Rifirrafe esta mañana en Teherán
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15-3-2018. El tráfico en Teherán

En realidad, podía escribir del tráfico en Irán, al menos de sus ciudades más grandes, pero, en el caos general, Teherán destaca.

Ya nos habían advertido de que el tráfico no era una de las grandes virtudes de este país. Dentro de que lo hemos comprobado durante nuestra estancia en él, todavía hay otros países en Asia o África que lo ‘superan’.

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En las grandes ciudades, los coches se van juntando poco a poco y, cuando uno encuentra un recoveco, se mete para ganar la posición, generalmente ayudado con el claxon. Es raro ver a un coche haciendo un recorrido de unos cuantos cientos de metros en línea recta, a pesar de que las avenidas aquí en Teherán son inmensas.

A los coches y furgonetas hay que añadir dos elementos. El primero son las motos, tan habituales en Irán como en tantos países. Sus pilotos son capaces de encontrar huecos donde Laudrup solo habría visto oscuridad, muchas veces con uno o dos compañeros de sillín, hablando por el móvil o transportando algunas mercancías. Y, además, en muchas ocasiones, es posible ver motocicletas circulando dentro de la calzada en sentido contrario (los coches lo hacen a veces marcha atrás).

El segundo elemento, lógico en ciudades tan habitadas como son las principales iraníes, son los peatones. Los semáforos solo existen en los cruces de mayor tamaño, y allí se respetan algo.

Pero en la gran mayoría de los cruces y en muchos otros lugares de la vía, lo único que hay son pasos de cebra. Es como si no existiesen.

Para cruzar, como sucede en tantos países del mundo, hay que ir metiéndose poco a poco en la calzada, indicando con la mano a los coches que por favor se paren. Aun así, hay que ir dando pequeños acelerones mirando siempre después de cada coche superado para que no haya una motocicleta en ninguno de los dos sentidos, en el correcto y en el que le conviene al motorista.

En la crónica de hoy he puesto tres o cuatro fotos tomadas en apenas unos minutos en una calle un poco ancha de Teherán, ni de lejos de las más transitadas.

Todo este tráfico, además de una contaminación atmosférica nada buena, genera una contaminación acústica (sobre todo por las motos) que hace casi imposible mantener una conversación normal en la acera.

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