Con Juan, en uno de los avituallamientos
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12-9-2019. UTMB – La Cima del Trail Mundial (y 6)

Sexta y última entrada de las andanzas de Óscar Puerta en los Alpes, después de haber finalizado con éxito el Ultra Trail del Mont Blanc.

Texto de la última crónica acompañado de fotografías, en el blog de Los Pelendores

Crónica completa, con las previas

«UTMB, el sueño de las 100 Millas

Hay que ver cómo es esto de las medidas. 1 metro son 100 centímetros, 1 Kilómetro son 1.000 metros. Una Legua son unos 5’5 Kilómetros o 5.542 metros, pero, y ¿la milla…? ¿Cuánto mide la milla? Mucho más que la tuya jajajajaja. Este ha sido el chiste que me ha acompañado desde hace tiempo hasta hoy.

1 milla son unos 1.609 metros o 1.760 yardas. Es decir que 100 millas (que era el sueño) serían unos 160 Kilómetros. Pues bien, se ha tomado como referencia que 100 millas son unos 168 kilómetros. Yo estoy preparado para empezar el reto de los 171 kilómetros, algo más de 100 millas pero como si fuera lo mismo. 

Por fin llegó el día esperado. Después de tanto soñar durante tantos años era el momento de hacerlo realidad. El sueño estaba a punto de cumplirse. Ha llegado la carrera de las carreras, la UTMB, en Chamonix, la cima del Ultratrail Mundial. Esa carrera en la que llevaba varios años intentando participar y el sorteo no me lo permitió. Esta vez era la mía. Y ni qué decir tiene que no solo es el día, sino que llevo ya disfrutando de toda una semana de trail, llena de emociones y sensaciones que estaba deseando vivirlas y las estaba viviendo. 

Empezaré haciendo un resumen, a modo de introducción, de las carreras que se celebran durante toda la semana con distancias y desniveles y de donde sale cada una, ya que la llegada es siempre Chamonix (a excepción de la YCC que es Courmayeur):

A día de hoy, las 7 carreras son las siguientes:

PTL®: La Petite Trotte à Léon (300km y 25.000m D+). Salida el lunes 26 de agosto a las 09:00 – Chamonix (FR). Es por equipos de 2 o 3 corredores hasta un máximo de 300 corredores. En autonomía completa y en 151 horas y 30 minutos como máximo. Salieron 117 equipos, abandonaron 26 y llegaron a meta 91. La curiosidad de esta carrera es que las inscripciones se hacen con la presentación de un dossier dando fe de la experiencia previa de cada participante, la experiencia técnica en montaña, el pasado deportivo y la motivación del equipo. 

–MCC: Martigny Combe (Suiza) – Chamonix (40km y 2.300m D+). Abierta a 1.000 corredores. Aunque es la segunda por orden, se puede decir que se inicia la gran semana del Trail con ella. Está reservada prioritariamente al voluntariado del UTMB®, soci@s y a corredores locales. 

TDS®: Sur les Traces des Ducs de Savoie (145km y 9.100m D+). Salida el miércoles 28 de agosto a las 04:00 – Courmayeur (IT). Abierta a 1.600 corredores – en semiautonomía y en 42 horas como máximo. Este año tenía recorrido nuevo, han aumentado 20 kilómetros y cerca de 2.000m D+, a mi modo de ver creo que es mucho. Salieron 1.785, abandonaron 694 y llegaron a meta 1.091.

YCCYouth Chamonix – Courmayeur (15km y 1000m D+). Salida miércoles 28 de agosto a las 10:00 – Courmayeur (IT). Hacen una prólogo el día anterior en Chamonix. Abierta a 300 corredores – en autonomía total y en 4 horas como máximo – reservada a corredores entre 16 y 22 años. Entre las 3 categorías salieron 255 (154+78+23) y solo abandonaron 4, el resto llegaron tod@s a meta.

OCCOsières – Champex – Chamonix (56km – 3.500m D+). Salida el jueves 29 de agosto a las 08:15 – Orsières. Abierta a 1.200 corredores – en semiautonomía y en 14 horas 30 minutos como máximo. Salieron 1.605, abandonaron 131 y acabaron 1474.

CCC®Courmayeur – Champex – Chamonix (101km – 6.100m D+). Salida el viernes 30 de agosto a las 09:00 – Courmayeur (IT). Abierta a 1.900 corredores – en semiautonomía y en 26 horas 30 minutos como máximo. Salieron 2.132, se retiraron 554 y acabaron 1.578.

UTMB®Ultra-Trail du Tour du Mont-Blanc (171km – 10.000m D+). Salida el viernes 30 de agosto a las 18:00 – Chamonix (FR). Abierta a 2.300 corredores – en semiautonomía y en 46 horas 30 minutos como máximo. Salimos 2.543, 987 se retiraron y llegamos a meta 1.556.

Normalmente, salen más corredores de los que se permiten apuntar ya que se reservan algunas plazas para atletas de élite, patrocinadores y soci@s de la carrera.

En medio de la semana, el miércoles, hacen la MINI UTMB. Los mismos siete nombres de carreras aunque distancias y desniveles adaptadas a las edades de las futuras promesas del Trail. Todas gratuitas.

Dicho esto voy a seguir por donde lo dejé.

Antes, os quiero decir que, quien me conoce, ya sabe que me gusta pasar tiempo en la naturaleza y que desde hace mucho tiempo pensaba en el momento de poder hacer frente a la carrera de Ultra-Trail por excelencia, el UTMB – Ultra-Trail du Mont-Blanc. Hacer 100 millas rodeando el macizo del Montblanc. Después de varios años intentando entrar en el sorteo y sin fortuna por fin me había sonreído la suerte y he podido plantarme en la línea de salida para intentar completar ese sueño.

Este año no ha sido mi mejor año. Entre otras cosas, tuve una lesión de rodilla cuando conseguí los puntos que me faltaban para el pase al sorteo. Al tocarme fue una mezcla de emoción porque por fin llegó el momento y a la vez miedo de no saber si podría recuperarme a tiempo de la rodilla. Fueron pasando los días, los meses y la cosa no mejoraba lo que yo esperaba.

Cada vez estaba más cerca el momento y la rodilla aún no estaba preparada. Necesitaba entrenar algo para afrontar los 171 kilómetros y 10.000m D+. Quedaban menos de cuatro meses y no había empezado a entrenar para la gran cita. Sesiones de fisios, osteópatas y amig@s me han ayudado a tener la cabeza preparada para el momento.

Viernes 30 de agosto

He intentado dormir después de comer pero ha sido imposible. Falta más de una hora, pero los nervios ya no me dejan estar en el apartamento. Llego a las inmediaciones de la salida y Chamonix está a rebosar. Me sorprende que no hay ni control de dorsal, ni material ni nada. Intento avanzar para por lo menos ver el arco. Empieza a llover. Sacamos el impermeable, nos apretamos más si cabe y aguantamos los nervios como se puede, intentando disfrutar bajo la lluvia sin mojarnos mucho.

Es en estos 60 minutos donde te acuerdas de lo que has tenido que hacer para llegar hasta aquí y agradeces a todas las personas que te han ayudado a que sea posible. No he querido contestar las llamadas y mensajes de ánimo por miedo a no ser capaz da aguantar la emoción, pero ha sido un chute impresionante de energía ver tanto apoyo. Me encontraba con muchas ganas y quería empezar ya, la espera se estaba haciendo larga. 

Me doy cuenta que en el dorsal no está el perfil, a mí me ayuda mucho tenerlo. Hago unos pantallazos del perfil de la carrera por tramos, aunque sea para tenerlos en el teléfono y mirar de vez en cuando. Es por tranquilizar a mi cabeza.

No me lo creo pero estoy aquí, lo he conseguido. Catherine, directora de la carrera, a falta de unos 15 minutos nos da la bienvenida y nos anima solo por estar aquí. El cielo nos da una tregua y deja de llover, mis ojos ya no aguantan más y empiezo a llorar. Estoy en la salida, el sueño está conseguido.

Como suele ser habitual, no hay cuenta atrás, solo nos avisan cuando faltan 10 segundos. Suena la canción, esa que no suena en ningún sitio como aquí. Ahora sí que no puedo parar de llorar, la piel de gallina. Paso por debajo del arco y me doy cuenta de que es realidad. ¡Empezamos la aventura! Menos mal que no se puede correr de la gente que hay, aunque pronto empezamos a trotar.

El público nos anima, nos graba, nos hace fotos… Casi no puedo levantar la cabeza para disfrutar del momento de correr por las repletas calles de Chamonix. Con lo que lo estaba deseando y cómo me emocionaba. La emoción se me empieza a pasar al llegar a la zona de escalada, ahora tocaba empezar a disfrutar y esperar que todo fuera bien.

Primer avituallamiento en Les Houches, no paro. Las sensaciones eran muy buenas, quizás iba algo más rápido de lo que me aconsejaba todo el mundo pero me encontraba bien y mis piernas me pedían que siguiera con ese ritmo, sin prisas pero sin pausas.

Primera cuesta y empiezo a respirar un ambiente de máximo respeto a la carrera. No habla nadie, silencio absoluto, se rompe porque suenan los bastones de la gente que los lleva. Parece el Séptimo de Caballería. Todo el mundo lleva bastones menos yo, me empiezo a reír solo.

Al llegar a Saint Gervais (km 21), ya de noche, está lleno de gente. Me encuentro con un amigo, me ve supercontento y es que lo estaba. Me da un abrazo que me da fuerzas para seguir igual. El avituallamiento espectacular, paro un buen rato a comer y recuperar ya que es el primer punto de corte horario y he llegado una hora antes del cierre y bien. Contamines (km 31), siguiente punto en el camino, está a reventar, casi no cabemos.

Allí veo a Juan, qué ilusión me hace. No me lo esperaba, aunque sabía que estaba.

Me da mucha fuerza el hablar un rato con él. Está esperando a otro amigo suyo para hacerle la asistencia. Salí del avituallamiento cargado de energía para la subida que me esperaba a Col du Bonhomme.

Sábado 31 de agosto

Pasé por Notre Dame y ni me enteré, luego La Balme, donde empecé a inventarme bromas con este nombre que se parece a una calle de mi pueblo y no paraba de reírme solo otra vez. Me intentaba distraer.

De vez en cuando veía la cantidad de luces frontales que llevaba detrás. Era una auténtica culebrilla blanca. Chulísimo. Parecía la Vía Láctea. Así, pensando en las estrellas llegué arriba y tocaba bajada, rápida y en parte técnica, hasta Le Champieux. Luego un tramo duro hasta Col de la Seigne, al ser de noche era un poco aburrido pero iba pasando el tiempo y los kilómetros rápido y no me enteraba mucho. Además los avituallamientos y puntos de control estaban relativamente cerca. Mentalmente estaba muy bien, era la frontera entre Francia e Italia, allá por el km 60. Llevaba 1/3 de carrera, aún quedaba mucho, pero ya había completado una parte complicada.

Empezaba a amanecer y era una pasada. Qué lástima que las fotos no reflejen la belleza del momento.

Aunque entremedio estaba Lac Combal, lo siguiente que tenía en mente era Courmayeur. La noche se me había pasado superrápido y estoy con la adrenalina a tope. Llego a Courmayeur contento y animado (km80), se puede decir que el ecuador de la carrera. Allí recojo la bolsa de vida y me cambio de ropa por completo, me tomo mi tiempo. Como algo tranquilamente y veo que la cosa va muy bien. Paro igual algo más de lo que debía pero aunque estaba bien, lo necesitaba. Tocaba una buena cuesta y hay que coger fuerzas. Cuesta de asfalto. Al dejar el asfalto me fui recuperando, puse mi marcheta y adelantaba a gente en la subida. 

Me hace ilusión saber que he llegado a una de las zonas más bonitas de la carrera. Tocaba una fuerte subida al Refugio de Bertone y llegando allí era medio llanear trotando hasta el Refugio Bonatti que tenía muchas ganas de ir por lo que representa. (Para quien no lo sepa, Walter Bonatti fue un montañero italiano considerado como uno de los mejores alpinistas de la historia, que realizó numerosas ascensiones pioneras en los Alpes, Himalaya y Patagonia. Recibió el premio Piolet d’Or en 2009, uno de los premios de montañismo más importantes del mundo).

El tramo de Bertone a Bonatti se me pasó rápido, de hecho en el refugio de Bonatti casi ni paré de lo bien que me encontraba. Bebí un poco, unas fotos y a seguir.

Llegué a un punto clave, iba cómodo trotando pero en Arnouvaz empezaba una dura subida. Llegué medio mareado del calor. Creo que me estaba dando un principio de insolación. Me refresco bien, la cara la noto ardiendo. Paro un rato, como bien y me preparo para la subida a Grand Col Ferret (km 100). Es un punto psicológico y además el punto más alto de la carrera, 2.490 metros.

Me he aguantado, pero ahora me pongo la gorra y aunque hace sol también subiré con los manguitos puestos porque me está dando mucho el sol. La subida a Col Ferret es dura, me la tomaré con calma ya que hacía mucho calor y venía un poco tocado. Las vistas me ayudan, son espectaculares. Glaciares que ya no son lo que eran pero dejan su huella.

Viendo el perfil creía que Col Ferret era la cima de una montaña. Si hubiera parado a pensar, hubiera deducido que ‘Col’ en francés quiere decir ‘Collado’, así que era el paso entre dos montañas. No me di cuenta pero…qué contento me puse cuando vi las carpas de control y que no teníamos que subir más. Llegamos así a la frontera entre Italia y Suiza.

El descenso lo hago trotando y gestionando las fuerzas, aunque se hace largo. Llego a La Fouly (km 112) y veo que el otro de Sant Boi estaba ya en la Flégère, a punto de llegar a meta. Me alegro un montón y me da fuerzas… ¡Qué grande!

Si el amanecer ha sido bonito, el atardecer llegando a Champex-Lac (km 126) es espectacular. Seguimos trotando alrededor del lago, y llegamos a Plan de L’Au.

Tres subidas con sus tres bajadas y lo tenemos. Me animo aunque creo que esta es la subida más dura. Descanso un rato, como bien y empiezo la subida a La Giète. Se me hace eterna. Vuelve a ser de noche desde hace un rato y me cuesta. No es casualidad, hoy es Sant Ramon Nonat, me acuerdo de esos Sant Ramones y esas Rocas Negras que hago con mis compis para distraerme pero La Giète no llega nunca. Llegamos al punto más alto y no hay control. Me extraño y empezamos a bajar, de repente, La Giète, menos mal.

El descenso a Trient se me hace largo también. Se ven las luces desde muy arriba pero no se llega nunca. Lo que faltaba, me parpadea el frontal, me quedo sin pilas en la bajada, con lo bien que iba ahora. Paro, me ilumino con el móvil y no tengo apenas fuerzas en las manos para poner las pilas. Al final lo consigo, vuelvo a coger ritmo y por fin llego.

El avituallamiento, aunque lo conozco, me da un poco de bajón, está muy lejos. Casi un kilómetro desde que pasas el control, igual no era tanto pero se me hizo larguísimo. Paro y como tranquilamente aunque no mucho ya que al llegar a Trient (km 142) me da mucho ánimo saber que solo quedan unos 30 km para llegar a Chamonix y ya voy teniendo ganas de llegar. Me voy a cambiar otra vez de calcetines, noto ampollas en los pies, no sé si por los calcetines o por las zapatillas.

Por el perfil creo que viene la subida con más pendiente del recorrido, así que paciencia. No me equivoco, aunque tampoco se me hace tan dura, fue peor la anterior, de hecho hasta voy adelantando a gente.

Domingo 1 de septiembre

La bajada a Vallorcine me da de nuevo un subidón de adrenalina importante. Es un punto de referencia que ya me conozco y sé que estoy muy cerca.

Llego a Vallorcine (Km 153) y me anima todo el voluntariado del avituallamiento. Incluso hay uno que se sienta conmigo para que descanse y me dé cuenta de que ya prácticamente lo tengo. Se lo agradezco y salgo de allí crecido porque aunque lo hice de día, ya me lo conozco y sé que queda poco. Los primeros kilómetros hasta Col des Montets se me pasan muy rápido porque voy a buen ritmo, me separo cada vez más de quien viene detrás.

La última subida ya está aquí. Me lo tomo con calma porque sé que es dura, pero la última. Las piernas empiezan a flojear, veo a los lados del camino, entre las piedras, gente que ha parado a descansar, incluso a dormir algo. No son alucinaciones. “Tardaremos algo más pero llegaremos” dice mi mente. ¡Vamos! No tengo ninguna prisa y dejo que me adelante gente que va más rápido que yo, así de paso descanso algo.

Cuando vine a reconocer el terreno no se me hizo tan larga como ahora que se me está atragantando. Era de día y ahora es de noche. Pienso en los arándanos que cogí cuando vine a ver si me recupero. Intento cogerlos pero es que no me apetece de lo cansado que voy. No quiero gastar más fuerzas de las justas.

Por otro lado, pienso que igual lo que necesito es la fuerza del arándano que he estado pensando desde hace tiempo. Al final me decido y paro a coger unos cuantos. Eso hace que descanse, me entretenga en otra cosa y que con la fuerza de esos frutos llegue por fin a Tête Aux Vents. Alegría amarga. Empieza la bajada, que parece que va mejor, a La Flégère pero no recupero del todo. Es una zona de rocas grandes, de sube y baja en la que no puedo ir muy rápido, son pocos kilómetros pero se me hacen casi más largos que la subida.

Al llegar a La Flégère (km 163) sí que lo veo claro. Paro poco. Me vengo arriba, sé que quedan 8 kilómetros a meta. Adelanto a todas las personas que me han pasado en el camino hasta aquí. Tengo que ir con cabeza, una mala pisada me puede dejar sin la guinda del pastel.

Aprieto los dientes y doy lo que me queda. He recuperado la motivación y me quedan fuerzas. Es una bajada al principio por una pista de esquí y luego un sendero con unas zetas más técnicas con raíces y piedras, del estilo de las que ya hemos pasado. No paro de adelantar a gente que va más conservadora que yo. Llegamos a un bar que se llama Le Chalet. Me lo conozco. Ya es todo pista buena y empieza a amanecer.

Pasamos un puente hecho de andamios y piso el asfalto de Chamonix. Lo tengo. Lo he conseguido. Ahora sí que está claro. Vuelven las emociones y las lágrimas. No puedo dejar de llorar. Ya no adelanto más. Hay tres corredores delante que van muy lentos pero no los paso, me paro. Ando, pero mi cuerpo me pide correr, los vuelvo a coger, me vuelvo a parar. Me anima la poca gente que hay, me siento mal por no poderles dar las gracias porque no paro de llorar. Tengo un nudo en la garganta.

Queda menos de un kilómetro y disfruto de mi llegada. Estoy realmente contento, lo he disfrutado y lo he dado todo.

Son las 7 de la mañana y después de 37 horas paso por el arco de meta y… ¡¡¡siiiiiií!!!

¡¡¡Soy FINISHER de la Ultra-Trail du Mont-Blanc!!! ¡¡¡100 millas!!!

¡¡¡Me he comido el pastel con la guinda!!!

Disfruto del momentazo, de esta increíble llegada. Me seco las lágrimas, dejo de llorar. Mi cabeza mientras tanto no para de pensar en mil personas y momentos, en las horas de entrenamiento, en los momentos de sufrimiento pero, en fin, después de todo puedo deciros que ha merecido la pena. Cuando pones todas tus fuerzas en ello, los sueños se cumplen. He acabado y lo mejor de todo es que lo he disfrutado, pero mucho. He devorado los 171 kilómetros de estas 100 millas.

Me siento un privilegiado por haber tenido la suerte de estar en la salida, de poder venir y más aún de haberos tenido. El saber que habéis estado conmigo, que me habéis apoyado en todo momento en mi locura. Que habéis sufrido mi mal humor cuando las cosas no iban tan bien. Que habéis sufrido cada uno de los pasos que yo iba disfrutando. Que sufríais cuando se alargaba la espera en algún punto de control.

No voy a poder devolveros todo lo que me habéis dado durante este tiempo.

¡¡GRACIAS POR ESTAR AHÍ!!

Os dejo el enlace de la noticia publicada en desdesoria.es pinchando aquí y un vídeo resumen de lo mejor de la UTMB 2019, sólo escuchar la música me pone los pelos de punta y me hace volver a sentir lo vivido.

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