Voto fiel

El análisis de las encuestas revela la existencia de una enorme competencia entre los diferentes candidatos para asumir el gobierno de la ciudad. Por ello cada voto es importantísimo. Tenemos una cita el próximo domingo – recuerda con su mejor sonrisa el alcalde en el televisado debate electoral. Marisa, la abogada que le defendiera con éxito en aquellas denuncias por malversación de fondos públicos y tráfico de influencias escucha arrobada su mensaje. ¡Es tan guapo! El esperado día de las elecciones, deposita delicadamente el sobre en la urna con la papeleta bañada en perfume y salpicada de besos de carmín. Cuando aparece de nuevo su candidato en pantalla, ya sin esa cautivadora sonrisa, lo hace para comunicar que por un escaso margen ha perdido las elecciones culpabilizando de ello (es bien sabido que los políticos no entienden de autocrítica) al voto nulo.

Tal para cual

Los que le conocían no daban crédito acostumbrados como estaban a verle siempre con el semblante serio y la mirada triste que bien pareciera salido de un funeral. Ahora se mostraba radiante luciendo una amplía sonrisa mientras contemplaba embelesado a su prometida, menuda como un gorrión, con un traje de novia blanco cual paloma, pintada como un papagayo y emitiendo graznidos en un intento por seguir el compás del Ave María que llegaba del coro. ¿Se puede ser mas feliz? se decía aquel novio amante de la ornitología.

Ilustración tomada de www.educima.com

Héroe local

Tenemos un problema. Pero un problema grande. No del tipo “calcule el área de un trapecio”. El problema del que les hablo no tiene solución. Al menos en apariencia. Y es que cada 23 de Abril, un dragón de poderosas garras y temibles llamaradas siembra el pánico entre las gentes de estas tierras hasta que la sola presencia del valiente San Jorge le hace emprender la huida. Pero tras los últimos acontecimientos, el Santo anda demasiado ocupado en la comunidad vecina y claro, nosotros nos hemos quedado sin héroe. Se comenta que un tal Pepín Banzo esta dispuesto este año a plantarle cara a la fiera, armado con una dulzaina para tratar de amasarlo cual Orfeo con su lira. O tal vez lo haga desaparecer pues este mozo se dedica además a la magia. O quién sabe, como también es humorista, puede que lo mate de risa.

San Jorge y el dragón de Rafael

Real

Tres cráneos de Cézanne

El monarca encargó al pintor de la Corte que retratara a sus predecesores en el trono para decorar la estancia real. Y ésta se llenó de lienzos de calaveras y huesos.


Realismo mágico Capítulo III y último

¡Pobre! No ha firmado todavía ningún ejemplar – lamenté Aunque bien mirado, me dedicará más tiempo. Mi efusivo saludo le hizo abandonar repentinamente su ensimismamiento.

-¡Soy su fan número uno! – le espeté lamentando en ese mismo momento no haber sido más original. Él me obsequió con una cálida sonrisa. Supongo que eso se lo dirán todos ¿no? – continué con mi falta de originalidad.

-No crea, no crea – respondió – ¿Y a nombre de quién quiere que dedique el libro?

-Esto… al mío, al mío. Es decir a Mateo, Mateo Río – acerté a decir a trompicones.

-A Mateo Río, mi más fiel lector con todo mi cariño GGM.

-¡Qué ilusión! Tengo su firma. No quiero imaginar las caras de mis compañeros cuando lo cuente en clase. No van a creerme – exclamé eufórico.

Y claro que no me creyeron. ¿Cómo iban a creer que al levantar la mirada de su cariñosa dedicatoria, éste había desaparecido? Y con él, la mesa con los libros cuidadosamente colocados.

Quizá sea eso del “realismo mágico” del que tanto hablan al referirse a algunos autores hispanoamericanos. No lo sé. El caso es que conservo aquella dedicatoria como lo más preciado del mundo. Y la tengo por auténtica, como tengo esta historia por cierta, convencido de que no se trató de un sueño de verano. Aún cuando los noticieros se empeñen en repetir que el ganador del premio Nobel de Literatura, el colombiano Gabriel García Márquez, dada su avanzada edad, lleva meses sin abandonar su residencia de México.

Realismo mágico Capítulo II

Ellos se lo pierden – pensé. Y tras ahuyentar en la medida de lo posible los nervios lógicos del momento, avancé decidido hasta él. Hubiera alcanzado su mesa de no ser porque caí en que debía llevar algún libro suyo. Algo nada complicado estando donde estaba. Así pues, guiándome por la primera letra de su apellido, me adentré en un laberinto de estanterías repletas de volúmenes.

¿Cómo es posible? De la F pasan a la H. ¿Y la G? ¿Dónde diablos la han puesto? Tranquilidad. Veamos, tal vez han ordenado sus obras por el segundo apellido – me dije. Pero nada. Ni rastro de sus libros. Ya me disponía a preguntar a uno de los dependientes cuando reparé en la posible explicación. ¡Claro! Están todos colocados en la mesa junto al autor. ¡Qué estúpido he sido! Y con la satisfacción del enigma resuelto, me dirigí hasta donde se encontraba mi admirado escritor. Éste mantenía la mirada perdida en un punto fijo de la librería y sujetaba una elegante pluma todavía sin abrir.

Realismo mágico Capítulo I

Era pleno Agosto. Y el calor pegajoso de la ciudad había empujado a la gente a la playa o la montaña. Yo buscaba refugio en algún local con aire acondicionado. Y en las librerías además de disfrutar del fresco puedes ojear el género sin prisa pues dar con la lectura adecuada no es algo, como es bien sabido, que se decida a la ligera, sino que requiere su tiempo. Y eso era algo de lo que yo andaba sobrado en aquel estío. No bien hube superado el umbral de la tienda cuando para mi sorpresa descubrí tras una mesa y dispuesto a firmar ejemplares de sus obras, a mi escritor favorito. No lo podía creer. Cómo tampoco podía entender que el resto de clientes no repararan en su presencia, ocupados como estaban en adquirir el último best-seller o en reservar los libros de texto para sus hijos aún cuando faltaba más de un mes para el comienzo del nuevo curso escolar.

Maratón

Relata Heródoto que en el 490 a.C Fidípides recorrió 240 kilómetros para advertir a los espartanos del desembarco persa en Maratón. Luciano habla de 42 kilómetros, la distancia que separa Maratón de Atenas pues pretendía anunciar la victoria ateniense sobre las tropas persas. Plutarco afirma que su nombre era Eucles. Y mientras los cronistas no se ponen de acuerdo, ahí tenemos a nuestro protagonista, que ya no sabe ni quién es ni donde ha de ir. Tan solo tiene una cosa clara, que si quiere seguir con vida no debe parar de correr.

Visita guiada

En cuanto atravesamos el quejumbroso portón, dejando atrás el atrio de entrada, no dudaron mis compañeros de grupo en fusilar sin contemplaciones con sus cámaras y teléfonos móviles aquellas pinturas de Goya que decoraban los muros de la iglesia, haciendo caso omiso a los requerimientos de la guía. Yo esperaba paciente a que terminaran de capturar aquellas escenas de la vida de la Virgen sentado en uno de los vetustos asientos de madera cuando lo vi. En un principio me pareció un trampantojo, una de esa obras pictóricas que buscan engañar a la vista pero no tardé en comprobar que se trataba realmente de un monje cartujo que con un leve ademán me invitaba a seguirlo tras aquella puerta. Pese a mi celeridad, en seguida le perdí la pista en aquel interminable y silencioso claustro. Y aquí sigo, deambulando por sus eternas galerías, ahogada ya toda esperanza de encontrar una salida pues sin posibilidad de articular palabra, tan solo me sirvo de tímidos gestos que de poco sirven cuando al otro lado de la pared los pocos turistas que reparan en mi presencia me toman por una peculiar pintura mural.

Ilustración de Miquel Zueras