28-5-2016. Los hombres de mar también nacen en el interior

En la ría de Nervión, en el Museo Marítimo de Bilbao, descansa una historia que merece un libro y una película pero a la que de momento le voy a dedicar solo esta entrada, un poco más larga de lo habitual.

En algún momento de los años 70, el soriano Esteban Vicente Jiménez decidió que necesitaba un barco para conjugar varias de sus aficiones como eran viajar, la escalada, el piragüismo… y el acarreo de todos los materiales que ello conlleva.

Primero pensó comprarlo y después decidió construirlo. Eso es fácil. Lo difícil es que, al final, lo consiguió. Cortó grandes cantidades de madera de pino de los montes de Soria y las fue trasladando a Lekeitio (Vizcaya). Allí, con otras maderas y con otras manos, terminó de construirse el barco, que fue botado en 1984. Su peso es de 130 toneladas por el exceso de madera, intencionado, que utilizó el constructor para un barco que podría no haber pasado de 100.

Por votación entre los vecinos del pueblo, fue bautizado como Marea Errota, en honor de un molino situado junto a los astilleros donde se realizaron los trabajos.

Un libro narra la historia del barco
Un libro narra la historia del barco

En el tramo final de las obras, se firmó un contrato con Petronor para dar la vuelta al mundo en este barco de vela de 24 metros de eslora (31 contando el bauprés) y que había nacido en las montañas sorianas.

Poco antes del comienzo del viaje, falleció el dueño de Petronor y se canceló la aventura con todos los contratos de los tripulantes firmados. Como una solución rápida, el Marea Errota se trasladó un verano a Baleares para dar viajes turísticos.

Terminada la época estival, Esteban Vicente decidió viajar hasta el Caribe, donde siempre hay buena temperatura. Compraron otras mercancías para hacer también algo de negocio allá. En una parada en Tánger, el barco fue víctima de un saqueo que lo dejó totalmente vacío, incluso de víveres y agua.

El Marea Errota reemprendió el camino pasando por Canarias, para intentar conseguir desde allí algo de dinero de las familias y seguir hacia América. En Lanzarote, donde fondearon, empezaron a trabajar bien y cancelaron la experiencia americana.

Rodrigo y su padre, Nacho, en el timón
Rodrigo y su padre, Nacho, en el timón

El barco estuvo en la volcánica isla afortunada casi 20 años, la gran mayoría de ellos muy buenos. Al final, sin embargo, el aumento de la competencia leal y desleal y el descenso del turismo derivaron en que el Marea Errota empezara a ser menos rentable.

Esteban Vicente movió relaciones y consiguió firmar un contrato con el Gobierno de Cantabria, que utilizó el barco para promocionar la Comunidad Autónoma, aportando dinero pero sin intentar rentabilizarlo. Al cabo de casi ocho años, tras dos legislaturas, terminó el contrato que obligaba, entre otras cosas, a llamar al velero Cantabria Infinita.

Cambio de capitán

Desde que nació en 1989, Rodrigo de la Serna ha pasado los veranos junto a su tío Esteban y junto al Marea Errota. Hoy, 28 de mayo de 2016, he viajado hasta Bilbao para conocer al mismo tiempo al barco y a su actual capitán. Madrileño de raíces sorianas (de hecho estudió parte de la Educación Secundaria en Soria capital, donde conoció a Alfonso Garzón, director de operaciones del barco), Rodrigo es un hombre de mar.

Ello le empujó a enfocar su carrera académica hacia ese título que posee actualmente de capitán de barco, limitado todavía a barcos de hasta 24 metros de eslora y que naveguen a menos de 150 millas de la costa. Por amistades, cursó estos estudios en la República Checa. Aunque la empresa sigue siendo propiedad de su tío Esteban, el encargado de manejarla es ahora mismo él.

Trabajando en la cocina
Trabajando en la cocina

Terminada la aventura con el Gobierno de Cantabria, surgió la oportunidad de hacer una serie de trabajos con la marca de whisky Cutty Sark, unas fiestas que llevaron al barco de nuevo a tierras baleares. Esteban todavía dio la vuelta a la península junto a su sobrino, aunque luego regresó a Potes sin participar de este nuevo contrato.

Rodrigo asumió el mando de la empresa hace cuatro años, cuando tenía 23. Había que rebautizar el barco. Decidieron no recuperar el nombre de Marea Errota, en busca de una denominación más sencilla y global. Después de dar muchas vueltas, encontraron la respuesta en casa: Atila era el nombre de varios perros de Esteban, así que decidieron que el barco se llamara así en homenaje a su promotor. Desafortunadamente, ya había un barco con ese nombre, así que decidieron ponerle una ‘y griega’ y así nació el Atyla y, con él, el Atyla Training Ship.

Rodrigo ha heredado la intención primigenia de su tío de convertir el Atyla en un barco escuela. Según el programa de actividades de este verano, la intención es partir la semana que viene en una primera etapa que terminará cerca de Burdeos, después de tres jornadas de navegación.

Si bien para actividades turísticas en cubierta la capacidad del barco es de aproximadamente un centenar de personas, para estas experiencias de varios días en el mar el límite plazas es de 25. Los participantes, con el inglés como idioma común, aprenden el sistema de funcionamiento de un barco de vela mientras interiorizan otros valores como el trabajo en equipo, la capacidad de liderazgo o la jerarquía.

Explicando el funcionamiento del timón, que nunca puede dejarse solo
Explicando el funcionamiento del timón, que nunca puede dejarse solo

En su página web es posible consultar estas rutas que hace el Atyla, de momento sin abandonar el continente europeo. El año pasado, por ejemplo, navegaron durante más de cuatro meses por el Viejo Continente. Después de todo ese tiempo, el motor apenas sumaba dos semanas de uso, ya que la inmensa mayoría de las horas de navegación se consiguen gracias a las velas.

El plan previsto es empezar esta vuelta por Europa la semana que viene. Sin embargo, la legislación española, que apenas contempla la realidad de barcos de vela que se utilizan como una escuela, no ha dejado de colocarles trabas. Tanto es así que en breve el Atyla cambiará su bandera española por una mucho más exótica, la de Vanuatu, aconsejado por otros barcos de similares características que ya han seguido ese camino y que ahora se dedican, por ejemplo, a traer ron de América a Europa, el Tres Hombres.

Unos meses en Alemania

En 2015, después de 30 años de uso, dejó de funcionar el motor original. Sucedió en Alemania, cerca de Hamburgo, y allí se quedó Rodrigo, cuyo domicilio es el Atyla. Por esa razón, el barco no llegó a Bilbao hasta el marzo, varios meses después de lo previsto.

Es el segundo invierno que pasa en la ría, aunque este haya sido muy corto. El Atyla tiene un acuerdo con el Museo Marítimo de Bilbao. La entrada a este último da derecho a visitar el barco, que también puede conocerse de manera independiente por apenas dos euros. Allí, el visitante podrá tocar con sus manos palabras que probablemente haya leído en los viejos libros de aventuras marinas: foques, petifoques, cabrestante, botavaras, obenques, escandalosa, bauprés, trinquete, jarcias, cabos, babor, estribor…

Estos días, además, comprobarán los últimos e intensivos trabajos previos a zarpar, que no parecen muy diferentes a los que pudieran hacerse en los siglos anteriores, aquellos que inspiraron la construcción del Marea Errota a un joven soriano nacido en 1953.

Ver la web del Atyla

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Resuelva la operación * Límite de tiempo se agote. Por favor, recargar el CAPTCHA por favor.