Breve visita

Uno de los días de mayor alegría fue con la llegada del Rey, nuestro señor. Las ciudad toda se engalanó para la ocasión como nunca antes. Los vecinos salimos a la calle luciendo los mejores ropajes dispuestos a aclamar con grandes vítores a la comitiva real. Nuestro monarca había decidido convocar Cortes aquí para presentar a su primogénito y heredero al trono y que éste jurase nuestros Fueros y Libertades. Además de para solicitar dinero y hombres en sus guerras en el extranjero. Por ello, otro de los días de mayor alegría en la ciudad fue cuando se marchó el Rey, nuestro señor.

Cambio

La mujer tomó el mando y marcó el 202 en el teletexto. No pudo evitar una mueca de abatimiento al descubrir que el equipo de su marido había vuelto a perder. Una vez más, éste subiría del bar mascullando su ira, le obsequiaría con algún improperio con aroma a cerveza y se marcharía a la cama sin probar la cena. Contempló por un instante al niño. Cada día se parecía más a su padre. Enfundando en el chándal de fútbol y absorto en la pantalla del móvil, éste descargaba su frustración por la derrota tecleando frenético en el twitter. Posó la mano en su abultado vientre y se juró que las cosas iban a cambiar. Luego tecleó el 203 y decidió que la próxima camiseta sería la del conjunto que encabezaba la clasificación.

Ecuación

Ilustración tomada de la página www.pngitem.com

Había perdido la cuenta de las horas que llevaba dándole vueltas a aquel problema. El flexo derramaba su luz sobre el folio salpicado de números y letras en incomprensible formación. ¿Qué era eso de despejar la incógnita? La equis siempre había sido el lugar en los mapas donde se hallaba enterrado el tesoro pirata. Pero ahora había que aislarla moviendo los números al otro lado del signo igual. Pero no es igual este lado que aquel. Eso lo sabe cualquiera. Allí todo es al revés: la suma es resta, la multiplicación, división… como en un espejo la derecha es la izquierda. Así que decidió situarse ante el tocador de mamá con la ecuación en la mano (ahora la zurda) con la esperanza de que aquel juego de opuestos le mostrara la solución.

Los visitantes

Fotografía de Javier de Julián
Instagram @deju71_streetphoto

Les aseguro que es cierto. Vale, sí, tal vez me haya tomado algún vino. No digo que no. Pero les estoy contando la verdad. Me encontraba en una de las casetas dando buena cuenta de un bocadillo de guarra cuando de repente sentí una extraña musiquita, como las notas aquellas de la película Encuentros en la Tercera Fase ¿La conocen? Y al momento, un potente haz de luz se derramó sobre mí. Elevé la cabeza y ahí estaba. Una enorme nave espacial repleta de lucecitas de todos los colores. No acerté a ver con claridad a sus tripulantes pero desde mi posición se adivinaban sus siluetas antropomorfas. Y entonces, el miguelito del postre, abandonando mi mano, comenzó a ascender lentamente hasta perderse en el interior de aquel aparato. Eso fue lo que pasó. Sé que es difícil decreer pero les repito que no se nada del aterrizaje de un dulce sobre el cardado de una señoramientras disfrutaba de una de las atracciones de la Feria

Diferentes actividades

Fotografía de Javier de Julián
Instagram @deju71_streetphoto

Cuando llegó al otro extremo de la tirolina, el joven estaba muerto. Su grupo de amigos no daba crédito a lo sucedido. Habían ido a aquel pueblo a celebrar una despedida de soltero diferente, alejada de la típica borrachera en la ciudad ataviados con ridículos disfraces. Propuesta que contentó a la novia por tenerla por más sana e inofensiva. Jamás hubiera imaginado que al término de la jornada quedaría compuesta y sin novio.

– Ha tenido que ser un infarto – coincidieron los compañeros – Le pudo la impresión de verse ahí arriba.

Los guardias civiles que se personaron en el lugar hubieran dado por válida esta hipótesis de no haber encontrado una irregular mancha carmesí en la alegre banda del finado. Sin duda, le habían disparado.

Y cual fue la sorpresa al descubrir que la prometida también festejaba allí su despedida, habiendo elegido para la ocasión una actividad más arriesgada si cabe: prácticas de tiro al aire libre. Por lo visto, no le quedó del todo claro aquello de apuntar antes de disparar.

Habían resuelto el caso en tiempo récord. Lástima que no se tratara de agentes de la benemérita reales sino de participantes de otra celebración que habían optado por jugar al escape room en plena naturaleza.

Injusticia

Ilustración tomada de Decathlon.es

Míralo ahí, tan ufano, recibiendo los abrazos, las felicitaciones de sus compañeros mientras el estadio entero lo aclama como a un héroe. Pero ¿que hay de mí? ¿Acaso no fui yo quien señaló penalty en un ridículo tropiezo fuera del área?

Curiositas

No conseguía quitarme esa historia de la cabeza desde que la escuchara por vez primera en una de aquellas interminables homilías que nuestro párroco reservaba para los días grandes, cuando el pueblo todo se daba cita en la parroquia. Me asombraba que Dios hubiese convertido en estatua de sal a la mujer de Lot por volver la vista a la ciudad de Sodoma que dejaban atrás. Por ello, cuando visité las salinas y creí distinguir entre aquellas níveas formaciones una silueta humana, enseguida pensé en el insulso de mi marido. Pues bien sé que no puede evitar asomarse a la mirilla cuando acudo a casa del nuevo vecino bajo cualquier pretexto como por ejemplo pedirle una pizca de sal.

Sorpresa, sorpresa

Fotografía de Javier de Julián

En cuanto retiraron el panel, nos fundimos en un emotivo abrazo, incapaces de contener las lágrimas entre los entregados aplausos del público. Aquella no era la novia de mi adolescencia a la que hacia décadas que no veía. Estaba completamente seguro porque no existía. La inventé en la carta que escribí a aquel programa de televisión. De ahí mi cara de asombro cuando descubrí que había alguien al otro lado, alguien tan solo como yo.

Nudo gordiano

¡Él será nuestro rey! – exclamaron los frigios dirigiendo su mirada al labriego, un tal Gordio, que atravesaba con su carreta la puerta de la ciudad. Cuando éste quiso dar media vuelta ya le habían atado con un nudo imposible de deshacer.

Microrrelatos