Holywins

Sonó el timbre y al abrir la puerta, el matrimonio encontró un grupito de niños plantados en el umbral.

– Vaya ¿Que tenemos aquí? – exclamó la mujer con una amplia sonrisa.

Los pequeños permanecían en silencio.

– ¿No se os habrá comido la lengua el gato negro? – añadió ocurrente.

– Ahora vosotros debéis preguntarnos ¿Truco o trato? Y os daremos un puñado de caramelos – intervino el marido mostrando la cesta repleta en forma de calabaza

Pero los críos seguían sin hablar.

La situación se antojaba cada vez más incómoda así que ella tomó de nuevo la palabra.

Son unos disfraces muy aterradores. Mira cariño, la niñita lleva los ojos en la mano.

Entonces ésta, con un hilo de voz, afirmó contrariada:

¡Soy Santa Lucia!

Y de pronto, entre el San Sebastián asaeteado y el San Pedro de Verón con la espada incrustada en la cabeza, un párvulo con hábito dominico vació un bidón de gasolina sobre la pareja horrorizada al ver como la titilante llama de la cerilla iluminaba sus aviesas sonrisas.

Nuevos tiempos

Fueron turistas japoneses los primeros en percatarse. Los feligreses que a diario visitan a la Virgen se lo comunicaron al Cabildo quien en seguida se puso en contacto con el Consistorio. A media mañana, la noticia ya había saltado a los diarios digitales. Las cúpulas desnudas de la Basílica habían amanecido pintadas con grafiti. Pero no se trataba de las acostumbradas firmas que salpican muros y fachadas de la ciudad sino que suponían una admirable continuación de las obras de temática mariana, ejecutada siglos atrás por Francisco de Goya y los hermanos Bayeu. Así, los vacíos techos se llenaron de simpáticos angelotes acompañando a una emotiva María. Desde Madrid, Antonio López emitió un comunicado desmarcándose de tal acción. Las cámaras de seguridad, modernizadas tras el atentado anarquista, desvelaron que fue obra de un grupo de jóvenes encapuchados. Solo con un potente zoom se pudo conocer que bajo las amplias sudaderas asomaban rojos faldones que recordaban a los que lucen los Infanticos del Pilar.

Ilustración tomada de goya.unizar.es

Lutia

Ante la Guardia Civil, el cazador de tesoros declaró no recordar donde halló la pieza requisada, una lámina de bronce de pocos centímetros con escritura celtibérica. Su deficiente estado de conservación impedía realizar una lectura completa. Tan solo se podía leer con cierta nitidez la palabra Lutia. Conocida la noticia del hallazgo, pronto las localidades que rivalizaban por considerarse la heredera de esta población prerromana solicitaron la propiedad de la plancha. Así, tanto Luzón como Luzaga, en Guadalajara, como Lubia, en Soria, se entregaron a una enconada disputa. Pero cuando se recordó que esta antigua ciudad no solo se negó a prestar ayuda a la Numancia sitiada por los romanos sino que su consejo de ancianos delató al valeroso caudillo numantino, Retógenes, no tardaron los municipios en liza en rehusar el valioso hallazgo que terminó tras subasta en una colección particular. Las malas lenguas asegurar que en manos de un acaudalado hombre de negocios romano. Pero es sabido que Roma no paga a traidores.