Vuelta a StreetXo

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Si hay algo bueno de viajar a Madrid en agosto es que puedes encontrar aparcamientos, incluso gratis. Desde ayer, tengo otra ventaja que añadir: puedes comer en Streetxo sin guardar kilométricas colas y esa es la única manera de que merezca la pena darse una vuelta y dejarse los dineros en el ático del Corte Inglés de Serrano. En agosto muchos restaurantes echan el cierre vacacional en Madrid, porque la gente huye en masa del asfalto para refugiarse, por ejemplo, en Soria. Los pocos locales que no se van de vacaciones no abren los lunes, por aquella manía del descanso semanal que tenemos muchos, así que la oferta se reduce considerablemente. Streetxo nunca cierra, apelando a su vocación callejera, así que se convirtió en nuestra opción. Lo cierto es que no había visitado el local de David Muñoz desde que se mudara de centro comercial, pero sí comí varias veces en Preciados (Ver entrada).

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Como a muchos, no me convence este estilo supuestamente rompedor de comer en la barra con la música atronadora de fondo y los camareros/cocineros dando voces, hipertatuados e hipertaladrados y plantándote la comida en papeles encerados vestidos con camisas de fuerza. Tampoco ayuda la imagen grotesca y ridícula que ofrecieron del propio Muñoz en el programa/reality que emitieron sobre su persona en El Xef. Lo realmente interesante de aquello eran los viajes gastronómicos que se pegaba el tipo por los puestos callejeros de medio mundo, descubriendo sabores e ingredientes que hoy pueblan sus platos. El resto mostraba una parte de las entretelas de lo que hoy es la alta cocina, un negocio basado en el trabajo gratuito de muchos becarios, imagen, show y medios de comunicación. Muñoz cumple a la perfección el papel del ‘enfant terrible’ que todo sector mediático necesita. Hoy es él, mañana será otro. Lo que no se le puede negar en ningún caso es que ha sabido trasladar como nadie esa esencia de la comida callejera y mezcla de sabores del mundo al panorama gastronómico español, tan anclado a la tradición, y hacerlo con desparpajo y morro. Y lo ha convertido en un gran show, y por tanto, en un gran negocio. Es el chico más listo de los fogones. Y lo que idea está rico y lleno de sabor. Y aunque le sobre mucho mucho postureo, siempre merece la pena comer en Streetxo (si no hay que esperar, insisto) e imagino que también merecerá Diverxo, al que aún no he ido.

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En la barra de Streetxo y con una música atronadora, pero más aguantable que otras veces, comimos una increíble raya braseada entre hojas de banana, sabrosísima, tan jugosa y rica que ya solo por eso mereció la pena el viaje a Madrid. El ‘modus operandi’ de este plato era rebañar la carne del pescado para colocarla en unos panes de gamba con forma de cazoleta, rematando el conjunto con salmorejo. Un bocado con sabores picantes y ahumados de la brasa atenuados por la suave crema de tomate. Una delicia de verdad. La segunda opción fueron unas vieiras también braseadas y mezcladas con dulce sabor a coco, y también muy ricas. El saltado de lomo con ají y mojito preparado en un molcajete me recordó al que un día comí de mis cocineros peruanos de cabecera: Ernesto Hanspach y Ricardo Goachet. Tierna la presa y sabrosa y especial la salsa cítrica. Rematamos con un estofado de vaca vieja, tamarindo, crema de mantequilla tostada y setas con papeles de arroz remojados, lo que supuestamente le daba sedosidad al plato, pero que fue lo que menos me gustó. La carne estaba rica, por supuesto. Destaco el sabor por encima de la puesta en escena, que me cansa sobremanera.

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Plato de raya braseada…
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… que se come así.
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Vieira ahumada y crema de coco
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Saltado peruano
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Estofado de vaca

Estando ya en este lugar es imprescible comer un helado en Rocambolesc, la heladería de Jordi Roca, ubicada también junto a Streetxo y Cascabel, local informal del estrellado Punto MX de Roberto Ruiz. Estos helados son de una textura y sabores increíbles. Destacable el helado de coco y violetas,  por especial. Acompañado de avellanas garrapiñadas, lo que comen los domingos en el cielo.

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Así fue mi vuelta a Streetxo. Con ganas de probar el salmonete y los nuevos cócteles servidos en bolsas de plástico. El próximo agosto.

 

 

 

 

 

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