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15-1-2020. El rinoceronte asesino de Madrid

Paseando por el centro de Madrid, mirando los nombres de las calles, lo primero que hace uno es asombrarse con lo bonitos que son los carteles.

Lo segundo, preguntarse el origen de los nombres.

Una de las calles más céntricas de la capital se llama Abada. Aparece retratado un rinoceronte. 

Abada, supongo que de los pocos términos españoles procedentes del malayo (a través del portugués), es una palabra desusada para referirse a este imponente mamífero al que ahora mismo ya todos estamos acostumbrados. 

No sucedía lo mismo en el siglo XVI, cuando unos feriantes portugueses trajeron a Madrid un rinoceronte y lo exhibieron en las eras de San Martín, entre las actuales calles Preciados y Gran Vía, un terreno que todavía era campo.

Cada madrileño debía pagar dos maravedíes por ver al animal.

A partir de aquí se confunden las historias. La más trágica comienza cuando el hijo de un hornero ofrece al rinoceronte un trozo de pan a alta temperatura, lo que enfurece a la abada, que mata al niño. En ese lugar se erigió una cruz ahora desaparecida.

Expulsados los portugueses, en algún momento aprovecha el rinoceronte para escapar. En su huida debió de terminar con la vida de unas veinte personas más si son ciertas las historias que se han mantenido con los siglos.

Finalmente, los propios portugueses pudieron atrapar al animal en Vicálvaro, en aquella época también un lugar totalmente campestre aunque ya con población asentada.

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