Hidalgo

220px-Rapiere-Morges-2Recibió tantos cortes y estocadas que sus ropajes quedaron teñidos por completo de sangre. Herido de muerte, se incorporó con las escasas fuerzas que le quedaban y sin perder la altivez propia de su condición de hijodalgo, envainó la ropera, se acomodó el herreruelo, recogió del suelo el sombrero de ala ancha y luego de sacudirlo para retirar la suciedad, se cubrió con él. Tras aquello, inclinando levemente la cabeza se despidió de su adversario dando por concluido el duelo.

Al reparar en la cara de desconcierto de éste exclamó:

¡Vive Dios , que parece que nunca antes ha visto vuesa merced un jubón acuchillado todo él carmesí!