La Comunidad de Madrid ha encargado a Miguel Ángel López Marcos* la dirección de la intervención de excavación y restauración en la ermita visigoda de Santa María de Valcamino en El Berrueco.

Está situada en un poblado visigodo que se desarrolló en un paso natural a los pies del puerto de Somosierra comunicando las zonas de Toledo o Alcalá de Henares con Burgos, Soria o Pamplona.

La Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid a través del área de Protección de Patrimonio ha financiado la intervención en la primera iglesia prerrománica de la Comunidad de Madrid.

Se trataba de excavar y restaurar la ermita de Valcamino de tres naves y planta basilical de forma que recupere la dignidad perdida y se pueda presentar de nuevo al público como un referente dentro de la época visigoda. Su importancia radica en ser la primera de planta basilical de estas características. Los trabajos se han centrado en la excavación de parte del exterior donde se han definido nuevas estructuras pertenecientes al monasterio que se desarrolló para dar asilo a los caminantes y devotos de la época.

La iglesia se presenta con doble ábside, o ábside en la zona del altar y nártex en la entrada y pronto creció y evolucionó a un complejo monástico y poblado medieval que desapareció en el siglo XVII, probablemente a causa de una epidemia. En la actualidad, los únicos habitantes de la zona son rebaños de vacas y ovejas y alguna manada de burros que vigilan curiosos las actuaciones.

Fue construida con piedra caliza, y alberga en su interior tumbas infantiles y una de una mujer adulta del siglo VII de unos 45 años y fuerte complexión. Las tumbas infantiles se encuentran en el exterior y la de la mujer adulta está situada en una de las naves laterales. Estas naves quizás fueron construidas después de hacer la nave principal por necesidades de culto y se encontrarían separadas de la cabecera por celosías. En época visigótica y prerrománica el oficiante quedaba aislado de los feligreses. Se conserva en el ábside una gran piedra que sustentaría reliquias y objetos de culto.

Los asentamientos visigodos en el norte de la Comunidad de Madrid son abundantes y cada vez más conocidos gracias a la inclusión de estos enclaves arqueológicos en la Red de Yacimientos Visitables de la Comunidad de Madrid. La intervención se ha centrado en garantizar y mejorar la conservación del yacimiento, a través de la excavación selectiva y el recrecido de hiladas para mejorar la comprensión y lectura de paramentos de los restos de cara al visitante. En total se han colocado más de 84 toneladas de piedra para culminar su restauración.

La Dirección General de Patrimonio Cultural tiene previsto realizar una nueva campaña para completar la didáctica con nueva cartelería expositiva.

*Miguel Ángel López Marcos, autor de esta entrada, nació en Nódalo (Soria) en 1963 y se ha encargado de la restauración de numerosos yacimientos arqueológicos. Destacan sus campañas en Luxor (Egipto), en los Colosos de Memnón o Amenofis III.

Terminaba así la entrada de ayer: “Me gustaría saber cuál es el río del mundo cruzado por más puentes. No me extrañaría que fuera el Danubio a pesar de no encontrarse entre los más largos, pero la gran cantidad de tierra poblada que atraviesa le dará muchos puntos a su favor”.

Y así, buscando, he encontrado una página de internet en la que aparecen todos esos puentes sobre el río Danubio. No he logrado saber si hay otros ríos con más lugares para ser cruzados, seguro que sí.

Esa página se llama Wikipedia, y en su versión inglesa tiene ese listado de ‘crossings’ del Danubio, aunque advierte que es incompleta. No sale ninguno ni en Moldavia ni en Ucrania. En este segundo país es raro, pues el curso supera los 50 kilómetros (en Moldavia no llega ni a uno).

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Rascando un poco, en casi cualquier lugar hay algo que es “lo más del mundo”. O, si no, “lo más de Europa”, “de Asia”, “de España”, “de Asturias”, “de Soria”… Hay cosas objetivas (altitudes, distancias, superficies…) y cosas subjetivas (hermosura, imprescindibilidad, capacidad de sorpresa…). Cualquier blog y cualquier periódico aprovecha la pasión humana por las listas para escribir temas más o menos interesantes.

Cuando son cosas subjetivas, todos pinchamos para descubrir sitios nuevos y, sobre todo, para criticar la ausencia de algunos elementos de la lista.

Cuando son de cosas objetivas, en teoría no debería haber motivo de discusión, aunque en la mayoría de los casos nadie se molesta (nos molestamos) en comprobar si tal afirmación es cierta.

Por ejemplo, yo ni me he planteado investigar si es cierta esta afirmación que he encontrado en la Wikipedia: “Es el puente atirantado más largo del mundo con un solo pilón y un solo plano con cables”.

Se refiere a un lugar en el que hemos estado esta noche: el llamado Puente Nuevo de Bratislava, la capital de Eslovaquia. Buscando información sobre él, me he encontrado la frase que he copiado y pegado. Los puentes atirantados son un modelo muy habitual en la ingeniería moderna, pero difícilmente construibles cuando hay que salvar más de un kilómetro de distancia. Para ello están los puentes colgantes.

Y, dentro de los puentes atirantados, parece que hay los que tienen un pilón o más y los que tienen un solo plano con cables o más. Mezclando todas esas variables, podríamos encontrar varios puentes atirantados que serían “los más largos del mundo en su categoría”.

Me gustaría saber cuál es el río del mundo cruzado por más puentes. No me extrañaría que fuera el Danubio a pesar de no encontrarse entre los más largos, pero la gran cantidad de tierra poblada que atraviesa le dará muchos puntos a su favor.

Volviendo al Puente Nuevo, en una de sus orillas se encuentra la Torre UFO, en cuya cima hay un bar y un restaurante a más de 85 metros sobre el nivel del suelo.

Aunque suelo hacer esta entrada el mismo día que visito un país nuevo, esta vez la he demorado apenas un día. Con Eslovaquia, que visité ayer por primera vez, ya han pisado mis pies 46 países. Mantengo mi doble objetivo de tener más países que años y de alcanzar el centenar de naciones dejando de viajar mucho antes de cumplir los cien años.

Ver países visitados

Hoy estamos en Eslovaquia (leer). Como escribo en los últimos párrafos de esa crónica, de regreso al hostal, ya muy cerca, en una pequeña puerta de un gran edificio hemos leído: “Uno de los restaurantes más grandes de Europa”. Ante tal demostración de honestidad, hemos entrada al llamado Flag Ship. Efectivamente, es inmenso. Parece un viejo teatro entrado en desuso y reutilizado para la hostelería. Son tres pisos, sobre todo el primero de ellos de gran superficie.

El tamaño de los platos no desmerece al del restaurante. Después de tantas horas de andanzas, nos hemos sorprendido cenando a las 18.00 horas: morcillas, butifarras, chorizos, sopas de ajo, quesos de todo tipo, sopas con carne… Teníamos tanta hambre que casi hemos podido con todo, salvo con aquellos platos cuyo exceso de picante nos ha resultado imposible.

Cuando hemos entrado aún había bastantes sitios libres, aunque estaba lejos de estar vacío. Cuando nos hemos ido, encontrar sitio para un grupo medio grande como el nuestro resultaba muy complicado. No he encontrado el aforo del establecimiento, pero será de algunos centenares de personas.

La Asociación de los Pueblos Más Bonitos de España sigue ampliándose. Hasta ahora mismo, hay un total de 57 localidades en este listado. Como se dice siempre en estos casos, son todos los que están (se supone) pero no están todos los que son.

Ver los 57 pueblos

Para reducir un poco el alcance de esta segunda parte de la frase, el próximo mes de enero entrarán a formar parte de la Asociación otras 11 localidades: Segura de la Sierra (Jaén, en la foto), Mondoñedo (Lugo), Ledesma (Salamanca), Briones (La Rioja), Lerma (Burgos), Zahara de la Sierra (Cádiz), Bubión (Granada), Almonaster La Real (Huelva), Mirambel (Teruel), Guadalupe (Cáceres) y Castro Caldelas (Ourense).

Todavía hay más de 68 pueblos bonitos en España, pero conocer todos ellos ya permite hacerse una idea de la riqueza rural de buena parte del país.

Entre esos 68 hay dos de Soria, Medinaceli y Yanguas. No solo no están representadas todas las provincias, sino que incluso faltan tres comunidades autónomas al completo: Cataluña, Galicia y Murcia.

Aprovechando que hoy era festivo, me he ido a celebrar el aniversario de la Constitución como suelo celebrar tantas fiestas, uniendo con mi vehículo algunas poblaciones sorianas.

Una de mis carreteras favoritas de la provincia es la que recorre el Pinar Grande: Navaleno, Amogable, Sotolongo, cruce de la carretera de Abejar a Molinos de Duero. Es más corto en kilómetros pero más largo en tiempo que ir hasta Abejar y luego por la nacional hasta Navaleno… y sobre todo en días como hoy.

Yo he empezado en Molinos, a unos cuatro kilómetros. En esa zona del cruce, como da el sol, no había nieve. Sin embargo, según se iba avanzando, la umbría ha hecho permanecer a la nieve sobre el asfalto en los últimos cinco o seis días, desde que cayó.

No es raro, con las temperaturas que hemos vivido. Por suerte, solo me he encontrado un par de coches y en sentido contrario. A cambio, he visto algunos corzos y muchas vacas. Si vuelve a hacer sol, sería bonito hacerlo en bicicleta. De hecho, también me he encontrado dos ciclistas.

Sería bonito un rally Navaleno-Canicosa en estas circunstancias, aunque supongo que también muy peligroso.

Desde hace cinco años, gracias al trabajo desinteresado de Álvaro Morales Blázquez, Almarza cuenta en estas fechas navideñas con un atractivo turístico más: un belén de interesantes dimensiones que se monta en la iglesia parroquial de la localidad. La inauguración del mismo tendrá lugar mañana miércoles 6 de diciembre, aprovechando que es festivo, a las 12.00 horas.

Para verlo, es posible desde mañana ya y hasta el fin de semana de Reyes todos los sábados, domingos y festivos de 11.00 a 12.30 y de 17.00 a 19.00. Lo recomendable es desplazarse hasta allí. Quien no pueda, aquí tiene unas imágenes en las que al menos sí se hace una idea de lo que se está perdiendo.

La semana pasada leí dos fragmentos muy relacionados entre sí, a dos escalas tremendamente diferentes, pero con el mismo tema de fondo: ¿Estamos ahora mismo en invierno?

La primera (segunda cronológicamente) fue apenas un comentario de Facebook. El pasado 1 de diciembre, podía leerse en una noticia con fotografía que Soria había recibido “la primera nevada del invierno”. Decía el comentario de Facebook: “¿Invierno?”. Y algunas reacciones a ese comentario eran de risas o de pulgares levantados.

Eso es una anécdota.

Más significativas son las declaraciones de uno de los escaladores más potentes de la actualidad y de todos los tiempos, Denis Urubko. Leer esas declaraciones en Desnivel

Como sabe cualquier aficionado serio a la montaña, hay dos clasificaciones de las ascensiones a los ochomiles: las absolutas y las invernales.

Cuando se ascendieron los 14 ochomiles por primera vez, alguien decidió que había que buscar un nuevo reto: subirlos de nuevo todos… pero en invierno. Poco a poco, se han ido consiguiendo esas llamadas ‘primeras invernales’… salvo el K2, que permanece inescalado en los meses más fríos del año.

Si has pinchado en el enlace de las declaraciones de Urubko, habrás visto que su concepto de lo que es el invierno es diferente (o más amplio) al de la persona que hizo el comentario de Facebook, para la cual el invierno es tan solo el invierno astronómico, el que todos aprendisteis en la escuela.

El invierno astronómico no tiene discusión posible: empieza el día más corto el año y termina el día en el que la luz se iguala con la noche. Este año empieza el 21 de diciembre a las 17.28 y termina el 20 de marzo, 88 días después.

El invierno meteorológico es distinto. Para darle valor, no se puede decir: “Desde que empieza a hacer frío hasta que deja de hacerlo”, porque según esa teoría para algunas personas nunca sería invierno y para otras duraría diez meses al año. Por ello, en el mundo de los meteorólogos (y en el de Urubko), se ha establecido que el invierno dura los meses de diciembre, enero y febrero, a pesar de que los meses son las únicas divisiones temporales totalmente arbitrarias (no lo son segundos, minutos, horas, días, semanas, años, lustros, décadas…).

Tengo un amigo que siempre dice lo mismo, mitad en serio mitad en broma: “El verano termina cuando empieza el Numancia”.

Y luego, para la mayoría de las personas que yo conozco, el invierno empieza cuando ya hay que plantearse poner la calefacción o hacer lumbre, por lo menos aquí por Soria.

Lo único que está claro es que no se puede circunscribir el invierno únicamente a lo astronómico, porque el concepto se queda muy pobre.

Para otro día intentaré abundar en esas declaraciones de Urubko y escribir algo sobre las apasionantes ‘primeras invernales’.

Esta mañana ha sido una de las más frías del año, pero las previsiones daban sol y nula probabilidad de precipitaciones, con lo que hemos aprovechado para abrigarnos bien y lanzarnos a pisar la nieve que había caído en los dos últimos días. La intención original era subir al Alto del Hayedo de Santiago, en la zona de San Pedro Manrique, pero el puerto de Oncala estaba cortado a primera hora del día y luego solo podía circularse en él con cadenas o neumáticos de invierno, así que hemos cambiado de ruta.

Rápidamente se nos ha ocurrido que, como siempre en este mes de diciembre, ir al Acebal de Garagüeta podría ser una buena idea. Como la mayoría de los sorianos lo conocemos en sus rutas más habituales de Arévalo o Torrearévalo, o subiendo por la pista desde Gallinero, hoy hemos aparcado en un lugar diferente, en el Molino del Tío Manuel, cerca de la carretera nacional N-111. El molino se halla en buen estado de conservación por fuera como se aprecia en la fotografía.

Nos ha costado aparcar por la nieve acumulada en el camino, pero algunos empujones y la pick-up abriendo huella han solucionado el problema.

Desde allí ya hay un sendero GR, el que continúa hasta Santa Cruz de Yanguas tras una larga caminata de varias horas. Nuestro objetivo de hoy era más modesto.

En una hora y media desde los coches hemos llegado a uno de los tornos, al occidental, de los que dan acceso al considerado el acebal más grande de Europa. No hemos estado mucho en él, apenas el tiempo para hacernos la foto de grupo y para ver algunas bolitas rojas en algunos ejemplares y otras más anaranjadas. Pronto alguna de esas ramas estará adornando algún hogar en cualquier lugar de España.

El regreso ha sido casi por el mismo camino, sin subir al Castro de los Castillejos que sí hemos pisado a la ida.

En las tres horas de marcha nos hemos hinchado de pisar nieve, algo que no podía decirse ni hace una semana ni hace un año exacto, cuando fue tan esquiva y tan tardona a la hora de visitarnos.

Esperemos que dure y que la visitemos varias veces en lo que queda de invierno. La entrada de mañana, precisamente, tendrá como protagonista esa palabra: invierno.