Cima 37 de 45. Toledo. Corocho de Rocigalgo. 1.449 metros. 5-11-2017

Como ha sucedido varias veces ya en este reto, esta mañana hemos tenido que regresar a una montaña de la que ya estuvimos cerca en su día sin terminar de poder hollarla. Me refiero al Corocho de Rocigalgo, de Toledo, al que íbamos a subir en junio de este año, el día siguiente del pico de Ciudad Real (cima 33). Problemas mecánicos del coche nos obligaron a volver a Soria.

Hoy no hemos tenido problema de ningún tipo, y ya solo quedan ocho cimas para la finalización de este reto. El grupo, que hace apenas cinco días era de dos personas, se multiplicó de repente hasta las ocho. Cuatro (Bego, Chupi, Jesús, Patxi) han formado el equipo de El Burgo de Osma. Otras cuatro (Ángel, Félix, José Vicente, Sergio) hemos formado el equipo de Soria.

La aproximación

Después de recogerme en Madrid, el equipo soriano llegó ayer a la localidad toledana de Los Navalmorales poco antes de las 20.00 horas, justo antes de que cerrara el supermercado para comprar algo. Después de dar un paseo por el pueblo, recibimos al equipo burgense a las 21.30 en el hostal donde nos hemos alojado. Cena, habitación y a las 7.00 ya estábamos desayunando, lo que también hemos hecho rápido.

En la cima

En la cima

Antes de poder empezar a andar, la ruta en coche desde Los Navalmorales atraviesa la vecina localidad de Los Navalucillos en dirección a Robledo del Buey. En el kilómetro 16, un cartel a la izquierda indica hacia Las Becerras y hacia la Caseta de Información del Parque (Cabañeros). Es una pista en buen estado.

La caminata en sí empieza en esta caseta del Parque Nacional, en la que además hemos tenido que decir de dónde veníamos, cuántas personas éramos y nuestras intenciones para esta mañana dentro del Parque. Allí facilitan folletos y cualquier información.

A las 8.22 ya estábamos en marcha. Los tres primeros kilómetros no tienen ningún misterio, pues son por una pista forestal utilizada únicamente por vehículos autorizados. El terreno está húmedo por su particular idiosincrasia y por las lluvias de ayer. Hemos visto algunas castañas de las comestibles, un fruto más esperable en latitudes más septentrionales. Ya estamos dejando a la derecha el arroyo que nos acompañará casi todo el camino y que es el protagonista de dos de los tres principales elementos naturales que nos encontraremos hoy.

Se acaba la pista

Terminada esa pista forestal, hay que girar a la izquierda, por unas escaleras que, por suerte, suben. En realidad, no son necesarias muchas explicaciones porque la ruta está muy bien marcada y casi no tiene pérdida.

Lo que sí merece la pena explicar es el gran atractivo de esta ruta y, en general, de esta cadena tan poco conocida como son los Montes de Toledo. También creo que tuvimos suerte con que el coche se nos estropeara, porque aquellos días de junio eran calurosísimos y ya nos han dicho que la afluencia de caminantes siempre es habitual excepto en los meses de verano por esas temperaturas.

Al poco de empezar esta subida por la estrecha senda, una señal invita a la derecha para visitar El Chorro, la primera de las dos cascadas de la ruta y la más bonita de las dos. Por eso, una ruta frecuente, factible incluso con niños, es acercarse a El Chorro y regresar al coche. Son 18 metros de caída de agua, no muy ancha pero que lleva lustros y lustros sin secarse. Está enclavada en un hermoso lugar repleto de verdísima vegetación y frondosos árboles.

Después de tomar algunas fotos, en un par de minutos regresamos de nuevo al camino. La senda sigue sin tener pérdida y, al cabo de quizás media hora, nos encontramos con el segundo atractivo concreto de la caminata. Esa senda, siempre estrecha, se va alejando del arroyo porque la ladera es cada vez más vertical. A la vez, a la izquierda, aparece un cortado rocoso que obliga al camino a pasar por ahí, por una cornisa no muy estrecha pero resbaladiza en caso de lluvia. Una cadena ayuda a salvar con mayor seguridad ese paso.

En la cornisa

En la cornisa

Justo después de esta cornisa, una nueva señal dirige otra vez hacia la derecha, hasta el arroyo, para ver la segunda de las dos cascadas, la Chorrera Chica. El desvío es un poco más largo que el anterior, pero no se pierden más de diez minutos, así que merece la pena acercarse.

Estamos ya cerca del final. El último tramo del valle es muy bonito, con un robledal y unas rocas repletas de humedad y de musgo. Este robledal termina en un collado. De frente se ven increíbles extensiones de terreno de esta Parque Nacional de Cabañeros, pero nosotros tenemos que seguir subiendo.

Para ello, hay que girar a la izquierda. Es un cuarto de hora por una pista más ancha y más inclinada. La pista, siempre bien indicada, conduce directamente a nuestra meta de hoy, al Corocho de Rocigalgo. Una vez más, tenemos suerte con las vistas que nos permite disfrutar la ausencia de nubes. Hay, de hecho, un amplio mirador donde vienen indicadas todas las montañas que aparecen a nuestra vista.

Es posible hacer la ruta circular, pero ya nos había advertido de que es más larga y menos bonita, por una pista forestal. Por ello, elegimos el mismo camino para regresar. Almorzamos fuerte en el collado y descendemos sin noticias ni paradas. Muy sorprendente y muy recomendable esta cima de Toledo.

Punto de salida: Caseta de Información del Parque Nacional de Cabañeros de Las Becerras, entre Los Navalucillos y Robledo del Buey.

Distancia: 18 kilómetros.

Desnivel: Se sale de 742 y se llega a 1.449. Hay algunas bajadas escasas, los acercamientos a las dos cascadas… Unos 800 metros positivos.

Cuánto se tarda: Del coche al coche hemos empleado cinco horas y 45 minutos, con la visita a las dos cascadas, un buen rato en la cima y media hora sentados para el almuerzo.

Explícame cómo se sube sin literatura: Aparcas e informas de tus intenciones en la caseta. Desde ahí, sigues la pista forestal que sale a la derecha según miras la caseta. A los tres kilómetros, empiezas a subir la senda. No hay pérdida, siempre hacia arriba, dejando a la derecha el arroyo. No hay desvíos porque el valle es muy cerrado. Al llegar al collado, tuerces a la izquierda y en 15 o 20 minutos nadie estará por encima de ti en Toledo.

La canción de Fernando:

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