También llamado ferrocarril o caballo de hierro. Quizás debería haberlo dejado para el último porque es mi favorito, pero le ha tocado salir en tercera posición.

Todo en él me parecen comodidades: las estaciones suelen estar céntricas, no hay que llegar dos horas antes, se duerme como en casa, se puede leer un libro o escribir en el ordenador sin marearse, a veces hay un bar desde cuya ventana puede contemplarse el paso de los campos y las ciudades, los paseos están permitidos, las estaciones (incluso las abandonadas) suelen poner la altitud a la que se encuentran sobre el nivel del mar.

En Ulan Bator, en el Transiberiano, con mis compañeros de camarote noruegos. Julio de 2008

En Ulan Bator, en el Transiberiano, con mis compañeros de camarote noruegos. Julio de 2008

He hecho varios viajes en tren. Madrid-Lisboa, Madrid-París, Burgos-París, Narvik-Estocolmo parando en Abisko, Delhi-Kochi, el Transiberiano entre Moscú y Ulan Bator parando en Irkutsk, Sofía-Bucarest, Nueva York-Las Vegas parando en Chicago, París-Munich, Upsala-Lulea, el de los Alpes neozelandeses entre Chrischurch y Arthur’s Pass, además de otros muchos más cortos en España y en otros países europeos.

Leer los medios de locomoción viajeros

¿Uno que me gustaría? Muchos. Allá van un par: el que cruza Vietnam de norte a sur y alguno de los que atraviesan las vastas llanuras del lejano Canadá.

Cuanto más lentos, más me gustan.

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