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29-1-2020. Una escultura cerca del lugar donde murió Joaquín Blume

La historia del deporte es más prolija de lo que podría esperarse en accidentes de aviación con víctimas mortales. Esta entrada iba a ser escrita esta semana independientemente de que no se hubiera producido el domingo la muerte de Kobe Bryant, razón por la cual numerosos periódicos volvieron a publicar esa habitual lista con deportistas fallecidos en accidentes aéreos. Leer en Marca.

La razón por la cual pensaba escribir sobre el tema es porque la mañana del mismo domingo en la que murió Kobe Bryant estuvimos visitando en Huerta del Marquesado (Cuenca), las esculturas realizadas por Luis Zafrilla para ‘ilustrar el paisaje’ de esta zona.

Una de esas esculturas hace referencia al accidente de aviación enel que perdió la vida Joaquín Blume el 29 de abril de 1959. Blume, que tenía 26 años, falleció junto a otras 28 personas, entre ellas varios compañeros del equipo nacional de gimnasia y su esposa María José Bonet, de la que no se sabe con certeza si estaba embarazada como aparece en algunos lugares. Su hija mayor no viajaba en el avión.

Los nombres (Pablo Muller, Raúl Pajares y José Aguilar) del resto de los miembros del equipo nacional no han pasado a la historia porque sus logros estaban muy lejos de los de Blume, una megaestrella del deporte en aquella época en España.

Había sido diez veces campeón de España y desde 1954 era uno de los grandes en Europa. Favorito para los Juegos de Melbourne, no viajó por el boicot de España como respuesta a la admisión de la Unión Soviética.

En 1957 cosechó su principal éxito, al proclamarse campeón de Europa en tres aparatos y en la general, en esta absoluta por delante nada menos que de Yuti Titov, uno de los grandes gimnastas de todos los tiempos.

Para 1960, en Roma, pensaba desquitarse de su ausencia en tierras australianas, pero aquel accidente de avión segó su vida con apenas 26 años.

El vuelo 42 de Iberia, un DC-3, volaba de Barcelona a Tenerife con escala en Madrid. El mal tiempo en el primer trayecto obligó a un desvío. El piloto, en la niebla, trató de levantar el avión a su paso por la Sierra de Valdemeca, en Cuenca, pero apenas le faltaron medio centenar de metros para salvar las vidas de todos los ocupantes del aparato.

En el lugar del siniestro hay una gran cruz de piedra.

Las fotos que acompañan esta entrada corresponden a la escultura en acero Corte que Luis Zafrilla hizo en Huerta del Marquesado. En este mismo pueblo, para recordar la figura de Blume, se organiza desde 2006 una marcha de 16 kilómetros, la Marcha Blume, con salida y llegada en el pueblo, pasando por el lugar del accidente, junto a la cumbre del Collado Bajo, a 1.840 metros. Es siempre el último sábado de abril.

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