El verano que comí peligrosamente (I)

Tomate con capellanes y salazones de JáveaYa lo decía ella, la vida es una tómbola. En estas que me estoy pasando un verano de lo más culinario, una especie de suerte gastronómica, en parte buscada, en parte encontrada. Después de mi experiencia madrileña en Streetxo, tocó desplazarse a la Ciudad Condal para tocar el cielo, en concreto, un cielo doble. He tenido la suerte de compartir con los hermanos Torres y su gran equipo un par de días completos de servicio en el restaurante, y ahora también terraza, que regentan en la planta 24 del Hotel Meliá Sky, en Barcelona. Comer en Dos Cielos es toda una experiencia gastronómica, pero si además tienes el privilegio de ver todo el proceso completo, desde el trato con el proveedor hasta que se presenta el plato en la mesa, se convierte en un lujo. Y este ‘meternos hasta la cocina’ tiene un porqué. Estamos compartiendo un trabajo con los gemelos Torres que pronto verá la luz y del que os hablaré más adelante. Volvamos al asunto.

imageLos gemelos Torres tuvieron desde muy pronto vocación de cocineros y una meta en la cabeza: aprender con los mejores hasta lograr su propio restaurante en Barcelona. Casi asusta encontrarse con alguien que tenga las cosas tan claras y también cuesta creer que dos hermanos se pongan totalmente de acuerdo para luchar por un objetivo. Después de años de trabajo en algunas de las mejores cocinas de Europa, lograron su sueño. El Dos Cielos comparte protagonismo con otros dos restaurantes en Brasil y muchos otros proyectos que están en proceso, pero siempre será la niña bonita de los Torres.

La cocina del Dos Cielos es el sueño de cualquier cocinero. Amplia, espaciosa, ordenada, con luz natural y estupendamente equipada. Además, como está integrada en el comedor (sin cristaleras de por medio) siempre está impecable, y las comandas no se gritan, sino que se susurran a través de interfonos. Sólo se escucha a los jefes de partida, órdenes precisas y claras, y todo el mundo a trabajar, lejos de la tensión que reina en los fogones de otros restaurantes. Los comensales entran por la cocina, donde son recibidos por los Torres (rara es la ocasión en la que no están) y se sientan en un comedor elegante aunque sin rigideces, o pasan a la terraza, donde se divisa el mar. A estas alturas, el comensal está ganado.55 verduras

 

El menú se adapta cada temporada para lograr la mayor frescura del producto. En este aspecto, los Torres son tajantes: sólo lo mejor y lo más fresco; de ahí que trabajen con un payés de la zona, al que han alquilado un terreno para que les cultiven a demanda diferentes clases de tomates, berenjenas, calabazas, pimientos, cebollas y otros productos traídos de los países que visitan. Lo mismo ocurre con los pescados, las carnes, las setas, las flores. Y otro tesoro: un repostero excepcional que crea maravillosos postres y panes que son manjares.

 Arroz cremoso de pescados

Los platos de la carta y la composición del menú degustación que sirven este verano (son 100 euros por persona) las podéis ver con detalle en su página web: http://www.doscielos.com/

Lo que nosotros probamos fue una serie de platos muy trabajados, con mucho sabor, reconocibles y con guión. Así, por ejemplo, pudimos comprobar la fama de buena mano que tienen los Torres con los arroces, con el cremoso de pescado y con el de setas de temporada. Nos gustó mucho una curiosa versión que Dos Cielos hace de un antiguo y sencillo plato marinero: los tomates con capellanes y salazones de Jávea y también el vistoso plato de 55 verduras, un plato ‘quirúrgico’ en el que cada hortaliza, verdura o seta llega en su justo punto de cocción. El cabrito lechal, el cochinillo, los pescados… todo llega trabajado, pero sin demasiado artificio, pleno de sabor. Y los postres son un capítulo aparte. Toda una sorpresa el destapar una preciosa caja china que contiene un sorbete de frambuesa, bizcocho de frutos rojos, pequeñas fresas, todo ello perfumado con especias. Y más sorpresa aún al descubrir que el plátano que llega en el postre, acompañado de mango y coco, no es una fruta como tal, sino un ‘continente’ de chocolate blanco relleno de mousse de plátano y mango. La joya de los Torres llega con el café: un bombón de fruta de la pasión y plata que se descubre tras abrir un estuche-joyero. Por si faltara algo, la terraza y el mar.

 

Una estrella Michelín alumbra la noche de Dos Cielos. Asegura más de un crítico que la famosa guía roja debería hacerles justicia con una segunda. Se verá, pero lo cierto es que en pocos sitios se cocina con tanto orden y alma a la vez.

Tags from the story
More from silvia

Millán Maroto, el último romántico

Millán Maroto es cocinero, por encima de todo, pero también un precursor,...
Read More

2 Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Resuelva la operación para publicar el comentario *