Cima 52 de 68. Barcelona. Turó de l’Home. 1.706 metros. 20-10-2018

En dos ocasiones anteriores de este reto hice (Badajoz-Huelva) o creí hacer (Cáceres-Salamanca) la cima más alta de dos provincias el mismo día. En esos dos casos, al encontrarse tan juntas las dos cimas es posible hollarlas dentro de la misma ruta, de la misma caminata, y por eso hice un único relato en ambas marchas.

Hoy sábado 20 de octubre hemos hecho algo parecido pero diferente. Hemos subido a dos de las 68 cimas de este reto, a la más prominente de Gerona y a la más prominente de Barcelona. Sin embargo, para ir del pie de una al ‘pie’ de la otra hemos hecho un viaje en coche de unas dos horas, de ahí que haya dos crónicas separadas.

Las comillas que enmarcan el segundo ‘pie’ tienen su explicación. La montaña más prominente de la provincia barcelonesa es el Turó de l’Home. Se puede subir casi hasta la misma cumbre en coche, después de unas cuantas decenas de curvas, y eso es lo que hemos hecho este mediodía.

Como tantas veces he remarcado en estos cinco años de proyecto, el objetivo viajero va cien por cien a la par del montañero. Y hay cimas en las que lo agradezco de manera especial. Habré estado en Barcelona 50 o 60 veces, pero desconozco la gran mayoría de las cosas de su provincia.

Foto de cima

De esas cosas desconocidas por mí hasta hoy, creo que la que más debería haber visitado antes es el gran macizo del Montseny.

Terminé la reseña del Puigmal asegurando que me había sorprendido menos que el Turó de l’Home. Es lógico en el sentido de que ya conocía la zona gerundense de hace algunos años y de que es obvio que un montañón de 3.000 metros con más de 1.300 de prominencia es impresionante ya desde sus datos numéricos. Cuando vas al Pirineo ya sabes que te va a encantar.

Según íbamos bajando Óscar y yo en coche (Ripoll-Vic-Viladrau) de Fontalba a Santa Fe del Montseny, ya me iba dando cuenta de la suerte que habíamos tenido de que nuestra visita a este lugar se haya producido en esta época del año.

Dos orillas muy diferentes

En cualquier aparcamiento a ambos lados de la carretera había tantos coches como cabían. Sus ocupantes buscan en esta agradabilísima mañana de otoño castañas, boletus o simplemente disfrutar mediante un paseo de los impresionantes colores que brindan los bosques de este lado del Montseny. La otra orilla del macizo es muy diferente, como hemos podido apreciar luego en la subida.

Nos dirigíamos hacia Santa Fe porque habíamos quedado allí con Elisa, Elisa-2, Íñigo y Laia, quienes venían de Barcelona para acompañarnos en esta ascensión. Al final, en uno de los aparcamientos más concurridos de la zona, nos hemos encontrado casi de casualidad, lo que ha sido una suerte porque no teníamos cobertura de móvil. Más encanto… pero más problemas.

Empieza la ascensión

Como éramos seis, seguíamos necesitando los dos coches. Sin ningún intercambio de personal, hemos partido hacia el Turó, para lo cual ha sido necesario coger los dos primeros desvíos a la derecha: el que va al pueblo de Montseny y el que va directo a la cima. La frondosidad de las cunetas de estas carreteras, con caducifolias en todo su esplendor otoñal, no se encuentra en muchos lugares de España.

Llega un momento en el que una barrera cierra el paso al tráfico rodado. Solo pueden pasar los vehículos autorizados, pero por el estado del firme parece obvio que esa barrera no se levanta con mucha frecuencia.

Desde ahí hasta la cima es un paseo de quizás un kilómetro. La casa que marca el culmen de la sierra del Montseny no se ve desde el aparcamiento, hay que andar algunos minutos. La carretera, de hecho, no termina en esa misma cima, sino en una estación meteorológica ubicada a unas pocas decenas de metros de distancia.

La última senda

Para alcanzar el vértice geodésico y la casa hay que seguir durante un par de minutos una senda mucho más estrecha y empinada, ahora ya sí, no apta para carritos de bebé.

Este tramo finalísimo, por tanto, lo hemos hecho, además de Óscar y yo, Íñigo y Elisa-2, quien de este modo se convierte en la integrante más joven del club de las personas que me están acompañando en este reto. La más veterana de momento ha sido mi madre.

Desde el Turó de l’Home se ven las otras dos grandes montañas del Montseny: Les Agudes y el Matagalls. Las tres se llevan apenas una decena de metros… solo una puede ser la ganadora.

Nuestro restaurante

No es lo único que se ve desde allí arriba. El Montseny, el lugar más destacado de toda esa Cordillera Costero-Catalana que estudiábamos en el colegio, brota desde unas llanuras situadas a centenares de metros por debajo. Hoy el día estaba precioso pero con algunas nubes. En un día totalmente despejado, tiene que dar hasta vértigo mirar hacia abajo.

A ver si consigo, cuando termine este reto, pasar una mañana de otoño o de invierno en este mismo lugar, ascender andando desde alguno de los aparcamientos, pisar también Les Agudes, coger cuatro boletus (eso va a ser lo más difícil) y comer de nuevo, como hoy, en el restaurante de Santa Fe.

Punto de salida: La barrera que impide el paso en la carretera que sube hasta la cima.

Distancia: Creo que habremos hecho un par de kilómetros de coche a coche.

Desnivel: Se llega a 1.706 y se sale no mucho más abajo, quizás 60 o 70 metros. Poco más que inapreciable.

Cuánto se tarda: Hoy se nos ha ido casi una hora por la edad de algunos integrantes del grupo y porque se estaba en la gloria. En media hora se puede hacer sin sufrir.

Explícame cómo se sube sin literatura: Después de aparcar en la barrera, se sube siguiendo por el asfalto. No hay que llegar hasta el final de la carretera. Llega un momento en el que se ve la casa cimera a la derecha. Se coge la senda que también se adivina y en un par de minutos se huella la cumbre.

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