De conjuras y legumbres

Se acomodó la toga, carraspeó y comenzó su discurso ante un público absorto no tanto por la elocuencia de sus palabras como por aquella prominente verruga que asomaba de su nariz, haciendo honor a su nombre, Cicerón, que viene a significar “garbanzo”. Tras pronunciar, de manera oportuna, aquello de “apartar los garbanzos negros”, le llegó el turno de réplica a Léntulo, apelativo que proviene de “lenteja”. Y todos los presentes dirigieron de manera inmediata la mirada a la curiosa peca que lucía junto a la comisura del labio. Con el conocido “si quieres las comes y si no las dejas”, cedió la palabra a Fabio. Y por más que buscaran los asistentes alguna peculiaridad en su rostro que pudieran identificar con un “haba”, al llamarse de este modo, no encontraron nada destacable. Pero en cuanto inició su parlamento, confundiendo el nombre de Catilina (protagonista de la conjura a debate) por el de Catalina, no perdiendo la ocasión de mencionar lo de “que si quieres arroz”, los miembros del Senado romano tuvieron claro el porqué de su apodo; habían dado con el “tontolaba” (o tonto del haba).

Mala suerte

Cuidado con los tréboles de cuatro hojas. Ese fue el único consejo que me dio mi venerado maestro cuando me encomendó continuar la ardua tarea de evangelizar estas tierras. Como le viera hacer en tantas ocasiones a mi predecesor San Patricio, me dispuse a hablarles de la Santísima Trinidad tomando una de esas simpáticas plantitas que brotan por doquier. Pero al agacharme, comprobé horrorizado que todas lucían cuatro foliolos. Aquellos paganos me contemplaban confundidos. Más si cabe cuando, desesperado, me vieron arrancar la cuatra hoja. Percibieron tal agresividad en este gesto que huyeron despavoridos. Decidí entonces tomar en su lugar una horca de tres puntas pero ahora me toman por el mismísmio Diablo.

Volver

Absorto en mis pensamientos, me descubrí caminando hacia mi antiguo barrio. Como si el tiempo se hubiera detenido, allí estaba el patio del recreo donde dábamos torpes patadas al balón, el cine de donde salíamos, espada láser en mano, dispuestos a defender la galaxia, el viejo portal sin ascensor donde vivíamos… De manera inconsciente, pulsé el timbre y una voz familiar vino del pasado para aparecer en el portero automático. Y tras empujar la puerta, subí raudo los escalones deseando con todas mis fuerzas que mamá me hubiera traído de la compra una deliciosa PanteraRosa.

Saber robar

La puerta chirrió al girar sobre sus goznes con un sonido perturbador que ponía los vellos de punta.

– Hay que engrasar las bisagras – musitó muy bajo para no ser descubierto. No era la primera vez que entraba a hurtadillas en una iglesia, de hecho era todo un experto en el dudoso arte de desvalijarlas. Pero esta vez no venía a por ninguna tabla policromada, talla de la Virgen o códice medieval que pudiera luego vender a algún rico coleccionista extranjero, sino a por algo más excéntrico: la sangre coagulada de Wifredo el Velloso con la que, se dice, trazaron las cuatro barras que conforman la señera, tan de moda hoy día. Sus contactos le habían informado del sitio exacto donde se guardaba, en lo más profundo de la cripta de aquel templo. Pero cuando se disponía a descender los peldaños que conducían hasta las sepulcros ricamente tallados, un grito a su espalda le paralizó por completo. Y al dirigir hacia allí el haz de luz de su linterna, vio como era apuntado por el cañón de varios revólveres. Mientras era engrilletado y conducido al coche patrulla, pudo escuchar como el hombre de gabardina se dirigía a un agente uniformado al tiempo que apuraba un cigarrillo:

– He de reconocer que no confiaba demasiado en su plan.

– Ya le dije, comisario, que Erik el Belga es un especialista en el robo de piezas de arte pero de historia no tiene la menor idea. Cualquier entendido sabe que eso de los dedos manchados en sangre de la herida del Conde de Barcelona es solo una leyenda.

– Pues ahora va a tener mucho tiempo para leer y culturizarse.

Y estallaron ambos en una malévola carcajada que resonó en la oscuridad de la noche.

Rebelde

Cuando supo que la Real Academia Española admitía la palabra “madalena” comenzó a decir “magalena”.

Ilustración tomada de la página productoscustodio.com

Voto fiel

El análisis de las encuestas revela la existencia de una enorme competencia entre los diferentes candidatos para asumir el gobierno de la ciudad. Por ello cada voto es importantísimo. Tenemos una cita el próximo domingo – recuerda con su mejor sonrisa el alcalde en el televisado debate electoral. Marisa, la abogada que le defendiera con éxito en aquellas denuncias por malversación de fondos públicos y tráfico de influencias escucha arrobada su mensaje. ¡Es tan guapo! El esperado día de las elecciones, deposita delicadamente el sobre en la urna con la papeleta bañada en perfume y salpicada de besos de carmín. Cuando aparece de nuevo su candidato en pantalla, ya sin esa cautivadora sonrisa, lo hace para comunicar que por un escaso margen ha perdido las elecciones culpabilizando de ello (es bien sabido que los políticos no entienden de autocrítica) al voto nulo.

Tal para cual

Los que le conocían no daban crédito acostumbrados como estaban a verle siempre con el semblante serio y la mirada triste que bien pareciera salido de un funeral. Ahora se mostraba radiante luciendo una amplía sonrisa mientras contemplaba embelesado a su prometida, menuda como un gorrión, con un traje de novia blanco cual paloma, pintada como un papagayo y emitiendo graznidos en un intento por seguir el compás del Ave María que llegaba del coro. ¿Se puede ser mas feliz? se decía aquel novio amante de la ornitología.

Ilustración tomada de www.educima.com

Héroe local

Tenemos un problema. Pero un problema grande. No del tipo “calcule el área de un trapecio”. El problema del que les hablo no tiene solución. Al menos en apariencia. Y es que cada 23 de Abril, un dragón de poderosas garras y temibles llamaradas siembra el pánico entre las gentes de estas tierras hasta que la sola presencia del valiente San Jorge le hace emprender la huida. Pero tras los últimos acontecimientos, el Santo anda demasiado ocupado en la comunidad vecina y claro, nosotros nos hemos quedado sin héroe. Se comenta que un tal Pepín Banzo esta dispuesto este año a plantarle cara a la fiera, armado con una dulzaina para tratar de amasarlo cual Orfeo con su lira. O tal vez lo haga desaparecer pues este mozo se dedica además a la magia. O quién sabe, como también es humorista, puede que lo mate de risa.

San Jorge y el dragón de Rafael