Como he escrito en muchas ocasiones, mi medio favorito de locomoción es el tren (leer). Sin embargo, he decidido venirme a vivir a la ciudad con menos trenes de España, Soria.

He cogido el tren de Soria (desde hace unos años se dice ‘el’ tren porque no hay otro, solo el que va desde aquí a Madrid) más veces que la mayoría de las personas. Hace poco cambiaron el horario y me viene peor, pero intento seguir cogiéndolo.

Siempre que salen las conversaciones sobre el tren en los bares de Soria, la mayoría de las personas que hablan sobre él no lo han cogido nunca. Tiene fama de ser caro, lento, presto a la demora y de que se estropea más de la mitad de las veces.




Lo más fácil de defender es esto último: no se estropea más de la mitad de los veces. Probablemente, ni siquiera el 2% de los viajes, pero seguro que el porcentaje es superior al de la mayoría de las líneas españolas. También es normal, las cosas viejas tienen más averías que las nuevas.

¿Caro? Es cierto, un poco más que el autobús, aunque los que tenemos algún descuento nos sale parecido. ¿Lento? No es muy rápido, pero ahora mismo tarda casi lo mismo los autobuses que entran al aeropuerto. ¿Presto a la demora? Eso lo solucionó Renfe hace unos meses cuando cambió los horarios: en vez de poner que tardaba dos horas y tres cuartos, empezó a poner que tardaba tres horas, lo cual se acerca más a la realidad.

Echando una cabeza en el tren de Soria

Echando una cabeza en el tren de Soria

¿Cuál es el futuro del tren en Soria? Cuesta saberlo. Si fuera una cosa privada, sería fácil: llevaría cerrado varios años.

El problema, más que la lentitud o el precio, son los horarios. La oferta es demasiado reducida y, con la fama que tiene el tren en Soria gracias a las continuas desatenciones que ha sufrido, no creo que pongan más servicios.

Toda esta entrada está inspirada en un nuevo caso, esta vez sí, de avería en el tren. Cuando venía de Madrid a Soria, el de la tarde de antes de ayer de miércoles, se paró en Almazán y decidió no arrancar. Allí seguía ayer jueves.

Esto me ha recordado a uno de los ejemplos pequeños pero claros de los pocos quebraderos de cabeza que les da el tren de Soria a los responsables del mismo: cada vez que, en cualquiera de los dos sentidos, la siguiente parada es Almazán, por megafonía puede escucharse: “Próxima parada: Almanzán Villa”. Así, con dos ‘enes’. Realmente, a mí me parece divertidísimo y merece la pena coger el tren hasta Almazán solo para escuchar eso. Ojalá ese fuera el mayor problema.

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