Cucarachas

cucaracha_318-63128La reunión de vecinos no defraudó. Fue tal y como se esperaba: gritos, reproches, improperios… Lo de menos era el orden del día. Daba igual si lo que se debatía era cambiar la caldera, colocar un buzón común para la publicidad o poner una rampa en la entrada que facilitara el acceso al vecino en silla de ruedas. Y aunque la lógica indicara que ésto último no podía generar ningún tipo de oposición vecinal, no faltaron los que se negaron rotundamente.

Aquella noche los vecinos disconformes, incapaces de empatizar con el de al lado, tuvieron el mismo mal sueño. Se hallaron ante un elevado muro en forma de escalón que les impedía poder llegar hasta su casa. Despertaron sobresaltados pero en seguida comprobaron que se trataba de una pesadilla y volvieron a dormir sin que esa desagradable experiencia les hiciera cambiar de parecer. Pero entonces un ruido ensordecedor les obligó a abrir los ojos de nuevo. Y se descubrieron como seres diminutos, aterrados al comprobar como dos gigantescas ruedas se abalanzaban sobre ellos sin hallar escapatoria pues a su espalda se levantaba esa maldita pared. Y esta vez la situación se presentaba demasiado real como para poder huir de ella.

Cazado

188719872_1Un águila con cuerpo de león expiraba ante mí. Observé incrédulo tanto a aquel grifo tendido en el suelo como a mi escopeta de perdigones. Y mientras me convertía de inmediato en el blanco de los flashes de la tropa de turistas japoneses que visitaba la catedral gótica, no paraba de repetir con un hilo de voz que tan sólo quería cazar gorriones.

Dos Ríos

estaQuiero a la tierra amarilla
Que baña el Ebro lodoso:

Quiero el Pilar azuloso
De Lanuza y de Padilla.”

José Martí

Como cada mañana antes de dirigirse a la fábrica se entrega a un copioso desayuno mientras ojea el periódico. Un día más la Guerra de Cuba ocupa la primera página. Entre el mar de palabras impresas, destaca el retrato de uno de los cabecillas cubanos fallecido en combate. Le cuesta reconocer en aquel hombre de poblado bigote al joven tímido y educado que conociera años atrás en los palcos del Principal y con el que compartiera tantas tardes de animadas charlas y chocolate con picatostes. Dobla con delicadeza el diario y su mirada se pierde en el ventanal al otro lado del cual Zaragoza se despereza. Por un momento pareciera que una lágrima fuera a asomar de sus ojos vidriosos pero alguien de su posición no debe sucumbir a tales sentimentalismos. Al fin y al cabo, cuando todo acabe y cese la llegada de azúcar de Ultramar, la Azucarera incrementará los beneficios como nunca antes había podido imaginar.

Dibujo de Adalberto Linares

Relevo

JorgeJuan2A la de tres lanzaron los barcos de papel a las aguas de rio Vinalopó y los acompañaron corriendo por la orilla. No tardaron los navíos en sucumbir a la corriente y una mueca de decepción asomó en sus rostros infantiles. Pero enseguida alguien propuso un nuevo juego y marcharon raudos hacia el parque. Salvo uno de los niños que allí parado no apartaba la mirada del lugar del naufragio. Su cabeza comenzó entonces a bullir de ideas que permitieran mejorar la embarcación. Deseoso de ponerlas en práctica, se dirigió a casa y al cruzar la Plaza de España, creyó percibir en la estatua de bronce del ilustre marino de Novelda, Jorge Juan y Santacilia, una leve sonrisa.

Ilustración tomada del blog Nuevo Impulso de Ramón Palmeral

Sabiduría

gayata-blanca-normalCada Navidad el abuelo les narraba un cuento sin desvelar el final para que regresaran el año próximo.

Chichen Itza

mayaCon el cuchillo de pedernal el sacerdote maya abrió la caja torácica y extrajo el corazón todavía palpitante. Apartó de una patada el cuerpo ya sin vida que se precipitó por la escalinata de la pirámide entre atronadores aplausos de los turistas. Por fin se habían deshecho del pesado del grupo.

Ilustración de La microbiblioteca

Intervención divina

miguel-pillecerMéxico, 22 de Febrero de 1949

Queridísimo Pepín:

Anoche tuve otro sueño. Diferente a aquel del ojo seccionado por una navaja de afeitar o al de Dalí con hormigas pululando por la mano. Se trata a mi parecer de una versión mejorada del Milagro de Calanda. Bien sabes la impresión que me causó este cuento de viejas en mi niñez. Esta historia se me presentó durante la noche con la fuerza de los bombos y tambores calandinos en el mediodía del Viernes Santo. En ella, un pobre tullido con muleta mendiga en la puerta de una iglesia de la ciudad. Se trata de un vencido más de la guerra, estigmatizado por sus ideas políticas. El párroco, hombre orondo e intransigente, le expulsa de la entrada como a un perro apestoso. Una noche, pongamos la del 29 de Marzo, los compañeros de penurias despiertan exaltados al mendigo, entregado a un sueño profundo, pues encuentran bajo su roída manta dos extremidades, sin detenerse en que una es mas rolliza que la otra. Concluye con el párroco sirviéndose de un monaguillo para caminar pues su pierna diestra termina ahora en un muñón.

Y nada más. Un abrazo muy fuerte de

BUÑUEL

 

Reliquias

mano_EDIIMA20161006_0098_19Apenas hubo cerrado los ojos, las hermanas se abalanzaron sobre ella cuchillo en mano. Les detuvo la serenata de ronquidos que dio comienzo. Contrariadas, las monjas regresaron al rincón en penumbra de la celda. Debían seguir esperando.

Juicio de Osiris

estaEl gato es un animal psicopompo. Lo aprendió del abuelo que era un gran conocedor del Antiguo Egipto. Por ello no le extrañó que desapareciera en el funeral del anciano. Cuando tras varios días de ausencia regresó la mascota a casa estaba sucia, helada y una pluma asomaba de su hocico. Inmediatamente recordó aquella creencia en la que Anubis coloca en un platillo el corazón del difunto y en el otro la pluma de Maat. ¿Hacía que lado se ha inclinado la balanza? Le inquirió impaciente al animal. Éste, lo miró con desdén y regurgitó a sus pies los restos de un pequeño pajarillo.

Rutina

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Debía estar ahí parado, de pie, durante horas. Así un día tras otro sin respetar fines de semana. Era lo que tenía trabajar de vigilante de seguridad en un comercio. En cuanto salga otra cosa me marcho – se repetía en un vano intento por infundirse ánimos. Pero lo único que salían eran clientes y clientes con bolsas repletas de ropa siguiendo la moda marcada en inexpresivos maniquíes que desde el escaparate acompañaban a nuestro protagonista. Con el tiempo se convirtió en parte del mobiliario. Tanto fue así que con el cambio de temporada, los dependientes sustituyeron su insulso uniforme por las últimas tendencias del momento.