30-12-2014. ¿Cuántos países atraviesa el ecuador?

Quien siga este blog sabrá de sobra que hace algunos días estuve en el Ecuador país y en su línea más famosa: el ecuador terrestre, el paralelo más largo del planeta.

Dentro de las preguntas que me hago, y que sé de sobra que antes se han hecho millares de personas, tuve la inquietud de saber por cuántos países pasa el ecuador, que adquirió este nombre porque fue en este país donde se realizaron las principales investigaciones para determinar su ubicación.

A pesar de ser tan largo, son las aguas de los océanos Pacífico, Atlántico e Índico las que ocupan mayor extensión del ecuador. De hecho, en América solo pisa tres países: Ecuador, Colombia y el gran Brasil. En África hay varias naciones: Santo Tomé y Príncipe, Gabón, la República del Congo, la República Democrática del Congo, Uganda, Kenia y Somalia.

Las islas Maldivas son el único país cien por cien asiático que cruza el ecuador, ya que Indonesia comparte territorio entre Asia y entre Oceanía. En este último contiente, además, las islas Kiribati se hallan exactamente en la mitad del mundo.

Por tanto, hay cuatro continentes atravesados por el ecuador. De los siete, los únicos que están completamente en el hemisferio norte o en el hemisferio sur son Europa, América del Norte y la Antártida.

29-12-2014. El aeropuerto con mayor tráfico del mundo

El 10 de diciembre de este año pisé por primera vez en mi vida el aeropuerto Hartsfield-Jackson de Atlanta, donde he vuelto a estar hoy. Me extrañó que para viajar a Quito desde Miami tuviera que hacer escala en la capital de Georgia. Una vez que pisé el aeropuerto, me extrañó menos. Me resultó impresionantemente inmenso, con pasillos larguísimos, miles de personas y, lo que más me gusta, con pantallas de salidas y llegadas repletas de nombres de ciudades. Sobre todo, de Estados Unidos.

A los pocos días, me comentó mi compañero de viaje Nacho que Atlanta era el aeropuerto con mayor número de pasajeros del mundo. Y así es. Atlanta no es la ciudad que más pasajeros mueve, ya que Londres, Nueva York o Tokio la adelantan gracias a que tienen varios aeropuertos. Pero como instalación única, ninguna se acerca a los 94 millones de pasajeros anuales del Hartsfield-Jackson en 2013. Ese poderío se debe sobre todo a los vuelos nacionales, donde Atlanta no tiene rival, pero cada vez hay más vuelos internacionales y, lo que es más importante, a precios muy competitivos. Al menos, por mi experiencia y por lo que me dijeron en Ecuador, país al que cada vez llegan más europeos vía Atlanta.

Leer reportaje en ABC sobre los aeropuertos de 2014

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Cap. 21. 29-12-2014. Ecuador (y 21). En Atlanta

La ciudad de los iconos

Del mismo modo que me sucedió en la ida, para volver de Ecuador me toca hacer escala en los Estados Unidos. Para ir, me detuve 20 horas en Miami y apenas unas pocas en Atlanta. Ahora, para volver, solo hago escala en Atlanta, en el aeropuerto de mayor tráfico del mundo. He tenido suerte y entre el aterrizaje y el despegue van a pasar más de diez horas.

Me ha dado tiempo a acercarme al centro a conocer algunos de los lugares de esta ciudad icónica: la Coca-Cola, la cadena de noticias CNN, Martin Luther King, Dominique Wilkins o el acuario más grande del mundo están en la ciudad que acogió los Juegos Olímpicos de 1996.

Está bien Atlanta para pasar así unas horas entre vuelo y vuelo. La mayoría de sus principales atractivos están en un paseo de cinco o diez minutos, todos alrededor del Centennial Olympic Park, el lugar donde se produjo el atentado durante aquellos Juegos, en el que fallecieron dos personas.

Además, el metro es rapidísimo desde el aeropuerto, tarda unos 20 minutos, y no es caro. Hay que bajarse en Five Points o, mejor en Peachtree. Como yo he llegado tan pronto, he tenido que hacer tiempo desayunando hasta que se ponían en funcionamiento los diversos lugares. El acuario abre a las 9.00 y, desde media hora antes, ya había cola para entrar, aunque nada que ver con la que se ha ido formando con las horas. Imagino que influirán las vacaciones escolares de los niños, pero en general me ha sorprendido bastante la gran cantidad de turistas que mueve Atlanta.

Como está todo tan al lado, he acudido a los estudios de la CNN. Se trata de un edificio inmenso en el que trabajan miles de personas y desde cuyo interior se tiene acceso a otro de los lugares que me hacía ilusión conocer: el Philips Arena, donde juega sus partidos el equipo de la NBA, Atlanta Hawks, entre otras escuadras de otros deportes. Todo este complejo arquitectónico está cubierto, con gran cantidad de tiendas y establecimientos, a pesar de que Atlanta tiene un clima mucho más benigno que las ciudades norteñas de Estados Unidos.

La Coca-Cola

A las 10.00 abría World of Coca-Cola, otra de las grandes atracciones turísticas de Atlanta. He llegado un poco antes y ya estaba en marcha. Cuesta definir lo que supone la Coca-Cola, aunque supongo que ya lo habrán intentado millones de personas. No hay una marca tan conocida en el mundo desde hace tantas decenas de años. Por lo que vi, y por lo que me imaginaba, la relación entre Atlanta y esta bebida es estrechísima, supongo que se tienen mucho que agradecer mutuamente.

He estado algo más de dos horas viendo el ‘museo’. Se puede ver la caja fuerte en la que en teoría se guarda la fórmula secreta del producto y hay un par de proyecciones cinematográficas, una de ellas en tres dimensiones. En otra sala, en la que más rato se quedaba la gente, se exhibían multitud de anuncios de los diversos productos de esta marca, de muchísimos países. Para acabar, antes de pasar por la tienda, hay una gran sala en la que es posible probar, fresquísimas, más de un centenar de bebidas de Coca-Cola. Hay que tener cuidado para que el estómago no se termine haciendo un revoltillo.

Un poco alejado del foco principal de las atracciones de Atlanta se encuentra otro de los sitios ineludibles de la ciudad: el Sitio Histórico Nacional de Martin Luther King. He tardado aproximadamente media hora a pie. A nada que se sale del centro, ya no hay casi nadie por las calles. Una vez llegados al Sitio, todas las atracciones ya están cerca: la casa donde nació, su tumba, la iglesia bautista Ebenezer o el Salón de la Libertad, en el que se puede leer la historia de uno de los principales luchadores del siglo XX por los derechos humanos. Ver web oficial.

En los próximos días escribiré algunas notas en el bazar sobre cosas que me han llamado la atención de Atlanta. He abandonado el centro de la capital de Georgia ya pasado el mediodía. Mi último avión del viaje de 21 días partía a las 18.10. Entre el tiempo de viaje y el cambio horario he llegado a Madrid, sin apenas conocer el sueño en los dos últimos días, a las 8.00. Ya estoy prácticamente recuperado.

28-12-2014. Vivan los aeropuertos con wifi gratuita e ilimitada

No quiero ser injusto porque los tiempos cambian muy rápido y a lo mejor ya está todo solucionado, así que no voy a dar nombres.

En mis anteriores viajes por el mundo, en los que he recorrido bastantes aeropuertos, me encontraba con que unos no tenían wifi. En otros había que pagar algo. En un tercer grupo, metiendo unas claves y tu número de vuelo te daban media hora de internet.

Por eso me ha dado tanta alegría cuando un empleado del aeropuerto de Quito me ha respondido sendos síes a las siguientes preguntas: “Hola, ¿hay wifi en el aeropuerto?” y “¿pero es libre y sin límite de tiempo”.

Supongo que dentro de un tiempo nadie se atreverá a hacer esas preguntas en aeropuertos internacionales.

Cap. 20. 28-12-2014. Ecuador (20). En La Mitad del Mundo

En el puro centro del Planeta Tierra

Hasta la vista, Ecuador. Estoy ahora mismo en el punto de entrada y de salida de la mayor parte de tus visitantes extranjeros, en el aeropuerto Mariscal Sucre de la capital Quito. Han sido casi tres semanas en las que me lo he pasado en grande, solo y acompañado, y que están a punto de terminar.

Podría dedicarme a llorar por eso, pero lo que voy a hacer es escribir unos párrafos de lo que hemos hecho hoy 28 de diciembre, día de los Inocentes tanto en España como en Ecuador.

Como recordarán nuestros lectores, ayer nos acostábamos en Otavalo, así que en Otavalo nos hemos despertado hoy. Los tres a la vez: Marta y Nacho a entrenar y yo a nada en concreto. Eran las ocho de la mañana. Ha ido todo más o menos rápido, y a las 10.45 estábamos montados en un nuevo autobús.

En menos de dos horas estábamos en Quito, en la estación de Carcelén, donde hemos cogido otro autobús hasta la de Ofelia. Un tercer vehículo nos ha trasladado hasta nuestro destino de hoy: la Mitad del Mundo. Se trata de la atracción turística más visitada de Ecuador y, efectivamente, todo lo que rodea este complejo está ideado para el turista que visita este precioso país y que ha decidido pasar un par de días en Quito.

Un atractivo que no necesita adornos

La Mitad del Mundo se encuentra a menos de una hora al norte del centro de la capital. Su principal atractivo no necesitaría ningún adorno: por ahí pasa el ecuador terrestre, de repente estás en el hemisferio Norte y de repente estás en el hemisferio Sur. Lógicamente, el ecuador se atraviesa en otros muchos puntos del país, pero donde está la atracción es aquí, donde hemos ido nosotros.

Hay un gran museo etnográfico de Ecuador, coronado por una bola del mundo. De la puerta del museo sale una línea amarilla. Esa línea es lo que más llama la atención de todos los que visitamos este lugar. El centro del mundo, el paralelo más largo de cuantos existen, el que tanto costó encontrar a generaciones de científicos durante siglos… Hay algo de místico en la visita a este lugar.

El complejo también incluye unas espectaculares maquetas de las ciudades de Quito y de Cuenca, de sus respectivos cascos históricos. También hay una bonita colección de fotografías de gran tamaño de algunas de las principales montañas de Ecuador y del mundo. Otro museo recoge algunas pinturas y esculturas del artista quiteño Oswaldo Guayasamín. En otro se hace una breve introducción a la historia de la medición de la Tierra.

Hay incluso una agencia de viajes para hacer cortas excursiones a algunos puntos de interés de los alrededores. Tampoco faltan una peculiar plaza de toros, llamas, un tren turístico, algunos restaurantes…

Unas tres horas hemos estado en el lugar. Un nuevo autobús (ya no sé cuántos habré podido coger en estas tres semanas, y me quedan dos más) nos ha trasladado al centro de Quito. Tenía tiempo de sobra para tomar algo con Nacho y Marta antes de despedirnos después de estos seis días tan bonitos.

Aquí sigo, en el aeropuerto. Todavía queda una pequeña sorpresa antes del regreso al hogar, no sé si podré escribirla mañana o pasado mañana.

27-12-2014. Los reductores de cabezas

He tenido dos experiencias relacionadas con los reductores de cabezas durante mi estancia en Ecuador. La primera, en las selvas amazónicas de Pastaza, hace unos días. Allí conocí que los indígenas de la tribu shuar reducían las cabezas de los jefes de los grupos vencidos. Estos grupos pasaban a formar parte de los vencedores.

La segunda experiencia ha sido hoy, en el mercado de los sábados de Otavalo. En un puesto se veían reproducciones de cabezas reducidas, hechas con piel de chiva. El olor era muy fuerte, pero la chica que las vendía nos dejaba claro que eran simplemente eso, imitaciones.

Es un ritual antiquísimo, pero que se mantuvo con el paso de los siglos hasta hace unos cuantos decenios, en las selvas de Perú y Ecuador, debido al comercio de esas reducciones. Las cabezas cortadas se quedaban en la tercera o cuarta parte de su tamaño original.

Las reducciones de cabezas (wiki)

Cap. 19. 27-12-2014. Ecuador (19). En Otavalo

Paseos entre cientos de puestos del mercado

Último día realmente completo en Ecuador. Ya pronto vuelo. Definitivamente, Otavalo es un buen lugar para pasar las últimas horas en este país que tanto me ha gustado. Está cerca de Quito y tiene atracciones de sobra para pasar tres o cuatro días. Nosotros vamos a pasar solo dos, pero no hemos salido a ninguno de los numerosos lugares que hay a escasos kilómetros, básicamente lagunas y montañas, o el parque de los cóndores.

La verdad completa es que esta mañana sí hemos estado en la cascada de Peguche. Nada más levantarnos nos hemos enfundado zapatillas y pantalón corto para trotar por los alrededores. El que parece el dueño del hostal nos ha enviado a la cascada de Peguche.

Ha sido un acierto. Se tarda aproximadamente media hora en llegar hasta el poblado indígena, primero, y hasta las fuentes termales y la cascada, después. Todo ello se ubica en un bonito parque-bosque, cuidadísimo, muy verde y repleto de senderos para correr. No hay ninguna foto porque íbamos sin la cámara.

Ellos han seguido corriendo por esos senderos mientras yo he vuelto de paseo por la Panamericana. Nos hemos dado cuenta de que Otavalo es más grande de lo que pensábamos.

El mercado

Esa certeza la hemos confirmado después de los estiramientos y la ducha en el hostal. Hoy es sábado, el día grande en Otavalo. Todos los días de la semana hay mercado, pero los sábados se multiplica hasta la exageración el número de puestos.

A ello hemos dedicado las siguientes horas de hoy, a andar y andar entre belenes de madera, zapatillas, imitaciones de cabezas reducidas al modo Shuar, imanes, máscaras, telas de miles de colores, vestidos, sombreros, gorros de lana, preciosos juegos de ajedrez, pendientes… El mercado tiene cientos de puestos desde primera hora de la mañana hasta las cuatro de la tarde.

Hemos comido en las mismas calles del mercado: carne de chancho (cerdo) con maíz, aguacate, patata y tortilla. Es tan barato y está tan bueno…

El día de hoy ha consistido en pasear Otavalo. Después de comer, hemos bajado hasta la terminal de autobuses para organizarnos el día de mañana. A la vuelta hemos conseguido hielo en una heladería, después de haber preguntado en no sabemos cuántos sitios.

Tanto trote matutino y tanto paseo posterior han terminando dando con nuestros cuerpos en las camas pasadas las cuatro de la tarde. La siesta nos ha dado las fuerzas necesarias para seguir recorriendo nuevas zonas de Otavalo durante otra hora más. Hemos subido a un mirador muy cercano, después de pasar por una ermita excavada en la roca. Una imagen de la Virgen de Montserrat parece flotar sobre el agua dentro de la gruta.

Ya lo teníamos casi todo hecho. Solo nos quedaba tomar algo en uno de los bares de la ciudad, como así ha sido. Nos apetecía cenar en el hostal pero no cocinar. Hemos comprado tres papipollos (pollo con patatas) en El Pollazo, y nos hemos venido a nuestro hogar en Otavalo durante estos dos días. En él estamos ahora, entreteniendo nuestras últimas horas. Mañana cambiamos de ciudad y, alguno, de país.

26-12-2014. ¿Cuántas montañas tiene Ecuador por encima de los 5.000 metros?

El Chimborazo y el Cotopaxi son las dos montañas más altas y famosas de Ecuador. Los Ilinizas también tienen su fama, quizás por su cercanía con Quito, o por su silueta de cimas gemelas.

Junto a ellos, he descubierto estos días en Ecuador algunas otras cimas altísimas, casi tanto como el Cotopaxi: el Cayambe y el Antisana. Además, he visto de cerca el Tungurahua y no he pasado nada lejos del Sangay.

Todo ello me ha hecho preguntarme cuántas cimas tiene este país por encima de los 5.000 metros. La respuesta no ha podido ser más redonda: diez.

Los diez cincomiles de Ecuador (inglés)

Cap.18. 26-12-2014. Ecuador (18). En Otavalo

Acercándonos al final del viaje

Ya estamos en plena recta final del viaje. Si fuera justo elegir un momento cumbre del mismo, quizás fuera la ascensión de ayer al Cotopaxi. Además, situada tan cerca del final, parece que el resto de los días son solo la plataforma de despegue antes del regreso.

No por ello vamos a dejar de disfrutar los últimos lugares. Ayer dedicamos el día a descansar en Latacunga después de bajar del volcán. Esta mañana también ha sido tranquila. Mientras Nacho y Marta se han ido a entrenar, yo he dado mi último paseo por la ciudad que al final mejor voy a conocer en Ecuador.

Algunos regalos

Alrededor de las 11.30 nos hemos ido del hostal en el que nos hemos alojado todos estos días. A la cartera y a la botella de vino que nos habían regalado anteriormente, hoy han añadido una pulsera para cada uno además de todos los cafés y los chocolates que nos hemos tomado estos días. Hemos estado a gusto en Latacunga.

Nos hemos dirigido con todas nuestras mochilas a la terminal de autobuses de la empresa Cita. Más tarde de lo que esperábamos, a las 13.15, ha partido nuestro vehículo hacia Otavalo, sin necesidad de pasar por Quito. Hemos llegado a nuestro destino a las 17.15.

Otavalo está llenísima de gente. Es otro de los sitios turísticos por antonomasia de Ecuador, lo que se nota de sobra nada más llegar a las calles céntricas. Hay cantidad de hostales de todos los precios. En el que nosotros nos hemos quedado finalmente, en apenas diez minutos han entrado dos personas preguntando por habitaciones para 20 y 40 personas.

Instalados ya, nos hemos dado un paseo hasta la plaza de Los Ponchos, muy famosa por la gran escultura de tres personas vestidas al modo tradicional pero sin establecimientos en los que entretener el tiempo. Otavalo es conocida principalmente por la artesanía de cuero y de lana, y en el poco rato que llevamos aquí ya nos hemos dado cuenta.

Buscando hielo para acompañar el vino de Latacunga y la bebida de cola que hemos comprado, hemos recorrido buena parte del centro de Otavalo. El paseo ha sido bonito pero improductivo: ni en los grandes supermercados ni en las pequeñas tiendas de barrio (ni siquiera en la del señor Díaz, en la que todo el mundo confiaba) hemos sido capaces de encontrarlo. Su sustituta tampoco nos disgusta.

Sí tenemos ya la comida que vamos a preparar en breve en la cocina del hostal. Hoy ha sido un día de transición. Mañana conoceremos un poco Otavalo.

Cap. 17. 25-12-2014. Ecuador (17). El Cotopaxi

Sorianos en la cima del segundo pico más alto de Ecuador

Se me cierran los ojos. Hoy ha sido uno de los días más intensos que he protagonizado. Para empezar, y por primera vez en mi vida, me he levantado ayer. Aunque me estoy durmiendo, voy a escribir la crónica de la coronación del Cotopaxi (5.897 metros, la segunda cima más alta de Ecuador) antes de atender a la invitación de la cama.

Ayer 24, día de Nochebuena, nos metíamos en los sacos de la tienda de campaña a las 18.30. Estábamos a 3.900 metros de altitud, en el Parque Nacional Cotopaxi. Pasadas las 21.40, nos llamaban los guías. Para subir el Cotopaxi hay que hacerlo de noche, antes de que la nieve empiece a derretirse y la aventura se convierta en odisea.

A las diez de la noche, mientras todo Ecuador estaría de cena de Nochebuena, nosotros desayunábamos queso, yogur, cereales, pan y agua. Nosotros somos Nacho, Marta y yo.

Terminado este desayuno nocturno, los guías nos llevan a 4.600 metros. Los guías son obligatorios en todas las montañas ecuatorianas por encima de 5.000 metros. Aquí en el Cotopaxi, cada guía puede llevar un máximo de dos personas. Los nuestros son Jaime y Raúl, hermanos, con los que contactamos a través de la agencia que tenemos al lado del hostal en Latacunga, Tierra Zero.

Poco después de las 23.00 horas, empezamos a andar a esos 4.600 metros. El tramo inicial es de tierra, ya empinado, y termina en el Refugio José Ribas, que ahora está terminando sus obras y abrirá en enero. En el refugio nos ponemos arneses, polainas, casco…

Salimos de allí a la medianoche, y en menos de una hora alcanzamos el glaciar del Cotopaxi, a 5.000 metros. Allí termina nuestro equipamiento: crampones, piolet y encordamiento: Marta con Jaime, Nacho y yo con Raúl.

Hasta entonces habíamos ganado 400 metros con relativa facilidad, protegidos siempre por un millón de estrellas. Al norte, no muy lejos, se ven las luces de Quito.

Comienza el avance en el glaciar después de la 1.00. Notamos que es cuesta arriba, pero los frontales no nos terminan de hacer una idea de las pendientes que estamos salvando. Lo descubriremos a la bajada, ya con luz solar.

Desde los 5.000 hasta los 5.897 metros ya no nos quitamos los crampones, a pesar de que hay un pequeño tramo de tierra alrededor de los 5.100. Nuestra siguiente parada es a los 5.400. Hay pocos lugares para reposar con comodidad cinco personas.

Ya hemos salvado 800 metros de desnivel y nos quedan 500. Somos los primeros en avanzar, aunque abajo vamos viendo varias luces. Un irlandés que viajaba con nuestra empresa, pero con guía aparte, nos alcanza cada vez que paramos a descansar.

Yo ya estoy bastante cansado de piernas y de pulmones, pero contento: no me duele nada la cabeza. A la altura del 5.600, Nacho no puede decir lo mismo. Lo empezó a notar antes pero llega un momento en el que hay que comentárselo a los guías. Aunque el día anterior nos avisaron de que en estos casos lo prudente y honesto es bajar, en vista de su fortaleza, de que el dolor no es insostenible y de que no queda muchísimo para la cima le animan a seguir.

Nos adelanta el irlandés

Acepta. Nuestro avance ya es más lento, también porque yo lo voy solicitando para recuperar el ritmo de la respiración. Nos adelantan el irlandés y su guía.

Las pendientes son cada vez más fuertes y la concentración de oxígeno, cada vez menor. Pasado el 5.700, vuelve a aparecer la intensidad del dolor. Quedan menos de 200 metros. Avanzamos otra pendiente (no hay descansos en condiciones en toda la subida) y decide regresar al coche cerca del 5.800. Raúl se vuelve con él y yo me engancho a la cordada de Jaime y Marta.

He buscado en internet y en ningún lugar he visto que vayan a quitar en breve el Cotopaxi. Ni el Chimborazo. Ni el Ojos del Salado, ni el Vinson, ni el Puig Campana, el Cervino, el Naranjo, el Ama Dablam, el Puncak Jaya, Monte Perdido…

No se ve nada más allá de las estrellas, la nieve que alumbra nuestro frontal y, arriba, las luces del irlandés y su guía. Para mi gusto, demasiado arriba. Jaime asegura que nos quedan 15 minutos para coronar y resulta ser verdad. Nos abrazamos y disfrutamos unos minutos de la amplia cima. No hace mucho frío. Hemos llegado alrededor de las 5.15, seis horas y cuarto después de haber echado a andar. Para Marta es su primera experiencia con crampones y en alta montaña, pero parecía la centésima.

Podemos ver entre penumbras el cráter del Cotopaxi, y no mucho más. Quien vaya con algún grupo que llegue de día a la cima, podrá ver buena parte de Ecuador y la mayoría de sus montañas más altas. Nosotros, bajando, hemos visto entre otros los Ilinizas y el Antisana, emergiendo entre las nubes. El regreso ha durado dos horas y cuarto, así que hemos estado unas ocho horas y media de caminata.

El Cotopaxi asequible

Es habitual leer que el Cotopaxi es una de las montañas más asequibles de Ecuador simplemente porque se puede acceder a su cima caminando. Quizás por eso tenga ese nivel tan alto de retiradas, alrededor del 50% según calcula Jaime. Hoy hemos llegado el irlandés y nosotros dos, nadie de los grupos que venían de abajo. Hay que estar en forma y tener suerte con el apunamiento.

La única ruta comercial es la que hemos hecho nosotros, por la cara norte. También ha sido Jaime el que nos ha dicho que la llaman ‘La Rompecorazones’. Escuchando los nuestros según subíamos ya sabemos bien por qué.