Alternativas sanjuaneras

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Recuerdo que unos sanjuanes recientes pregunté a un amigo qué quería que cocinara para llevar a Valonsadero y hacer allí la comida comunal y me pidió unos filetes empanados, «como los que hacía mi madre», coletilla que añade siempre mucha presión a cualquier cocinero. Por supuesto, me pegué mi buen rato machacando, empanando y friendo filetes, a sabiendas que nunca jamás alcanzarían el estatus que la memoria otorga a cualquier plato hecho por una madre. Pero, amistad obliga.

Mi condición de cocinillas (y madre) me ha llevado muchos años a llevar hasta Valonsadero la socorrida ensaladilla rusa, la tortilla, el imprescindible pollo escabechado y hasta una versión de toro cocido loncheado y aliñado con aceite, sal gorda y pimentón que otro amigo sanjuanero bautizó como toro-pulpo, y que tuvo mucho éxito, esta vez en las Bailas.

Por supuesto, el embutido, la ensalada de atún, tomate y huevos cocidos y los sempiternos torreznos son algunas de las soluciones más socorridas, y por qué no decirlo, que mejor sientan en la pradera, tras una mañana de cañas y sol atizante. Algunos nostálgicos dirán que como las chuletas al fuego de la hoguera, nada, pero la verdad es que hay muchas otras opciones válidas sin el peligro de que arda Valonsadero. Bastante sufre ya el monte con el manto de plástico con que lo ‘adornamos’ cada año.

En esta semana pre-Compra, voy a atreverme a aconsejar algunos platos alternativos, que pueden sustituir, o en todo caso añadirse a los filetes empanados:

Ensalada de cous-cous: porque llamala taboulé, sería muy pretencioso. Sin embargo, cociendo al vapor unos minutos una cantidad razonable de cous-cous, previamente remojado con agua, sal y aceite, se puede conseguir una base estupenda a la que añadir tomate, pepino, aceitunas verdes y negras y cebolla cortados en trocitos regulares. Un buen aliño con sal, vinagre (siempre de Jerez) y aceite de oliva, y el que quiera, un toque picante de cayena, y ya tenemos lista una ensalada resultona y refrescante. A la tartera!

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Sémola preparada para nuestra ensalada de cous-cous

Sopa de melón: como alternativa al gazpacho, que siempre es una de las mejores soluciones. Fresquito, con unos hielos en un termo, es un remedio infalible para ‘restaurar’ el cuerpo y prepararlo para otros alimentos más contundentes. La sopa de melón es un poquito especial, y no gustará a todo el mundo, pero la verdad es que resulta muy refrescante, y es muy sencilla. Es tan fácil como batir la pulpa de medio melón con un pepino y un buen chorro de aceite de oliva. Se añade un poco de agua helada, sal y unas gotas de limón. Para hacerla aún más fresca se puede añadir unas hojas de hierbabuena. Hay que probarla!

Coca de trampó: mi preferida de todas las cocas, pizzas, quiches, tartas saladas y demás masas con cosas encima. Perfecta para cualquier ocasión, incluso los sanjuanes. La masa es un poco laboriosa, pero merece la pena. Se prepara con medio vaso de agua tibia, un trozo de levadura de panadería, un cuarto de vaso de aceite, una cucharada de manteca (si tenemos) y la harina que admita para hacer una masa un poco blanda y pegajosa. Se extiende con los dedos en una placa de horno y encima se le pone el trampó, es decir, una mezcla generosa de tres tomates cortados en cuadraditos, dos pimientos verdes, una cebolla, sal y un buen chorro de aceite. Se van colocando las hortalizas aliñadas sobre la masa bien repartidas hasta que no queden huecos. Hornear a 180º (dependerá del horno) unos treinta minutos, hasta que la masa esté hecha y el relleno tenga un buen color. Una vez tibia, la coca se puede cortar en rectángulos para poder llevarla mejor. Increíble con una anchoa encima de cada porción.

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Mi coca de trampó

Un escabeche, pero distinto: tengo en la cabeza, y en la memoria, los escabeches extremeños, tan sabrosos y tan diferentes a los castellanos. Para un día festivo y campestre, son una estupenda opción. Por ejemplo, el de sardinas escabechadas. Se fríen los lomos de las sardinas, abiertas y sin raspa. En ese mismo aceite, se fríen también unos dientes de ajo y unas hojas de laurel, que después se majan en el mortero con cominos, orégano y pimentón, sazonando el conjunto con el aceite frito, vinagre y sal. Se colocan las sardinas en una cazuela, a poder ser de barro, y se rocían con el majado, dándoles un hervor. Se toman frías y están buenísimas.

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Un escabeche de pescado en San Juan, por qué no?

De postre, sandía aliñada. Si el melón lo hemos usado para hacer una sopa, la sandía será una buena solución para el postre. Si en vez de llevarla entera y partirla en rajas la llevamos desde casa cortada en tacos y aliñada con un almíbar ligero, unas gotas de licor, un poco de vainilla… nos hacen la ola. Lo mejor, aliñarla unas horas antes y llevarla en bolsas de plástico, como las que se usan para congelar. Eso sí, hay que llevar hielo en la nevera para que estén lo más frescas posibles.

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Esta sandía acompaña al atún en el restaurante Wabi-sabi

 

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Así se queda uno en Valonsadero después de haber comido

 

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