Chichen Itza

mayaCon el cuchillo de pedernal el sacerdote maya abrió la caja torácica y extrajo el corazón todavía palpitante. Apartó de una patada el cuerpo ya sin vida que se precipitó por la escalinata de la pirámide entre atronadores aplausos de los turistas. Por fin se habían deshecho del pesado del grupo.

Ilustración de La microbiblioteca

Intervención divina

miguel-pillecerMéxico, 22 de Febrero de 1949

Queridísimo Pepín:

Anoche tuve otro sueño. Diferente a aquel del ojo seccionado por una navaja de afeitar o al de Dalí con hormigas pululando por la mano. Se trata a mi parecer de una versión mejorada del Milagro de Calanda. Bien sabes la impresión que me causó este cuento de viejas en mi niñez. Esta historia se me presentó durante la noche con la fuerza de los bombos y tambores calandinos en el mediodía del Viernes Santo. En ella, un pobre tullido con muleta mendiga en la puerta de una iglesia de la ciudad. Se trata de un vencido más de la guerra, estigmatizado por sus ideas políticas. El párroco, hombre orondo e intransigente, le expulsa de la entrada como a un perro apestoso. Una noche, pongamos la del 29 de Marzo, los compañeros de penurias despiertan exaltados al mendigo, entregado a un sueño profundo, pues encuentran bajo su roída manta dos extremidades, sin detenerse en que una es mas rolliza que la otra. Concluye con el párroco sirviéndose de un monaguillo para caminar pues su pierna diestra termina ahora en un muñón.

Y nada más. Un abrazo muy fuerte de

BUÑUEL