1773 o el último viaje

-¿Nombre?

– Jorge Juan y Santacilia. Natural de Novelda.

– Suba a bordo. Le estábamos esperando.

En cuanto puso un pie en cubierta, se acercó hasta él efusivo un miembro de la tripulación.

-¡Dichosos mis ojos! Ha de saber que somos grandes admiradores de sus trabajos allá en el Virreinato del Perú. Sería un verdadero honor si tuviera a bien acompañarnos – exclamó señalando a un grupo de hombres entre los que destacaba un genovés absorto en mil cálculos ante mapas y cartas de navegación.

– ¡No le atosigue, pardiez! Que antes nos tiene que relatar con todo lujo de detalles como se la jugó a los ingleses en su propio terreno – Bramó un almirante tuerto, marco y cojo con rendida admiración.

– Y no olvide narrarnos su encuentro con el Sultán de Marruecos. No sé si sabe que yo sufrí cautiverio en Argel – espetó otro de los presentes, éste tullido de la mano izquierda a causa de un disparo de arcabuz.

– ¡A fe mía que sois cargante! Dedíquese a las letras que es lo suyo y déjenos a los hombres de mar – respondieron al unisono una pareja de expedicionarios marinos, uno vasco y otro portugués, mientras le tomaban amistosamente del brazo al ilustre científico, ingeniero naval, espía y diplomático alicantino.

Y mientras tenía lugar esta calurosa bienvenida, el navío se alejaba de la costa española para desaparecer finalmente entre la espesa bruma.

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