Valencia II, el regreso

Avatares de la vida. Esta semana he vuelto a Valencia y no llevaba un plan preconcebido para comer, pero de nuevo he comido estupendamente y barato. No sé cómo estará el panorama gastronómico en otras ciudades de España, pero creo que Valencia es una de las mejores opciones, y quizá por la competencia que hay, la oferta es increíble en variedad, precio y calidad de producto.

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Anchoa XL y queso fresco de Central Bar

Por la mañana, nueva visita al Mercado Central, que es como mi catedral en Valencia. En esta ocasión no fue la anguila ahumada el souvenir gastronómico, sino el pulpo seco y, por supuesto, las chufas de Alboraya para hacer la horchata casera y a nuestro gusto. En un próximo post os cuento cómo. Como llegué a una hora más bien tardía, la opción era tomar un aperitivo ligero o ya pedir tres o cuatro tapas y comer en el Central Bar que Ricard Camarena dirige en mitad del mercado. Como siempre, lleno, aunque no tuve que esperar demasiado tiempo para hacerme con un pequeño hueco en la barra y sumergirme en las especialidades del día, con productos frescos fresquísimos de los puestos cercanos. Me encantan los bares de los mercados que saben sacar provecho a los productos que los rodean, como el Abastos 2.0 de Santiago de Compostela. Me decanté por un aperitivo, una anchoa en salazón XL suavísima acompañando a un queso fresco y un aceite de tomate. Hasta aquí, con una copita de cava, el abreboca hubiera sido suficiente, pero no pude o no quise evitar pedir media ración de la mítica ensaladilla rusa de Camarena, muy sabrosa y suave, con una textura que hace difícil identificar a las claras qué ingredientes lleva (muy lejos de los cubos de patata, zanahoria, guisantes, pimientos y atún a los que estamos acostumbrados por estos lares).

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Ensaladilla de Ricard Camarena

Un paseo corto atravesando la plaza del Ayuntamiento de Valencia y las tiendas dedicadas a todo lo que rodea a las Fallas (en una de ellas se puede leer literalmente ‘Pelo para valencianas’, imagino que para completar los rodetes que llevan las falleras) lleva hasta el Vuelve Carolina, la marca ‘asequible’ y desenfadada de Quique Dacosta en la capital valenciana. El local lo había visto muchas veces en foto, pero nunca en directo. Es alargado, amplio, dominado por la madera y el metal, con una enorme barra y sillas altas para comer en ella, con vajillas de cristal tipo Duralex y una oferta gastronómica pensada para adaptarse a todos los gustos (y bolsillos). Por ejemplo, ofrecen una serie de entrantes fríos y calientes, menús para ejecutivos (por 14 euros), arroces, menú de tapas y un menú degustación unipersonal, que fue mi opción. En este punto pensé en lo raro que era antes ver comer a una sola persona en un restaurante, y lo normal que parece ahora. Degusta uno mejor la comida a solas, concentrado en los platos y en las sensaciones o se aprecian mejor los sabores si se comparten comentarios y mesa? Supongo que depende del momento y de la compañía. Yo soy de las que prefiere compartir y comentar, intercambiar bocados para probar más platos, alabar o denostar las propuestas y hablar todo el rato de la comida, aunque a algunos les parezca una vulgaridad. Pero tengo que admitir que cuando uno va solo te fijas más en los detalles, tanto de la sala como del servicio y de los propios platos.

Para empezar, un detalle de la casa, una crema de queso de pimiento servido en un largo y fino plato junto a las famosas rosquilletas valencianas de pan, en esta ocasión, crujientes y ligeras, con pipas de girasol. El primer plato del menú fueron unas cebollitas rojas encurtidas rellenas con una crema de anguila ahumada, ese sabor que lo inunda todo y que contrastaba muy bien con el crujiente y ácido del encurtido. Para seguir, una gran ostra servida sobre un lecho de algas en una gran lata como soporte, sencillo y concentrado sabor a mar. Un plato mítico de Dacosta (según me comentó el chef soriano Óscar García) fue el siguiente plato: Cubalibre de foie con escarcha de limón y rúcula que me pareció potente de sabor y constrastado entre la suntuosidad y dulzor del foie y la fresca acidez del bloque de limón. El plato fuerte llegó en una de las cazuelas de hierro negro tan utilizadas en Valencia para guisos y arroces caldosos, como éste, de pulpo y mejillones, de sabor intenso, con el punto crujiente de lo que a mí me pareció brócoli crudo, pero en realidad se trata de una especie de espárrago cuya terminación sí recuerda al brócoli. Para terminar, una delicada crema de yogur ecológico y un helado de violetas (como los caramelos) acompañado de arándanos, sutil y delicioso. El menú tiene un precio de 25 euros.

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Cebollita roja con crema de anguila ahumada
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Ostra & algas
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Cubalibre de foie con escarcha de limón y rúcula salvaje
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Arroz caldoso de pulpo y mejillones
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Yogur y violetas

De nuevo, encantada de las propuestas valencianas, en esta ocasión de dos grandísimos cocineros que marcan tendencia gastronómica y buscan nuevas líneas de negocio que les permitan continuar con libertad en sus restaurantes insignia o, simplemente, abrir otras líneas más desenfadadas y sencillas. En cualquier caso, la firma de Ricard Camarena y Quique Dacosta bien vale un viajecito gastronómico a Valencia, o dos.

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2 Comments

    • Pues muy rico, la verdad. Lo hidraté en agua fría como me dijo la señora que me lo vendió y después lo hice a la plancha. Después, en rodajas y con aceite por encima. Al principio nos pareció muy salado, pero mejoró a medida que se enfría. Otro trozo lo metí en un bote cubierto de aceite de oliva y hoy nos lo hemos comido de aperitivo, estaba buenísimo. Cómo lo preparas tú?

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