Los visitantes

Fotografía de Javier de Julián
Instagram @deju71_streetphoto

Les aseguro que es cierto. Vale, sí, tal vez me haya tomado algún vino. No digo que no. Pero les estoy contando la verdad. Me encontraba en una de las casetas dando buena cuenta de un bocadillo de guarra cuando de repente sentí una extraña musiquita, como las notas aquellas de la película Encuentros en la Tercera Fase ¿La conocen? Y al momento, un potente haz de luz se derramó sobre mí. Elevé la cabeza y ahí estaba. Una enorme nave espacial repleta de lucecitas de todos los colores. No acerté a ver con claridad a sus tripulantes pero desde mi posición se adivinaban sus siluetas antropomorfas. Y entonces, el miguelito del postre, abandonando mi mano, comenzó a ascender lentamente hasta perderse en el interior de aquel aparato. Eso fue lo que pasó. Sé que es difícil decreer pero les repito que no se nada del aterrizaje de un dulce sobre el cardado de una señoramientras disfrutaba de una de las atracciones de la Feria

Diferentes actividades

Fotografía de Javier de Julián
Instagram @deju71_streetphoto

Cuando llegó al otro extremo de la tirolina, el joven estaba muerto. Su grupo de amigos no daba crédito a lo sucedido. Habían ido a aquel pueblo a celebrar una despedida de soltero diferente, alejada de la típica borrachera en la ciudad ataviados con ridículos disfraces. Propuesta que contentó a la novia por tenerla por más sana e inofensiva. Jamás hubiera imaginado que al término de la jornada quedaría compuesta y sin novio.

– Ha tenido que ser un infarto – coincidieron los compañeros – Le pudo la impresión de verse ahí arriba.

Los guardias civiles que se personaron en el lugar hubieran dado por válida esta hipótesis de no haber encontrado una irregular mancha carmesí en la alegre banda del finado. Sin duda, le habían disparado.

Y cual fue la sorpresa al descubrir que la prometida también festejaba allí su despedida, habiendo elegido para la ocasión una actividad más arriesgada si cabe: prácticas de tiro al aire libre. Por lo visto, no le quedó del todo claro aquello de apuntar antes de disparar.

Habían resuelto el caso en tiempo récord. Lástima que no se tratara de agentes de la benemérita reales sino de participantes de otra celebración que habían optado por jugar al escape room en plena naturaleza.

Injusticia

Ilustración tomada de Decathlon.es

Míralo ahí, tan ufano, recibiendo los abrazos, las felicitaciones de sus compañeros mientras el estadio entero lo aclama como a un héroe. Pero ¿que hay de mí? ¿Acaso no fui yo quien señaló penalty en un ridículo tropiezo fuera del área?

Curiositas

No conseguía quitarme esa historia de la cabeza desde que la escuchara por vez primera en una de aquellas interminables homilías que nuestro párroco reservaba para los días grandes, cuando el pueblo todo se daba cita en la parroquia. Me asombraba que Dios hubiese convertido en estatua de sal a la mujer de Lot por volver la vista a la ciudad de Sodoma que dejaban atrás. Por ello, cuando visité las salinas y creí distinguir entre aquellas níveas formaciones una silueta humana, enseguida pensé en el insulso de mi marido. Pues bien sé que no puede evitar asomarse a la mirilla cuando acudo a casa del nuevo vecino bajo cualquier pretexto como por ejemplo pedirle una pizca de sal.

Sorpresa, sorpresa

Fotografía de Javier de Julián

En cuanto retiraron el panel, nos fundimos en un emotivo abrazo, incapaces de contener las lágrimas entre los entregados aplausos del público. Aquella no era la novia de mi adolescencia a la que hacia décadas que no veía. Estaba completamente seguro porque no existía. La inventé en la carta que escribí a aquel programa de televisión. De ahí mi cara de asombro cuando descubrí que había alguien al otro lado, alguien tan solo como yo.

Nudo gordiano

¡Él será nuestro rey! – exclamaron los frigios dirigiendo su mirada al labriego, un tal Gordio, que atravesaba con su carreta la puerta de la ciudad. Cuando éste quiso dar media vuelta ya le habían atado con un nudo imposible de deshacer.

Lios reales

En perfecto latín, como mandan los cánones que por algo lo apodaban El Ceremonioso, rezaba la misiva enviada por Pedro IV de Aragón a Enrique de Trastámara. Éste, nuevo rey de Castilla tras arrebatarle la corona y la vida a su hermanastro Pedro I, aceptó verse para firmar la paz entre ambos reinos el 12 de Abril de 1375 en la villa fronteriza de Almazán. Y así se lo dictó a su secretario real quien no daba abasto con tanto trasiego de correspondencia. Y es que también debía notificar la fecha del enlace entre Leonor de Trastámara y el infante Carlos de Navarra, establecido para el 27 de Mayo del mismo año en Soria. Siendo el 18 de Junio la cita elegida para la boda entre Juan, el heredero al trono de Castilla y la hija del monarca aragonés, de nombre también Leonor. Y así, entre tanto baile de nombres, fechas y lugares, aconteció que se presentó el novio navarro en Almazán mientras su prometida castellana lo hacía en Soria para encontrarse en el altar con su tocaya aragonesa. Y el infante Juan no pudo disimular enorme desconcierto al ver aparecer en la iglesia del convento soriano de San Francisco al rey Pedro IV de Aragón. Huelga añadir que mientras todo ésto acontecía, el mensajero real ponía rumbo a Portugal que ya se sabe quien paga siempre los platos rotos y más si se trata de la cubertería real.

Pepín Bello, inventor del selfi

Imagen tomada de www.caracteristicas.co

Lo recuerdo como si fuera ayer y, como usted bien dice, han pasado ochenta años. Sí, yo hice la famosa fotografía de la Generación del 27. Parece que los estoy viendo ahora, posando tan serios sobre la tarima de aquel salón de actos: Rafael, Federico, Dámaso, Gerardo…

– ¡Quietos! – les grité. Y el pobre Jorge tratando a duras penas de contener la llorera afectado por el humo del cigarro del señor Presidente del Ateneo de Sevilla que tenía a su lado.

Tuve que repetirla porque en el último momento se me ocurrió a modo de chanza, girar el objetivo hacia mí antes de disparar, con la consiguiente reprobación de mis compañeros. Unos siesos, vaya.

Edicto de Nicomedia

Tras estampar su firma en aquel histórico Edicto, el emperador Galerio exhaló su ultimo aliento. Sus súbditos le lloraron. Eso sí, como todavía no estaban seguros de que hubiera tolerancia religiosa, oraron en silencio para no revelar a que dios se dirigían.

Isla de Santa Elena

Murió de nostalgia – dictaminó rotundo el doctor desechando así la idea de un cáncer de estómago o la posibilidad de envenenamiento por arsénico.

¿Está seguro?

No me cabe la menor duda – sentenció el galeno deteniéndose en el plato de estofado del finado donde las hojas de laurel dibujaban una suerte de corona.

Microrrelatos