29-4-2017. Viajero, ¿has experimentado alguna vez el síndrome de Waitomo-Rotorua?

Antes de nada, no te molestes en buscar en internet, ni siquiera en la Wikipedia, el síndrome de Waitomo-Rotorua. ¿Entonces? Entonces es un síndrome que afecta a los viajeros y que me inventé yo hace tiempo en mi cabeza pero que no lo había escrito hasta hoy. ¿Y en qué consiste?

Se podría resumir así: “Viajar a un sitio muy lejano teniendo la certeza de que no se va a poder visitar todo lo que apetece y la casi certeza de que nunca se va a volver a ese lugar”.

¿Cómo nació? Lo viví en febrero de 2011, en mi única visita hasta la fecha a Nueva Zelanda. Tenía diez o doce días para viajar desde Auckland (al norte de la isla norte, donde aterricé) hasta Christchurh (isla sur, desde donde despegaba mi próximo avión).

Waitomo. hamiltonwaikato.com
Waitomo. hamiltonwaikato.com

Desde Auckland tenía que viajar hasta Wellington, al sur de la isla norte, para coger el ferry que me llevaría a la isla sur. Iba a pasar seis o siete días en esa isla septentrional, así que me dirigí a una oficina de turismo para ver cómo podía bajar hasta Wellington en el tiempo que tenía, y lo que podía ver en mi camino.

Imagínate un rombo cuyos vértices más lejanos son Auckland (norte), Wellington (sur), Rotorua (este) y Waitomo (oeste). Para ir de la primera a la segunda tenía que elegir entre ir por la derecha (Rotorua) o por la izquierda (Waitomo). Según la chica de la oficina de turismo, el atractivo de ambos lugares era idéntico, no se atrevía para nada a decantarse por uno o por otro.

En la ciudad de Rotorua hay unos géiseres espectaculares y en Waitomo hay unas cuevas habitadas por unos gusanos que, en la oscuridad, son como las luciérnagas. Dan luz. Además, como hay miles, el efecto es impresionante.

Recuerdo estar con la chica cinco o diez minutos pidiéndole por favor que eligiera por mí, que me faltaban datos para saber si me apetecía más ver géiseres o gusanos luminosos. “Please, tell me, Waitomo or Rotorua?”. “Oh, sorry, I can’t choose, it’s impossible”. Fueron así varias veces hasta que al final conseguí que dijera: “Ok, Waitomo”.

Y me fui a Rotorua.

Es broma, me fui por supuesto a Waitomo, sabiendo que no me iba a decepcionar y prometiéndome que no me iba a lamentar de no haber ido a los géiseres.

Lo que recuerdo de Waitomo es eso, una cueva no especialmente inmensa pero sí grande. Dentro de ella hay un lago, lo que ya la hace muy bonita. El paseo se hace en una barca sin motor y el silencio ha de ser absoluto. Recuerdo una sensación muy placentera, que creció cuando empezaron a aparecer las luces de esos gusanos.

Desde allí me bajé en autostop a Tongariro, otro sitio impresionante de un país tan impresionante como es Nueva Zelanda. Y de ahí a Wellington, que me encantó.

Pero no voy a hablar más de Nueva Zelanda que ya llevo muchas palabras por hoy. Cuando fui la primera vez no existía este blog. Espero volver, contarlo y, lo adivinasteis, escribir sobre géiseres.

Rotorua. kaitiaki.co.nz
Rotorua. kaitiaki.co.nz

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