Tengo un admirador

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Cada mañana lo encuentro plantado junto a la puerta de mi trabajo. Y no me quita el ojo de encima mientras aparco el coche. Cuando salgo ya no está pero me deja, sin faltar un solo día, una nota escrita en papel rosa sobre el parabrisas. No consigo saber lo que pone porque la verdad es que tiene una letra desastrosa pero las guardo todas con mucho cariño. Mis amigas no paran de decirme que si se trata de un policía municipal, que si esto, que si aquello … Lo que les pasa en realidad es que tienen envidia.

Ilustración: Lola Gómez Redondo

 

Más cerca, Dios mío, de ti

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En cuanto María Robinson vio el estuche, lo supo. De pronto, todo lo demás carecía de sentido. Ajena a las muestras de condolencia, tomó aquella funda entre sus manos y se retiró a la soledad de su aposento. Una vez allí, extrajo de su interior el violín que dos años atrás le regalara a su prometido y lo acercó a su oído. Del instrumento, como si de una concha marina se tratase, emergió una suave melodía que se elevaba sobre un enjambre de gritos, llantos y oraciones en mil idiomas.

Ilustración: Lola Gómez Redondo