Cima 63 de 68. Navarra. Beriain. 1.494 metros. 26-12-2019

Llevaba algún tiempo sin añadir ninguna muesca a este reto, algo más de tres meses. Han influido, como parte número uno, algunos viajes que he realizado en este tiempo fuera de España. Y, como parte dos, una fascitis plantar que me tiene aburrido me ha impedido desde el pasado mes de septiembre planear alguna escapada de un par de días o tres para seguir tachando cimas. Pensaba que los dolores se irían pasando, pero aquí siguen.

Desde que comenzó esta aventura en 2013, y con la única excepción de 2014, una tradición innegociable ha sido realizar alguna escapada navideña para subir montañas. Esa tradición nos ha llevado generalmente al sur, salvo el año pasado que fuimos a Picos de Europa a hacer la Morra de Lechugales, aunque al final la tuvimos que aplazar a verano.

Para este 2019, y aunque todavía no estoy recuperado del pie, decidí participar un año más en el viaje navideño. Lo hemos hecho cerca, a Navarra, y ahora ya puedo decir que solo quedan cinco de las 68 cimas, después de haber hollado esta mañana una de las montañas más ‘montaña’ de la Comunidad Foral, el Beriain o San Donato, la cima más elevada de la preciosa e imponente Sierra de Andía y el lugar con mayor prominencia de toda Navarra con casi 900 metros.

Foto de cima

Hoy hemos podido comprobar sobre el terreno lo que ya habíamos leído, que el Beriain es una de las montañas más frecuentadas por los navarros y, por cercanía, los vascos. Las vacaciones navideñas han propiciado que hoy nos hayamos encontrado con bastantes personas tanto en el trayecto como en la cima, aunque muy lejos de poder decir que estaba masificada. Me imagino que el fin de semana o los días de verano sí habrá mucho más público cresteando por esta gran loma entre herbosa y rocosa de Andía.

Hay varias opciones para subir al Beriain. Nosotros, como es habitual, hemos elegido una de las normales, aunque supongo que algún día tendremos que regresar para afrontar la grieta de Ihurbain.

A las 6.45 de la mañana hemos quedado en Soria, en la gasolinera del San Andrés. Cristina, Félix, José Vicente y yo hemos subido en la furgoneta de alquiler. En el bar de la gasolinera estaban José Luis, Mari, Roberto y Sergio. Tras un café rápido, hemos salido hasta nuestro punto de salida de la ruta, Unanua o Unanu. En total, ocho personas.

Desde Unanua hay una pista por la que se puede avanzar algo más en coche, casi un par de kilómetros. Nosotros, con la furgoneta, hemos estimado preferible aparcar justo a la salida del pueblo.

Tampoco viene mal, porque de este modo ese primer tramo de dos kilómetros se realiza por esa pista, ganando con suavidad los primeros metros de desnivel.

Ya desde el inicio de la marcha, a nuestra izquierda y de frente, vamos viendo allá muy arriba la gran Proa de San Donato, así que sabemos que pronto tendremos que abandonar esa pista.

Debajo de la gran montaña hacia la que nos dirigimos

Si nadie sabe el camino o nadie lleva la ruta grabada, algo que en estos tiempos ya parece improbable, hay que tener cuidado de buscar a la izquierda una senda, marcada con un hito de mediana altura.

En ese punto empieza lo que sabíamos que nos esperaba, una gran cuesta arriba que iremos afrontando despacio antes de llegar a la loma cimera.

Lo que no esperábamos era el tipo de terreno por el que iríamos avanzando: mucho barro, piedras puntiagudas, modestos regatos formados por las últimas lluvias… Ahí empezamos a decidir que bajar por ese mismo camino sería sinónimo de andar todo el rato resbalándonos y, seguramente, cayéndonos.

A mitad de subida, justo después de encontrarnos un par de trabajadores tratando de arreglar una especie de fuente, hay que hacer otro breve giro a la izquierda para encarar el tramo final. El desnivel es el mismo o incluso superior pero, a cambio, el terreno ya no resbala. En ese momento nos planteamos, a la bajada, acercarnos a conocer una altísima cascada que vemos a nuestra izquierda, justo en el morro de la sierra: al final lo descartamos y nos conformamos con verla desde donde estábamos.

Despacio y sin más pausas que las necesarias, llegamos a la planicie. El desnivel está salvado, y ahora la única mala noticia es que el espléndido sol que nos marcaban las previsiones no está por ningún lado. Solo hay niebla, así que nos perdemos esas impresionantes vistas de los valles, los Pirineos, nuestro Moncayo…

En breves minutos llegamos a la ermita de San Donato y San Cayetano, ermita que nos depara una gran alegría. El edificio está dividido en dos. Por un lado, la capilla dedicada a estos dos santos. Por otro, un refugio muy cuidado, con un par de mesas de piedra y bancadas del mismo material a ambos lados.

La ermita

Eso nos ha ahorrado pasar penurias para comernos los bocadillos, porque la niebla, la altitud y el hecho de que estamos en pleno invierno ya habían conseguido bajar la sensación térmica varios grados, lo que notábamos sobre todo en nuestras manos.

En la media hora o más que hemos permanecido en el refugio-ermita hemos compartido el espacio con otros varios montañeros. A uno de ellos le hemos engañado para salir a hacernos la fotografía de los ocho en la cima. La ermita está a menos de un minuto del vértice geodésico, en el que hemos vuelto a desplegar la bandera de Soria que también lleva ya unas cuantas cimas con nosotros.

En el rato de la ermita hemos tomado la decisión de hacer el regreso por un camino mucho más largo (catorce kilómetros frente a los seis de la subida), motivados por tres razones: la ausencia de prisa, el deseo de hacer la ruta circular para conocer más lugares y lo peligrosa que intuíamos estaría la bajada.

Este otro camino de regreso implica desandar unos pocos metros hasta la ermita y, desde allí, seguir avanzando en el mismo sentido que traíamos, dejando a nuestra derecha unos farallones altísimos y completamente verticales.

Para salvarlos hemos tenido que andar cinco kilómetros en la dirección opuesta hacia Unanua, pero al menos se andaba por camino bueno. Pasados esos cinco kilómetros, el mismo camino hace un giro de herradura de 180 grados para ir, ahora ya sí, en línea recta hacia donde teníamos el coche, dejando nuevamente los grandes cortados rocosos a nuestra derecha, pero ahora muchos metros por encima de nosotros.

Este tramo final empieza por un valle verdísimo y continúa por un hayedo espectacular. En esta parte del camino hemos visto la única señal de que estábamos en el Parque Natural de Urbasa-Andía. Después de algo más de una hora de caminata bajo la montaña, nos hemos reencontrado con el camino de subida. Desde ahí hasta la furgoneta ya han sido apenas diez minutos más.

El espectacular paisaje de la zona

Nos vamos encantados con la caminata, por cómo ha respondido el pie (lejos del cien por cien) y porque la distancia entre San Donato y Soria nos permitirá regresar un día en el que sepamos a ciencia cierta que vamos a subir sin niebla. Además, hay compañeros que han estado a punto de venir y que no han podido al final. Intentaremos volver con ellos.

Esta vez, nuestro campo base lo hemos situado en Irurzun, donde hemos vivido un reencuentro soriano con el exnumantino Txomin Nagore, cuyo hotel nos ha servido de alojamiento durante nuestra estancia en tierras navarras.

Dejamos para 2020 las cinco últimas montañas. Estamos en plazo.

Punto de salida: Unanu o Unanua, a unos metros del pueblo.

Distancia: Nos ha salido una ruta curiosa de unos 20 kilómetros, seis de subida y catorce de bajada.

Desnivel: Unos 900 metros positivos. La ida es casi enteramente cuesta arriba salvo una pequeña bajada en la cresta.

Cuánto se tarda: De furgoneta a furgoneta nos han salido seis horas.

Explícame cómo se sube sin literatura: Aparcas en el camino que sale de Unanua hacia la montaña. Sigues dos kilómetros por esa pista, apta para coches. Hay que estar atento para ver cuándo hay que girar la izquierda por una estrecha senda. Está marcada por un hito. A partir de ahí, sin pérdida, solo hay que salvar el fuerte desnivel hasta llegar a la loma. Para llegar a la cima del Beriain hay que andar unos cuantos minutos hacia la derecha.

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