovía, pero no tenía más opciones y, además, pronto ha parado.

Este centro histórico está abarrotado de turistas y de muchas de las cosas que rodean a un lugar con tanto turismo: cientos de puestos callejeros de cualquier cosa, tiendas de recuerdos, bares y restaurantes, coches de caballos, artistas que te improvisan un rap a cambio de algunas monedas, mucha policía, preciosos edificios coloniales, plazoletas con encanto, iglesias y conventos…

La muralla, la mejor que se conserva en toda América, da sentido al hecho de que Cartagena sea el destino turístico más importante de Colombia, para lo cual también han sido muy importantes el esfuerzo por mantener la seguridad, las playas y la fiesta, la rumba que dicen en Colombia.

Mi paseo vespertino ha durado algo más de dos horas. Me lo he organizado para que la hora del atardecer me alcanzara en el Café del Mar, ubicado en plena muralla. He llegado alrededor de las 17.30.

La Catedral, con la noche caída

Ya sabía que hoy no era el día idóneo para visitarlo. Su fama se debe a que los atardeceres desde allí son espectaculares en días despejados, lo que hoy no era el caso. Al menos, no llovía.

Antes del Café del Mar he intentado entrar a los Museos de la Esmeralda y del Oro, pero solo he podido al primero porque el segundo está cerrado durante algunas semanas.

Y, después del Café del Mar, me he acercado hasta la Catedral, el Convento de San Agustín y me he dirigido hacia el barrio de San Diego. 

Entre que ya había dado demasiadas vueltas y que el plano que me han dado en el hostal era más alegórico que a escala, ha llegado un momento en el que no podía garantizarme el camino de regreso a casa.

Como en los viejos tiempos, me ha tocado preguntar a los viandantes por la calle de la Media Luna. De nuevo, no estaba ni a diez minutos, pero justo hacia el otro lado del que había iniciado el paseo.

Pronto he llegado al hostal, en el que pasaré la última de mis tres noches aquí. 

Hoy más que ayer me he dado cuenta de por qué Cartagena de Indias tiene la fama universal que tiene.

14-11-2018. El Café del Mar de Cartagena de Indias, un café sin café

Esta tarde me he dedicado a dar un buen paseo por la ciudad amurallada de Cartagena de Indias.

Como me habían recomendado en el hostal, me las he arreglado para que el atardecer me sorprendiera en el Café del Mar, situado junto en una de las puntas de la muralla, la más cercana al mar Caribe.

El emplazamiento, como sucede siempre con este establecimiento, no es casual. Desde allí se tiene una visión inolvidable del atardecer… cuando hay sol.

Hoy estaba totalmente cubierto por las nubes, así que me he tenido que conformar con tomar algo. 

He visto que las de al lado pedían café y que la camarera, riéndose, les ha dicho que no había. Las turistas se lo han tomado a bien, se han hecho un par de fotos de las vistas y se han ido.

Por si había escuchado mal, he hecho la misma pregunta. Era cierto: en las dos páginas de la carta, todas de bebida, no había café.

Ello no impedía que, cada minuto que pasaba, entraran cada vez más y más personas para ocupar algunas de las decenas de sillas y mesas recién secadas por los camareros.

 

13-11-2018. Un animal en peligro de extinción que habita en los parques

Cuando se piensa en un animal en peligro de extinción, lo último que uno se imaginaría es que puede encontrarse algún ejemplar en el parque de una ciudad.

Y eso es lo que sucede con el tití de cabeza blanca, un pequeño primate del que quedan muy pocos miles en cuatro departamentos de Colombia.

Uno de esos departamentos es el de Bolívar, cuya capital es Cartagena de Indias.

En el paseo que me he dado esta mañana por la ciudad, me he encontrado a unos policías fotografiando algo en un árbol del parque del Centenario.

Eran dos ejemplares de esta especie. Al parecer, hay cinco allí viviendo, en convivencia con las ardillas, más habituales en los parques.

12-11-2018. La pesca del chinchorro en Taganga (Colombia)

En el norte de Colombia, en el Caribe, y por lo que he visto también en bastantes otros lugares de Sudamérica, se conserva desde hace cientos de años un tipo de pesca llamado con chinchorro.

Esta mañana hemos tenido la oportunidad de conocerla a primerísima hora de la mañana, cuando estaban montando las redes alrededor de las 6.00 en Taganga, muy cerca de Santa Marta.

Se trata de un tipo de pesca realizado muy cerca de la orilla. Se forma una especie de habitáculo con la red y los peces van cayendo en ella. 

Una persona, con gafas de bucear, va nadando alrededor de esta red y, cuando hay suficientes peces, avisa a sus compañeros para que recojan.

A pesar de su valor cultural y antiquísimo, la pesca con chinchorro tiene también sus detractores por ser considerada demasiado agresiva al no hacer selección en los peces que captura.

Relax retratado

Cap. 185. 13-11-2018. Colombia (3). Cartagena: Getsemaní

Alojado en uno de los 12 mejores barrios del mundo

El día de hoy lo he dedicado a lo mismo que ayer y el de mañana en principio no diferirá mucho de ambos. La idea de mi estancia en Cartagena de Indias era pasar dos o tres días de relajación después del trekking de la Ciudad Perdida. 

Lo bien que se está en el hostal y el calor que hace fuera durante la luz diurna me han hecho terminar de decidirme.

Hoy he vuelto a levantarme extraordinariamente pronto para lo que habitúo, poco después de las seis. Ello se ha debido a la rutina de las jornadas anteriores, pero creo que la corregiré en breve de un modo ligero al menos.

Estoy alojado dentro del recinto amurallado de Cartagena, la perla caribeña de Colombia, una de las ciudades clave en la historia del mundo, no solo en la de España.

Dentro de ese recinto amurallado hay cuatro barrios. De un modo casual, y siguiendo la recomendación de Nacho B., me hallo alojado en el hostal Media Luna, en la calle Media Luna (sí, se llaman igual), la única vía por la que se podía entrar a Cartagena desde el continente durante algunos siglos.

Tití de cabeza blanca

Esta calle Media Luna se encuentra en el barrio de Getsemaní. Esta mañana me he dado un paseo muy tranquilo por el mismo, tanto antes como después del desayuno.

Antes de todo, he caminado hasta el Castillo de San Felipe, cerrado hasta las ocho de la mañana así que me he conformado con hacerle un par de fotos desde fuera. 

Después de ahí, y tras una compra de agua en un madrugador supermercado, me he dedicado cien por cien al barrio de Getsemaní. Ya me advirtió ayer un camarero que no es difícil perderse (desubicarse) en estas callejuelas del recinto histórico de Cartagena, tan iguales unas a otras. Algunas de ellas están adornadas ya que la ciudad vive cuatro días de fiesta por el aniversario de su fiesta de independencia (11 de noviembre de 1811).

Hay numerosos locales para turistas mezcladas con viviendas habituales. Muchos de esos edificios recuerdan necesariamente su influencia española de tantos años, unos tres siglos repletos de historias, aventuras, asedios, ataques, defensas… desde que Rodrigo de Bastidas pensó que aquel no era un mal emplazamiento para fundar una ciudad en el Caribe Sur. Aquello sucedió en 1502, si bien la ciudad fue fundada por Pedro de Heredia en 1533.

Durante mi paseo, al lado de un bar el recorte de un periódico pegado en la pared. Me he acercado a leerlo: “Getsemaní está entre los mejores barrios del mundo”.

El recorte

Se trataba de una publicación local que recogía un listado de la revista Forbes. Ese listado se puede encontrar en numerosos sitios de internet, pero el original de Forbes es este.

Se refiere, fundamentalmente, a los 12 mejores barrios de ciudades muy turísticas, pero que no se encuentran en el top turístico de dichas ciudades. Por ejemplo, encabezando la lista aparece un barrio español, el barcelonés de Sants, que habitualmente escapa a numerosos visitadores de la Ciudad Condal.

Me temo que Getsemaní es más turístico que Sants, que casualmente es uno de los barrios que mejor conozco de Barcelona y sí, está muy bien.

El paseo de la mañana lo he finalizado en el parque del Centenario, donde me he encontrado a dos policías afanados haciendo fotografías a un árbol. Les he imitado y su amabilidad me ha informado de que aquello eran un par de titis de cabeza blanca, especie única en el mundo.

11-11-2018. Resumen del trekking de cuatro días de la Ciudad Perdida

Como hago a veces en los viajes que hago, y sobre todo a modo de recordatorio para el futuro, allá va un resumen resumido del trekking de cuatro días de la Ciudad Perdida (Colombia).

Esta es la duración más habitual de esta ruta, y es la que hemos hecho nosotros entre el 8 y 11 de noviembre.

Día 1. 8 de noviembre

Recogida en Santa Marta. 4×4 por la carretera troncal hasta Aguacatera. Una hora. Con ese mismo vehículo por caminos hasta Mamey (también llamada Machete Pelao). Otra hora. Desde ahí, tres horas y media de caminata a pie hasta Casa Adán, donde dormimos la primera noche.

Día 2. 9 de noviembre. 

Siete horas de caminata a pie desde las 6.00, divididas por un descanso de dos horas en Campamento Mumake. Llegada a dormir a Paraíso Teyuna, al pie de la Ciudad Perdida, en esta segunda noche.

Día 3. 10 de noviembre

Algo menos de una hora de subida y otro tanto de bajada para visitar la impresionante Ciudad Perdida, donde estamos un par de horas. De Paraíso Teyuna, algo más de tres horas de andar a Campamento Mumake. Allí dormimos esta tercera noche.

Día 4. 11 de noviembre

Diana muy temprana como siempre y otras siete horas de caminata entre Mumake y Mamey, esta vez algo más relajadas. Parada en Casa Adán para tomar un baño. El almuerzo, ya en Mamey, antes del regreso a Santa Marta en dos horas.