Si eres soriano y tienes internet y curiosidad gastronómica, es posible que alguna vez hayas puesto en Google: “restaurante soriano”. Con esa búsqueda, lo primero que aparece en el Buscador de Buscadores es el Asador Soriano de Vigo, en Pontevedra.

Como cualquier restaurante en condiciones que se precie, el Asador Soriano tiene página web, que es esta. En ella hay un apartado que pone ‘Historia’ y que así comienza: “La historia del restaurante de Vigo Asador Soriano comienza con el abuelo de nuestros anfitriones, apodado “Soriano“, que da nombre al restaurante. En donde un día se levantó la casa de campo con su terreno, cuadras y un extenso viñedo, sus nietos D. José Manuel Magaz Ledo y D. Jesús Magaz Ledo crearon una idea, un concepto, un sueño que, poco a poco, ha ido tomando forma”.

Soriano… ¿Y por qué llamaban soriano al abuelo de los propietarios de este restaurante?

Un correo electrónico al restaurante dio la solución. El abuelo no era de Soria. Sin embargo, en nuestra Guerra Civil fue mandado a luchar en Soria… y de ahí le quedó el sobrenombre del ‘Soriano’.

80 años después de aquellos días, un restaurante vigués no olvida lo sucedido: le pone el nombre de su abuelo al establecimiento y, como un guiño al origen de esa denominación, acaba de celebrar sus Jornadas Gastronómicas Castellanas, dedicadas esta vez al lechazo.

En mi próxima visita a Vigo, que no sé cuándo será, intentaré llevarles productos típicos de nuestra tierra… a cambio de algunos de la suya que me encantan al mismo nivel.

La semana pasada se jugó el último partido de la historia en el Vicente Calderón… de Liga, porque es sabido que el último partido oficial será el que enfrente mañana sábado en la ribera del Manzanares al Barcelona y al Alavés en la final de la Copa del Rey.

El Calderón fue inaugurado en 1966, así que es fácil imaginar la increíble cantidad de grandes partidos que allí se han jugado y los cientos de futbolistas que han pisado su césped.

Como avisé ayer, voy a hacer dos entradas sobre este estadio y el Numancia. La primera fue una historia de Copa (leerla) y la segunda y última, la de hoy, es una historia de Liga.

No sé si el titular es un poco lioso, pero es verdadero. Hemos estado mirando JC y yo los numantinos que han jugado también en el Atlético de Madrid, al menos un partido en Liga. Es posible que alguno se nos olvide.

Lógicamente, si han jugado en el equipo rojiblanco, han tenido muchas posibilidades de ser aplaudidos por el Vicente Calderón. Es el caso de Nagore, Movilla, Javi Moreno, Iván Rocha, Nano Macedo, Fagiani, Juanma Barrero, Ibrahima, Tevenet, Gustavo de la Parra, Manu del Moral, Leandro Cabrera, Domingo Cisma, Toché o Del Pino, aunque en estos últimos casos apenas fueran minutos.

Nagore, en el Atlético

Nagore, en el Atlético

Hay tres exnumantinos que, aunque han debutado con el primer equipo del Atlético, solo han jugado con él fuera de casa: Pedro, Aquino, Kader.

Y luego viene el caso del titular. En sus 51 años de historia, el Calderón ha acogido dos partidos ligueros sin el Atlético de Madrid de por medio, según escuché a Pedro Martín el otro día en la COPE. Uno fue el Betis-Mallorca de la temporada 2002-03, pero en el Betis de los Joaquín, Capi, Denilson, Varela, Assunçao… no había exnumantinos.

El otro partido fue un Real Madrid-Rayo Vallecano, el 12 de marzo de 1994, debido al cierre del Santiago Bernabéu por los incidentes del partido de Copa ante el Tenerife (0-3, el azote de los blancos en aquellos años). Eso fue en cuartos y, curiosamente, el Real Madrid había eliminado al Atlético en octavos.

Aun así, el equipo colchonero permitió que aquel partido entre los otros dos principales equipos de la capital se jugara en su terreno. Ganó 5-2 el Real Madrid de Buyo, Sanchís, Hierro, Míchel, Martín Vázquez, Butragueño, Prosinecki, Zamorano… al Rayo de Hugo Sánchez, Onésimo…

En aquel gran Real Madrid que luego perdió la Liga en la última jornada de Tenerife había dos jugadores que luego estuvieron en el Numancia. Por un lado, el lateral Jesús Enrique Velasco, que debutó con el primer equipo casualmente en aquel partido del Calderón, y además de titular.

Por otro, José Luis Morales, un jugador mucho más mediático entonces por el deseo madridista de encontrar un heredero a Butragueño, heredero que apareció ocho meses después en Zaragoza (Raúl). Morales anotó dos goles en sus tres primeros partidos con el primer equipo blanco, ante el Deportivo y el más famoso del Atlético (2-0 y 1-0), antes de marcharse con apenas siete presencias con aquella zamarra. Después hizo una irregular pero interesante carrera en Sporting, Mallorca, Logroñés, Numancia, Salamanca, Jaén…

Pasado mañana sábado se disputa el último partido de la historia en el Vicente Calderón, la final de Copa del Rey entre el Barcelona y el Alavés.

Se han escrito cientos de artículos sobre los 51 años de historia de este campo, y yo voy a aportar dos más, una hoy y otra mañana. Como es lógico, van a ser dos entradas relacionadas con Soria, y decir Soria en el mundo del fútbol a estos niveles es decir Club Deportivo Numancia.

Me temo que la trayectoria del equipo en la Copa del Rey 2004-2005 nunca va a ser tan valorada como se merece. Su principal problema, obviamente, es que tiene un gran rival: lo sucedido nueve años antes en ese mismo torneo.

Hasta la fecha, las dos veces que más lejos ha llegado el Numancia en el torneo más antiguo que existe en España son esas dos de cuartos de final: la famosa de 1996 ante el Barcelona y la muchísimo menos recordada de 2005 ante el Atlético de Madrid.

En la 95-96, como casi todos los sorianos recuerdan, un equipo de Segunda B eliminó a doble partido al San Sebastián de los Reyes, a la Real Sociedad, al Racing de Santander y al Sporting de Gijón, antes de caer contra el Barcelona (2-2 y 3-1).




El camino de la campaña 2004-05 fue mucho menos épico. El Numancia estaba en Primera división. Ganó con rotundidad en casa del Recreación de La Rioja (0-3), antes de eliminar por penaltis a dos equipos de Segunda, el Córdona (1-1 en tierras andaluzas) y el Elche (doble 1-0).

De repente, el equipo que entonces entrenaba Máximo Hernández igualaba su mejor puesto copero de la historia, nada menos que cuartos de final en un torneo en el que ya no estaban ni el Real Madrid (eliminado en octavos por el Valladolid) ni el Barcelona (eliminado en treintaydosavos por la UD Gramenet).

Aquellos cuartos de final fueron los siguientes: Gramenet-Betis (2-2 y 4-3!!!!!!!!), Sevilla-Osasuna (2-1 y 3-1), Athletic-Valladolid (3-2 y 0-1) y Numancia-Atlético (0-0 y 1-0). No era delito, por tanto, soñar.

La ida del Numancia-Atlético se jugó el 2 de febrero con estos equipos. Numancia: Juanma, Velasco, Ochoa, Pignol, Graff, Tarantino, Carlos Merino, Palacios, Tevenet, Miguel, Rafa Jordá. Máximo Hernández no hizo cambios. Atlético: Leo Franco, Molinero, García Calvo, Perea, Pablo Ibález, Antonio López, Luccin, Colsa, Ibagaza, Fernando Torres y Salva. Ferrando metió luego a Richard Núñez, Velasco y Braulio. El partido, lo dicho, terminó sin goles, un resultado tan bueno como malo para los dos equipos.

La vuelta llegó dos semanas después, el 16 de febrero de 2005. Tuve la suerte de ver en directo aquel histórico partido. Los titulares atléticos fueron Leo Franco, Molinero, Perea, Pablo Ibáñez, Antonio López, Gronkjaer, Sosa, Colsa, Ibagaza, Torres y Salva. Luego entraron Sergi Barjuán y Richard Núñez. Los once numantinos fueron Álvaro Núñez, Juanpa, Ochoa, Antonio, Pignol, Graff, Tarantino, Carlos Merino, Ramón Ros, Rafa Jordá y Miguel. Suplentes salieron Velasco, Juanlu y Palacios. El partido terminó 1-0, con un único gol de Torres de penalti. La falta dentro del área se la hizo Antonio al propio Niño, una falta que, aunque no se pueda ver en Youtube, no existió, como tantas veces pasa en fútbol. Faltaban algo más de 20 minutos para la prórroga.

El Atlético cayó en semifinales contra el Osasuna y el Betis, que luego ganó la final 2-1 a los navarros, eliminó en la penúltima ronda al Athletic. Así por exagerar, nunca estuvo tan cerca el Numancia de ganar una de las dos grandes competiciones españolas, por culpa de aquel partido del estadio que pasado mañana morirá.

Salva y Tarantino, en aquel partido

Nueva York es una ciudad que está situada al nivel del mar y en la cual, todos los inviernos, hay siete olas de frío que cubren la ciudad de nieve hasta los alféizares de las ventanas del primer piso. Los coches no pueden utilizarse y, si es imprescindible hacerlo, se necesitan varios amables viandantes para moverlos de donde están aparcados.

Madrid es una ciudad que está situada 700 metros por encima de Alicante y en la cual, una vez cada siete inviernos, caen cuatro copos de nieve que sumen a todo el país en la angustia por el caos que está viviendo su capital. Los niños alargan el recreo intentando tirarse algunas bolas sabedores de que pueden ser las últimas de su infancia.

El gran Lago Reservoir de Central Park, en 2011. Eso en El Retiro no pasa

El gran Lago Reservoir de Central Park, en 2011. Eso en El Retiro no pasa

¿Por qué sucede eso? Una respuesta rápida sería decir: “Porque Nueva York está mucho más al norte y, por tanto, hace mucho más frío”. En ese momento, una rápida ojeada a un mapamundi nos desvela que estas dos grandes ciudades se encuentran a la misma latitud, 40 grados norte.

En meteorología, los dos factores más obvios para entender el frío y el calor son la latitud y la altitud, pero hay algunos otros.




A esta latitud de 40 grados, tanto en el norte como en el sur, los vientos dominantes son los llamados vientos del Oeste, los ‘westerlies’. ¿Qué tiene Nueva York a su izquierda, al oeste? Tiene un gran continente, miles de kilómetros cuadrados de tierra firme que ayudan a la gran circulación de esos vientos. ¿Qué tiene Madrid a su izquierda? Un poco de tierra y, después, millones de kilómetros cuadrados de agua. El Atlántico suaviza la llegada de los ‘westerlies’ a nuestra península ibérica.

En Nueva York, además, esos vientos occidentales se encuentran con la Corriente del Golfo, lo que acentúa la intensidad de esas nevadas.

En verano sucede algo parecido pero al revés, con fuertes olas de calor, aunque de eso los madrileños también sabemos algo.

Respondiendo a la pregunta del titular, se puede decir que Madrid y Nueva York están empatados, y que para explicar los fenómenos meteorológicos influyen muchas realidades.

Gracias a JMT

Al hilo de la entrada de ayer sobre la brutal hazaña de Kilian Jornet en el Everest (leerla), hablé sobre la latitud a la que se encuentra esta montaña y, en general, toda esta cordillera del Himalaya. Me temo que, en general, la gente piensa que está mucho más al norte de lo verdadero.

Es lógico. Se me ocurren dos razones para ello. La primera, un poco obvia, es que las fotografías y las imágenes que de esas montañas vemos son siempre con nieve, frío, congelaciones, vientos huracanados, tormentas… ¿Qué íbamos a esperar a 6.000, 7.000, 8.000 y casi 9.000 metros?

La segunda viene dada de la pequeñez de Europa frente a la inmensidad de Asia. Se nos hace ver que es el mismo continente, Eurasia, y entonces es fácil imaginarlo como un rectángulo, pero nada más lejos de lo real: Eurasia es una especie de cono tumbado, donde el vértice sería el Oeste de Europa (la nariz de Portugal, por ejemplo) y la base todo el Este asiático (desde el estrecho de Bering hasta el archipiélago indonesio, glub).

La sombra del Teide

La sombra del Teide

Respondiendo a la primera de las dos preguntas del titular, la respuesta es el Teide, que se encuentra más al norte que el Everest. En concreto, la montaña canaria está a 28º16’15”, y la tibetana-nepalí, a 27º59’17”, siempre latitud Norte. ¿Os cuesta, como a mí, ver lo que supone esa diferencia de apenas 17 minutos? Pues es la que hay entre Soria y el puerto de Piqueras, o entre el centro de Madrid y Colmenar Viejo, así que, básicamente, se puede decir que el Teide y el Everest están a la misma latitud casi exacta dentro de la grandeza de la Tierra.

De Madrid y Nueva York hablamos mañana.

A estas alturas del día, supongo que todos los lectores de este blog ya estarán enterados de las líneas maestras de la proeza de Kilian Jornet, enmarcada en su gran proyecto vital ‘Summits of my life’: el todavía joven pero ya veterano montañero (nació en 1987) ha subido al Everest en su particular estilo ligero, sin oxígeno, sin cuerdas, sin guías… en solitario.

Ese proyecto implica partir hasta los picos más elevados de cada continente desde el punto habitado más cercano. En el caso del Everest, el techo del planeta con sus 8.848 metros sobre el nivel del mar, ese lugar habitado que más cerca se encuentra es el Monasterio de Rongbuk, en el Tíbet. De hecho, estando como está a 5.100 metros, no hay en la Tierra otro lugar más alto en el que duerma gente todas las noches.

El campo base de Everest de la cara Norte, donde se encuentra este monasterio, se encuentra a 5.165 metros de altitud, si bien se trata de un lugar más turístico, o senderista, que montañero. Hay un segundo campo base de la cara Norte que está unos metros sobre el nivel del mar más arriba, al pie del glaciar Rongbuk.

El monasterio de Rongbuk. exploretibet

El Monasterio de Rongbuk. exploretibet

No os extrañéis si, a pesar de esa inmensa altura, la mayoría de las fotos que veáis de este monasterio sean sin nieve: el Everest está a la misma latitud que las Canarias y poca gente con cámara de fotos va allí en pleno invierno. Las nieves perennes empiezan más arriba. Mañana, si me acuerdo, escribo algo sobre el Everest y el Teide.

Lo que ha hecho Kilian Jornet en los dos últimos días escapa a la mayoría de los entendimientos. Para empezar, hay que ser un gran corredor de montaña, y él probablemente sea el mejor del mundo. Y, para seguir, hay que tener una pasión por las grandes montañas y por las dificultades técnicas (no voy a decir el precio porque todo el mundo sabe cuál es) que haga que merezcan la pena todos los riesgos. Correr montaña y el alpinismo de altura no tienen nada que ver más allá de que hay que estar en forma.

Una tercera condición, supongo que indispensable para todas estas grandes proezas, es el gusto por los larguísimos momentos de soledad y de aislamiento.

Está claro que Kilian tiene todo eso.

El cien por cien de mis lectores no pueden hacer lo que ha hecho él. La mayoría de ellos sí pueden acercarse hasta Rongbuk para disfrutar, al menos una vez en la vida, de la visión de la montaña más alta de la Tierra.

Leer en ‘Desnivel’

Uno de los iconos más fácilmente reconocibles en el mundo de los viajes y de la arqueología son los moais de la Isla de Pascua, perteneciente a Chile y situada lejos de todas las tierras, en mitad del océano Pacífico. Su origen, su significado y hasta la manera de alcanzar su emplazamiento actuales siguen siendo un misterio.

En ese mismo océano Pacífico, o más exactamente en el Mar de la China Oriental, existe otra isla con unas figuras que, inevitablemente, recuerdan a las de Pascual. Son los llamados Harubang o Abuelos, y se encuentran en uno de los lugares más bonitos de Corea del Sur por lo que he estado viendo: la isla de Jeju.

Los Abuelos de Jeju

Los Abuelos de Jeju

Como sucede con los moais de Pascua, el origen de estos Abuelos no está del todo claro, por lo que existen varias teorías sobre el mismo. Su altura también es superior a la del ser humano, de hasta tres metros, aunque algo menor que la de los moais. También está repartidos por buena parte de la isla, que es diez mayor que la de Pascua: 160 kilómetros cuadrados frente a 2.000.

Jeju, además de por estos grandes monolitos bonachones, es famoso por la exuberancia de su naturaleza, en la que se mezclan playa y montaña. Es el lugar tradicional en el que los jóvenes surcoreanos recién casados van a pasar la luna de miel. En Corea ocurre lo mismo que en España: su punto más alto está en una isla. En el caso asiático, es el Hallasan, con 1.950 metros, y que está en esta misma isla de Jeju, al sur del país que se encuentra amarrado al continente.

Reportaje sobre Jeju en ‘El Periódico’

El 30 de marzo de 2015 escribí una entrada titulada ‘Bautizar a tu hijo con el nombre de una montaña’ (leerla). El origen de aquel escrito fue la lectura de un libro de Andreas Madsen titulado ‘La Patagonia Vieja’. Lo tengo en casa y necesito dejárselo a alguien porque realmente no es mío, lo tengo solo en prenda.

Aquel danés se marchó a las grandes montañas del sur de América del Sur, y tanto se enamoró de ellas que a uno de sus hijos decidió llamarle Fitz Roy. En esa entrada de hace dos años, comenté que conocía en Soria un caso similar, el de una pareja de mi edad que había llamado a su hijo mayor Urbión.




Desde entonces he conocido dos casos más, otras dos parejas sorianas que han elegido para sus vástagos nombres de montañas especiales. Los dos bebés son niñas.

La mayor se llama Denali. Repetido tres o cuatro veces, parece un nombre normal y corriente de mujer. El Denali es el otro nombre con el que se conoce a la montaña más elevada de Norteamérica, el McKinley. Es una palabra atabascana que significa ‘Grande’. Además, casualmente, cambiando de orden las letras de Denali puede formarse otro nombre propio, esta vez de hombre, que es como se llama el padre de la niña.

villaneila.com

villaneila.com

La tercera niña soriana que tiene nombre de montaña ha nacido hace unas cuantas semanas y, dentro de unos pocos años, también andará colgada por las paredes y abrazada a los vértices geodésicos o encaramada a ellos. Su nombre tiene las mismas letras que Denali, despojándole de la ‘D’. Se llama Neila, igual que las bonitas lagunas, serranía y pueblo de ese mismo nombre que tenemos tan cerca de Soria, en Burgos, no muy lejos del lugar donde nació la madre.

PD: Me escribe a través de Facebook una chica que se llama también Neila, igualmente soriana. Si tiene edad para tener FB, es unos años mayor que los otros tres protagonistas, quienes por tanto tuvieron precursores hace ya algún tiempo. Además, en un comentario, me dicen que hay un niño que se llama Eiger, igual que la mítica montaña de los Alpes

Dedicada a todos ellos

Como he escrito en muchas ocasiones, mi medio favorito de locomoción es el tren (leer). Sin embargo, he decidido venirme a vivir a la ciudad con menos trenes de España, Soria.

He cogido el tren de Soria (desde hace unos años se dice ‘el’ tren porque no hay otro, solo el que va desde aquí a Madrid) más veces que la mayoría de las personas. Hace poco cambiaron el horario y me viene peor, pero intento seguir cogiéndolo.

Siempre que salen las conversaciones sobre el tren en los bares de Soria, la mayoría de las personas que hablan sobre él no lo han cogido nunca. Tiene fama de ser caro, lento, presto a la demora y de que se estropea más de la mitad de las veces.




Lo más fácil de defender es esto último: no se estropea más de la mitad de los veces. Probablemente, ni siquiera el 2% de los viajes, pero seguro que el porcentaje es superior al de la mayoría de las líneas españolas. También es normal, las cosas viejas tienen más averías que las nuevas.

¿Caro? Es cierto, un poco más que el autobús, aunque los que tenemos algún descuento nos sale parecido. ¿Lento? No es muy rápido, pero ahora mismo tarda casi lo mismo los autobuses que entran al aeropuerto. ¿Presto a la demora? Eso lo solucionó Renfe hace unos meses cuando cambió los horarios: en vez de poner que tardaba dos horas y tres cuartos, empezó a poner que tardaba tres horas, lo cual se acerca más a la realidad.

Echando una cabeza en el tren de Soria

Echando una cabeza en el tren de Soria

¿Cuál es el futuro del tren en Soria? Cuesta saberlo. Si fuera una cosa privada, sería fácil: llevaría cerrado varios años.

El problema, más que la lentitud o el precio, son los horarios. La oferta es demasiado reducida y, con la fama que tiene el tren en Soria gracias a las continuas desatenciones que ha sufrido, no creo que pongan más servicios.

Toda esta entrada está inspirada en un nuevo caso, esta vez sí, de avería en el tren. Cuando venía de Madrid a Soria, el de la tarde de antes de ayer de miércoles, se paró en Almazán y decidió no arrancar. Allí seguía ayer jueves.

Esto me ha recordado a uno de los ejemplos pequeños pero claros de los pocos quebraderos de cabeza que les da el tren de Soria a los responsables del mismo: cada vez que, en cualquiera de los dos sentidos, la siguiente parada es Almazán, por megafonía puede escucharse: “Próxima parada: Almanzán Villa”. Así, con dos ‘enes’. Realmente, a mí me parece divertidísimo y merece la pena coger el tren hasta Almazán solo para escuchar eso. Ojalá ese fuera el mayor problema.

La semana pasada publiqué varios búhos que pueden verse en la ciudad de Soria. Son búhos de plástico o de algún material así. A la menor ráfaga de viento, su cabeza se mueve de lado a lado para dar sensación de estar vivos y cumplir la función para la que han sido creados: ahuyentar a las palomas.

Estos son los búhos de la semana pasada

En aquel artículo pedí colaboración, convencido de que habría más búhos en la ciudad. Y así ha sido. Si entonces saqué cuatro, ahora saco alrededor de una decena… pero ubicados tan solo en cuatro lugares.

En la plaza de San Clemente (el Tubo), justo enfrente de la pared lateral del Archivo, hay una casa preciosa con seis de estos animales.

Mucho más arriba, en los edificios de la Tejera, nos informaron de dos. La persona que nos permitió hacer la foto desde su casa nos reconoció que el primer día que vio uno le pareció de verdad.

En el centro, en la esquina de la avenida de Navarra y de la calle Alfonso VIII, justo encima de donde está ahora el Top Queens, hay uno. Ese edificio es altísimo… para lo que es Soria.

Y el último que hemos visto, en una preciosa ubicación, está en la calle San Martín de Finojosa, encima de una barandilla. Está justo al principio de la calle, encima de la tienda de Nationale-Nederlanden.

Fotos, Concha Ortega: