El corazón delator

índiceLa Lonja acogía una exposición pictórica de Velázquez cedida por el Museo del Prado. Junto a otras grandes obras del pintor sevillano se encontraba el retrato de Mariana de Austria. Un detalle apenas perceptible llamó la atención del comisario de la muestra. La tez coloreada de la esposa de Felipe IV se mostraba ahora pálida. Pero su rostro demudado no fue la única alteración del lienzo desde que llegara a Zaragoza. La mano izquierda que lucía un pañuelo blanco parecía haber cambiado de posición como queriendo ocultarse tras el faldón. Lo que terminó de provocar el desconcierto en el responsable del evento fue descubrir que bajo aquel elegante trozo de tela, asomaba un pequeño frasco de cristal con unos sospechosos polvos. ¿Veneno?

Mientras, en la vecina Basílica del Pilar, junto a la talla de la Virgen, el corazón embalsamado de Juan José de Austria, hijo bastardo del Rey Planeta y enemigo declarado de la Reina consorte, se agitaba con latido ensordecedor.

En noches como ésta

plano-siglo-xviii1Pero hombre, no se quede en la puerta. Pase y siéntese. Dios mío, esta usted temblando. Ahora mismo le preparo un café bien caliente. Estaba a punto de cerrar ¿sabe? pero no importa. Y dígame ¿qué le trae por aquí a estas horas? ¿Se encuentra bien? Está muy pálido. ¿Cómo dice? Tranquilo. No se ha vuelto usted loco. Llevo muchos años tras la barra de este Café y lo que cuenta no es algo nuevo para mí. Surgen de la nada vistiendo ropas propias de otro siglo. ¿No es cierto? Debe saber que la calle Alfonso se abrió para acceder desde el Coso a la plaza del Pilar sin tener que adentrarse en infinidad de callejuelas, derribando para ello las viviendas existentes. Muchos zaragozanos perdieron así sus casas. Desde entonces hay quien en noches como ésta, cuando el cierzo azota sin compasión, asegura haberles visto deambular sobre el frío adoquinado buscando en vano su hogar.

Ilustración tomada de www.gozarte.net

Abeja reina

índiceAsí una noche tras otra, sintiendo como ese sonido incesante y cadencioso me perfora la cabeza. Al principio pensé que se trataba de un grifo mal cerrado. Pero tras comprobar la llave de paso y solicitar la presencia de un fontanero, finalmente lo descarté. Fue hace unas semanas cuando sin posibilidad de conciliar el sueño, resolví no cejar hasta dar con el origen de aquel insufrible repiqueteo. Y después de recorrer todos y cada uno de los rincones de este lugar, por fin di con él. El molesto goteo provenía de la iglesia. Y cual fue mi sorpresa al descubrir que se trataba de sangre que emanaba del estigma en la frente de Santa Rita. Sin tiempo que perder, tomé la fregona y lo limpié antes de que las hermanas se levantaran para el oficio de Maitines. No puedo permitir que esto trascienda. Si así ocurriera nuestro convento se llenaría de seudo-investigadores, periodistas y curiosos atraídos por el morbo, no la fe. Y éste es un lugar para el recogimiento y la oración. Y así debe seguir siendo por los siglos de los siglos.

Venganza

f_danzaespirituCuenta una leyenda amerindia que hace muchas lunas el hombre blanco capturó a un gran jefe cherokee con la intención de obligarle a realizar la danza de la lluvia. En un principio, éste se negó sin importarle todas las vejaciones sufridas. Pero cierto día, provisto del tocado y las pinturas ceremoniales, llevó a cabo el ritual. Y una tromba de agua nunca antes vista cayó sin piedad sobre la ciudad arrasándolo todo.

No todos los días son fiestas

cantiga63Como buen sanestebeño, conocía la leyenda inmortalizada por Alfonso X el Sabio en sus Cantigas del Caballero Fernán Antolínez, más conocido como Vivas Pascual. Cierto día que andaba falto de ganas de trabajar que a fuerza de ser sinceros eran las más de las veces, resolvió que si acudía a oír misa dejando los aperos de labranza en el pórtico de entrada, como ocurriera con las armas del citado caballero castellano que mientras él oraba, éstas de manera milagrosa combatían al moro en el campo de batalla, aquellos labrarían los campos por sí sólos. Felicitándose por tal ocurrencia, acudió convencido a la iglesia de Santa María del Ribero. Mas cuando la abandonó descubrió para su desgracia que le habían sustraído los aparejos y lo que más disgusto le causó, sus tierras seguían sin arar.