Casa de muñecas

No CASA.jpgfaltaba ni un solo detalle en aquella casita victoriana que recibiera por su cumpleaños. El distinguido cabeza de familia leyendo el periódico en el sillón orejero, su delicada esposa bordando junto a la chimenea, las mellizas de rubios tirabuzones tomando el té en el cuarto de juegos. Cuando los sentó a la mesa del salón para la cena, no reparó en el ojo malva de la madre. Tampoco se percató de su labio partido durante el desayuno en la cocina. Pero ante la luna del armario descubrió que apenas se tenía en pie y decidió acostarla en la cama con dosel del dormitorio principal. A la hora de la comida, echó en falta al padre. Y mientras lo buscaba en el baño, la biblioteca y el desván, las niñas observaban de reojo, con una sonrisa aviesa y sus vestiditos manchados de tierra, la pequeña pala del jardín.

Ilustración: Lola Gómez Redondo

 

La viuda negra

Con el primero empleó 51Viudaveneno disuelto en el café. Bastó un pequeño empujón en las escaleras para deshacerse del segundo. Al tercero le manipuló los frenos del vehículo. Y se sirvió de un grueso almohadón con el cuarto. Odiaba repetirse. Y mientras maquinaba el modo de poner fin a la vida de su quinto marido, éste falleció de causa natural luciendo una llamativa mueca triunfal en el rostro.

Ilustración: Lola Gómez Redondo