Novel

 PLUMAPor fin su sueño hecho realidad. Le habían publicado un libro. Con sus páginas numeradas, su tapa y su lomo. Un libro. No importaba lo pequeña que hubiera sido la tirada o que se tratara de una autoedición. Lo importante es que tenía su libro. Y como el deseo de todo escritor es ser leído, resolvió donar un ejemplar a la biblioteca municipal. Ver su obra en la estantería junto a los textos de los maestros de la Literatura le causaba una satisfacción indescriptible. Desde entonces no había día que no acudiera hasta allí para comprobar si alguien había elegido su libro como lectura. Pero los meses se iban sucediendo y la hoja adherida a la primera página del ejemplar, donde se plasman con un sello las fechas de devolución, seguía inmaculada. Entonces recordó al mendigo que pedía dinero en la puerta del supermercado con una roída gorra a sus pies: Las primeras monedas debe ponerlas uno mismo para animar a los parroquianos. Decidido. Se llevaría su propio libro. No le irían muy bien las cosas al mencionado mendigo si el único dinero que cae a la gorra es el suyo propio. Eso fue lo que le ocurrió a nuestro escritor. La página adherida se llenó de fechas pero todas suyas. Podríamos decir que cayó en el desanimo pero eso vino después cuando descubrió que su libro ya no ocupaba un lugar en la estantería de préstamos literarios. Se encontraba ahora en el armario de ejemplares donados por la biblioteca a sus socios. Un compendio de libros deteriorados por el uso. Y decidió que ya iba siendo hora de devolverlo a casa junto con el resto de ejemplares que aún dormían en la caja en la que llegaron. Al menos durante un tiempo se había codeado con los más grandes. Y eso era algo que nadie le podía arrebatar.

Ilustración: Lola Gómez Redondo