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Cap. 286. 19/21-2-2022. Atletismo, turismo y familia en Sevilla

El atletismo, una vez más, ha impulsado uno de mis viajes.  Y lo ha hecho otra vez a Sevilla, como en ocasiones previas con motivo de Campeonatos del Mundo, de España o, igual que ahora, a su maratón, patrocinado por Zurich.

Arrancó el viaje el sábado 19 en Soria, separada a poco más de una hora de la estación del AVE de Calatayud. Me dio tiempo a tomar una imagen del icono universal de la ciudad bilbilitana, La Dolores. La segunda es la estación del AVE de Madrid, Atocha, donde tuve que hacer el transbordo antes de llegar a la capital andaluza.

El sábado me esperaron mis primos en la tercera estación del AVE que visité, la de Santa Justa en Sevilla. Sevilla es bastante caminable, y entre Santa Justa y la plaza Nueva, lugar de alojamiento, dimos un agradable paseo bajo una temperatura que hace tan especial el sur de España en esta época del año.

El domingo, madrugón por culpa del atletismo. Por suerte, junto al Guadalquivir encontré un bar-kiosco que no cierra en toda la noche donde pude desayunar un café con leche y, atención, un gofre de chocolate, mmmmmmmm…

A las 8.30 de este domingo 20 de febrero empezaba el Zurich Maratón de Sevilla, en el que el soriano Daniel Mateo conseguía la mínima para el Europeo de Munich con 2h10:57 (leer crónica). Un año más, ambientazo en Sevilla para un maratón que se está afianzando entre los más importantes del mundo por cantidad y calidad.

Después de la carrera y de escribir la crónica, decidí hacer algo excepcional: visitar la Catedral de Sevilla. En las numerosas veces que había ido a la ciudad, no había visitado este gran templo la Cristiandad, icónico por dentro y por fuera (la Giralda). De pequeño creo que sí había entrado, pero no lo recuerdo. Como la Catedral, por ser domingo, abre a las 14.30, antes tengo que entretenerme dando un paseo por el contiguo barro de Santa Cruz, siempre tan bonito (hay fotos de más sitios en esta tanda).

A las 14.30 vuelvo a la entrada de la Catedral, con bastante cola. Hay bastante turismo en Sevilla estos días, me temo que por cuestión de temperatura es una de las mejores épocas para visitarla, aunque la primavera, ya con el día más largo, todavía lleva a muchas más personas de todo el mundo a una de las ciudades más bonitas del mismo. En la Catedral es muy complicado no emocionarse en varios de sus rincones (algunos cuadros, el altar Mayor, las vistas desde la Giralda, el sepulcro de Colón…). He hecho bien en poner el contador a cero del tiempo que llevaba sin visitar la Catedral. Los Reales Alcázares serán los siguientes.

Eran casi las cuatro cuando salí de la Catedral: comer, siesta y un poquito de trabajo desde el alojamiento. A las 20.30 había quedado con mi prima para seguir conociendo a pie algunos de los lugares sevillanos, las llamadas Setas que tan poco tiempo han necesitado para convertirse en un símbolo, la Alameda y el otro lado del Guadalquivir, la tan sugerente Triana, nada que ver con el inmenso casco antiguo sevillano (el más grande de Europa me dicen en la oficina de Turismo), pero con una entidad propia más que suficiente para darse una vuelta por ella.

Este lunes 21 de febrero, antes de hacer el ‘check out’ en el hotel, ha dado tiempo a desayunar y hacer un poco de ejercicio por el Guadalquivir, donde me han llamado la atención los gimnasios portátiles ubicados a orillas del río. He visto dos, sobre todo uno de ellos con bastante gente.

Tras la ducha, nueva caminata hasta otro de los lugares universales de Sevilla: el parque de María Luisa y la plaza de España.

En la plaza de España he aprovechado para hacer unas pocas fotografías en detalle del banco dedicado a Soria, por si alguna vez quiero publicar algo específico. En este banco me he encontrado con una pareja haciéndose una foto. Les he preguntado si eran de Soria pero no lo eran, simplemente estaban allí retratándose porque la semana que viene compiten a orillas del Duero en un campeonato de Duatlón.

Mi AVE, en el que ahora me encuentro, partía de Santa Justa a las 15.43. Por suerte, mi familia vive muy cerca de la estación, así que la última parada en Sevilla ha sido para comer una vez más con ellos, nuestros primos, descendientes igual que nosotros de un lugar muy diferente pero igual de bonito, Valdeavellano de Tera.

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