Novedades de otoño

Con el fin del verano (quién lo diría, con estas temperaturas) llegan también algunas novedades en el campo de la hostelería soriana. Una de las más llamativas es un pequeño bar, que seguro dará que hablar en los próximos meses. Al bar de Max es difícil acceder ahora mismo, por las obras que están padeciendo en las calles Calixto Pereda y Sanz Oliveros, pero su responsable es bien conocido por muchos sorianos y aquí, ya se sabe, el boca a oreja corre como la pólvora. 

Max se ha lanzado (al fin) al negocio propio, después de pasar más de veinte años trabajando en el hipermercado E. Leclrec de Soria y antes en la Trattoria, primer restaurante italiano de la ciudad. Si a usted no le suena el nombre de este italiano, Massimiliano Di Bastiano, basta con que sepa que ha sido el responsable durante años de la panadería de ese espacio comercial y de muchos de sus éxitos, como el famoso Pan de Valonsadero. También ha dirigido el restaurante Bambú, en el supermercado soriano, con un éxito casi sin precedentes en la hostelería de esta ciudad, un acierto total con menús asequibles, productos frescos y servicio eficiente.

Pero a Max, que pertenece al club de los locos de la cocina, le ha llegado la hora y la oportunidad de volar por su cuenta. Y ha elegido para hacerlo el antiguo bar Mayte, frente a la Escuela de Hostelería La Merced y muy cerca de la calle Doctrina, más conocida por albergar el mercadillo de los Jueves. Este bar, que atendía clientela del barrio y de la propia escuela, sólo abría por las mañanas. A Max le ha gustado la idea, “porque también hay que vivir” y mantendrá ese horario matutino, abriendo también los sábados. Los domingos y los festivos, a descansar, aunque esto es mucho decir cuando uno quiere mantener la cocina de un bar.

La filosofía de Al bar de Max es clara y sencilla: tapas, raciones, buenos desayunos, café excelente, buen trato, cercanía con los clientes y platos especiales los sábados, para hacer un vermú diferente (con especialidades caseras italianas). El remodelado establecimiento es pequeño, pero agradable y coqueto, con una cocina de la que continuamente salen platos elaborados de manera artesana: panes pizzas, bocadillos, embutidos, oreja rebozada (herencia del dueño anterior), tortillas, croquetas, pero también bizcocho casero y el excelente café Baqué. El sábado llegarán las tapas de lasaña, raviolos y todas las exquisiteces italianas que tan bien domina este cocinero que llegó a Soria por amor (qué mejor razón) hace más de veinte años.

Quizá no haya una carta muy establecida, pero será mejor así. Max no dejará a nadie sin comer bien, porque no puede ni sabe hacerlo. Estoy deseando que lleguen los vermús!

 

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